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Bueno Bueno, Antonio

Contenido disponible: Texto GEA 2000

(Madrid, 26-VII-1913). Escultor contemporáneo de padres aragoneses, discípulo de Félix Burriel Marín, que se mantiene dentro de la tradición figurativa; también conocido bajo el seudónimo de «An Oneu».

De padre ferroviario, Antonio Bueno pronto abandona su villa natal y pasa sus primeros años en las localidades riojanas de Casalarreina y Haro; lugar este último en que recibe una básica y fundamental formación artística. Es aquí donde, influido por las hondas inquietudes de la familia, además del animado movimiento docente de la «Cultural Harense», escuela a la que asistía, se siente pronto inclinado hacia el dibujo artístico y lineal. Su profesor en esta asignatura, Manuel Anzuela, antiguo ayudante en el taller de escultura en mármol que el maestro Benlliure poseía en Madrid, le inicia en la técnica del modelado en barro y el vaciado en yeso.

Hacia 1930 es enviado a Zaragoza para proseguir sus estudios e ingresa en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos. En este tiempo son sus profesores Jorge Albareda y Timoteo Pamplona. A la vez, recibe la ayuda de los hermanos Albareda, promovedores de exposiciones, conferencias y apoyo a los artistas noveles.

Pero la experiencia que marca más profundamente su concepción artística la constituye su trabajo en el taller de escultura de Félix Burriel. Este maestro, que había pasado un tiempo en París, conviviendo con las obras de vanguardia, se mantiene a su vuelta a Zaragoza dentro de la línea clasicista tradicional que transmite a su nuevo discípulo, quien se afana en dominar los amplios conocimientos técnicos que tiene ocasión de adquirir junto a Burriel. Durante un tiempo, Bueno comparte las enseñanzas con Antonio Belled Monzón.

Hacia 1931-32 decide formar parte del «Estudio Goya» —que intentaba una alternativa al arte oficial de la Escuela de Artes y Oficios— y allí mantiene contacto con diversos pintores y escultores, entre ellos, Mariano Gratal, Anastasio Alquézar, Cecilio Almenara, Félix Fuentes, Francisco Bretón, Luis Iberni, etc. De este modo, comienza a asistir Antonio Bueno a los salones de pintura y escultura que anualmente organiza el grupo. La contienda producirá gran dispersión entre sus miembros, pero, una vez finalizado el conflicto, reanuda la actividad expositora en su V Salón, así como en la Exposición Regional de Bellas Artes del XIX Centenario de la Virgen del Pilar, que organiza también el «Estudio Goya», con el fin de dar a conocer los valores del arte aragonés en ese momento. Bueno presenta tres obras a esta exposición: Busto de Baqué Ximénez, Ritmo de masas y Línea y Volumen, de claro corte académico.

Entre los años 1933-34 se ve obligado a abandonar su puesto en el taller de Burriel (que será ocupado por Francisco Rallo), con motivo de una crisis económica familiar. Pasa a trabajar en el Taller de Mármol Beltrán, situado en el barrio de Torrero, establecimiento de gran prestigio, que efectuaba en su mayoría obras de arte funerario, así como decoración escultórica de fachadas, escaleras y otras producciones posibles a base de mármol. De esta época se conservan numerosas piezas del escultor en el cementerio de Torrero.

De 1935 a 1936 dispone de un taller propio en Calatayud, después toma parte en la guerra hasta 1938, en que regresa al mismo lugar para reemprender su trabajo. Sin embargo, en ese mismo año, el comercio de Artesanía Belloso de Zaragoza solicita los servicios de Antonio Bueno, con ocasión de la apertura de su nuevo local en la plaza del Pilar. Acepta la oferta y vuelve definitivamente a la capital. Debido a que gran parte de las iglesias habían perdido sus piezas de culto en las luchas, existía una abundante demanda de retablos, imágenes, cálices, custodias, pasos procesionales, etc. Así pues, tanto artistas como artesanos trabajaron intensamente durante más de una docena de años. Pero en ese mercado se exige por encima de todo fidelidad en la representación y calidad técnica, sin aceptar ningún tipo de innovación, pues las piezas debían recordar a las desaparecidas de estilos anteriores a la época. Antonio Bueno, con los también escultores Manuel y Leopoldo Navarro, que compartían sus labores en el mismo taller, se ven mediatizados por un dibujo previo, siempre barroco, gótico o renacentista, que traspasan a la madera o a la piedra según el encargo. El tema de la Virgen del Pilar prevalece sobre los demás.

En 1942 se despierta un renovado interés por las artes entre los organismos oficiales. La Diputación Provincial decide subvencionar, entre otras disciplinas artísticas, la escultura. Bueno consigue una beca, como único aspirante, tras superar unas duras oposiciones, siendo los miembros del tribunal calificador: Ricardo Pascual Temprado, José Galiay Sarañana, Félix Burriel Marín, José Albareda Piazuelo y Teodoro Ríos Balaguer. Una de las pruebas consistió en varias preguntas sobre la teoría del arte, mientras que las restantes fueron prácticas sobre dibujo a lápiz, modelado, vaciado y relieve que debía obtener del natural, para lo cual contó con un modelo proporcionado por la Diputación. El tribunal acordó por unanimidad concederle la adjudicación de la beca, con la condición indispensable de presentar una pieza cada año para justificar su buen aprovechamiento. A partir de ahora instala su propio taller en el número 14 de la calle Molino de las Armas, dedicando la mayor parte del tiempo a la elaboración de la citada pieza, así como a los encargos que recibe de los comercios zaragozanos (con los que mantendrá relaciones laborales durante muchos años), junto con otros clientes particulares, que le permiten una subsistencia cómoda y dedicarse más tranquilamente a sus preferencias artísticas. Los años siguientes se caracterizan por un gran intimismo tanto en su vida como en su obra. En 1952 contrae matrimonio con Rosario Sebastián Bueno, de la que tiene dos hijos, Rosario y Antonio. Su actitud personal le lleva a centrar sus inquietudes en el arte y la familia. A consecuencia de ello y aunque en los años cincuenta entabla contactos esporádicos con los miembros de la peña «Niké» -entre los que afloró una vanguardia decidida-, pronto se sumerge en el retiro de su estudio, lugar donde sus creaciones son siempre fruto de una elaboración apartada de vanguardismos radicales y basada fundamentalmente en un delicado concepto estético de la escultura, que tiene como norma esencial la sencillez, la serenidad y el oficio.

• Obra: Para una mejor comprensión de la producción del escultor, tendremos en cuenta, por un lado, que gran parte de las piezas se encuentran en su estudio, siendo en ocasiones difícil su datación, pues no presentan ninguna inscripción con fecha; por otro, que la división en cuatro etapas que sigue se establece en función de unidades temáticas y de materiales, aunque no sean estrictamente cronológicas.

1) 1930-1955. Obras de escultura funeraria y religiosa, donde se aprecia su formación académica. Entre ellas destacan por su monumentalidad el Sagrado Corazón (1943-44), colocado encima de la torre del palacio de Albalate del Arzobispo (Teruel), y el Cristo Ascendiente (1951) del cementerio de Torrero. Más importante por su fuerza expresiva, así como por su simplificación a base de planos y aristas vivas, es Grupo de Soldados (1942), que obtiene el tercer premio para el Monumento a los Caídos de Zaragoza, en colaboración con el arquitecto José Romeo Rivera, ejecutor del soporte arquitectónico.

2) 1950-1970. Series de miniaturas devocionales en marfil, constituidas por medallas, crucifijos, nacimientos, etc., que oscilan entre los 2 y 8 cm. En el mismo material realiza posteriormente desnudos femeninos algo mayores (aproximadamente, 16 cm.), de rasgos más simplificados que aquéllos.

3) 1965-1980. Piezas en piedra arenisca que constituyen lo más logrado de su producción. El aprendizaje académico consigue diluirse ante la textura granulosa del material. Se aprecia en las areniscas un notable estudio de los huecos y macizos, para resaltar los aspectos cambiantes de luces y sombras, además de la calidad táctil, que transmite una sensación cálida y de vida pese a la frialdad intrínseca de la piedra. El tema fundamental es el desnudo femenino, y los títulos, Reposo, Sueño, Madre e hijo, Desnudo, Diosa del Viento, Seduciendo, se encuentran en perfecto acorde con la sana sensualidad que emanan las piezas. Todas ellas son el producto de un mismo ideal formal: formas muy voluminosas y rotundas (sobre todo en las caderas y miembros inferiores), desproporciones canónicas, perfiles de línea sigmoidea, rasgos arquetípicos en los rostros, siempre de expresión feliz. Hallamos aquí una conexión con las corpulentas y macizas mujeres de la estética de Maillol (1861-1944), con el clasicismo mediterráneo de Ciará (1878-1958) y otros escultores de la misma corriente.

4) Y por último, en 1976 inicia la experimentación en bronce, con obras de canon más estilizado. Son ejemplos: Remero de Trainera (h. 1976) y Vascos arrastrando piedras con bueyes (h. 1976), en donde la sensación de esfuerzo está muy bien resuelta mediante la simplificación de planos. Dentro de la temática femenina, dos piezas, Arrebolo (h. 1977) y Torso femenino (h. 1979) —siendo una la antítesis de la otra—, son muestras del esfuerzo de Bueno por captar las diversas interpretaciones del cuerpo de la mujer. Pero sin duda es en Torso femenino donde, por medio de las incorrecciones anatómicas y el delicado pulimento de la superficie —en este caso—, consigue sintetizar su preocupación plástica y estética por la curva y el volumen, en el intento de plasmar el sentimiento de la belleza adolescente.

• Bibliog.: Catálogo «Exposición Regional de Bellas Artes del XIX Centenario de la Virgen del Pilar»; Zaragoza, octubre-noviembre 1940. Diccionario antológico de artistas aragoneses 1947-1978; Institución Fernando el Católico, Publicación n.º 852, Zaragoza, 1983 (voz de Manuel García Guatas). García Guatas, M.: «La escultura aragonesa entre la impersonalidad y los ritos locales»; Andalán, núms. 400-401, Zaragoza, 1984, pp. 70-71.

 

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