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Bandolerismo

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 07/08/2009

Constituye uno de los fenómenos sociales más uniformes -a pesar de sus diversas manifestaciones externas- y de carácter más universal. Se presenta, de forma casi matemática, en todas las sociedades, en un momento determinado de su evolución histórica; precisamente en los estadios intermedios entre la organización tribal familiar y la sociedad capitalista. El medio idóneo para su desarrollo es una sociedad en transformación, y una serie de factores lo favorecerán: la existencia de zonas agrestes, alejadas de las principales rutas de comunicación, mal defendidas, muy separadas de núcleos urbanos grandes; una administración lenta y complicada; un poder ejecutivo débil, etc. En este «caldo de cultivo», el bandolerismo necesitará de otros elementos que contribuirán a hacerlo especialmente virulento: el aumento de población, la subida de precios, las carestías y hambres periódicas típicas de las sociedades rurales.

Todos estos factores confluían en el Aragón del siglo XVI Buscar voz.... El crecimiento demográfico y económico, al no ir acompañado de cambios sustanciales en las estructuras sociales, marginaba a un número creciente de individuos, cuyas formas de vida eran próximas al bandidaje. Vivían de limosna, pero cuando podían robaban. Algunas de estas personas, no contentas con el papel pasivo que la sociedad pretendía imponerles, el de receptores de limosnas, decidieron decantar abiertamente sus vidas hacia actividades al margen de la ley.

Las zonas más conflictivas del reino coinciden con las áreas en que mayor fue la actividad de los bandoleros. Sus límites podrían asimilarse a los de la actual provincia de Huesca. Ribagorza, los Monegros, la comarca de Jaca, fueron zonas en que los bandoleros actuaban con total impunidad. La particular situación de estas áreas potenciaba la existencia de actividades al margen de la ley. El crecimiento demográfico (cifrado en el condado de Ribagorza, para la primera mitad de la centuria, en un 22% con respecto al censo Buscar voz... de 1495), la orografía complicada (en la que daban lugares muy agrestes y zonas desérticas próximas a las rutas comerciales más importantes), la cercanía de las fronteras catalana y francesa, la autonomía de que gozaban los municipios, todo ello favorecía la existencia de la delincuencia. El Bajo Aragón, por su proximidad a Cataluña y Valencia; el condado de Ribagorza, limítrofe con Francia y el Principado; la comarca de Jaca, atravesada por una de las rutas comerciales más importantes, y los Monegros, un desierto que protegía a los posibles salteadores del camino real que se dirigía a Cataluña, eran las áreas en las que mayor proliferación hubo de actos delictivos.

El móvil más inmediato de la eclosión del bandolerismo fue la lucha por la subsistencia. Resulta evidente la relación entre el incremento de la delincuencia y las malas cosechas. Éstas afectaban más duramente a zonas de producción escasa, ya que a un descenso de los rendimientos, de por sí escasos, se unía la privación de los complementos económicos derivados de la emigración estacional. El proletariado rural debía procurarse los medios de subsistencia por otras vías y con frecuencia comienza por ser ladrón, un ladrón movido por la necesidad de alimentarse. Si a un año malo sucede otro bueno, la actividad delictiva de estos hombres disminuye, e incluso cesa por completo. Hubo cosechas deficitarias en Aragón los años 1547, 1556, 1557, 1565 1566, 1567, 1569, 1571, 1582 y 1583, y es precisamente en estas fechas cuando más abundantes son las noticias sobre bandolerismo.

El bandolero, salido del pueblo y del hambre y siempre que no actuara movido por otros móviles que el de la subsistencia, era apoyado de manera más o menos directa por todos los grupos sociales, y particularmente por los más deprimidos. Los humildes veían en el bandolero el azote de los ricos. Se daba en las clases humildes una mezcla de temor y admiración hacia esas personas que, salidas de sus entrañas, habían sido capaces de rebelarse contra un destino miserable. Acogían al bandolero en sus casas, le proporcionaban alimentos, curaban sus heridas, convivían con él, le conocían perfectamente, bien por haber cometido algunos actos delictivos, bien porque algún familiar estaba integrado en alguna de las cuadrillas.

Además del apoyo popular, el bandolero cuenta con otro tipo de ayudas, entre las que destacan las que proporcionaban algunos señores que tomaban a cuadrillas enteras como guardaespaldas, como D. Juan de Torrellas, quien hacia 1585 se presentó en Zaragoza «con cuarenta lacayos por unos bandos que llevaba con unos vasallos suyos, para seguridad de su persona». El propio sistema jurídico aragonés se convirtió en uno de los más importantes aliados del bandolero gracias a las garantías individuales de naturaleza judicial a las que podía acogerse el presunto delincuente.

Una gran importancia para la posterior evolución política aragonesa tuvo la aparición del bandolerismo político, que iba a adquirir un enorme desarrollo a medida que las relaciones entre Aragón y su rey, Felipe I Buscar voz... (II de Castilla), se iban volviendo más tirantes. En el reino aragonés aparecieron dos bloques antagónicos, los colaboracionistas con la monarquía y los defensores acérrimos de los Fueros. La corte de Felipe I se encargó de crear un ambiente político favorable para terminar con la oposición de los fueristas, y en su desarrollo iban a tener importancia decisiva los bandoleros.

Un ejemplo de lo ocurrido es la rebelión de Ribagorza Buscar voz.... Lo que en principio no fue más que un movimiento antiseñorial, acabó por convertirse en una lucha encubierta entre la monarquía y el conde de Ribagorza. Ambos, en su enfrentamiento, recurrieron a la contratación de bandoleros. Al lado del conde se agruparon L. Latrás Buscar voz..., Perandreu, los Pistoletes, Barber Buscar voz..., Roy, Cosculluela entre otros. Los vasallos rebeldes, en complicidad con la corte de Madrid, contrataron a El Miñón Buscar voz... y a los Valls, catalanes.

La explicación de por qué, cómo y cuándo se dio en el delincuente el paso de la lucha por la mera subsistencia a la integración en banderías políticas es muy compleja. La falta de adecuación de la economía al crecimiento demográfico iba paralela a la crisis cada vez más acelerada de las instituciones políticas del reino. Ambas corrientes tenían su punto de unión en el bandolero político. De un lado, el delincuente había contado con el decidido apoyo popular, pero en su escalada terrorista amplios sectores de población le retiraron su ayuda. De otro, las pluriseculares alteraciones aragonesas habían llegado a un grado extremo de belicosidad como consecuencia de la formación de los dos grupos antagónicos aludidos con anterioridad. Unos y otros iban a necesitar de gentes expertas, buenos conocedores del terreno, y por ello recurren a los servicios de cuadrillas. De este modo, el bandolero, de luchar por la mera subsistencia, pasó a convertirse en un mercenario al interés de las banderías políticas de los aragoneses, un instrumento en manos de unos intereses concretos completamente alejados de su función inicial.

La independencia de que gozaban los distintos Estados de la Corona de Aragón facilitaba la llegada intermitente de bandidos catalanes, franceses y, en menor medida, valencianos a tierras aragonesas. El hecho era patente en los momentos en que mayor era la represión en los Estados vecinos. La falta de una acción coordinada permitía a las distintas cuadrillas buscar refugio en el país vecino. El reino aragonés intentó presentar frente a la delincuencia haciéndolo en tres instancias distintas: municipal, del reino en conjunto, de las autoridades reales. Inicialmente se consideró un problema local y las soluciones se buscaron a esa escala. Mientras la actividad de los bandoleros no pasó de la lucha por la subsistencia la represión fue llevada a cabo por los concejos. El reino se limitó a dotarles de instrumentos jurídicos especiales que facilitaron la labor de las autoridades municipales. Sobrepasados en su lucha individual, los concejos formaron uniones con estatutos criminales propios, pero su efectividad fue escasa por el tremendo esfuerzo económico que el mantenimiento de unas tropas municipales conllevaba. Jaca, Huesca, Barbastro formaron confederaciones con los pueblos vecinos, y ésta fue una de las causas de los apuros financieros del concejo barbastrense, que se vio obligado a contraer elevadas deudas para pagar a las tropas en sus salidas.

El reino aragonés, al igual que los concejos fracasó en su intento de erradicar el bandolerismo. Su actuación inicialmente se limitó a promulgar una serie de fueros. Las medidas prácticas sólo comenzarían a hacerse realidad cuando el territorio aragonés estaba totalmente afectado por la delincuencia. El incremento del desorden, la apatía mostrada por las autoridades reales, el aumento de la inseguridad en las principales rutas comerciales -la que por los Monegros se dirigía a Cataluña y la que de Zaragoza iba a Francia por Canfranc-, en consiguiente descenso de los ingresos aduaneros Buscar voz..., impulsaron a los diputados del reino Buscar voz... a tomar parte activa en la represión del bandolerismo. Para ello se creó en 1572 un ejército permanente que, si bien en principio tenía la misión de acabar con el bandolerismo en todo el territorio, terminó limitando sus objetivos a mantener expeditas las principales rutas. El fracaso de las tropas del reino Buscar voz... fue total: el Ejército, asentado en guarniciones en distintos lugares, se mostró indisciplinado; en ocasiones los soldados actuaron en connivencia con los bandoleros, e incluso hubo salteadores de caminos que se alistaron entre las tropas y con posterioridad volvieron a actuar como bandoleros.

Según los Fueros aragoneses Buscar voz..., eran las autoridades reales las encargadas de mantener el orden, pero su actuación al principio no pasó más allá de las meras recomendaciones. En ocasiones hubo acciones aisladas, pero faltó una política coordinada que organizara la represión en el reino, y con los restantes países vecinos, ante un hecho que mantenía alterada la vida de los estados de la Corona de Aragón. La lentitud de movimientos de las fuerzas reales que contrastaba con la enorme rapidez de los bandoleros, fue uno de los motivos que más contribuyó al fracaso de la represión. En julio de 1562, en una época en que la actividad de los delincuentes amenazaba con colapsar la vida del reino, se dio un intento por parte de los virreyes de Aragón, Cataluña y Valencia de llevar a cabo una acción mancomunada. Durante todo el mes de junio se buscaron en el reino fondos para financiar el proyecto, pero no se recaudaron hasta el mes de diciembre, fecha en que se inició la recluta de tropas. Todo el intento de acción común quedó reducido a un inútil papeleo burocrático. Las autoridades reales sólo se decidieron a participar activamente cuando confluyeron otros factores en el hecho de la delincuencia: cuando el bandolerismo se transformó en un arma política en manos de los grupos a los que anteriormente se ha aludido, fueristas y realistas.

En el momento en que la causa que había propiciado el desarrollo del bandolerismo político, el enfrentamiento entre la monarquía y los fueristas aragoneses, desapareció, éste resultó innecesario. Los mercenarios, eliminada la oposición aragonesa, perdieron su función. El móvil que animó a los delincuentes de nuevo volvió a ser la lucha por la subsistencia.

• Bibliog..:
Colás Latorre, G. y Salas Ausens, J. A.: «Delincuencia y represión en el reino de Aragón durante el siglo XVI»; Estudios del Departamento de Historia Moderna, Zaragoza, 1976, pp. 79-146.
Hobsbawn, E.: Los bandidos; Barcelona, 1976.
Melón y Ruiz de Gordejuela, A.: Lupercio Latrás y la guerra de los moriscos y montañeses en Aragón a fines del siglo XVI; Zaragoza, 1917.

Historia Medieval: También la presencia de bandoleros durante la época medieval es un hecho constatado documentalmente, sobre todo en los siglos XIV y XV, como secuela de las hambres y epidemias que diezmaron la población obligando a muchos menesterosos a esta actividad delictiva como medio de subsistencia. Pero también las guerras con otras monarquías provocaron la presencia de mercenarios a sueldo que, terminado el conflicto bélico que los había traído junto al rey de Aragón, eran contratados por las familias nobles en sus enfrentamientos feudales, o quedaban pululando por el territorio en busca de botín y sirviéndose de sus propias armas al no saber desarrollar otro tipo de actividad.

Ya los primeros fueros del reino aludían indirectamente al fenómeno del bandolerismo al tratar de evitar cualquier acto cometido contra el orden social establecido, pero es a partir del siglo XIII cuando la documentación insiste con frecuencia en este hecho: utiliza ambiguamente los vocablos malfeytor o bandito y comprende en ellos a los autores de una serie de delitos más o menos tipificados, ambientados en el medio rural, entre los que cabe señalar por su trascendencia económica el robo de ganado.

Las montañas de Huesca (tanto el Pirineo como el Somontano), las cercanías de Zaragoza (Monegros y sierra de Alcubierre) y la zona de Albarracín conocerán especialmente un desarrollo de este fenómeno en la segunda mitad del siglo XIV, en el período del «interregno Buscar voz...» (1410-1412) y en la etapa Trastámara Buscar voz.... Precisamente en ambas centurias, la proliferación del bandolerismo social y feudal obligó a intervenir a las Cortes Buscar voz... para arbitrar las oportunas medidas en defensa del cuerpo social, a través de la intervención personal de los sobrejunteros Buscar voz... y de la creación de hermandades Buscar voz..., que lograron el desprendimiento de las simpatías populares despertadas en algún momento hacia determinados delincuentes y afirmaron el interés de la mayoría por la resolución del problema de orden público que alteraba la convivencia de los aragoneses y la paz de los caminos y aldeas.

 

Monográficos

La Edad Moderna en Aragón. El Siglo XVI

La Edad Moderna en Aragón. El Siglo XVI

El siglo más convulso provocará el final de los privilegios del reino.

Imágenes de la voz

Bandolerismo en el siglo ...Bandolerismo en el siglo XIX

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Tortura a bandoleros...Tortura a bandoleros

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