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Arquitectura

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 31/01/2011

La arquitectura aragonesa requiere un tratamiento muy diversificado, que se resume aquí brevemente, siguiendo la clasificación tradicional por períodos. Las características generales y el factor geográfico e histórico son comunes, naturalmente, a todo el arte Buscar voz... aragonés, en los diversos períodos artísticos (especialmente, románico, gótico Buscar voz..., mudéjar, renacimiento Buscar voz..., barroco Buscar voz..., modernismo Buscar voz... y racionalismo Buscar voz..., entre otros). Por otra parte, atendiendo a la función arquitectónica, sobre arquitectura religiosa tienen especial interés las catedrales Buscar voz..., las colegiatas, los claustros, las criptas, los monasterios Buscar voz...; mientras que algunos aspectos de la arquitectura civil se reflejan en casas consistoriales Buscar voz... y palacios Buscar voz.... Una cuidada atención debe dedicarse a la arquitectura militar: castillos, ciudadela Buscar voz... y murallas Buscar voz..., en particular. Lo mismo ocurre con la ingeniería Buscar voz..., que recoge lo referente a acueductos, puentes y obras ingenieriles en general. Algunos rasgos típicos de la arquitectura aragonesa en sus diversas manifestaciones tienen singular relevancia, como es el caso de aleros, cimborrios Buscar voz..., humilladeros Buscar voz..., techumbres Buscar voz..., torres-campanario, etc. Particular importancia reviste el tema de los monumentos desaparecidos Buscar voz..., por su cuantiosa nómina e interés artístico. La arquitectura popular Buscar voz... ha de recibir un tratamiento monográfico, de enorme interés, especialmente teniendo en cuenta la variedad regional. Tampoco debe olvidarse la consulta de las guías artísticas en los topónimos monumentales y las alusiones urbanísticas.

Arquitectura musulmana: A pesar de que son varios los monumentos desaparecidos Buscar voz..., todavía es de gran interés el arte musulmán conservado, tanto en arquitectura militar, como castillos Buscar voz... y murallas Buscar voz..., cuanto en arquitectura civil y religiosa. Algunas ciudades destacan por la importancia de los restos conservados; así Albarracín Buscar voz..., Calatayud Buscar voz..., Huesca Buscar voz..., y fundamentalmente Zaragoza Buscar voz..., esta última gracias al monumento más destacado del arte hispanomusulmán en época de taifas Buscar voz..., que es el palacio de La Aljafería Buscar voz.... Es en este palacio, el de mayor interés del arte musulmán de occidente en el siglo XI, donde la creación artística islámica en Aragón alcanza su mayor esplendor y originalidad, que se continuará en el norte de África con el arte almorávide Buscar voz...; a pesar de su enorme interés, no debe perderse de vista que La Aljafería está a medio camino entre monumento desaparecido y reconstituido, por los avatares de su historia.

Mención especial merece, aunque haya desaparecido, la mezquita Buscar voz... aljama o mezquita mayor de la ciudad de Zaragoza, conocida como la Mezquita Blanca, y que se encontraba en el actual solar que ocupa la catedral de San Salvador (La Seo Buscar voz...). Conocida es la costumbre en la época de la reconquista cristiana de dedicar la mezquita mayor de cada ciudad recuperada para catedral o iglesia principal. La Mezquita Blanca de Zaragoza era una de las dos más antiguas fundadas por el Islam en España, ya que su fundador fue Hanas al-Sanani Buscar voz..., fallecido en el año 718, correspondiendo por tanto al primer momento de la conquista musulmana Buscar voz.... Se amplió la mezquita en el año 856, en tiempos de Musa, de los Banu Qasi Buscar voz... de Tudela, tras una incursión realizada a Barcelona y con el quinto del botín obtenido en la toma del castillo de Tarraya. Más tarde, en tiempos de Mundir I Buscar voz..., de la dinastía Tuyibí Buscar voz..., entre 1018 y 1021-22, se realiza una segunda ampliación trasladando de lugar el mihrab del fundador Hanas. A esta última ampliación de Mundir I puede corresponder el capitel fragmentado y el trozo de fuste de columna, hallados por el arquitecto Ángel Peropadre Muniesa en las obras de consolidación y sustitución de pilares en La Seo. El capitel es del tipo de hojas lisas, que aparecen en la mezquita de Córdoba desde Abd al-Rahman III Buscar voz..., en la segunda mitad del siglo X, y, por hoy, el único resto seguro, por el emplazamiento de su hallazgo, de la famosa Mezquita Blanca.

De otros restos zaragozanos de época musulmana, una ventana de arcos gemelos de herradura en la casa Zaporta (destruida en 1904 para su venta) y un capitel de hojas lisas hallado en el templo del Pilar, ya dio noticia Gómez Moreno.

• Bibliog.:
Gómez Moreno, Manuel: El arte árabe español hasta los almohades. Arte mozárabe; en vol. III de Ars Hispaniae, Madrid, Plus-Ultra, 1951.
Viguera, María Jesús: Aragón musulmán; col. «Aragón», Zaragoza, Lib. General, 1981.

Arquitectura mozárabe: Junto a la parte mozárabe Buscar voz... del monasterio de San Juan de la Peña Buscar voz..., ya mencionada por Manuel Gómez Moreno, se planteó la adscripción al arte mozárabe Buscar voz... de las iglesias del valle del Gállego, también llamadas iglesias mozárabes del Serrablo Buscar voz....

Se trata de un grupo de iglesias en el Alto Aragón, encabezadas por San Pedro de Lárrede Buscar voz..., en la margen izquierda del río Gállego, que habían sido dadas a conocer científicamente en el año 1933 por Francisco Íñiguez Almech Buscar voz... y Rafael Sánchez Ventura Buscar voz..., y que aumentaron considerablemente su número.

Frente a la tesis mozarabista de Antonio Durán Gudiol Buscar voz..., pronto surgen historiadores que defienden el carácter de «primer arte románico» de estas iglesias, de fuerte personalidad dentro del protorrománico por sus elementos peculiares de tradición local, que en ocasiones se califican de «mozarabismos». Así se manifiestan René Crozet en 1969 y Fernando Galtier Martí en 1975, especialistas en arte románico Buscar voz... aragonés. Jacques Fontaine, en 1977, en su importante monografía sobre arte mozárabe, no toma claro partido en el caso del mozarabismo aragonés.

• Bibilog.:
Gómez-Moreno, Manuel: Iglesias mozárabes. Arte español de los siglos IX a XI; Madrid, Centro de Estudios Históricos, 1919 (reed. Granada, Patronato de la Alhambra, 1975).
Camón Aznar, José: «Arquitectura española del siglo X; mozárabe y de la repoblación»; en Actas XVI Congreso Internacional de Historia del Arte, pp. 106-123, y en Goya, 52, 1963, pp. 206-219.
Fontaine, Jacques: L´art préroman hispanique. L´art mozarabe; Zodiaque, La Nuit des Temps, 1977.
Yarza, Joaquín: Arte y arquitectura en España 500/1250; Madrid, Cátedra, 1979 (cap. 5. «El siglo X: mozárabes y repoblación»).
Íñiguez Almech, Francisco y Sánchez Ventura, Rafael: «Un grupo de iglesias del Alto Aragón»; Archivo Español de Arte y Arqueología, 1933, pp. 215-235.
Íñiguez Almech, Francisco: «Algunos problemas de las viejas iglesias españolas»; Congreso Internacional de Arte de la Alta Edad Media, 1953, C.S.I.C., Delegación de Roma, 1955.
Uranga Galdiano, J. E. e Íñiguez Almech, Francisco: Arte medieval navarro; t. I, Arte prerrománico, Pamplona, 1971.
Crozet, René: «Petites églises de la vallée du Gallego (Espagne)»; Cahiers de Civilisation Médiévale, Poitiers, juil.-sept., 1969, pp. 287-289.
Durán Gudiol, Antonio: Arte altoaragonés de los siglos X y XI; Sabiñánigo, Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja, 1973.
Galtier Martí, Fernando: «El problema mozárabe en las iglesias de los valles del Gállego (Bases para una discusión)»; I Congreso Internacional de Estudios Mozárabes, Toledo, 1975 (en Arte y Cultura Mozárabe; Toledo, 1979).

Arquitectura cisterciense: En la arquitectura cisterciense Buscar voz... no cabe buscar originalidad en estructura, planta o formas, que siguen fieles al modelo monástico benedictino, sino en el espíritu con que aquéllas son empleadas. Es una arquitectura utilitaria, en donde todo responde a un fin preciso, netamente definido por la Regla Buscar voz... —el recogimiento y la oración—, y la impresión de belleza que produce no es debida más que a la completa adscripción de la construcción a su fin, y a la perfección de su realización. La pobreza, la simplicidad y la desnudez ornamental que preconiza la orden quedan reflejadas en una construcción sobria, no exenta de grandeza, en la que se obtiene el mayor partido de los materiales utilizados, sobre todo de la piedra, trabajada magistralmente.

La gran época de las construcciones cistercienses corresponde a la segunda mitad del siglo XII y primera mitad del XIII, con evolución estructural desde unas formas todavía románicas —dentro de lo borgoñón—, a otras decididamente góticas. Se caracterizan por el empleo sistemático del arco apuntado y de la bóveda de ojiva, adelantándose, en ocasiones, a la arquitectura regional del momento y convirtiendo el monasterio en centro de influencia local.

Los edificios conventuales se levantan en lugares aislados, valles o bosques abundantes en agua, concediendo la máxima atención al sistema hidráulico. En su realización intervienen los propios monjes, ayudados por los conversos y servidores, bajo la dirección de un maestro de obra que pertenece a la orden. Las variedades de detalle que se encuentran en los edificios (que no modifican en nada las grandes líneas de la abadía), son debidas al empleo de colaboradores indígenas, necesarios para la pronta realización de las obras. El monasterio propiamente dicho está constituido por la iglesia y la serie de edificaciones situadas en torno al claustro Buscar voz....

La iglesia, de larga nave, generalmente flanqueada por colaterales y precedida, en ocasiones, de un pórtico, está cortada por un crucero desarrollado al que abren numerosas capillas, generalmente de planta cuadrada o rectangular, y una cabecera poco profunda, a menudo de testero recto. Así eran la antigua iglesia construida por San Bernardo en Clairvaux (1135-1145) y la de Fontenay, edificada bajo su influencia, que sirvieron de modelo a tantas (L´Escale-Dieu, Santas Creus, Rueda).

Pero a veces las necesidades de culto hacen prevalecer la cabecera con girola, y entonces se distinguen de las cluniacenses en que las capillas radiales van contiguas, sin perder nada del desarrollo absidial (Fitero, Poblet o Veruela Buscar voz...).

El templo está destinado exclusivamente al monasterio: su espacio interno se distribuye en dos partes, la zona próxima a la cabecera —reservada a los monjes— y la zona de los pies para los conversos. El número de puertas está reglamentado para mantener esta separación: tres al fondo del crucero —dos en un lado, para entrar en la sacristía y subir al dormitorio; la tercera, en el lado opuesto, desemboca en el cementerio—; otras dos en el lateral contra el que se apoya el claustro; una en el último tramo de acceso al claustro, para los monjes; otra en el primero, abierta al callejón que conduce a las dependencias de los conversos. En el oeste se abre la puerta principal, sencilla.

Nada de campanario, sólo una torrecilla de madera sobre el crucero para alojar las campanas cuyo sonido regula la vida de la comunidad. El claustro se encuentra habitualmente en el lado meridional de la iglesia. En su lado oriental se halla el armario o biblioteca para guardar los libros sagrados de lectura obligada para los monjes. Seguidamente viene la sala capitular, de construcción muy cuidada, por ser la dependencia claustral más importante. Después están el locutorio y la sala de monjes, primitivamente reservada a los novicios. Sobre este conjunto se sitúa el dormitorio, al que se accede directamente desde el claustro o desde la iglesia. En el lado sur, la dependencia principal es el refectorio, dispuesto de forma perpendicular al claustro, lo que permite que haya sitio para el calefactorio, que le precede, y para la cocina, que viene después. En el lado occidental se localizan la despensa y la puerta que comunica con el callejón de los conversos, que da paso a su vivienda.

En Aragón la temprana llegada de los cistercienses se vio favorecida por la ayuda que les prestaron las clases dirigentes, necesitadas de colonos en sus tierras. Los monasterios que pertenecen a la gran época de la arquitectura cisterciense son también aquellos que han llegado hasta hoy en mejor estado de conservación. Situados en la provincia de Zaragoza, aunque bastante alejados uno de otro, son, por orden cronológico de fundación, los de Veruela Buscar voz... (partido judicial de Tarazona), Rueda Buscar voz... (p.j. de Caspe), y Piedra Buscar voz... (p.j. de Ateca). Monasterio femenino afiliado a la orden bernarda, cuya comunidad todavía subsiste, es el de Casbas Buscar voz... (p.j. de Huesca), fundado por la condesa de Pallars en 1172. De otros centros monásticos cistercienses quedan escasos testimonios materiales, pero su sola existencia —abadía femenina de Cambrón Buscar voz... (p.j. de Ejea de los Caballeros), en ruinas por traslado de sus religiosas a Zaragoza en 1588, y de Trasobares Buscar voz... (p.j. de Borja), o la masculina de Santa Fe Buscar voz... de Huerva (p.j. de Zaragoza), de 1341, cuya iglesia, reconstruida en 1774, aún permanece en pie—, es prueba elocuente de la gran aceptación que tuvo la regla de San Bernardo en el reino de Aragón.

• Bibliog.:
Aubert, M. y Maillé, M. de: L´architecture cistercienne en France; II vols., París, 1957 (2.ª ed.).
Torralba Soriano, F.: Monasterios de Veruela, Rueda y Piedra; León, Everest, 1975.
Rondeau, P. N.: «Le monastère Cistercien»; Personne et communité dans la tradition Cistercienne, Laval, 1976, pp. 93-126.

Arquitectura románica: Fue la arquitectura lombarda, realizada por maestros procedentes de Lombardía y de la región del lago de Como, la primera manifestación monumental del románico Buscar voz... en Aragón y, concretamente, en el antiguo condado de Ribagorza Buscar voz... que contaba todavía a comienzos del siglo XI con sólidas estructuras religiosas y políticas y donde, según los testimonios documentales, se habían instalado algunas colonias de gentes de procedencia lombarda. Durante el primer tercio del siglo XI se empezaron a construir edificios tan importantes como la iglesia, de planta basilical de tres naves, del monasterio de Obarra Buscar voz..., que reúne todas las características del más puro repertorio lombardo. Un poco más al noroeste, en Urmella Buscar voz..., se comenzaba por los mismos años la iglesia del monasterio de Santos Justo y Pastor, cuyo plan de tres naves quedaría sin concluir y sería muy reformado. También por maestros lombardos se iniciaba la construcción de los tres ábsides de la catedral de Roda Buscar voz... de Isábena. Más completa ha llegado hasta nuestros días la pequeña iglesia de San Caprasio en Santa Cruz de la Serós Buscar voz.... Es la más occidental de las iglesias lombardas en Aragón. Una reciente y adecuada restauración le ha devuelto su imagen original de iglesia de una sola nave de dos tramos cubiertos con bóveda de arista, presbiterio y ábside, que exteriormente presentan una completa articulación de los muros mediante lesenas y arquillos que suavizan la rudeza del sillarejo. En el siglo XII se construyó sobre el presbiterio una pequeña torre-campanario. Otras obras en las que intervinieron maestros lombardos fueron las torres de los castillos de Loarre Buscar voz... y de Abizanda Buscar voz..., en las que aparecen entre otros elementos las ventanas geminadas, y la de Fantoba Buscar voz.... En esta última torre, de planta circular, cubrieron uno de los pisos con una espectacular bóveda de arista.

Frente a esta primitiva arquitectura románica, a partir de la década de 1070, Jaca Buscar voz... se va a convertir en el centro de un arte románico diferente y mucho más completo. Su catedral, dedicada a San Pedro, es una obra sin parangón y a la vez ejemplo para otros monumentos, tanto en territorio aragonés como en otros lugares del Camino de Santiago Buscar voz....

A pesar de las reformas llevadas a cabo, la catedral de Jaca ha conservado su planta original de tres naves, crucero alineado, cabecera de tres ábsides y un amplio pórtico de dos tramos a los pies de la nave central, más un claustro, también muy reformado, adosado a su costado septentrional. Aparte de la abundante y excelente decoración escultórica, destaca en la obra de la catedral jaquesa el sentido de la armonía en la división del espacio interior, mediante la alternancia de pilares cilíndricos y cruciformes compuestos que acentúan y diferencian el ritmo de los tramos de las naves laterales y de la central. Éstas se debieron de cubrir con techumbre de madera, al menos la central, mientras que en el crucero se alzó una cúpula sobre trompas reforzada por cuatro nervios de medio punto que se cruzan en el centro, y los brazos del crucero se abovedaron con medios cañones, sistema que también se siguió en los dos tramos del pórtico. Estos procedimientos constructivos y el mismo sentido de las proporciones de la catedral de Jaca permiten relacionarla con modelos italianos o, tal vez, con la propia arquitectura normanda de la década de 1060. Pero las cuestiones cronológicas y estilísticas permanecen todavía en pie mientras no se someta el monumento a un concienzudo estudio arqueológico.

El plan jaqués se aplicó en parte en la iglesia ribagorzana del monasterio de Alaón Buscar voz..., cuya cripta era consagrada en 1123, y a su vez la iglesia alaonesa serviría de modelo para la del lugar cercano de Luzás Buscar voz.... Al otro lado de los Pirineos, en el Béarn, el influjo de la catedral de Jaca se plasmaba en la iglesia de Santa Cruz de Olorón, también de tres naves y cúpula con nervios dispuestos al modo musulmán sobre el crucero. En versiones más simplificadas, el arte jaqués dejaba su huella en iglesias como la de Bagüés Buscar voz..., de una nave cubierta con madera, en la remodelación escultórica de la de Iguácel Buscar voz..., fechada en 1072, en la de San Adrián de Sasave Buscar voz... y en la nueva iglesia alta del monasterio de San Juan de la Peña Buscar voz..., consagrada en 1094. Más al sur, el influjo jaqués alcanzaba también a la nueva iglesia del castillo de Loarre, dedicada también a San Pedro, donde hacia mediados de 1070 Sancho Ramírez Buscar voz... había fundado una comunidad de canónigos regulares. Se trata de una obra de gran envergadura, de nave única, pero de espacio centralizado por una esbelta cúpula, construida como casi todos los edificios jaqueses con aparejo muy bien trabajado.

La articulación plástica que presentan la mayoría de los ábsides de estas iglesias mediante un zócalo de arcos sobre columnitas que vuelven a enmarcar el piso de ventanas por el interior, y mediante impostas con el conocido motivo del ajedrezado y columnas por el exterior, es uno de los elementos más identificadores del modo jaqués y que mayor difusión alcanzará, junto con otros motivos escultóricos, en bastantes iglesias del Prepirineo aragonés.

En la zona central de Sobrarbe Buscar voz..., al sur de Aínsa Buscar voz... y en torno al eje de comunicaciones del río Cinca Buscar voz..., se encuentran los monumentos más destacados de su arquitectura románica, tanto militar, con ejemplos como los castillos y atalayas de Samitier Buscar voz..., Escanilla Buscar voz... y Abizanda, por la margen derecha, o Muro de Roda Buscar voz..., Troncedo Buscar voz... y Pano Buscar voz..., por la izquierda, como religiosa, con iglesias edificadas, probablemente hacia 1040-1050, al amparo o formando parte de algunas de las fortificaciones anteriores. De ellas cabe mencionar las iglesias de San Martín de Buil Buscar voz..., de Santos Emeterio y Celedonio en Samitier y de San Juan Bautista de Pano. Son edificios de tres naves, abovedadas con medios cañones sobre arcos de medio punto que apean en pilares cruciformes. Mientras que la iglesia del presunto monasterio de Pano Buscar voz... responde estilísticamente a una interpretación muy ruda del estilo lombardo, en la de San Martín de Buil, en período de restauración, el lombardismo es más difuso. Presenta a los pies de la nave central una versión atrofiada de una torre-pórtico-tribuna y una cabecera añadida posteriormente —en las décadas finales del siglo XI— que derivaría en parte de los sistemas decorativos de las iglesias del Gállego Buscar voz.... La iglesia de Samitier, totalmente desornamentada, es un perfecto ejemplo de adaptación para la función defensiva.

En la margen izquierda del río Gállego, entre Biescas Buscar voz... y la confluencia del Guarga Buscar voz... y hacia las tierras interiores del Serrablo Buscar voz..., se produjo en el último cuarto del siglo XI una floración de iglesias que responden estilísticamente a un peculiar y común modo de interpretar los elementos ornamentales aplicados a una arquitectura románica, tal como queda ejemplificado, entre otras, en las iglesias de Lárrede Buscar voz..., San Juan de Busa, Susín Buscar voz..., Otal Buscar voz..., etc.

A lo largo del siglo XII la arquitectura románica experimentará en Aragón una difusión extraordinaria, bien en versiones modestas en los valles pirenaicos o en concepciones más ambiciosas en la nueva tierra conquistada.

En el primer caso, los sistemas decorativos lombardos del siglo anterior, a base de arquillos, lesenas y dientes de sierra, serán la fórmula artística más divulgada, aplicada a iglesias en su mayoría pequeñas, en las que se empleará como sistema inveterado la bóveda de medio cañón. Los ejemplos son cuantiosos, pero seleccionando los más afines, habría que señalar el grupo de iglesias del valle de Benasque Buscar voz..., como San Aventín de Sahún Buscar voz..., Nuestra Señora de Gracia de El Run Buscar voz..., las de Santa María y San Pedro de Villanova Buscar voz..., de Eresué Buscar voz..., o las del valle del antiguo Barrabés, como Turbiné, Villarcié y Ardanué Buscar voz.... Otras iglesias lombardizantes, pero de sistemas constructivos más evolucionados y mejor aparejo, son la actual ermita de San Román de Castro Buscar voz..., la parroquial de Pilzán Buscar voz..., ambas en tierras de Ribagorza, o la de Barós Buscar voz... en el campo de Jaca, a las que se podrían sumar otros muchos ejemplos si nos fijásemos exclusivamente en los elementos ornamentales.

En la tierra conquistada la arquitectura románica del siglo XII, que se prolongará en el siguiente, presenta características muy definidas que permiten sistematizarla en diferentes zonas; por ejemplo, la comarca de las Cinco Villas Buscar voz..., cuyo arte románico fue estudiado por Francisco Abbad Buscar voz..., Huesca Buscar voz... con el Somontano Buscar voz... y la tierra baja oscense y las iglesias al sur del Ebro Buscar voz....

En la comarca que se extiende desde Sos Buscar voz... hasta Murillo de Gállego Buscar voz... son numerosas las iglesias que se edificaron en villas o lugares favorecidos por diferentes fueros, privilegios y exenciones para su repoblamiento tras la conquista de Ejea de los Caballeros Buscar voz... entre 1105 y 1110.

La iglesia que ilustra en buena parte la evolución de la arquitectura románica en las Cinco Villas es la de San Esteban de Sos, de dilatada cronología que debe arrancar de finales del siglo XI. Consta de una cripta de tres ábsides y otras tantas naves de dos tramos, más un paso público elevado abovedado con acceso a la cripta Buscar voz.... Sobre estas infraestructuras va montada la iglesia de tres ábsides, crucero y naves de tres tramos. En los ábsides aparece por el interior la articulación a base de arcos ciegos sobre columnitas enmarcando las ventanas, como va a ser frecuente en las iglesias de mayor prestancia de esta zona. Los sistemas de las cubiertas de las naves, con nervios, y cañón apuntado en los brazos del crucero, serán también muy usuales en las construcciones de la segunda mitad avanzada del siglo en esta misma zona.

Uncastillo Buscar voz... conserva todavía la organización urbana medieval en parroquias con sus correspondientes iglesias. Santa María la Mayor, San Martín y San Miguel, y al otro lado del río Cadenas, las de San Juan, San Lorenzo y San Felices. Todas estas iglesias románicas se debieron construir a lo largo de la segunda mitad del siglo XII siguiendo un mismo patrón de nave única, con predominio de la bóveda de cañón apuntado sobre fajones doblados que apean en medias columnas o en pilastras, ábsides muy articulados por arcos ciegos al interior y multiplicación de columnitas al exterior, y empleo de contrafuertes en los muros laterales de la nave, que junto con la abundante y rica escultura de las portadas, capiteles y canecillos hacen de algunas de estas iglesias, como la de Santa María, verdaderos soportes de programas iconográficos.

La parroquial de San Salvador en Luesia Buscar voz... era de tres naves, suprimidas en el siglo XVI, con una cripta bajo el ábside central y meridional, desescombrada y restaurada en estos últimos años. En Luna Buscar voz..., de las dos iglesias, de Santiago y de San Gil, es esta última la más evolucionada. Su espacio interior, amplio y diáfano, está modelado plásticamente mediante arquerías ciegas, muy molduradas, que recorren por el interior el ábside y parte de los muros y mediante columnitas que recogen los nervios de la bóveda del ábside. Un sistema similar ofrece la cabecera de la inacabada iglesia de El Bayo Buscar voz.... Las dos iglesias de Ejea, de Santa María y de San Salvador, consagrada ésta en 1174, representarían el final de la evolución de la arquitectura románica, por su postizo aspecto militar y por la forma poligonal de sus ábsides.

Son numerosas las iglesias románicas en otros lugares de las Cinco Villas que recogen en versiones más sencillas algunas de las características de esta arquitectura, como en San Nicolás de El Frago Buscar voz..., Puylampa, Lacasta, Biota Buscar voz... o Asín Buscar voz....

Más hacia el oriente, junto al Gállego, las iglesias de Murillo Buscar voz... y la de Santiago de Agüero Buscar voz... responden al tipo de planta de tres naves, con una gran cripta bajo la cabecera de la primera. Pero en ambas fueron comenzados los ábsides de forma románica y concluida la de Murillo tardíamente, e interrumpida la de Agüero. Ésta es de una gran monumentalidad y riqueza plástica por el tratamiento muy moldurado de sus paramentos exteriores e interiores. Podría tratarse de una obra de los primeros años del siglo XIII.

En Huesca Buscar voz... se construyó en la primera mitad del siglo XII la iglesia de San Pedro el Viejo, de tres naves y un claustro adosado al costado meridional, constituyendo uno de los conjuntos románicos mejor conservados de Aragón.

A lo largo de la segunda mitad de ese siglo y en las tierras llanas y del Prepirineo oscense se remodelarán iglesias anteriores, inacabadas o en estado de ruina, y se emprenderán otras que destacan por lo pretencioso de sus planes, algunos también inacabados, y por el buen trabajo de la piedra de cantería.

A remodelaciones de esa época obedecerían también, en los valles más septentrionales, la iglesia del antiguo monasterio de San Pedro de Siresa Buscar voz... y la cabecera y torre de la de Santa Cruz de la Serós Buscar voz.... Ambas de planta de cruz latina, con un tratamiento arquitectónico de los brazos del crucero muy similar y probable uso funerario de esos espacios que forman una especie de capillas.

El plan de iglesia de tres naves quedó inacabado en algunos monumentos como en el mencionado de la iglesia de Santiago de Agüero o en la de Santa María la Blanca de Berbegal Buscar voz..., o se terminó con soluciones de transición al gótico como en las iglesias de Santa María del Romeral en Monzón Buscar voz... o en la de Tamarite de Litera Buscar voz....

El tipo de iglesia más frecuente será el de nave única con cabecera semicircular, a veces trebolada, aunque los ejemplos de este tipo de iglesias sean escasos, como en la semiarruinada de Monflorite Buscar voz... o en la de Majones Buscar voz... que tiende más bien a formar un crucero bajo. Este sistema de crucero aparece desarrollado bien a modo de capillas bastante amplias, como en la iglesia de Santa María de Chalamera Buscar voz... que además presenta resaltado el tramo central del crucero con una cúpula sobre trompas, o con soluciones más sencillas, en iglesias de buena fábrica como en Santa Eulalia de Betesa Buscar voz..., en la de Grustán Buscar voz..., Capella Buscar voz... y en la parroquial de Montañana Buscar voz..., todas estas en tierras ribagorzanas y datables a finales del siglo XII o comienzos del siguiente. En Zaragoza, los restos más importantes conservados de sus iglesias románicas son fundamentalmente escultóricos, como los dos crismones Buscar voz... empotrados en las fachadas del templo del Pilar Buscar voz... y en la iglesia de Santa Cruz y, sobre todo, la parte de la primitiva cabecera de La Seo Buscar voz..., de la que es visible al exterior la parte baja correspondiente al ábside del evangelio.

Su mayor interés se centra igualmente en la decoración escultórica conservada por el interior del mismo. El primitivo templo románico de La Seo zaragozana fue consagrado en el año 1189.

Más al sur, Daroca Buscar voz... es otra de las ciudades, junto con Uncastillo, que mejor conserva su organización urbana medieval en parroquias, de cuyas iglesias se conservan, más o menos transformadas, la colegiata de Santa María —la más antigua y alterada en su planta primitiva de tres naves—, la de San Miguel, la de San Juan de la Cuesta y la de Santo Domingo. Todas ellas debieron de construirse a lo largo de la segunda mitad del siglo XII e incluso en las primeras décadas del XIII. Presentan cabeceras semicirculares con el presbiterio muy desarrollado y bóvedas de cañón apuntado para cubrir las naves. En el aspecto constructivo lo más llamativo es la integración en algunos de estos monumentos de las tradiciones románicas, mudéjares y de transición al gótico que llegan a superponerse en sus respectivas fábricas. Así, mientras los ábsides de las iglesias de Santa María y de San Miguel se construyeron enteramente en piedra de sillería, articulados con delgadas columnitas y arquillos ciegos y una fina decoración en relieve, en el ábside de la iglesia de San Juan de la Cuesta y en la torre de la de Santo Domingo, la obra se empezó en piedra y hacia la mitad se continuó y remató en ladrillo, pero conservando aquellos elementos decorativo-arquitectónicos que se adaptaban al nuevo material, como los arquillos y modillones y sustituyendo e introduciendo otros nuevos como la continuación de las columnitas por medio de pilastras o la abertura de ventanas en arcos polilobulados, plenamente mudéjares.

• Bibliog.:
Arco, R. del: Catálogo monumental de España; Huesca, 2 vols., C.S.I.C., Madrid, 1942.
Abbad Ríos, F.: El románico en Cinco Villas; Institución «Fernando el Católico», Zaragoza, 1954.
Id.: Catálogo monumental de España; Zaragoza, 2 vols., C.S.I.C., Madrid, 1957.
Crozet, R.: L´Art roman en Navarre et en Aragon. Conditions historiques; Cahiers de Civilisation Médiévale, Poitiers, 1962.
Canellas, A. y San Vicente, A.: Aragon Roman; Abbaye Sainte-Marie de la Pierre-qui-vire, Yonne, 1971, Traducción española: Aragón, en la col. «La España Románica», Ediciones Encuentro, Madrid, 1979.
Esteban, J. F.; Galtier, F. y García Guatas, M.: El nacimiento de la arquitectura románica en Aragón, Caja de Ahorros de la Inmaculada.

Arquitectura mudéjar:

Los primeros tanteos: Tras la reconquista aragonesa, hay un primer momento, durante los siglos XII y XIII, en que los monumentos de arte mudéjar Buscar voz... conservados son muy escasos, posiblemente debido a las dificultades de la repoblación, y también a su posible desaparición. De obras mudéjares del siglo XIII, ya desaparecidas, deben recordarse la espléndida techumbre de la sala capitular del monasterio de Sijena Buscar voz..., incendiada en agosto de 1936, y la torre de Santiago en Daroca Buscar voz..., demolida en 1913.

Los monumentos mudéjares conservados de época más temprana se encuentran en las ciudades de Daroca y de Teruel Buscar voz.... En Daroca, de mediados del siglo XIII pueden considerarse la torre de Santo Domingo y el ábside de la iglesia de San Juan, monumentos ambos comenzados en piedra sillar y continuados en ladrillo (fenómeno éste más generalizado de lo que se ha dicho, que también puede verse en las torres de la colegiata de Borja Buscar voz... y de la catedral de Tarazona Buscar voz...); este cambio de materiales, de la piedra por el ladrillo, en Daroca no sólo es un resultado lógico de los condicionamientos geográficos y de la mano de obra, sino una auténtica aceptación del arte mudéjar. Los vanos en arco polilobulado del ábside de San Juan, y los vanos gemelos en arcos mixtilíneos entrecruzados de la torre de Santo Domingo recuerdan la taifa zaragozana de los Banu Hud Buscar voz..., pero la división en tres calles de la torre, así como de la desaparecida de Santiago, apuntan a una influencia almohade, que es necesario destacar.

En la ciudad de Teruel, la iglesia de Santa María de Mediavilla (actual catedral) y la torre de San Pedro constituyen los monumentos mudéjares más antiguos, ligeramente posteriores a los de Daroca. La torre de la capital se comenzaba en 1257, durante la judicatura de don Juan de Montón; esta fecha, como otras relativas a torres mudéjares turolenses, es conocida gracias a la Relación de los Jueces de Teruel, que se halla inserta en el Libro Verde de la ciudad. Tanto la torre de la catedral como la de San Pedro presentan estructuras y sistemas decorativos similares; son torres-puerta, de planta cuadrada, que permiten el paso bajo una bóveda de cañón apuntado, reforzada por arcos perpiaños. Así las torres, además de su función religiosa de campanario y de sus posibilidades militares, cumplen la función urbanística de agilizar el trazado viario; este prototipo de torre-puerta perdurará en las mudéjares del siglo XIV (San Martín y El Salvador). En alzado la estructura de estas torres es hueca y dividida en pisos, y del sistema decorativo destacan los arcos de medio punto entrecruzados, de nuevo con precedente en la puerta de la mezquita de La Aljafería Buscar voz.... No obstante, la máxima personalidad viene dada por el revestimiento decorativo cerámico: platos o discos cóncavos, fustes de cerámica y azulejos, que distinguirán al mudéjar aragonés de otros focos mudéjares regionales.

Pieza artística del mayor interés, incluso en una escala de valoración nacional, es la techumbre de la catedral de Teruel, con armadura de madera de par y nudillo, apeinazada, con tirantes de vigas dobles, derivada de las almohades y relacionable con la de Santiago del Arrabal en Toledo, y datable asimismo en la segunda mitad del siglo XIII; destaca en esta techumbre la decoración pintada con temas religiosos, referentes a la Pasión, y profanos, como reyes, luchas caballerescas, escenas de caza, así como otros procedentes de los bestiarios, etc. Son pinturas de estilo gótico lineal, al temple sobre tabla, reproduciendo modelos iconográficos arcaizantes de hacia 1200, y que difícilmente pueden constituir un programa unitario.

La época de esplendor: Corresponde, coincidiendo con el resto del mudéjar hispánico, con el siglo XIV y las primeras décadas del siglo XV, hecho que por otra parte responde asimismo al período de mayor auge arquitectónico en los países de la corona de Aragón en el estilo gótico. En Aragón destaca en este momento el predominio de la arquitectura mudéjar sobre la gótica, que sólo en algunas comarcas, como en el Bajo Aragón, y debido a los condicionamientos geográficos, le supera.

El tipo de iglesia mudéjar predominante es el de nave única, con ábside poligonal de cinco o siete lados, sin contrafuertes en esta parte para no interrumpir los sistemas decorativos. La nave presenta sus tramos cubiertos con bóvedas de crucería sencilla, y las capillas entre los contrafuertes tienen escasa profundidad y con frecuencia van cubiertas con bóveda de cañón apuntado, aunque no siempre. Es decir, se trata de fórmulas constructivas derivadas de la arquitectura gótica levantina, cuyo racionalismo y lógica constructivas son asumidos por la arquitectura mudéjar aragonesa; pero no se puede considerar como una mera trasposición al ladrillo de las estructuras góticas, sino que por las mismas exigencias y condicionamientos de los materiales utilizados (el módulo del ladrillo), y por la genuina sencillez del arte mudéjar, se seleccionan formas y se integran en un universo propio, articulándolas de modo peculiar.

Es muy numeroso este prototipo de iglesia mudéjar en los siglos XIV y XV, y resulta difícil agotar su relación. Por otra parte, muy pocas veces contamos con referencias cronológicas documentadas, y en abundantes ocasiones estas iglesias han recibido, como es lógico por el uso, ampliaciones y modificaciones en su planta original: entre ellas puede citarse la de San Pablo en Zaragoza Buscar voz... (antes de su ampliación a tres naves), que se comenzaría después de la demolición de la capilla románica dedicada a San Blas en 1284.

Corresponden a esta tipología las iglesias mudéjares conservadas en Zaragoza (la Magdalena, San Gil y San Miguel de los Navarros); también la semiderruida de Magallón Buscar voz...; o el caso notable de las iglesias de Maluenda Buscar voz..., la de San Miguel —muy arruinada y de propiedad particular—, la parroquia de Santa María, y la de Santas Justa y Rufina, todas de la misma época, habiéndose terminado la última en el año 1413. En otros casos de iglesias de nave única, las capillas laterales van abovedadas con crucería sencilla, como se ha indicado; así sucede en las iglesias mudéjares de Alagón Buscar voz..., de Alberite de San Juan Buscar voz..., de Ambel Buscar voz..., de Ricla Buscar voz..., de Ateca Buscar voz..., etc.

Muy frecuente es asimismo —y sobre todo en el ámbito rural, con predominio en ermitas— la iglesia de nave única, generalmente sin capillas, con el ábside recto, y con la nave cubierta originalmente con armadura de parhilera sobre arcos diafragma, que es otra tipología derivada del gótico levantino. Entre las armaduras mudéjares de parhilera del siglo XIV destaca la de la ermita de la Virgen de la Fuente, en Peñarroya de Tastavins Buscar voz... (T.). Este prototipo perdura sin dificultad hasta el siglo XVI, y es en ocasiones muy difícil precisar su cronología al escasear los elementos decorativos; predominan entre los materiales empleados, además del ladrillo, la mampostería y el tapial.

No obstante, la creación tipológica más afortunada del arte mudéjar aragonés, por lo que a la arquitectura religiosa se refiere, es la iglesia de fuerte carácter militar, que en ocasiones ha sido llamada «iglesia-fortaleza», y que está dotada de tribunas encima de las capillas laterales, que son auténticos paseadores, más abiertos hacia el exterior que al interior de las iglesias. El mecenazgo artístico de estas iglesias está estrechamente relacionado con algunas órdenes militares Buscar voz... (así la de Santiago o la del Santo Sepulcro), con señoríos laicos o eclesiásticos (arzobispo de Zaragoza, por ejemplo), o a veces con un simple emplazamiento estratégico en torno o englobando antiguos castillos (Nuestra Señora de La Peña en Calatayud Buscar voz... o iglesia de Santa Tecla en Cervera de la Cañada Buscar voz...).

Dentro de este numeroso grupo de iglesias con tribunas pueden distinguirse dos tipos. El primero, de menor difusión y originalidad, está representado por la iglesia de Montalbán Buscar voz..., perteneciente a la orden de Santiago, que se había asentado en 1210, aunque la iglesia data del siglo XIV; además de tribunas, presenta unos típicos torreones octogonales en el ábside poligonal, que serán imitados en la iglesia de San Pedro de Teruel, consagrada en 1392. También de cabecera poligonal y con tribunas es la iglesia vieja de Quinto Buscar voz... de Ebro. Otras iglesias de ábside poligonal y dotadas de tribunas son la de Illueca Buscar voz... (ampliada y reorientada en el siglo XVII, cuando se decoró con las yeserías barroco-mudéjares), la Magdalena de Zaragoza, etc.

El segundo grupo de iglesias-fortaleza tiene una rotunda personalidad; son de nave única con el ábside recto y tres capillas en el mismo; la nave lleva capillas laterales poco profundas entre las torres-contrafuerte, con tribuna deambulable sobre las capillas. El sistema estructural se reduce a las torres-contrafuerte que van arriostradas por arcos apuntados, tanto en sentido transversal —y separando las bóvedas de crucería de la nave— como en sentido longitudinal cubriendo las capillas laterales, lo que crea un sistema de trabación muy sencillo. Corresponden a este grupo las iglesias de la Virgen en Tobed Buscar voz..., de la orden del Santo Sepulcro de Calatayud (hacia 1356-59 y terminada en su último tramo hacia 1400), la de San Félix en Torralba de Ribota Buscar voz... (comenzada en 1367 y acabada en las primeras décadas del siglo XV), la de San Juan Bautista en Herrera de los Navarros Buscar voz..., la de Azara Buscar voz..., la de San Martín en Morata de Jiloca Buscar voz..., a las que se pueden añadir las ya citadas de la Peña en Calatayud y la de Cervera de la Cañada (terminada por Mahoma Ramí Buscar voz... en 1426), además de otras que van confirmando las prospecciones arqueológicas, como la antigua fábrica de la colegiata de Borja, etc. Es de esperar que la relación de esta tipología, que constituye la creación más original de la arquitectura mudéjar aragonesa de carácter religioso, aumente considerablemente con un mejor conocimiento de la misma.

Torres mudéjares aragonesas: Tradicionalmente ha sido conocido el arte mudéjar aragonés por sus espléndidas torres-campanario, cuya poderosa personalidad ha oscurecido en ocasiones otros aspectos importantes aquí considerados. Sin duda sigue siendo el capítulo más brillante del mudéjar aragonés en su época de esplendor. Íñiguez Almech Buscar voz... demostró ya en 1937 que la estructura de las torres mudéjares aragonesas sigue, en la mayoría de los casos, la misma que los alminares musulmanes, con la única excepción del cuerpo superior de campanas.

Las más antiguas torres de la época de esplendor siguen la estructura del alminar amohade, es decir, se trata de dos torres, una envolviendo a la otra, con las escaleras entre ambas, y con la torre interior dividida en pisos superpuestos. Parece una de las más antiguas de fines del siglo XIII, la de Santa María de Ateca Buscar voz..., en su cuerpo inferior de planta cuadrada. Desde el punto de vista de su estructura resulta indiferente que las torres sean de planta cuadrada u octogonal, ya que en ambos casos tienen la misma disposición interior y sólo cambia el volumen externo. Entre las de planta cuadrada sobresalen las de San Martín y El Salvador de Teruel Buscar voz... y la de la Magdalena de Zaragoza Buscar voz...; la de San Martín de Teruel está datada en 1315, siendo juez Juan de Valacroche; de este mismo tipo sería la desaparecida de San Juan de Teruel, datada en 1343, siendo juez Pérez de Malanquiella. Entre las de planta octogonal deben destacarse la de San Pablo en Zaragoza y la de Tauste Buscar voz..., aunque las fechas que les atribuyó Íñiguez Almech —de 1257 y 1243, respectivamente— parezcan excesivamente tempranas.

Más abundante es el número de torres mudéjares aragonesas con estructura de alminar tradicional, es decir, con una torre en torno a un machón central, correspondientes a este momento de esplendor del siglo XIV y primeras décadas del siglo XV. Entre las de planta cuadrada sobresalen las de San Pedro de los Francos en Calatayud Buscar voz..., Aniñón Buscar voz..., Terrer Buscar voz..., Belmonte de Calatayud Buscar voz..., colegiata de Borja Buscar voz..., catedral de Tarazona Buscar voz... en su parte baja, etc.

Pero no todas las torres tienen esta estructura; otras forman una sola torre, dividida en pisos, a los que se sube directamente, como en el caso de Longares Buscar voz... y Romanos Buscar voz..., o por una escalera adosada, como en el Villar de los Navarros Buscar voz.... Otras, en cambio, tienen en su interior una sencilla escalera de caracol, cuyo precedente puede ser cristiano, ya que sólo en los alminares musulmanes más antiguos existía. Son las torres de los pies; de la iglesia de Torralba de Ribota Buscar voz... o la de Quinto Buscar voz....

Claustros mudéjares: Es éste uno de los apectos más descuidados en el estudio del arte mudéjar aragonés, e interesa destacarlo ahora para evitar la impresión de que la manifestación mudéjar en arquitectura religiosa queda reducida a la exteriorización de las torres, ábsides o cimborrios Buscar voz.... Estos claustros participan de toda la sobriedad y sencillez estructural del gótico levantino, tanto en el sistema de abovedamiento de crucería sencilla en los tramos de sus cuatro alas o galerías, como en los sólidos y desnudos contrafuertes de sección rectangular, que reciben los empujes interiores y separan los arcos abiertos en toda su luz.

De entre los conservados, cuya relación aumentará sin duda, deben mencionarse el del convento de canonesas del Santo Sepulcro de Zaragoza (en construcción en 1361), el de San Pedro de Teruel (construido a partir de 1383 a expensas de Francisco Sánchez Muñoz, y reconstruido en 1901 por el arquitecto Pablo Monguió Segura Buscar voz...), los de Santa María de Calatayud (que existía en 1412) y restos del claustro del Santo Sepulcro en la misma ciudad, el de la ex colegiata de Santa María de Borja (construido a partir de 1465), el ya renacentista de la catedral de Tarazona (en construcción en 1529), etc.

La arquitectura religiosa mudéjar del siglo XVI: El siglo XVI en España va a traer malos vientos para la pervivencia del arte mudéjar. De un lado hay que tener en cuenta la forzosa conversión de los mudéjares Buscar voz..., realizada en 1502 en la corona de Castilla, y retrasada hasta 1526 en Aragón por los intereses económicos de la nobleza, que se apoyaba en la población mudéjar para la explotación de la tierra. A partir de ahora se conocerá a los mudéjares como «cristianos nuevos» o «moriscos Buscar voz...», y hasta algún historiador ha propuesto con escaso éxito denominar «morisco» al arte de este momento. Se inicia un proceso de intolerancia religiosa que culminará con la expulsión en 1609 y 1610. De otro lado, la penetración de la nueva moda italiana «al romano» forzaba al arte mudéjar a una nueva asimilación de elementos cristianos. Con todos estos contratiempos, sin embargo, el arte mudéjar aragonés va a iniciar el «canto del cisne», en otro momento que puede considerarse de verdadero esplendor.

Precisamente una de las mayores empresas constructivas en arquitectura religiosa, emprendida en la diócesis de Zaragoza con carácter sistemático, consistió en dotar de iglesias a las poblaciones de moriscos o cristianos nuevos a partir de 1526. Generalmente son iglesias de nave única, sin capillas laterales, con ábside poligonal, o recto que pasa a poligonal en altura por medio de trompas, abovedadas con crucería estrellada, y en las que los elementos decorativos mudéjares quedan muy apagados. Es una empresa pastoral de asimilación religiosa que no ha sido estudiada. Pero no cabe duda de que iglesias como la de Mesones de Isuela Buscar voz..., Urrea de Jalón Buscar voz..., Grisén Buscar voz..., Bárboles Buscar voz..., etc., responden a esta dotación y equipamiento religiosos del siglo XVI.

Pero, aparte de los característicos cimborrios Buscar voz..., siguen siendo las torres la manifestación mudéjar más esplendorosa. Además de monumentos desaparecidos Buscar voz..., como la famosa Torre Nueva de Zaragoza, se han conservado torres, como las de Santa María y San Andrés en Calatayud, con capilla en la parte inferior, y con el machón central hueco para evitar que el peso cargue sobre la casamata que protege la bóveda de la capilla mencionada; la de San Andrés se edificaba en 1509. Con las ya mencionadas, las de Mainar Buscar voz... y de Muniesa Buscar voz... (esta última con decoración de azulejos) son de planta octogonal. Entre las tardías de planta cuadrada deben citarse las de Mara Buscar voz... y Tierga Buscar voz.... Todavía hay sorpresas en cuanto a los volúmenes se refiere, y así la torre de Alcubierre Buscar voz..., al norte del Ebro, también de planta cuadrada, superpone en altura tres cuerpos decrecientes, que recuerdan viejos alminares islámicos.

No obstante, el tipo de torre que más se difunde en el siglo XVI es la torre mixta, con un primer cuerpo de planta cuadrada, al que se superpone otro de planta octogonal para el cuerpo de campanas; la más famosa, con decoración de azulejos Buscar voz... de cuenca o arista de los alfares de Muel Buscar voz..., es la torre de Utebo Buscar voz..., realizada en 1544 por Alonso de Lesnes Buscar voz.... Responden a este mismo tipo otras del valle del Ebro, como Alfajarín Buscar voz..., con el cuerpo inferior cuadrado de principios del siglo XV. Entre las torres mixtas más esbeltas de proporciones hay que mencionar las de Villamayor Buscar voz... y Ricla Buscar voz....

Otras manifestaciones del arte mudéjar, como la arquitectura militar o la civil, han sido menos estudiadas hasta el momento. Algo mejor conocemos las techumbres Buscar voz..., y en general, otros aspectos de la carpintería, como los aleros Buscar voz... o rafes, los muebles Buscar voz..., etc. Sin embargo, tal vez sea la cerámica Buscar voz... decorada la producción artística mudéjar mejor estudiada, gracias a las recientes investigaciones de María Isabel Álvaro Zamora.

• Bibliog.:
Borrás Gualis, Gonzalo M.: Arte mudéjar aragonés; Zaragoza, Guara ed., 1978 (con amplia bibliografía sobre el tema).
López Landa, José María: «Iglesias gótico-mudéjares del arcedianado de Calatayud»; Arquitectura, mayo de 1923.
Íñiguez Almech, Francisco: «Torres mudéjares aragonesas. Notas de sus estructuras primitivas y su evolución»; Archivo Español de Arte y Arqueología, 39, sep.-dic. de 1937, pp. 173-189.
Torres Balbás, Leopoldo: «La arquitectura mudéjar en Aragón. Las iglesias de Daroca»; Archivo Español de Arte, 1952, pp. 209-221.
Id.: «La iglesia de Santa María de Mediavilla, catedral de Teruel»; Archivo Español de Arte, 1953, pp. 81-97.
Galiay Sarañana, José: Arte mudéjar aragonés; Zaragoza, Inst. «Fernando el Católico», 1950.
Álvaro Zamora, Isabel: Cerámica aragonesa; I, Col. «Aragón», n.º 2, Zaragoza, Lib. General, 1976.
Actas del I Simposio Internacional de Mudejarismo, 15-19 septiembre 1975, Madrid-Teruel, 1981.

- Alarifes mudéjares aragoneses: Aunque el arte mudéjar no haya sido obra exclusiva de moros Buscar voz..., como se ha dicho, sin embargo en Aragón lo fue mayoritariamente. Es muy numerosa la relación de alarifes moros aragoneses que conocemos gracias a las investigaciones de archivo de beneméritos historiadores, entre los que destacan Manuel Serrano Sanz, Manuel Abizanda y Broto, Pascual Galindo y Romeo, José María Sanz Artibucilla, Ovidio Cuella Esteban y otros autores que se citan más adelante. Algún día habrá que realizar el diccionario de mudéjares aragoneses dedicados a actividades artísticas y artesanas, especialmente albañiles o «maestros de obras», carpinteros o «fusteros», herreros, alfareros, etc. Entre tanto, se ofrece aquí una selección de noticias, ordenadas cronológicamente, entre 1301 y 1526, sobre alarifes mudéjares aragoneses, cuya grafía se da tal como reflejan los documentos.

Entre los monumentos mudéjares desaparecidos destacan bastantes obras en el palacio de La Aljafería Buscar voz... de Zaragoza, importante empresa constructiva debida al mecenazgo de los reyes de Aragón. Jaime II Buscar voz... concedía el 31-X-1301 el título de maestro director de las obras del palacio a Mahomet Bellito para suceder en el cargo a Jucef Bellito, lo que parece indicar un relevo familiar.

Ángel Novella, primero, y César Tomás y Santiago Sebastián, de modo concluyente, se han ocupado del alcance de las obras realizadas en la catedral de Teruel en el año 1335. Se trataba básicamente de actividad en el ábside (enlucido y pintado) y casa abadía y sacristía. Para su ejecución se desplaza desde Zaragoza el maestro moro Yuçaf de Huzniel, vecino de Coglor, hecho que pone de manifiesto la movilidad de la mano de obra mudéjar; con él trabajaron los mozos Abderramen y Alí, y más tarde Çalema de Pina, Braymiel, Mafomat (un hermano de Yuçaf), Alivello y Yuçafiel.

Importantes obras realizadas en La Aljafería a partir de 1356 por encargo de Pedro IV Buscar voz... han sido documentadas por José María Madurell. El 20-I-1357 el rey ordenaba a su administrador que obligase a trabajar a los maestros moros, quejándose de la lentitud de las obras por falta de maestros. Años más tarde, el 20-IX-1382, se gratificaba con 20 florines de oro, como recompensa, a los moros zaragozanos Farays Allabar, obrero de La Aljafería, y a Abrahim de Pina.

De comienzos del siglo XV es el maestro Yuçaf Adolmalih, que firma en el alfarje de la iglesia de Santa María de Maluenda.

Las noticias aumentan considerablemente para el siglo XV, al disponerse de fuentes documentales más ricas. Así el 27-X-1408 el maestro Mahoma Gali Buscar voz... contrata el enlucido y pintado de la capilla de Santa María de los Ángeles, determinándose que se realice como las bóvedas que el papa Benedicto XIII Buscar voz... habla costeado en la catedral de Zaragoza.

Uno de los alarifes más famosos y conocidos es el maestro Mahoma Rami Buscar voz..., que el 26-II-1409 tomaba a destajo la decoración del cimborrio de La Seo, en Zaragoza. El mismo Mahoma Rami dirigía, desplazándose, las obras en dos capillas laterales que Benedicto XIII costeaba en su iglesia de San Pedro Mártir de Calatayud entre 1411 y 1414. Y en el año 1426 terminaba la iglesia de Cervera de la Cañada, en la que se lee la inscripción: «obrada etdeficada:por:Mahoma: Rami:con dios».

Ovidio Cuella ha aportado una brillante relación de alarifes en las obras ya mencionadas de San Pedro Mártir de Calatayud y dirigidas por Mahoma Rami. En la primera etapa de las mismas, comenzada el 19-VI-1412, trabajan Mahoma de Mediana, Brahem de Mediana, Yuce de Ebrea, Mahoma el Castellano, Hamet el Rey, Hamet de Borja, Audalla de Albuelea y Brahem Alvalencia; ya en el enlucido colaboran Alí de Rami, Borgi, Hamet de Brea, Brahem de Ebrea y Mahoma el Parient, ayudados por Jucefiel, Aljuco, Ali el Castellano y Hamedí el de Hebreya. En la segunda etapa de la obra, entre septiembre de 1413 y marzo de 1414, intervienen Lop y Brahem de Rami, Mahoma de Borja, Dorrament, Alí Burgalés, Hamet Auranda, Brahem de Illuequa, Alí Serrano, Audalla Folgado, Mahoma y Hamedico de Brea, Yuce del Rey, Mamedico de Muça, Yuce del Royo, Mahoma de Roden y Adornament Castiello. Ovidio Cuella ha reconstituido unas cuadrillas de trabajo, donde participan maestros —hasta doce— y mozos. Los jornales oscilan desde 5 sueldos y 2 de alojamiento para Mahoma Rami, pasando por los 4 sueldos y 6 dineros, o simplemente 4 sueldos de otros maestros, hasta 16 dineros para los peones mozos y 8 dineros para los niños.

Pascual Galindo documentó la realización del facistol del Papa Luna en La Seo de Zaragoza por los maestros moros Alí de Ronda, Muga Calbo, Lop, Chamar y Farach de Ronda (1413-1414).

Abundantes son las noticias sobre alarifes moros de Calatayud, procedentes de su archivo de protocolos. Destacan, en primer lugar, los Rubio o Castellano, que a mediados del siglo XV eran, al menos, cuatro hermanos, todos maestros de edificar casas: Farax el Rubio (1456-1491), con dos hijos, Mahorna y Farax, de los que el último también era maestro; Alí el Rubio (1471-1487); Omar el Rubio (1473-1493), con un hijo Brahem el Rubio, que también era maestro; y Brahem el Rubio (1456). Como se ve, había dos Farax y dos Brahem en la familia, resultando difícil deslindar actividades artísticas, de carácter familiar en muchas ocasiones. No se puede precisar el parentesco que pudiera tener con los anteriores Onecar el Rubio (1471) y su hijo Farache el Rubio (1488), tercero de este nombre en la documentación coetánea. Los Rubio estaban unidos por enlaces matrimoniales con otras dos familias de alarifes bilbilitanos, los Fariza y los Meçot; de los Fariza se conocen Muza de Fariza (1446), su hijo Alí de Fariza (1446), Domalich de Fariza (1470) y Mahoma de Fariza (1495); de los Meçot, Alí Meçot (1480) que era nieto de Alí Meçot, Brahem Meçot (1495-99) y Hamet Meçot (1498). Otra familia importante era la de los Domalich, con Muça Domalich (1488-91) y su nieto Domalich de Domalich (1488), además de Alí Domalich (1490). Otros alarifes moros de Calatayud, documentados en este período son Yuce Almazir, alias Jucetos (1484-91), Yuce de Momi (1497) y Onecar de Momi (1498), Brahem de Dega (1498) y Mahoma de Dega (1498), Mahoma de Duenyas (1498-1504), Domalich Alhamí (1498), Mahoma de Perros (1498) y Mahoma de Villanueva (1507). Otros alarifes que trabajan en Calatayud proceden de fuera, merced a la movilidad comentada, así Yuce Camayon, maestro de edificar casas, era de Lagata (1483) y Abdalla Munyo, maestro de edificar fuentes, de Morés (1507).

Pese a esta numerosa relación, muchas obras mudéjares de Calatayud no están documentadas; de otras conocemos los maestros. Así la sillería de madera, actualmente en la iglesia de San Juan de Calatayud, fue contratada por Farax el Rubio y Brahem el Rubio, hermanos, el 11-VII-1456 para la desaparecida iglesia de San Juan de Vallupié. Salvador Amada documentó que Farache el Castellano contrataba el 11-VI-1525 la construcción de tres bóvedas de crucería estrellada para la desaparecida iglesia de Santiago de Calatayud; el mismo Amada pudo constatar un hecho del mayor interés: el cambio de nombres con motivo de la conversión forzosa en 1526; así Brahem Meçot pasó a llamarse Joan Meçot; Farache Castellano, Gabriel Castellano; y Farache Montesino, Joan Velvis, que se convierten en moriscos bilbilitanos a quienes se puede de esta manera seguir su trabajo artístico a lo largo del siglo XVI. Agustín Rubio ha documentado cómo en 1560 interviene en la torre del reloj de Ateca un morisco de Calatayud llamado Ameçot.

Muy numerosos son asimismo los alarifes moros de Tarazona, que se conocen gracias a las investigaciones de José María Sanz Artibucilla. Resulta forzoso seleccionar lo más destacado. Alí el Darocano (1496-97) con obras en la catedral (torre, portada y galería cubierta sobre la nave central). Mahoma Margua y Mahoma Malón (1500), con obras en el matadero público. Mahoma Rubio (1503) con obras en la torre de Santa María Magdalena, otras en el puente de Santa Ana, fuente de San Francisco (1510) y fuente del Cinto (1513). Muza de Vera (1507), con obras en la torre de la parroquia de San Miguel, otras para asentar una campana en la torre de la catedral (1509-10), así como trabajos en la Casa de Estudios, mantenida por el cabildo, y en la casa del canónigo Carnicer. Mahoma Berroz, junto con Muza de Vera, con obras en diversas casas de Torrellas y en Tarazona. El mismo Mahoma Berroz, junto con Mahoma el Rubio y con Muza de Vera (1516), con obras en el ábside y lado epístola de la catedral para levantar nueva sacristía, oratorio y sala capitular, y sobre ellas biblioteca y tesorería, que sirven en la actualidad de archivo. El mismo Berroz, junto con Yaye y Mahomica, con obras en la librería de la catedral (1518) y en el primitivo cimborrio (1519), sustituido por el actual. El mismo Berroz, junto con Ibray de Vera (1518), con obras para la instalación de un órgano y una habitación contigua para organista, ejecutadas sobre la capilla de don Antonio de Talavera en la catedral. El mismo Berroz, junto con Juce Moçaten, con obras en la fachada de la iglesia de Santa María Magdalena (1521) y en la torre de las reliquias (1522). El mismo Berroz, y sus hijos, continúan en actividad, seguida documentalmente, hasta 1532.

Las noticias sobre alarifes moros de Zaragoza superan a las de Calatayud y Tarazona. Antonio de la Torre dio a conocer dos disposiciones reales, una dada en Murcia, a 2-V-1488, por la que se ordenaba al receptor Juan Ruiz ceder una viña a Faraig Gali, moro, maestro de obras de Zaragoza, en recompensa de obras en La Aljafería; y otra, dada en Santa Fe, a 13-III-1492, por la que se ordenaba ir a Granada a los dos hijos de maestre Mofferriz Buscar voz..., «el que labra órganos y el otro que labra de algez», al hijo de Brahem Palaro, el mayor, y a Arami, moros de Zaragoza, «cada uno de los cuatro con dos oficiales de sus oficios, muy buenos». Estos datos, de extraordinario interés, con presencia de alarifes aragoneses en Granada poco después de la reconquista, demuestran la ágil movilidad, sobre todo cuando se trata de empresas reales.

A estos alarifes zaragozanos deben sumarse las nutridísimas noticias aportadas por Manuel Abizanda. En primer lugar, sobre los Gali Buscar voz..., maestros de obras de La Aljafería; así Farag de Gali cede los derechos sobre el mencionado maestrazgo a su hijo Mahoma de Gali en testamento de 16-XI-1500; este privilegio de maestrazgo le será confirmado a Mahoma de Gali por Fernando el Católico Buscar voz..., estando constatada su actividad en 1504-1506 y de nuevo en la torre maestra el 6-I-1516. De Çalema Xama se conservan noticias sobre obras en la iglesia de Épila Buscar voz... (1503), encargadas por el conde de Aranda Buscar voz..., y otras en el castillo de Calatorao Buscar voz... (1509). Audalla Musaire trabaja en las paredes, portada y torre de La Puebla de Alfindén Buscar voz... el 31-IV-1512. Alí el morisco, en la casa de doña Aldonza Cerdán, señora de Agón y de Gañarul, en la plaza de San Felipe de Zaragoza (1514). Alí Bueñano, obras en casa de Juan de Litago, en el coso zaragozano. Yayel Ambaxil y Mahoma Gali, obras en casa de Juan de Pardo en la parroquia de San Felipe, el 27-VII-1514. Yuce Xama, obras en casa de doña Matea de Exea, viuda de don Juan de Ariza, en la calle del Palomar de la parroquia de la Magdalena (1515). Audalla Gali, en la portada de la capilla de Almazán, para la iglesia del Pilar (1516). Yayel del Baxil o Ambaxil, de nuevo, obras en la casa de la cofradía de ganaderos de Zaragoza (1521). Mahoma de Huerto, obras en La Seo el 23-X-1521. Alí Calanda, en una casa de la plaza del Pilar el 6-II-1522. Alí Benamir, en la casa de Garci Barba en la calle del Palomar de la parroquia de la Magdalena el 6-II-1522. Y ya en 1526, un Moferriz, convertido con el nombre de Jerónimo, colabora con Juan Botero y Pedro López en una capilla de la iglesia de la Magdalena.

Las dos obras más importantes en la Zaragoza de comienzos del siglo XVI, el cimborrio de La Seo y la Torre Nueva, son fruto de la colaboración de maestros moros y cristianos. Según Pascual Galindo, en el cimborrio de La Seo, cuya obra gruesa se termina en 1520, además de los maestros cristianos Juan Botero, Antón de Sariñena Buscar voz..., y maestres Gil y Gombao Buscar voz..., intervinieron los moros Juce de Gali, Xamar, Braym Monferriz y Arramí; precisamente estos dos últimos se encontraban entre los reclamados desde Santa Fe en 1492 por Fernando el Católico. Asimismo en la construcción de la Torre Nueva (1504-1508), para el reloj de la ciudad, se produce otra feliz colaboración, y junto a Gombao y Sariñena reaparecen Gali y Monferriz, a los que se agrega Ismael Allobar. Entre estos nombres andaba lo más granado de los maestros de obras zaragozanos de la época.

Arquitectura gótica: La arquitectura gótica Buscar voz... en Francia ha sido tradicionalmente dividida para su estudio en una serie de períodos cronológicos sucesivos, de desigual duración, que reciben un nombre según sus características formales más acusadas. Así se distinguen un gótico inicial o «primitivo» (2.ª mitad siglo XII), un gótico pleno o «clásico» (siglo XIII), un gótico amanerado o «radiante» (siglo XIV), y un gótico «flamígero» (siglo XV), etapa final, de barroquismo, en la que se disuelve el estilo ante la llegada del Renacimiento.

La arquitectura gótica en Aragón, tal como hoy la conocemos, no ofrece un ciclo evolutivo completo similar al francés, ni su cronología se acomoda fácilmente a las fechas anteriormente señaladas. La prolongación del estilo románico Buscar voz... y la importancia que entre nosotros alcanzó el mudéjar Buscar voz... han sido fenómenos determinantes, en opinión de los historiadores (Torralba, Borrás, Guitart), del carácter poco ortodoxo que presenta nuestra arquitectura en los llamados «siglos del gótico». «El purismo gótico, a la manera que puede encontrarse en Castilla y León, se ignora casi por completo aquí», escribe Torralba. Y cuando se presenta se ve obligado a coexistir con otros estilos contrarios a él. Si esta manifiesta rebeldía por acomodarse a los modelos ultrapirenaicos proporciona a nuestros monumentos una saludable originalidad, también ha dificultado enormemente su estudio. A este respecto, el libro de Guitart Aparicio, Arquitectura Gótica en Aragón (Zaragoza, 1979), «testimonio informativo de lo que ofrece Aragón en arquitectura», es un primer intento de catalogación de la rica herencia dejada en Aragón por los arquitectos que trabajaron durante los siglos XII al XVI.

Corresponde a la fase inicial del estilo la arquitectura cisterciense Buscar voz..., cuyos ejemplos más representativos se sitúan en la provincia de Zaragoza. Al margen de la arquitectura monástica se encuentra una serie abundante de edificios religiosos (y alguno civil, como el castillo de Sádaba Buscar voz...) que pueden ser adscritos a este mismo momento, aun cuando su cronología no resulte, en ocasiones, fácil de determinar. En ellos, el incipiente goticismo presenta unas notas de funcional severidad, al carecer de decoración figurativa, que los aproxima a lo cisterciense, como ha señalado Torralba. Y es precisamente en la provincia de Zaragoza en donde con mayor claridad se advierte este fenómeno, justificado por la geografía y por la historia. Los ejemplos proporcionados por la catedral de Tarazona Buscar voz... y la colegiata de Santa María en Caspe Buscar voz..., situadas en lugares no muy distantes de los monasterios de Veruela Buscar voz... y Rueda de Ebro Buscar voz..., respectivamente, y los numerosos edificios que se conservan todavía en la zona occidental de las Cinco Villas —próxima a los monasterios de Fitero y La Oliva— son elocuente testimonio de ello. En el caso de la seo turiasonense —como ha explicado Torralba— el parentesco visible en su cabecera con la del monasterio de Veruela se justifica sobradamente por haber sido fundación de un miembro de la familia de don Pedro Atarés, señor de Borja, a quien se debe el inicio de las obras de dicho monasterio.

Desconocemos cuál era la disposición original de la primera catedral de San Salvador de Zaragoza Buscar voz..., edificada en el solar de una antigua mezquita, de la que se conserva parte de su cabecera, en estilo románico avanzado, con rica decoración esculpida en el interior. Por la fecha en que se iniciaron las obras (obispado de don Pedro Tarroja, 1153-1184), se ha supuesto que no estaría estilísticamente muy lejos de las catedrales de Tudela y vieja de Lérida. A través de las referencias escritas que se poseen de la desaparecida iglesia gótica de Santa María la Mayor de Alcañiz Buscar voz... (de la que se conserva su campanario), piensa Guitart que debía ser de estructura similar a la del vecino monasterio de Rueda y que pudo haber servido como modelo para la colegiata de Santa María en Caspe.

A esta misma etapa primitiva del gótico, marcada por la influencia de la arquitectura monástica del Císter, pertenecen unas cuantas iglesias que se localizan en el área de repoblación oscense, en la «tierra nueva», según J. M.ª Lacarra, con las ciudades de Huesca Buscar voz... y Barbastro Buscar voz... como centros urbanos más importantes. Estudiadas por Guitart, pertenecen cronológicamente a los dos primeros tercios del siglo XIII y se caracterizan por su timidez en adoptar las novedades góticas que se advierten, sin embargo, en algunas zonas de su construcción. Son en su mayoría de una sola nave cubierta con bóveda de cañón apuntado, con fajones de sección cuadrada o rectangular, reservando la bóveda de crucería para la cabecera, que suele ser poligonal con acusados contrafuertes al exterior. Al grupo pertenecen la iglesia de la Corona, en Almudévar Buscar voz..., la parroquia de Alcalá de Gurrea Buscar voz..., las parroquiales de Castejón Buscar voz... de Monegros y de Ontiñena Buscar voz..., la nave septentrional de la parroquia de Lanaja Buscar voz..., etc.

Edificio que se destaca, por su mayor complejidad, dentro de la zona, es el de San Miguel de Foces Buscar voz..., iglesia del antiguo señorío que allí hubo, próximo a Ibieca Buscar voz.... Fue fundado en 1259 por Ximeno de Foces, quien lo donó a los frailes hospitalarios de San Juan de Jerusalén, reservándose para sí y sus sucesores el patronato y el hospital de San Miguel. Su planta es de cruz latina, poco pronunciada, con tres capillas poligonales en la cabecera, de siete lados la central y de cinco las colaterales. La nave, única, de dos tramos, se cubre con cañón apuntado; el resto con crucería sencilla, cuyos nervios apean en capiteles todavía románicos. Su portada, abierta en el muro meridional, repite el diseño ornamental que encontramos en otros edificios de la época, el santuario de Nuestra Señora de Salas, en Huesca, o el monasterio de monjas cistercienses de Casbas Buscar voz..., a escasa distancia de Foces.

Un interesante grupo lo constituyen las iglesias góticas cubiertas con madera sobre arcos transversales en piedra, de perfil apuntado. Revalorizadas por Abbad Ríos, se localizan, de manera un tanto dispersa, por las tres provincias aragonesas, y por su acusado carácter rural se las considera de fecha avanzada dentro del siglo XIII (aun cuando el tipo se prolongará hasta el XIV), fecha confirmada por las pintura; murales que, en ocasiones, decoran sus muros y cabecera. Así, las iglesias de San Miguel de Barluenga Buscar voz..., San Fructuoso de Bierge Buscar voz... y San Miguel de Fraga Buscar voz..., en la provincia de Huesca; San Martín en Sos del Rey Católico Buscar voz..., parroquia del pueblo de Cabañas Buscar voz..., hoy desaparecida, junto a La Almunia de Doña Godina, y San Antonio Abad de Tauste Buscar voz..., en la provincia de Zaragoza; iglesia de la Sangre de Cristo de Sarrión Buscar voz..., ermita de Santa Quiteria, en Argente Buscar voz..., y la más tardía (s. XIV), iglesia de Nuestra Señora de la Fuente de Peñarroya de Tastavins Buscar voz..., en la provincia de Teruel.

El gótico pleno o «clásico» no tiene una clara representación en tierras aragonesas. El edificio de tipo catedralicio que se levanta en el siglo XIII no parece haber seguido las pautas marcadas por la escuela de París con tanta fidelidad como en otros reinos peninsulares. De lo conservado, quizá sea la catedral de Tarazona Buscar voz... (en obras desde 1162 y dedicada su capilla mayor en 1235) aquella que pudo haber representado el purismo gótico en Aragón, «de levantarse más rápidamente y no sufrir mutilaciones en el siglo XIV», según escribió Torres Balbás. El edificio, tal como hoy lo conocemos, es un ejemplar mixto en el que se combinan partes góticas de los siglos XII y XIII (girola y cabecera hasta el crucero) en piedra, con otras mudéjares y del Renacimiento, de los siglos XIV a XVI, realizadas en ladrillo.

No se conoce la disposición de la primera catedral de Barbastro Buscar voz..., emplazada en el lugar de la mezquita mayor; durante los cuatro siglos en que depende de la sede de Huesca se verifican trabajos en ella, para los que abundan las dotaciones (1230), en los que bien pudo participar el equipo que contemporáneamente obraba en la seo oscense.

La catedral de Huesca Buscar voz... es uno de los raros edificios góticos aragoneses que no ha recibido aditamentos que alterasen su plan primitivo, y, a pesar de haber durado su construcción más de dos siglos, siguió fiel a un modelo más cercano al arte levantino que al septentrional europeo. Merced a los trabajos de Ricardo del Arco Buscar voz... y Antonio Durán Gudiol Buscar voz..., se han podido documentar las etapas principales de su edificación. Las obras se iniciaron en el obispado de don Jaime Sarroca (1273-1289) en el solar de la mezquita mayor de la ciudad (lo que pudiera justificar su planta, casi cuadrada, según del Arco), para terminar en tiempos de don Juan de Aragón y de Navarra Buscar voz... (1484-1526), en la primera década del siglo XVI. Colaboraron maestros aragoneses y navarros, y también extranjeros, como Guillermo Inglés Buscar voz..., maestro mayor de la obra en 1338. Posee tres naves de cuatro tramos con profundas capillas entre los contrafuertes, crucero de cinco tramos y cinco capillas alineadas en la cabecera, poligonales por dentro y rectas por fuera, excepto la central que es mayor y más alta. Las bóvedas son de crucería sencilla, salvo en la zona del crucero, que se terminó de cubrir a finales del siglo XV (1498) con una bóveda muy recargada en cuyas claves colaboraron el escultor Gil Morlanes Buscar voz... el viejo y el pintor Pedro Díaz de Oviedo Buscar voz.... La torre campanario, de cuerpo inferior cuadrado y superior octogonal, se sitúa en el lado norte, a los pies del edificio. En el mismo lado se proyectó un claustro gótico, en sustitución de otro románico, pero no se llegó a terminar. Hay que destacar la importancia de su escultura monumental, que confiere al exterior un aire decididamente gótico, en las portadas meridional del crucero y occidental, que tratamos más adelante.

En la etapa que corresponde al gótico radiante vive su momento de máximo esplendor la arquitectura gótica del Bajo Aragón. La representan un importante grupo de edificios, religiosos y civiles, cercanos geográficamente al reino de Valencia, que siguen las características formales del gótico levantino. Las iglesias, en piedra, de una sola nave, con capillas entre los contrafuertes y cabecera poligonal, parecen obedecer a un modelo común, cuyo más singular ejemplo lo ofrece Santa María la Mayor de Valderrobres Buscar voz.... Es éste un edificio de gran belleza, estudiado como otros muchos de la zona turolense por Borrás, quien lo considera obra tardía dentro del siglo XIV, posiblemente del mandato del arzobispo Don García Fernández de Heredia Buscar voz... (1382-1411); las armas heráldicas del arzobispo lucen en el adjunto castillo-palacio, con el que comunicaba la iglesia a través de un corredor abierto a la nave por una tribuna alta localizada en la capilla central del lado norte. La notable escultura de su portada, abierta en el lado meridional del edificio y el calado rosetón, de gran tamaño, de la parte superior de su fachada acentúan el carácter «radiante» del monumento.

Al mismo arzobispo aristócrata se debe la actual iglesia de San Francisco en Teruel Buscar voz..., terminada de edificar en el año 1402. Severa construcción en piedra que sigue fielmente el modelo de iglesia gótica levantina, de nave única abovedada con crucería simple, capillas entre los contrafuertes y cabecera pentagonal con estribos acusados al exterior. A otro miembro de la misma familia, don Juan Fernández de Heredia Buscar voz... IV, se atribuye la edificación del grandioso castillo-palacio de Rubielos de Mora Buscar voz..., a partir de 1388, en el que habría podido colaborar el mismo equipo de arquitectos que trabajó en los edificios anteriores. La ex colegiata de Santa María, construida al pie de la colina en la que se alza el castillo, debió de ser edificada algunos años más tarde que éste, en fecha próxima a 1454, año en que el arzobispo don Dalmacio (Dalmau) de Mur Buscar voz... le concede la dignidad de colegiata. «Por la anchura de su nave —nos dice Guitart—, diecinueve metros, representa la culminación del gótico mediterráneo en Aragón».

A finales del siglo XIV, con añadidos posteriores, pertenecen las parroquias de Ráfales Buscar voz... y Torre del Compte Buscar voz..., influidas por la de Valderrobres, próxima a ellas. Algo más tempranas, dentro de la misma centuria (1340-1350) son, en opinión de Borrás, las iglesias de Lledó Buscar voz... y Arens de Lledó Buscar voz..., que se caracterizan por poseer la nave única cubierta con cañón apuntado y la cabecera, de testero recto, con crucería simple, «denotando en todo ello un localismo arcaizante».

La etapa final del gótico se manifiesta en Aragón con un extraordinario florecimiento, prolongándose en sus más tardías manifestaciones hasta los comienzos del Renacimiento, en el siglo XVI. A maestros extranjeros, procedentes de Borgoña, de Flandes y del valle del Rin cabe atribuir la temprana recepción de las formas flamígeras, que alcanzan su máxima suntuosidad al ser interpretadas, luego, por artistas locales en los que lo septentrional se fusiona con lo meridional, de tradición musulmana. La colegiata de Santa María en Daroca Buscar voz... fue objeto de actividad constructiva al empezar el siglo XV. En ella trabajaba un «maestre Issanbart», en 1417, que pudo haber participado en las obras emprendidas en la decoración de su capilla mayor (la actual capilla de los Santos Corporales), para modificar su primitivo aspecto, románico, por otro más del gusto de la época, de estilo netamente borgoñón.

Se construyen también en este momento algunas iglesias que mantienen, a pesar de la fecha tardía, su carácter purista. Así sucede con la iglesia parroquial de Molinos, en tierras turolenses, que obedece al tipo levantino, tradicional en la zona, a la que hay que datar de tiempo de los Reyes Católicos, de acuerdo con la decoración de sus portadas. Y la iglesia parroquial de Santa María en Sádaba Buscar voz..., a la que Torralba menciona como uno de los ejemplos «más europeos» que se conservan en Aragón, aunque de época avanzada. De ella se conoce el año de su consagración, 1549, fecha que concuerda con su esbelto campanario, cuya flecha recuerda modelos castellanos (Toledo, Segovia); pero el edificio, con su elegante portada, con decoración esculpida, parece ser anterior.

El monumento «más significativo y espectacular» de este período artístico, en palabras de Torralba, es la catedral de San Salvador de Zaragoza, que por entonces alcanza su estructura definitiva. Edificio mixto tanto por los materiales utilizados —piedra y ladrillo— como por los estilos que comprende —románico, mudéjar, gótico—, testimonia la lentitud con que se desarrollaron las obras y las vicisitudes sufridas en su realización. El primitivo edificio, levantado a finales del XII sobre una parte de la antigua mezquita, daría lugar, en el siglo XVI, a otro muy distinto en el que el modelo original casi desaparece enmascarado por las ampliaciones efectuadas a lo largo de cuatro siglos. Cabe señalar, como etapas importantes de su historia, la de 1317, en que la sede fue erigida en metropolitana, motivando en su titular, D. Pedro López de Luna Buscar voz..., el deseo de obrar en el templo, que «no sólo estaba ruinoso sino que carecía de luz». El gobierno de la mitra por don Lope Fernández de Luna Buscar voz... es otra etapa importante en la biografía de la seo zaragozana; desde 1374 dispone la construcción de la capilla de San Miguel, en el brazo septentrional del crucero y alineada con los ábsides, que todavía subsiste. En 1376 estaban a punto de concluirse las obras del cimborrio que dotaría de luminosidad a la capilla mayor. Un nuevo cimborrio lo substituiría, a comienzos del siglo siguiente, por mandato de Benedicto XIII, el mismo que habría que restaurar en 1417 por no ofrecer seguridad sus apoyos. Nuevos remiendos en su fábrica (1431) indican que su estructura, demasiado atrevida, no podría durar largo tiempo. En febrero de 1498 se derrumba el segundo cimborrio y después de consultar a maestros procedentes de diversos lugares (de Toledo vino Enrique Egas) se decide reconstruirlo de nuevo (1504-1519) bajo la dirección del maestro albañil Juan Botero. Regía entonces la sede don Alonso de Aragón Buscar voz..., quien resuelve engrandecer el edificio añadiéndole dos naves laterales (h. 1490), para lo que hubo que destruir capillas y parte del claustro situado en el lado meridional. La postrera etapa la señala la figura de don Hernando de Aragón Buscar voz... (1546-1555), artífice de la última ampliación de la catedral. Al añadirle dos últimos tramos transversales (a partir del coro) alteraba su espacio primitivo, de claro sentido longitudinal, por otro casi cuadrado, mucho más estático. El edificio actual, de cinco naves, casi de igual altura, resulta, de nuevo, poco luminoso.

• Bibliog.:
Arquitectura: Arco, R. del: La Catedral de Huesca; Huesca, 1924.
Id.: «La fábrica de la Catedral de Huesca. Nuevos documentos»; A.E.A., n.º 96, Madrid, 1951.
Torres Balbás, L.: «Arquitectura gótica»; Ars Hispaniae, VII, Madrid, 1952.
Abbad Ríos, F.: «Sobre iglesias góticas del siglo XIV cubiertas con madera»; Las Ciencias, Madrid, n.º 3, 1954.
Durán Gudiol, A.: «Un arquitecto inédito del año 1338»; Notas de Archivo, 5, Argensola, n.º 25, Huesca, 1956.
Guitart Aparicio, C.: La ex-colegiata de Santa M.ª de Borja; Borja, 1970.
Id.: La Colegiata de Sta. María la Mayor y el castillo del Compromiso en Caspe; Caspe, 1974.
Borrás Gualis, G.: «Algunas iglesias góticas del Bajo Aragón»; E.E.M.C.A., Zaragoza, vol. X, 1975.
Guitart Aparicio, C.: Arquitectura gótica en Aragón; Zaragoza, col. Aragón, 1979.

Arquitectura renacentista Buscar voz...: La arquitectura aragonesa del siglo XVI presenta dos variantes fundamentales: la religiosa y la civil. En cuanto a la primera, usa de dos tipos básicos de plantas: la de las iglesias de tipo salón de varias naves, y la que sigue, con más o menos modificaciones, el modelo de «iglesia Reyes Católicos». El primer tipo de iglesia de salón o «hallenkirche» parte del gótico tardío y concretamente de La Seo Buscar voz... de Zaragoza, siendo sus ejemplos más representativos los de la catedral de Barbastro Buscar voz... (1500-1533, B. Barazábal y Juan de Palacio, bajo la dirección de Juan de Segura), y las colegiatas de Bolea Buscar voz... (1535-1556, B. Barazábal) y Daroca Buscar voz... (1585-1598, Juan Marrón). En cualquiera de ellas se busca un espacio unitario de salón, más simplificado que en la catedral zaragozana por constar de sólo tres naves de igual altura, separadas y apeadas en pilares fasciculados muy esbeltos que no dificultan la visión de conjunto, que se concluyen en estrechos capiteles continuos de hojas, y en todos los casos reciben bóvedas estrelladas complejas, ricas en ornamentación y aplanadas, que crean una especie de red continuada que cierra el recinto. También en estos casos como en La Seo zaragozana, y al modo de las iglesias levantinas, se abren capillas entre los contrafuertes, el crucero no se marca para evitar cualquier ruptura en su continuidad, terminándose en una capilla mayor poco profunda.

Dentro de este grupo de iglesias, podríamos incluir un segundo apartado de edificios que unen a estas características el poseer elementos arquitectónicos renacentistas. Así son las «iglesias de salón» con soportes «tipo Lonja»: las de Longares Buscar voz... (1526, Alonso de Lerdes), Leciñena Buscar voz... (siglo XVI), Calcena Buscar voz... (construcción temprana del siglo XVI), Fuentes de Jiloca Buscar voz... (segunda mitad XVI, Juan Marrón) y Ariza Buscar voz... (1555). En los dos primeros casos usan la columna jónica «anillada», que tal como señala Torralba presenta un anillo a un tercio de altura de su fuste, para elevarlas sin romper sus proporciones. Las de Fuentes de Jiloca, Calcena y Ariza se asemejan entre sí, presentando otro soporte renacentista con molduras anilladas en vez de capitel. Todas cubren la igual altura de sus naves con bóvedas estrelladas, salvo Leciñena que emplea en la central cañón con limetos y en las laterales, cortos cañones transversales, actuando casi como nave única con capillas laterales comunicadas entre sí. Otra variante nos la ofrece la parroquial de Magallón Buscar voz... (mediados a segunda mitad del siglo XVI), con columnas toscanas de menor altura, siguiendo un modelado más castellano. En tanto que Fuentes de Ebro (Pierres Vedel, mediados siglo XVI), muestra un soporte más personal y único en Aragón, a base de pilares cuadrados sobre plinto con cuatro columnas toscanas estriadas sobre basa ática en sus ángulos, modelo que no se adapta en absoluto con el resto de su estructura (arcos apuntados y bóvedas estrelladas).

La segunda planta más divulgada es la que parte del modelo de iglesia creada en el reinado de los Reyes Católicos, es decir el tipo que aparece en la iglesia de San Juan de los Reyes, en Toledo (construida a partir de 1476 para conmemorar la batalla de Toro), y que consta de una sola nave con capillas poco profundas entre los contrafuertes, cabecera poligonal y coro alto a los pies. Ejemplo destacado de ello es la parroquial de Sádaba Buscar voz..., que fue consagrada en 1549, aunque seguramente se concluyó mucho antes. Se ajusta perfectamente a la descripción del modelo referido, cubriéndose en su totalidad con bóvedas estrelladas, todas distintas, que apean en columnas cilíndricas con decoración de grutescos empotradas en los pilares.

También la iglesia de San Carlos de Zaragoza, iniciada por los jesuitas entre 1569 y 1570, responde al mismo prototipo, no habiendo llegado aún el modelo que creara un año antes Vignola en su iglesia matriz en Roma (1568). Difiere de las demás de este grupo en la tribuna que se extiende sobre las capillas laterales y se abre a la nave mediante arcos geminados, que se repiten en los vanos altos que la iluminan. Este aspecto primitivo sería alterado más tarde por la decoración barroca.

El mismo tipo con variantes siguen la parroquial de Used Buscar voz..., las de Trasobares Buscar voz..., Pozuelo de Aragón Buscar voz..., Agón Buscar voz..., Albeta Buscar voz..., Bisimbre Buscar voz..., Maleján Buscar voz..., Tabuenca Buscar voz..., la iglesia de la cartuja de Aula Dei Buscar voz..., en Zaragoza (fundada por el arzobispo don Hernando de Aragón, 1564-67), y en Teruel, las iglesias de Albarracín Buscar voz..., la de Santa María y la catedral y la parroquial de Santa Eulalia del Campo Buscar voz.... Estas tres están ligadas al arquitecto francés Pierres Vedel, que construyó la segunda entre 1532-40, intervino en la tercera en 1560 y dejó a su muerte inconclusa la primera en 1567. Las de Albarracín presentan coro alto a los pies. Teruel cuenta con un buen número de iglesias similares, entre las que pueden citarse las de Cretas Buscar voz... (1566), Cedrillas Buscar voz..., Cascante del Río Buscar voz... y las ya tardías de Cervera del Rincón Buscar voz... (1604) y Santiago de Albarracín (h. 1600).

La larga perduración de este modelo en Aragón la encontramos también en Zaragoza, con el ejemplo tan sobresaliente de la parroquial de Fuendejalón Buscar voz..., que según consta en su cabecera fue iniciada en 1597 y cuyas obras prosiguieron hasta el año 1608 en que se terminó. Como en otros casos, sus vanos en arcos de medio punto, se decoraron con temas renacentistas, como casetones y querubines.

Dentro de esta misma arquitectura del siglo XVI, lo renacentista aparece a veces superficialmente, como un «añadido ornamental» que se une a estructuras arquitectónicas no renacientes. Así una de las aplicaciones concretas del Renacimiento en Aragón la constituyen las portadas, que por su carácter de añadido son obra hecha por escultores. En ellas, a la hora de inspirarse en lo italiano se buscan los modelos más ricos en ornamentación añadida, que se adapten por ello mejor a la transición entre el gótico tardío y el nuevo estilo, encontrándose éstos en el norte de Italia, en la Lombardía, en obras como la cartuja de Pavía o la catedral de Como. Bajo esta orientación se harán las portadas más significativas del primer renacimiento aragonés: la de la iglesia de Santa Engracia Buscar voz..., de Zaragoza, y la de Santa María de Calatayud Buscar voz..., que son por otra parte de las primeras muestras del nuevo estilo en España y en Aragón. La primera fue iniciada en 1504 por Gil Morlanes Buscar voz... padre, continuándose entre 1514-15 por su hijo (restaurada por Palao Buscar voz... en el siglo XIX). La segunda es algo más tardía, se inspira quizás en la anterior, ejecutándose entre 1523 y 1528 por Juan de Talavera y Esteban de Obray Buscar voz.... Las dos se labraron en alabastro y responden al tipo de fachada-retablo, como decoración atectónica, aplicada, colgada y circunscrita a un lugar principal, que según señala Chueca Goitia es una de las invariantes de la arquitectura española, derivación de la estructura decorativa de las portadas hispanomusulmanas. La de Santa Engracia, flanqueada por columnas abalaustradas, presenta nichos con esculturas, medallones con escudos, retratos y conchas, concluyéndose con las efigies orantes de los Reyes Católicos, a ambos lados de la Virgen con el Niño, ángeles y santos, y un calvario superior. Por el contrario, la portada de Santa María de Calatayud tiene una apariencia mucho más barroca y movida, debido a su relieve más abultado. Dentro también de las características de la escultura italiana del XV, se prolonga lateralmente mediante dos paños verticales con escudos, inscripciones y decoración de candefieri, que parece de origen libresco, tomada de grabados tal como sucede con la fachada de la Universidad de Salamanca. Coincidencia con el plateresco castellano, debida quizás a la intervención en Calatayud de Juan de Talavera, artista de dicha procedencia.

En la misma línea ornamental se compusieron otras «aplicaciones superficiales», como el trascoro de La Seo de Zaragoza o la embocadura de vanos y capillas (así la de San Bernardo en dicha catedral, las de San Juan Bautista, San Babil y otras en la parroquial de Calcena, etc.), obras todas que hay que incluir dentro del apartado de la escultura.

Otras portadas más tardías responden ya a una influencia cinquecentista. Así la de la parroquial de Cretas Buscar voz... (T.), obra de Xado (1566) y la de la iglesia de Santo Domingo de Alcañiz Buscar voz... (1590-1620), que se enmarcan con columnas pareadas, que sostienen un entablamento saliente y se coronan con frontón, con evidentes rasgos manieristas. Éstos se acentúan aún más en la parroquial de Andorra Buscar voz... (Juan Rigor, 1597-1609), con gran fachada a los pies, a modo de retablo muy vertical, con dos pisos, remate y tres calles, con clara acentuación de las calles laterales mucho más salientes que la central, con apoyo de algunas columnas en ménsulas y otros elementos usados también con sentido anticlásico, típicos del lenguaje manierista.

Lo renacentista se manifiesta también en algunas torres, como la de la iglesia de Pertusa Buscar voz... (H.), obra muy tardía (1575, Juan de Herrera, no el del Escorial). De planta poligonal, presenta en sus ángulos columnas adosadas, con superposición de órdenes en cada uno de sus tres cuerpos, que disminuyen de tamaño progresivamente, se separan por frisos con decoración menuda y presentan hornacinas con esculturas y relieves en el centro de cada uno de sus lados. Los motivos se encajan dentro de un programa simbólico-humanista, constituyendo con las portadas y capillas uno de los contados ejemplos de la introducción de lo renacentista-italiano en Aragón.

Independientemente de lo hasta ahora visto, plantas de procedencia gótica y decoración renacentista añadida, hemos de señalar la mayor rareza de los edificios de planta central, de los que sin embargo hay algunos ejemplos. Estas plantas, dedicadas al crucificado, suelen enlazar con la tradición de los martyrium cristianos, tal como lo podemos ver en la ermita del Calvario, en el santuario de la Misericordia, en Borja Buscar voz.... Edificio costeado por el canónigo Joanes Litago entre 1565-66, que también pagó el Cristo que se conserva en su interior. Su planta es circular, construida en buena piedra sillar, cubierta con cúpula hemiesférica al interior, que presenta trasdosamiento escalonado al exterior. En la fachada aparecen pilastras fajadas de tipo toscano, manieristas, sosteniendo un frontón triangular.

Frente a éstas, las plantas cinquecentistas italianas derivadas del modelo Vignola (1568), con más o menos modificaciones (relacionadas a veces con el modelo que la inspiró: San Andrés de Mantua de Alberti, 1472), no se prodigarán sino a partir del siglo XVII y durante el XVIII. Capítulo destacado es el que se refiere a los cimborrios Buscar voz... aragoneses (La Seo de Zaragoza, Tarazona y Teruel, primera mitad del siglo XVI), que por su estructura y ornamentación son relacionables con lo gótico, renacentista y mudéjar, siendo tratados en ese último apartado.

En cuanto a la arquitectura civil, ésta presenta dos importantísimos apartados con tratamiento propio: el de las casas consistoriales Buscar voz... y los palacios Buscar voz..., pudiendo incluirse también las lonjas. La más destacada para este fin es la Lonja de Zaragoza, iniciada en 1541 según las trazas de Juan de Sariñena Buscar voz... (exterior) y Gil Morlanes Buscar voz... hijo (interior), proyecto doble del que será consecuencia la dualidad artística que la anima. Su belleza por el exterior procede de la distribución en pisos horizontales y la rítmica de sus huecos que aumentan progresivamente hacia arriba, dentro de unas características marcadamente quattrocentistas y florentinas, bajo similares búsquedas de armonía, equilibrio en las proporciones y sobriedad, de su bloque cúbico. Por el interior, salvo las columnas «anilladas» y la decoración de grutescos y medallones renacentistas, el resto se muestra aún unido al gótico, cubierto por bóvedas estrelladas y ligado al concepto de «salón» de las lonjas levantinas.

• Bibliog.:
Chueca Goitia, Fernando: La arquitectura del siglo XVI; Ars Hispaniae, vol. XI, ed. Plus Ultra, Madrid, 1953.
VV. AA., Los palacios aragoneses; Zaragoza, Caja de Ahorros de la Inmaculada, 1991.

Arquitectura barroca: El barroco Buscar voz... es, después del mudéjar Buscar voz..., el estilo de mayor transcendencia en la región aragonesa, y a diferencia de éste, muy poco conocido. Estudios de Belén Boloqui y de Arturo Ansón nos permiten un mejor conocimiento de la escultura y pintura barrocas en Aragón, pero la arquitectura debe ser objeto todavía de estudio perentorio, ya que constituye, además, una de las manifestaciones artísticas más pujantes en este período. Superado ya sobradamente el antibarroquismo dominante en la historia del gusto (el barroco andaluz, el salmantino y el gallego han sido cumplidamente recuperados por la historiografía), en Aragón el barroco aparece ofuscado por el arte mudéjar, quedando relegado a un segundo término. Y, sin embargo, la labor de catalogación artística (la propia provincia de Zaragoza por Abbad Ríos Buscar voz... en 1957, y la de Teruel por Sebastián López Buscar voz... en 1974) ha puesto de manifiesto la importancia de la arquitectura barroca aragonesa, tanto por la abundancia de ejemplos como por su poderosa personalidad.

La arquitectura barroca aragonesa seguirá utilizando materiales tradicionales, como el ladrillo, el tapial y el yeso, y con ellos la tradición artesana del oficio, no revelándose grandes personalidades hasta mediado el siglo XVII, como una onda o eco mudéjar que viene devuelto por el espíritu popular. Se trata de los interiores profusa y tumultuosamente ornamentados, especialmente en bóvedas y cúpulas a base de las características lacerías mudéjares, labradas en yeso. Sobre este tema llamó la atención Íñiguez Almech Buscar voz..., apuntando la influencia que pudo tener la obra, Arte y uso de arquitectura de fray Lorenzo de San Nicolás (ediciones de 1639 y 1667). Los ejemplos conocidos de iglesias decoradas con bóvedas barroco-mudéjares son cada día más numerosos y constituyen el grupo de más poderosa personalidad, dentro del siglo XVII, faltando precisar en muchas ocasiones su cronología, con una concentración a mediados de siglo; es tema que merece un estudio detenido. Por citar sólo los conjuntos más ambiciosos (pues las capillas y elementos aislados son innumerables) recordemos las Fecetas y San lldefonso en Zaragoza Buscar voz..., no desmereciendo otras iglesias parroquiales de la provincia, como las de Illueca Buscar voz... (remodelando y reorientando el edificio anterior mudéjar), Brea de Aragón Buscar voz..., Acered Buscar voz..., o la del convento de San Benito en Calatayud Buscar voz.... Últimamente Gómez Valenzuela ha ampliado la nómina para la provincia de Huesca con la magnífica parroquial de Juseu Buscar voz... y las naves laterales de Torres del Obispo Buscar voz..., entre otras. Aún quedan en este tema abundantes sorpresas, como la sobrecogedora parroquial de Peralta de la Sal Buscar voz.... De esta forma, la decoración mudéjar de entrelazo pervive en el barroco aragonés claramente interiorizada, y cronológicamente tiene vigencia durante el siglo XVII y prácticamente hasta que el jesuita Pablo Diego de Lacarre Buscar voz... inicie en 1723 la decoración dieciochesca de la iglesia de la Compañía en Zaragoza (Real Seminario de San Carlos Borromeo).

A pesar de lo subrayado, el equilibrio de fuerzas entre tradición mudéjar e italianismo se va alterando en el barroco aragonés a favor de este último, apreciable sobre todo en las estructuras arquitectónicas. Predominará el modelo de planta de Vignola, con disposición axial, gran nave central, capillas laterales con tribunas sobre las mismas, y crucero con cúpula (de amplia difusión en las iglesias conventuales, de las que un buen ejemplo es la de San Ildefonso de Zaragoza). A este modelo viñolesco habrá que añadir la poderosa influencia que en el siglo XVIII ejercerá la planta del templo del Pilar Buscar voz.... Aunque en lo estructural las variantes son muy numerosas, y no muy bien definidas todavía (Santiago Sebastián López ha señalado para la provincia de Teruel versiones tardías de la girola cuadrada, como la iglesia arciprestal de Cantavieja Buscar voz..., del maestro Antonio Nadal, y arcaizantes ejemplos de plantas centralizadas, algunas de gran interés corno la ermita del Pilar en Hinojosa de Jarque Buscar voz...).

El desarrollo histórico de la arquitectura barroca aragonesa (aparte de lo ya mencionado) queda aquí limitado a los hitos fundamentales. En el primer tercio del siglo XVII se advierte ya un cambio notable; se abandonan las estructuras del gótico tardío del siglo XVI (iglesias de nave única con cabecera poligonal y capillas laterales entre los contrafuertes, abovedadas con crucería estrellada) y se introduce el estilo sobrio y purista, derivado de lo herreriano: pilares cruciformes, abovedamientos en cañón con lunetos, cúpulas sobre pechinas en el crucero constituirán el nuevo lenguaje formal. Este cambio se acusa en la actividad del arquitecto Gaspar de Villaverde Buscar voz..., con importantes obras en Calatayud, como la colegiata del Santo Sepulcro (1613), de planta basilical de tres naves con crucero, o la iglesia, recientemente derribada, del convento de dominicas en la misma ciudad (1616-1625), de planta central, terminada por Francisco de Aguirre. A esta nueva manera corresponde asimismo, levantada por estas fechas, la colegiata de Santa María, también en Calatayud.

Pero, a pesar de estos ejemplos —u otros similares, como la basílica de San Lorenzo en Huesca Buscar voz..., comenzada en 1607—, lo mejor conocido siguen siendo los ejemplos zaragozanos. Vicente González Hernández ha estudiado monográficamente el templo de San Ildefonso de Zaragoza (actual parroquia de Santiago), iniciado en 1651 por Juan de Hiberte, pero realizado lo fundamental por el arquitecto rosellonés Felipe Busiñac y Borbón entre 1662 y 1665; la decoración de yeserías barrocomudéjares fue contratada en 1692 por este arquitecto y por José de Borgas, según ha documentado Alfredo Romero.

La década de 1680 sorprende a la ciudad de Zaragoza inmersa en una febril actividad arquitectónica, simbolizada por los ejemplos mayores de la gran basílica del Pilar Buscar voz... y la torre de La Seo Buscar voz.... Hoy día conocemos con mayor detalle esta fiebre constructiva zaragozana gracias a las investigaciones en equipo de José Antonio Almería, Julia Arroyo, María Pilar Díez, Guadalupe Ferrández, Wifredo Rincón, Alfredo Romero y Rosa María Tovar, de quienes esperamos surjan futuros investigadores del barroco aragonés, y a quienes se deben algunos datos, que se ofrecen a continuación. Así en 1679 se remodela la desaparecida iglesia de San Lorenzo, bajo la dirección de Jaime Busiñac y Borbón, y con la ayuda de Jacinto Capaces, José de Mur y Jacinto Ximénez; en 1681 Pedro Martínez y Miguel Ximénez contratan la nueva fábrica de la desaparecida iglesia de Santiago; en diciembre del mismo año de 1681 la Diputación del Reino Buscar voz... encarga la fábrica de la iglesia de Santa Isabel a Miguel de Sanclemente, Pedro Martínez y Miguel Cebollero, a los que se une en 1682 Bernardo Mondragón, encargando la cantería a Pedro de Aguirre y Pedro de Aguirreche; en 1684 José de Estorguía, Antonio Bardají y Juan de Labarta contratan la nueva fábrica de la desaparecida iglesia de San Juan el Viejo; en 1685 José de Estorguía y Juan Berdiel contratan la nueva fábrica de la desaparecida iglesia de San Pedro; el 21-I-1686 se colocaba la primera piedra de la iglesia de San Felipe, bajo la dirección de Miguel Ximénez y obra de cantería de Francisco de Urbieta; en 1687, la ermita de Nuestra Señora de Zaragoza la Vieja, por José Estorguía y Pedro Martínez, menor; en 1691, la iglesia de San Nicolás por Cristóbal y Juan Berdiel...

Pero de las grandes empresas de la arquitectura barroca zaragozana sobresalen, como se ha dicho, la basílica del Pilar y la torre de La Seo, cuyas primeras piedras se colocan simbólicamente en 1681. El plano para el Pilar del arquitecto Felipe Sánchez, de 1675, fue revisado por Francisco de Herrera, el Mozo, a partir de 1679, haciéndose cargo de la dirección de las obras. La planta rectangular, de salón, con tres naves y capillas laterales, cubierta con cúpula central y otras menores secundarias, ejercerá gran influjo regional. Lo mismo ocurre con la torre de La Seo (1686-1704), estudiada en cuidada monografía por Ángel Canellas Buscar voz..., que resulta una versión aragonesa de un campanile italiano, con diseño de Juan Bautista Contini.

Empresas de gran alcance arquitectónico continúan durante la primera mitad del siglo XVIII. No se olvide la iglesia monumental (hoy en ruinas, a causa de la desidia) del monasterio de San Victorián Buscar voz... (H.), o la magnífica colegiata de Alcañiz Buscar voz..., centro del barroco bajoaragonés, donde abundan las portadas-retablo, como la de Valjunquera Buscar voz..., de 1738, por Juan Antonio Martín, o el Mas de las Matas Buscar voz..., de 1744, etc.

A mediados del siglo XVIII, la presencia de Ventura Rodríguez Buscar voz... para realizar los planos de la Santa Capilla del Pilar en Zaragoza (1754) aglutinará a un grupo de arquitectos aragoneses, que se alinean en la concepción barroca moderada del maestro. Entre ellos Julián Yarza Buscar voz..., Agustín Sanz Buscar voz... y José Martín de Aldehuela, adentrándose ya en el período neoclásico.

Algunos aspectos efímeros del barroco aragonés, como los capelardentes Buscar voz... reales, han sido estudiados por Juan Francisco Esteban. Otros aspectos ornamentales, tan ligados a la arquitectura, se consideran a continuación en la escultura Buscar voz.... Pero, en general, el trabajo de los yeseros barrocos aragoneses, con una fuerte personalidad que se concreta en la carnosidad y abultamiento decorativos, queda hoy todavía por estudiar.

• Bibliog.:
Torralba Soriano, Federico: «Arte»; en Aragón, Fundación Juan March, Ed. Noguer, 1977.

Arquitectura neoclásica: como punto de partida de la época neoclásica Buscar voz... en Aragón hay que aludir a un hecho puntual de consecuencias decisivas en la segunda mitad del siglo XVIII: la edificación de la Santa Capilla en la basílica de Nuestra Señora del Pilar en Zaragoza (1754-65), donde junto a la destacada participación aragonesa se añade la presencia de grandes artistas, como el arquitecto Ventura Rodríguez Buscar voz..., los escultores Manuel Álvarez Buscar voz... y Carlos Salas Buscar voz..., a quienes había precedido en 1753 el pintor Antonio González Velázquez Buscar voz... para decorar la gran cúpula bajo la que se levanta la Santa Capilla.

En efecto, en la actividad arquitectónica la presencia de Ventura Rodríguez va a catalizar la escuela aragonesa del neoclasicismo, todavía mal definida por diversas razones. Uno de sus más directos seguidores, el arquitecto turolense José Martín de Aldehuela (1719-1802), realiza la mayor parte de su obra en Cuenca y en Málaga y su provincia; en esta última su actividad está vinculada a la persona del obispo Molina Lario, que tanto tuvo que ver en el renacer del dieciocho turolense. Pertenece Aldehuela a la generación que se encuentra a caballo entre el barroco tardío y el nuevo lenguaje formal clasicista. En esta misma caracterización se encuentran los Yarza Buscar voz..., la familia de arquitectos de mayor continuidad en Aragón (del siglo XVII al XX), y el arquitecto Agustín Sanz Buscar voz..., que trabaja fundamentalmente para el conde de Aranda Buscar voz..., y cuya personalidad e importancia se está esclareciendo; Yarza Lafuente y Sanz trabajaban básicamente en Aragón y en ellos la huella del barroco moderado de Ventura Rodríguez es preponderante, como en toda esta generación. De nuevo en la siguiente generación, en la llamada de 1760, uno de los arquitectos más importantes, el aragonés Silvestre Pérez Buscar voz... (1767-1825) va a desarrollar prácticamente todo su trabajo fuera de Aragón, esta vez principalmente en Madrid, Bilbao y País Vasco; su personalidad, como la de Aldehuela, ha sido bien estudiada, precisamente porque su obra se encuentra fuera de Aragón. Pero otras figuras coetáneas que trabajan en Zaragoza en un lenguaje clasicista, como el arquitecto Tiburcio del Caso Buscar voz... en la iglesia de San Fernando de Torrero, quedan desvaídas.

• Bibliog.:
Entre los arquitectos neoclásicos los más estudiados han sido Aldehuela y Silvestre Pérez; sobre Aldehuela destacan las monografías de Chueca Goitia y Santiago Sebastián; puede verse un estado de la cuestión en Camacho Martínez, Rosario: «Un arquitecto turolense en Málaga: José Martín de Aldehuela»; en Primer Coloquio de Arte Aragonés, Teruel, 20 y 21 de marzo de 1978, Actas, pp. 81-93.

Arquitectura modernista: La irrupción del estilo modernista Buscar voz..., más conocido en Europa como art nouveau, en la arquitectura aragonesa es un fenómeno relativamente tardío y estrechamente vinculado con la difusión del modernismo catalán, especialmente con el «estilo floral» del arquitecto Luis Domenech i Montaner. En efecto, no puede hablarse de arquitectura modernista aragonesa hasta los primeros años del siglo XX, pudiendo situarse su momento de plena eclosión en los pabellones provisionales de la Exposición Hispano-Francesa Buscar voz... del año 1908 en la ciudad de Zaragoza Buscar voz.... Por otra parte, es un fenómeno esencialmente urbano, que afecta en especial a Zaragoza y en menor medida en Teruel Buscar voz..., con ciertos ecos en Huesca Buscar voz... y Barbastro Buscar voz... y alguno muy disperso en otras localidades. Su duración, en parte por la tardía incorporación de Aragón a la arquitectura modernista, resulta breve y efímera, pudiendo reducirse a la década entre 1905 y 1915, desbordando muy poco estas fechas tanto con anterioridad como con posterioridad.

Es preciso subrayar, para diferenciar el modernismo propiamente dicho de otros monumentos coetáneos no modernistas, que en Aragón a fines del siglo XIX tenían un peso abrumador los movimientos historicistas y eclécticos decimonónicos; estos movimientos se basaban en la utilización del ladrillo como material tradicional y en la exaltación del renacimiento como estilo artístico del pasado más adecuado a lo aragonés, configurándose de esta manera una arquitectura «regionalista» de tradición neorrenacentista, en la que se integran diversos elementos como la disposición del palacio aragonés renacentista, la característica galería superior de arcos de medio punto, los medallones decorativos, los rafes o aleros muy volados, el ladrillo a cara vista con alguna decoración mudéjar, etc. Algunos edificios de Zaragoza, como la Facultad de Medicina y Ciencias (1887-1892) o el Museo de Bellas Artes y la Escuela de Artes y Oficios (pabellones de la Exposición de 1908) son un claro exponente de esta arquitectura regionalista, que constituye una corriente ecléctica, de corte tradicionalista y castizo, y que debe diferenciarse claramente de la arquitectura modernista, con la que coinciden en el tiempo como dos movimientos diferentes, uno tradicional y otro de vanguardia, dándose a veces manifestaciones híbridas, con mezcla de ambos.

La arquitectura modernista europea presenta una compleja variedad nacional, de difícil definición, caracterizándose en general por la incorporación de los nuevos materiales, los ritmos ondulados y asimétricos del diseño, papel estructural de la ornamentación, la revitalización de las técnicas artesanas, etc. En la arquitectura modernista aragonesa, con predominio del floralismo naturalista muy próximo al círculo de Domenech i Montaner, no se supo encontrar las cualidades expresivas que en el nuevo lenguaje permitían materiales como el ladrillo y la cerámica, de tanta tradición aragonesa. Así se entró en un callejón sin salida, que no pudo resolver el problema de la producción en serie, lastrada por los condicionamientos de la ornamentación artesana. Fue una arquitectura para una minoría burguesa que comenzaba a afirmar su preponderancia social y política.

En Zaragoza se pueden distinguir dos generaciones de arquitectos modernistas: una primera, que agrupa a quienes se formaron y trabajaron en los movimientos historicistas y eclecticistas decimonónicos y que llegan al modernismo como etapa final renovadora de todo lo anterior, entre los que se cuentan Ricardo Magdalena Buscar voz..., Félix Navarro Pérez Buscar voz... y el escultor-decorador Dionisio Lasuén Ferrer7805; éste es el caso similar del arquitecto tarraconense, responsable de la mayoría de la arquitectura modernista turolense, Pablo Monguió Segura Buscar voz...; todos ellos hacen, además, arquitectura historicista.

En el caso de la segunda generación, aunque caben matizaciones, se trata de arquitectos para los que la moda modernista fue un punto de partida; interesan especialmente Manuel Martínez de Ubago y Lizárraga, Buscar voz... Francisco Albiñana Corralé Buscar voz..., a los que se pueden añadir Luis de La Figuera Buscar voz..., José de Yarza Buscar voz... y otros.

La arquitectura modernista en Zaragoza incorpora los nuevos materiales como el hierro (de los talleres de fundición de Alberto Bressel Buscar voz..., Averly Buscar voz..., Pellicer y Juan, etc.) y propicia el desarrollo y auge de trabajos artesanos como la cerrajería artística, así los de Pascual González (o los excepcionales de Matías Abad en Teruel); o la carpintería de Ezequiel González; la cristalería de León y Rogelio Quintana; y una larga serie de oficios artísticos.

En general puede decirse que el modernismo tuvo en la arquitectura aragonesa, aunque tardíamente, un arraigo notable, ocupando un lugar destacado en el modernismo hispánico.

• Bibliog.:
Borrás Gualis, Gonzalo M.; García Guatas, Manuel y García Lasaosa, José: Zaragoza a principios del s. XX: el Modernismo; Col. Aragón, n.º 10, Zaragoza, lib. General, 1977 (con amplia bibliografía).
Borrás Gualis, Gonzalo M.: «La arquitectura modernista en Teruel»; Boletín Dip. Teruel, n.º 31, Teruel, 1973.

Arquitectura racionalista: El cubismo arquitectónico o racionalismo se inicia en España en fechas relativamente tempranas. De los tres edificios considerados introductores del nuevo estilo en el país, dos son madrileños, la casa del marqués de Villora (de Bergamín) y la estación de servicio Porto-Pi (de Fernández-Shaw), pero el tercero, el Rincón de Goya (de García Mercadal), se construye (1928) en Zaragoza y en esta misma ciudad es donde se funda el G.A.T.E.P.A.C. (1930).

En torno al crack de 1929 y debido a la crisis de la construcción, interesaba realizar una arquitectura funcional y desornamentada que abaratase los costos de producción para que tuviesen acceso a aquélla las clases sociales más humildes. Los nuevos descubrimientos técnicos (como el hormigón armado, introducido en España en 1897 por el ingeniero Eugenio Ribera) se aplican a la realización de edificaciones que no recuerden ningún estilo histórico y rompan así técnica y formalmente con la tradición.

La arquitectura racionalista se desarrolla en Aragón desde 1928 hasta 1953 (con un corte brusco en 1939 y una etapa final de letargo) y se centra en las capitales de provincia. Zaragoza es la que más edificios construye con el nuevo lenguaje, pero Huesca es la que concentra los de más calidad, mientras que en Teruel hay sólo algún ejemplo interesante; la escasa entidad de los casos aislados de otros núcleos de las tres provincias reduce su interés al dato documental, aparte de que en estos núcleos a menudo de aspecto rural habría que cuestionarse el papel muchas veces nefasto de los edificios de carácter «culto» implantados artificialmente en un medio que no es el suyo propio.

Se trata de una arquitectura más racionalista en las formas que en los conceptos, como sucede en el resto del país. Con raíces en el modo productivo de la «generación de 1925» (a la que pertenecieron dos de sus iniciadores, Regino Borobio Buscar voz... y Fernando García Mercadal Buscar voz...), une a los caracteres propios de aquélla, los específicos del racionalismo. Constante en aquélla fue la utilización del ladrillo, que aquí cuenta con una amplia tradición de recuerdo mudéjar; por eso abundan menos los muros revocados y pintados de blanco, al modo Bauhaus. Estructuralmente los edificios se deciden por el hormigón (los más avanzados), pero perdura la estructura metálica. Los adelantos técnicos se aplican en partidas como la carpintería (metálica y con divisiones en saetinos), los acabados decorativos (tubo cromado, mosaicos y pavimentos industriales), la iluminación (tubo «Neón» y apliques de diseño industrial) y los sistemas de cerramiento (persianas enrollables); estos últimos permiten la apertura de numerosos vanos de fácil aislamiento (carpintería metálica, doble acristalamiento), que suelen disponerse en líneas continuas horizontales (la fenêtre en longueur de Le Corbusier). La cerrajería suele ser de hierro fundido y maciza, de sección circular o cuadrada y las barandillas suelen disponer sus barrotes «al estilo barco», de forma horizontal y paralela. El enrejado de algunas puertas o vallas forma sencillos dibujos geométricos de inspiración cubista. Las cubiertas, pueden ser planas, al modo Bauhaus o «a la catalana», aunque con frecuencia se apartan de la «ortodoxia» y se adaptan al clima local al preferir la teja y la doble vertiente.

El aspecto exterior de los edificios suele ser cúbico (en viviendas entre medianerías y en algunos bloques singulares) o en forma de maclas geométricas (algunas entre medianerías, muchas en chaflán y abundantes edificios singulares) no olvidando ese interés por el volumen que es general en todo el movimiento.

Según lo usual en el racionalismo español (que mantiene una línea expresionista), en ocasiones, los encuentros de los distintos planos de las fachadas se resuelven en semicírculo y también se achaflanan, de la misma forma que los cuerpos salientes de los miradores (como en obras de Mendelssohn), e incluso las esquinas de los interiores. Otras veces, encuentros y miradores acaban en ángulo recto, al modo Bauhaus. En planta hay que distinguir entre los edificios de viviendas unifamiliares y los edificios singulares.

Los edificios singulares, encargados por entidades oficiales o instituciones de distintos tipos, se prestan a soluciones más ágiles. En Aragón, los arquitectos introductores del racionalismo fueron: Francisco Albiñana Corralé Buscar voz..., José Beltrán Navarro Buscar voz..., Regino y José Borobio Ojeda Buscar voz..., Fernando García Mercadal Buscar voz... y José Luis de León y Díaz-Capilla Buscar voz...; como difusores de dicho movimiento podrían considerarse: Marcelo Carqué Aniesa Buscar voz..., Luis González Gutiérrez, Juan Antonio Muñoz Gómez Buscar voz..., Miguel Ángel Navarro Pérez Buscar voz..., José Luis Navarro Anguela y Teodoro Ríos Balaguer Buscar voz...; por último también dejaron obra racionalista en Aragón, aunque de una manera más coyuntural: Carlo Baratto y Manuel Muñoz, Rafael Bergamín y Luis Blanco, Antonio Cañada, Francisco Clavera, José Descartín, Bruno Farina, Luis de la Figuera, Fausto García Marco, Roberto García Ochoa, Luis García Rosa, Laureano de Goicoechea, Juan José Gómez Cordobés, Alberto Huerta, José M.ª Lafuente, Romualdo Madariaga, Ignacio Mendizábal, Lorenzo Monclús, Lorenzo Ortiz, Antonio Rubio, Marcelino Securum, Antonio Uceda y Enrique Vicentí.

• Bibliog.:
Fantoni, Rafael de: «Algunos datos genealógicos sobre el arquitecto y académico zaragozano Fernando García Mercadal (1896-1985)»; Boletín del Museo e Instituto «Camón Aznar», Zaragoza, LXX-I, 1997.
Marco Fraile, Ricardo y Rábanos Faci, Carmen: G.A.T.E.P.A.C. 1930-1940. Arquitectura Racionalista; Zaragoza, 1979.
Pozo Municio, José Manuel: Regino Borobio Ojeda, 1895-1976: Modernidad y contexto en el primer racionalismo español; Colegio Oficial de Arquitectos de Aragón, Zaragoza, 1990.
Rábanos Faci, Carmen: «Aportación al estudio de la época del Racionalismo en Aragón (1925-1939). Otros arquitectos y su obra»; Artigrama, Universidad de Zaragoza, Departamento de Historia del Arte, N.º 2, 1985.
Rábanos Fací, Carmen: «Catálogo documental de obras arquitectónicas en Aragón en el período de 1925 a 1939»; Artigrama, Universidad de Zaragoza, Departamento de Historia del Arte, N.º 3, 1986.
Rábanos Faci, Carmen: «La arquitectura de los Borobio entre la vanguardia y la tradición»; Aragón Turístico y Monumental, N.º 321, Noviembre, 1987.
Rábanos Faci, Carmen: «Los edificios de los Borobio, destinados a la docencia, entre la vanguardia y la tradición (1925-1939)»; V Congrés Espanyol D´Historia de L´Art, Generalitat de Catalunya, Departament de Cultura.
Rábanos Faci, Carmen: «Los encargos Arquitectónicos en Aragón desde 1925 a 1939. La Segunda República»; Diputación Provincial, Institución Fernando el Católico, Seminario de Arte Aragonés, XXXIII, Zaragoza, 1981.
Rábanos Faci, Carmen: «Perfil humano de Fernando García Mercadal a través de su correspondencia privada»; Boletín del museo Pablo Gargallo, Ayuntamiento de Zaragoza, n.º 1, Julio, 1987.
Rábanos Faci, Carmen: Vanguardia frente a tradición en la Arquitectura aragonesa (1925-1939). El Racionalismo; finalista premio «Joaquín Costa», UNALI, Zaragoza.
Rábanos Faci, Carmen: «Vanguardia y Tradición en la Arquitectura Aragonesa del Siglo XX: 1925 1939»; Diputación Provincial de Zaragoza, Institución Fernando el Católico, Seminario de Arte Aragonés, XXXVIII, Zaragoza, 1983.

La arquitectura de 1939 a 2000: Centrándonos en Zaragoza Buscar voz... y recordando el Anteproyecto de Ordenación de 1943, realizado por José de Yarza Buscar voz..., José Beltrán Buscar voz... y Regino Borobio Buscar voz..., se mantiene el Proyecto de Reforma interior del casco histórico, redactado en 1939 por Regino Borobio y José Beltrán. Con la dictadura de Franco Buscar voz... cobra impulso la ampliación del espacio en torno a la Basílica del Pilar, de R. Borobio en 1937, de manera que con el monumento a los Caídos, concluido a principios de los cincuenta se da paso a una arquitectura triunfalista de acuerdo a las propuestas de los concursos que proliferan por España. Ejemplos de dicha arquitectura son apreciables en la facultad de Derecho, 1939-1945, el Edificio de la Feria de Muestras, iniciado en 1940, y la Basílica de San Antonio, 1940-1942.

La arquitectura populista predomina durante un primer período, la cual está potenciada por el organismo de Regiones Devastadas que promueve nuevas poblaciones Buscar voz... en las zonas rurales. Dicha disposición motiva que lo popular, como punto de partida, prolifere en la arquitectura de Zaragoza. En dicha línea cabe citar a numerosos edificios de la calle de San Vicente de Paúl, en la plaza de San Francisco o en el grupo de viviendas Franciso Caballero. De los edificios oficiales el más emblemático es el Ayuntamiento. Desde principios de los cincuenta, con el trasfondo político del Concordato con la Santa Sede, de los pactos con EE.UU., 1953, y el ingreso en la O.N.U., termina el período autárquico Buscar voz.... Por estas fechas la «Cátedra Ricardo Magdalena», de la Institución Fernando el Católico Buscar voz..., impartió dos cursillos, titulados «Estudios de Urbanismo», en colaboración con el Colegio de Arquitectos de Aragón y Rioja, que se inauguran en abril de 1957 bajo la dirección de Regino Borobio Ojeda, por entonces decano de dicho Colegio. Las ponencias, abarcando múltiples facetas, se publicaron en 1960. La mencionada «Cátedra Ricardo Magdalena» fue creada para premiar trabajos sobre Arquitectura, Urbanismo y Sociología de éste, así como Biografías de Aragoneses. En la actualidad continúa con sus actividades.

La aprobación de la Ley del suelo y el Plan de Ordenación Urbana, sin olvidar la influencia de la Carta de Atenas, motiva una influencia del racionalismo europeo y de la arquitectura orgánica estadounidense. Al respecto, basta recordar edificios como el Colegio de la Purísima para Sordomudos, 1956-1957, la Estación de Servicio «Los Enlaces», 1960-1961, la Clínica «Montpellier» 1969-1970, o las Naves y Oficinas Industriales «Glasser», 1972-1974, entre tantos ejemplos. A todo ello conviene recordar el crecimiento industrial y la elección de Zaragoza, en 1963, como Polo de Desarrollo Industrial lo cual motiva un alto crecimiento demográfico y la aparición de los nuevos polígonos.

El nacimiento de nuevas actitudes, protagonizadas por el Grupo Z, y la revisión crítica del Movimiento Moderno, motivan otros planteamientos formales. Se mantiene el organicismo nórdico iniciado por Yarza y se revisan tendencias como el Expresionismo y el Purismo, mientras que otros arquitectos se inclinan por la nueva Tendenzza. Súmese, por otra parte, la urbanización, desde 1972, del ACTUR Puente Santiago. La descentralización generalizada motiva que los Ayuntamientos y las Administraciones Autónomas patrocinen la arquitectura. Resulta significativo la publicación del Ayuntamiento de «Zaragoza Zonas Verdes, Espacios Naturales», 1990, «Zaragoza, Plan de Ayudas a la rehabilitación», 1991, o de «Zaragoza, Viviendas Municipales de Alquiler», 1991. Se consigue estar en una línea dentro de las vanguardias culturales de otros países, la cual se manifiesta en una evidente y generalizada creatividad. En dicha línea adquiere una gran trascendencia la tarea expositiva del Colegio de Arquitectos y el Premio de Arquitectura García Mercadal Buscar voz..., ya desde 1985, organizado por dicho Colegio, siendo la primera convocatoria en 1986. Premiados: 1986 - Teófilo Martín Sanz y Luis Fernández Ramírez. 1987 - Desierto. 1988 - Mariano Pemán Gavín y Luis Franco Lahoz. 1989 - Daniel Olano Pérez y José Antonio Lorente. 1990- Fernando Aguerri Martínez. 1991- Víctor López Cotelo y Carlos Puente. 1992- Desierto. 1993- Basilio Tobías Pintre. 1994- Fernando Aguerri Martínez. 1995 - Basilio Tobías Pintre. 1996- Manuel Marquínez Bernal y José Ignacio Poves Romeo. 1997- Javier Ruiz Tapiador. 1998- Manuel Castillo y Elena Vallino y 1999- Joaquín Sicilia y su estudio.

A lo señalado cabe incorporar a un conjunto de proyectos que destacan durante los noventa.

Plaza de las Catedrales, Zaragoza (1992). Remodelación de Ricardo Usón y José María Ruiz de Temiño. Rehabilitación de la Lonja: Úrsula Heredia. Rehabilitación del puente de Piedra: José Manuel Pérez Latorre Buscar voz.... Es la última remodelación de la plaza de las Catedrales (la anterior correspondió a Regino Borobio, en 1936).

El puente de Piedra. Mientras que José Manuel Pérez Latorre, autor de una brillante reestructuración del puente de Piedra (al que sólo sobra algo de mobiliario urbano), ha sido creador de la llamada pirámide, por su similitud conceptual con la del Louvre parisino; su belleza suntuaria, a base de costosos revestimientos de ónice, resulta inmodesta, porque oculta la visión de La Seo con su exceso volumétrico; en realidad se trata de un prisma de carácter suntuario. El Altar de la Patria, que se ha llevado al cementerio de Torrero, antes ocultaba un edificio funcionalista de Goitia (que ahora asoma tras de San Juan de los Panetes). El desconcierto visual aumenta más y, si cabe, la descontextualización resulta ya supina, aunque la fuente, pese a sus connotaciones con los parques acuáticos, es de lo más salvable, dentro de este cúmulo de objetos abandonados a su suerte, o peor, a su infortunio.

Mejoras urbanas. El parque de Pina (Zaragoza). La antigua reivindicación de los vecinos del Barrio de San José de Zaragoza se hizo realidad en 1992 con la urbanización de un parque en los terrenos de la desaparecida fábrica de curtidos Pina. Con voluntad de antidiseño y continuas referencias simbólicas al sentir popular, Antonio Lorenzo consiguió un necesario espacio urbano que mejora ostensiblemente la trama del barrio. El parque está situado alrededor de la primitiva acequia, ahora canalizada y utilizada como elemento decorativo y representativo, la rodean parterres de plantas aromáticas, una pérgola a modo de mural, o de «jardín de la memoria», sobre diseño de Santiago Lagunas Buscar voz... (alma del vanguardista Grupo Pórtico y ex-decano de un Colegio de Arquitectos entonces proclive al apoyo de reivindicaciones sociales), que ha sido realizada por Fernando Malo. Todo ello junto a una zona arbolada y solada con gravilla blanca.

El siguiente espacio lo constituye una plaza dura, que homenajea al poeta José Martí, en cuyo centro se ubicará una escultura cinética, sobre un basamento que recuerda los tradicionales kioscos, rodeada por un mural, diseñado por Rubén Enciso, que recoge las huellas manuales de los vecinos. A continuación La huerta del abuelo Rosel (el difunto militante del PCE) recolectará hortalizas plantadas por los vecinos; luego, el estanque, el «cantarranas» tradicional, tras el que se eleva la escultura del escultor Carlos Ochoa: una bañista en resina sintética inspirada en los ninots falleros; por fin, a un a modo de rocódromo para la expansión infantil.

En todo el conjunto destacan dos trazados en diagonal que se entrecruzan: un andador y una pasarela decorada con muretes de hormigón ornamentados con piezas cerámicas (manufacturas por los vecinos en una fiesta del barrio). Quizás al mobiliario urbano hubiera sido necesario darle mayor resistencia antivandálica, y, a la acequia, algún sistema de drenaje; por lo demás, el parque constituye una magnífica muestra de cómo la urbanística contemporánea puede sintetizar la voluntad del pueblo y aunar un avanzado trazado, integrador, útil y agradable.

El Puente de Hierro de Zaragoza, cuya autoría corrió a cargo de Javier Muntañola, fue peatonalizado al filo de los 90. Dos trazados viarios sobre sendos puentes forman un paréntesis en torno al primitivo puente cuya estructura metálica en la línea de la arquitectura de nuevos materiales se ve así preservada. El mobiliario urbano (farolas) es también de gran belleza plástica. Así se convierte en una de las mejores aportaciones urbanísticas de los últimos tiempos. El Puente de la Almozara no logra en cambio, armonizar con el paisaje urbano que desemboca en la plaza de Europa.

La Plaza de Europa. Se organiza en torno al obelisco del escultor Pagnussat, cuyo concepto obedece al movimiento minimalista, según el cual «arte menos es más», la escultura tiende a crear volúmenes geométricos adaptados al marco espacial.

Nuevas intervenciones arquitectónicas en la línea de las comunidades monásticas y las unidades de habitación corbuseriana. La construcción de viviendas con servicios comunitarios, va siendo ya algo generalizado, incluso por parte de las empresas constructoras de carácter comercial; la cooperativa Victoria Martínez tiene ya en estos momentos varias comunidades en construcción en la ciudad de Zaragoza, ciudad en la que ya se realizaron algunas experiencias piloto en los años setenta (en el barrrio de La Jota, en una primitiva construcción remodelada por Saturnino Cisneros, o, algo más tarde, en Torrero, en una comunidad proyectada por Teófilo Marún).

Acampo. Universidad. Daniel Olano Buscar voz.... 1994-1995. Conjunto residencial situado en una gran zona comercial (la más amplia de Zaragoza), y cuenta con todos los servicios de un núcleo urbano de 10.000 ha. Fundado junto a la autovía de Logroño, en la zona de mayor crecimiento económico de Zaragoza y que además dispone de los accesos más fáciles y cómodos de Zaragoza, muy cercana al centro de la ciudad y con un buen servicio de transporte público.

En definitiva, la propuesta es vivir con los servicios de la ciudad pero sin contaminación y en el campo, ya que dispone de 3.000 m.2 privados de zonas verdes y peatonales, en los que se ubicará el equipamiento deportivo y cultural de la urbanización, aprovechando el marco de un espacio totalmente rehabilitado para tal fin. Este espacio deportivo-cultural consta de: piscina privada en la misma urbanización, centro social, gimnasio, salas de deportes (squash, frontón, etc.), sauna, vestuarios, aseos y sala de enfermería, biblioteca y sala de reunión, catorce despachos de uso privado y 15 m.2 mínimo, terraza solarium, zonas verdes y espacios para juegos infantiles, y, zonas peatonales.

Edificios universitarios aragoneses. Como consecuencia de la descentralización universitaria las distintas capitales aragonesas han ido realizando nuevas construcciones y también Zaragoza ha edificado otras nuevas. Así en Huesca, se ha edificado el Colegio Mayor Universitario «Ramón Acín» (1994), y, en el Campus de Teruel la construcción dedicada a Escuela de Magisterio, Facultad de Humanidades y Escuela de Graduados Sociales, obra de José Antonio Gómez Muñoz y Javier Peñafuerte (h. 1993), los mismos responsables de la Escuela Universitaria Politécnica, terminada en 1996. En estos años se construyó también el Colegio Mayor Universitario Pablo Serrano. El Campus de Zaragoza se vio incrementado con el edificio destinado a Centro de Información y sede de iberCaja durante el mandato del rector Camarena. La solución más brillante de todas la constituye la destinada a Consultas Externas del Clínico, obra de los arquitectos Reinaldo Ruiz Yébenes y Alfonso Casares Ávila y el ingeniero Ruiz Castillo Bayod, proyectada en 1989 y construida por Fomento de Construcciones y Contratas S. A. Pero, la mayoría de las construcciones para el Campus de la Universidad de Zaragoza, han sido diseñadas por el arquitecto Basilio Tobías, autor de la Escuela Universitaria de Ciencias de la Salud (proyectada en 1989 y terminada en 1991), el pabellón polideportivo (proyectado en 1990 y terminado en 1992), la ampliación y reforma de la Facultad de Derecho (con proyecto de 1990 y terminación de 1994), la biblioteca de Economía (proyectada en 1994 y terminada en 1996), la Escuela Universitaria de Estudios Sociales (proyectada en 1993 y terminada también en 1996). En todas estas obras impera el criterio de racionalidad constructiva, así como un respeto inusual a las construcciones preexistentes.

• Bibliog.:
El número de publicaciones sobre arquitectura y urbanismo, de 1939 a 2000, es tan considerable que sobrepasa los límites de una obra de estas características. Basta ver la publicación Bibliografía sobre Urbanismo Aragonés, de 1991. En los noventa, incluso antes, destaca el protagonismo de la prensa periódica, que ofrece con cierta regularidad los acontecimientos más relevantes. Al respecto, conviene recordar los artículos de Manuel Pérez-Lizano Forns en el Diario 16 en Aragón, octubre de 1989 a enero de 1990, y en el Heraldo de Aragón, abril de 1990 a octubre de 1991. Asimismo, son de imprescindible consulta los catálogos publicados por el Colegio de Arquitectos, siempre en vínculo a las exposiciones, y diferentes libros de señalada entidad.

Otras publicaciones:

VV. AA.: Bibliografía Sobre Urbanismo Aragonés; Departamento de Historia del Arte, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Zaragoza, 1991.
Navarcorena, Marian: «Auditorio, La Acústica del Hormigón»; El Periódico de Aragón, 28-II-1999.
VV. AA.: Auditorio Palacio de Congresos; Edita Sociedad Audiorama Zaragoza, Zaragoza, 1995.
García-Nieto, Luis: La Zaragoza del Siglo Veintiuno, Club de márketing de Zaragoza, 24 de marzo de 1994.
García-Nieto, Luis: ... Que doce años no es nada. Crónica municipal; Ediciones Oroel, Zaragoza, 1992.
VV. AA.: «Luces y sombras de una nueva Zaragoza», Diario 16 Aragón, Suplemento, 12-X-1991.
Zaragoza, Zonas Verdes. Espacios naturales; Ayuntamiento de Zaragoza, Área de Urbanismo e Infraestructuras, Junio, 1990.
Gil, Ricardo: «Zaragoza desde el aire»; Heraldo de Aragón, Álbum, 12-X-1991.
VV. AA.: «En fiestas»; El Día de Aragón, Suplemento, 12-X-1989.
Bardají, Rafael: «Zaragoza. Una discutible estética urbana»; Heraldo de Aragón, 3-XII-1989.
Crespo, Genoveva: «Juan Rubio del val»; Heraldo de Aragón, 19-V-1991.
«El salón De Nuestra Ciudad»; Diario 16 Aragón, 11-V-1991.
«El futuro, al cubo»; El Periódico, 13-II-1993.
Naya, Jorge: «Orden público y urbanismo, principales preocupaciones»; Heraldo de Aragón, 3-VI-1991.
«I Bienal de Arquitectura y Urbanismo»; Heraldo de Aragón, 30-XI-1991.
VV. AA.: «Zaragoza recupera su Casco Histórico»; Ayuntamiento de Zaragoza, Boletín de Información Municipal, Año I, Mayo, 1997, Número 1.
VV. AA.: «Cinco grandes proyectos para recuperar la memoria histórica»; Ayuntamiento de Zaragoza, Boletín de Información Municipal, Año 2, Diciembre, 1998, Número 4.
Laborda Yneva, José: Suelo y vivienda pública en Aragón. 1985-1990; Diputación General de Aragón, Zaragoza, 1991.
VV. AA.: Torreciudad; Ediciones Rialp, Madrid, 1988.
VV. AA.: «Monográfico Dedicado a Restauración»; Artigrama, Departamento de Historia del arte, Universidad de Zaragoza, Números 6-7, 1989-1990.
Recuperar Aragón. El Pignatelli; Diputación General de Aragón, Editorial Heraldo de Aragón, Zaragoza, 1984.
Zaragoza. Plan de Ayudas a la Rehabilitación; Ayuntamiento de Zaragoza, Sociedad Municipal de la Vivienda, Zaragoza, Abril, 1991.
Zaragoza. Viviendas Municipales de Alquiler; Ayuntamiento de Zaragoza, Sociedad Municipal de la Vivienda, Zaragoza, Marzo, 1991.
Rábanos Faci, Carmen: «Influencia Popular en la Arquitectura Civil Aragonesa Contemporánea»; Actas IV Coloquio Arte Aragonés, Departamento de Historia del Arte, pp. 319-333, Zaragoza, 1986.
Rábanos Faci, Carmen: «Aportaciones a la urbanística y la arquitectura del período entreguerras en Aragón», Artigrama, Departamento de Historia del arte, Universidad de Zaragoza, Número 11, 1994-95.
Rábanos Faci, Carmen: «Urbanismo y arquitectura en el período franquista en Aragón»; Andalán, Números 400/401, 15 de marzo al 15 de abri1, 1984.
VV. AA.: 10 Años de Arquitectura. Premio Fernando García Mercadal, 1985-1995; Palacio de Sástago, Diputación de Zaragoza, 16 de enero-9 de febrero 1997.
Laborda Yneva, José: Guía de Arquitectura de Zaragoza; Caja de Ahorros de la Inmaculada de Aragón, Zaragoza, 1995.
Laborda Yneva, José: Guía de Arquitectura de Teruel; Caja de Ahorros de la Inmaculada de Aragón, Zaragoza, 1996.
Laborda Yneva, José: «Arquitectura, textos críticos»; Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1996.
Laborda Yneva, José: «Guía de Arquitectura de Huesca»; Caja de Ahorros de la Inmaculada de Aragón, Zaragoza, 1997.
Laborda Yneva, José: Restauración del patrimonio histórico en la provincia de Zaragoza; Diputación Provincial de Zaragoza, Zaragoza, 2000.
VV. AA.: La Aljafería; Cortes de Aragón, Zaragoza, 1998.

 

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