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Matrimonio

Contenido disponible: Texto GEA 2003

(Derecho). Ninguna peculiaridad hay en el Derecho aragonés —al menos desde el Concilio de Trento— en cuanto a la forma del matrimonio, su validez o nulidad, separación y divorcio, ni, directamente, respecto de las relaciones personales que la celebración del matrimonio produce para los cónyuges. Por el contrario, es peculiar el régimen de bienes del matrimonio y de la familia, ya fundado en los capítulos matrimoniales Buscar voz..., que admiten gran variedad de arreglos, ya en la ley, que regula la comunidad conyugal Buscar voz.... Hoy el matrimonio no limita la capacidad de obrar de los cónyuges, pero hasta 1975 era objeto de discriminación legal la mujer casada Buscar voz....

• Folklore: En Aragón, como en otras comunidades agrícolas pobres, el matrimonio tiene una vertiente económica de acusada importancia; la «casa Buscar voz...» y la conservación del patrimonio son primordiales y los hijos significan una aportación de brazos para el futuro trabajo. En la mujer se buscan las condiciones suficientes para el gobierno de la casa y se crean tópicos sobre ellas, según las comarcas y pueblos; en Ribagorza dicen «muller d’arriba con homme d’abaixo, casa arriba; muller d’abaixo con homme d’arriba, casa abaixo». Las alianzas económicas dejan de lado el previo y mutuo afecto entre los esposos, lo que no era privativo de Aragón; por otra parte una instintiva endogamia quedaba templada por la exogamia limitada de buscar mujer en determinados pueblos vecinos. Es común en todo Aragón el impedir a los mozos forasteros tomar mujer, bien por razones de repartos de bienes comunes, como ocurre en Albarracín y en otras comunidades relativamente prósperas, o por un primitivo sentido de defensa que obliga a los forasteros a ciertos convites o pagos, lo que suele llamarse «la manta».

Las relaciones entre personas de ambos sexos quedaban sujetas a limitaciones, obligando a superar dificultades durante el noviazgo Buscar voz... y apareciendo juegos de emparejamiento, como los «mayos Buscar voz...». Los tratos matrimoniales realizados por los padres o parientes, sin conocimiento de los interesados, se facilitaban por quienes tenían ocasión de recorrer las casas y viajar, como los sastres, los vendedores ambulantes, los pastores trashumantes. Tras los primeros contactos se «iba a vistas» a un pueblo que no fuera el de los contrayentes, con los novios y los padres, no hablando aquéllos a solas y, si no había inconveniente, se pasaba a los ajustes económicos, a veces con una sordidez y tacañería sólo explicables por las dificultades económicas para desenvolver «la casa»; un abuelo de José M. Lacasa contaba que en Echo se deshizo una boda por un par de medias de lana que la familia del novio exigía de la novia además de las que voluntariamente se le asignaban.

En el Alto Aragón el ajuste tenía lugar junto a algún santuario importante y muchas veces con motivo de una romería; las capitulaciones, con asistencia del notario, se celebraban en un punto intermedio de los dos pueblos de los novios. En los de más habitantes era frecuente la endogamia, como se comprueba por la poca variedad de apellidos, tal como sucedía en Ansó. En las meticulosas discusiones sobre las aportaciones de cada familia no falta el «aponderador Buscar voz...», que subrayaba las condiciones y la hacienda del novio; en ocasiones se exageraba como recoge la frase «paices el aponderador de Burriales, que de tanto aponderar deshizo la boda», tal como narra López Allué de quien exagerando cuanto el novio alegaba, no se conformó con dejarlo en corto de vista, como reconocía, sino que lo hizo ciego del todo.

Si los ajustes y capitulación resultan satisfactorios, se cierra el trato con comida y baile.

En la boda interviene el «espadero» que lleva a la novia al domicilio del marido, a la grupa de su mulo o en sillas para montar a mujeriegas, especialmente adornadas, como una del valle de Garcipollera, con pequeñas escalas para subir y apoyar los pies, pintada de verde y con adorno tallado y pintado de un jarrón de flores. En la boda intervienen las arras, torta y pastel que se reparten entre las familias y amigos y de la que comen los desposados como en la confarreatio romana; y más modernamente también las consistentes en monedas derivadas del derecho germánico.

La comida de bodas suele ser un festín que rompe la habitual frugalidad de la mesa aragonesa. En tal ocasión hay cantos de boda o epitalamios, como la albada de Villanúa que, al modo de los «mayos» de Albarracín, hace la alabanza de la novia y de sus gracias. Otros epitalamios se cantan de noche o madrugada. En el Pirineo se entonaban en la puerta de la casa donde se celebraba la boda y dentro de ella romances viejos que terminan con un grito gutural «ijijí» como los conocidos en todo el Norte. En muchos sitios era costumbre llevar a la habitación de los novios, la mañana siguiente a la noche de bodas, el caldo o el chocolate llamado «de la novia».

El día elegido era en muchos valles pirenaicos el sábado por ser «de María Santísima»; la víspera se rondaba a la novia y las otras mozas, como sucedía en Gistaín, y los padres invitaban a los rondadores; las amigas de la novia se reunían con ella, en su casa y después de cenar, y la ayudaban a peinarse.

El cortejo nupcial salía de casa de la novia; en Ansó iba primero el novio acompañado por su madre y después los amigos íntimos y los invitados, la novia era acompañada preferentemente por su madre. En Gistaín dos escopeteros precedían a la comitiva disparando salvas, luego los novios en sendos mulos, con los mejores atavíos aquéllos y ricamente enjaezadas y llevadas de la brida por amigos íntimos de los desposados las caballerías; luego los hermanos y hermanas de los contrayentes, delante los casados de los solteros; luego los invitados y parientes, por grados, todos montados en mulos; finalmente sobre otras acémilas el ajuar de la casa de los novios. Una hermana del novio llevaba una jarra de vino y una de la novia dos tortas adornadas con claras de huevo batidas, en una bandeja, para ofrecerlo todo en el ofertorio de la misa. Siempre en Gistaín, la boda se celebra en la puerta de la iglesia, dejando el novio el anillo en una bandeja que le presenta el monaguillo y hace tiempo también una onza de oro.

En todo Aragón la fórmula que pronuncia el cura es: «Esposa, estas arras os doy en señal de matrimonio». En Bujaraloz, cuando se cumplía esta ceremonia en el interior, la chiquillería gritaba en la puerta, repetidamente, ¡ya es suya, ya es suya! Al salir de la iglesia los novios van emparejados y los demás acompañantes sin ningún orden; en Gistaín una de las tortas se repartía entre los presentes por el tío carnal de la novia, la otra era para el cura; luego iban todos a casa de la novia para el convite, pero antes de llegar, a mitad del camino, los mozos que llevaban el ajuar de la novia sacaban de las alforjas pan, queso y vino y todos comían de ello. En Muro de Roda, en Ribagorza, la recién casada no entraba en la casa por la puerta principal sino por una secundaria. En Gistaín, en el banquete se comía carne de cabra y carnero, queso y frutas del país y por la tarde había baile con violín, guitarra y bandurria; en la casa donde iban a vivir se hacía entrega y recibo de las cédulas matrimoniales, prendas y el ajuar. Los mozos acompañantes llevaban, uno la caxa o arca con un pollo o gallina encima para hacer el caldo de los novios, otro un paquete de sábanas, otro las sayas y uno más, alforjas con las medias; si van a vivir en casa del novio, la suegra espera a la nuera a la puerta, la sienta en el lugar de preferencia de la cocina, donde se sientan los amos, y le sirven una taza de caldo; una mujer de la casa va voceando las prendas del ajuar que anota el secretario del pueblo u otro que hace sus veces.

Frente a estos ritos de agregación, para solemnizar que una persona ingresa en otra familia distinta de la suya, hay otros de disgregación, por los que se ponen trabas a la pérdida de uno de sus miembros por la comunidad de la novia; en Gistaín al novio que busca la esposa fuera, lo detienen a la entrada del pueblo con una barrera de palos o leña, para observar a la nueva mujer. El rito de expresión pública de incorporación se subrayaba con salvas en la víspera de la boda, pero también cuando, en la ceremonia otorgaban el sí; para otros estas ruidosas manifestaciones tendrían por objeto el alejar a los malos espíritus. En el valle de Gistaín los mozos sirven a los novios chocolate en la cama y a las dos de la mañana tazones de caldo con colas de gata, aunque también solía suceder que para evitar bromas fuesen sin ser vistos a pasar la noche a otra casa. Finalmente una interesante forma del rito de integración es el de agregación de la esposa a los muertos del marido; siguiendo el ejemplo de Gistaín, las hermanas de la novia la acompañaban en la iglesia, después del casamiento, al lugar donde por tradición se situaba la familia del marido; allí se besaban las mujeres y la recién casada se sentaba en el sitio de preferencia, es decir el de su suegra, donde se quemaban las velas dedicadas a los muertos familiares en el rito de la cera; ceremonia análoga tenía lugar en el Périgord francés.

En general las ceremonias del casamiento, convertidas en acontecimiento de interés general, van acompañadas de lanzamiento de caramelos o monedas al público, realizado por el padrino o por el tío materno de la novia, en una clara reminiscencia de costumbres de tipo matriarcal. El traje de los novios recibe algunos elementos peculiares; en Ansó el hombre añade un pañuelo atado a la cintura y una banda cruzada sobre el pecho, amén de adornos en el sombrero de medio queso o de Sástago y la mujer añade escarapelas y «la plata» al traje normal de iglesia; para ir a la iglesia llevan la basquiña, el saigüelo y la saya y un pañuelo debajo del bancal o mantilla para tapar la camisa, cintas de colores y delantal de brocatel de seda, no se ponen joyas y calzan zapatos; tras la ceremonia se quita el traje de iglesia y se pone basquiña nueva y escarapelas con cintas rojas y amarillas si no está de luto y en este caso moradas y blancas, en cualquier caso se adorna con el sofocante, cadena con joya o relicario, crucifijos o Vírgenes del Pilar, escapulario y en el pelo cinta encarnada (negra si está de luto); la camisa es fina.

No se ha comprobado en Aragón la costumbre muy extendida de que la novia hiciese con sus manos o regalase al novio la camisa nupcial. Es general el rechazo de matrimonio de viudos por medio de enramadas, ensuciando las paredes de la casa con aceite de enebro o pez, o las cencerradas que sustituían a las albadas nupciales; formas análogas de burla se producían con ocasión de los matrimonios de viejos.

El matrimonio es la base de la constitución de la sociedad familiar; la persistencia de la casa Buscar voz..., tanto en lo económico como en la materialidad de la vivienda, provocan innovaciones en la administración y gobierno, especialmente cuando los casados viven con la familia del novio. Las relaciones con la suegra tanto en el caso citado, como en el frecuente de que sea la madre de la mujer la que va a vivir con la hija, han dado lugar a numerosas interpretaciones populares de las pugnas nacidas de la convivencia hasta el punto de que la suegra será uno de los tópicos del «baturrismo Buscar voz...». Las relaciones con las cuñadas y otros parientes, de la esposa, se insertan en los ritos de integración. Los esposos serán llamados el o la «joven» y llamarán a los suegros «tíos».

La autoridad marital quedará afectada por las tradiciones de las formas de vida de agricultores o de pastores; el pastor que pasa largos períodos de tiempo fuera de la casa dejará la administración y la gestión en manos de la mujer que, en cualquier caso, será encargada de las tareas domésticas, el cuidado y educación de los niños, la preparación del fuego y la comida, el llevarla al campo, en su caso; el amasar y cocer el pan, el hilar y tejer y, normalmente, la vida de relación, los tratos con el cura, el médico y la administración. Limitadamente intervendrá en las labores agrícolas, especialmente las complementarias, con jadico, recogida de hierbas para los animales domésticos, apacentar corderos o cabras y otras semejantes. El hombre desarrollará los trabajos duros, el manejo del arado, de la azada, o del hacha, el cuidado de las caballerías incluyendo el abrevado, la siega, la trilla y la vendimia y los trabajos de transformación agrícola.

Determinados trabajos como «desbrinar» el azafrán será tarea femenina y colectiva, pero fundamentalmente de solteras. En la vida de relación el ir a la compra y a buscar agua a la fuente, serán esenciales en el programa diario femenino. Igualmente la vida religiosa, devociones en la iglesia y en la casa; pero los hombres formarán sus cofradías propias. Los bailes y otros medios de comunicación dejarán de tener trascendencia tras el matrimonio.

Especial significación tendrá la esterilidad, que supondrá el grave quebranto económico de la falta de hijos. El repudio más absoluto rodeará las uniones ilegítimas y el adulterio; aunque la primera situación puede quedar resuelta por razones económicas con matrimonios posteriores en interés de la «casa».

Sobre estos temas existe copiosa información en la literatura costumbrista y el cuento, incluso en máximas, refranes y frases hechas.

• Bibliog.: Beltrán, Antonio: Introducción al folklore aragonés; Zaragoza, 1978-1980. Arco Y Garay, Ricardo del: Notas de folklore altoaragonés, Madrid, 1943, pp. 94 y 498. Violant Y Simorra, Ramón: El Pirineo español; Madrid, 1949, p. 290. Lacasa, J., S. Ayerbe, V. Valenzuela: Jornadas de estudios folklóricos aragoneses; Zaragoza, 1965-1967.

 

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Boda en el Pilar de Zarag...Boda en el Pilar de Zaragoza (1911)

Recién casados en Ansó (H...Recién casados en Ansó (H.)

Pareja de casados en Biel...Pareja de casados en Bielsa (H.) P...

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