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Ciclos y manifestaciones de la vida

Contenido disponible: Texto GEA 2003  |  Última actualización realizada el 04/01/2011

Se plantea aquí la cuestión de fijación de límites de tipo social, económico y cultural de actividades «populares», en las que hay que incluir no sólo los medios rurales, sino también los menestrales y artesanos de las ciudades y, en cierto modo, las actividades que engloban a toda la población. Los desfiles de gigantes Buscar voz... y cabezudos Buscar voz... que tienen un origen erudito y religioso pasan a ser populares tanto cuando se incorporan a la procesión del Corpus Buscar voz... como cuando se quedan en simples exhibiciones por sí mismos, sin que podamos decir que sus bailes, la persecución de niños o cualquier otra actividad vayan destinados a una capa social o intelectual de las ciudades donde se producen. El otro problema de delimitación metodológica es el cronológico. Lo que podríamos llamar «costumbres y tradiciones», con términos que han hecho fortuna en algunos medios científicos, debe alcanzar a nuestros tiempos y no sólo por las raíces historicistas que las diversas manifestaciones pueden tener en el pasado. Lo que se excluye sistemáticamente es la creación erudita o señorial que no ha sido incorporada por el pueblo. Complica la determinación de qué actividades y qué ejecutores de ellas deben ser seleccionados, la base literaria que forjaron los escritores de artículos «de costumbres» para las distintas regiones, como los de Mesonero Romanos o Larra, por citar dos autores de propósitos bien distintos en sus escritos, pero el favor general lo muestran los éxitos obtenidos por libros como Los españoles pintados por sí mismos, imitado en Los valencianos pintados por sí mismos, y muy pronto por la aparición de estampas, grabados y descripciones de «tipos y paisajes» que alcanzaron su apogeo a mitades del siglo XIX para desaparecer casi totalmente tras la revolución de 1868 Buscar voz... y resucitar a principios de 1900 como estudios de etnografía Buscar voz... y folclore, de acusado carácter historicista y fuertes ataques por parte de los científicos dedicados a la antropología cultural y social; en nuestros días la organización de España en autonomías ha provocado un resurgimiento del interés por las «señas de identidad» y la afirmación de rasgos definitorios a ser posible, o bien diferenciales y peculiares.

Naturalmente que al hablar de «costumbres» aragonesas habremos de referirnos a quienes lo son por derecho y están afectados por peculiaridades jurídicas; a quienes, sin serlo, viven en Aragón y participan de los modos de vida generales, que en la actualidad se unifican por la fácil comunicación y el afán de mimetismo. Un ejemplo evidente es el de las «peñas» festivas, inseparables de los festejos populares de todo Aragón, que sin embargo son de muy reciente implantación y tienen modelos bien conocidos en costumbres navarras, donde tampoco son excesivamente remotos. Las modas pueden influir también en la evolución, que no se produce de un modo lento y continuado, sino con altibajos característicos de todos los fenómenos biológicos; por ejemplo, el enorme trasiego de personas e ideas consiguiente a la guerra civil Buscar voz... de 1936 produjo cambios radicales, hasta el punto de que, durante mucho tiempo, una escala de tiempos medía lo «de antes de la guerra»: en cambio las guerras civiles del siglo XIX, que favorecieron aculturaciones muy variadas, no supusieron un fundamental choque con los modos de vida usuales.

El tema comprende los ciclos de la vida desde el nacimiento a la muerte, la niñez, pubertad, noviazgo, boda, sociedad familiar, estructuras económicas y laborales, la vivienda como centro de actividades, división del trabajo entre hombres, mujeres, niños y ancianos, educación, traje, organización profesional, oficios y artesanías, actividades lúdicas, ideas estéticas y artes populares, integración del individuo en la sociedad, normas colectivas y relación con el mundo exterior, país, comarca, pueblo, barrio, calle, ideas sobre los extranjeros y forasteros, derecho consuetudinario o escrito y factores históricos en lo que se refiere a la delimitación de fronteras y límites, términos de propiedad, independientemente del sentimiento aragonés y de cada pueblo dentro de él, servido por símbolos, extendidos al lenguaje y modos de expresión. En todo este amplio y complejo conjunto hay que considerar los fenómenos de aculturación y cambio, analizando los resultados en cada época, lo que vendrá a componer el factor historicista.

El esquema de todas estas cuestiones podría resumirse así. Nacimiento como rito de agregación que interesa a la comunidad, vinculado a viejas ideas que pueden remontar hasta la Prehistoria sobre el misterio del origen de la vida, asociado a otros prenatalicios tanto de previsión como de protección, evitando las consecuencias de maldiciones, la esterilidad considerada históricamente como tal y remediada con prácticas externas (fuentes, frotamiento con rocas, acción de objetos determinados), alimentación y apenas concretadas ideas sobre el poder fecundante del viento que los antiguos iberos ya conocían aunque en relación con los caballos; protección de Vírgenes, Santas o San Ramón Nonato, «vueltas» en número cabalístico de tres o siete a cabezos o lugares, prohibición de actividades (coser a máquina, hacer mahonesa, devanar madejas, moler café) y de alimentos para prevenir «antojos» y la consideración de impureza («triarse» el «ajolio» que hacía la embarazada) uso de la «rosa de Jericó», adivinación del sexo del «nasciturus» y prácticas muy determinadas para evitar el «mal dau» por viejas y extraños; poder de envolturas y pañales aprovechados para todos los hijos en el acto de cristianar y comunicación del nacimiento mediante fórmulas (en Bujaraloz «que ha dicho mi padre que ya tiene usté un servidor más»).

El bautismo es acto público de integración en la sociedad religiosa de quien hasta entonces no había nacido espíritualmente («moro»), con obsequios, arrojando peladillas o golosinas y aun dinero por el padrino a la chiquillería, escogiéndose con cuidado a los padrinos con quienes se establecerá una relación cuasi-familiar, el nombre, teniendo en cuenta que usualmente el apellido no será de uso general, sustituyéndose por el personal con añadidura del de los padres o de la casa, por lo que la aplicación del santo del día se combinará con hallar el más raro, para evitar confusiones. La elección de nombres correspondientes a patronos y a las devociones preferidas servirá para investigar la evolución de éstas, en cada lugar y la abundante prole de los matrimonios aragoneses servían para que el hijo mayor repitiera el nombre del padre y los siguientes de los abuelos, tíos, patronos y la aplicación de varios, aunque solamente se utilizase uno. Durante la «cuarentena» de impureza de la madre son cuestiones importantes la «subida» de la leche (institución del «chupatetas»), situación provisional del niño («sacramentas» de Ansó), etc. La sal del bautismo y los gestos o lloros del niño al recibir el agua servirán para interpretar su conducta futura y también determinadas acciones del padrino.

La educación se confía a las madres hasta que el niño alcance la posibilidad física de trabajar, con añadidura del cura y la «doctrina» y de la escuela, a la que se asistía durante pocos años. La preparación para el trabajo imitando actividades de los mayores es una de las bases del aprendizaje, con tareas complementarias como apacentar los animales, cargar con los hermanos pequeños, hacer recados incluso el de llevar la comida al campo y escuchar cuentos, adivinanzas, etc. Los juegos con el esfuerzo físico como base (correr, saltar, golpearse) o con exhibición de habilidades (lanzamientos, juegos de cordeles, mímica, adivinanzas, «pitos», «galdrufas», «cuadernas», etc.) con una enorme variedad y cambios frecuentes según las modas, valorando los más diversos medios (p. e., de los cromos se pasó, en Sariñena, a las tapas de las cajas de cerillas con ilustraciones, y de éstas a las de 5 céntimos, que no llevaban más que los textos correspondientes y que mugrientas e ilegibles eran no obstante elemento de juego, «los anuncios»). La incorporación laboral se cumplía con actividades como la del «fematero», poner trampas, coger nidos, y en la niñas las labores domésticas y aprendizaje de costura, plancha, limpieza. Las vestiduras, una vez «acortado» el niño de pañales, pasaba inmediatamente a repetir el traje de los adultos y a utilizar para los niños las prendas usadas. Son infinitos los juegos de correr en bandos, de saltar sobre quien «paga», de comba y corro en las niñas, con añadidura de importaciones como el aro, el «diávolo», etc.; pero normalmente los «juguetes» se fabricaban por los propios niños o sus padres: pelotas, palos para ser usados como caballos, carros, etc. Con frecuencia los juegos Buscar voz... se fundan en una persona que «paga» y los demás que le obligan a soportar algún castigo hasta que se libera. La higiene corporal y las prácticas religiosas completan esta sumaria educación, a la que se suman los remedios experimentales para «cuqueras» y accidentes normales. Antes de los doce años se incorporaba a la vida laboral. De enorme interés, pero fuera de nuestro propósito, la orfandad, tutoría, relaciones paterno-filiales, intervención del tión en la educación, respeto a los ancianos y papel de la sabiduría y experiencia de éstos y la larga serie de prohibiciones, tabúes, castigos corporales («quien bien te quiera te hará llorar» o «la letra con sangre entra») y de las actividades escolares.

Las actividades laborales de la mayor parte de los campesinos Buscar voz... aragoneses comportan también el cuidado de pequeños rebaños en los alrededores del pueblo, de los animales de labor, el corral y con una severa distribución por sexos las originadas en la casa. En general los trabajos duros, arados, azada, hacha, corresponden al hombre y los agrícolas con «jadico», cuidados de aves, conejos y cerdo, recoger hierba, espigar, dar gavillas y otros complementarios, a las mujeres, a quienes compete en exclusiva el trabajo de la casa, de limpieza, ropa y pequeñas reparaciones, amasar, acarrear agua de la fuente con ayuda de los niños, especificándose claramente los trabajos «impropios» de hombres (como todos los citados de la casa, cargar con los niños, cuanto se refiera a la ropa, etc.). Las diferencias comarcales se advierten bien en los aperos Buscar voz... e instrumentos Buscar voz..., el carro, el trillo, con escasa especialización en algunos de ellos, como la «jada», el pico y el mallo, la primera con disminución de tamaño y peso para empleo de los «huertos» y por las mujeres, de quien será también propia la «astraleta», cuya polivalencia pasará a las frases hechas: «Esa mujer es como una astraleta, sirve para todo». Otro grupo de instrumentos que han pervivido hasta hace poco han sido los relativos al hilado y tejido, sobre todo el huso y la rueca y el telar sencillo. Con características especiales los elementos de transporte en zonas sin caminos (el estiraso o la Lera) o por los ríos («navatas Buscar voz...») y afectados por peculiaridades incluso locales las albardas, bastes y piezas de todo tipo para el acarreo sobre bestias. La cestería Buscar voz..., la guarnicionería, la «botería» y la de instrumentos para la casa desarrollarán oficios muy especializados, de los que por lo menos habrá uno en cada pueblo; el «pelaire», el herrero, el «teixidor», el tejero, con la «tienda» donde se venderá de todo, heredarán las antiguas actividades de moriscos que hasta su expulsión llegaron casi a monopolizar la totalidad de ellos; el hacer sogas o soguetas variadas, con esparto, suelas de alpargata de cáñamo, abarcas, pueden ser actividad propia de cada casa, aunque los carpinteros, sogueros, hojalateros, confiteros, carboneros, etc., no falten regularmente.

Los pastores Buscar voz... se regirán por normas especiales, sobre todo los de los grandes rebaños, con trashumancia Buscar voz..., caminos antiguos o «cabañeras Buscar voz...», preestablecidos, jerarquías y disciplina de fechas y calendarios. La «dula» será un rebaño comunal, apacentado en las proximidades del pueblo, con todo género de animales, cuidado por una persona, dulero/a, que anuncia públicamente la recogida y devuelve a los animales, aunque mulas y burros buscan y encuentran cada uno su propia cuadra; las casas que poseen unas cuantas reses confían a los niños el trabajo de pastor en las proximidades. Las «pastoradas Buscar voz...» del dance Buscar voz..., quizá originarias de Ribagorza, muestran la unidad básica pastoril, mayoral-rabadán aunque la ocupación normal de los medios rurales sea la llamada usualmente «de labrador». El ocio y las diversiones de los adultos, con independencia del valor de la «fiesta», se situaban esencialmente en la taberna, en la conversación en la plaza y en juegos que han variado según las épocas, y desde hace mucho tiempo los de «baraja Buscar voz...», además de las exhibiciones de fuerza, carreras «de pollos» Buscar voz..., tiros de barra Buscar voz..., bola Buscar voz... o «jada», bolos Buscar voz..., pelota, etc.

Pasada la pubertad, el acontecimiento fundamental de la vida popular es la boda Buscar voz... no sólo por la unión de personas tras larga preparación y con el ánimo de constituir una familia Buscar voz... (el tener hijos será una finalidad esencial de la vida) sino por las connotaciones económicas, reunión de casas y haberes. La primogenitura Buscar voz... influirá más que la vocación en muchos «segundones» que tomarán el camino del «seminario», liberación de la miseria de la tierra, mucho más accesible que el «sentar plaza». Los noviazgos Buscar voz... ajenos a la voluntad de los futuros esposos y «arreglados» por los padres, con intervención de mediadores, «aponderadores» y casamenteros, ajustaban «vistas» con frecuencia en romerías Buscar voz... o en puntos equidistantes de las residencias de ambas familias: la endogamia se corrige con la selección de la novia en pueblos distintos y a veces siempre los mismos. No obstante, las dificultades para la comunicación entre los jóvenes de ambos sexos se corregía con encuentros supuestos «al azar», la fuente, la salida de misa, las romerías, naturalmente los bailes y clandestinamente en el corral o sitios apartados. No era extraño que la novia no conociese al novio personalmente hasta poco antes de la boda, ni que los contrayentes no se tuteasen hasta después de casados. Cualquier relación física anterior a la boda producía el «deshonor» de la mujer y los embarazos subrepticios sólo se remediaban con la inmediata boda. Las fiestas de Santa Águeda y el Carnaval Buscar voz... aliviaban el carácter pasivo (al menos de apariencia) de la mujer.

La cicatería de los ajustes matrimoniales se inserta en las costumbres jurídico-económicas de la «casa Buscar voz...» en Aragón, de tal suerte que forman parte de una serie de peculiaridades, como «el donado Buscar voz...», el matrimonio «en casa» Buscar voz... y, sobre todo, de las relaciones de los jóvenes con los amos, el papel que a unos y otros corresponde, aunque la literatura popular haga de la suegra y las disensiones con el yerno, base de muchos tópicos. No insistiremos sobre el valor del compromiso, en relación con el altísimo valor otorgado a la palabra dada; ninguna originalidad tienen las ideas sobre la virginidad de la mujer o los «arreglos» económicos cuando faltaba. También tiene una raíz económica el trato al novio forastero, sobre todo cuando su matrimonio puede convertirle en partícipe de bienes comunales, pero en general sometiéndole a «pruebas» o vejaciones, que pueden acabar siendo simbólicas, como la «manta» o un convite, incluso con recepción a la entrada del pueblo. La virginidad de la esposa produce que sufran vituperio el matrimonio del viudo o el de la viuda, con cencerradas o enramadas que no son exclusivas de Aragón ni distintas las de aquí a las de otras partes.

Quedan pocos restos de costumbres ancestrales, como adivinar el nombre de futuros novios, sobre todo por las mujeres y en ocasiones señaladas como las noches de Reyes o de San Juan, con «matrimonios fingidos» como llamaba una disposición sinodal de Sigüenza del siglo XV a la costumbre de los mayos Buscar voz..., es decir, sacar a la suerte nombres de mozos y mozas depositados en sendas ollas, lo que se hacía en el Pirineo para Navidad. Muchos literatos aragoneses han tomado pie de las visitas «formales» del novio a casa de la novia, donde se sabía de antemano cuanto había que saber, y la conversación se deducía a unas cuantas fórmulas de cortesía.

El matrimonio asegura la descendencia en hijos y la fijeza de la casa; numerosos dichos hablan de las condiciones de las mujeres montañesas y de los valles, algunas veces llamadas «d´arriba» y «d´abaixo», en relación con el trabajo y el ahorro. Chandra y manirrota serán dos de los peores insultos que puede recibir una mujer, aunque el de manifecera o enredadora y lambrota o laminera, también hacían daño. Las capitulaciones Buscar voz... se cumplían estrictamente y los ritos subrayaban el paso de la mujer de la autoridad del padre a la del marido o de una casa a otra, a veces con cortejos y exhibición de bienes y enseres y con epitalamios, de los que conservamos la bellísima albada de Villanúa. Las rondas, albadas y otros actos en los que las coplas se dirigen por el novio o por alguien a su nombre a la novia, terminan con la boda, como las enramadas, los regalos siempre muy simples y otras atenciones. Las bodas se solemnizan con grandes comidas y a veces con un ritual complicado de cuatro días, como en Fraga; no había viaje de novios y con frecuencia las bodas se celebraban en sábado para aprovechar el siguiente día festivo. No obstante, los ritos de agregación señalaban claramente la importantísima ocasión en la que las arras Buscar voz... procedentes del derecho germánico y todavía en forma de monedas y tortas o pasteles como los de la «confarreatio» romana, perduran en Aragón. La mujer casada se integraba en una nueva casa, adoptaba indumentaria apropiada a su nuevo estado y adquiría graves responsabilidades, sobre todo en función de madre. La esterilidad o el no poder criar a los hijos eran duras tachas; frecuentemente las mujeres con leche abundante regalaban tetadas a los hijos de amigas o parientes menos dotadas.

La boda es una fiesta con especiales componentes, con lo que el factor del exceso se une a la celebración religiosa, trajes o prendas esenciales, banquetes y manifestaciones de júbilo en las que no faltan alusiones a la noche de bodas o bromas en la cama.

La nueva pareja diferenciará bien los deberes de marido y mujer, variables según el trabajo a que se dediquen; la ausencia temporal de los pastores otorgará a sus mujeres el gobierno de la casa en su ausencia aunque acaben volviendo a ellas como una especie de seres extraños. Estos usos que pueden arrancar de los cambios de vida del Neolítico, alcanzan también a los labradores, para quienes las mujeres serán voceras y gestoras, acompañarán a quien haga falta al médico y al abogado y suplirán la sobriedad en palabras de los hombres. El hogar y el fuego Buscar voz... conservarán su antiguo significado y la mujer su papel de encenderlo y vigilarlo y hasta cuidar el «calibo» o rescoldo. El hombre será segador, vendimiador, labrador de arado y azada, leñador, gobernará la era y cuidará de los machos y las mulas (es posible que la burra pase a la jurisdicción femenina). Determinadas actividades dependerán de la especialización de hombres y mujeres: así la colada, de una dureza increíble, la realizarán las mujeres en el Pirineo, los hombres elaborarán el queso Buscar voz..., entre los pastores y las mujeres «desbrinarán» o separarán las hojas del azafrán Buscar voz.... Pero nada puede atentar tanto a la «honra» de un hombre como «hacer trabajos de mujeres».

Las «casas del gasto Buscar voz...», la ordenación de las fiestas, cofradías Buscar voz... y asociaciones masculinas pueden ser herencia de la reacción contra el dominio de la casa ejercido en la práctica por la mujer desde los cambios neolíticos. La administración doméstica será actividad femenina aunque el hombre guarde los «cuartos», «perras» o dinero, corrupción de diversos conceptos para venir a significar lo mismo (perra es el león de las monedas del Gobierno Provisional, cuartos la cuarta parte de la unidad dinero, el nombre de la moneda básica de vellón que lo tomó del denario) y se guardará en las paredes, en huecos luego tapiados en el suelo bajo un ladrillo o en alacenas abiertas sobre la cama para que el potencial ladrón tuviera que pasar sobre los durmientes.

La madurez física introducirá el papel del viejo en la sociedad aragonesa, al que debe respetarse según precepto universalmente difundido, del que se aprenden las experiencias y que transmite oralmente su sapiencia a través de refranes Buscar voz..., frases Buscar voz..., cuentos Buscar voz... y consejos («del viejo el consejo») sobre todo dirigidos a los muchachos y como una parte importante de la educación de éstos. Durante mucho tiempo la vejez comenzó con el medio siglo para llegar al concepto de sexagenario como sinónimo de decrepitud, con lo que se mantenían principios generales semejantes a los que indica la epigrafía funeraria romana. Tanto hombres como mujeres ajustarán sus trajes a colores oscuros, ausencia total de adornos (ya escasísimos en los trajes de jóvenes), incluso en el cachirulo Buscar voz..., que será además de lana. Disminuirán las actividades laborales y el ocio se compartirá en los carasoles por medio de conversaciones en las que participarán, aprendiendo, los más jóvenes. La escasa asistencia a la iglesia de los hombres se corregirá en la vejez y se radicalizará la de las mujeres.

La muerte Buscar voz... conserva entre los actos normales de la vida el mayor número de usos, creencias Buscar voz... y supersticiones, algunas enraizadas en tiempos prehistóricos y otras repitiendo actos que practicaban los romanos y etruscos. Se trata de un rito de separación que interesa a toda la comunidad que pierde uno de sus miembros, con el que además siguen uniéndole vínculos que pueden ser perturbadores, pero que enlazan con las ideas sobre los «antepasados». Hay que aplacar a los muertos que, tras la cristianización, son las «almas del purgatorio» que mandan avisos o se aparecen, y que deben ser contentados con oraciones, ofrendas o con conductas que nada tienen que ver con la religión. Quedan ágapes funerarios, «pan de muerto», ofrendas de cera, cofradías funerarias o de otro tipo que obligaban a sus miembros a asistir al entierro de los cofrades.

La mortaja, inicialmente una sábana («linzuelo» de Cristo en el Pirineo), se convirtió en el traje de fiesta de luto, los ritos, el cerrar los ojos la exposición del cadáver para ser visitado por los parientes y vecinos, con velatorios acompañados de abundante bebida y comida, manifestaciones de dolor que se inician al entrar en la casa mortuoria y cesan al salir, aparte de las «ploradoras» o plañideras, el «pan de muerto» en los oficios religiosos, etc., manteniendo tradiciones muy antiguas. En relación con la muerte hay «avisos», desde los que da a sus devotos San Pascual Bailón hasta los procedentes de agüeros por graznidos de las aves o presencia de otros animales. Las ofrendas de cera, de luces, el luto largamente mantenido y «aliviado» paulatinamente en relación con una serie de colores (negro, violeta, blanco), cierre hermético de balcones y ventanas, inasistencia a actos públicos y no hacer pastas para ocasiones festivas, etc., observado rígidamente so pena de menosprecio social.

En las actividades diarias influyen determinados oficios u ocupaciones, como el pastoreo y el especial talante del pastor frente a la naturaleza y el conocimiento de las cosas con ellas relacionadas. Hasta nuestros días se ha conservado la tradición de los pastores como solitarios capaces de pensar y discurrir en un supuesto ocio mientras pacen los rebaños, a veces cuidados exclusivamente por bien adiestrados perros y por los rabadanes y zagales, amén de una organización que resuelve los problemas de la autosuficiencia a que se ven obligados, por lo que pueden realizar, sin menoscabo de su virilidad, ocupaciones de mujer, cortar sopas y cocerlas, limpiar, hacer queso, etc. Por otra parte, sus desplazamientos les convierten en transmisores de elementos culturales y ganan fama de conocer tierras y gentes diversas, aunque en las coplas populares sufran denuestos y se les compare con las bestias que cuidan; experimentalmente conocen el modo de curar los animales, la interpretación del vuelo de las aves, el uso de las plantas espontáneas, etc. Félix Sumelzo, pastor de Ejea, nos proporcionó informaciones exhaustivas sobre las comarcas que recorría y las observaciones agudas que realizaba. Por consecuencia de los largos períodos de ausencia, las mujeres de los pastores asumen el gobierno de las casas y durante las estancias en ellas de los maridos son como un postizo que nuevamente tendrá que marcharse, estacionalmente, con lo que la continuidad la darán las esposas.

Jurídicamente, instituciones a veces consuetudinarias darán lugar a pactos, facerías, pastores a sueldo de diversos propietarios. La unidad del rebaño de largos desplazamientos se gobierna por un pastor que cuenta con un asno para el traslado de los elementales ajuares, y el personal puede aumentar hasta varios rabadanes y «chulo» (Bielsa, Gistaín), cada uno con su misión preestablecida. El utillaje es el imprescindible, pero estudiado de suerte que resuelva todas las necesidades (morral, cayado, sopera de piel de oveja para las migas, cuchara de boj labrada por el propio pastor, bolsa o cucharetero, craba de hierro para colgar el caldero, salinera o salero de cuerno y «zumbo» para llevar agua u ordeñar, con boca ancha, todo ello según un modelo del Pirineo). Pieles de oveja o cabra forman parte de la vestidura y de zurrones y con lana o pelo de caballería hacen cintas o cordones de adorno, dedicándose también a hilar y tejer. La talla de «chinflainas» de caña y el tallar la madera, el boj en el Pirineo, con operaciones complementarias, y la protección de los ganados contra los malos espíritus, el rayo, o el facilitar que las ovejas «corderen» mediante cruces formadas con espárragos salvajes o ruda y prácticas semejantes, forman parte importante de su mundo intelectual.

La agricultura Buscar voz... ha sido la ocupación de la mayor parte de la población rural aragonesa, fundamentalmente de secano, en una pertinaz lucha para la obtención del agua, sea la de lluvia (rogativas, votos, procesiones) o la de ríos y fuentes, mediante obras importantes iniciadas por los romanos, pero atribuidas a los árabes, de cuyo tiempo son muchos «azudas» y «acequias» que denotan por el nombre su origen, o los escasos regadíos Buscar voz... de los fondos de valle, en lo que fueron hábiles organizadores los moriscos y los monjes del Císter, que sentaron las bases de una horticultura que ha llegado hasta nuestros días. El cambio del paisaje vegetal se produjo a partir de la Edad del Bronce con el uso sistemático del arado y la consiguiente deforestación, aumentada por el carboneo y el uso de la madera para la construcción de ciudades y en la minería. Las fórmulas de barbecho Buscar voz... («año y vez»), administración de las tierras en arriendo por sus propietarios y «a medias» han dependido de la acumulación de las propiedades en pocas manos, iniciada ya con la Reconquista, perpetuada por los señoríos y mal corregido por la desamortización Buscar voz.... La escasa afección hacia el árbol por el campesino dedicado a los cereales y al viñedo o el monocultivo del olivo en comarcas como el Bajo Aragón, se complementa con los «cerraos» o huertos, recogida de hierba para los conejos, plantas espontáneas como el esparto para «hacer sogueta» o suelas de alpargata, plantas aromáticas (tomillo, romero, espliego, orégano), cañas para muchos usos y en especial para cañizos. De origen romano en la «villa rústica» y continuación en la época musulmana, la «torre» (comarca de Zaragoza) o «masada Buscar voz...», a veces con trujal y lagar, paridera y pajar. Cultivos especiales como el azafrán o motivados por circunstancias históricas como la remolacha tras la pérdida del azúcar de caña de Cuba, cambios en los cultivos como la sustitución de los nabos por las patatas, la valoración de los frutales, han conformado los modos agrícolas de nuestros pueblos. También los oficios de aprovechamiento de los vegetales y de mantenimiento de los aperos y animales asociados al trabajo de carga, tiro y arrastre: herrero, guarnicionero, carretero, cesteros, basteros y boteros. Aparte de ello, artesanías dependiendo de los productos de la tierra, como la madera en Teruel (Urrea de Gaén, Fortanete), con «silleros» en todas partes, rejería en Albarracín y el Moncayo, hojalateros para hacer faroles, candiles de aceite, latoneros para «trucos», cencerros, etc.

Las artesanías más desarrolladas han sido, históricamente, la cerámica Buscar voz..., con talleres importantes de lujo en Teruel y Muel desde el siglo XIV, obra de moriscos Buscar voz... y antecesores en muchos casos de los valencianos de Paterna o Manises o impulso de aragoneses como el conde de Aranda Buscar voz...; ollería, al menos con un alfar Buscar voz... por comarca, continuando los de Naval, Huesa del Común (Burillo, F.: La alfarería de Huesa del Común, Teruel, 1983), Fraga o Fuentes de Ebro. Sobre el problema, Álvaro Zamora, M. I.: «La artesanía aragonesa: proyecto para su recuperación y conservación», V Jornadas de Estado actual de los estudios sobre Aragón, Zaragoza, 1983. También la cestería.

Importantes también en la vida popular las actividades de caza, pesca y transporte, con modalidades según las zonas, desaparición de la mayor parte de las especies mayores (oso, sarrio, jabalí, ciervo, encebro en Teruel hasta no hace mucho) y disminución de las menores (conejo, liebre, perdiz y codorniz, paloma torcaz, lagarto o «fardacho», pájaros, etc.), y en los ríos, barbos, madrillas, truchas, ranas, cangrejos, etc.

 

Monográficos

La música tradicional aragonesa

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En Aragón existe gran diversidad de cantos, bailes y dances además del género más famoso: la jota.

Imágenes de la voz

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