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Nacimiento

Contenido disponible: Texto GEA 2003  |  Última actualización realizada el 23/06/2009

(Folc). Dentro de las creencias populares se asocian ritos de agregación a otros prenatalicios que entroncan con usos de medicina popular y con supersticiones muy difundidas. A aquéllos pertenecen los usos sobre la esterilidad, su previsión o corrección; maldiciones, beber en fuentes o bañarse en lugares determinados y un número de veces preestablecido, así como apoyar la cabeza o frotarse ciertas partes del cuerpo con objetos dotados de «virtud», establecer fechas propicias para la fecundación o yacer sobre determinados campos, piedras o losas.

De raíz muy antigua es el poder fecundante atribuido al aire o diversos alimentos; y respecto de éstos existen arraigadas creencias sobre su influencia en el futuro hijo, incluso en las cantidades (hay que comer para dos). Un cierto entronque con estos ritos tienen las devociones a determinadas Vírgenes o Santas o las vueltas a una ermita o iglesia; otras veces estos paseos son establecidos por la costumbre, como las «tres vueltas al cabezo cortado» de Zaragoza.

Otros ritos corresponden a la situación excepcional de la madre gestante a la que se hace propicia para recibir o ejercer influencias y maleficios y para realizar determinados trabajos que pueden producir dificultades en el parto o anomalías en el nacido; también debe evitar pasar por algunos lugares y comer algunos alimentos, como liebre o fresas que provocarán ojos de liebre en el niño o manchas, originados también por los «antojos».

Pasando a ejemplos concretos, en Ansó (H.) las mujeres estériles imploran descendencia de San José y de San Antonio; en Sariñena (H.) no podían hacer ajolio las embarazadas porque se retuercen los intestinos al girar la mano y además se triaba; lo propio ocurría al moler café en el molinillo. En algunos lugares del Pirineo el sexo del futuro hijo será el de la primera persona con la que la madre se encuentre al salir de casa.

Para lograr un parto normal, que se desea como «una horica corta», se invoca a San Ramón Nonato, en Gistaín (H.), concretamente, mientras se pone la «rosa marina» o «rosa de Jericó» en un vaso de agua y al abrirse la rosa se produce el nacimiento; lo propio ocurría en Ansó. En general una vez nacido el niño se extraen pronósticos según el día, hora y época del año en que se ha producido el alumbramiento y, muy concretamente, con las fases de la Luna; también por los gestos o acciones del recién nacido.

Los ritos en relación con el niño alcanzan al cordón umbilical y a la placenta o al agua del primer baño o limpieza. Las brujas pueden dañar a las parturientas y a los niños; en Navarri o Gistaín, cuando morían los primeros hijos, al ir a bautizar al siguiente se le sacaba por el balcón o la ventana en lugar de hacerlo por la puerta; y en muchos lugares no se deja que al recién nacido lo besen más que los familiares. Una vez nacido el niño, en el valle de Benasque se celebraba una comida ritual con el nombre de furnigóns que consistía en ofrendas que los visitantes llevaban a la parturienta mientras la familia de ésta les invitaba a comer y beber para que el niño no resultase enfermizo o con defectos.

Los primeros vestidos del niño son importantes; con los pañales se les fajaba apretándolos considerablemente. El nacimiento se comunicaba a parientes y amigos, incluso enviando a los niños con el recado; en Bujaraloz (Z.), se usaba el siglo pasado la fórmula: «que dice mi padre que ya tiene Vd. un servidor más». Los niños recién nacidos pasaban la mayor parte del tiempo en la cama, muchas veces la de los padres o en su propia cuna, con balancines, sencilla, de madera y sin peculiaridades en Aragón. Se les tenía en brazos y se les mecía para evitar sus lloros; se les hacía chupar macitos de paño o tela empapados en agua con azúcar o bien coscarana o corteza de pan sobre todo durante la dentición; se les llevaba en brazos, pero también, una vez se les acortaba, es decir, se quitaban los pañales, a la cintura o a la espalda, correspondiendo esta tarea a la madre y a los hermanos mayores. En relación con el nacimiento están los ritos de integración y presentación que acompañan al bautismo y los de transición, importantes en lo que se refiere a la lactancia, a la calidad de la leche materna y a los medios para aumentarla, así como a la curación de las enfermedades de las mamas; la falta de leche materna se suplía por nodrizas, de pago para quien podía permitírselo o bien como favor que se hacía a parientas o amigas; las dificultades para obtener la «subida» de la leche se obviaban por los chupatetas, casi siempre «tontos» o deficientes. Diversos ritos acompañaban a los niños que se negaban a mamar; al destete, otorgándose diverso valor a los alimentos que podían complementar la lactancia materna, papillas de trigo, farinetas, cantos de pan y pequeñas cantidades de vino, que mejoraban la sangre del niño; y a las comidas de adulto que siguen al destete.

Otras creencias populares rodeaban la caída del primer diente, que debía ser evitado fuera comido por determinados animales, pues en tal caso los dientes definitivos adoptarían la forma de quienes los tragaron; por influencias exteriores se guardaban debajo de la almohada y eran sustituidos por chucherías.

Las canciones de cuna, para dormir a los niños, de gran difusión, han sido recogidas por Arnaudas Buscar voz... en muchos lugares del Bajo Aragón; generalmente su acción depende de la cadencia con que se cantan y de los movimientos que las acompañan; una de La Codoñera (T.), adaptación de otra castellana decía: «Este niño tiene sueño / no tiene cama ni cuna / San José, que es carpintero, / mandaremos hacer una», donde se advierte la imitación en la incongruencia gramatical, terminando con un estribillo original: «Y a la joriquita / dame un besiriquito / con tu boquiritica». Mur ha recogido en Larrés (H.) otro canto cunero «Este niño es guapo / su mamá le quiere mucho / y le comprará en la feria / de dulce un cucurucho», También cantado en Sariñena en forma más correcta. (Bautismo infancia Buscar voz....)

• Bibliog.:
Beltrán, Antonio: Introducción al folklore aragonés, I y II, Zaragoza, 1978-80.

 

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