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Bello Lasierra, José

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 12/05/2010

(Huesca Buscar voz..., 12-V-1904 - Madrid, 11-I-2008). Más conocido como Pepín Bello. Su padre, el ingeniero Severino Bello, era buen amigo de Joaquín Costa Buscar voz..., como no podía ser menos tratándose de un auténtico militante en cuestiones de política hidráulica: él fue el artífice de los pantanos de La Peña Buscar voz... y La Sotonera Buscar voz..., entre otros, y responsable del Canal de Isabel II en Madrid al trasladarse a esa ciudad. La amistad de Costa con su padre no fue ajena, pues, al ingreso en la Residencia de Estudiantes de ese peculiarísimo personaje que fue y sigue siendo Pepín Bello. Allí ingresan por recomendación de don Joaquín los tres hermanos Bello (Manuel, Severino y José), apuntalando con su veteranía el nutrido grupo aragonés de la Residencia: Juan Vicéns, Julio Jordana de Pozas, Miguel Catalán Buscar voz... (casado posteriormente con Jimena Menéndez Pidal y padre de Diego Catalán, por lo tanto) y Luis Buñuel Buscar voz....

Hombre de increíble humor y enorme agilidad mental, Pepín Bello puede ser definido como un surrealista nato y avant la lettre que, a pesar de no haber dejado apenas obra escrita, está presente a través de otros creadores que sí han manifestado sus ideas e influencia como levadura activa en el cine, la pintura y la literatura. Ése es el caso de Luis Buñuel, Federico García Lorca y Salvador Dalí.

Este efecto de levadura le ha sido reconocido por testigos de primera mano y magnitud, como Santiago Ontañón, quien ha declarado: «Recuerdo que Pepín Bello, el genial Pepín Bello, que tanta influencia ejercía sobre todos nosotros, y en especial sobre Lorca y Dalí, inventó un día los carnuzos y su definición correspondiente, rápidamente aceptada y puesta en circulación inevitablemente en nuestras conversaciones en aquellos años veinte. Carnuzo era toda forma o apariencia desagradable, sólida y carnosa, repugnantemente muerta. Pues ese burro muerto que creo que aparece sobre un piano en Un perro andaluz tampoco es una idea daliniana, sino que es en realidad una aportación indirecta de Pepín Bello. Cualquiera del grupo que hoy sobreviva sabe perfectamente que esta secuencia de Un perro andaluz no es más que un carnuzo de Pepín Bello escenificado; pero idea original de Dalí, en absoluto» (Crónica 3, Madrid, marzo 1986, núm. 2).

Santiago Ontañón ya había reiterado estas afirmaciones en el libro de Max Aub, Conversaciones con Buñuel (pp. 319 y 320), donde otros testigos confirman sus palabras, como Francisco García Lorca, parcialmente («Pepín era una gran persona, fundamental en aquel grupo, en aquella época», p. 274) y, de forma total, Rafael Alberti: «Fue muy larga la relación Buñuel-Dalí, y también con Pepín Bello, porque Pepín Bello tuvo una influencia muy grande en ellos. Pepín Bello era un tipo genial. Era un transeúnte que iba por la Residencia, que había sido residente; muy gracioso, muy agudo, al que se le ocurrían cosas extraordinarias. Todo esto de los burros y de los pianos, muchas de esas cosas, eran de Pepín Bello. Eso, Buñuel lo sabe bien. Pepín Bello estaba lleno de imaginación, y eso del putrefacto y todas esas cosas, muchas de ellas eran de Pepín. Fue entonces cuando Dalí dibujó el putrefacto y todas esas cosas; pero el que había hablado más de todo eso y se pasaba el tiempo por las calles sin hacer nada era Pepín, haciendo el putrefacto. Inventando...» (p. 287).

Y no sólo los testimonios retrospectivos conceden este papel a Pepín Bello. También fue afirmado, y por escrito, estando vivos los tres grandes artistas implicados, Buñuel, Lorca y Dalí. Nada menos que José Bergamín, y en el órgano cuasi-oficial de las vanguardias en España, La Gaceta Literaria, al hablar del surrealismo como tendencia de época, cita a los españoles y la resonancia que van alcanzando, «la que ha pretendido darle en algunos, poco logrados, intentos: José María Hinojosa y, probablemente, a través de éste o de otras preocupaciones pictóricas equivalentes, Federico García Lorca y el pintor catalán Salvador Dalí, menos originales, menos auténticos, sin duda, en esto que su iniciador y casi maestro extraliterario, José Bello y Lasierra, nuestro amigo» (La Gaceta Literaria, 1-II-1929, p. 1).

Buñuel también le reconoció gustoso a Pepín Bello en su día (luego se distanciaron) el carácter de surrealista innato, convirtiéndolo en su confidente más íntimo durante los años parisinos (1925 a 1930) a través de una interesantísima correspondencia que no tiene desperdicio. Valga este ejemplo; le dice Buñuel a Pepín Bello en carta desde París fechada el 17 de febrero de 1929: «Queridísimo Pepín: Recibo tu lacónica carta en la que me pides te diga sobre qué tema puedes escribir el artículo para El Amic de les Arts. Ya te dije que nos gustó muchísimo tu enumeración de las cosas que te gustan y que Dalí las iba a enviar al Amic... Yo creo que es por ese camino por el que debes trabajar, teniendo la seguridad de que llegarás a hacer cosas muy buenas... Estoy seguro de que cuando estemos juntos podré ayudarte eficacísimamente. Estoy seguro también de que harás cosas muy buenas. En el fondo tú has sido siempre un surrealista y nada más que eso, y ya es bastante...».

Buñuel rendiría homenaje a Pepín Bello a través de varios de sus escritos y películas. Quizá el más claro sea La agradable consigna de Santa Huesca, que narra las andanzas y desventuras de un trozo de carne en que puede reconocerse a modo de chiste privado tanto el carnuzo de Pepín Bello como la pierna resucitada de Miguel Pellicer Buscar voz... según el archifamoso milagro de Calanda Buscar voz.... También merece ser recordada la Carta a Pepín Bello en el día de San Valero, dedicada esta vez al terrible cierzo Buscar voz... zaragozano en un feroz registro de humor surrealista.

Tampoco son ajenos a la influencia de Pepín los maristas que aparecen en Un perro andaluz y La edad de oro, sacados en buena medida de un caligrama publicado por él en L´Amic de les Arts.

Pero la huella mayor y más perceptible de Pepín Bello en Buñuel puede rastrearse en la tragicomedia Hamlet, que escribieron juntos en 1927, y que Buñuel montó con un grupo de amigos en el «Café Select» de Montparnasse. Es una de las piezas pioneras del teatro surrealista en España, y en ella están en embrión muchas ideas posteriores que el cineasta de Calanda desarrollaría en sus filmes.

En definitiva, el caso de Pepín Bello es uno de esos extraordinarios ejemplos de carisma personal que alcanza a nutrir obras tan relevantes como las de Dalí, Lorca o Buñuel, cediendo ideas generosamente (despreocupándose de su paternidad y de dejar constancia de ellas), y propiciando un clima de hallazgos e invenciones decisivo para la implantación en España de algo así como un surrealismo autóctono, presidido siempre por un peculiar e intransferible sentido del humor. El 1 de junio de 1999 recibió un homenaje en el Casino de Huesca Buscar voz... para celebrar su 95 cumpleaños organizado por la revista Trébede Buscar voz... en el que intervinieron entre otros Agustín Sánchez Vidal Buscar voz... y el director de la Residencia de Estudiantes, José García Velasco. Pero el premio más importante desde esta comunidad fue la concesión del Premio Aragón Buscar voz... en la festividad de San Jorge del 2004.

 

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