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Biel, Julián

Contenido disponible: Texto GEA 2003  |  Última actualización realizada el 12/06/2006

(Zaragoza, 1870 – ¿1917?). Tenor de ópera. Existen ciertas incógnitas sobre sus años de su infancia y juventud, aunque todos testimonios coinciden en que transcurrieron en un ambiente bastante humilde. En uno de ellos se dice que al escucharlo su maestro mientras trabajaba como pintor de brocha gorda, le recomendó que se dedicase a cantar la jota, aunque para su fortuna también hubo personas que le aconsejaron e invitaron a ingresar en un orfeón local. Pasado algún tiempo y advirtiendo el director sus posibilidades como cantante, le recomendó se trasladase a Madrid donde podría encontrar un maestro que le educara la voz y le enseñara las técnicas relacionadas con el canto y la interpretación teatral.

Llegó a esta ciudad hacia 1892, donde para mantenerse y pagar las clases de formación musical y lírica tuvo que volver a trabajar como pintor. Como su situación no mejoraba y tenía problemas económicos, abandonó temporalmente Madrid y sus estudios; un informador zaragozano de la época dice haber coincidido con él en una coral santanderina.

Retornó a esa ciudad algún tiempo después con algo más de conocimientos musicales, lo que le facilitó el ingreso en el coro del Teatro Real, pero pese a continuar dando clases de canto, en las que se inclinó por el repertorio italiano, no pasó de ser uno más del conjunto; para sobrevivir en ese período se dice que trabajó en una compañía que impresionaba cilindros fonográficos. Tras algunos intentos fallidos, la oportunidad le llegó en 1899, cuando debutó en los Jardines del Retiro cantando, entre otras, Hernani, El trovador y La Africana. En el mes de septiembre, comentando una nueva interpretación de El trovador Buscar voz..., junto con Pagliacci, al referirse al que se califica de nuevo tenor, escribía el crítico del diario madrileño El Liberal: «Posee una voz de tenor bien timbrada y de gran extensión, una voz vibrante y varonil, que desde luego encanta y seduce a cuantos la escuchan». Añadía después: «Si Biel persevera en el estudio y adquiere las condiciones artísticas que aún no posee, podrá llegar a ser una verdadera celebridad, pues la primera materia de que dispone es, sin duda, de lo mejor que puede darse en el género».

Poco después se informaba de que el marqués de Villamejor le había ofrecido una generosa pensión con el fin de que pudiera continuar sus estudios en Italia; la única condición era que antes de su partida cantase una salve en la iglesia de Nuestra Señora de la Antigua, en Guadalajara. Antes de iniciar el viaje y en el inmediato mes de octubre, en el Teatro Moderno cantó con gran aplauso Cavalleria Rusticana y el tercer acto de El trovador, la conocida ópera de Verdi que parece dominaba bien. Tras las repeticiones y aplausos de rigor... «a petición del público Julián Biel cantó la jota que causó verdadero delirio entre los espectadores».

No fue hasta 1901 cuando se le pudo escuchar en Zaragoza por primera vez en el mes de mayo, en el Teatro Principal, coincidiendo con otros dos grandes cantantes aragoneses, la mezzosoprano Fidela Gardeta y el barítono Marino Aineto Buscar voz..., que compartieron grandes aplausos y demostraciones de afecto. Para entonces la voz de Julián Biel se estaba destacando entre las grandes de la lírica nacional, y no tardando mucho lo sería en el ámbito internacional. Cantó con éxito en el Teatro Real de Madrid y el Liceo de Barcelona, llegándole después las giras a otras naciones como Francia, Bélgica, Alemania, Portugal, Rusia o Italia, donde en la Scala de Milán cantó ocho noches consecutivas El Trovador, personaje e interpretación con la que se sentía especialmente cómodo. Fueron también muy elogiadas sus actuaciones en Carmen y en Otello.

No faltaron los viajes a los países americanos, donde eran habituales las temporadas de ópera e incluso de zarzuela. Según informaba un diario de la época, en mayo de 1902 se encontraba en Buenos Aires, en cuyo Teatro de la Ópera representó Aída con un éxito colosal,

Por esos años compitió artísticamente con cantantes tan famosos y excepcionales como Caruso y Anselmi, con los que alternó actuaciones. Estuvo en Zaragoza en otras ocasiones, en tiempos en que las compañías de ópera representaban sus dramas en esta ciudad todos los años. Por motivos de salud Julián Biel se retiró de la escena en 1917, muriendo poco después, sin que exista constancia fehaciente de fecha y lugar.

 

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