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Carderera y Potó, Mariano

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 15/07/2009

(Huesca Buscar voz..., 1816 - Madrid, 1893). Gran pedagogo Buscar voz... aragonés. Tras estudiar en su patria chica, en la Universidad Sertoriana Buscar voz..., Latín, Filosofía y Teología, marcha a Barcelona, donde aprende Matemáticas, Física y Ciencias Naturales, y también francés, inglés y alemán. Con ese excelente bagaje, y un dominio del castellano que le hará buen prosista y filólogo (colaboró en el Diccionario de la Real Academia), es un destacado alumno interno en la Escuela Normal Central de Madrid. Pertenece, pues, a la generación de los grandes reformadores de la enseñanza primaria española, y le cabe el honor de haber sido fundador de la Escuela Normal de Huesca, pasando más tarde como director a la de Barcelona.

Se inicia así, en la práctica docente, una larga y brillante carrera profesional y publicística. Católico ferviente, aunque abierto, de curiosidad universal, y de talante liberal, su figura supone un cierto contrapeso al creciente influjo, tras la Restauración, de la Institución Libre de Enseñanza Buscar voz.... Según Rufino Blanco, Carderera es «uno de los pedagogos españoles que más influencia ha tenido durante la segunda mitad del siglo XIX», alcanzando «una autoridad pedagógica que, en cierto orden y por bastantes años, fue la primera en España». Ocupó, entre otros, los cargos de inspector general, jefe de negociado de Primera Enseñanza y del de Universidades, secretario del Consejo de Instrucción Pública y secretario honorario de Su Majestad.

Carderera fue, ante todo, un excelente sintetizador de las ideas y las prácticas pedagógicas en la Europa de su tiempo, un incansable impulsor de la modernización de la enseñanza en España, y un divulgador mediante manuales que alcanzaron un enorme éxito. A sus dilatados estudios de Psicología y Pedagogía unió siempre la experiencia. Numerosos viajes al extranjero, el conocimiento de las experiencias e ideas de Pestalozzi, Froebel, Gauthey y otros muchos pedagogos franceses, ingleses y alemanes, le llevan a poner el acento en la idea de educación popular.

Él mismo nos define su trayectoria: «Diez años de enseñanza en las aulas de la Escuela normal; asiduos trabajos didácticos y administrativos después, por espacio de más de veinte años; frecuentes visitas a nuestras escuelas y a las más notables de Europa, nos han obligado durante tan larga carrera a continuados y especiales estudios, a importantes y prácticas observaciones, sirviéndonos a la vez para comprobar métodos en acción y para reunir datos y documentos de grande interés y no escasa novedad entre nosotros, los cuales son los que en resumen y ordenados ofrecemos ahora al magisterio. Lejos, pues, de abrigar la necia presunción de la originalidad, cuidamos por el contrario de reproducir lo que hemos visto practicar, evitando también en lo posible, como de costumbre, los términos científicos, a pesar del ejemplo de modernos proyectos, porque tratándose de primera enseñanza, tienen cierto sabor de pedantería» (1874).

Entre sus actuaciones destacaremos las de organización y publicación de los primeros trabajos de estadística pedagógica, preparación de dos Reglamentos para el examen de los aspirantes al Magisterio, elaboración del Proyecto de Ley de Instrucción Pública en el Bienio Progresista Buscar voz... (1855) que, a pesar de no ver luz entonces, influyó notablemente en el de 1857. En el Congreso Pedagógico de 1882 fue vicepresidente primero y tuvo a su cargo el discurso resumen de clausura.

Pero su importancia grande se debe, sin duda, a sus numerosas obras, que alcanzaron muchas ediciones a lo largo del XIX. Entre ellas destacan Guía del maestro de primera enseñanza (Madrid, 1852), una especie de «itinerario moral a los que abracen tan penosa como honorífica carrera»; el Diccionario de educación y métodos de enseñanza (4 tomos, Madrid, 1855-1858), probablemente la principal obra pedagógica castellana del siglo XIX, antecesora en 28 años del famosísimo diccionario de Buisson; Apuntes sobre la educación elemental del sordomudo (Madrid, 1859); Enseñanza práctica en las escuelas de párvulos (traducción de una obra francesa, 1860).

Su obra Principios de educación y Métodos de enseñanza (Madrid, 1860, y un Epítome o resumen en 1881), sería texto en las Escuelas Normales, con enorme y duradera influencia. En él describe con hermoso lenguaje y ponderación sobre la vocación pedagógica: «La importancia y dignidad del magisterio es grande y elevada; la situación material del maestro, pobre, modesta y laboriosa... No tienen otra perspectiva que una vida laboriosa, oscura y modesta, sin otro premio en este mundo que una módica retribución, el aprecio de los hombres honrados, y la conciencia del bien que ejecutan». Pero es realista: «El magisterio, se ha dicho antes y es la verdad, requiere conducta austera y ejemplar; pero sería grande exageración pedir al maestro completo olvido de sí mismo y de su bienestar... El deseo de obtener una subsistencia honrosa y modesta es natural y legítimo, y por el magisterio, como por las demás profesiones, puede aspirarse a conseguirla».

En 1868 publicó un amplio estudio sobre La Pedagogía en la Exposición Universal de Londres, que había visitado; en 1874, una Pedagogía práctica, en dos volúmenes, con muchísimas ideas para maestros: graduación de la enseñanza, ejercicios intuitivos, modelos de lecciones para todas las asignaturas y grados, lecciones colectivas, normas de organización escolar, consejos sobre jardines de infancia, escuelas de adultos, etc.

Su obra divulgadora le lleva a publicar otro tipo de libros: Vida y obra de Pestalozzi, Lectura en voz alta, Guía legislativa, La ciencia de la mujer al alcance de las niñas, Nociones de industria y comercio, etc. También publicó varias obras con el ilustre pedagogo gallego Joaquín Avendaño (Vigo, 1810-1886), efímero director de la Escuela Normal de Zaragoza y excelente compañero de Carderera en la inspección: de ambos son el famosísimo Curso elemental de Pedagogía, el Método de lectura completo, y el Cuadro del sistema legal de pesas y medidas; también editaron y codirigieron ambos pedagogos importantes publicaciones pedagógicas como la Revista de Instrucción primaria (1849) y La Aurora de los Niños (con más de 6.000 suscriptores) o los Anales de Enseñanza. La última obra del pedagogo oscense fue La disciplina escolar como medio indirecto de educación y enseñanza (Barcelona, 1890), en la «Biblioteca del Maestro» que dirigía Pedro de Alcántara García.

 

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