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Asociacionismo

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 12/02/2010

La asociación, frente a la comunidad, revela el paso de una sociedad cerrada, localista y tradicional, a otra abierta desarrollada y progresiva. Supone un elevado grado de madurez social, por su contextura organizada, su reflexividad estatutaria y su alteridad constitutiva. Es lugar común afirmar que el individualismo aragonés ha actuado pertinazmente en contra de la estructuración comunitaria y mancomunitaria de la vieja sociedad rural. No puede decirse lo mismo del reciente proceso asociativo, de una gran pujanza en toda la región, aunque con unos rasgos y peculiaridades que es preciso definir en orden a evaluar su verdadero sentido.

Años sesenta y setenta: El asociacionismo está en estrecha vinculación con el proceso de industrialización y urbanización que el espacio aragonés ha protagonizado durante la «desarrollista» década del sesenta, cristalizando, durante la siguiente, en una auténtica floración de asociaciones de todo tipo. Es verdad que la contención político-asociativa de los años finales del franquismo Buscar voz... y los preludios efervescentes del cambio pudieron propiciar el nacimiento de muchas asociaciones e incluso politizar, subterránea y supletoriamente, otras ya existentes. Ello en nada disminuye su peso real y la importancia conformadora que han ejercido en la sociedad aragonesa.

Algunas de ellas marcan la continuidad con el pasado asociativo aragonés. Son, en primer lugar, los casinos y casas regionales, de clara vinculación al medio urbano o a las comarcas más pobladas (la ciudad y la provincia de Zaragoza totalizan el 60% de las existentes en la región). Único lugar civil de encuentro e intercambio en la sociedad de la posguerra, su anquilosamiento estructural y de objetivos, junto con su falta de definición asociativa, volvieron prácticamente nula su incidencia, propiciando el constante proceso de regresión que padecen.

Los colegios y asociaciones profesionales son otras de las instituciones más antiguas y de mayor relevancia social. Según datos tomados de Recursos Sociales de Aragón, agrupan a más de 15.000 miembros, en 90 colegios y asociaciones. Aunque masivamente concentrados en el medio urbano, durante toda la década del setenta supieron paliar el escollo del letargo administrativo y ganar conciencia social por su activa vinculación a los problemas regionales.

El cooperativismo aragonés, según la anterior fuente citada, está integrado por 462 asociaciones que agrupan a 122.424 socios. Son las cooperativas agrícolas las más importantes desde el punto de vista numérico, lo que demuestra el interés asociativo del medio rural aragonés. Sin embargo, muchas de estas cooperativas llevan una vida lánguida y su número decrece lentamente. Dos provincias aragonesas, por otra parte, Huesca y Teruel, ocupan los últimos puestos de la tabla provincial del cooperativismo nacional.

Las asociaciones deportivas, única forma existente de asociacionismo de masas, constituyen un cauce elemental de identificación con la localidad, de consumo de tiempo libre y, en menor escala, de práctica deportiva personal. Los aspectos asociativos son, pese a ello, secundarios y análogos. El 39% de estas asociaciones están ubicadas en Zaragoza ciudad.

Frente al cuádruple grupo descrito, de marcada raigambre aunque de desigual significación, ha venido perfilándose a lo largo de la década del setenta otro grupo más joven y dinámico de asociaciones: las asociaciones vinculadas al medio educativo (asociaciones de Antiguos Alumnos y de Padres de Alumnos) son 235 en todo Aragón. Dejando a un lado las de alumnos, que operan en un plano más bien sentimental y emotivo, las de padres han cobrado un gran auge merced al apoyo que les presta la Ley General de Educación. De hecho, según un estudio del I.C.E. de la Universidad de Zaragoza (1975), en el distrito universitario de Zaragoza el 86 % de estas asociaciones son posteriores a 1970, fecha de la mencionada ley. Se observa que prosperan más en centros con alumnado de nivel socioeconómico medio-medio y medio-bajo y que están repartidas por igual entre la enseñanza oficial y la privada, si bien el protagonismo y la efectividad alcanzan cotas mayores en ésta que en aquélla.

El asociacionismo juvenil aragonés ha mostrado también un desarrollo extraordinario sobre todo en los años finales de la década de los 70. Junto a las peñas festivas, y muchas veces como evolución de éstas, han surgido asociaciones juveniles que poseen, además, una fuerte dimensión cultural y participatoria, reclamando un papel activo para los jóvenes en la conformación de la nueva sociedad aragonesa, tanto urbana como rural. En su haber hay que situar la única formulación quizás de un concepto de lo regional-aragonés que haya arraigado en los estratos populares con una mitología y un folclore alternativos a los de la tradicional imagen de lo aragonés. Aunque la primera eclosión parece haber decaído, esta autoformulación de lo regional sigue siendo válida, así como el espíritu que animó las semanas culturales y otras manifestaciones de estas asociaciones.

Las asociaciones de defensa de intereses, por último, se sitúan en relación con el creciente proceso de complicación del medio urbano. No es de extrañar que gran parte de ellas (cabezas de familia, vecinos, barrios) se propusieran como objetivo la mejora de la calidad de vida en este medio, mientras que otras canalizaron su acción hacia los intereses personales de todo tipo de marginación: subnormales, invidentes, viudas, tercera edad, etc. Aunque vinculadas casi exclusivamente a las capitales provinciales (Zaragoza ciudad totaliza el 70 % de las existentes en la región), su futuro está asegurado en una sociedad que toma conciencia eficazmente de sus múltiples problemas y limitaciones. Las asociaciones de defensa de intereses locales se sitúan, sin embargo, fuera del ámbito de la capital, y se revelan como el producto más genuino del moderno asociacionismo aragonés. Amigos del Serrablo, Deiba, Acuso, Amigos del Moncayo, Coacinca, etc., consideran el espacio local o comarcal como el marco de realización de una sustancial mejora en todos los órdenes —económico, cultural y social— para los intereses de la colectividad.

El somero recorrido del panorama asociativo aragonés que hemos efectuado es susceptible de una lectura evaluativa en cinco puntos:

1. La distribución del espacio regional, con el marcado desequilibrio existente entre el componente urbano y el rural, dificulta en grado sumo un proceso asociativo homogéneo en el plano regional, haciendo que perduren formas vinculadas a la contextura social comunitaria, típica de las sociedades preindustriales. Ahí radica una de las causas de la situación crítica en que se debate el cooperativismo aragonés, y de la débil consistencia asociativa del espacio rural en general.

2. Desde un punto de vista más interno, el asociacionismo aragonés acusa una fuerte dispersión de objetivos y una notable precariedad en recursos humanos, económicos y programatorios. Apenas existe alguna asociación que rebase el marco local o provincial. La dificultad de federación con grupos similares de la provincia o de la región es también enorme.

3. Más importante es todavía la imagen que de la sociedad aragonesa en su conjunto arroja el mapa del asociacionismo regional. Este cuadro ofrece la imagen de un Aragón escasamente vertebrado, poco formulativo (en cuanto colectividad) de sus aspiraciones, intereses y pretensiones. Una sociedad que despierta de un largo letargo y empieza a balbucear su propia imagen colectiva.

4. En su formulación más tardía, el asociacionismo aragonés descubre un desafortunado protagonismo de suplencia. Las asociaciones juveniles, las profesionales y las de defensa de intereses se han venido sucediendo en el primer plano de la actualidad, muchas veces, no en virtud de sus propuestas específicas sino como canalización de un juego político reprimido. La normalización política trajo de hecho un descenso en la beligerancia de algunas de estas asociaciones e incluso propició un trasvase de sus componentes hacia otras formas asociativas políticas o sindicales.

5. El asociacionismo aragonés, por último, ha sido incapaz de formular una imagen coherente de Aragón en cuanto realidad regional. A diferencia de otras regiones vecinas, no existe ninguna asociación abiertamente regionalista. Lo aragonés existe, es verdad, como una connotación muy intensa en la proposición de los objetivos más variados. Pero muy pocas veces aparece Aragón como objetivo específico, autónomo y explícito. Ello incidirá sin ninguna duda en la conformación regional aragonesa, tarea por realizar a lo largo de la década del ochenta.

Años ochenta y noventa: En los últimos años, el asociacionismo aragonés ha experimentado un importante crecimiento, tanto en el número de asociaciones existentes como en su presencia en la sociedad, como reflejan los datos del registro de asociaciones de Zaragoza, que en 1995 contaba con más de 1.000 grupos inscritos. Sin embargo, no hay que olvidar que la importancia de estos colectivos no estriba en la cantidad, sino en la relación y el compromiso que los individuos tienen con ellos. Sí es cierto que los adultos y los jóvenes han encontrado en el asociacionismo, la forma de implicarse y de actuar en la sociedad.

Dos de los aspectos que han cambiado en los últimos años son, por un lado, la importancia que tiene para el joven la práctica asociativa en su configuración de perfil de adulto, y por otro, que si antes eran los adultos los que promovían el nacimiento de las asociaciones y luego los jóvenes entraban a formar parte de ellas, hoy muchos de los colectivos han nacido por la iniciativa de jóvenes entre 14 y 30 años, lo que se ha llamado el asociacionismo juvenil.

Legislación. En España, y por lo tanto también en Aragón, las asociaciones están reguladas por la ley 191/64 de 24 de diciembre, las juveniles por el Real Decreto 397/88 de 22 de abril y las de alumnos, por el M.E.C., a través del Real Decreto 1532/86 de 11 de julio.

El artículo 22 de la Constitución reconoce la libertad de asociación, salvo que los fines estipulados sean delito, que sean disueltas por resolución judicial o que se trate de asociaciones secretas o de carácter paramilitar. Además, para que una asociación sea considerada legal, debe estar inscrita en el registro de asociaciones, en este caso de Aragón.

Aragón dispone del Registro de Asociaciones de la Comunidad Autónoma, creado por el Decreto 13/1995 de 7 de febrero y otro que afecta a las asociaciones deportivas, creado por el Decreto 102/1993 de 7 de septiembre. Ambos registros son públicos y tienen el único objetivo de promocionar y dar difusión a las asociaciones que operan en la Comunidad Autónoma.

Realidad asociativa. Las asociaciones aragonesas se caracterizan por tres aspectos: l) por la actividad que realizan; 2) por sus objetivos; y 3) por su orientación. Según estas características, se pueden encontrar las siguentes clases de asociaciones: cívicas, solidarias, educativas, culturales, recreativas, deportivas, religiosas, excursionistas, pacifistas, de defensa de los derechos humanos, defensa de la naturaleza, estudiantiles, feministas, partidos políticos y sindicatos.

En los últimos años, las asociaciones vecinales han cobrado especial importancia debido a que cada vez existe mayor vinculación por el entorno cercano en el que se habita y mayor preocupación por los problemas más cercanos. Muchas de estas asociaciones se unen para formar Federaciones, con el propósito de hacer fuerza ante las deficiencias que encuentran los vecinos en los diferentes barrios. En Aragón, existen más de 100 asociaciones de vecinos, de las cuales, aproximadamente, el 70 % se concentra en Zaragoza.

También se han incrementado notoriamente las personas que se asocian entorno a una enfermedad, siendo el socio, bien el propio enfermo, bien los familiares: disminuidos físicos, esclerosis múltiple, enfermedades mentales, alzheimer, donantes de órganos, etc.

Las asociaciones de padres de alumnos y las deportivas están presentes en casi todos los colegios e institutos de Aragón.

Un epígrafe aparte merecen las asociaciones solidarias, que en los últimos años han sido las que mayor presencia han tenido en la sociedad, siendo una respuesta dada tanto por jóvenes como por adultos ante las desigualdades entre diferentes partes del mundo, así como por las diferencias sociales. Estas asociaciones promueven la solidaridad y la necesidad de una sociedad más justa, humana y fraterna.

El aumento del número de asociaciones solidarias puede deberse a los siguientes aspectos: más tiempo libre, crisis del estado de bienestar; crisis de valores; desencanto hacia los partidos políticos; confianza en las asociaciones no lucrativas. A estos factores hay que añadir hechos como la tragedia de Ruanda, en 1994, la primera vez que se mostró a través de los medios de comunicación, y el movimiento surgido desde la reivindicación de la plataforma del 0,7% que se dio a conocer por una acampada en la mayoría de las provincias españolas.

Asociaciones destacadas. Ligallo de fablans de l´Aragonés, una asociación que trabaja por la normalización social de la lengua aragonesa, así como por difundir y cultivar la cultura, especialmente en aragonés. Asociación Naturalista de Aragón (Ansar), una asociación dedicada al estudio de la naturaleza, la educación y difusión del medio natural aragonés, así como a la defensa de los lugares de interés natural y de su fauna. Acción Solidaria Aragonesa (Asa), cuyos propósitos son conseguir una sociedad más justa y solidaria. SOS Racismo, que pretende acabar con los atentados racistas y xenófobos. Federación de Asociaciones de Padres de Alumnos de Aragón (Fapar), que reivindica la necesidad de que todo aragonés disponga de un centro de estudios cercano y de calidad. Federación de Asociaciones de Minusválidos Físicos (Fami), que incluye a 20 asociaciones que trabajan por la integración de personas con discapacidades. La Asociación de Promoción gitana, que trabaja por elevar la calidad de vida e integrar en la sociedad a este colectivo. Federación de Asociaciones de Barrios de Zaragoza (Fabz). O.N.C.E., que trabaja por la integración del ciego en la vida habitual y en el mundo laboral. También hay asociaciones que nacen como respuesta a un problema internacional, como la Plataforma de Solidaridad con Chiapas, el M.P.D.L., Na Poti Miru (de ayuda a refugiados bosnios), o las formadas por profesionales: Médicos sin Fronteras, Bomberos sin Fronteras, Ingenieros sin Fronteras, Médicos del Mundo, Medicus Mundi, etc.

• Bibliog.: Orensanz, A. y Febas, J. L.: Recursos Sociales de Aragón; Zaragoza, Cáritas Aragón, 1977, 910 pp.

 

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