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Lamadrid, Teodora

Contenido disponible: Texto GEA 2003

(Zaragoza, 26-111-1820 – Madrid, 21-lV-1896). Actriz y cantante. Sus verdaderos apellidos fueron Hervella y Cano, pero adoptó el segundo de su padre, Lamadrid, posiblemente por ser más atractivo para desenvolverse en el mundo artístico. Considerada como una de las actrices más representativas del teatro español del siglo XIX, sus grandes facultades le permitieron interpretar lo mejor del teatro clásico, tanto en prosa como en verso e incluso cantar zarzuela y ópera.

Ocho años menor que su hermana Bárbara, también excelente actriz y cantante, ésta fue un buen ejemplo y estímulo para Teodora, puesto que a los ocho años ya representó en la escena papeles de niña con perfección asombrosa, según comentaba un cronista de la época. Afortunadar¦nente esa precocidad no fue algo casual; se dice que el empresario Juan Grimaldi, que la había visto actuar en Sevilla, tradujo para ellas varias obritas que lo interpretó con suma propiedad, por lo que en 1932, cuando tenía doce años, la contrató junto a su hermana para trabajar en los teatros madrileños del Príncipe y de la Cruz. Tras varios años de intenso trabajo en estos escenarios, se había convertido en una de las actrices más admiradas y respetadas de la época, cualidades que se tuvieron en cuenta para ser escogida, en 1851, para interpretar el drama Adriana Lecouvreur, basado en la vida de la actriz francesa que fue amante de Mauricio de Sajonia; esta elección se llevó a cabo en competencia en Matilde Díaz, otra de las grandes damas de la escena de entonces y con la que mantuvo ciertas rivalidades.

Tras este éxito personal y profesional que la consagró definitivamente, el nombre de Teodora, como acostumbraban a llamarla, aparece asociado a la mayor parte de los acontecimientos teatrales de su tiempo, creando o dando nueva vida a los principales papeles de obras de tan diversa estructura como Locura de amor, El tanto por ciento, La campana de Almudaina, Lo positivo, Virginia, La villana de Vallecas o El desdén con el desdén; como un acercamiento a su tierra de origen, aunque fuese casual, también interpretó el papel de Isabel de Segura en la primera representación de Los amantes de Teuel, y el de Leonora en el El trovador. Se cuenta que García Gutiérrez era ferviente admirador suyo, mientras que Tamayo llego a imponer la condición de que sus obras fuesen estrenadas por la notable actriz.

Participó en el estreno, en 1841, de una de las primeras óperas españolas, El novio y el concierto, con música de su esposo Basilio Basili; éste fue, así mismo, autor de la partitura para una zarzuela basada en un texto de Bretón de los Herreros, Los solitarios, puesta en escena en 1842 e interpretada por Teodora como cantante.

Como tantos comediantes del pasado, también esta actriz realizo su gira teatral por diversos países americanos representando teatro clásico y moderno, de los que regresó todavía con mayor popularidad y algunos ahorros. Por lo que se refiere a su vida personal, había contraído matrimonio muy joven con el citado compositor italiano Basilio Basili, con el que tuvo dos hijos, a pesar de lo cual esta unión no tuvo un final feliz. Además, el hijo varón murió a temprana edad, a lo que debe añadirse que Enriqueta, que comenzaba a destacar siguiendo los pasos de su madre, falleció todavía muy joven algún tiempo después, originando el consiguiente dolor y soledad en la vida de la actriz. Con todo, prosiguió impartiendo sus clases en la Escuela Oficial de Declamación del Conservatorio de Madrid, puesto en el que había sucedido, después de retirarse, a la ya nombrada Matilde Díaz. Un último y cruel detalle en la desafortunada vida de Teodora, fue la pérdida de todos sus ahorros, unas doscientas cincuenta mil pesetas de la época, invertidas en obligaciones de la quebrada casa de Osuna. En una de las notas publicadas con motivo de su defunción, se dice: «La reina que tuvo una corte de aristócratas, de poetas, de politícos y millones de súbditos que la aclamaban calurosamente, ha muerto, olvidada de todos, en brazos de una antigua amiga, única persona que no ha abandonado a la grande artista en sus últimos momentos. Asl pasan las glorias del mundo».

Como detalle de reconocimiento en su ciudad natal, su retrato figura entre los actores españoles representados en el artístico telón de boca del Teatro Principal de Zaragoza, pintado por Marcelino de Unceta y estrenado en 1877.

• Bibliog.: Oliván Bayle, Francisco. Articulos publicados en Heraldo de Aragón, Zaragoza 1985.

 

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