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Partido aragonés

Contenido disponible: Texto GEA 2003  |  Última actualización realizada el 22/10/2009

(Hist. Mod.) Término acuñado por el británico William Coxe a principios del siglo XIX y frecuentemente citado en la bibliografía posterior, las más de las veces con no demasiada precisión. El llamado «partido aragonés» se dejó notar en la política española de la segunda mitad del siglo XVIII; en esta época no podemos dar al término «partido» el mismo valor que tiene hoy; más bien habría que hablar en este caso de una facción o cábala. En realidad se trataba de un grupo formado por el conde de Aranda Buscar voz..., jefe natural e indiscutible, y unos cuantos adeptos, preponderante pero no exclusivamente aragoneses, que pensaban como él en cuestiones políticas, administrativas, económicas y culturales, con la mira puesta en poder llevarlas a la realidad, sin que por ello mediara un compromiso, o un lazo más estrecho, que los vinculara a una acción conjunta. Componía este «partido» una serie de nobles aragoneses, unidos no sólo ideológicamente con Aranda, sino también por lazos familiares, como los Pignatelli Buscar voz... (Joaquín, conde de Fuentes Buscar voz..., su hijo Juan, confidente de los Príncipes de Asturias, y su hermano Ramón Buscar voz..., constructor del Canal Imperial Buscar voz...), el duque de Villahermosa Buscar voz... y el conde de Ricla, el ministro Roda Buscar voz..., un grupo de pensadores y economistas miembros de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País Buscar voz..., y algunos elementos del estamento militar (aragoneses o no) adictos a Aranda.

A la formación del «partido aragonés» contribuyó remotamente el Decreto de Nueva Planta Buscar voz... de Felipe V Buscar voz... de 29-VI-1707, que favoreció la dispersión de los aragoneses activos por España, y próximamente las preferencias de Carlos III Buscar voz... por rodearse de ministros «golillas» (nombre en principio despectivo con el que se designaba a los letrados o togados «manteístas» de extracción social plebeya), en lugar de los nobles, tal como había sido la tradición española durante el siglo XVII y primera mitad del XVIII. Los «golillas», partidarios del absolutismo monárquico y centralista, opuestos a la intervención moderadora de la nobleza y decididos a eliminar los organismos intermedios de poder, como los que existían en Aragón antes del Decreto de Nueva Planta, constituyeron la cábala enemiga del «partido aragonés»; el programa de Aranda y los suyos difería diametralmente del de los «golillas»: gobierno «monárquico-estamental» y respecto a la idiosincrasia regional y, por lo que respecta a Aragón, reivindicación de sus Fueros decapitados por Felipe V; hay que añadir, al menos en Aranda y algunos más conspicuos del «partido», un notable acento militar, puesto en parte más en relieve frente a la actitud leguleya y más «civil» de los «golillas».

El «partido aragonés» estuvo en el «poder» (utilizando estos términos entrecomillados en sentido analógico) entre 1766 y 1773, período en el que Aranda fue presidente del Consejo de Castilla Buscar voz.... Carlos III, atemorizado después del motín contra Esquilache, llamó al conde a este puesto de máxima responsabilidad, no por estima personal al noble aragonés (nunca la tuvo), sino porque su prestigio militar podía sacarle del atolladero; durante este tiempo de su presidencia y dentro del círculo del gobierno, Aranda contó con el apoyo de Roda, secretario o ministro de Gracia y Justicia, —desde 1772— con el de su primo, el conde de Ricla, secretario de Guerra, pero con la enemistad del confesor real, fray Joaquín de Osma, y, sobre todo, de los «golillas» Grimaldi (secretario de Estado) y Campomanes y Moñino (fiscales del Consejo de Castilla); la intrigas de los dos primeros consiguieron derribar a Aranda, aunque su caída fue dorada con la embajada de París, en la que permaneció desde 1773 a 1787. Mientras tanto, el resto del «partido aragonés» trabajó por la rehabilitación y vuelta al poder de Aranda, especialmente en 1776, con motivo de la desgracia del jefe «golilla» Grimaldi, pero sus esfuerzos fueron vanos, pues fue sustituido por una hechura del caído, el ex fiscal y ex embajador Moñino, convertido en conde de Floridablanca, quien puso en práctica, con más talento político y más eficacia que su antecesor el ideario del partido «golilla» durante los largos años de su permanencia en el poder (1777-92) y fue el máximo representante del despotismo ministerial del Antiguo Régimen Buscar voz... español. El conde de Aranda, atento desde París al pulso de la política de Madrid, quiso en 1781 volver a España y participar en la campaña de reconquista de Gibraltar, pero el desconfiado Carlos III (y detrás de él Floridablanca) se opusieron a ello. Aranda buscó entonces apoyo en el Príncipe de Asturias, futuro Carlos IV Buscar voz..., y, a petición de éste, le envió reservadamente un plan de gobierno para España, que puede considerarse como el programa político del «partido aragonés». Pero el príncipe no lo tomó en cuenta y es probable que ni siquiera lo leyera. Cuando, ya en el reinado de Carlos IV, cayó Floridablanca en desgracia, fue sustituido por Aranda, pero la gestión de éste al frente del gobierno sólo duró unos meses de 1792, y en realidad constituyó un puente para dar el poder supremo a Godoy. Con el ostracismo definitivo de Aranda desaparece prácticamente del primer plano político el «partido aragonés».

• Bibliog.:
Olaechea, R.: El Conde de Aranda y el Partido Aragonés; Zaragoza, Facultad de Letras, 1969.
Id. y Ferrer Benimeli, J. A.: El Conde de Aranda. Mito y realidad de un político aragonés; Zaragoza, Librería General, 1978, 2 vols.
Ferrer Benimeli, J. A.: El Conde de Aranda y la Real Sociedad Aragonesa de Amigos del País; Zaragoza, 1978.
Escudero, J. A.: Los orígenes del Consejo de Ministros en España; Madrid, C.S.I.C., 1979, 2 vols.

 

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