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Bermúdez Castillo, Gabriel

Contenido disponible: Texto GEA 2003  |  Última actualización realizada el 09/06/2006

(Valencia, 29-VI-1934). Escritor y notario. El 15 de julio de 1936, su familia, aragonesa por la rama paterna, se traslada a vivir a Zaragoza; y en esta ciudad permanecerá Gabriel Bermúdez hasta la década de los ochenta. Tras cursar el bachillerato con los jesuitas, estudia Derecho y, simultáneamente, profesorado mercantil. En 1958 obtiene plaza por oposición de Corredor de Comercio; primero y por muy breve tiempo en Tomelloso y más tarde en Calatayud, lo que le permite residir en Zaragoza y seguir frecuentando a un grupo de amigos que comparten sus mismas aficiones literarias. Ya en su época de estudiante había escrito algunos cuentos y aborda ahora la novela con El guía en el crepúsculo y El puente de niebla, dos relatos costumbristas que no llegó a enviar a ninguna editorial. En esta época escribe una primera versión de La piel del infinito, ya dentro del género que le dará popularidad y en el que será considerado indiscutible maestro: la ciencia ficción. Su amigo Eduardo Valdivia Buscar voz..., además de venderle su primera máquina de escribir, le introduce en la Peña Niké Buscar voz... donde entablará amistad con Julio Antonio Gómez Buscar voz..., Luis García Abrines Buscar voz..., Emilio Gastón Buscar voz..., Pío Fernández Cueto Buscar voz..., Mariano Gaspar Buscar voz... y los hermanos José Antonio Buscar voz... y Miguel Labordeta Buscar voz...; y colaborará en el Despacho Literario de la Oficina Poética Internacional (tauro, 1960) con el cuento «El tren de socorro». El mismo Valdivia y Julio Antonio Gómez lo embarcan en la aventura editorial de Javalambre, y entre los tres dan vida a la colección de narrativa de ciencia-ficción «Atanor», que inaugurará (y cerrará) la colección de relatos El mundo Hokun (1971), del mismo Bermúdez, firmado como Gael Benjamín y con ilustraciones de un por entonces desconocido Carlos Giménez, y a la que iban a seguir El Chupachiqui inservible de Matías Berruga Olivo y Las dos lunas de Marte, de E.F. Dillon, títulos y autores que sólo existían en la fértil imaginación de Bermúdez. A partir de ahí seguirá una fructífera racha de publicaciones: la reedición de El mundo Hókun, todavía en Zaragoza (Litho Arte, 1975) y, ya en ámbito nacional y con el padrinazgo de Domingo Santos, Viaje a un planeta Wu-Wei en «Acervo Ciencia Ficción» (1976 y reeditada por Orbis en 1986 y por Avalon en 2000), la colección más prestigiosa del ámbito editorial español. Colabora por entonces en varias revistas y publicaciones como Nueva dimensión y Zikkurat, y da clases de Derecho Mercantil, como ayudante de cátedra en la Facultad de Derecho de Zaragoza, llegando a escribir una monografía sobre la recién promulgada Ley de Ventas a Plazos que según su propio testimonio «no interesó a nadie». También por entonces inicia sus aficiones de radioaficionado y ebanistería y su colección de sellos; y aparentemente asentado definitivamente en Zaragoza, se construye un chalet en María de Huerva Buscar voz.... Desde abril de 1977 hasta marzo de 1979 escribe Mano de Galaxia que, de momento y dada su extensión, no le acepta ninguna editorial. Publica mientras: El señor de la rueda (Albia, 1978, reeditada por Orbis en 1986), novela de culto entre los aficionados y que posteriormente será incluida en Las cien mejores novelas de la ciencia ficción del siglo XX (Madrid, 2001), La piel del infinito (Dronte, 1978) —premio nacional a la mejor novela de ciencia ficción— y su relato «La última lección sobre Cisneros» es incluido en la antología de Domingo Santos Llorad por nuestro futuro. Antología no euclideana/2. (Acervo, 1978). En 1978, «Cuestión de oportunidades», uno de los relatos de La piel del infinito es traducida al francés y aparece en la revista Antares. Entre 1979 y 1980 comienza otra novela larga que finalizará tras interrupciones en 1982 con resultado no satisfactorio: Memorias de un astronauta del siglo XIX, con personajes tan singulares como Julio Verne, Pérez Galdós, Isabel II y el mismo Bermúdez. La dureza de la plaza zaragozana para su actividad profesional le hace solicitar y conseguir la más tranquila de Cartagena, donde continúa su actividad como radioaficionado y comienza —es patrón de yate— la exploración de islas, sufriendo un primer naufragio, que no sólo no le desanima sino que inicia también los estudios de piloto deportivo aeronáutico. En 1986, la editorial Acervo vuelve a interesarse por su obra y le publica Golconda, la primera parte de su extensa Mano de Galaxia, con algunas alteraciones y la supresión, por razones editoriales, de cincuenta páginas. El hombre estrella ve la luz en Ed. Ultramar en 1988. En 1992, concluye una obra largo tiempo meditada Salud mortal. Tras un laborioso proceso documental, redacta la novela en veinte días y le es aceptada por ediciones Miraguano que se la publica en 1993, —igual que hará luego, en 1994, con su recopilación de novelas cortas Instantes estelares— y recibe ese mismo año en Burjasot el premio «Ignotus». Ya antes en Gadir’92 le habían concedido otro premio Ignotus «por la labor de una vida». Viene luego un periodo de silencio editorial, motivado según él por la creciente complicación de su profesión, en el que sólo escribe algún relato corto que no es ya de ciencia ficción, y en el que abandona la radioafición y se desprende de su colección de sellos para hacer de la encuadernación artesana «su violín de Ingres». Siete años después de haberla escrito, la colección «Espiral Ciencia Ficción» publica en 2001 Demonios en el cielo, que agota una edición en apenas una semana y recibe el premio Ignotus en 2002. La transformación de los Corredores de Comercio en Notarios en el 2000 le deja todavía menos tiempo libre, aunque sigue tomando notas y coleccionando argumentos. Las Prensas Universitarias de Zaragoza están en tratos con él para editar, por fin, Mano de Galaxia, esta vez completa y revisada en todos los sentidos.

Sobre Gabriel Bermúdez, además de la información que circula en las publicaciones digitales en Internet, puede consultarse entre otros:

Javier Climent [Eduardo Valdivia], «Crítica del editor», en El mundo Hokun. G. de Frutos, «Auge de los libros de ficción científica» [sobre El mundo Hokum], 10-II-1971. Luis Horno Liria, [sobre El mundo Hokum], en Heraldo de Aragón, 11-X-1974 y [sobre Viaje a un planeta Wu-Wei], en Heraldo de Aragón, 30-X-1976. Eduardo Mendicutti, [sobre El mundo Hokum], en La estafeta literaria, 15-II-1975. Guillermo Fatás, «Aragón todavía cría locos» [sobre Viaje a un planeta Wu-Wei], en Andalán, 2-II-1978. E. Haro Ibars, «El mundo en gestación de Gabriel Bermúdez», en Triunfo, 6-V-1978. Diego Muñoz, «La ciencia ficción española en el mejor momento de su historia», en La verdad, 20-IX-1992. Juan Manuel Santiago, «El escritor estrella», en Pórtico nº 4. Miquel Barceló, Ciencia ficción: guía de lectura (Barcelona, 1991). Julián Díez, «El señor de la fuerza: sobre la obra de Gabriel Bermúdez Castillo», en Gadir’92 Encuentros de Ciencia Ficción, 1992; y «Maestros del género: Gabriel Bermúdez Castillo», en 2001, V/VI-2002. Pedro Jorge Romero, «Los riesgos de la sátira», en BEM nº 31, V-1993. Ricard de la Casa, «Presentación» en Instantes estelares; y «Bermúdez, Salud mortal y Demonios en el cielo», en BEM nº 31, V-1993. Juan José Aroz, «Presentación», en Demonios en el cielo. Juan Carlos Poujade (ed.), Las cien mejores novelas de la ciencia ficción del siglo XX (Madrid, 2001).

 

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