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Cajas de Ahorros

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 09/02/2011

Además de la Caja de Ahorros de la Inmaculada Buscar voz... y la Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja (hoy Ibercaja Buscar voz...), han existido en Aragón tres Cajas más, una en Teruel, otra en Daroca y la tercera en Zaragoza. La primera y más antigua, denominada Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Teruel, existió entre 1885 y 1958. La iniciativa para su fundación partió de José A. Blánquez Prieto, quien en 1877 trató ante la Sociedad Económica Turolense Buscar voz... de Amigos del País sobre la conveniencia de establecer una entidad de estas características, pero hasta 1883 no se volvió a reconsiderar la idea. Se estimó entonces que sería necesario reunir 5.000 ptas. para poder operar, iniciándose una lenta captación de donativos, invitaciones particulares, veladas literarias y conciertos en la propia Sociedad Económica, que culminó con la apertura de las oficinas al público el 1-II-1886, acto en el que se ensalzó la figura del padre Francisco Piquer Buscar voz..., turolense fundador, en 1702, del Monte de Piedad de Madrid, y cuyo retrato ocupó lugar de honor en el acto inaugural. Con anterioridad, y según la real orden de 21-III-1885, habían quedado aprobados sus estatutos.

La Sociedad Económica Turolense se aseguraba el dominio sobre la naciente entidad, pues su presidente lo era a la vez de la Caja, en tanto que, de los diez restantes miembros de la Junta de Gobierno, cuatro debían pertenecer a la Económica, mientras que los otros serían un sacerdote, un letrado, un diputado, un concejal de Teruel, un impositor, y un obrero. Los cargos de secretario y tesorero saldrían siempre de entre los representantes de la Económica, que, a tenor de esta composición, tenía asegurados los resortes de decisión.

A los tres años de fundarse, en 1889 los impositores ascendían a 153, con un saldo de ahorro de 38.603 ptas., de las cuales 18.000 (47 %) estaban invertidas en deuda pública amortizable al 4 %.

Conforme a la orden del Ministerio de Hacienda de 13-I-1958, la Institución se fusionó con la Caja de Ahorros de Zaragoza, cuando su cartera de valores ascendía a 937.000 ptas. nominales, de las cuales el 94 % eran papel del Estado, y el 6 % restante obligaciones de Teledinámica Turolense, S.A. y de la Deuda Municipal de Teruel. La incorporación de esta cartera no suponía sino un 0,026 % de la que por entonces poseía la Caja de Zaragoza, lo que, unido al dato de que únicamente tenían abierta oficina en Teruel capital, da una idea de la escasa importancia financiera de la entidad que desaparecía tras 72 años de vida.

De menor capacidad operativa debió de ser la Caja de Ahorros de San Jaime, fundada en Daroca Buscar voz... el 9-II-1902. Esta entidad, cuyo estudio aún está por hacer, tenía como misión fomentar el ahorro y facilitar el préstamo entre los labradores de la comarca darocense, que abarcaba sesenta y ocho localidades. Es decir, se proyectaba como una caja de promoción agrícola, y en los solicitantes de préstamos debían concurrir las siguientes condiciones: ser labrador de buena fama, ofrecer garantías suficientes, y que el préstamo fuera a destinarse para usos propios de sus labranzas. El interés a percibir por los ahorradores se establecería a final de año de acuerdo con las ganancias, en tanto que los receptores de créditos abonarían el 5 % anual. El órgano rector de la Caja sería un patronato presidido por el alcalde de Daroca, en tanto que los cargos de interventor, administrador y secretario recaería respectivamente en el párroco de la colegial basílica de Santa María, y en dos vecinos elegidos entre los diez más ricos del pueblo, completándose con dos vocales más designados cada cinco años por la propia corporación municipal. El capital inicial ascendía a 224 pesetas, recaudadas entre españoles residentes en Venezuela, merced a un anuncio publicado al respecto en el Heraldo Español de Caracas.

La Sección de Ahorro Libre de la Caja de Previsión Social de Aragón sita en Zaragoza, que comenzó a funcionar en octubre de 1921 al amparo de los artículos 70 a 72 del Reglamento General para el Régimen Obligatorio del Retiro Obrero, de 21 de enero del citado año, funcionó hasta 24-X-1940, conforme a la orden del Ministerio de Trabajo de 16 del citado mes, en que se incorporó a la Caja de Ahorros de Zaragoza.

• Las Cajas de Ahorros en la actualidad: Las Cajas de Ahorros han tenido en la región aragonesa una importancia relativamente mayor que en el conjunto del Estado tras la guerra civil. Esto puede medirse por dos indicadores fundamentales: la expansión territorial en cuanto al número de oficinas, y el volumen de depósitos captados a nivel regional (banca Buscar voz...). Si bien el primer indicador no es suficientemente representativo, por cuanto las Cajas se desenvuelven en un ámbito espacial más reducido y la apertura de oficinas no atiende estrictamente a criterios de rentabilidad como en el caso de la banca, en cambio sí que es significativo constatar cómo la proporción de depósitos es mayor en Aragón que en el conjunto nacional: (ver cuadro anexo)

Por lo que se refiere al destino final de estos depósitos, debe constatarse la existencia de una serie de normas por las cuales las Cajas se han visto obligadas a invertir gran parte del dinero de las clases populares en condiciones nada ventajosas. Desde 1951 las Cajas de Ahorros quedaron obligadas a invertir como mínimo el 60 % de sus recursos ajenos en fondos públicos; en 1957 les fue impuesta la obligación adicional de dedicar el 10 % del aumento anual de sus depósitos a la concesión de créditos para la construcción de viviendas, y a partir del Plan de Estabilización (1959) sería obligatorio dedicar el 65 % del aumento de los depósitos a títulos de empresas públicas. Sin embargo, el fuerte crecimiento experimentado en los depósitos de estas entidades les imposibilitaba el cumplimiento de los coeficientes legales, hecho éste que fue aprovechado por determinados sectores económicos que lograron que dentro de los coeficientes computables de las Cajas fuesen incluidos títulos de renta fija emitidos por sociedades privadas y que no hubieran podido colocarse en el mercado de capitales dados sus escasos atractivos, con lo cual se aseguraban un mecanismo privilegiado de financiación a costa de la pérdida de rentabilidad de las Cajas y del incremento de los desequilibrios regionales. En la actualidad, las Cajas no están obligadas por normas que condicionen su inversión, ofreciendo productos financieros a sus clientes que responden a las inversiones que, en cada momento, se consideran más interesantes, como ocurre con el resto de las entidades bancarias.

Ante la crisis económica iniciada en el 2008, el Gobierno español pactó con la oposición en el año 2010, una reforma de la legislación de cajas de ahorros que abre a estas entidades financiaras al capital privado, aunque de forma limitada. Desde que se les permitió salir de sus territorios de origen, y sobre todo en los años de la explosión inmobiliaria, las cajas vivieron una enorme expansión, no siempre equilibrada. El impacto de la morosidad en la solvencia, la malas perspectivas económicas y los nuevos requisitos internacionales de capital hicieron ineludible la profunda reforma.

Con esta reforma se buscaba aproximar las entidades de ahorro a los bancos lo más posible, pero a fin de evitar el riesgo de una privatización, el capital privado solo puede acceder, como máximo, al 49% de los derechos de voto. También podrán realizar su actividad financiera mediante un banco y gestionar la obra social mediante la caja o convirtiéndose en una fundación.

Este pacto también pretende facilitar el reforzamiento de los recursos propios de las cajas de ahorros, para lo que se dota de derechos políticos a las cuotas participativas. Este plan de reestructuración de cajas ha supuesto un impulso de los procesos de fusión en toda España.

Las dos principales cajas de la comunidad aragonesa, Caja de Ahorros de la Inmaculada e Ibercaja, también se han visto afectadas por estos procesos de fusión. Durante los años 2009 y 2010 se barajaba la posibilidad de unir a las dos entidades para crear una caja aragonesa única que pueda hacer frente a la crisis de forma más eficaz.

Sin embargo la solución final se tomó con la creación de un Sistema Institucional de Protección (SIP) conformado por Caja Inmaculada junto con Caja Círculo y Caja Badajoz. Nacía entonces Caja3, presentada en sociedad el 22 de diciembre de 2010, con un capital de 18,03 millones de euros y que comenzaba sus operaciones el 1 de enero de 2011.

 

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