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Arquitectura popular

Contenido disponible: Texto GEA 2000

Nace, como todas las artes populares, de acuerdo con las circunstancias fisiográficas y étnicas en las que se inscribe, y por ello es el resultado de una adecuación al terreno y a los materiales disponibles, al clima, a la función que ha de desarrollar, y al gusto de quienes han de «vivirla». Aragón es variado en todos estos aspectos, circunstancia que enriquece nuestro ser cultural y que condiciona la diversidad y marcadas diferencias de la arquitectura popular aragonesa.

Esta arquitectura popular no ha sido estudiada en su totalidad, a través de todos los pueblos, con sus particulares variantes, sino localmente, en algunas de sus zonas más destacadas. Ateniéndonos a las que son sus variantes más sobresalientes, podemos dividirla en varias zonas o grupos uniformes, que son los siguientes, de norte a sur de nuestra región: la casa pirenaica; la vivienda del Prepirineo o Somontano; la casa de la amplia área central aragonesa, en torno al Ebro; la vivienda cueva, que aparece en ese mismo sector; y la casa de las tierras altas de la provincia de Teruel. Cada una de estas variantes generales puede así mismo presentar peculiaridades locales, que no incluiremos sino muy brevemente aquí.

—Casa pirenaica. En cuanto al primer tipo, el de la casa pirenaica, ésta se desarrolla en una zona que ocupa la franja más al norte de la provincia de Huesca, montañosa en lo geográfico y más lluviosa que las tierras situadas hacia el sur. Se trata de una zona que no sufrió la ocupación islámica, quedando aislada del resto de Aragón, como lugar de refugio para quienes huían del dominio musulmán. Con ello se estableció una «línea fronteriza», marcada por las torres de defensa y casas-fuertes, de las cuales quedan aún numerosos restos bien conservados. (Castillos.)

La vivienda de esta zona se distingue por el uso preferente de los siguientes materiales constructivos: la piedra y la mampostería para levantar los muros y las lajas de piedra, la pizarra o la teja plana de tipo borgoñón para realizar sus cubiertas.

El aspecto externo de esta vivienda es cerrado, con ventanas y puertas recuadradas con pintura blanca, que las anima y destaca. Sus vanos presentan dos formas preferentes: el dintel recto labrado, y el gran arco de medio punto compuesto por grandes dovelas (de piedra como sus jambas). Sobresalen también sus cubiertas en pronunciada pendiente, a veces doble, sobre las que se elevan enormes chimeneas, muy a menudo circulares y concluidas por un remate cónico, que puede adoptar formas muy peculiares. Estas chimeneas son las campanas que cierran el hogar o fogón, cuyo fondo se acusa también muchas veces en el muro exterior, constituyendo un cuerpo saliente denominado atizador o fogaril. En cuanto a su distribución interna, el piso inferior se abre por un gran patio empedrado, que da paso a la cuadra, la bodega, almacenes (leñera, granero) y el horno de cocer pan. Arranca también de aquí la escalera por la que se accede al segundo piso, donde acostumbra a estar la gran cocina (que centra la vida familiar en torno a las cadieras), la recocina y las despensas, las alcobas y, en las casas más importantes, alguna sala-recibidor. Pocas veces hay un tercer piso de vida, rematándose siempre por una falsa.

Otra nota destacada de los poblamientos del Pirineo es que, aunque sus casas se agrupen y apiñen, con frecuencia no llegan a unirse, pared con pared, sino que, por el contrario, queda entre ellas un callejón estrecho, generalmente sin salida, que recibe el nombre de callico: en él confluyen las aguas que caen de sus cubiertas. Por eso, aun reunidas, las casas presentan una cierta autonomía.

Otra forma peculiar de construcción pirenaica la constituyen las bordas, edificaciones aisladas que sirvieron como almacén de forrajes, lugar para cerrar el ganado o para guardar los útiles agrícolas.

Dentro de esta área pirenaica, entre los conjuntos mejor conservados destacan los de Fago, Ansó, Echo, Biescas, Vío o Benasque.

Vivienda del Prepirineo y Somontano. El segundo tipo se desarrolla en la zona del Prepirineo y Somontano oscense, área que es intermedia entre la anterior y la tierra llana (entre las sierras de Loarre, Gratal y Alquézar, por el norte, y la comarca desértica de los Monegros, por el sur, incluyendo las vegas y hoyas de Huesca y Barbastro, y los somontanos). Destacan en esta zona las casas solariegas que, en cuanto a los materiales, prefieren el ladrillo y el tapial, cada vez con mayor importancia: aparecen ya las características del ladrillo aragonés, más grande y pesado que el castellano; se usa combinado con la piedra y, en ocasiones, solo; en las cubiertas, por su parte, va ganando terreno la teja árabe. Estos dos materiales se convertirán en exclusivos conforme descendemos hacia el sur.

Exteriormente, las casas ganan en altura, pues presentan dos, tres o más pisos en los que aumenta la importancia de los balcones y, sobre todo, el vuelo y trabajo de sus aleros en madera. En algunas de estas viviendas se conservan todavía sus escudos de infanzonía.

En esta zona se distingue (sobre la casa más modesta) la casa de labor rural (casal) de la casa urbana. En el primer caso, en torno al patio se abren almacenes y cuadras, lo que se manifiesta al exterior en dos puertas de entrada, una a la vivienda y otra como portalón por donde penetran carros y caballerías. Frente a ésta, la casa infanzona urbana renuncia a cuadras y almacenes, y por el exterior, a veces (como en el caso de Graus), se abre mediante grandes arcos en la planta baja, continuados en las casas siguientes de modo que se crea una urbanística de calles y plazas porticadas. La vida se desarrolla a partir del primer piso, donde se sitúan cocina, comedor y dormitorios, continuados en los pisos superiores, cuando los hay. Las casas terminan en una planta de desván, que se acusa al exterior con pequeñas ventanas espaciadas, en las que a veces lo popular imita la galería corrida aragonesa nacida en el Renacimiento.

Encontramos también la característica ordenación de conjuntos urbanos con soportales (que constituyen plazas o lugares de reunión) en otros pueblos oscenses como Benabarre, donde muchas de sus edificaciones muestran su origen medieval, con calles tortuosas y casas-puente con pasadizo inferior, similares a las de Fonz, Estadilla o Barbastro (esta última con su típica plaza mayor de soportales adintelados); o Alquézar, cuyo poblamiento se concentra en torno al castillo. En la provincia de Zaragoza destacan, en las Cinco Villas, las localidades de Sos del Rey Católico, Uncastillo o Ejea de los Caballeros, en cuyas plazas también se forman soportales, y que conservan buen número de casas-palacio. Conforme descendemos hacia la zona más llana, las plazas y calles porticadas se van aligerando, y cambian los pesados arcos de piedra por otros más ligeros, adintelados, con soportes de piedra o madera.

—Casa del área central. El tercer tipo lo componen las viviendas del área central aragonesa o depresión del Ebro. Se trata de una franja de clima más extremado, seco y árido, que emplea como materiales el mampuesto o tapial en la construcción, y el barro, ya sea en forma de adobe Buscar voz... o el ladrillo, que al recibir cocción modifica ligeramente el color pardo de la tierra por otro más fuerte y rojizo.

Las condiciones climáticas hacen que no se precise una cubierta tan inclinada como en el Pirineo: la pendiente es más suave, a una o dos aguas, que vierten por lo general hacia la fachada. Esta cubierta, con la característica teja curva árabe, resulta tan parda y poco destacada como el ladrillo, el adobe o el terreno circundante. Las edificaciones de esta área presentan de dos a tres pisos: aparecen en el primero los vanos y balcones más grandes, y el último, dedicado por lo común a granero o desván, se cierra con ventanas más pequeñas, que lo iluminan y ventilan. Muy a menudo esta última planta remata con arquillos en ladrillo, copia de la típica conclusión de los palacios aragoneses de los siglos xvi-xvii: por lo general, las viviendas así construidas son las más destacadas de la población.

Muchas veces sirve como elemento ornamental de sus fachadas un alero Buscar voz... saliente, construido bien en madera, bien en ladrillo que se dispone componiendo decoraciones geométricas muy variadas. En algunos casos se prescinde de los materiales anteriores y se forma otro tipo de alero saliente, hecho con cañizos recubiertos de yeso o mortero yesoso, que sale en forma de escocia o gola egipcia, en la cual se abren en ocasiones pequeños vanos.

También estas viviendas presentan una distribución semejante, se disponen en torno a un gran patio, por el cual se pasa a la bodega, corrales y dependencias para dejar los útiles de labor; por él se accede al primer piso, en el que están la cocina, las alcobas y otras habitaciones, si las hay. El patio inferior, iluminado y ventilado exclusivamente por la puerta, es un lugar fresco que sirve para estar y librarse del calor en los días de verano, donde se come y discurren muchas horas del día. En el piso alto se abre la engolfa o solanar, es decir los graneros ventilados, que son también trasteros, lugares para tender y tomar el sol, para secar la ropa o almacenar las cosechas. La edificación se adapta funcionalmente a su uso, reuniéndose con corrales situados en la zona baja, construidos por lo general con materiales pobres.

En conjunto, los pueblos de la zona central son mayores que los del Pirineo, y de calles más anchas. Se presentan menos destacados del entorno, confundidos con el color de la tierra por los materiales usados o, en ocasiones, hirientes de luz, cuando se blanquean total o parcialmente sus fachadas. En muchos de ellos subsisten los trazados quebrados, con pasadizos y calles sin salida, que evidencien una pervivencia de lo medieval y morisco, presente asimismo en las torres mudéjares que se elevan sobre muchos de ellos. Éstas han sido la permanente fuente de inspiración, para los artífices posteriores, a la hora de realizar labores en ladrillo: ornamentaciones que enriquecen la fachada principal de muchas de sus casas.

Estas construcciones, con variantes locales, dominan en las comarcas de Borja, Tarazona, Cariñena y toda la ribera del Ebro.

En esta zona destacan asimismo grandes poblaciones con peculiares tipos arquitectónicos. Así, en Tarazona son características las casas voladas del barrio de la judería, que ganan espacio a base de apoyarse en ménsulas de ladrillo de tamaños decrecientes. Sobresale también en esta ciudad su singular plaza de toros-vivienda (1792), de planta poligonal, en parte modificada en la actualidad. También la plaza del mercado de Calatayud se dedicó en origen a celebrar espectáculos taurinos. Bastante bien conservada se halla aún Daroca: aún muestra casi todo su recinto amurallado, y las casas de su calle mayor presentan sus pisos superiores volados, sobre bovedillas, y ostentan bellísimos aleros. Otros pueblos, como Chodes, responden a una peculiar urbanística del siglo xviii, componiendo una planta poligonal.

—Vivienda cueva. En esta zona central aragonesa encontramos también un cuarto tipo de casa, la de las viviendas cueva. Se encuentran en muchas localidades de la provincia de Zaragoza, en las márgenes de los ríos Ebro, Jalón, Jiloca y Huerva, y dentro de las comarcas de Cariñena, Tarazona y Borja. Fueron más abundantes, pero se encuentran, en la actualidad, en trance de desaparición, por los cambios de vida y la mayor comodidad de otras construcciones. En realidad, no siempre se trata de una vivienda, pues en muchos casos se usan simplemente como bodegas o almacenes de los vecinos del pueblo.

Su realización estuvo determinada por las muchas ventajas que presentaban, ante todo la baratura de su construcción. Excavadas en terrenos impermeables, quedaban aisladas de la humedad y mantenían una temperatura constante a lo largo de todo el año, sin necesidad de calor adicional. Podían asimismo agrandarse de acuerdo con las necesidades, reuniendo todas las dependencias precisas, desde las de vida (cocina, comedor y dormitorios) hasta las cuadras y corrales -construidos ya estos últimos hacia el exterior. Casi los únicos elementos que las diferencian del terreno son sus fachadas, con puertas y vanos encalados, y sus chimeneas de ventilación, construidas casi siempre a base de cañizos y barro también encalados.

—Casa de las tierras altas de Teruel. Finalmente, dentro de la provincia de Teruel, sobresale un quinto apartado, el de las edificaciones de las tierras altas. Dentro de ellas se incluyen las localidades situadas en la zona de las sierras de Albarracín, Javalambre y Gúdar, los Montes Universales y el Maestrazgo turolense. Destacan los núcleos de Gea de Albarracín, Albarracín y Orihuela del Tremedal, por un lado; los de Mora de Rubielos, Rubielos de Mora y Alcalá de la Selva, por otro; así como, finalmente, los de Mirambel, Tronchón, Cantavieja y la Iglesuela del Cid hasta Calaceite.

El cambio climático, la aparición de nuevos materiales y las distintas condiciones de vida, determinan la configuración de una nueva arquitectura. Conforme ascendemos, el ladrillo y el adobe como materiales constructivos, muy usados en el llano de Teruel, pierden terreno hasta desaparecer, sustituidos por la piedra aparejada como mampostería sin labrar, si bien subsiste el empleo de la teja árabe. En ciertas zonas se usa de entramados verticales, horizontales y diagonales de madera, que se rellenan después con barro y piedras: así se recrece el muro a partir del primer piso, revocándolo después; queda alguna muestra de ello en Albarracín.

Las viviendas suelen tener más de dos pisos de altura, que se caracterizan por la constante aparición de balcones cerrados por balaustradas de madera, y, sobre todo, por las bellas labores de rejería de sus balcones y ventanas, que son uno de los mejores ejemplos de la calidad de las ferrerías de Teruel, de las cuales quedan todavía algunas industrias activas, y numerosas muestras de su producción en las rejas conservadas de tantos y tantos pueblos de la provincia (Albarracín, Mora de Rubielos, Ojos Negros, etc.).

En Albarracín es típica la forma en que las casas van ganando espacio en altura, a base de sacar sus pisos progresivamente en voladizo, de modo que casi se juntan en lo alto, concluidas por aleros salientes, tanto mayores cuanto más altos están los pueblos. La disposición del terreno en esta localidad determina sus casas colgadas, que parecen asomarse al vacío recordando las de Cuenca, y que con otra disposición volveremos a encontrar en la configuración elevada, brava y defensiva, de Cantavieja.

Salvo en las zonas llanas de Teruel, en las que subsiste aún la galería de arquillos de tipo aragonés (Báguena, Calamocha y pueblos de la zona del Campo), en las sierras altas desaparece esta típica conclusión de la vivienda aragonesa, sustituyéndose por simples y espaciados vanos pequeños.

En Mora de Rubielos y Rubielos de Mora abundan las casas señoriales, con grandes portadas en arco de medio punto constituidas por enormes dovelas, sobre las que destaca el escudo de familia.

En todo el Maestrazgo existen numerosas viviendas con grandes arcos apuntados y de medio punto, que se continúan en calles y plazas formando soportales tan bellos como los de Calaceite, Beceite y Cretas, Valderrobres, La Fresneda, La Ginebrosa, Cantavieja o la Iglesuela del Cid.

Toda esta arquitectura, cada una situada en su propio paisaje, montañas o llano, húmedo o árido, cambiante siempre, con sus gentes, su habla y tradiciones concretas, debe ser vista directamente, recorrida con pausa para que conozcamos Aragón o enriquezcamos nuestra imagen de él, de esta tierra una y diversa.

• Bibliog.: Allanegui Félez, Alejandro: «Arquitectura popular en el Alto Pirineo Aragonés»; Reconstrucción, Madrid, 1941. El mismo: La vivienda popular aragonesa; ponencia leída en las Primeras Jornadas de Estudios Aragoneses, Zaragoza, 1965, y otros. Allanegui Burriel, Guillermo: Arquitectura popular en Aragón; Col. Aragón, n.° 34, Lib. General, Zaragoza, 1979. Álvaro Zamora, María Isabel: «La arquitectura popular aragonesa. Estado de la cuestión»; Estado actual de los estudios sobre Aragón, vol. 2, pp. 1077-1081, Teruel, 1978 y Zaragoza, 1979. Álvaro Zamora, María Isabel y García Guatas, Manuel: «La vivienda rural aragonesa»; en Actas III Jornadas estudios sobre Aragón (Tarazona, 1980), Zaragoza, 1981, pp. 545-565. Arco, Ricardo del: «La casa altoaragonesa. Notas de excursionista»; Arga, tomo I (1918), pp. 135-139; 164-173; 203-209; 234-239; tomo II (1919), pp. 7-14; 37-40. Feduchi, Luis: Itinerarios de arquitectura popular española; Ed. Blume, tomo 3, 1976. Flores, Carlos: Arquitectura popular española; Ed. Aguilar, vol. 1, 1973, y vol. 5, 1977. García Mercadal, Fernando: La casa popular en España; Ed. Espasa-Calpe, Madrid, 1930. Muñoz Monasterio, M.: «Arquitectura popular altoaragonesa»; Arq. Arga, tomo XIII (1931), p. 397. Torres Balbás, L.: «La vivienda popular en las Cinco Villas»; tomo III de Folklore y Costumbres de España, Barcelona, 1933. Rábanos Faci, Carmen: «La arquitectura popular en las Cinco Villas»; Estado actual de los estudios sobre Aragón, vol. 2, pp. 951-954, Teruel, 1978 y Zaragoza, 1979. Violant i Simorra: El Pirineo español; Madrid, Ed. Plus Ultra, 1949.

 

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Casa pirenaica...Casa pirenaica

Forjado de entreplanta en...Forjado de entreplanta en el patio...

Ventanas geminadas de tra...Ventanas geminadas de tradición gó...

Cubierta de teja, Casa lo...Cubierta de teja, Casa lo Estanco....

Allepuz...Allepuz

Plaza Mayor de Aínsa...Plaza Mayor de Aínsa

Arcos en Calaceite...Arcos en Calaceite

Rubielos de Mora...Rubielos de Mora

Ansó...Ansó

La Fresneda...La Fresneda

Embocadura de sillares ta...Embocadura de sillares tallados. A...

Casa pirenaica...Casa pirenaica

Casa Mondor de Fontellas...Casa Mondor de Fontellas

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