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Ganadería

Contenido disponible: Texto GEA 2003  |  Última actualización realizada el 06/05/2009

(Hist. Medieval). Desde finales del siglo XI, Aragón Buscar voz... dejó de ser un pequeño reino pirenaico de economía silva-pastoril y se extendió hacia el Sur en un proceso que duró cerca de dos siglos, a la conquista de ricos valles agrícolas y populosas ciudades. Sus protagonistas fueron hombres de mentalidad guerrera y pastoril y la ganadería lanar Buscar voz... fue la fuerza motriz para la expansión territorial hispánica en la Edad Media. A partir de la conquista y repoblación Buscar voz... del Valle del Ebro en el siglo XII, los ganaderos aragoneses se aseguraron pastos de invierno para sus rebaños, pero tuvieron que concordar sus intereses con los de la agricultura de regadío y de secano. Con la toma de Valencia y alejada físicamente la frontera, los riesgos para el tránsito de los rebaños disminuyó, se dedicaron grandes áreas para pastos en exclusiva y se asentaron las bases del negocio lanero. La trashumancia Buscar voz... se consolidó entre la conquista de Teruel (1170) y la de Valencia (1238).

Los litigios surgieron pronto por el uso de pastos y aguas, el derecho de paso y las rentas productivas. Para evitarlo, desde el siglo XI, los fueros y las cartas de población regularon estos aspectos. Los ganaderos y pastores, ante los continuos y graves conflictos suscitados con los terratenientes, se congregaron en juntas bajo el nombre de Ligallos Buscar voz... o Mestas Buscar voz... y fundaron Cofradías Buscar voz... y Casas de Ganaderos Buscar voz..., que surgieron en grandes y pequeños núcleos de población, ya fuesen de realengo o de señorío. No hay constancia documental de ligallos asentados en Jaca, Huesca y Barbastro o en La Litera y la Baja Ribagorza. Otro contexto presentan los altos valles pirenaicos, organizados en Juntas y cada uno con sus consuetudinarias asambleas pastoriles. Valga como ejemplo la Casa de Broto. Los pirenaicos, además de las conocidas facerías acordaron diversos pactos de ayuda mutua entre sí y con pueblos y ciudades del Alto Aragón para evitar la intrusión de ganaderos foráneos (el caso de los zaragozanos), aunque no lograron establecer una Junta General de Ganaderos de las Montañas antes del siglo XVIII.

Entre todas, destacó la Cofradía de San Simón y San Judas o Casa de Ganaderos de Zaragoza (1229). Estaba presidida por un juez propio, el Justicia de Ganaderos, con jurisdicción criminal desde 1218 y civil desde 1391 (confirmación de privilegios por el rey Juan I), siendo aplicadas con firmeza y sin apelación posible. La Cofradía, compuesta por un cuerpo social de entre 40 y 80 cofrades, celebraba asambleas, disponía de lugarteniente de Justicia, conselleros, ligalleros, vedaleros y escribano, y cada dos años renovaba a su Justicia y oficiales. Reunía a los principales ganaderos, mayorales y pastores de la ciudad y de sus barrios rurales, y mantuvo fuertes vínculos con el concejo, beneficiándose del privilegio de los Veinte Buscar voz... y del de la Pastura Universal (1129-1235). Se erigió en el cauce socio-económico y religioso del patriciado urbano local con intereses pecuarios. La génesis de esta y otras cofradías se enmarca en el contexto confraternal y ligallero de Hermandades y Juntas de villas y ciudades generalizado por todo el Valle Medio del Ebro, desde Logroño a Tortosa (con un sustrato foral común otorgado por el rey Alfonso I Buscar voz...), como indica la formación de Hermandades Buscar voz... concejiles en las Bardenas navarro-aragonesas a partir de 1204, y la de ciudades y villas en Aragón desde 1220.

Martín I Buscar voz... (1396-1410) concedió a la villa de Tauste el privilegio de tener ligallo, confirmado por Alfonso V Buscar voz... en 1420. La Casa de Ganaderos de Tauste Buscar voz... puso también su cofradía bajo la protección de los santos Simón y Judas. Del origen del Ligallo de Ejea de los Caballeros no hay constancia documentada, pero un privilegio de Juan II Buscar voz... (1459) revela su existencia: la concesión a los ganaderos de la villa de reunirse en ligallo, otorgándoles igual privilegio y ordenanzas que tenían los ganaderos de Zaragoza, para que lo usasen en la misma forma que los ganaderos de Tauste. Fue confirmado, a petición del concejo y Casa de Ganaderos de Ejea, por Felipe II Buscar voz... (1585). Esta cofradía tenía a Santo Domingo como patrón.

Hubo mestas en Tarazona y Albarracín y su Comunidad. Tarazona alegó siempre que poseía privilegios iguales a Zaragoza y a Ejea. Es una idea que hace recordar la homogeneidad foral de estos núcleos de población —con Tauste y Borja entre medio, entroncados en los fueros Buscar voz... militares que les dio Alfonso I en el momento de conquistarlos: Ejea y Tauste en 1105, el resto entre 1118-1119—. Dichas poblaciones y sus respectivos ligallos y casas estuvieron unidas por una común y coetánea base jurídico-pecuaria. Jaime I concedió en 1256 a la mesta de los ganaderos de Tarazona los mismos privilegios que tenían entonces los de Zaragoza. En 1460 recibieron confirmación de Juan II, que reconoció a los ganaderos de Tarazona el derecho a gozar de los privilegios del ligallo al igual que lo gozan los de Zaragoza y otros ligallos del reino. Este privilegio era confirmación de los concedidos en 1256 y 1391, extendiendo a Tarazona las gracias concedidas a Zaragoza. Fernando II en 1479 les autorizó a organizarse en cofradía.

El origen de las asambleas pastoriles de la ciudad y Comunidad de Albarracín Buscar voz... se remonta a los inicios de la reconquista. En 1415, Albarracín y su Comunidad obtuvo autorización de Fernando I de Aragón para institucionalizar su mesta o ligallo, con ordenanzas propias. Pero en 1420, y por presión de los ganaderos zaragozanos, Alfonso V revocó estos estatutos, que perjudicaban a los ganaderos de la capital. A fines del siglo XV la Mesta de Albarracín Buscar voz... quedó vinculada institucionalmente a la castellana.

Se adoptó el nombre de ligallo en Caspe, y en las comunidades de aldeas de Teruel, Daroca y Calatayud. «Desde tiempo inmemorial» los ganaderos de la villa de Caspe, bajo el dominio de la Orden de San Juan, se agruparon para defender sus intereses. Sus estatutos conocidos más antiguos datan de 1452. Una de las instituciones turolenses más destacadas fue la Cerraja, una asociación profesional, a modo de cofradía, que aglutinaba a los trashumantes. Dotada de una amplia autonomía en la administración de los intereses del colectivo, entre sus órganos de gobierno figuraban la Cerraja o asamblea general de sus miembros y una junta o consejo (con alcaldes escribano y consejeros). Integrado en la constitución orgánica de la Cerraja, el Ligallo de Teruel ya se documenta en 1259. A su vez surgieron ligallos en algunas de sus aldeas (Sarrión, 1333-1334; Manzanera; Aldehuela, 1420). Se institucionalizó un funcionario específico, el Guardián de las Cabañas de Teruel o custos cabannearum Turolii, cuya misión principal era la de amparar a los pastores y ganados de Teruel y defender sus intereses en el reino de Valencia. Era un oficial de designación real, pero su elección correspondía al concejo turolense. Otro cargo en esta ocasión concejil, fue el Caballero de la Sierra montero o montaraz (9 funcionarios, autorizados por Jaime I en 1253). También la Comunidad de aldeas de Daroca dispuso de un ligallo: el emperador Carlos I le concedió un privilegio de la mesta en 1542. Muchos pueblos aragoneses dispusieron, en definitiva, de ligallo: Letux, Perdiguera, Villamayor, Épila, Cantavieja, Valderrobres, Calanda, Alcorisa, Samper, Azaila, Híjar, Fuentes y Quinto de Ebro, Vera del Moncayo, Mallén, Sádaba (1514) y Sos del Rey Católico (1534). El influjo de estos ligallos, y concretamente de los turolenses, se afianzó en el Bajo Ebro catalán y en el Maestrazgo castellonense, áreas de expansión militar, repobladora y foral de los aragoneses, y también de trashumancia invernal para sus rebaños (ligallos de Tortosa y Morella, Segorbe y La Jana; Elche, al sur de Alicante). En la Corona de Aragón no se configuró una Mesta general y centralizada bajo el control real, como en Castilla (1273); las agrupaciones locales se mantuvieron independientes entre sí y respecto a la Corona. La red asociativa pastoril aragonesa fue variable en número, representatividad y pujanza socio-económica.

En el siglo XIII las diversas asociaciones ganaderas aragonesas articularon sus respectivas áreas de influencia. La resistencia de los ligallos de las comunidades aldeanas de realengo y de los concejos de señorío a los senyores de ganados de Zaragoza impidió a éstos ejercer un control mayor, si bien su poder se percibió y temió en casi todo el Reino. La diversidad de regímenes jurídicos en Aragón obligó a establecer acuerdos y pactos entre las partes enfrentadas. Durante los siglos XIV y XV, los ganaderos se especializaron en la producción de lana, lo cual generó una fuerte competencia entre ellos en función de la explotación de los pastos de verano-invierno, la adecuación de las razas ovinas y el control de las infraestructuras. Esta producción, con vista al mercado internacional, incentivó el crecimiento de los rebaños, el asociacionismo de los pequeños y medianos productores, y la fuerte inversión en el sector ganadero por parte de los poderosos. A mediados del siglo XV se produjo una recomposición del mapa ganadero en Aragón, con mayor pulsión económica y social de las restantes asociaciones, dada su institucionalización, la legalización de estatutos propios (la Casa de Ganaderos de Zaragoza los renovó hacia 1458) y la lucha ejercida contra la intrusión de las cabañas foráneas en sus respectivos ámbitos de influencia.

La práctica a gran escala de la trashumancia y la constitución de una red tributaria estatal en el territorio de la Corona a partir de 1245, con una retícula de castillos en los que se cobraba a las cabañas transeúntes, impulsó en el siglo XIII la función representativa y corporativa de magistrados como el Justicia de Ganaderos de Zaragoza y el Guardián de las Cabañas de Teruel ante los poderes real y señorial, además de la función represiva ante el bandidaje. La fiscalidad regia aplicada a la ganadería trashumante se destinó a menudo a amortizar los gastos militares y a mitigar la habitual bancarrota de la Hacienda. Alfonso V reestructuró la aduana de ganados trashumantes entre los Abruzzos y la Puglia (1447), institucionalizando la Dogana della Mena delle pecore di Puglia en el recién conquistado reino de Nápoles. Esta potente renta fiscal en materia pecuaria se articuló según modelos aplicados en las Coronas de Aragón y Castilla desde el siglo XIII, con asimilación de las prácticas locales itálicas.

• Bibliog.: Fernández Otal, J. A.: La Casa de Ganaderos de Zaragoza. Derecho y trashumancia a fines del siglo XV, Z., 1993. Documentación medieval de la Corte del Justicia de Ganaderos de Zaragoza, Z., 1994. «Las vías pecuarias de la comarca de Cinco Villas», en Los caminos en la Historia de las Cinco Villas, Ejea de los Caballeros (Z.), 1995, pp. 77-121. «Trashumancia y fiscalidad medieval en el Alto Aragón», en El poder real en la Corona de Aragón (siglos XIV-XVI), Actas del XV Congreso de Historia de la Corona de Aragón, t. I, vol. 4.º. Z., 1996, pp. 69- 97. La Casa de Ganaderos de Zaragoza en la Edad Media. Aportación a la Historia Pecuaria del Aragón Medieval (siglos XIII-XV). Edición en microfichas. Servicio de Publicaciones, Universidad de Zaragoza, 1996. «Las vías pecuarias de Aragón. Memoria histórica y futuro abierto», en Los caminos históricos y las comunicaciones de Aragón, Z, 1997. «Un periplo pastoril por Aragón, el país de los Ligallos», en el Catálogo de la Exposición La Casa de Ganaderos de Zaragoza. Ocho siglos en la Historia de Aragón, Z., 1997, pp. 53-64.

 

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