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Clarimón Lafarga, Carlos

Contenido disponible: Texto GEA 2003  |  Última actualización realizada el 30/09/2011

(Zaragoza Buscar voz..., 4-XI-1920) El que sería una de las figuras destacadas de la época dorada de la publicidad española y narrador infrecuente, inició muy joven sus pinitos literarios gracias a una máquina de escribir que le regaló su padre. Tras la Guerra civil Buscar voz... comenzó estudios de Medicina que, ante la enfermedad de su progenitor, cambió por los más prácticos y rentables de Derecho que luego abandonó. De su estancia en Zaragoza conserva la amistad con el librero José Alcrudo Buscar voz... quién le presentó a Antonio Mingote Buscar voz..., futuro y decisivo compañero en aventuras literarias. Antes de trabajar en algo que tuviese que ver con el cine o la publicidad recorrió España con diversos y pintorescos oficios: feriante, vendedor de artículos de oficina para la empresa «El Casco», agente de seguros de La Unión y el Fénix, etc., realizando entre tanto, un intento frustrado de ingresar en la Escuela Oficial de Periodismo. Al trasladarse a Barcelona tuvo su primer contacto con el mundo del cine al asociarse con un personaje que disponía de un gran número de documentales de la Fox, y que el se encargó de distribuir por los cines modestos de la Ciudad Condal. Tras su aventura catalana, regresó a Madrid para trabajar como vendedor en la agencia de publicidad Alas. Lo exiguo del sueldo le hizo tomar otros rumbos y, puestos a pasar hambre, lo haría haciendo lo que más le gustaba: escribir. Entre 1948 y 1956 fue escritor profesional, con todo lo que eso significaba entonces en una España con sobredosis de caspa. Escribió numerosas novelas policiacas y rosas con los seudónimos de Charles Clark, Red Lowel y Rob Joyce para casi todas las editoriales que se dedicaban al género popular: Bruguera, Rollán, Dólar, La Valenciana, Espejo o Gilsa. Compartió diversas y novelescas peripecias con sus dos grandes amigos de entonces, Rafael Azcona y el citado Mingote, con el que escribió novelas policiacas al alimón; redactó artículos y realizó reportajes para diferentes periódicos y revistas como Índice, Juventud, El Español y Arriba. Realizó una incursión en el mundo del cómic con el dibujante Federico Blanco, adaptando Las aventuras de Marco Polo, para el diario Ya.

Su relación con los personajes de la farándula madrileña: Fernando Dicenta, Álvaro de la Iglesia, Tono, etc., le llevaron a probar suerte en las tablas con la compañía de teatro de cámara que dirigía Juan Guerrero Zamora, participando en los ensayos de una comedia que nunca se llegó a estrenar. Por estos años también escribió guiones para el Tercer Programa de Radio Nacional, como su aproximación humorística a la narrativa criminal que más tarde aparecería también en el suplemento satírico y semanal Don José. En 1955 obtuvo el premio Juventud de relatos y en 1957, ya con su nombre real, publicó La trampa, en ediciones Arión y con portada de Ricardo Zamorano. Al año siguiente vería la luz, Los bancos son de piedra (ed. Jalfi). Mario Lacruz le dio cabida, en la entrañable colección Pulga, con el relato Aquel día, auténtico retrato de época y de oficio, que al poco tiempo aparecerá con otros cinco en el volumen Hombre a solas (1961), dentro de la colección «Narraciones» que dirigió, para la editorial Taurus, Ignacio Aldecoa. En 1965 publica La muerte en los talones (ed. Tesoro) y en 1967 La trampa es incluida en la Antología de las mejores novelas policiacas. XI de ediciones Acervo. Cuando parecía haber enfocado definitivamente su actividad profesional en la literatura, conoce, en la redacción de la revista Chicas, para la que había escrito cuentos, a José Luis Moro, que por entonces colaboraba también en la publicación. Clarimón empieza a trabajar como guionista en el estudio de animación de los hermanos Moro, en la que él mismo define como una de las etapas más felices de su vida. Las estrechas relaciones entre el estudio y la distribuidora Movierecord, le llevan finalmente a esta última, en la que permanece treinta años, primero como Director de Producción y finalmente como Director General. Su reconocido prestigio le llevaría también a impartir la docencia en la Escuela de Publicidad de la calle Hortaleza, en primer lugar, y más tarde en la naciente Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense.

Ana María Navales Buscar voz... lo incluyó en 1980 en su Antología de narradores aragoneses contemporáneos, y Félix Romeo Buscar voz... le ha hecho aparecer, tanto entre líneas como explícitamente, en su novela Discothèque.

 

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