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Ciencias históricas auxiliares

Contenido disponible: Texto GEA 2003

También denominadas «Ciencias Auxiliares de la Historia», comprenden las Ciencias y Técnicas de utilización auxiliar en el estudio del pasado humano (para distinguirlo del término Historia que se reservaría a la ciencia, en lugar de introducir algún otro como el de Cliología). Su utilidad es indiscutible para conocer lo sucedido a las sociedades del pasado y ayudar en los distintos niveles de interpretación de los hechos que, en ocasiones, requieren la respuesta de nuevas técnicas y el perfeccionamiento metodológico consiguiente.

Entre estas ciencias auxiliares, habría que considerar aquellas que podemos situar bajo los epígrafes de 1) Conservación de fuentes: los estudios relacionados con el funcionamiento y contenidos de Archivos, Bibliotecas, Centros de Documentación, Museos, Nastrotecas y Fonotecas; 2) Conocimiento y técnicas de tratamiento de las fuentes: Arqueología, Paleografía, Numismática, Epigrafía, Bibliografía, Diplomática, Sigilografía, Genealogía, Cronología, Criptografía, Papirología, Heráldica, Vexilología, Ceremonial, Indumentaria, Insigniaria, Estadística y el gran complejo de la Filosofía de la Literatura, del Arte, de la Música, del Derecho y las Instituciones, de la Lingüística, Sociología, Politología, Etnología, Antropología y las Ciencias filológicas, geográficas, naturales, físicas, químicas, médicas, económicas, en todas sus ramas y variedades; y 3) Reflexión sobre lo escrito: Historiografía.

Conservación de las fuentes El avance en los últimos años ha sido considerable, pero resulta evidente que todavía queda mucho por hacer. Los Archivos han avanzado considerablemente, pero —asunto prioritario donde los haya— todavía no se cuenta con el edificio para Archivo General de Aragón y no se han resuelto problemas como el de la ubicación del Archivo Histórico Provincial de Zaragoza, que ha enriquecido notablemente sus fondos; destacando el de Huesca que creó (1985) un Laboratorio de restauración documental y viene prestando notables servicios. Las Bibliotecas han mejorado considerablemente, pero también se tiene pendiente la puesta en funcionamiento de una de las más ricas, como es la propia de la Institución «Fernando el Católico» de la D.P.Z. Gran impulso han tenido los Centros de Documentación, de modo que rara es la institución que no los ha puesto en funcionamiento. Y se ha consolidado la enseñanza de Documentación en la Universidad, cuyo profesorado desarrolla una gran e importante actividad dentro de sus respectivas áreas docentes e investigadoras. Las Nastrotecas se concretan en la Cinemateca de Zaragoza, en Videotecas que acogen determinadas instituciones como la Universidad, y no se ha desarrollado lo concerniente a Fonotecas, que también forman sección dentro de algunas bibliotecas, como la de la Facultad de Filosofía y Letras zaragozana.

Conocimiento y técnicas de tratamiento de la fuentes. Conocimiento y técnicas de tratamientos de fuentes que no excluyen, como se pone de manifiesto en multitud de trabajos, el estudio en niveles profundos de tales fuentes. Se ha continuado con los estudios propios de la Arqueología (que últimamente ha realizado una notable aportación, entre otras, a la heráldica real aragonesa mediante la publicación de sus trabajos sobre un artesonado decorado de la Aljafería perteneciente al reinado de Pedro IV), Numismática (con publicaciones, entre las que cabe citar la de A. Domínguez, F. Escudero y C. Lasa «El Patrimonio Numismático del Ayuntamiento de Huesca», 1996), Etnografía y Antropología (con estudios sobre alimentación e indumentaria civil, de A. Beltrán), Epigrafía, Diplomática, Paleografía (con la monumental obra de A. San Vicente «Instrumentos para una historia social y económica del trabajo en Zaragoza en los siglos xv a xviii», 1988; o la nueva edición del Vidal Mayor por A. Cabanes, A. Blasco y P. Pueyo), Bibliografía (con novedosas aportaciones de A. San Vicente desde el Centro de Documentación Bibliográfica Aragonesa y de J. Lacueva, M. Pedraza, M. A. Pallarés, E. Velasco y N. Herranz, con sus memorias, tesis doctorales y varias publicaciones), Sigilografía (noticias de aragoneses en M. Carmona de los Santos: Las colecciones de sellos del Archivo Histórico Nacional, 1996), y se han intensificado los correspondientes a Genealogía, que ya han merecido la elaboración de memorias de licenciatura e incluso tesis doctorales; se mantienen los trabajos generales sobre otros campos, y se han reactivado los correspondientes al complejo de Emblemática (se creó en 1995 una revista dedicada a la publicación de tales estudios en la Cátedra «Barón de Valdeolivos», de la Institución «Fernando el Católico», Emblemata), en especial lo que corresponde a Heráldica y Vexilología, con dedicación también a la vertiente municipal normativa, Genealogía, Nobiliaria, Ceremonial, Indumentaria (en especial la militar aragonesa) y otros conocimientos afines (desde 1990 se cuenta con un Tratado de Iconografía de J. F. Esteban Lorente), lo que ha venido a ampliar las notables aportaciones de la ya veterana revista Hidalguía.

Cada uno de los conocimientos referidos requiere, a su vez, la concurrencia de otros relacionados con otras áreas, según se ha advertido en la mera enumeración de otras ciencias. Es obvio que el conocimiento de lo que significa una peste en una sociedad que la soporta durante algún tiempo requiere tener el apoyo de la Medicina y de la Demografía e, incluso, para tener un conocimiento más profundo y poder valorar el fenómeno, de una investigación interdisciplinar.

Reflexión sobre lo escrito. Historiografía. El estudio de lo escrito sobre el pasado (Historiografía) —Historia de la Historia o de la Historiografía—, junto con cuestiones de Teoría de la Historia (gnoseología, epistemología y metodología) ha tenido en los últimos diez años una producción muy intensa y puede advertirse en multitud de publicaciones que, en gran medida, han sido producidas en España o traducidas al español y otras lenguas de las Comunidades autónomas españolas —que también tienen su producción propia— partiendo de estudios del mundo científico general y creadas por autores individuales o colectivos que contrastan su trabajo en reuniones científicas también sobre temas prehistóricos, antiguos, medievales, modernos o contemporáneos, además de arqueológicos, numismáticos, de otras ciencias y de otros períodos, sectores o conocimientos y que tienen su reflejo, hasta donde ha sido posible, en distintas voces.

En lo que se refiere a Aragón o de interés para Aragón, la historiografía ha sido realmente muy abundante, rica en temas y elaborada desde supuestos conceptuales y metodológicos muy diversos y que recuerdan desde el neopositivismo, pasando por ideologismos más o menos encubiertos, neohistoricismo tradicional, neoannalismo, marxismos (desde la ortodoxia, aunque ya sin el apoyo y condicionante político de la URSS —lo que por otra parte ha servido para fortalecer el condicionante del capital—, hasta posturas de soporte, gran interés científico), y determinados productos que podemos denominar de eclecticismo culturalista, i. e., de diversos modos de realizar el trabajo de análisis histórico sin renunciar a los variados y múltiples hallazgos útiles de las distintas escuelas históricas, incluyendo la cliométrica.

Merece la pena recordar que ya, en 1989, E. Fernández Clemente realizó una «Introducción a la Historiografía Aragonesa» (Turia, con 2.ª parte en 1990) que tuvo su continuación cronológica en la Enciclopedia Temática de Aragón (Historia, t. II, 1989). Por otra parte, es de destacar el trabajo de Historia de la Historiografía de lo llevado a cabo, entre otras áreas —antes de la existencia de Aragón también tiene importancia notable la producción (ejemplo a seguir es la «Crónica del Aragón antiguo. De la Prehistoria a la Alta Edad Media, 1987-1993», Caesaraugusta, 72, I y II, 1997)—, en la de lo medieval, lo moderno y lo contemporáneo, como demuestran, por ejemplo, los trabajos de C. Orcástegui (sobre Gauberto Fabricio de Vagad, 1996), E. Jarque y J. A. Salas (sobre Diego José Dormer y sus Discursos Históricos-políticos, 1989), J. Gil Pujol (referente a Lupercio Leonardo de Argensola y su Información de los sucesos de Aragón en los años 1590 y 1591, 1991), G. Colás (Bartolomé Leonardo de Argensola y sus Alteraciones de Zaragoza. Año 1591, 1996), J. Gascón (Bibliografía crítica para el estudio de la Rebelión aragonesa de 1591, 1995), C. Orcástegui y G. Redondo (sobre los cronistas de Aragón, 1986), G. Redondo y C. Morte (al editar la obra de Blancas, Carrillo y Dormer sobre los retratos reales del palacio de la Diputación del Reino, 1996).

También debe hacerse referencia a las aportaciones del género, desde Aragón, al acervo general científico, como pueden ser las de C. Orcástegui y E. Sarasa (La Historia en la Edad media. Historiografía e historiadores en Europa Occidental: siglos v-xiii, 1991), A. Montaner (sobre A. Beccadelli, al editar el Libro de los dichos y hechos elegantes y graciosos del sabio rey don Alonso de Aragón, 1997) o J. J. Carreras (Altamira y la Historiografía europea, 1987; La historiografía alemana del siglo XX: la crisis del historicismo y las nuevas tendencias, 1990; Ventura del Positivismo, 1992), I. Peiró y G. Pasamar (Historiografía y práctica social en España, 1987; La Escuela Superior de Diplomática. Los Archiveros en la Historiografía española contemporánea, 1996), I. Peiró (Los guardianes de la Historia. La historiografía académica de la Restauración, 1995) y G. Pasamar (Historiografía e ideología en la postguerra española: la ruptura de la tradición liberal, 1991). Todo ello sin contar la producción bibliográfica que trae en sus introducciones interesantes análisis de lo tratado sobre temas específicos desde la Prehistoria hasta nuestros días.

En la infraestructura no hay que olvidar a las instituciones y los centros que alientan, promueven y sufragan las variadas y numerosas publicaciones, como son la Universidad, las Cortes de Aragón (con sus colecciones de Ediciones Facsimilares y de Historia, ampliada con la de Derecho, en 1997), la DGA, el Justicia de Aragón, las Diputaciones provinciales, concretamente la de Zaragoza, con la veterana Institución «Fernando el Católico» con sus filiales y multitud de Ayuntamientos (Sabiñánigo, por ejemplo, con sus jornadas) o asociaciones culturales como la de Los Sitios, nutridas por particulares entusiastas y de tenacidad singular; tampoco, los numerosos congresos, a destacar y por citar alguno, el de la Corona de Aragón (XV) celebrado en Jaca el año 1993 y las Jornadas sobre la «Historia en el Horizonte 2000: compromisos y realidades» (Z., 1995) o las «Jornadas sobre el Estudio Actual de los Estudios sobre Aragón», las «Jornadas de Metodología de la Investigación Científica sobre Fuentes Aragonesas» (julio de 1997), o el I Congreso de Historia Local Aragonesa, en Mas de las Matas (T).

 

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