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Cabeceras Comarcales

Contenido disponible: Texto GEA 2000

En Aragón, la elección de las cabeceras comarcales está adquiriendo un papel determinante en la nueva política de ordenación del territorio que, desde la D.G.A., se trata de impulsar mediante la Ley de Ordenación del Territorio, las Directrices Generales de Ordenación Territorial y la Ley de Comarcalización. Las características y complejidad de nuestro territorio: zonas de montaña, altiplanos, grandes extensiones de secano, unos y otros escasamente poblados, concentración demográfica en vegas y valles..., determinan que los núcleos urbanos capaces de organizar el territorio sean muy distintos en una u otra zona. Diversos estudios elaborados a partir de los años setenta insisten en que la distribución de cabeceras comarcales (o núcleos centralizadores de servicios) no puede ser arbitraria, ni siquiera fundamentarse en criterios teóricamente objetivos. Así, por ejemplo, señalar un umbral de población, como pudieran ser los 5.000 hab., sería desconocer la diversidad geográfica aragonesa. Un núcleo de menor población puede organizar el territorio a nivel comarcal en el Pirineo o en el Sistema Ibérico, o incluso en el Somontano, cuando lo normal es que en la Tierra Llana o Central sean núcleos de unos 10.000 o más habitantes los que organicen las comarcas.

Por otra parte, la capacidad de organizar el espacio se desprende tanto de la localización territorial, centralidad del núcleo rector, como de las actividades ad extra, es decir, dirigidas hacia afuera del propio núcleo, a su entorno territorial. Así, la elección de las cabeceras comarcales debe ser no más que el reconocimiento de los núcleos urbanos y semiurbanos que cuentan con unas funciones terciarias dirigidas al exterior y con capacidad de organizar un cierto territorio, que es precisamente la comarca, o subcomarca.

En este sentido, como consecuencia de los estudios elaborados para diseñar el mapa comarcal de Aragón se definió, en las Directrices Generales de Ordenación Territorial (Ley 7/1998) el sistema de ciudades con capacidad de organizar el territorio.

Dicho sistema de ciudades está formado por:

En el nivel IV se integrarían todas las cabeceras y subcabeceras comarcales que todavía no están definidas como tales y que, según los estudios previos para diseñar, serían las que figuran en el mapa adjunto.

Este Sistema de Ciudades y Equipamientos Comunitarios tiene como objetivo definir una jerarquía de municipios (o núcleos de población) capaces de configurar una malla donde instalar equipamientos y servicios básicos que cubran las necesidades del conjunto de la población de la Comunidad Autónoma. La distribución de tales servicios debe tender al equilibrio territorial, apoyándose en una red de ciudades jerarquizada que abarque todo el territorio aragonés y garantice el acceso aceptable (en distancia-tiempo) para el disfrute de servicios mínimos. Tal red de ciudades, concebida con criterios de tamaño de población, presenta hoy sensibles desequilibrios en su distribución espacial.

Los indicadores utilizados para definir dicha red permiten establecer una valoración jerarquizada para cada núcleo, de la cual se establece una serie de clasificaciones entre las que destacan:

• El tamaño-rango. Se basa en la jerarquización de los núcleos (o municipios) a partir de su censo de población. La principal conclusión de este análisis es la falta de ciudades intermedias en Aragón, fundamentalmente a causa de las grandes diferencias entre la primera ciudad (Zaragoza) y el resto de la red.

• El índice de centralidad mediante el que se mide el grado de influencia de un municipio sobre una determinada zona (área de atracción) para conocer el comportamiento de cada núcleo centralizador en el sistema de asentamientos.

Estas clasificaciones son válidas para establecer rangos entre los núcleos; no obstante, las tipologías no se distribuyen uniformemente en el territorio, escaseando en las zonas de montaña los núcleos con rangos superiores y estando en abundancia en el corredor del Ebro. Si a la ausencia de ciudades intermedias añadimos otro factor como es su localización espacial, encontramos amplias zonas de la Comunidad Autónoma que carecen de núcleos demográficos de tamaño adecuado para apoyar procesos de Ordenación del Territorio. Es por esto, entre otras circunstancias, por lo que se plantea la necesidad de potenciar, aunque sea de forma voluntarista, como núcleos rectores, (cabeceras de comarca, o subcabeceras) a poblaciones que no poseen objetivamente ese rango, pero que deben realizar dicho papel, asumiendo las funciones que se le asignen. Conviene resaltar el objetivo último que se pretende al definir este sistema de ciudades y las comarcas: además de otras consideraciones y consecuencias, se plantea lograr una administración óptima en el territorio, lo que repercutirá de forma decidida en la calidad de vida de los aragoneses.

La concepción general que subyace en la propuesta de «ámbitos funcionales», o comarcalización de la Comunidad Autónoma, es que debe ser el sistema urbano el que a través de las cabeceras comarcales, y otros núcleos centralizadores, configure la propia estructura comarcal mediante la vinculación racional de los municipios contiguos. Hay que señalar que el débil sistema de poblamiento de algunas zonas de Aragón, condiciona la existencia de verdaderos núcleos cabecera. La existencia de zonas de montaña hace necesario el planteamiento voluntarista de señalar como cabeceras de comarca algunos núcleos que no lo son pero que reúnen las mejores características territoriales para serlo, si se toma la decisión política correspondiente.

La promoción de las cabeceras y subcabeceras comarcales, así como otras pequeñas ciudades, además de ser una buena solución económica, es una gran solución humana. El proceso de emigración a partir de los municipios rurales de menos habitantes, es inevitable por múltiples razones: mecanización del campo, imposibilidad de dotar de todos los servicios a estos núcleos, etc. En cambio es evitable el que la emigración se produzca de forma incontrolada e incluso inhumana, como ha sucedido con frecuencia en las últimas décadas. El desarrollo de las cabeceras de comarca es una manera de orientar las migraciones, de dirigirlas desde los pequeños núcleos rurales de la comarca hacia su capital comarcal. Los problemas de desarraigo se reducen, si no desaparecen. El vaciado de Aragón se puede minimizar y el campo no se abandonará. Pero para ello hay que industralizar y crear servicios acordes con el nivel medio de desarrollo español en las cabeceras. Es en la pequeña ciudad donde más y mejor se promociona la persona humana.

• Bibliog.: Royo Villanova, C.: Aragón. Espacio económico y división comarcal; C.A.I. (1978). Bielza de Ory, V.: Bases y propuestas para la comarcalización de Aragón; D.G.A. (1992). ECAS: Propuesta de comarcalización de Aragón; D.G.A. (1994, Inédito).

 

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