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Caprino

Contenido disponible: Texto GEA 2000

(Gan.). La ganadería caprina tuvo en Aragón una relativa importancia, como se desprende de sus censos. Así, Ignacio de Asso señalaba la cifra de 197.881 cabezas en 1787, cifra que prácticamente seguía sin modificación en 1955 (180.034), para situarse en sólo 70.539 en 1977, descendiendo a 56.885 en 1978 y volviendo a incrementarse hasta los 85.575 cabezas en 1997.

En tiempos pasados la cabra, como animal de doble aptitud leche-carne, suponía un apoyo en la alimentación cotidiana, lo que, junto a su notable rusticidad, que permitía un mantenimiento económico, le hacía imprescindible en numerosos hogares campesinos de Aragón. El desarrollo económico del país y la subsiguiente emigración rural hacia zonas urbanas, junto con la repoblación forestal y ciertos prejuicios sobre la especie caprina no siempre justificados (deforestación y brucelosis-fiebres de Malta), promovieron una disminución fuerte y continuada de la población caprina. Así, en un período de 10 años (1955-65) se descendió prácticamente a la mitad del censo, encontrándose en la actualidad en una situación más estable. En Aragón ha ocurrido con la cabra el mismo fenómeno que en los países más desarrollados; no obstante, la regresión ha sido algo más acusada en comparación con la evolución del conjunto nacional

Inicialmente, las tres provincias mantenían poblaciones similares, destacando en la actualidad Zaragoza, con un número de cabezas muy superior al de las otras dos provincias. El ganado caprino en Aragón se distribuye preferentemente en los somontanos y montañas, aprovechando monte bajo y alto. También en los llanos, en donde en pequeños grupos, e incluso individualidades, convive con rebaños ovinos.

Como raza singular debemos destacar la pirenaica, originaria y ubicada preferentemente en la cordillera oscense y a la vez difundida por toda la Ibérica en las provincias de Zaragoza y Teruel. A pesar de la disminución censal, es todavía la raza más numerosa. La murciano-granadina se ha desarrollado notablemente en los últimos años, muy especialmente en la provincia de Zaragoza, en función de su aptitud lechera, hallándose tanto en los pequeños grupos que acompañan a los rebaños ovinos, como en algunas explotaciones lecheras ubicadas en zonas prósperas. Por último, las alpinas, serranas de Castilla y Levante, situadas en la Ibérica y muy en particular en la provincia de Teruel.

Hasta aquí, las agrupaciones citadas se hallan en un relativo estado de pureza; el resto de las cabras existentes son generalmente cruzadas, conformando una abigarrada y dispar población ganadera a partir de las citadas pirenaicas, serranas y, a la vez, de alpinas, raza de las Mesetas, junto con el grupo murciano-granadino.

La especialización productiva es doble, leche y carne. La cantidad de leche obtenida es cada vez más elevada, como corresponde a animales que han experimentado un proceso de selección tendente muchas veces a la obtención de leche para la fabricación de queso. La carne tiene como base el cabrito, cría joven, aún lactante, sacrificada con pesos de canal de 7 a 8 kg. y con altos precios en el mercado. Secundariamente, el chivo, con unos 10 kg., además del ganado de desecho (hembras con 18-20 kg. de peso canal). El sistema de explotación es extensivo tradicional, y el pastoreo la base del manejo, en los últimos años se está extendiendo el sistema de estabulación sobre todo en el ganado orientado hacia la leche. Pocos son los rebaños formados exclusivamente por cabras, aprovechando zonas de monte bajo espeso en los somontanos y serranías de la Cordillera Ibérica. Su tamaño oscila entre 100 y 300 cabezas y, en general, siguen un régimen de explotación similar al del ganado ovino, al que acompañan en núcleos pequeños como ya se indicó. Los alojamientos tradicionales son en la mayoría de las ocasiones los mismos apriscos (parideras) destinadas al ovino, si bien se están extendiendo las parideras acondicionadas para el ordeño mecanizado, tomando como base la agrupación murciano-granadina.

En cuanto a enfermedades, destaquemos la brucelosis, que provoca abortos en las cabras y se transmite a la especie humana (fiebres de Malta). Precisamente Aragón es una de las regiones españolas con mayor incidencia de esta enfermedad en la especie humana; sin embargo, no es correcto culpar de ello únicamente a la especie caprina, sino también a la especie ovina y a otras igualmente transmisoras.

Las producciones caprinas de la región aparecen en los cuadros adjuntos, destaca la escasa incidencia de la producción. No obstante, y a pesar de su escasa importancia económica actual, el ganado caprino debería fomentarse en nuestra región no sólo a partir de un incremento del censo, sino muy particularmente mediante una mejora de la base animal y racionales sistemas de explotación, tanto en régimen extensivo como intensivo. Las posibilidades del caprino en territorios como nuestra región son importantes tanto si se orienta su producción hacia la obtención de carne como hacia la leche y posterior elaboración de queso.

 

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