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Academias literarias (s. XVI y XVII)

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 09/06/2010

En la acepción renacentista, academia es la asociación de hombres de letras formada para su cultivo y progreso. Tienen origen en Italia y empiezan a fundarse en España a mediados del siglo XVI y principios del XVII. Es costumbre vincular a ella poetas de prestigio, así como la utilización de sobrenombres por parte de los académicos. El propósito, según nos cuenta Lupercio Leonardo de Argensola Buscar voz... en el discurso a una academia de Zaragoza que se supone la de los Anhelantes, «es hacer una confección de diversas profesiones, no ruda, no indigesta, como la que dice Ovidio, sino odorífera cual los médicos suelen aconsejar que se use en tiempo de peste. Peste es la ignorancia y la ociosidad... En estas justas y conversaciones todos somos maestros y discípulos, todos mandamos y todos obedecemos, comunicando las profesiones diversas y tomando cada uno lo que ha menester para la suya».

En Aragón, la atmósfera que haría posible el triunfo de las academias estaba preparado por la actividad literaria de la corte de Alfonso V Buscar voz..., las iniciativas de colegios y universidades de Huesca y Zaragoza. En su desarrollo es fundamental que los nobles aragoneses abrieran sus puertas a escritores y poetas. Así el de Esquilache, el conde de Lemos, el conde de Aranda Buscar voz... o Vicencio Juan de Lastanosa Buscar voz..., que continuó siendo el árbitro de la cultura aragonesa aun después de la muerte de Andrés de Uztarroz. No menos importante en el desarrollo cultural del período fue la gran actividad editorial paralela a los hechos que comentamos.

Entre las academias literarias de Aragón destaca la de los Anhelantes, que se supone existía a finales del siglo XVI; sobresalen en ella Uztarroz Buscar voz... (sabemos que pertenecía en 1628 y que era su presidente en 1634 con el seudónimo de «El Solitario»), Martín Peyrón, Tomás Andrés Cebrián, Jerónimo de Urrea, Liñán de Riaza, Juan Sala, Martín de Bolea y Castro, Díez de Aux y Miguel de Moncayo, entre otros, aunque, según Ricardo del Arco, le dieron fama Uztarroz, Argensola y el conde de Guimerá.

A finales del siglo XVI se funda la primera Academia de Huesca, que debió ser breve, y de la que informa Uztarroz en su Aganipe. Pertenecieron a ella Bartolomé de Castro, J. M. de Luna, Francisco de Urríes, Juan de Garay Buscar voz..., Justo de Torres, Martín Sevil, Orencio de Castro y Ana Vicencia de Mendoza, entre otros.

Mucho más famosa fue la Academia Pítima contra la Ociosidad, fundada el 9 de junio de 1608 en Zaragoza por las condesas de Heril y Guimerá. El nombre alude al medicamento que combate la melancolía y fue pensada contra la ociosidad. En las reuniones se aceptaban composiciones en verso o prosa y en latín, castellano y catalán. El conde Guimerá la reunía en su casa de Fréscano Buscar voz.... Los estatutos que la rigieron se encuentran en el manuscrito 9396 de la Biblioteca Nacional de Madrid: por ellos sabemos que se dieron varios certámenes y celebraron sucesivamente la beatificación de fray Luis Beltrán, Santa Inés y San Francisco. Discutieron a Virgilio y Alciato, sobre disciplina y jurisprudencia, la anatomía del hombre, y se recitaron, a lo largo de sus tres meses de vida, versos de todas clases.

A ésta de Zaragoza, y cronológicamente, le sigue la segunda Academia de Huesca, la más importante, y cuyas actas cubren el espacio que media entre el 14 de agosto de 1610 y el 8 de mayo de 1612. Amparada por Juan Agustín de Lastanosa y fundada por caballeros y estudiantes aficionados a las letras, fue su primer secretario D. Justo de Torres y sus socios más importantes Jerónimo de Heredia, Lorenzo Momphaón, Jaime Ram, Martín y Juan de Luna, Jorge Salinas y Martín de Burgueda. Aunque en 1612 se pierden las noticias, no cabe duda que la tradición se continuó en la casa de Vicencio Juan de Lastanosa.

La Academia del conde de Lemos debió existir entre 1631 y 1652 y la conocemos por las Rimas de Juan de Moncayo Buscar voz... que nombra como concurrentes al conde de Andrade, duque de Híjar, Díez y Foncalda, Francisco de la Torre y Sevil y Silvestre Cabrera. Las academias del marqués de Ossera, del conde de Aranda, del de Andrade, menos importantes, se celebraron en este período de tiempo. La última que conocemos es la del Príncipe de Esquilache, que se formó en Zaragoza entre 1660 y 1670, según informa la Lyra poética de Vicente Sánchez.

• Bibliog.:
José Sánchez: Academias literarias del siglo de Oro español; Madrid, ed. Gredos, 1961.

 

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