Estás en: Página de voz
  • Aumentar tamaño letra
  • Reducir tamaño letra
  • Imprimir página
  • Guardar voz
  • Añade a tu blog
  • Buscar noticias
  • Buscar en RedAragon

Ballet de Zaragoza

Contenido disponible: Texto GEA 2000

La danza clásica en Aragón tiene como centro de su historia más reciente el Ballet Clásico de Zaragoza. Antes de su existencia, es de destacar la labor de formación de bailarines que ha realizado y realiza la que fuera su primera directora, María de Ávila, en su estudio de danza.

El Ballet Clásico de Zaragoza hizo su presentación en agosto de 1982. El Ballet, patrocinado por el Ayuntamiento, estaba formado por alumnos del estudio de María de Ávila. Desde entonces fue afianzándose como conjunto a pesar de la gran movilidad de los bailarines. En efecto, entre los que han bailado con el Clásico y luego pasado a engrosar las filas de otros ballets, nacionales y extranjeros, y sus componentes actuales la lista sería muy larga; merece la pena destacar los siguientes: Trinidad García Sevillano, Antonio Castilla, Ivana García Saldaña, Marta Charfolé, Antonio Almenara, Ana Baselga, Carolina Llaberías, Mauricio González, Arantxa Argüelles, Carolina Borrajo, Peter Brown, Marta R. Strampes, Elena Lozano, Ramón Taule, Michel Wallerand, Federico Bosch, Ana Karin Karlsson y Mar Olmos.

Tras el nombramiento de María de Ávila, en 1983, como directora del Ballet Nacional, Cristina Miñana, hasta entonces subdirectora, se hace cargo de la dirección del Ballet Clásico.

En esos años presentó, con un éxito y madurez cada vez mayores, diferentes programas, con coreografías clásicas y propias, entre las que hay que destacar: «La canción de la Tierra», composición de G. Mahler, «Les Sylphides», sobre unas piezas de Chopin, «El Amor Brujo», «Carmina Burana», «Strawinsky Dances» y los numerosos «pas de deux», bailados unos por los bailarines del Clásico, otros por los muchos invitados que han acompañado a la formación en sus actuaciones.

La difícil solución de continuidad del Ballet Clásico de Zaragoza, dado que se gestionaba como una sociedad civil que se financiaba con fondos públicos, propició que los responsables municipales pusieran fin a esta situación y constituyeran en enero de 1989 un patronato municipal para la creación de un Ballet, que llevase el nombre de Zaragoza. Éste nació en enero de 1989 y, aunque recuperó a algunos de los bailarines de la compañía anterior (Olga Gómez, Marta Rodríguez, Beatriz Santolaya, Jon Arambarri, Federico Bosch y María Laguía), partió de cero. A este Patronato se le dotó de unos Estatutos y de una Junta de Gobierno, y se nombró a un director: Mauro Galindo, elegido mediante concurso, quien a su vez seleccionó, mediante audiciones, a sus bailarines. Mauro Galindo (Gavá, Barcelona, 1958) se formó como bailarín en el estudio de Jean Martinelli en Ginebra (Suiza) y en la Academia Prensas Grate de Montecarlo. Su vida profesional se desarrolló en el Ballet Nacional, en Zürich y en Stuttgart, y desde 1987 se dedicaba a la docencia, como profesor de danza clásica y repertorio del Instituto del Teatro de Barcelona. El Ballet de Zaragoza se presentó ante el público en abril de 1990 en el Teatro Principal de Zaragoza con un programa que combinaba la danza clásica con la contemporánea: Raymonda Divertissement (Glazunov-Petipa/Galindo), Con Spirito (Hummel-Galindo), Steptext (Bach- Forsythe) y Pas de Deux Aus Holberg Zezten (Grieg-Cranko). Después llegaron otros estrenos con piezas vanguardistas, como Volaverunt (Flappi-Galindo) o Die taussem grüsse, una coreografía de Uwe Scholtz, sin olvidar las adaptaciones de los grandes ballets románticos, como Coppelia, La Peri o Cenicienta. A pesar del esfuerzo de los bailarines y del director artístico, el Ballet de Zaragoza estuvo siempre rodeado de polémica, tanto es así que en ocasiones se temió por su desaparición, con un presupuesto que a duras penas llegaba para pagar la nómina de los bailarines y que impedía que se acometieran grandes producciones. La escasa presencia de la compañía en los grandes teatros nacionales e internacionales cuestionaba su rentabilidad. La situación de incertidumbre se acentuó con la retirada de la subvención del Gobierno aragonés 50 millones anuales en 1995 y con las negociaciones, en diciembre de ese mismo año, para contratar como director a Fernando Bajones en sustitución de Mauro Galindo. Las conversaciones con la estrella internacional no prosperaron y el Ballet de Zaragoza se mantuvo en su tónica mientras los responsables municipales estudiaban la redefinición de la compañía mediante un consorcio o una fundación que se abriese a nuevos socios financiadores. En mayo se estrenó un nuevo programa en el que se recuperaba la escuela bolera, la gran aportación de España a la danza internacional en el siglo XVIII; y en diciembre se cesó a Mauro Galindo. En marzo de 1997, pasa a dirigir la compañía, que cuenta con 23 bailarines, Arantxa Argüelles, tras ser elegida para el cargo mediante concurso. Con ella se pretendía iniciar una nueva etapa, en la que el nombre de la internacional bailarina abriera las puertas de los teatros a una compañía que necesitaba cambiar.

En octubre de 1997, el ballet vuelve a los escenarios con un nuevo programa, en el que se combinan piezas clásicas (Paquita) con otras contemporáneas: Jardí Tancat (con coreografía de Nacho Duato y música de María del Mar Bonet) y Who Cares?, de George Balanchine. Tras sus actuaciones en Madrid y Costa Rica, en junio de 1998, regresan al Teatro Principal con un repertorio que recupera Jardí Tancat e incorpora tres nuevas obras: Tchaikovsky pas de deux y Allegro brillante (ambas con coreografía de Balanchine) y un extracto del ballet Napoli de Boumonville, que incluye la «tarantella» final. En noviembre de ese mismo año, triunfan en la Habana en la celebración del 50.º aniversario del Ballet Nacional de Cuba. En diciembre presentan en Zaragoza su primer clásico completo Giselle; con un decorado y un vestuario diseñados por Roger Salas, en los que se invirtieron 35 millones de pesetas. En esta ocasión, se contó con la actuación estelar de Pablo Saboya, primer bailarín de la Ópera de Niza.

Todo esto ocurría en medio de tremendas polémicas sobre el presente y el futuro del ballet, que se producían tanto en el seno del Patronato de Artes Escénicas, como entre los propios integrantes del ballet. La situación de inestabilidad de la compañía llevó a Arancha Argüelles a presentar la dimisión en enero de 1999. Le sucede en el cargo Patsy Kuppe-Matt, quien apuesta por crear un repertorio propio, con variedad de estilos y formatos, desechando los montajes clásicos por su elevado coste y porque el número de bailarines de la compañía resultaba insuficiente (en ese momento contaban con 22, de los cuales sólo 5 tenían contrato fijo). La reunión del Patronato Municipal, celebrada en febrero, pone de relieve, una vez más, las discrepancias entre el gobierno municipal (que garantiza la estabilidad del ballet únicamente hasta las elecciones de junio) y la oposición, que apuesta por la continuidad de la compañía.

Tras las elecciones, el grupo municipal socialista solicitó el estudio de un plan de viabilidad; mientras, se baraja la posibilidad de crear una Fundación en la que, junto al Ayuntamiento, participen el Gobierno de Aragón y las Diputaciones Provinciales, además de las entidades bancarias y Cajas de Ahorro de la Comunidad.

 

Imágenes de la voz

BALLET DE ZARAGOZA...BALLET DE ZARAGOZA

Categorías relacionadas

Categorías y Subcategorías a las que pertenece la voz:

 

© DiCom Medios SL. C/ Hernán Cortés 37, 50005 Zaragoza
Inscrita en el Registro Mercantil de Zaragoza, en inscripción 1ª, Tomo 2563,
Seccion 8, Hoja Z-27296, Folio 130. CIF: B-50849983

Información Legal

NTT