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Escultura

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 30/11/2011

(Arte Buscar voz....) El estudio de la escultura en Aragón ha recibido menor atención por parte de los estudiosos e investigadores que el resto de las artes plásticas, si bien su interés e importancia son notables, aun a escala nacional ya que en el contexto de la escultura española, la aragonesa del siglo XVI, del siglo XVIII y la del siglo XX ocupa un lugar preeminente no de todos reconocido.

La escultura decorativa alcanza en tierras aragonesas su primer hito fundamental con el estilo románico, en especial en decoración de portadas, claustros y capiteles, y aun con programas decorativos en el interior de los ábsides, como el caso de La Seo Buscar voz... (catedral de San Salvador) de Zaragoza Buscar voz.... Con el Císter el arte cristiano se purifica de revestimientos ornamentales y Aragón sigue la norma. También de gran sobriedad, y por tanto de escasa escultura aplicada al monumento, es el arte gótico de los reinos de la Corona de Aragón, limitándose por lo general la decoración a algunos frisos, canecillos, gárgolas, etc.; se puede solamente destacar alguna portada monumental como la de la catedral de Huesca, pero el resto es de menor ambición. Si el soporte de la escultura decorativa medieval había sido la piedra del propio monumento, con frecuencia arenisca muy erosionable, que ha condicionado su deficiente conservación, en los tiempos modernos, especialmente a partir del renacimiento, se utilizará el alabastro Buscar voz...; vuelven las portadas monumentales, como la de Santa Engracia de Zaragoza o la de Santa María de Calatayud Buscar voz..., y además se labran bellas embocaduras de capillas laterales, donde pronto el alabastro dejará paso al yeso endurecido, como en el trascoro de La Seo de Zaragoza. El yeso constituirá el material básico decorativo del barroco aragonés, donde de nuevo las embocaduras de las capillas alcanzan una aparatosidad y escenografía muy peculiares.

Si en la escultura decorativa ésta se halla sometida a los condicionamientos compositivos del marco arquitectónico que decora, situación diferente es la de los retablos de escultura, con disposición propia para lo aragonés; en el siglo XV el retablo mayor de La Seo de Zaragoza se erige en el hito primero y fundamental, que servirá de modelo para los demás. Los materiales básicos de los retablos aragoneses han sido el alabastro y la madera (predominantemente de pino) policromada siendo menos frecuente el mármol, y sus épocas de esplendor los siglos XVI (con figuras de primer orden, como los Morlanes Buscar voz..., Forment Buscar voz..., Yoli Buscar voz..., los Moreto Buscar voz..., Ancheta Buscar voz..., entre otros) y XVIII (con los Messa Buscar voz..., los Ramírez Buscar voz..., Salas Buscar voz..., etc.).

Un capítulo destacado de la escultura aragonesa es la temática funeraria, de prolongada y antigua tradición, que se remonta a lo paleocristiano (sarcófagos Buscar voz... de la cripta de Santa Engracia en Zaragoza y de Castiliscar). Ya en el románico existen ejemplares únicos como el sarcófago de doña Sancha en la iglesia de las benedictinas de Jaca, del siglo XI, o el de San Ramón, en la cripta de Roda de Isábena, del siglo XII. Pero será el período gótico la época de esplendor de la escultura funeraria aragonesa, en la que el sepulcro de don Lope Fernández de Luna Buscar voz..., en la parroquieta de San Miguel de La Seo zaragozana, alcanza una iconografía de gran aparato, con cortejo funerario, llorones, etc. En los tiempos modernos las efigies yacentes serán sustituidas por las orantes, paulatinamente, asimismo con notables ejemplos, especialmente en el siglo XVII, como el obispo Palafox en el Museo de Arte Sacro de Calatayud Buscar voz..., o los duques de Villahermosa en su capilla de San José de la iglesia de San Carlos de Zaragoza.

Capítulo aparte y principal merece la imaginería o escultura exenta, en la que de nuevo el material más utilizado ha sido la madera policromada, sin que haya que descartar la piedra, el alabastro, el mármol y otros materiales. No existe un catálogo de la imaginería religiosa medieval, en la que sobresalen las Vírgenes con niño y los Calvarios con espléndidos crucificados, temática a la que en el siglo XV se añaden otras imágenes de santos. En los tiempos modernos, y especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XVI, se generalizan las imágenes procesionales, siendo frecuente la existencia en las iglesias de dos tallas de una misma advocación, una para el retablo y otra para la peana procesional. Desde las últimas décadas del siglo XVI las peanas procesionales, con altos basamentos de dos o tres pisos decorados con relieves, y con baldaquinos Buscar voz..., adquieren un papel importante en la piedad popular aragonesa. Otra variante de interés, en la imaginería aragonesa, es la que aporta el siglo XVIII, con la teoría de imágenes sobre ménsulas en los muros laterales de la nave de la iglesia, entre las bocas de capillas, introducida por el hermano Lacarre Buscar voz... en la iglesia de San Carlos de Zaragoza, y llevada a altas cotas artísticas por José Ramírez Buscar voz... en las iglesias de San Gil y San Felipe de la misma ciudad.

Versión interesante de la escultura exenta no religiosa es la escultura conmemorativa que constituye los monumentos en plazas, jardines, parques, generalizada en Aragón en los tiempos contemporáneos.

Tan dilatada y fecunda tradición plástica aragonesa se continúa en el siglo XX con escultores como Pablo Gargallo Buscar voz..., Honorio García Condoy Buscar voz..., Pablo Serrano Buscar voz..., en las más rigurosas vanguardias internacionales, junto con una notable nómina de escultores aragoneses contemporáneos.

Escultura ibérica: El elenco de escultura ibérica en Aragón es reducido, limitándose a escasos ejemplares, que pertenecen en todos los casos a una etapa tardía.

De la gran estatuaria en piedra solamente han llegado hasta nosotros dos figuras humanas sedentes en arenisca —posiblemente un hombre y una mujer, pero la inexistencia de todo detalle decorativo imposibilita su identificación— encontradas hace unos cuarenta años en Els Castellassos o Plaza de la Magdalena (Albelda de Litera Buscar voz..., Huesca), y dos esculturas de caballos, también en arenisca, halladas en El Palao Buscar voz... (Alcañiz, Teruel), fechables en el siglo III o la primera mitad del II a.C., cuya importancia reside en su vinculación artística más con las piezas meseteñas que con las del sudeste y sur, y en el hecho de ampliar hacia el norte el límite de la estatuaria zoomórfica ibérica, situado hasta el momento en Bocairente y Sagunto.

En bronce tenemos tan sólo objetos menores como el toro del Cabezo de Alcalá (Azaila Buscar voz...), la posible loba de la ermita de Nuestra Señora de la Alegría Buscar voz... (Monzón) y el exvoto de Zaragoza.

Otro apartado, el relieve, está representado por un amplio conjunto de estelas y restos monumentales como los de La Vispesa Buscar voz..., datables entre la segunda mitad del siglo II y el siglo I a.C., que ostenta leyenda y motivos figurados, y los de El Palomar Buscar voz... (Oliete), con decoración geométrica.

Mención aparte merecen algunas pequeñas terracotas zoomórficas de Chalamera, Cabezo de San Pedro (Oliete Buscar voz...), El Castelillo Buscar voz... (Alloza Buscar voz...), San Antonio Buscar voz... (Calaceite Buscar voz...) y El Tarratrato Buscar voz... (Alcañiz Buscar voz...).

• Bibliog.:
Domínguez, A. et alii: Carta Arqueológica de España: Huesca; Zaragoza, 1984.
Marco, F.: «Dos esculturas ibéricas zoomorfas de El Palao (Alcañiz, Teruel)»; Simposi Internacional Els Origens del Mon Ibèric, Ampurias, 38-40, Barcelona, 1976-1978, pp. 407-414.
Marco, F. y Baldellou, V.: «El monumento ibérico de Binéfar (Huesca)»; Pyrenae, 12, Barcelona, 1976, pp. 91-116.
Martín-Bueno, M.: «Estatuilla ibérica hallada en Zaragoza»; Caesaraugusta, 51-52, Zaragoza, 1980, pp. 83-85.
Vicente, J.: «Cerámicas varias. Escultura ibérica»; Atlas de Prehistoria y Arqueología Aragonesas, I, Zaragoza, 1980, mapa XL, pp. 134-137.

Escultura romana (Arqueol.), Este capítulo del mundo romano Buscar voz... ha experimentado en los últimos tiempos un notable incremento en tierras aragonesas por nuevos y trascendentales hallazgos. La mayor parte de las piezas se conservan en los museos aragoneses, otras fuera y algunas han desaparecido, a veces, de antiguo.

De Azaila Buscar voz... y en bronce se dispone de un importante conjunto que estaba ubicado en el templo in antis de la ciudad. Constituido por dos cabezas de bronce, restos de cuerpo y fragmentos de un caballo; la cabeza masculina Buscar voz... puede suponerse que representa a algún personaje anónimo local, dentro de la trayectoria del retrato republicano de comienzos del siglo I a. C; la femenina la atribuye a Juno, patrona de la caballería, siendo el caballo la tercera pieza del grupo. Igualmente se recuperaron en Azaila una figurita de un jabalí y un torito, ambas en bronce.

De época republicana también disponemos de una cabeza femenina de excelente calidad, en bronce, hallada en Fuentes de Ebro, en La Corona Buscar voz.... Pertenecía a una pieza de cuerpo entero, ya que se recuperó también una mano y restos de vestidura. Su fecha se dio en el siglo I a.C., en su segunda mitad. Una pieza menor del mismo yacimiento fue un aplique de yeso, una cabeza de sátiro.

Una estatua en mármol, un fauno joven dormido, yacente, apareció en una villa imperial en el casco urbano de Zaragoza Buscar voz.... Correspondía a un peristilo de la misma y se fechó estilísticamente en el siglo IV d.C. También de Zaragoza un excepcional conjunto, pequeño pero de gran calidad: es un grupo de dos hetairas tañendo música y cantando, hoy en el Museo Marés de Barcelona. Varias estatuas, una varonil que se halló cerca de La Seo, y otra atribuida a Flora, hoy perdida. También una cabeza de caballo en piedra que tras diversas vicisitudes fue a parar al Museo Arqueológico Nacional. Otras piezas perdidas, algunos bronces entre ellas, ofrecen menos garantías e información, por ejemplo un Hércules que se cita en la colección Ram de Víu, con abundante material de la romana ciudad de Bilbilis Buscar voz.... Caesaraugusta ha proporcionado además, en las excavaciones del Museo de Zaragoza en el solar de Gavín y Sepulcro, un retrato de Druso Minor, correspondiente al grupo D de Fittschen, perteneciente a la última serie de retratos del hijo de Tiberio, confeccionada entre los años 21 y 23 d.C. Se conserva la cabeza, en mármol blanco, que debió integrarse en una estatua de cuerpo entero, tal vez incluible en un posible ciclo honorífico alzado en una de las plazas públicas de la colonia. En la misma línea debe retenerse la representación numismática de Caesaraugusta Buscar voz... en la que aparece la figura del propio Augusto entre Cayo y Lucio, adoptados por el emperador en el año 4 a.C.

La ciudad del Jalón, Bilbilis, proporcionó en 1662 una cabeza en mármol de Tiberio Buscar voz..., hoy en el Museo de Zaragoza, que pudo corresponder a una estatua de cuerpo entero. En excavaciones en dicha localidad se recuperaron fragmentos de esculturas en mármol, una mano de estatua monumental en mármol, fragmentos de toga y vestiduras, así como un fragmento del cuerpo de una adolescente con exquisito tratamiento del vestido. A estos hallazgos se añade una cabeza de Druso Minor, en colección desconocida y de confección y arte muy cercano a otro ejemplar del mismo personaje hallado en Caesaraugusta. Ésta hay que unirla a la conocida de antiguo representando al emperador Claudio y hoy en el Museo de Zaragoza, así como los diversos fragmentos de togados hallados. También de Bilbilis son dos magníficas cabezas de mármol que completan el programa iconográfico de este yacimiento. Se trata de un retrato de Tiberio joven, de los denominados de tipo de El Fayum; y de la cabeza correspondiente al retrato de un príncipe Julioclaudio. Por último, entre los hallazgos bilbilitanos, cabe nombrar una pareja de pequeñas figurillas en plomo, representando a Harpócrates, que se localizaron en Bilbilis y que indican la presencia de elementos de culto oriental en el interior.

De la colección Ram de Víu conocemos una cabeza varonil perteneciente al siglo I d.C. y sin identificar.

Tarazona contaba con una figura controvertida que había sido interpretada como Diana cazadora, pero que tras nuevas investigaciones puede ponerse en duda: es estatua de cuerpo entero apoyada en un tronco, y asociado un animal. De esa misma localidad, y en excavaciones en 1980, se ha recuperado una cabeza femenina en piedra, de tamaño mayor al natural que parece representar una figura trágica. Pero sin duda alguna la pieza más extraordinaria de la estatuaria romana en Aragón e Hispania es el retrato de Augusto divinizado en sardónice procedente del Municipium Turiaso Buscar voz..., de 16 cm. de altura y pieza única en su género. Se trata de un palimpsesto, de época trajánea, confeccionado a comienzos del reinado de Trajano y reproduciendo los rasgos de Augusto sobre un retrato anterior de Domiciano. Le falta el busto, sobre el que se colocó el presente retrato, que tuvo que estar hecho en algún material precioso que ignoramos, así como una posible corona o laurea sujeta a las sienes. No es necesario insistir en la propaganda imperial llevada a cabo de forma intensa desde la dinastía flavia y especialmente reforzada por Trajano en lo referente al divus Augustus, así como el carácter especial del soporte utilizado. Dadas las circunstancias de su hallazgo, en un estrato de destrucción de las invasiones Buscar voz... del siglo III d.C., desconocemos la forma de su emplazamiento original. El taller de confección fue sin duda alguna Roma. Completan los hallazgos turiasonenses la cabeza de divinidad encontrada junto a la anterior, en mármol de tipo Carrara, y una segunda cabecita, de colección particular, correspondiente a un cupido o genio alado, de tipo ornamental y de arte local, también procedente del casco viejo y de época julioclaudia.

En Huesca se localizó, en obras realizadas en el centro ciudadano, un fragmento (un brazo) de una escultura monumental en bronce, posiblemente un emperador heroizado o una divinidad. También una boca de fuente con figuración humana. Ceán citaba una estatua de Pan, hoy perdida, al igual que posibles estatuas en nichos en Zuera, referencia que indicaría algún columbario con retratos de los difuntos. De Nocito se conocían dos cabezas bastante poco académicas, y luego otra más, todas en piedra y varoniles. Señalemos también una estatua femenina recostada, de pequeño tamaño y procedente de La Corona de Bolea, que corresponde a la tapa de una urna funeraria: figura tosca y mal conservada.

En prospecciones arqueológicas llevados a cabo por A. Ferreruela (1988) se localizó una pieza escultórica de bulto redondo en el yacimiento denominado El Convento de los Santos (Zuera). Se trata de una pieza de mármol de reducidas proporciones (271 mm. de alto por 278 mm. de base). La base, moldurada en dos escalones por los que ascienden de forma afrontada dos serpientes a las que les faltan las cabezas, remata en una pequeña ara coronada por una piña. Se ha identificado como un altar dedicado a Esculapio.

También procedente de excavaciones, en este caso de la villa de La Malena Buscar voz... (Azuara), es una figura femenina acéfala, identificada con la diosa Ceres (mármol gris y caliza, 585 mm. por 250 mm.). Vestida con túnica recogida en la cintura, cíngulo bajo el pecho e himation que le cuelga sobre la espalda, lleva en la mano derecha una pátera con capullo de flor y con la izquierda sujeta la gran antorcha a la que le falta el remate.

Dos cabezas de mármol, una procedente de Villafranca de Ebro y otra de Zaragoza, aparecidas casualmente, ambas de los dos primeros siglos de la era, indican una riqueza apenas conocida. Se suman los fragmentos aparecidos en excavaciones en Dehesa de Baños Buscar voz... en Chiprana.

• Bibliog.:
Beltrán Lloris, M.: «Un retrato de Drusus Minor en Caesaraugusta»; Museo de Zaragoza, Boletín, 2, Zaragoza, 1983, pp. 169-201.
Id.: «El retrato de divus Augustus del Municipium Turiaso (Tarazona, Zaragoza). Un palimpsesto de época trajánea»; Mad. Mil., 25, 1984, pp. 103-104.
Id.: «Nuevo aspecto de la cabeza del emperador Claudio del Museo de Zaragoza»; Caesaraugusta, 53-54, Zaragoza, 1981, pp. 255-275.
Beltrán Martínez, A.: Aragón y los principios de su Historia; Universidad de Zaragoza, 1975.
Martín Bueno, M.: «La inscripción a Tiberio y el centro religioso de Bilbilis (Calatayud, Zaragoza); Mad. Mil., 22, 1981, pp. 244-254.
Id.: Aragón Arqueológico; Zaragoza, 1977.
Liz, J. y Amaré, M. T.: «Una nueva pieza escultórica turiasonense»; XVII C.N.A, Zaragoza, 1985, pp. 777-787.
VV.AA.: Arqueología 92; Z., 1992, pp. 196-199.

Escultura románica: A diferencia de la arquitectura románica lombarda, que carece de decoración escultórica monumental, lo que explica la ausencia de escultura en los monumentos aragoneses románico-lombardos, así como en el característico grupo de iglesias del valle del Gállego en torno a San Pedro de Lárrede Buscar voz..., la arquitectura del románico pleno, al hilo de los caminos de peregrinación, va a conocer un complejo proceso de formación y desarrollo de la escultura decorativa monumental, que se concentra en capiteles, canecillos, portadas con tímpano, llegando en ocasiones a constituir verdaderos programas iconográficos; se puede decir que en este momento la escultura recobra la importancia que había perdido tras la caída del Imperio romano y durante el período de decadencia de la alta Edad Media.

Según revisiones historiográficas realizadas por los especialistas en la década de los setenta —que afectan especialmente a la interpretación de la escultura románica aragonesa y concretamente al papel que la catedral de Jaca Buscar voz... tuvo en el proceso de formación del nuevo lenguaje decorativo—, puede decirse (siguiendo a Serafín Moralejo) que hoy ya no se acepta la preeminencia cronológica jaquesa, basada en la fecha del año 1063, considerándose como la cronología más adecuada para el estilo jaqués las fechas entre 1088 y 1100, es decir, después de la primera etapa de la catedral de Santiago de Compostela, cuya influencia en la formación de lo jaqués es decisiva, apuntando Moralejo asimismo la precedencia de Frómista sobre Jaca y subrayando el influjo directo que en el estilo clasicista de la escultura románica de Frómista y Jaca ha tenido como fuente de inspiración el sarcófago romano procedente de Santa María de Husillos (localidad a 20 km. de Frómista). En este nuevo contexto cronológico y evolutivo del llamado estilo jaqués encajan mejor las correlaciones e interdependencias entre la catedral de Jaca y Saint-Sernin de Toulouse: así el capitel de estilo jaqués en la tribuna del transepto de Saint-Sernin, estudiado por Thomas W. Lyman, y también el modillón del estilo del maestro Bernardo Gilduino en el ábside central de Jaca, estudiado por Moralejo.

Pero las precisiones sobre el maestro de Jaca no se limitaron a los aspectos cronológico y evolutivo-formal, sino también a la lectura iconográfica, y en especial a la interpretación del tímpano de la portada occidental como un programa de exhortación a la penitencia en el contexto de los rituales penitenciales que tenían lugar en los pórticos de las catedrales (tesis de Moralejo). Asimismo se pudo reconstruir el tímpano y la significación liberadora del cristiano por Cristo en la portada meridional.

Al margen de estas precisiones, tradicionalmente se ha puesto de relieve la difusión que el crismón de la portada occidental de Jaca ha tenido en torpes imitaciones en el románico aragonés, como en las iglesias del monasterio de Santa Cruz de la Serós, de Navasa y de San Martín de Uncastillo.

Hay que reconocer que el llamado maestro de Jaca se ha llevado siempre la parte del león en la atención de los estudiosos de la escultura románica aragonesa. El resto de la escultura románica ha recibido la sistematización tradicional basada en agrupar las obras conservadas en torno a maestros anónimos y relacionarlas atendiendo a los parecidos formales. Aquí sólo se hará mención de lo más destacable, advirtiendo que en muchos casos las precisiones cronológicas son todavía insatisfactorias, manteniendo en general la historiografía francesa (Durliat, Lacoste, etc.) una cronología más baja.

Aun sin salir de Jaca, queda por mencionar un escultor de poderosa personalidad, el llamado maestro del sarcófago de doña Sancha, al que Porter atribuyó el tímpano de la Epifanía de San Pedro el Viejo de Huesca y los capiteles de la Anunciación y la Natividad procedentes del claustro de la catedral de Jaca (en la colección Lacasa); Ángel San Vicente amplió con agudeza la nómina de obras de este maestro (1971), atribuyéndole los capiteles de la Anunciación en la cámara alta del monasterio de Santa Cruz de la Serós Buscar voz..., y el de San Sixto, actualmente en el pórtico meridional de la catedral de Jaca. Recientemente, y con base en este último capitel de San Sixto, se propuso denominarlo maestro de San Sixto, para complicar más las cosas, y se bajó su cronología hasta 1150 (Durliat).

Además de Jaca, sobresale en importancia la decoración escultórica del castillo de Loarre Buscar voz..., especialmente los capiteles; los no figurados presentan estrecho parentesco con capiteles de Saint-Sernin de Toulouse y el claustro de Moissac, mientras que los figurados (animalísticos y humanos) son más deudores al arte de Jaca, situándose en el ambiente de relaciones a ambos lados de los Pirineos en las dos últimas décadas del siglo XI.

Se han relacionado con la actividad itinerante del maestro Esteban, o de su taller, los dos capiteles de la cripta de San Esteban de Sos Buscar voz..., con iconografía y técnica similar a otros de Pamplona y Leyre, del mismo maestro.

Mayor interés iconográfico que formal tienen los capiteles del ala del claustro románico, conservada en la colegiata de Alquézar Buscar voz.... Ángel San Vicente ha puesto de relieve el interés iconográfico de las representaciones antropomórficas de la divinidad, como la creación del primer hombre por una Trinidad tricéfala, entre otros temas, posiblemente de fuentes iconográficas judías.

Una de las personalidades artísticas mejor definidas en la escultura románica aragonesa del siglo XII es la del llamado maestro de Agüero Buscar voz... o también maestro de San Juan de la Peña, objeto de un estudio monográfico realizado por René Crozet (1968), quien rehusó darle ninguno de los topónimos acostumbrados y situó cronológicamente su actividad en torno a 1145-1175, analizando la parte de su obra en el claustro de San Juan de la Peña Buscar voz..., en el claustro de San Pedro el Viejo de Huesca, la parte de la portada sur de Santa María la Real de Sangüesa, portada de la ermita de Santiago de Agüero, y en las Cinco Villas, las portadas sur y oeste de San Nicolás de El Frago, las mismas en San Miguel de Biota, las portadas norte y sur de San Felices de Uncastillo, y las portadas norte y oeste de San Salvador de Ejea de los Caballeros. Los rasgos fisionómicos de los personajes con ojos saltones, como de insecto, y el predominio de algunos temas iconográficos (la escena de la bailarina o la Epifanía) permiten identificar sus obras con facilidad. Recientemente el profesor Lacoste ha vuelto sobre este tema (1979), proponiendo retrasar su actividad en torno al 1200, buscando sus fuentes de inspiración y formación en la fachada de Santo Domingo de Soria, lo que ha contribuido no poco a enrarecer de nuevo el tema.

El propio profesor Lacoste ha puesto de relieve (1971) la influencia de la escultura románica bearnesa a través de la portada de la iglesia de Santa María de Olorón, h. 1140, en la portada románica aragonesa de Santa María de Uncastillo, realizada h. 1155. Las obras de este maestro de Uncastillo Buscar voz..., de una libertad temática que se aleja de lo religioso, además de esta portada de Santa María, están integradas por otra portada de la iglesia de San Miguel de Uncastillo (hoy en el Museo de Boston, USA), y por la portada de San Martín de Unx, cerca de Uncastillo, ya en Navarra.

También el profesor Durliat insistió frecuentemente (1979) en las mutuas influencias de la escultura románica a ambos lados de los Pirineos. Así un maestro de origen borgoñón, Leodegarius, que firma en la portada de Santa María la Real de Sangüesa, e introduce el tema de las estatuas-columna, es asimismo el autor de las estatuas que decoran el interior del ábside de la iglesia de San Martín de Uncastillo, consagrada en 1179. Estas esculturas, que se conocían, pudieron ser estudiadas en 1963 por Anne de Egry, al retirar el retablo mayor que las ocultaba. Asimismo aparecen las estatuas columna, aunque de canon más rechoncho, y evidentemente de otra mano, en la portada norte de la iglesia alta de Sos, adonde fue trasladada desde el lado sur después de 1530, recomponiéndose la portada en su estado actual.

La importancia de la escultura monumental decorando el interior de los ábsides románicos queda corroborada por el importante programa del ábside de La Seo de Zaragoza, oculto así mismo por el retablo mayor, recuperado por el arquitecto Francisco Íñiguez, y estudiado por él mismo y posteriormente (1969) por René Crozet, quien acepta la fecha de 1188, propuesta por Míguez, y descarta su posible relación tanto con San Miguel de Estella como con el maestro de San Juan de la Peña.

Este breve panorama de la escultura románica aragonesa debe completarse con la escultura funeraria y con la imaginería. Mencionado ya el sarcófago de doña Sancha, hay que referirse al de San Ramón en la cripta de la ex catedral de Roda de Isábena, datable en 1170, o el más tardío, ya del siglo XIII, de la ermita de San Salvador de Selgua, próximo a Monzón. De enorme interés es también la imaginería exenta en madera.

• Bibliog.:
Moralejo Álvarez, Serafín: «La sculpture romane de la cathédrale de Jaca. État des questions»; en Les Cahiers de Saint-Michel de Cuxa, núm. 10, juin 1979 (con abundante bibliografía crítica).
Canellas López, Ángel y San Vicente, Ángel: Aragón roman; Zodiaque, 1971 (con abundante bibliografía crítica).
Crozet, René: «Recherches sur la sculpture romane en Navarre et en Aragon. VII Sur les traces d´un sculpteur»; en Cahiers de Civilisation Médiévale, XI, 1 (1968).
Lacoste, Jacques: «Le maitre de San Juan de la Peña - XIIe Siècle»; en Les Cahiers de Saint-Michel de Cuxa, núm. 10, juin 1979.
Id.: «La décoration sculptée de l´église romane de Santa María de Uncastillo (Aragón)»; en Annales du Midi, núm. 102, avril-juin, 1971.
Sobre el ábside de La Seo, Crozet, René: «Statuaire monumentale dans quelques absides romanes spagnoles»; en Cahiers de Civilisation Médiévale, XII, 3 (1969), con bibliografía.

Escultura gótica: Durante la época gótica la escultura presenta en Aragón un panorama complejo y de difícil sistematización. La ausencia, hasta un período avanzado, de talleres con personalidad definida, y la dispersión y escasez de lo conservado han motivado, en una buena medida, un desconocimiento casi general de lo que en ese campo de las Bellas Artes ofrece nuestro reino. Si bien es verdad que aquí no se dio con la continuidad y la brillantez de otros lugares una escuela escultórica propia, esto puede tener su justificación —como sugiere Torralba— en la perduración de lo románico y en la exuberancia del mudéjar, sin olvidar, además, la sobriedad ornamental como constante artística aragonesa, motivada por el empleo de materiales pobres en la construcción de los edificios. El ladrillo, el yeso y la madera, determinan una arquitectura de gran sencillez estructural —en la órbita de lo levantino—, con escasa concesión a lo decorativo. A pesar de todo ello, fueron muchos los escultores que durante la citada época dejaron muestras de su actividad en obras de diferente material y tipología: de carácter monumental, en piedra, en portadas, capiteles, frisos, claves y modillones; de carácter funerario, en alabastro y piedra, en sepulcros exentos o adosados al muro bajo arcosolio; y de carácter mobiliar, en alabastro, piedra y madera, con o sin policromía, en retablos e imaginería para decoración de los interiores.

El estudio de la documentación conocida y de las obras conservadas (en bastante menor número una y otra con respecto a la pintura de la misma época) ha permitido establecer, provisionalmente, algunas directrices de tipo general y trazar algunas biografías de artistas. Aun con todo, es mucho todavía lo que está por hacer en este terreno.

La escultura gótica en Aragón participa en buena medida de las modalidades estilísticas que se advierten en los más importantes talleres peninsulares y europeos contemporáneos. Las relaciones más estrechas se establecen —por razones de proximidad—con los otros estados que integran la Corona de Aragón y con el vecino reino de Navarra, a través de los que se reciben formas góticas francesas en fecha avanzada, dentro del siglo XII. De los contactos con Cataluña y el Mediterráneo llegan a partir de la mitad del siglo XIV las fórmulas italianas, para más tarde fundirse con las septentrionales, recibidas posiblemente a través de Aviñón, lo que provoca una renovación de la plástica en sentido continental europeo. De ambos focos —el oriental-levantino y el occidental-navarro— proceden las peculiaridades francoborgoñonas, aquí muy acusadas desde la segunda o tercera décadas del siglo XV, que seguidamente dejan paso, sin rupturas, a las de origen flamenco y germánico; éstas constituyen el último y más glorioso capítulo de la escultura gótica aragonesa, ya en el último tercio del siglo XV y primeros años del siglo XVI.

El primer gótico se manifiesta en una época tardía y coincidente con formas todavía románico-bizantinas. El naturalismo en las actitudes, la flexibilidad en los cuerpos y el suave tratamiento en los ropajes no se dan en la escultura aragonesa de modo decidido hasta la primera mitad del siglo XIV. Antes hay una serie de obras inciertas en las que el estilo gótico se advierte tímidamente y siempre con mayor intensidad en los talleres que trabajan para los grandes edificios, catedrales o monasterios: en Huesca, en torno a su catedral (portada del claustro y del crucero meridional), en Zaragoza capital (capiteles del claustro de San Salvador) y provincia (monasterio de Veruela, capiteles del claustro y tumba de don Lope Jiménez de Agón, en la sala capitular). La imaginería acepta también las modalidades francesas, tal como se reconoce en Vírgenes entronizadas y Calvarios (hoy en gran parte desaparecidos o fuera de Aragón), de los que todavía subsisten algunos ejemplares: en Ejea de los Caballeros Buscar voz..., Yéqueda, Tarazona Buscar voz..., Daroca Buscar voz..., Sos del Rey Católico Buscar voz..., Torralba de Ribota Buscar voz..., Alquézar Buscar voz..., Huesca Buscar voz..., Jaca Buscar voz..., etc. Son obras que reiteran, con ligeras variantes, un mismo modelo internacional que será mantenido, sin modificaciones, por los más variados centros de producción a lo largo de la centuria siguiente.

Durante la primera mitad del siglo XIV se generalizan las nuevas corrientes, que emanan de los principales talleres establecidos en las ciudades más importantes. Conviene recordar el papel desempeñado, en la propagación del nuevo estilo, por la venida de obras y de artistas procedentes del otro lado de los Pirineos, que con su presencia en Aragón aceleran la introducción del naturalismo goticista. Es el caso de las tallas en madera y marfil procedentes de obradores franceses (portapaz de Pina de Ebro, Z.) que, al igual que sucederá un siglo más tarde con las placas de alabastro talladas en relieve procedentes de Londres, Nottingham y York (retablo incompleto de la colegiata de Daroca), influyen decididamente, favorecidas en esta labor por la facilidad de su transporte.

La llegada de maestros extranjeros a trabajar en Aragón está refrendada por los documentos; obedece a un fenómeno cultural de mayor amplitud en el que también se ven envueltos los territorios vecinos (Navarra y Cataluña) y motivado por circunstancias políticas y económicas. Artistas franceses, ingleses y de otros lugares de Europa occidental cruzan los montes Pirineos en busca de trabajo, siguiendo los caminos utilizados por los peregrinos a Santiago de Compostela, y se establecen allí donde las condiciones les son más favorables. Pamplona, Jaca, Huesca, en primer lugar, y más tarde Tudela, Zaragoza y Tarazona son puntos de su recorrido.

Es conocida la presencia en Huesca de Guillermo Inglés Buscar voz... al frente de las obras de la catedral, al menos durante los años 1337-1338 a él se atribuye la portada principal del edificio (que denota diferentes manos y variada cronología), la colocación de cuyo dintel corresponde al episcopado de don Martín López de Azlor (1300-1313), por las armas que lo decoran. Se trata de una obra clave de la escultura gótica por su fidelidad a modelos franceses de la decimotercera centuria, y su peso se deja sentir en realizaciones posteriores dispersas por la geografía aragonesa. Se han establecido relaciones, por razones de estilo, entre el autor de esta portada y quienes llevaran a cabo las portadas del refectorio y del arcedianato en el claustro de la catedral de Pamplona, obras de gran uniformidad de factura y sobria expresividad.

Escultores de procedencia desconocida se encargan de divulgar el tipo de portada esculpida en piedra, de diseño francés, en fechas avanzadas del siglo XIV que, en ocasiones, desbordan dicha centuria. En algún caso cabe detectar su parentesco con la decoración de la portada de la seo de Huesca, aunque en su mayor parte (entre lo conservado) sean obras de más descuidada realización. Entre las principales que merece la pena reseñar figuran la puerta «tramontana» o «del Santo Cristo» (norte) de San Pablo de Zaragoza; la maltrecha portada de la colegiata de Santa María, en Zaragoza Buscar voz...; la portada de San Pedro de los Francos, en Calatayud Buscar voz...; la de Santa María la Mayor en Valderrobres Buscar voz..., y las más cuidadas de la colegiata de Daroca Buscar voz..., llamada del Perdón, y de Santa María, en Sádaba Buscar voz....

A mediados del siglo XIV se reconoce en Aragón la llegada de influencias procedentes de Cataluña, que se manifiestan particularmente en obras de carácter funerario, realizadas en alabastro y piedra policromados. El modelo habitual de sepulcro, adosado al muro bajo arcosolio, se había dado ya entre nosotros en el siglo anterior (sepulcro de la ermita de San Salvador en Selgua Buscar voz..., Barbastro), pero ahora se enriquece por la presencia frecuente de encapuchados alrededor del sepulcro, que desarrollan con extraordinaria veracidad la ceremonia fúnebre del planto.

Un papel señalado en la difusión de este tipo de enterramiento le corresponde al escultor de imágenes de piedra y orfebre barcelonés Pedro Moragues Buscar voz..., vinculado a la casa real desde 1368. Su venida a Zaragoza en la década de los setenta le pone en contacto con la aristocracia eclesiástica aragonesa, siendo contratado, en 1379, por el arzobispo don Lope Fernández de Luna Buscar voz... (+1382) para la realización de su sepultura en la capilla de San Miguel, en San Salvador. En la capital realiza, además, otro sepulcro, hoy perdido (el de la madre de Pedro IV doña Teresa de Entenza para la iglesia del convento de San Francisco), del mismo tipo que el anterior; y para la zona de Daroca, dos destacadas obras de orfebrería. A la misma orientación pertenecen los sepulcros de los cardenales don Pedro y don Fernando Pérez Calvillo, en la cátedra de Tarazona, y los desaparecidos del Maestre Juan Fernández de Heredia Buscar voz..., en la colegiata de Caspe Buscar voz... y del matrimonio Ram en la de Alcañiz Buscar voz....

La imaginería continúa en auge durante el siglo XIV y su evolución estilística transcurre paralela a la de la gran escultura. Entre la serie de Crucificados cabe destacar los de la provincia de Huesca, el Calvario de Fanlo y los Cristos (desaparecidos) de Fraella y de Benasque. Las figuras de la Virgen con el Niño, entronizadas o de pie —en cuyo caso el cuerpo adopta la curvatura del marfil—, son también notables; recordaremos la Virgen de Burnao (Museo Diocesano, Jaca) y la Virgen del Molino, en Santa Eulalia del Campo, Teruel.

Con los primeros años del siglo XV se reciben en Aragón las influencias septentrionales: de Flandes y de Borgoña llegan escultores que inician un cambio en el panorama general de la plástica: mayor realismo en los rostros y opulencia en los ropajes, angulosamente quebrados, son las notas más características de su estilo. La renovación emprendida por los artistas al servicio de Felipe el Atrevido, Juan sin Miedo y Felipe el Bueno en la cartuja de Champmol, en Dijon, repercute muy tempranamente en la Península merced al mecenazgo de los monarcas aragoneses y navarros y a la colaboración del alto clero y de la nobleza. Un precoz ejemplo en esta dirección lo ofrece el sepulcro del monje aristócrata don Pedro Fernández de Híjar, que estuvo bajo doble arcosolio en la iglesia del monasterio de Rueda Buscar voz... y hoy se guarda en el Museo de Bellas Artes de Zaragoza. Los ángeles que flanquean su cabecera, en alabastro policromado, manifiestan un claro origen nórdico.

A la reina María de Castilla, esposa de Alfonso V de Aragón, cabe atribuir el comienzo de las obras de decoración en la capilla mayor de la antigua iglesia colegial de Santa María en Daroca Buscar voz.... La obra se prosiguió bajo Juan II para terminarse con los Reyes Católicos, cuyas armas aparecen repetidas veces en sus muros. Es un conjunto de retablo y camarín, en piedra caliza blanca, dorada y policromada, perfectamente encajado en el primitivo ábside románico, dedicado a enaltecer y a albergar la sagrada reliquia de los Corporales. La escultura —muy emparentada con la de Borgoña— ha sido puesta en relación con los modelos dijoneses del primer cuarto del siglo XV. Para Pierre Quarré guarda relación, en su mejor parte (el retablo calado y el relicario al fondo del camarín), con las esculturas que decoran la galería perforada en la cabecera de Saint-Seine-l’Abbaye, próxima a Dijon, cuya original disposición habría podido inspirar la composición tripartita del retablo de Daroca. Dichas esculturas se atribuyen al taller de Claus de Werve, sobrino y sucesor de Claus Sluter y su colaborador en la tumba de Felipe el Atrevido para la cartuja de Champmol. Un posible ayudante de Claus de Werve habría sido quien iniciara la capilla de los Corporales, en Daroca.

Sabemos que en la propia ciudad de Daroca se encontraba trabajando un maestro «apto y experto» llamado Issanbart, quien en junio de 1417 es llamado a Zaragoza para visitar el cimborrio de La Seo, que amenazaba peligro; el cabildo aprovecharía su presencia en la ciudad para encomendarle la realización de un nuevo retablo, en piedra, para la capilla de San Agustín de la catedral, siguiendo los deseos de Benedicto XIII. En torno al taller de Daroca se pudo formar Juan de la Huerta Buscar voz..., quien más tarde ocuparía el puesto de escultor ducal en Borgoña, colaborando en el sepulcro de Juan sin Miedo.

En Zaragoza, pocos años después y coincidiendo con la subida al solio de un gran mecenas, don Dalmau Buscar voz... (Dalmacio) de Mur y Cervellón (1431-1456), se lleva a cabo una gran actividad escultórica. Entre 1434 y 1445, Pere Johan Buscar voz..., escultor catalán al servicio del prelado desde hacia algún tiempo, realiza el retablo mayor de La Seo: basamento y bancal en alabastro policromado y un cuerpo de madera con los montantes también en alabastro. Trabajo que revela —en lo conservado— la habilidad del escultor en el relieve y su evolución estilística hacia un mayor realismo, sin abandonar su rica espiritualidad y latente dinamismo. Otros trabajos que lleva a cabo durante su estancia en Aragón confirman su calidad artística. Su presencia en Daroca en el verano de 1445 ha hecho suponer su participación en la decoración de la capilla de los Corporales. Sea o no cierta esta posibilidad es fácil deducir que de sus contactos con los artistas borgoñones allí establecidos pudo derivar su cambio de factura. En fechas recientes, el profesor r. Steven Janke ha precisado la obra del escultor Pere Johan.

Otros nombres aparecen entre los escultores activos en Zaragoza a mediados del siglo XV: así, los hermanos Gomar Buscar voz..., tallistas procedentes de Barcelona, venidos para trabajar en la sillería del coro de La Seo, o el gascón Fortaner de Sesques, que en 1446 contrata un retablo, en alabastro, para el desaparecido convento de San Francisco. A la muerte de don Dalmacio, el nuevo titular de la mitra don Juan de Aragón (1460-1475) encarga al escultor suabo Hans Piet D’ansó Buscar voz... tres nuevas escenas para el cuerpo del retablo mayor de La Seo, esta vez en alabastro, más un sagrario y los remates ornamentales correspondientes, en el mismo material.

La presencia del maestro Hans al frente del retablo mayor de la catedral zaragozana (1467-1478) significa el inicio de la etapa germánica en la escultura aragonesa. Otras obras salidas de sus manos y de las de sus colaboradores y seguidores llenan el último cuarto del siglo XV y los primeros años del siglo XVI: trabajos en piedra y madera policromada, de acusada expresividad, manifestada en el modo de tratar cabellos y barbas, muy rizados, y los paños quebrados sin dureza. Entre los monumentos funerarios de este momento cabe citar el de don Lope Ximénez de Urrea, virrey de Sicilia (+1475), en la parroquial de Épila Buscar voz..., y el del arzobispo don Juan de Aragón (+1475) en el presbiterio de La Seo de Zaragoza, atribuido al vizcaíno Juan de Salazar.

Retablos en alabastro, de sencilla composición y escaso relieve, son los de la parroquial de Luceni y de la sacristía de la capilla de la Virgen llamada «de la Blanca», en la cabecera de La Seo de Zaragoza, que podrían deberse a un mismo taller. Retablos de talla en madera dorada se conservan, fragmentados, en Jaca (catedral) y en Huesca (San Pedro el Viejo), y en mejor estado en Bolea (colegiata) dedicado a San Sebastián. Interesante es el grupo de la Anunciación, en piedra, que flanquea la entrada a la capilla de San Andrés (1478-1496) en la seo de Tarazona; y en la misma catedral, el retablo de Santiago peregrino (h. 1497), de tablas pintadas, presenta una imagen del titular, en madera policromada, dentro de las más ajustadas tradiciones centroeuropeas. También mixto, de pintura y escultura, es el retablo mayor de la colegiata de Bolea Buscar voz..., algo más tardío (h. 1500-1510), en cuyo banco un notable apostolado en bulto nos informa de la tardía perduración del estilo germánico en tierras aragonesas.

Como escultura monumental cabe recordar las suntuosas bocas de capilla que conserva la seo de Jaca (de San Agustín y de San Sebastián), en un «gótico Reyes Católicos» muy florido, y la curiosa talla en madera con el tema de la Resurrección de Lázaro en bajorrelieve que decora el tímpano de la puerta de ingreso a la iglesia del hospital de Nuestra Señora de la Esperanza, en Huesca, que Del Arco Buscar voz... atribuye al episcopado de don Hugo de Urríes Buscar voz... (1427-1443).

Al empezar el siglo XVI todavía se encuentran en Aragón escultores de ascendencia flamenca que trabajan según las pautas de la centuria anterior; así sucede con Juan Dusi Buscar voz..., imaginero natural de Brujas, del que se sabe que en 1504 era contratado para hacer una imagen en alabastro de Nuestra Señora, con destino al retablo mayor de Tamarite de Litera (H.), a imitación de la Virgen de la capilla llamada «de la Blanca» en San Salvador de Zaragoza, obra que cabe atribuir al Maestro Hans Buscar voz... hacia 1467. Posterior a 1510 pero gótico de concepción es el Crucificado en madera policromada que centra un retablo de tablas pintadas en la parroquial de Alagón Buscar voz.... Y de finales del XV o de principios del XVI es el San Blas sedente que se conserva en la parroquial de Mainar (Z.), de incipiente naturalismo dentro de su carácter gótico.

La última gran personalidad artística que reseñar es la de Gil Morlanes Buscar voz..., el Viejo, escultor natural de Daroca, al servicio de Fernando el Católico desde 1493, según documentación dada a conocer por C. Morte García. Es el suyo un estilo de transición, propio del momento, cuya mejor obra conservada es el suntuoso retablo del Juicio Final hecho entre 1506 y 1511 para el castillo-abadía de Montearagón Buscar voz..., y hoy en el Museo Diocesano de Huesca. Trabajo en alabastro sin policromar, en cuya arquitectura se repite la traza del retablo mayor de La Seo de Zaragoza, en contraste con sus figuras, poseedoras de una monumentalidad casi renaciente, y con los fondos que reconstruyen arquitecturas clásicas.

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Janke, R. S.: Jehan Lome y la escultura gótica posterior en Navarra; Pamplona, 1977.

Escultura renacentista: La escultura aragonesa alcanza en el siglo XVI una de sus épocas más brillantes, mucho más que la pintura y en parangón con la propia obra arquitectónica. Panorama pues amplísimo, que en gran parte está por estudiar, quizás debido a las muchas dificultades que su investigación plantea. Conociéndose una documentación abundante, ésta no siempre puede unirse a la obra, a veces desaparecida, y de ella se desprenden algunas de las razones principales que impiden a menudo discernir la autoría y evolución del estilo de los distintos escultores: la de que muchos de ellos acostumbraron a firmar contratos de trabajo en común, por los que se distribuían los encargos de acuerdo con las circunstancias, cuando no los subarrendaban a otros, o repartían el trabajo con sus ayudantes de acuerdo con la especialidad de cada uno. Por otra parte los propios encargantes determinaban a su vez los temas y composiciones, e incluso, en menor grado, el estilo, retardatario o nuevo, acorde con sus gustos.

Los materiales utilizados son fundamentalmente dos: el alabastro y la madera, por lo general dorada y policromada y, menos veces, dejada en su color (razones económicas). En el caso del uso de oros y policromía, esta «terminación» de la escultura da un carácter más arcaizante a la misma, acusando la espiritualidad e ingravidez de las formas, la expresividad y el detalle en detrimento de la belleza formal italiana, en tanto que el alabastro en su color se acopla mejor a las búsquedas renacentistas (la suavidad donatelliana en la talla o la solidez y monumentalidad clásicas), mientras que la madera sin policromar participa de lo anterior y une una calidad de labra que el recubrimiento de oros y color en parte enmascaran.

Los encargos descansan sobre todo en la obra religiosa, realizándose espléndidos retablos mayores o menores para capillas privadas (a veces de pintura y escultura) e importantes sillerías de coro Buscar voz..., mientras que la escultura funeraria tiene una menor extensión, aunque no por ello deja de haber valiosas muestras. A ello hay que añadir la labra de portadas, religiosas y civiles, y la de los patios y escaleras de los palacios Buscar voz... aragoneses.

En la escultura aragonesa del XVI se unirán, a menudo, lo conservador gotizante con lo nuevo renacentista, y lo primero subsistirá sobre todo en la primera época en la mazonería de los retablos. La introducción de lo renacentista llega en el primer tercio del siglo XVI con el trabajo de artistas como Gil Morlanes Buscar voz... padre, el valenciano Damián Forment Buscar voz..., el francés Gabriel Yolí Buscar voz... o el italiano Juan de Moreto Buscar voz..., que darán lugar a la etapa más sobresaliente, que será seguida por sus hijos y discípulos a lo largo del segundo tercio, como Gil Morlanes hijo, Pedro Moreto, Juan de Salas Buscar voz..., Bernardo Pérez Buscar voz..., Juan de Liceyre Buscar voz..., Miguel de Peñaranda Buscar voz... y Esteban de Obray Buscar voz.... En tanto que, en progresiva disminución de su esplendor, en la segunda mitad del XVI trabajarán también Arnau de Bruselas Buscar voz..., Juan Sanz de Tudelilla Buscar voz..., Juan Rigalte Buscar voz..., Cosme Damián Bas y el que sin duda es el artista más importante y que dejó más honda huella: Juan de Ancheta Buscar voz.... Las influencias italianas pasarán progresivamente, y a menudo a la vez, de lo quattrocentista donatelliano, a veces modificado por un realismo expresivo más septentrional, a lo clásico cinquecentista, con menores ejemplos, y finalmente al manierismo michelangelesco, de formas monumentales, retorcidas y dramáticas, corriente romanista que subsistirá hasta avanzado el siglo XVII (por lo menos hasta 1630-40). En toda esta obra serán frecuentes los intercambios, y copia de grabados (especialmente alemanes e italianos), lo que será determinante de las repeticiones compositivas.

• Bibliog.:
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Torralba Soriano, Federico y otros: Aragón; Fundación Juan March, Ed. Noguer, Barcelona, 1977.

Escultura Barroca: Con este término se designa la escultura de los siglos XVII y XVIII, surgida bajo los ideales reformistas del Concilio de Trento. Al igual que en el resto de España, la escultura barroca aragonesa fue un arte medularmente religioso y popular. Imaginación y efectismo son las constantes de una escultura que es heredera, en su organización, de los sistemas bajomedievales; en sus formas, del renacimiento, del barroco romano y del rococó francés, y en su espíritu del concilio tridentino. Su evolución no fue tan rápida como la de su marco arquitectónico, el retablo, percibiéndose a finales del siglo XVII obras de calidad muy notable, superadas, tras el paréntesis de la guerra de Sucesión Buscar voz..., por la de los Ramírez Buscar voz.... Su cronología abarca desde 1600/10 a 1770, con prolongaciones en lo popular hasta finales del s. XVIII, e incluso comienzos del XIX.

—Clientes. La Iglesia, gran beneficiaria de este arte, fue su más firme impulsora. En conjunto, la obra de más calidad se halla en las catedrales, centros de economía saneada. Es preciso subrayar en Aragón la importante actuación como mecenas de muchos obispos y arzobispos, entre ellos, don Antonio Ibáñez de la Riba Herrera y don Francisco Añoa y Busto. Las iglesias tenían, a través de sus capítulos, una base más popular, sufragando los gastos los parroquianos, en la mayoría de los casos. La nobleza, propietaria de capillas encargaban su obra directamente al artista: el ejemplo más suntuoso es el de la capilla de San José en la iglesia de San Carlos Borromeo de Zaragoza (1692), costeada por los duques de Villahermosa. Entidades oficiales, como diputaciones (iglesia de Sta. Isabel, en Zaragoza), y sobre todo, los gremios, que renovaron y construyeron capillas dedicadas a sus patrones. También fueron clientes los particulares, por medio de limosnas y encargos.

—El artista. En términos globales, los escultores aragoneses se hallan vinculados a una obra artesanal, frente a una minoría de tendencia academicista. El carácter artesano o tradicional se aglutina en torno al gremio. Sus ordenanzas suponían un control sobre la actividad artística, porque sólo podían ejercer los que eran maestros, tras siete años de aprendizaje, previa demostración, incluso en pleno siglo XVII, de su limpieza de sangre, vida y costumbres. El gremio o cofradía de San José (de carácter religioso) tenía como fin la salvaguarda de los intereses de sus miembros, y así, desde finales del siglo XVI hasta el XVIII, existieron verdaderos clanes familiares, que sólo desaparecerán con la inauguración de las academias oficiales (los Ruesta Buscar voz... en Barbastro y Huesca, en el siglo XVII, los Orliens Buscar voz... en Huesca y Zaragoza, en los siglos XVI y XVII; los Franco Buscar voz... en Zaragoza, en el siglo XVII; los Sanz Buscar voz... en Zaragoza, en los siglos XVII al XIX, entre otros).

La tendencia academicista o renovadora se detecta a finales del siglo XVII al fundarse una Academia Particular de Pintura, continuada en 1714 por Juan Ramírez en su Academia Particular de Dibujo, con renovadoras enseñanzas basadas en el estudio teórico-práctico del dibujo, copia del cuerpo humano y perspectiva. En esta tendencia habría que situar a Juan Ramírez Buscar voz... y a su maestro Gregorio de Messa Buscar voz... (ambos miembros del gremio) y a los académicos José y Manuel Ramírez (hijos del anterior), impulsores del barroco romano berninesco; a Simón Ubao y a los más jóvenes y menos barroquizantes Carlos Salas Buscar voz..., Juan Fila, Lamberto Martínez Buscar voz... y Domingo Estrada. Oriundos o no de Aragón, en ambas tendencias podríamos hablar de su aragonesismo. Sólo los nacidos a partir de 1740, una vez iniciados en el arte en Zaragoza (los mejores en la academia de Ramírez), después de que se inaugurara la Santa Capilla del Pilar de Zaragoza, emigraron a Madrid (incluso algunos irán pensionados a Roma), donde se establecerán definitivamente absorbidos por la centralizada corte borbónica (los Adán Buscar voz... y los Arali Buscar voz..., entre los escultores). La época zaragozana escultórica de los Ramírez, sobre todo el siglo XVIII, ha sido estudiada por Belén Boloqui Larraya, como tema de su tesis doctoral.

—Los materiales. La madera aglutina, con mucho, el mayor número de estatuas barrocas. En Aragón procedía del valle de Echo y de la sierra de San Juan de la Peña (H.), y se traía a Zaragoza por los ríos Ebro, Aragón y Gállego. El yeso le seguía en orden de importancia, adornando monumentales portadas de capillas en las grandes iglesias (catedrales de Barbastro, Calatayud, Huesca y Zaragoza). La piedra se reservaba para las fachadas y portadas. Por su decoración abigarrada, casi de estilo colonial, merece destacarse la de la iglesia de Santa Isabel de Zaragoza; por el movimiento y ritmo de sus líneas la de la colegiata de Alcañiz (T.). En cuanto al alabastro Buscar voz... y el mármol, si se compara con la madera su utilización fue escasa, pero algo más abundante de lo que se cree. El alabastro aparece más vinculado al siglo XVII, y el mármol al XVIII. En ambos materiales se construyeron baldaquinos Buscar voz..., retablos e imágenes sueltas (San Pedro Arbués en el Museo de La Seo de Zaragoza) y, sobre todo, mausoleos y estatuas funerarias orantes. Excepcional resulta, por su lujo, en mármol de Carrara, la decoración escultórica del interior de la Santa Capilla del Pilar de Zaragoza. En otro material suntuario, el marfil, son relativamente frecuentes cristos y vírgenes de pequeño tamaño, vinculados al arte italiano, de difícil catalogación (Cristo en la Sacristía de la Virgen, templo del Pilar, Zaragoza). La tela encolada quedaba reservada para las vestiduras de algunas imágenes. La pobreza de este material aparece debidamente disimulada por la policromía, semejante a la de la madera (San Antonio Abad en la iglesia del Hospital de Nuestra Señora de Gracia, Zaragoza). Han subsistido pocos ejemplos en barro, debido a su fragilidad. Magnífico es el Cristo yacente de la ermita del Santo Sepulcro de Borja (Z.). El cartón aparece en bustos-relicarios Buscar voz... y en algunos grupos escultóricos.

—Técnica. Normalmente, la escultura no se labraba en un solo bloque de madera, sino que los brazos, manos y rostro se tallaban por separado y luego se encolaban. Las uniones se disimulaban por medio de la policromía. A veces, las imágenes se vaciaban por detrás, con el fin de que pesasen poco y no se agrietase la madera (casi todas las esculturas exentas que decoran los pilares de los templos de Zaragoza). En mármol o alabastro las hay de un solo bloque o de varios. En general, la escultura en yeso, mármol y alabastro no se policromaba. El resto fue concebida para pintarse, resultando lo pictórico un complemento esencial de la escultura, tanto desde el punto de vista decorativo como práctico, dado que, a menudo, la pintura disimulaba los fallos de la gubia. Los doradores Buscar voz... fueron los especialistas en este arte.

—Iconografía. En la primera mitad del siglo XVII abundan los retablos con escenas en relieve de la pasión y vida de Jesús y de la Virgen, reservándose el nicho central para el titular del retablo, en bulto redondo. En la segunda mitad de los siglos XVII y XVIII la iconografia en relieve va perdiendo importancia a favor de la escultura de bulto redondo: cristos y dolorosas, santos y mártires, apóstoles, doctores y virtudes. Se rinde culto a santos aragoneses —San Lorenzo y San Vicente—, entre otros muchos, aumentando su culto en el siglo XVIII, junto a San Miguel, Santa Teresa, Santa Bárbara, ángeles y arcángeles, etcétera.

—Tipos de escultura. Las imágenes para retablos forman el gran bloque de la estatuaria barroca durante los siglos XVII y XVIII, pues ésta fue concebida para verse en su marco arquitectónico y no aislada como hoy, a veces, la contemplamos. En los retablos romanistas (h. 1600-1650) las imágenes van inscritas en hornacinas, abundando los relieves en las calles laterales y en la predela. En la segunda mitad del siglo XVII aparecen retablos prechurriguerescos (1637-1690) y churriguerescos (1690-1720); las esculturas de bulto redondo ganan espacio a los relieves, que quedan relegados al banco; paulatinamente las hornacinas tienden a desaparecer (salvo para la imagen titular), apoyándose las figuras en peanas que se sitúan entre dinámicas y volumétricas columnas, casi siempre salomónicas (de momento, se puede precisar que la columna salomónica aparece en Aragón en 1637, en el antiguo retablo de Santa Elena, hoy del Carmen, en La Seo de Zaragoza). En el siglo XVIII predominan los retablos de escultura sobre los de pintura. Abundan las tallas de bulto redondo, si bien su mayor originalidad reside en que se independizan de alguna forma de su marco arquitectónico, cobrando valor por sí mismas, al ampliarse los intercolumnios y estilizarse las columnas; proliferan las imágenes-atlantes (como si sustituyesen a las columnas) y los retablos, a veces, van presididos por un gran relieve.

Junto a los relieves para los altares hay que tener en cuenta los que adornan los muros de capillas, sagrarios, púlpitos y puertas, algunos excepcionales, como las puertas de nogal y los medallones de la Santa Capilla del Pilar de Zaragoza.

Las esculturas exentas sobre peanas las puso de moda el jesuita Lacarre Buscar voz... en la iglesia de San Carlos de Zaragoza (h. 1735); pocos años más tarde José Ramírez de Arellano hizo las mejores series. En los monumentos funerarios abundan las estatuas orantes bajo sencillos nichos, algunos monumentales, tipo mausoleo. Los pasos procesionales y las imágenes de devoción (cristos, dolorosas, ecce-homos, etcétera) constituyen otra modalidad con personalidad propia y con magníficos ejemplares en Aragón (Ecce-Homo de Longares, Z., atribuido a Alonso Cano, y Cristo atado a la Columna, en la parroquial de Mallén, Z.).

Desde el punto de vista estilístico, la escultura barroca aragonesa puede definirse en dos etapas bien diferenciadas. La primera (1600-1690) corresponde a lo que corrientemente se ha definido como etapa realista, con personajes poco idealizados, tratados con originalidad y libertad de formas, ritmo pausado y contenido movimiento, expresado a través de los envolventes mantos y abultados pliegues, abundando los personajes de carácter recio y acusadas formas anatómicas que evitan las posturas frontales, al dirigir el rostro hacia un lado. La plástica de los relieves destaca por su perspectiva casi pictoricista, con frecuencia, exenta de habilidad. La segunda etapa (1690-1770) se caracteriza por la influencia del barroco romano y del rococó francés, conviviendo en los primeros años con las características estilísticas de la etapa anterior. Rebasando el marco arquitectónico, la escultura adquiere un ritmo muy dinámico acentuado por el ondular de paños y ropas, sobre todo del manto; el contraposto, la posición efectista de los brazos, que tienden a la diagonal, y los agudos escorzos, constituyen otras notas básicas. Rasgos anatómicos extremadamente acusados coexisten, incluso en un mismo autor, con otros más blandos, de formas suavemente modeladas, de aire rococó.

Como consecuencia de la influencia de «la escuela de los Ramírez» proliferaron en Aragón las imágenes de telas acartonadas, los paños «a cuchillo» y, en las rodillas, los cortes en ángulo diedro. En esta etapa resulta decisiva la influencia de obras importadas, como el San José de la capilla de su nombre, en la iglesia de Santa Isabel de Zaragoza, y las también en madera de la capilla de San José o Villahermosa en San Carlos Borromeo de Zaragoza, posiblemente, todas napolitanas y de gran belleza. Por otra parte, la Academia de San Fernando de Madrid dejará sentir su influencia en el arte de los mejores escultores aragoneses, todavía barrocos en las primeras décadas de la segunda mitad del siglo XVIII.

—Otros escultores aragoneses de los siglos XVII y XVIII: Manuel Abad, Francisco Acebal, Fray Juan Alegría, Adrián Anclas, Miguel Angosto, Pedro Armendia Buscar voz..., Francisco Arbella, José de Ariza, Francisco Assin, los Ayet, Juan Baines, Bernardo Belilla, Juan Francisco Bosqued, Pedro Budiel, los Camarón, Simón Campfort, Domingo Casteló, José Cay, Cristóbal Cebrián, Jerónimo y Rafael Clemente, Bernardo Conil (ensamblador), José Corbinos, Fray Mateo Crespo, los Echeverría Buscar voz..., Ignacio Espineli, Jerónimo Esteban, Cristóbal Eraso, Pedro Escolán, Manuel Espada, Pedro Estrada, Juan Fet, Miguel Ferrer de Monserrate, Marcos Gallarza, Pedro Galcerán, José Garro, Alejandro Gil y Guinda, Miguel Girón, Los Guiral Buscar voz..., Cristóbal Guitarte, Miguel Herrero, H.º Pablo Diego Ibáñez, H.° Pablo D. Lacarre, Francisco Lacosta, los Lamana Buscar voz..., Juan de León, los López, Antonio de Loras, Jusepe Lostaló, Lorenzo Lozano, Jusepe Lacia, Juan B. Lufrio (esamblador), los Malo Buscar voz..., Juan Martín, Marsily, Santiago Buscar voz..., Diego Martinez de Calatayud Buscar voz..., Bernabé Mendoza, Francisco Miranda, Juan Moreno, Francisco de Moya, Jerónimo Nasarre, los Navarro Buscar voz..., Pedro Nolivos, Pedro Onofre Descoll Buscar voz..., Francisco Oracio, los Pérez, Francisco Pérez de Artigas, Félix Plano, Miguel Remón, Juan de Revenga, los Rosic, los Salado Buscar voz..., Ramón Senz Buscar voz..., Juan Serrano, los Salesa, Jerónimo Secano Buscar voz..., los Sevilla, Pedro Sorage, José Tomás, Pedro Tosanz, Domingo Tris Buscar voz..., Pedro Tristán, Fray Juan Urdalleta, José Valero, los Vidal, los Villanoba Buscar voz..., Jaime Viñola (ensamblador), Pedro Virto, Miguel Xalón, Juan Xarista, los Ximeno, Pascual de Ypás Buscar voz....

• Bibliog.:
Borrás Gualis, G.: «Las Artes Plásticas»; en Los Aragoneses, Madrid, Ed. Istmo, 1977.
Id.: «Arte»; en Aragón, Barcelona, Ed. Noguer, 1977.
Boloqui Larraya, B.: «Estado de la cuestión de la Escultura Barroca en Aragón»; en I Jornadas sobre el estado actual de los estudios sobre Aragón, Zaragoza, Ed. Cometa, 1979.

Escultura neoclásica: En el campo de la escultura, la obra de la Santa Capilla, en este caso además de la presencia foránea de Álvarez y Salas con el profundo legado del escultor aragonés José Ramírez de Arellano Buscar voz..., es punto de referencia obligado para la escultura neoclásica posterior. Escultores como Joaquín Arali Buscar voz... y, en particular, Juan Adán Buscar voz..., no sólo aprenden el oficio con José Ramírez, sino que colaboran con él; su trayectoria también es la de «emigrar» a la Corte, más rotunda en el caso de Adán, que alcanza en 1815 el título de primer escultor de cámara de Fernando VII. La figura de Adán ha sido estudiada y reivindicada por Enrique Pardo Canalís, así como la de otro escultor clasicista rezagado del siglo XIX, Ponciano Ponzano Buscar voz..., que en 1845 obtiene el título de escultor de cámara honorario. También digno de estudio es el escultor del siglo XIX, Tomás Llovet Buscar voz..., cuya vinculación profesional es más estrictamente aragonesa.

• Bibliog.:
Pardo Canalís: Escultores del siglo XIX; Madrid, Inst. «Diego Velázquez», 1951.
Id.: Escultura neoclásica española; Madrid, Inst. «Diego Velázquez», 1958.

Monumentos conmemorativos: Se entienden como tales aquellas esculturas o composiciones arquitectónicas erigidas en lugares públicos como expresión de una idea religiosa o cultural colectiva, como recuerdo de un acontecimiento histórico o como homenaje a un personaje célebre. Además de estos contenidos ideológicos y simbólicos, los monumentos conmemorativos poseen un valor artístico ornamental y de ordenación urbanística, y en muchas ocasiones una función utilitaria o de servicio público, como puertas, fuentes, espacios ajardinados y lugares de reunión.

Refiriéndonos a Aragón, y dejando aparte aquellos monumentos correspondientes a períodos arqueológicos, antiguos o medievales, el concepto de monumento conmemorativo se desarrolla y materializa con el Neoclasicismo y a partir de la situación creada, sobre todo por lo que afectó a Zaragoza, como consecuencia de las destrucciones provocadas durante los Sitios de 1808 y 1809. Acontecimiento que se convertirá, un siglo después, en el más fértil motivo para la mayoría de los monumentos conmemorativos que actualmente embellecen la ciudad.

Así mismo, se puede constatar en Zaragoza la permanente predilección por significar y resaltar algunos lugares de la ciudad con sucesivos monumentos, sustituidos por otros de opuesto significado y contenido. El ejemplo más ilustrador es el de la actual plaza de España, donde, hasta su destrucción a consecuencia de los Sitios, se alzaba la llamada «Cruz del Coso», especie de humilladero, en recuerdo de los Innumerables Mártires cristianos Buscar voz... zaragozanos. En 1845 se había levantado un nuevo monumento, a la vez utilitario, conmemorativo y alegórico-pagano, conocido como «Fuente de la Princesa Buscar voz...», en recuerdo de la que sería reina Isabel II; pero lo más importante era su carácter utilitario como fuente pública y su adecuada alegoría a Neptuno, dios de las aguas, esculpido por el alcañizano Tomás Llovet; en la composición y en el gesto de Neptuno, mirando hacia el Salón de Santa Engracia (hoy paseo de la Independencia) y con el brazo derecho extendido, se inspiró Llovet en el epónimo monumento madrileño de Juan Pascual de Mena que adorna el también llamado Salón del Prado. En 1904, cuando el agua corriente era ya una realidad, se le devolvió a la mencionada plaza su primitivo recuerdo cristiano con otro nuevo monumento dedicado a los «Mártires de la Religión y de la Patria», que sustituía la anterior fuente de Neptuno. Ésta, una vez desmontada y arrinconada durante muchos años, sería trasladada a su definitivo lugar en el Parque de Primo de Rivera. El monumento a los Mártires es una obra realizada en colaboración por el arquitecto Ricardo Magdalena Buscar voz..., quien diseñó el pedestal a modo de torreón almenado, y por el escultor catalán Agustín Querol, autor del grupo principal —en bronce— que representa a un ángel sosteniendo a un baturro herido; en 1926 se aisló y embelleció el monumento con un jardincillo y un estanque circulares, y en 1959 se completó su ornato con surtidores luminosos.

Otro espacio urbano predilecto para la escultura monumental ha sido la antigua Glorieta de la Puerta de Santa Engracia, hoy plaza de Aragón. En 1859 se erigió una estatua en memoria de don Ramón Pignatelli, obra en bronce del escultor Antonio Palao Buscar voz..., pero en 1904 fue trasladada al parque que le dedicó la ciudad, próximo al Canal Imperial, y fue sustituida por el monumento al Justiciazgo, con la imagen sedente de don Juan de Lanuza, según un antiguo proyecto del arquitecto Félix Navarro Buscar voz.... Desde finales del siglo XVIII y a lo largo del XIX Zaragoza se embelleció con diferentes monumentos como la «Fuente de los Incrédulos», junto al Canal, y la Puerta del Carmen —ambas obras, de 1790 y 1792 respectivamente—, y otras posteriores como la desaparecida Puerta del Duque de la Victoria, en la plaza de San Miguel, y la ornamental Fuente de la Samaritana, en la plaza de Lanuza; estas dos últimas, a tono con el progreso, fueron fundidas en hierro.

Pero los años de mayor entusiasmo coincidieron con la histórica fecha del Centenario de los Sitios. En torno a 1908 se levantaron en Zaragoza los monumentos más representativos que dieron un aire de renovación a la ciudad. Pero de sus proyectos quedarán al margen los escultores aragoneses, sustituidos por otros más prestigiosos en el ámbito nacional. Por orden de importancia hay que señalar en primer lugar el «Monumento Conmemorativo de los Sitios», en su emplazamiento original, que correspondía a la gran plaza del recinto de la Exposición Hispano-Francesa. Es, sin lugar a dudas, el más esbelto y bello de la ciudad. Lo realizó Agustín Querol (condecorado con Medalla de Honor en la Nacional de 1906 y fallecido en 1909) según el estilo modernista de sus últimas obras, logrando una perfecta fusión entre pedestal y desarrollo de los diferentes temas escultóricos, decorativos y expresivos a la vez.

El «Monumento a la Exposición Hispano-Francesa de 1908» fue ejecutado por los también catalanes hermanos Oslé (primeras medallas en 1906 y 1908), que representaron un torpe grupo alegórico de dos niños barrigudos conduciendo a un león —emblema de la ciudad—. Fue trasladado también al Parque Primo de Rivera cuando las necesidades del tráfico obligaron a desmontarlo de la entrada del paseo de Pamplona, frente a la plaza de Basilio Paraíso, cuyo busto se añadiría posteriormente al conjunto.

No podían faltar los monumentos, más discretos, a los héroes y defensores de los Sitios, como el dedicado a «Agustina Zaragoza y a las Heroínas», obra del escultor valenciano y primera medalla, Mariano Benlliure. Acertadamente lo ubicaron en el lugar de una de las más célebres posiciones de los Sitios y frente a la iglesia del Portillo, panteón de las heroínas. A los «defensores del reducto del Pilar» se les rindió homenaje con un sencillo monumento escultórico en la Glorieta de Sasera, así como a Boggiero y Sas, sobre el puente de Piedra.

A partir de 1920 la escultura monumental recibió un nuevo impulso. Zaragoza contaba ya con un prometedor escultor aragonés: José Bueno Buscar voz... (1884-1957), quien, recién venido de Roma y distinguido con sucesivas medallas en las Exposiciones Nacionales, iba a recibir numerosos encargos, como el del monumento escultórico sobre la Fosa Común y el del busto de Joaquín Costa, en el cementerio de Torrero; el de los Argensola, en la plaza de San Pedro Nolasco, y la monumental estatua del rey Alfonso el Batallador, en piedra, con un desafiante león, en bronce, a sus pies: el vistoso emplazamiento, en el Cabezo de Buena Vista, contribuye a la espectacularidad del monumento.

Durante los años de 1930 la ciudad rindió homenaje a numerosas personalidades de la reciente historia aragonesa, erigiéndoles retratos de busto sobre sencillos pedestales, ubicados en el mismo centro de la vida ciudadana: la Plaza de Aragón y en el Parque de Primo de Rivera, en las proximidades del también monumento conmemorativo del Rincón de Goya. Estas esculturas son obra de escultores aragoneses como Burriel Buscar voz..., Ramón Acín Buscar voz..., Anel, y el mencionado José Bueno.

Menor interés artístico ofrece la escultura monumental religiosa de ese período, en el que proliferaron por muchos pueblos y lugares de Aragón las imágenes expiatorias del Sagrado Corazón de Jesús o de Cristo Rey, a imitación de la entronizada en el Cerro de los Ángeles. Y lo mismo ocurre con los numerosísimos Monumentos a los Caídos, de los que suele estar ausente la escultura, prefiriéndose formas monolíticas y desnudos símbolos religiosos y emblemas patrióticos.

El volumen de escultura monumental en otras ciudades de Aragón es menor y más reciente, excepto la ciudad de Teruel que ha contado con un variado muestrario de monumentos y con reconocidas firmas de escultores. Su monumento más antiguo y entrañable —símbolo de la ciudad— es el dedicado al Toro, en el mismo centro urbano, familiarmente conocido como «el Torico», por lo excesivamente pequeña de su efigie sobre el pedestal columnario; fue erigido en 1858. De los años finales del mismo siglo es también el monumento al venerable Francés de Aranda obra conjunta del arquitecto Garriga y del escultor zaragozano Carlos Palao. En 1921, Aniceto Marinas ornamentó con un relieve dedicado a los Amantes el rellano principal de la gran escalinata que desde la estación del ferrocarril asciende hasta la ciudad. El arquitecto turolense José Torán, impulsor de la expansión urbana de Teruel, recibió el homenaje municipal mediante el monumento realizado por Victorio Macho en 1935, consistente en el busto del titular, acompañado por una figura de mujer, de tamaño natural. Tema éste de la mujer que con un significado y expresión artística distintos volverá a interpretar Pablo Serrano Buscar voz... en 1976 con su «Monumento a la Labradora». Juan de Ávalos, además de los sarcófagos de los Amantes, realizará el monumento al «obispo mártir de Teruel, el Padre Polanco». Escasa ha sido la actividad escultórica monumental en Huesca, a pesar de haber contado con un escultor como Ramón Acín Buscar voz..., en plena madurez creadora durante los años de 1930. Obras suyas son el sencillo monumento con la efigie en relieve del geólogo oscense Lucas Mallada, así como una obra decorativa en el parque de la ciudad, imitando en chapa recortada dos pajaritas de papiroflexia, dentro de un estilo influenciado por el cubismo. Otros proyectos y vaciados suyos, como el destinado al monumento a Galán y García Hernández, fueron destruidos durante la guerra civil. De otras localidades de la provincia cabe destacar el «Monumento a Joaquín Costa», en Graus Buscar voz..., erigido en 1929 y realizado por Fernando García Mercadal Buscar voz... y el escultor José Bueno. A las afueras de Aínsa se conserva uno de los monumentos aragoneses más antiguos: el templete con la cruz de Sobrarbe, en el lugar donde tuvo lugar una de las primeras batallas entre moros y aragoneses. Fue construido en 1655 a imitación de la zaragozana Cruz del Coso, pero un siglo después fue reconstruido por completo.

• Bibliog.:
Castán Palomar, F.: Escenario zaragozano. Horas y figuras; Zaragoza, Tipografía La Académica, 1932.
Blasco Ijazo, J.: ¡Aquí... Zaragoza!; tomo VI, Zaragoza, El Noticiero, 1960.
Torralba Soriano, F.: Catálogo de obras artísticas propiedad del Excmo. Ayuntamiento de Zaragoza; Zaragoza, 1960.
Sebastián, S.: La expresión artística turolense; Zaragoza, Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja, 1972.

Escultura contemporánea: Sin pretender enumerar a todos los escultores entre finales del siglo XIX y principios del XX, existe un conjunto de artistas que configura un período hasta 1936. Entre los destacados tenemos a Pablo Remacha Buscar voz..., Pablo Gargallo Buscar voz..., Juan Cruz Melero, Enrique Anel Muniesa, Francisco Sorribas (pintor y escultor) Honorio García Condoy Buscar voz..., Armando Ruiz Buscar voz..., Pascual Salaberri, Antonio Torres Clavero, José Bueno, Félix Burriel, Ramón Acín Buscar voz... (pintor y escultor), José María Lorda, Ricardo Pascual Temprado, Pedro Sánchez Fustero, Eleuterio Blasco Ferrer Buscar voz..., José Mateo Larrauri (gallego de nacimiento y profesor de composición decorativa escultórica en la Escuela de Artes y oficios de Zaragoza), Ángel Bayod, Felipe Coscolla Buscar voz... y Herminio Herrero. De los citados, Gargallo, García Condoy y Remacha alcanzan renombre en vida fuera de nuestras fronteras. En cuanto a los innovadores la nómina se circunscribe a Gargallo, Acín y García Condoy, mientras que escultores como Bueno, Burriel, Ruiz, Remacha, Coscolla y Blasco Ferrer alcanzan un indiscutible entidad.

Durante la época se publican artículos en la prensa de Julio Antonio, Mariano Benlliure, Alberto y Ángel Ferrant, lo cual significa que cierta vanguardia era conocida. Revistas y diarios publican críticas y entrevistas de las exposiciones individuales y de las colectivas, estas últimas en el marco de salones y otras de diversa índole.

Al respecto cabe recordar que diversos escultores, y pintores, expusieron en exposiciones como: Exposición de artistas noveles e independientes, 1919, Exposición Benéfica, 1927, y I Salón Regional de Bellas Artes, 1929. Súmese, ya fuera de Aragón, la participación en las nacionales y en los salones de otoño.

Muchos de los artistas mencionados tienen una participación muy activa tras la Guerra Civil, lo cual implica que cierta tradición se mantiene en el siguiente período. Siempre, como es lógico, dentro de las amplísimas limitaciones por la falta de libertad y por una economía que lastraba cualquier proyecto de envergadura.

Durante la mayor parte del período de 1939 a 1980 la escultura en Aragón ha sido una de las artes plásticas menos representativas, no sólo de una hipotética vía estilística regional, sino, incluso, de aportaciones innovadoras derivadas de las vanguardias internacionales. Por eso, para valorar el trabajo artístico de los escultores aragoneses contemporáneos es preciso analizar las múltiples circunstancias que han propiciado esta decadencia —en comparación con épocas inmediatamente precedentes—, tanto en el número de encargos monumentales como de la calidad que se ha ofrecido durante muchos años de este desigual período histórico.

En primer lugar, ha habido un hecho evidente y extensible a todos los lugares de Aragón, como ha sido la escasez de encargos escultóricos por parte de las diferentes instituciones públicas, algo más frecuentes desde la iniciativa privada, reducidos casi exclusivamente a los retratos-busto. Más abundante fue, sin embargo, durante los primeros veinte años, la producción escultórica de carácter religioso para reponer los retablos, imágenes y pasos procesionales destruidos durante la guerra, pero ciñéndose a los estilos históricos, sin ningún planteamiento artístico renovador. En cuanto a la escultura urbana monumental, la ausencia de obras, aunque no de concursos, fue total. Únicamente cabría añadir a este apartado la serie de bustos de personalidades aragonesas, erigidos en los jardincillos de la plaza de Aragón, en Zaragoza, realizados por los ya maduros escultores zaragozanos José Bueno y Félix Burriel.

Es a partir de los años sesenta cuando se van a realizar las primeras obras escultóricas de pretensiones monumentales y conmemorativas, aunque debidas algunas de ellas a escultores no aragoneses, como Federico Marés y Juan de Ávalos, autores, el primero del monumento a Goya (1960), sito en la plaza de las Catedrales y costeado por el Banco Zaragozano, y el segundo, de los de Fernando el Católico, en la plaza San Francisco, también en Zaragoza, y del obispo Polanco, en Teruel. De entre los escultores aragoneses que realizarán, a partir de esos años, obras monumentales en diversos lugares de Aragón, hay que señalar a Pablo Serrano, José Gonzalvo Buscar voz... y Ángel Orensanz Buscar voz....

Así, a Pablo Serrano le encargará el Ayuntamiento de Zaragoza las dos monumentales estatuas del Ángel de la Ciudad y de San Valero, colocadas en 1965 a ambos lados de la puerta principal de la recién inaugurada Casa Consistorial. Estas dos imágenes, fundidas en bronce, son, sin duda, el grupo escultórico de mayor calidad artística realizado en Aragón, tanto por su acierto plástico e iconográfico como por la adecuada ubicación. Algunos años después esculpiría Pablo Serrano el gran altorrelieve de la Venida de la Virgen del Pilar que adorna la fachada del templo zaragozano. Y más recientemente, en julio de 1976, se inauguraría en Teruel su monumento-homenaje a la Mujer Labradora.

El también turolense José Gonzalvo, continuador de la tradición de la forja del hierro, hará con este material, artesano y utilitario, una obra monumental como la dedicada al Tambor de Alcañiz (1968), representando sobre un alto pedestal la estilizada figura de un tercerol de la Semana Santa. En su villa natal, Rubielos de Mora, ha realizado otras obras escultóricas de carácter público.

El escultor oscense Ángel Orensanz inició en esta década de los años sesenta una variada y dispersa producción escultórica monumental en diferentes lugares de Aragón. Desde un figurativismo de herencia clásica, como en el monumento a la Madre, una de sus primeras obras, esculpido en piedra blanca (1967) y ubicado en el parque de Primo de Rivera de Zaragoza, hasta un tratamiento fuertemente expresionista de la figura, como en el monumento a la Jacetania, en hierro con incorporación de grandes esmaltes con temas alusivos a la historia y vida de la comarca, o en el grupo escultórico, también en hierro, del monumento a la Jota, en Albalate del Arzobispo.

Indudablemente, podrían añadirse a este muestreo de la escultura monumental en Aragón algunas pocas obras más de otros escultores, sobre todo recientemente, pero hay que reconocer que los encargos escultóricos públicos no han sido suficiente y continuadamente alentados y patrocinados en esta región, que ha tenido precisamente en la escultura su medio de expresión estético más representativo y abundante en épocas —sobre todo cuando Aragón era reino— como la Edad Media y el siglo XVI, continuadas en el siglo XVIII o en los años de tránsito del siglo XIX al XX.

Otras circunstancias que conforman el panorama de la escultura contemporánea aragonesa quedan refrendadas por una serie de situaciones de penuria. La más significativa ha sido la emigración, convertida en exilio en algunos casos, de los escultores aragoneses más prometedores o cualificados. Desde Pablo Gargallo, Eleuterio Blasco y Honorio García Condoy, hasta los más próximos como Pablo Serrano (regresa a España en 1954, su primera exposición en Zaragoza tiene lugar tres años después y su primer encargo, ya comentado, lo realiza en 1965), Ricardo Santamaría, Ángel Orensanz o Pedro Tramullas. Por ello, y a pesar de sus esporádicos regresos, al referirnos a los escultores aragoneses hay que valorar, por lo menos, las ausencias de los que se fueron y las aportaciones de los que han permanecido.

Otras situaciones que han empobrecido la creación escultórica en Aragón se localizan en un plano no tan relevante, pero no menos influyente. Por ejemplo, la desaparición de los talleres-estudio, tan activos en las primeras décadas de este siglo, o la carencia de un taller de fundición en Zaragoza, que obliga a trasladar los moldes, para el procedimiento de la cera perdida, a talleres de Madrid, Reus o Valls. No obstante, desde 1983 Antonio Villafranca instala Fundiciones Villaguz, en Villanueva de Gállego (Zaragoza), de manera que en la actualidad se pueden fundir esculturas de gran formato.

Por último, otras circunstancias que han incidido positivamente, aunque no sin ambigüedades y vacilaciones, se refieren a las diferentes iniciativas que con alguna continuidad han favorecido y favorecen las exposiciones de escultura, tan escasas al hacer el balance anual de cada temporada, y han premiado o destacado la labor de algunos escultores aragoneses. Recordando la importante Exposición Regional de Bellas Artes del XIX Centenario de la Virgen del Pilar, año 1940, el Salón de Artistas Aragoneses es creado por el Ayuntamiento de Zaragoza en 1943, a través de una continuidad anual dieron cabida a la participación de los escultores, siempre minoritarios y de escasa relevancia artística, con obras muchas veces en yeso, que no pasaron a material más sólido; como el desnudo femenino, titulado Karis, de Torres Clavero Buscar voz..., que obtuvo una medalla de oro en el primer Salón. Esta figura, de patente clasicismo, es significativa de la vuelta a los modelos tradicionales lo mismo que el hecho de que en el tercer Salón (1945) fuera premiado, a sus más de sesenta años, el escultor zaragozano José Bueno Buscar voz.... La atonía de la escultura aragonesa queda reflejada también en el dato de que no hubiera participación de los escultores en el Salón de 1948.

Las bienales De Pintura y Escultura «Premio Zaragoza», también organizadas por el Ayuntamiento de Zaragoza, sustituyeron a los anteriores y decadentes Salones, que después de más de diez años de convocatoria terminaron por desaparecer. Desde la primera convocatoria este concurso estuvo abierto a todos los artistas españoles o de habla hispana, con lo que la calidad de las muestras ascendió notablemente. Pero la primera Bienal, de 1962, se convocó exclusivamente para pintura, y solamente a partir de la segunda, en 1963, un año después, se amplió a la escultura. En ésta obtuvieron medalla de plata dos escultores aragoneses: José Gonzalvo, con una obra en metal, titulada Torero, muy expresionista, y el también turolense, de Mazaleón, Enrique Galcera, con una figura, en piedra, de muchacha recostada, denominada La siesta, de un figurativismo simplificador, pero tradicional. En la tercera, de 1965, los escultores aragoneses no tuvieron mención alguna. Pero en la de 1967, Ángel Orensanz conseguía una medalla de oro para su obra Dinosaurio, de una concepción plástica renovadora por la composición y tratamiento de las superficies. En las dos siguientes y últimas bienales, en 1971 y 1973, la Escultura tuvo una nutrida representación de los aragoneses, donde solamente en la de 1971 fue premiada la media figura femenina en metal de Fernando G. Sinaga. A partir de 1976, las Bienales se convirtieron en los Salones de Pintura y Escultura Aragonesa, restringiendo la invitación a los artistas de la región, por donde han pasado la mayor parte de los escultores más recientes.

Los premios «San Jorge» están patrocinados por la Diputación de Zaragoza y organizados por la Institución «Fernando el Católico». Su convocatoria es anual y se iniciaron en 1970 exclusivamente para la pintura, ampliándose a partir del año 1976 a la escultura, cuyo premio de ese año quedó desierto. En el VIII premio «San Jorge» fueron premiados, por este orden, las obras de los jóvenes escultores Fernando Lázaro, Carlos Ochoa y Francisco Rallo Gómez. En el siguiente premio, con una representación simbólica de los escultores, obtenía un accésit Carlos Ochoa, y en el de 1979 recibía la misma distinción Francisco Benessat y Ricardo Calero. En este mismo año, 1980, de entre los dieciséis títulos de esculturas presentadas al XI certamen «San Jorge», fueron seleccionadas las obras de Francisco Benessat, Luis M. Caballero y Ricardo Calero, representativas del amplio espectro de la escultura aragonesa contemporánea. Desde 1986 se decide crear el Premio Isabel de Portugal, continuador del Premio San Jorge, y a partir de 1995 se llamará Premio Isabel de Aragón, Reina de Portugal. Entre los escultores premiados tenemos a Miguel Ángel Arrudi Ruz Buscar voz..., Arturo Gómez Sánchez Buscar voz..., Fernando Navarro Catalán Buscar voz..., Francisco Javier Peñafiel Morellón, Germán Díez López, Elisa Arguilé Martínez y José Miguel Fuertes Gil Buscar voz....

El Symposium Internacional de Escultura Valle de hecho sigue siendo, a pesar de sus altibajos, una notable e imaginativa experiencia de contactos entre escultores de diversos países y de creación de un museo vivo al aire libre, así como de aproximación del público a la actividad artística de los escultores El I Symposium se celebró en agosto de 1975 y predominaba la participación de escultores extranjeros, procedentes de la Escuela de Bellas Artes de París, reunidos por el escultor jacetano Pedro Tramullas, iniciador de esta experiencia. A partir del II Symposium, hasta el VI de 1980, la participación de los escultores aragoneses ha ido en aumento, interviniendo Santamaría, Rallo, Orensanz, Iñaki, Sinaga, Ochoa, etc. En todos los encuentros se ha trabajado con piedra del país, cuya puesta a pie de obra ha planteado algunos problemas, realizando obras que están expuestas al aire libre en los alrededores de este pueblo oscense. Si el Symposium finaliza en 1984, una de sus consecuencias es el nacimiento del grupo Siresa, que tiene una trayectoria expositiva desde 1975 hasta 1981. Cuando el Symposium desaparece en 1992 la Diputación Provincial de Huesca pretendió darle un enfoque distinto que, por ser contrario a su espíritu de fundación, fue rechazado por Pedro Tramullas, aunque a pesar de sus intentos sólo pudo celebrarse durante aquel verano de 1992.

La pervivencia de la tradición clásica y académica incluye desde un buen número de escultores, ya en plena madurez y cuyas obras más representativas datan de los años anteriores a la guerra civil —aunque todavía en activo en la postguerra—, hasta algunos de sus discípulos. En conjunto su plástica no ha abandonado nunca el figurativismo académico, decantado por un clasicismo simplificador o renovado por aportaciones de la escultura catalana o de esquemas decorativos del Art Déco de los años 1925-36.

José Bueno, instalado en Madrid (donde muere en 1957), y Félix Burriel, quien tenía abierto su taller en la plaza de San Lamberto de Zaragoza (hoy desaparecido), dedicado a una intensa actividad como retratista, representarían la continuidad de esta tradición. No así Ángel Bayod Usón (Zaragoza, 1899) que, después de unas prometedoras obras y proyectos en los años treinta, abandonará en la postguerra durante un largo período la práctica escultórica, y sus obras de la década de los años cincuenta se resienten de esta falta de continuidad.

Los oscenses Felipe Coscolla (nacido en Graus y muerto en 1941) y José M.ª Aventín pueden incluirse dentro de esta corriente académica con una dedicación a la imaginería religiosa en madera el primero, y Aventín —que fue pensionado por la Diputación de Huesca en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando— con una abundante producción de retratos particulares en Huesca. En el arte de la forja y con obra en su última época orientada más a lo decorativo e industrial que a la escultura hay que señalar a Pablo Remacha (muerto en 1964), con un notable oficio para obras menores de carácter ornamental y pequeñas esculturas de sabor modernista y Art Déco.

También el zaragozano Manuel Tolosa, hijo de forjador con taller abierto en la calle de San Pablo, con quien emigró muy joven a América; a su vuelta a Zaragoza obtuvo una primera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes del año 1932 por su obra, presentada a la Sección de Artes Decorativas, Armonía de razas. En su ciudad natal dejará obras como las verjas exteriores de las puertas de la basílica del Pilar o las cancelas del saloncillo de Heraldo de Aragón o de la sala de juntas del Centro Mercantil, así como otras obras utilitarias de algunas calles de la ciudad.

Discípulos de Félix Burriel y continuadores de su estilo, al menos inicialmente, son el escultor Antonio Bueno Bueno, «An Oneu» (Madrid, 1913), hijo de padres aragoneses, formado en la Escuela de Artes y Oficios de Zaragoza, donde instalará su estudio, ejerciendo durante este período un arte callado, íntimo y casi tímido, pero receptivo a toda experimentación estética y de variadísimos materiales, con los que ha realizado obras que abarcan desde lo figurativo tradicional a la depuración formal. De sus proyectos cabe destacar uno muy temprano, como el presentado para el monumento a los Caídos, en Zaragoza, que obtuvo el segundo premio. Lamentablemente, la ciudad hubiese podido contar con un monumento auténticamente escultórico, en comparación con el actual y frío altar arquitectónico que cierra la plaza de las Catedrales.

Francisco Rallo Lahoz Buscar voz... (Alcañiz, 1924) realizó su formación artística en Zaragoza, en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos y en el taller de Félix Burriel, así como en el trabajo de los marmolistas, que conformará su sentido ornamental, predominante en sus obras realizadas en relieve. Su trabajo, basado en un depurado oficio y conocimiento de todos los materiales escultóricos, ha sido siempre fiel a la temática figurativa, realista y académica en sus retratos, o de una depuración clasicista de las formas en sus torsos y figuras femeninas de pubertades y maternidades, con evidentes raíces en la obra de su maestro Félix Burriel. Algunas de sus obras de carácter público y ornamental se hallan en Zaragoza, como, por ejemplo, cuatro de las Musas que coronan el Teatro Principal, de 2,30 m., en piedra artificial (1969-70), o los grupos de niños, en bronce, que adornan las dos fuentes de la plaza del Pilar (1979), y los cuatro leones de bronce del Puente de Piedra de Zaragoza.

Hasta 1980 hay una serie de escultores de carácter innovador que pueden dividirse en dos períodos. Aludimos a Pablo Serrano, Juan José Vera, pintor con notables esculturas hasta el presente, Ricardo Santamaría Buscar voz..., pintor y escultor, Miguel Torrubia Buscar voz..., Francisco Benessat Buscar voz..., pintor y escultor, José Gonzalvo Buscar voz... y Fernando Ferreró Buscar voz..., poeta con interesantes esculturas. Los setenta, como segundo período se completan con escultores como Ángel Orensanz, Fernando Navarro Buscar voz..., Javier Sauras Buscar voz..., Zacarías Pellicer Buscar voz..., Alejandro Molina e Iñaqui Rodríguez Buscar voz..., pintor y escultor que por edad está cercano a la anterior generación, así como Pedro Tramullas.

El período comprendido entre 1981 y 2000 se tiñe de una actitud generalizada postmoderna como consecuencia de una necesidad de cambio, nunca ruptura, que procede de una actitud libre y sin ideología, o al menos vista con desconfianza e incluso dejada en un segundo plano, que adopta y transforma muy diferentes tendencias artísticas del pasado inmediato. Pero tendencias, como conceptual, surrealismo, arte mínimo, suprematismo, ..., mezcladas desde lo dispar, generan variantes de variantes. Esto jamás implica la ausencia de una muy específica personalidad. A este imperativo derroche de libertad, incluyendo planteamientos intelectuales y formales, se suma la variedad de materiales con infinitas combinaciones, lo cual remarca la posibilidad de extremados mensajes. Si lo postmoderno aplicado al arte ha incidido positivamente en los planteamientos cara a una impensable libertad, también apuesta por pensamientos neoconservadores. La escultura aragonesa, tanto figurativa como abstracta, se vuelve mucho más compleja y aumenta el número de artistas de valía respecto a épocas anteriores. Asimismo, la propia democracia y la consolidación de las autonomías con el apoyo institucional al artista, más acertado de lo que tanto se crítica, motiva exposiciones, premios y certámenes, con sus correspondientes catálogos como imprescindible documento para el artista y el investigador, que generan una actividad escultórica antaño impensable. Los escultores que destacan, entre figurativos y abstractos, son los siguientes: Pedro Giralt Buscar voz..., pintor y escultor, Víctor Mira Buscar voz..., pintor y escultor, Carlos Ochoa Buscar voz..., Pedro Bericat Buscar voz..., pintor, escultor e interesado por las instalaciones, Gregorio Millas Buscar voz..., pintor y escultor, Lenni Bell, Elena Blanch, Pedro Fuertes, pintor y escultor, José Prieto y Vega Ruiz Buscar voz..., trabajando juntos, Germán Díez, pintor y escultor, Tomás Roures, Miguel Ángel Arrudi, pintor, escultor e interesado por las instalaciones, Fernando Sinaga Buscar voz..., Alberto Ibáñez, José Miguel Fuertes Gil, Florencio de Pedro Buscar voz..., Fernando Lázaro Bello Buscar voz..., Arturo Gómez, Santiago Gimeno Buscar voz..., Ricardo Calero Buscar voz..., Tomás Gimeno, Javier Garcés, Rosa María Gimeno, Valentín Torrens, Jerónimo Giménez Fernández, conocido artísticamente como Giménez Sauras y Juan Carlos Laporta Buscar voz....

En el apartado expositivo no se citan las individuales, aunque resulta imprescindible citar la tarea de Manuel Val con lo que fue su constante labor en el Mixto-4 de Zaragoza por medio del Ministerio de Cultura. Al respecto, conviene recordar, dentro de la escultura, que ya en diciembre de 1981 expone Alberto Ibáñez y que en junio de 1982 organiza la enseñanza del arte, entre otras actividades artísticas. Como un anuncio de lo que vendrá desde los ochenta conviene citar, dentro de las colectivas, la titulada Aproximación al arte en exposiciones itinerantes, subtitulada Imágenes actuales del arte en la región, que organiza iberCaja y que itinera de enero a julio de 1979. La primera importante, a partir de 1981, es la que organiza el Colegio de Arquitectos de Zaragoza en mayo de 1982. Titulada Panorama actual de la escultura aragonesa, recoge a treinta y tres escultores de muy dispares líneas artísticas y épocas.

Dentro de las instituciones la primera exposición colectiva con categoría, que simboliza una ruptura al organizarse con criterios selectivos, corresponde a Alfredo Romero Santamaría como director del Palacio de Sástago, perteneciente a la Diputación Provincial de Zaragoza. Exposición itinerante a lo largo de tres meses organizada en julio de 1984 bajo el título Nuevas formas en / para la escultura, incluyendo a los escultores Pedro Bericat, Ricardo Calero, Fernando Navarro, Alberto Ibañez, Miguel Ángel Arrudi, Carlos Ochoa y Fernando Sinaga.

Dentro de la escultura de toda España la exposición más importante, en el contexto aragonés, es la celebrada en marzo de 1988, Palacio de Sástago, con el título de Escultura española actual. Ideada y seleccionada por Alfredo Romero Santamaría y Pablo J. Rico, la organiza y coordina el Palacio de Sástago y el Museo Pablo Gargallo de Zaragoza. Figuran los aragoneses Alberto Ibáñez, Miguel Ángel Arrudi, Ricardo Calero y Fernando Sinaga, con la intencionalidad de ofrecer una fuerte selección para dar a conocer lo más palpitante de nuestra escultura.

Además de algunas exposiciones con pintores y escultores, como Dirección Norte en agosto de 1988 y organizada por el Ayuntamiento de Zaragoza, el paso siguiente es la titulada Esculturas en la Aljafería, que se inaugura en octubre de 1988 en el Palacio de la Aljafería de Zaragoza. Organizada por el Ayuntamiento de Zaragoza y coordinada por María Cristina Gil Imaz, participan veintisiete artistas, lo cual ofrece una idea sobre su relevancia. Muy pronto viene la itinerante Escultura contemporánea aragonesa a la escuela cuyo catálogo, de referencia ineludible, se imprime en diciembre de 1988. Editado por el ministerio de Educación y Ciencia de Zaragoza, su coordinador, Manuel Val, lo concibe con tres prólogos, de Ángel Azpeitia, Rafael Ordóñez Fernández y Pablo J. Rico, así como una notable selección que muestra desde Pablo Gargallo hasta el por entonces joven escultor Tomás Gimeno.

En abril de 1992 se inaugura en la Diputación General de Aragón la exposición Escultura es cultura, bajo el comisariado de Carmen Pérez Ramírez. Su excelente catálogo es de obligada consulta porque ofrece un panorama y, además, por los textos de Carmen Pérez Ramírez, Ángel Azpeitia, que incluye una excelente bibliografía, José Luis Lasala y Rafael Ordóñez Fernández.

90 años de arte en Aragón, pintura y escultura, fue la exposición con la que la Sala C.A.I. Luzán de Zaragoza celebra su noventa aniversario. Inaugurada, por tanto, en 1995, el comisario es Ángel Azpeitia y el catálogo, que abarca desde 1905 hasta 1995, tiene textos de Azpeitia y Manuel Solá Sánchez de Rojas, siempre bajo el criterio de una excelente selección de artistas.

De las exposiciones colectivas queda la titulada Galicia Terra Única, La Escultura Actual De Cantabria, La Rioja, País Vasco, Navarra, Aragón, Asturias y Castilla y León. Organizada por la Xunta de Galicia para exponerla en Vigo el año 1997, el capítulo sobre Aragón tiene como comisario a Ángel Azpeitia, que selecciona a aquellos escultores con esculturas en espacios públicos aragoneses. El texto, titulado Aproximación básica a la escultura aragonesa actual, es de Ángel Azpeitia y los artistas seleccionados son Miguel Ángel Arrudi, Santiago Gimeno, Arturo Gómez, José Gonzalvo, Fernando Navarro, Carlos Ochoa, Ángel Orensanz, José Prieto y Vega Ruiz, Francisco Rallo Lahoz, Ricardo Santamaría, Javier Sauras y Pedro Tramullas. Artistas con un texto sobre su obra escrito por diferentes autores y en algún caso por el propio escultor. De los premios, certámenes y salones conviene destacar lo siguiente. El Premio Internacional de Escultura «Ángel Orensanz» tiene su primera edición en junio de 1982, celebrándose en el Museo Ángel Orensanz y Artes del Serrablo de Sabiñánigo, Huesca. Asimismo, tenemos el Certamen Internacional de Escultura Ciudad de Jaca, el primero en 1982, y el Certamen Nacional de Escultura Villa de Tauste (Zaragoza), el primero en 1985. De los salones cabe citar el Salón de Artistas Plásticos en Calatayud, el primero en diciembre de 1989, y el efímero Salón de Otoño «... Punto y Aparte», organizado por el Ayuntamiento de Zaragoza e inaugurado el 2 de septiembre de 1985, con diseño y dirección de Pablo J. Rico. Se inaugura en la Lonja de Zaragoza con varios prólogos para el catálogo, vídeo de cincuenta minutos y debates en la Caja de Ahorros de la Inmaculada con la participación de Juana Aizpuru, José Luis Brea, Javier Rubio, María Corral, Jesús Cámara, Juan Manuel Bonet, Fernando Huici... Un jurado selecciona a veinticinco artistas aragoneses, de los que tenemos a quince pintores, cinco fotógrafos y cinco escultores.

El Museo Pablo Serrano se inaugura en mayo de 1994 y tiene una excelente programación sobre variadas manifestaciones artísticas, mientras que el Museo Pablo Gargallo se inaugura el 8 de julio de 1985, también con una excelente programación expositiva. El importante Premio Pablo Gargallo comienza en 1987, siendo organizado por Rafael Ordóñez Fernández, para sustituirle Pablo J. Rico en la dirección y coordinación del montaje en la segunda edición, año 1988, coincidiendo con su dirección del Museo. Rico es sustituido en 1991 por Cristina Gil Imaz, la cual se limitará a coordinar la de 1992, pero con la organización, desde 1991, de Rafael Ordóñez Fernández, mientras que Pablo J. Rico figura como Jefe de la Sección de Exposiciones y Museos. Un Premio que vive hasta su VI edición, inaugurada el 21 de febrero de 1992. De las bases resalta la octava, que obliga a organizar una exposición individual del premiado, en un plazo máximo de dos años desde la fecha del Premio. Por otra parte, teniendo en cuenta la evolución de las seis ediciones, conviene recordar que también pueden participar extranjeros y que la edad límite es de treinta y cinco años, con lo cual se busca que los escultores representen una creatividad rompedora, característica de la edad y una potenciación de su periplo artístico. Los aragoneses sólo obtienen dos menciones honoríficas, para Ricardo Calero y Fernando Lázaro. Se presentan, entre otros, José Miguel Fuertes, Pedro Bericat, Alberto Ibáñez y Tomás Gimeno.

El Taller de Escultura de Calatorao nace con el objetivo de promocionar, nacional e internacionalmente, el material autóctono, en este caso la piedra negra y grisácea de Calatorao, localidad cercana a Zaragoza y se organiza durante quince días de septiembre. Financiado por la Diputación Provincial de Zaragoza y organizado por ésta y por el Ayuntamiento de Calatorao, entre las bases incluye becas y compra de obras, con un precio fijado por el artista, cuyo destino es para un futuro museo, así como para embellecer plazas y calles de Calatorao.

Los escutores, que trabajan a pie de cantera, son seleccionados por un jurado, habiendo participado alrededor de sesenta y cinco españoles, además de los extrajeros, en sus cuatro ediciones. Al margen de que se expongan las esculturas correspondientes a cada taller, su coordinadora es Teresa Luesma, que ha ejercido su misión con acierto, prudencia y buen criterio, según destacan en la prensa periodistas y críticos. Cada taller es dirigido por un escultor y su listado es: 1988, Máximo Trueba, 1989, Evaristo Belloti, 1990, Manuel Paz y 1999, Curro Ulzurrum.

En septiembre de 1993 el Taller es sustituido por el I Symposium Internacional «Villa de Calatorao y Cittá di Seravezza». De carácter privado, el promotor será José María Lasheras, secretario del Ayuntamiento de Calatorao, que organiza el primero con la participación de doce escultores seleccionados, entre dieciocho, por el siguiente jurado: José María Lasheras, el crítico de arte Héctor López y Julio Anía Juste, así como Antonio Fondón Balsas y José María Anía Vallejo, representando a la industria de la piedra.

En 1985 se forma un Taller de Escultura en Zaragoza, cuya sede está ubicada en una nave del antiguo matadero. De carácter libre y abierto a todas las tendencias artísticas, sus participantes son Ana Béjar Íñiquez, Juan Carlos Gracia Marco, Alberto Gómez Ascaso, Teresa Granada, Luis Hinojosa Galindo, Gregorio Millas, Florencio de Pedro Herrera y Jacinto Ramos.

Siguiendo las actuaciones en Alquézar, el Simposio de Hecho o el Taller de Escultura de Calatorao, en 1996 nace en Hinojosa de Jarque (Teruel), lo que de inmediato será un Parque Escultórico al aire libre. La Asociación Cultural La Huerta de Hinojosa de Jarque, organiza el taller, contando con la idea y la experiencia del escultor Florencio de Pedro, la colaboración desinteresada de los vecinos y del ayuntamiento presidido por Pedro Antonio Pérez Valero. Los escultores son seleccionados por dicha asociación y en las sucesivas ediciones se busca que sean dedicadas «A la memoria de los pueblos», como un tema basado en mitos y leyendas propias del ámbito rural. Taller de escultura, nacional e internacional, que tiene lugar del 12 al 22 de agosto y que el mismo año pasa a llamarse Simposium Internacional de Escultura. Los ocho primeros escultores seleccionados son: los aragoneses José Miguel Fuertes, Vicente Berna y Florencio de Pedro, el portugués Moisés Preto Paulo, el argentino Jorge Romeo, el italiano Mauricio Misquiari y del resto de España el extremeño Juan Fonteche y el gallego Remigio Dávila. En el II Simposium, 1997, participan los artistas Arturo Gómez, de Zaragoza, Joan Ribes, de Alicante, Yolanda Ellacuría, de Zaragoza, Abdelkrim Ouazani, de Tetuán (Marruecos), Raul Escriche, de Valencia, Pedro Camacho, de Murcia, Iñaqui Rodríguez, de Zaragoza, Esther del Castillo, de Mérida (Badajoz), Antonio Fernández Molina, de Zaragoza, y Enrique Jordá, de Alicante.

En el III Simposium, 1998, participan los artistas Pedro Tramullas, de Jaca (Huesca), José María Anía, de Calatorao (Zaragoza), José Plandiura, de Barcelona, Nelson Villalobos, de Cuba, Gabriel Fuertes, de Cabra de Mora (Teruel), Mónica Chevarría, de Barcelona, Mariano Colás, de Zaragoza, y Fernando Lázaro, de Zaragoza.

El IV Simposium, que será el último según lo acordado, se celebra en 1999 y los ocho escultores seleccionados son: Nuria Pérez, de Teruel, Antonio Chiprana, de Zaragoza, Emilio Gastón, de Zaragoza, Fabrizio Dieci, de Italia, Bodo Rau, de Alemania, Itziar García y Yon Ander García, de San Sebastián, Anxel Nava, de Gijón, y Pellegrini Gianfranco, de Italia. Así mismo, hay que sumar dos iniciativas populares fuera de concurso, con la participación en el mismo proyecto de Julio Pérez y Jesús Hernández y Pedro Jarque Villarroya.

Hasta el año 1999 se han instalado alrededor del pueblo un total de 37 esculturas con un tamaño promedio de unos tres metros de altura. Simposium que finaliza una vez que se alcanzan los objetivos marcados.

• Bibliog.: En esta selección se incluyen catálogos de exposiciones colectivas y textos con estudios globales.

Catálogos:
Azpeitia, Ángel y Solá Sánchez de Rojas, Manuel: 90 años de arte en Aragón, pintura y escultura, 1905-1995, Zaragoza, Caja de Ahorros de la Inmaculada, 1995.
Colegio Oficial de Arquitectos de Aragón y Rioja (Comisión de Cultura de la delegación de Zaragoza): Panorama actual de la escultura aragonesa, Zaragoza, Ayuntamiento de Zaragoza, 1982.
Giménez Navarro, C.: Jóvenes artistas aragoneses, Zaragoza, Diputación General de Aragón, 1996.
Guisasola, F.: Itinerario. Seis escultores, Zaragoza, Antiguos Depósitos en el Parque Pignatelli, 1988.
Ordóñez Fernández, Rafael: Supervivientes en un templo refundado. Manuel Arcón, Luis Hinojosa, Gregorio Millas, Florencio de Pedro, Jacinto Ramos, Lonja de Alcañiz, 1988.
Ordóñez Fernández, Rafael: «Arte aragonés de los ochenta. Ambición de futuro y respeto al pasado», en Adquisiciones 88. Arte contemporáneo para las Colecciones del Ayuntamiento de Zaragoza, Zaragoza, Espacio Pignatelli, 1989.
Pérez-Lizano, Manuel y Sánchez Millán, Alberto: Aproximación al arte en exposiciones itinerantes: fotografía y escultura, Zaragoza, Torre Nueva, 1979.
VV. AA.: I Salón de Otoño ... punto y aparte, Zaragoza, Palacio de la Lonja, Ayuntamiento de Zaragoza, 1985.
VV. AA.: Nuevas formas en / para la escultura. Bericat, Ochoa, Calero, Navarro, Arrudi, Zaragoza, Palacio de Sástago, 1985.
VV. AA.: Treze, Zaragoza, Diputación General de Aragón, 1987.
VV. AA.: Un palacio para 14 artistas jóvenes, Zaragoza, Palacio de Sástago, 1987.
VV. AA.: Viaje de ida, Zaragoza, Diputacíón General de Aragón, 1987.
VV. AA.: Escultura contemporánea aragonesa a la escuela, Zaragoza, Unidad de Programas Educativos, Ministerio de Educación y Ciencia, 1988.
VV. AA.: Esculturas en la Aljafería, Zaragoza, Palacio de la Aljafería, 1988.
VV. AA.: Vanguardia Aragonesa en la Década de los Setenta, Zaragoza, Asociación Aragonesa de Críticos de Arte y Diputación General de Aragón, 1988.
VV. AA.: Escultura es cultura, Zaragoza, Gobierno de Aragón, Patio del Pignatelli, 1992.
VV. AA.: Académicos en homenaje a Goya (pintores y escultores), Zaragoza, Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis, iberCaja, 1996.

Libros:
García Guatas, Manuel: Pintura y Arte Aragonés (1885-1951), Colección «Aragón», Librería General, Zaragoza, 1976.
Pérez-Lizano, Manuel: Focos del surrealismo español, artistas aragoneses 1929-1991, Mira Editores, Zaragoza, 1992.
Pérez-Lizano, Manuel: Abstracción Plástica Española. Núcleo aragonés: 1948-1993, Mira Editores, Zaragoza, 1995.
VV. AA.: Diccionario Antológico de Artistas Aragoneses, 1947-1978, Institución «Fernando el Católico» (C.S.I.C.), Publicación núm. 852, Zaragoza, 1983.

Revistas:
Azpeitia, Ángel: «Las manifestaciones artísticas contemporáneas en Huesca, siglos XIX y XX», en Laliena Corbera, C.: Huesca. Historia de una ciudad, Huesca, Ayuntamiento de Huesca, 1990.
Azpeitia, Ángel y López, Héctor: Desarrollo del Premio «Pablo gargallo» en Zaragoza, La Traíña, Marbella, Asociación Andaluza de Críticos de Arte, n.º 15, febrero de 1991.
Ordóñez Fernández, Rafael: Resumen provisional de la escultura contemporánea en Aragón, Boletín del Centro de Estudios Bajoaragoneses, 1983.
Pérez-Lizano, Manuel: Apuntes sobre la escultura aragonesa, Boletín del Museo e Instituto Camón Aznar, Zaragoza, XXXVI, 1989.

 

Monográficos

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