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Religión celtibérica

Contenido disponible: Texto GEA 2003  |  Última actualización realizada el 31/08/2010

La dificultad a la hora de intentar acceder a la mentalidad religiosa de los pueblos celtibéricos Buscar voz... deriva de la escasez existente de fuentes literarias antiguas o de epígrafes referidos a la misma, lo que hace que la mayoría de los datos sean proporcionados por la arqueología. Esa escasez de fuentes directas viene, además, agravada por el hecho de que los autores griegos y romanos que dan información sobre el tema lo hacen traduciendo a sus propios esquemas culturales las creencias o conceptos indígenas (interpretatio romana), de la misma manera que los pueblos celtibéricos utilizaron las imágenes o creencias mediterráneas para expresar las propias concepciones (interpretatio indigena), como se deduce del análisis de la epigrafía Buscar voz... o la iconografía. Hay que tener en cuenta, pues, ese doble sistema de equivalencia así como el carácter sincrético de la religiosidad celtibérica, consecuencia de las influencias sobre ella ejercidas. En lo que respecta al horizonte de las divinidades, sería inútil —como en cualesquiera otros aspectos de la religión— intentar una síntesis significativa sin atender al contexto más amplio de la España indoeuropea y de los celtas Buscar voz... en general, o sin tener en cuenta los aportes introducidos por el proceso cultural de la romanización Buscar voz.... La epigrafía nos da para la Celtiberia en general —y no sólo para la aragonesa— unas cuarenta inscripciones, que corresponden a unos treinta teónimos distintos (lo que no quiere decir que en todos los casos aludan a divinidades diferenciadas pues a veces, como suele ser usual en el mundo de la Céltica antigua, nombres distintos pueden aludir a una misma divinidad protectora).

En una de las escasas fuentes literarias existentes, Estrabón Buscar voz... indica (III, 4, 16) que los celtíberos —y sus vecinos por el norte— tenían una divinidad innominada a la que, en noches de luna llena, las familias rendían culto danzando hasta el amanecer en la puerta de sus casas. Dicha deidad ha sido explicada tradicionalmente como evidencia de un culto lunar (y, efectivamente, la luna, como otros elementos astrales, aparece ampliamente atestiguada en la iconografía de la Celtiberia), pero atendiendo a las informaciones que César Buscar voz... da sobre los galos Buscar voz..., puede ponerse en relación (Marco, 1986b) con la deidad que el autor latino identifica con Dis Pater (de la que todos los celtas se sentían descendientes: por lo que contaban el tiempo por noches, es decir, por lunas), y que se corresponde con el dios Dagda de la epopeya irlandesa, «padre» por excelencia y dios de los druidas (que aparece en otros textos como innominado). La información de Estrabón se inscribiría en esas tendencias universalistas señaladas por otros autores para la religión céltica en general, al igual que la ausencia de representaciones de divinidades previas a la romanización o el previsible papel del dios Lug, sin duda el más importante del panteón celtibérico.

Esta deidad aparece consignada en tan sólo una decena de epígrafes en el ámbito correspondiente a la antigua Céltica, de los cuales tres proceden de Galia y Germania y el resto de la Península Ibérica, con especial importancia de los testimonios celtibéricos, se consigna en la gran inscripción rupestre de Peñalba de Villastar Buscar voz... (Teruel), del siglo I a.e., lugar en el que quizá se hallan los restos del más importante santuario dedicado al dios en todo el mundo céltico. El contenido del epígrafe parece aludir a ofrendas de campos y tierras de labor en honor de aquél (Lugus sobre la forma céltica Lugos), y es posible que haya que ver en esta inscripción la única mención antigua a la fiesta de Lughnasadh que conocemos por la literatura irlandesa (la «Asamblea de Lug», fiesta real y patriótica celebrada el 1 de agosto, una de las principales efemérides del año céltico). La Celtiberia ha dado diversos testimonios onomásticos —antroponímicos y gentilicios— relacionables con el dios, y la propia toponimia de la zona presenta elementos que se relacionan verosímilmente con el teónimo: Luco de Bordón Buscar voz... o de Jiloca Buscar voz..., barrancos de la Lucosa (Aguilar de Alfambra Buscar voz...) o Lubriga (Daroca Buscar voz...). Lug aparece en Irlanda como una divinidad solar (el teónimo se explica a partir de la raíz leuk-, louk-, «brillar», «lucir»), y la epopeya lo presenta como la deidad primordial que asegura la victoria de los Túatha dé Dánann sobre los Fomoré, las fuerzas del mal; es samhíl-dánach, «experto en todo», «politécnico», epíteto idéntico al que César aplica al que considera más importante de los dioses venerados por los galos (Mercurio, al que llama omnium inventor artium): de ahí la identificación mayoritaria que se ha hecho del Lugus de las inscripciones antiguas con el Mercurio galo; interpretatio o equivalencia que es insuficiente, pues sabemos por los textos de la epopeya irlandesa que la hipóstasis solar o «apolínea» es esencial en la deidad (y uno de los calificativos más conocidos del Marte galo es Loucetius o Leucetius, lo que conduce igualmente a Lug, a la vista del radical). En definitiva, Lug parece trascender en la religión céltica (y también en la de los celtíberos) al resto de los dioses por el hecho de no estar vinculado a función alguna, sino que todas las resume. Ese carácter pancéltico de la deidad se traduce en la treintena de topónimos Lugudunum (»La colina de Lug»: Ludun, Lyon, Laon, Leyden...) que aparece en todo el ámbito céltico europeo; la paradójica casi total desaparición del teónimo de la epigrafía gala podría explicarse a partir de la política romana de hostilización de los druidas, elementos que galvanizaron la resistencia nacionalista; desde entonces el culto a Lug será substituido por el dedicado a Roma y el emperador, o bien se camuflará en los epígrafes bajo otros teónimos romanos (Mercurio, Marte...). Hay que pensar que la Celtiberia observaría un proceso similar a partir de la intervención romana, y un ejemplo es bien ilustrativo al respecto: en Monreal de Ariza Buscar voz... (la Arcobriga Buscar voz... de las fuentes Buscar voz...) hay noticias de una inscripción dedicada a Mercurio Ocnioroco. Se trata de un caso de claro sincretismo: el primer elemento es romano y el segundo, claramente indígena, parece tener relación con el dios Ogmios galo (el Ogme irlandés), conductor de almas al Más Allá y aspecto sombrío de la divinidad soberana, de la que Dagda sería el aspecto luminoso y Lug la síntesis de ambos en la epopeya irlandesa.

Además de Lug o de otras grandes divinidades —como las Matres o Epona, éstas no atestiguadas en la Celtiberia aragonesa—, diversos teónimos parecen aludir a un culto excesivamente local o tópico. Algunos de ellos se relacionan con accidentes geográficos, lo que ha sido interpretado como la prueba de un culto a los montes, a los bosques o a las aguas, característico de la religión de los celtas en general y, en concreto, de los celtíberos. El bilbilitano Marcial Buscar voz... menciona, además de las fuentes Dercenna y Nutha por el nacimiento del Tajo, un sacrum Vadaverorum que algún autor ha identificado con el Madero, así como un bosque sagrado, el sacrum Buradonis illicetum. En realidad, la religión de los pueblos celtibéricos —como la de la Céltica en general— no presenta tanto cultos naturalistas cuanto la manifestación de una divinidad invisible a través de signos visibles naturales, como el árbol, la fuente, la cima de la montaña o el trueno. Similar es el caso de los animales, tan frecuentemente representados en la cerámica de Numancia o en relieves de tipo funerario. Se ha hablado en demasía del culto al toro, al caballo, al ciervo, y se ha visto en las representaciones híbridas de los vasos numantinos evidencias de unos cultos idolátricos y zoolátricos, exponentes de un totemismo residual. Pero tales representaciones no son sino convenciones plásticas que sirven para expresar determinadas ideas religiosas bajo una forma concreta.

El Bronce de Botorrita Buscar voz... presenta, por otro lado, tres probables divinidades bajo los nombres de Tokoitei, Sarnikio y Neito. El primero, en la variante Togoti, aparecería en un epígrafe de Talavera de la Reina y el tercero sería la misma deidad Neitin del monumento de Binéfar Buscar voz..., el dios Neto de carácter solar y guerrero que conocemos a través de un texto de Macrobio.

Por último, la cerámica Buscar voz... decorada constituye una suplementaria fuente de información. Un vaso numantino exhibe una cabeza humana con piel de lobo. Tenemos para el tema una interesante correspondencia literaria en una de las escasas fuentes escritas sobre la religiosidad de los celtíberos: por Apiano Buscar voz... se sabe que los habitantes de Nertobriga Buscar voz..., ciudad que se ubicaría en las proximidades de La Almunia Buscar voz... o Calatorao Buscar voz..., enviaron en el 152 al romano Marcelo Buscar voz... heraldos cubiertos con piel de lobo en petición de paz. Estos elementos están aludiendo probablemente al dios Sucellos celta, identificado con el Silvanus romano y representado con un martillo o mazo en muchos relieves galorromanos, deidad de carácter infernal y funerario con la que podrían relacionarse diversas evidencias lingüísticas de la Celtiberia, tanto antropónimos (Lubos, Lubbos en los Bronces de Botorrita) como etnónimos (lobetanos Buscar voz...). Con el dios celta Cernunnos, representante típico de la fecundidad y de la tercera función duméziliana, parecen relacionarse, además, las figuraciones humanas con cuernos de cérvido de Numancia y Bronchales Buscar voz..., así como la serpiente con orejetas que aparece en diversas estelas o en una escena de Monreal de Ariza.

En el espacio del culto y de los ritos destaca en la Celtiberia la ausencia de templos propiamente dichos, lo que es común, por lo que sabemos, al ámbito céltico en general, así como también al ibérico, antes de la romanización. El común denominador es el santuario a cielo abierto, al que los autores clásicos llaman locus consecratus o hieron. El santuario céltico por antonomasia parece haber sido el nemeton, término que designa la claridad sagrada y celeste, bien traducida por un claro en el bosque, por una isla en medio del mar o por la cumbre de una montaña, como en el caso de Peñalba de Villastar. Todos ellos son locra sacra libera, santuarios al aire libre con un simbolismo de centro, de omphalos en el que tiene lugar la comunicación con el mundo de los dioses. En Peñalba de Villastar existen numerosas oquedades practicadas en la roca —similares a las «pilas» de otros lugares de la Celtiberia y, especialmente, del oeste y noroeste de la Península— que tienen una clara significación ritual como elementos de libación o sacrificio. Alguna fuente testimonia la práctica de sacrificios colectivos en la Celtiberia, y las menciones a sacrificios humanos —destacados por los escritores latinos como rasgo esencial de la religión céltica, sin duda con la intención de desacreditar el druidismo— se aplican a diversos pueblos del centro y el oeste de la Península; no contamos con evidencia de tales ritos sangrientos en el ámbito celtibérico, pues está lejos de ser seguro el carácter sacrificial de la gran piedra de Monreal de Ariza a que aludiera en su día el Marqués de Cerralbo Buscar voz.... Es posible, por otra parte, que los enterramientos humanos bajo torre en Bilbilis Buscar voz... constituyan un ritual sacrificial de fundación; en cualquier caso, se impone prudencia a la hora de relacionar tal ritual con el dios Lug por la simple aparición de dos córvidos asociados, entre otros animales, a los restos humanos.

Ninguna fuente alude la existencia de la institución sacerdotal en la Celtiberia, pero de ello no puede concluirse sin más que no existiera. El sacerdocio es algo requerido por cualquier tipo de religión organizada y poca duda cabe de que la celtibérica lo es (en el marco de una formación social que había superado claramente el horizonte tribal, como muestran la organización poliada y las acuñaciones monetales del siglo II a.e.). La atención de los autores antiguos se centraba en las operaciones de las Guerras Celtibéricas Buscar voz... y rara vez, en consecuencia, transmitían informaciones sobre las prácticas religiosas existentes. Sin embargo, creemos contar con alguna referencia significativa sobre la existencia de sacerdocio, bien que con una menor organización y jerarquización que en Galia o Britania —los ámbitos en los que las fuentes antiguas atestiguan el druidismo—. En la cara A del Bronce de Botorrita aparecen los términos kombalkes y kombalkores. Si, como parece, es correcta la interpretación que da De Hoz del primero como «sacrificios» y del segundo como «rey de los sacrificios», tendríamos aquí una evidencia preciosa al respecto. Por otra parte, Floro se refiere a la revuelta de Olíndico, que galvanizó la resistencia de los numantinos tras haber recibido una lanza argéntea del cielo y profetizar la derrota de Roma con ella. Interpretado como un jefe numantino tradicionalmente, Olíndico parece expresar mejor las funciones del sacerdote y, en definitiva, del druida. La lanza de plata enviada por los dioses recuerda extraordinariamente a la Gai Bolga, el venablo argénteo de Lug (uno de los cuatro talismanes introducidos por los dioses en Irlanda), uno de cuyos epítetos es Lonnbeiménech, «El que golpea con furia», en clara alusión al arma. El propio nombre de Olíndico (u Olónico en Livio) presenta, además, el mismo radical que el epíteto fundamental de Dagda, el dios druida, Ollathir, «Padre de todo». Todos estos elementos, junto a la actividad profética del personaje, se corresponden mejor con la función sacerdotal que con la real. Y el summus vir con que Floro Buscar voz... califica a Olíndico presenta un paralelo exacto —pero en lengua celtibérica— en el viros veramos que acompaña a un Turos en uno de los grafitos de Peñalba de Villastar, lo que posibilitaría también para éste una función sacerdotal a la vista del contexto en que surge la inscripción. Quizá sea significativa también, por último, una escena cerámica de Monreal de Ariza que exhibe, entre dos columnas que soportan un frontón con representación solar, un individuo de cuya cabeza surge un árbol, a la vista de la conocida relación existente entre el druida y el árbol —el roble—, asociación documentada etimológicamente en celta y por las propias fuentes literarias (la claridad sagrada del bosque como santuario y espacio ritual del druidismo).

Se conocen mejor las creencias religiosas de los celtíberos respecto de la vida de ultratumba, gracias fundamentalmente a las noticias de Silio Itálico (Pun., 341-343). Según este autor, los celtíberos no utilizaban su ritual funerario característico —la cremación— para los guerreros caídos en combate, pues señala que abandonaban los cadáveres de éstos en el campo de batalla pensando que los buitres, al comerlos, llevarían sus almas a los cielos. Este rito —que Eliano hace extensivo a los vacceos que poblaban el Valle Medio del Duero— ha sido confirmado arqueológicamente por monumentos funerarios de El Palao Buscar voz... (Alcañiz), Binéfar Buscar voz..., Zurita (Cantabria), Lara de los Infantes (Burgos), o por la propia cerámica de Numancia. Es evidente la escatología astral de tal creencia, confirmada además por los numerosos elementos astrales de la iconografía celtibérica (que se asocian, por otra parte, a animales de tan interesante simbolismos como caballos, peces, aves, hipocampos o toros). El rito implica, en definitiva, la creencia de la inmortalidad de las almas —elemento clave, como es sabido, en las especulaciones druídicas—. G. Sopeña ha analizado de forma rica y exhaustiva este rito de exposición de cadáveres, señalando que supone la culminación de un sistema de vida basado en la ética del honor (importancia del reto en el combate, vinculación del arma con su portador, exaltación de la herida que se plasma en el rito de la decapitación del enemigo vencido —y que testimonian arqueológicamente las «cabezas-trofeo»—), con una recompensa sublimatoria que se expresa a través de la androfagia de los mejores por el vultúrido o el ave de rapiña, animales sagrados que facilitan el tránsito al Más Allá mediante una auténtica «consagración» o integración del hombre en la divinidad. Apoteosis del difunto, en definitiva, que se manifiesta en monumentos funerarios de la zona de época romana a través de otras vías, como la heroización ecuestre. Ese rito de exposición contrasta, en definitiva, con el característico ritual funerario de cremación del cadáver: las necrópolis celtibéricas presentan, junto a un empobrecimiento claro del ajuar metálico desde el siglo III (explicable quizá por la intervención romana con el consiguiente monopolio de la extracción minera, sin olvidar unos posibles cambios de la situación socioeconómica de los indígenas que no conocemos todavía con exactitud), la persistencia del uso de la estela para fijar la ubicación de las urnas, a veces con piedras de cubierta de éstas.

• Bibliog.:
Martín Bueno, M.: «Nuevos datos para los enterramientos rituales en la muralla de Bilbilis (Calatayud, Zaragoza)»; Bajo Aragón, Prehistoria, IV (1982), pp. 96 y ss.
Salinas de Frías, M.: «El culto al dios celta Lug y la práctica de sacrificios humanos en la Celtiberia»; Studia Zamorensia, 1983, pp. 303 y ss.
Id.: «La religión indígena en la Hispania central y la conquista de Roma»; Studia Zamorensia, 1985, pp. 307 y ss.
Marco Simón, F.: «El dios céltico Lug y el santuario de Peñalba de Villastar»; Estudios en homenaje al Dr. A. Beltrán Martínez, Zaragoza, 1986, pp. 7.731 y ss.
Id.: «La religión de los celtíberos»; Primer Symposio sobre los celtíberos, Daroca, 1986.
Tovar, A.: «El dios céltico Lugus en Hispania»; La religión romana en Hispania, Madrid, 1981, pp. 277 y ss.
De Hoz, J.: «La epigrafía celtibérica»; Reunión sobre «Epigrafía romana de Hispania en época republicana», Zaragoza, 1983.
Sopeña Genzor, G.: Dioses, ética y ritos. Aproximaciones para una comprensión de la religiosidad entre los pueblos celtibéricos, Zaragoza, 1986.

 

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