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Grial

Contenido disponible: Texto GEA 2003  |  Última actualización realizada el 18/03/2010

Copa o cáliz de la Última Cena en el que, según la tradición, José de Arimatea recogió la sangre de Jesús. De Jerusalén, pasaría a Roma, en una de las versiones, o sería transportado a Inglaterra, cerca de Glastonbury, donde se estableció J. de Arimatea, según otros. En torno al Grial se tejieron durante la Edad Media diversas leyendas que le atribuían propiedades milagrosas, como la capacidad de curar o de proporcionar la inmortalidad, además de convertirlo en instrumento para la contemplación de la Divinidad; en ellas convergen elementos de la cultura celta con la tradición cristiana. Cuando estas leyendas se difundieron, diferentes lugares se postularon como guardianes del verdadero Grial, entre ellos el monasterio aragonés de San Juan de la Peña Buscar voz....

Algunas de las citadas leyendas forman parte de la llamada materia de Bretaña (ciclo narrativo sobre el mítico rey Arturo y los caballeros de la tabla redonda), en la que Chrètien de Troyes introdujo el tema de la búsqueda del Grial, tema que sería ampliado y cristianizado por los continuadores de su obra, basándose en el Evangelio de Mateo, los Evangelios apócrifos y los Hechos de Pilatos. Las novelas en prosa del siglo XIII, denominadas Ciclo de Lancelot o Vulgata, conectan con la búsqueda del Grial a través del hijo de Lanzarote, sir Galaad, caballero puro destinado desde su nacimiento a encontrar el cáliz. El largo poema narrativo Parsifal (1200-1212), del alemán W. von Eschenbach, convierte a los templarios en custodios del Grial y sitúa la búsqueda en las tierras del Languedoc y la Provenza, o en el Pirineo aragonés, según otras interpretaciones. Denomina al castillo del Grial Munsalwäsche, lugar que ha sido identificado como la fortaleza de Montségur, último reducto de los cátaros (considerados, asimismo, custodios del Grial) o como San Juan de la Peña. Anfortas, el rey enfermo que custodia el cáliz en el poema, ha sido relacionado con el aragonés Alfonso el Batallador Buscar voz... (muy vinculado a los templarios), que utilizó el nombre de Anfortius y fue señor de los territorios occitanos. En relación con este rey se creó una leyenda según la cual no habría muerto a consecuencia de las heridas recibidas en la batalla de Fraga Buscar voz..., sino que se refugió en San Juan de la Peña, donde sobrevivió gracias a las virtudes del cáliz.

Sabemos que un cáliz, considerado el de la Última Cena, se guardaba en este monasterio en 1399 porque en el Archivo de la Corona de Aragón se conserva un documento, fechado el 26 de septiembre de ese año, en el que consta que el prior Fray Bernardo hace entrega del mismo al rey Martín el Humano Buscar voz..., quien deseaba instalarlo en la capilla del palacio de la Aljafería Buscar voz...; de allí viajaría a Barcelona, en cuya capilla real se encontraba a la muerte de Martín el Humano (según inventario de septiembre de 1410), donde permaneció hasta 1424, año en que Alfonso el Magnánimo Buscar voz... lo trasladó al palacio real de Valencia, y en 1437 fue entregado en depósito a la catedral de esa ciudad; allí ha permanecido hasta ahora, salvo algún pequeño paréntesis. No tenemos noticias fidedignas sobre la llegada a Aragón de esta pieza, pero, según la tradición, fue San Lorenzo Buscar voz... quien envió el cáliz desde Roma a Huesca en el año 258 para salvarlo de las persecuciones de Valeriano, encomendando la misión a San Indalecio, portador también de una carta de San Lorenzo. Tras una primera etapa en Loreto, se instaló en la iglesia que se levantaba donde hoy está San Pedro el Viejo, de la que salió al producirse la invasión musulmana. Unas versiones indican que Audeberto Buscar voz..., obispo de Huesca, se refugió en 713 en la gruta del monte Pano, donde más tarde se fundaría el monasterio. Otras fuentes sostienen que el obispo Acisclo ocultó el cáliz en una cueva de Yebra Buscar voz... y la reliquia pasó por Siresa y Sasabe antes de que Ramiro I mandara edificar la catedral de Jaca para guardarla; desde allí sería trasladada a San Juan de la Peña en 1071 para que fuera utilizada en la primera misa según la liturgia romana.

En conmemoración de estos hechos, un grupo de caballistas realizó en 2002 el recorrido entre San Juan de la Peña y Valencia, inaugurando así la Ruta del Santo Grial.

• Bibliog.:
Beltrán Martínez, A.: «El Santo Grial y Aragón». Rev. Aragón en el mundo, Zaragoza, 1988.
Domínguez Lasierra, J.: «El Santo Grial». Rev. Turia, nº 18, 1991.
Río Martínez, Bizén d’o: «El Grial y Aragón», Rev. Argensola, nº 95, 1983.
Sangorrín, D.: «Santo Grial en Aragón», Rev. Aragón, núm. 22, 23, 26, 28, 29, 30, 32, 35, 36 y 37. Zaragoza, 1927 y 1928.

 

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