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Cerámica

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 21/10/2008

La utilización de los minerales de arcilla como materia prima para la fabricación de utensilios y envases, para modelado artístico y en construcción, es conocida por el hombre desde tiempos prehistóricos y constituyó uno de sus útiles imprescindibles. La plasticidad que adquiere la arcilla al amasarla con agua, su gran facilidad para adoptar cualquier forma, se unen al secado posterior, que propicia su conservación, convirtiéndola en un material de primera importancia. La pérdida de agua, base del endurecimiento del objeto moldeado, se realiza en varias fases: el simple secado a temperatura ambiente elimina el agua de amasado, que es fácil de recuperar volviendo a adquirir la primitiva plasticidad; para obtener una durabilidad real es preciso alcanzar temperaturas más elevadas, 300-400° C para perder el agua de cristalización, y mayores para que desaparezca el agua de constitución mineralógica. Para alcanzar estas temperaturas con pérdida irrecuperable de agua y lograr la dureza permanente, la impermeabilidad y resistencia que caracterizan a los objetos de cerámica, se utiliza el calor obtenido por diversos procedimientos (en tiempos pasados, exclusivamente por combustión de madera) en hornos especiales.

Los alfares Buscar voz... de cerámica de Aragón tuvieron un gran auge en épocas pasadas, revalorizadas de nuevo actualmente en los talleres de Muel Buscar voz... y de Teruel Buscar voz..., así como en otros pequeños milagrosamente conservados en diversos puntos de la región. La riqueza de la cerámica aragonesa se manifestó de forma inconfundible en los ladrillos y azulejos para construcción, que dieron lugar al autóctono arte mudéjar Buscar voz..., de magníficas representaciones en toda la región, ampliamente conocidas. Herederos de los métodos de obtención de ladrillos y adobes son las modernas técnicas de fabricación de tejas, ladrillos, azulejos, tubos, cerámica sanitaria y materiales refractarios que aprovechan la enorme riqueza de los muy variados tipos de minerales de arcilla que constituyen la litología predominante en la región.

Las industrias de fabricación de cerámica industrial existentes en Aragón están extensamente repartidas por toda nuestra geografía, y con importancia más o menos mayor según zonas.

• Arte: En una definición general, se entiende por cerámica toda obra en barro cocido, a menudo decorada de alguna forma, pintada o barnizada, y que puede ser tanto vajilla como pieza decorativa o elemento de revestimiento arquitectónico. Sin embargo, especificando más y ateniéndonos al uso y técnica concreta, encontramos dentro de la cerámica aragonesa tres tipos o especialidades principales, que se suceden, de acuerdo con un orden de menor a mayor dificultad en su elaboración: la alfarería "de agua" o cantarería, la alfarería "de fuego" u ollería y la que podemos denominar cerámica decorada.

La cantarería incluye no sólo los cántaros, sino todas las piezas usadas para agua, acarreo o contenido de líquidos, como tinajas, cocios, botijos, etc. De aquí su segundo nombre de alfarería "de agua". Es toda ella una producción que no recibe vidriado alguno, y a la que únicamente se ornamenta a veces con sencillas decoraciones. La ollería, por su parte, engloba toda la obra que se conoce como alfarería o cerámica "de fuego", es decir todas aquellas vasijas en las que se cocina directamente, además de las ollas de adobo, de diversos tamaños, empleadas para conservar alimentos, otras vajillas de mesa e incluso objetos de adorno doméstico, todos los cuales coinciden en que se recubren total o parcialmente con un vidriado de plomo, que puede a su vez ornamentarse de diversas maneras. Finalmente, la cerámica decorada engloba tanto la loza o vajilla, piezas de adorno y otros usos tan destacados como las pilas bautismales, y la azulejería Buscar voz... que se aplica a los edificios en forma de solerías, arrimaderos Buscar voz... o adiciones a la arquitectura exterior. En cualquier caso, esta última especialidad se caracteriza por su fondo blanco, procedente del vidriado de estaño, sobre el que destacan sus decoraciones monocromas (azul), bicromas (verde y morado) o policromas (azul, verde y morado, u otros colores), trazadas de muy diversas formas y con mayor o menor complejidad. En Aragón han sido muchos los alfares Buscar voz... productores de alguna o de todas estas especialidades cerámicas.

• Arqueol.: En arqueología, la cerámica reviste una gran importancia; no tanto por su propio valor, como por la gran cantidad de información que aporta acerca de un yacimiento. Desde su aparición en el Neolítico, la cerámica es uno de los útiles imprescindibles en cualquier civilización. Su uso es intenso, sus restos muy abundantes, y la conservación de éstos suele ser excelente. La cerámica de las diferentes culturas, por las razones anteriormente expuestas, ha sido bien estudiada, datada y clasificada. Se conoce bien su proceso de elaboración y sus movimientos de exportación-importanción, de manera que puede trazarse la trayectoria de los restos cerámicos con gran exactitud. La cerámica es fósil director en muchos yacimientos y su aparición en un determinado nivel de excavación permite, de manera casi inmediata, la datación del nivel con gran exactitud. A ello se añade el valor que reviste en ocasiones como auténticas obras de arte (como pueden ser los magníficos grandes vasos ibéricos).

- Neolítico Buscar voz.... En el Neolítico aparece por primera vez la cerámica como un nuevo elemento de la cultura material. En Aragón estas producciones, situadas cronológicamente en el V milenio a. de C., se caracterizan por la utilización de arcillas locales, desgrasantes poco depuradas, cocciones mixtas y un acabado generalmente cuidado. Las vasijas se horneaban, no sobrepasando los 650° C, en fuegos abiertos, poniendo las cerámicas en contacto directo con las llamas, y dificultando así el control de la cochura. Pero hacia el IV milenio se observa un mayor dominio de la técnica alfarera, mejora la calidad de las arcillas, el desgrasante está más depurado y adquieren un carácter más compacto.

Desde el principio, morfológicamente se observa una gran variedad y diversidad de formas y de elementos de prehensión, como demuestran las cerámicas de Chaves Buscar voz... o la Cueva del Moro de Olvena Buscar voz..., en los que encontramos todo tipo de cuencos, botellas, vasijas globulares, de almacenaje, etc., algunas veces reparadas por medio de lañados.

Tradicionalmente ha sido la decoración de estos objetos lo que ha permitido a los investigadores establecer la división en etapas y crear unos fósiles directores, aunque queda claro que se trata de que el neolítico supone un proceso de gran complejidad, al que le afectan múltiples factores no sólo los cerámicos. Las decoraciones más habituales son las cardiales, impresas, incisas, la combinación de ambas, las aplicaciones plásticas y algunos acanalados, aunque no hay que olvidar que el porcentaje mayor sigue siendo el de las cerámicas lisas.

La llamada cerámica cardial es la más antigua especie cerámica de las conocidas en la Prehistoria de Europa occidental. Las primeras vasijas del Neolítico inicial suelen ser profusamente decoradas, antes de la cocción, con impresiones de motivos geométricos: cerámica impresa; dentro de ese grupo genérico se especifica la modalidad cardial, referida a las decoraciones producidas por el aplique del borde o del nátix de la concha de un pequeño molusco marino, el Cardium adule (L.). Esos recipientes eran moldeados a mano y cocidos a fuego irregular; tienen paredes gruesas y sus formas más frecuentes son de vasos globulares o de cuencos de altas paredes. En la Prehistoria peninsular su área propia de expansión son las regiones litorales del Mediterráneo. Aquí se ha determinado una primera fase del Neolítico con cerámicas cardiales y con evidencias seguras de actividad agrícola y ganadera, ya durante la primera mitad del V milenio a.C. (su fecha más antigua, en la alicantina Cova de l´Or, son los 4770 a.C.). En una segunda etapa del Neolítico (a fines del V milenio) las impresiones por Cardium irían siendo sustituidas por las realizadas con otros instrumentos.

En el Neolítico Buscar voz... aragonés son conocidas las cerámicas cardiales tanto en el Bajo Aragón (Botiquería dels Moros Buscar voz..., Costalena Buscar voz...), como en tierras más al interior de la provincia de Huesca (Chaves). Dada su probable procedencia del litoral mediterráneo, se habrán de fechar las aragonesas entre los 4500 y los 4000 años a.C.

- Campaniforme, cerámica que se desarrolla durante el Eneolítico Buscar voz... o Bronce I y se caracteriza por la forma de campana invertida de algunos vasos y la decoración incisa. En Aragón, como en las regiones vecinas, tiene un doble aspecto: como cerámica funeraria, se halla preferentemente en el interior de las cistas pirenaicas oscenses o en cuevas, y como cerámica doméstica aparece en el valle en poblados al aire libre, permanentes o semipermanentes, o en cuevas de habitación.

Su llegada coincide con las primeras aportaciones metalúrgicas, en escasa cantidad, de pequeños objetos como punzones, y con el uso de los primeros botones en sustitución de agujas para sujetar el vestido. La utilización de estos elementos (campaniforme, objetos metálicos, botones) podría representar, acaso, una posición social diferenciada en sus propietarios.

La cronología es muy amplia, abarcando un período de quinientos años entre el 2100 y el 1600 a. C., siendo, probablemente, más antiguos los estilos con decoración de cuerdas o de peine. Entre los yacimientos aragoneses merecen destacarse, por su cantidad y calidad, la cueva de Encantados Buscar voz... y los poblados de El Portillo Buscar voz... (Piracés Buscar voz..., H.) y Moncín Buscar voz... (Borja, Z.).

• Bibliog.: Moreno López, G.: "Cerámica Campaniforme en la cuenca alta y media del Ebro y provincias adyacentes"; Caesaraugusta, 35-36, Zaragoza, 1972. Barandiarán, I. y Moreno, G.: "Die Glockenbecher im oberen und mittleren Ebrobecken"; Clockenbecher symposion, Oberried, 1974. Harrison, R. J.: The Beaker Folk; Thames and Hudson, Ed., Londres, 1980.

- Cerámica excisa, se caracteriza por estar decorada mediante la técnica de excisión, consistente en extraer parte de la pasta del vaso cuando el barro está tierno. El Bajo Aragón presenta uno de los conjuntos más regulares y homogéneos de cerámica excisa. Las excisiones van asociadas, en la mayoría de los casos, a vasos de perfil bitroncocónico con cuello recto divergente bien marcado, y se sitúan en una o varias franjas horizontales en la parte superior del cuerpo. Frente a la riqueza de motivos que ofrecen otros yacimientos como el de Partelapeña en el Redal (Logroño), los del Bajo Aragón acusan una gran monotonía, repitiendo una serie muy limitada de temas consistente en triángulos y rombos excisos que alternan con otros exentos rellenos de incisiones. El Cabezo de Monleón Buscar voz..., Palermo, Zaforas, Cabezo Torrente y San Cristóbal de Mazaleón Buscar voz... se sitúan en la zona neurálgica del grupo. Fuera de esta zona, pero dentro del valle del Ebro, se ha hallado cerámica excisa en El Morredón (Fréscano Buscar voz...), en las proximidades del Moncayo. En Teruel, el Castelillo de Alloza Buscar voz..., La Pileta y la Muela Pequeña del Rajo, aunque fuera del valle del Ebro, deben ponerse en relación con él. La mayor riqueza ornamental aparece en los vasos del Roquizal del Rullo, pues a los motivos normales se suman impresiones de triángulos y estampaciones de círculos. Caso excepcional lo constituyen los vasos de las Tajadas de Bezas, con una temática y disposición propia, donde las excisiones se asocian a la técnica de boquique. Excepcional es igualmente un vaso de Estiche, cuya decoración no es propiamente de excisión, pues se ha conseguido mediante presión con espátula.

- Cerámica de boquique. Se caracteriza por estar decorada a base de incisiones cortas, múltiples, tangentes y alineadas. Esta técnica es llamada también de "punto en raya", por causar el efecto de estar realizada a base de puntos hechos en el interior de una línea incisa. Su representación en Aragón es escasa, limitándose, si exceptuamos el caso de Las Tajadas de Bezas Buscar voz..., donde aparecen desde formas íntegras, a fragmentos poco significativos. Bosch Gimpera Buscar voz... estudió unos fragmentos de San Pedro el Viejo y El Carnelario, aunque no los supo valorar correctamente. Hallazgos mejor estudiados son los de Alhama de Aragón y Calatayud.

- Cerámica ibérica. La cerámica ibérica de los territorios aragoneses se encuentra todavía pendiente de su definición globalizada. El panorama se presenta aquí semejante al del resto de la península ibérica, con matices que impone la idiosincrasia del espacio a considerar. Es importante tener en cuenta que el mundo ibérico ha ido asimilando, con el transcurso del tiempo, las influencias recibidas desde las colonizaciones griega o fenicia primero, y romana después, en el transcurso de la conquista de Hispania. Desde el s. V a.C., hasta la etapa altoimperial romana, la cerámica ibérica será uno de los mejores exponentes de estas influencias y del carácter de las gentes que la usaron.

En cuanto a períodos de influencias, se distinguen, en lo cronológico, los siglos V-IV (influencias greco-púnicas matizadas); el siglo III (influencia campaniense A); el siglo II (influencia campaniense A, B y afines); el siglo I a.C. (campaniense B); la época altoimperial (pervivencias residuales).

La actuación del gusto indígena es concepto que permite señalar en el repertorio cerámico decorado y formal, dos tipos de influencias generalizadas: por una parte, lo definible como raigambre celtibérica de tipo numantino, que afecta a la comarca de la Huerva (Botorrita) y penetra hasta Azaila y Herrera de los Navarros; la influencia de las áreas específicamente ibéricas es la otra vertiente significativa: a) el mundo levantino de las escuelas decorativas de Elche, Archena, Verdolay, Oliva, con creación de ámbitos originales en Azaila y el Castelillo de Alloza, p.e.; b) la influencia de los temas decorativos de semicírculos y líneas onduladas, combinadas con series de emes, procedentes de Fontscaldes (Tarragona); c) motivos, temas decorativos o formas cerámicas específicas del valle del Ebro (tallo serpenteante de hoja de yedra).

En repertorios cerámicos, la ibérica encierra un gran abanico de posibilidades; se denomina cerámica ibérica a lo que no corresponde genuinamente a los repertorios clásicos, griegos, púnicos o romanos, además de hallstátticos: A) cerámicas producidas a torno (fuego oxidante, o reductor y oxidante) con productos de gran belleza, variedad de formas y técnica depurada; lisas o decoradas, las segundas son más sugestivas; B) cerámicas a mano, obtenidas con técnicas más toscas, acabados groseros y con destino a los trabajos culinarios. Por su finalidad, la ibérica se divide en dos apartados, cerámica fina de mesa, y cerámica común de cocina o almacenamiento; así, según la técnica de fabricación veremos cerámica con pasta gris, otras con un engobe rojo, brillante y consistente, denominadas "de barniz rojo", estas últimas muy extendidas en el área ilergete, con penetraciones hasta el Ebro (La Zaida). Las cerámicas de cocina, por su fabricación generalizada en el lugar de consumo, tienen grandes variantes entre sí.

Los elementos anteriores se combinan ocasionando una serie de espacios culturales que manifiestan su personalidad en un momento determinado, con fases iniciales más o menos uniformes con cerámicas de bandas y repertorios geométricos. En el río Matarraña, San Antonio de Calaceite Buscar voz... significa el predominio de lo geométrico para un momento alto cronológicamente. En el Guadalope, la Guardia de Alcorisa se relaciona estrechamente con Azaila y el Castelillo de Alloza, con vasijas decoradas por el mismo pintor. La cuenca del Regallo observa, tras los temas geométricos iniciales, las decoraciones típicas del Ebro (tallo serpenteante). El Castelillo de Alloza, en el río Martín, es el eslabón principal con el Levante, con escenas figuradas con letreros pintados, como en Liria (Valencia). El Palomar de Oliete Buscar voz... enlaza con el Aguasvivas en forma y decoraciones. En dicha cuenca, Azaila y Azuara sobresalen, la primera con amplio repertorio cerámico y escenas de hombres y animales (cacerías supuestas, personajes de ritual, temas agrícolas, aves, etc.). El valle de la Huerva, con Botorrita, cuyo repertorio es análogo al de Valdespartera, junto a Zaragoza. En el río Guadalaviar, el Alto Chacón Buscar voz..., con formas celtibéricas alternantes con las típicas del valle del Ebro, además de temas de aves y florales de inspiración levantina. Belmonte de Calatayud capitaliza las relaciones Celtiberia-Ebro (siglo III a.C.). Celsa, junto al Ebro, así como los yacimientos oscenses, comienzan a ofrecer un panorama más amplio de lo que su simple relación con el mundo ilergete Buscar voz... deja entrever.

Con independencia de las técnicas empleadas, encontramos un variadísimo repertorio de formas. En las cerámicas finas, el kálathos (sombrero de copa), el oenochóe (jarra), la krátera de pie alto o bajo, las escudillas, las páteras o fuentes, las copas, tazones, jarritos, bitroncocónicos, los vasos troncocónicos con asas, vasijas cilíndricas sin labio, píthoi (tinajillas), urnas thymiatéria, etc.; entre las cerámicas de cocina, ollas, morteros, embudos, jarras; cerámicas de almacenamiento, dólia (tinajas); de transporte, ánforas; y otras, como tapaderas y pondera (pesas de telar). De todas ellas, la más popular y extendida es el kálathos, y para el valle del Ebro el thymiatérion (Azaila, Alloza, Oliete, La Romana, Zaragoza, Celse, etc.).

Sus formas decorativas son muchas, combinándose entre sí los distintos elementos para originar esquemas múltiples. Los temas, en general, se dividen en geométricos, zoomorfos, florales y con la figura humana. Así veremos bandas, líneas, postas, rombos, ajedrezados, semicírculos, etc., destacando el tallo serpenteante de hojas de yedra, la hoja de yedra exenta (de Elche-Archena), figuras humanas (San Antonio, Castelillo de Alloza, Oliete, Azaila), animales diversos (lobos, ciervos, jabalíes, toros, aves, peces, ofidios, etc.).

• Bibliog.: Beltrán Lloris, M.: Arqueología e historia de las ciudades antiguas del Cabezo de Alcalá de Azaila (Teruel); Zaragoza, 1976, 214-285.

- Cerámica celtibérica. Los tipos cerámicos que pueden señalarse dentro del mundo celtibérico (celtíberos Buscar voz...) son varios:

1. cerámicas lisas y de pasta carbonosa;

2. cerámicas grises, de arcilla lavada y con círculos concéntricos estampados a punzón;

3. cerámicas rojas (fuego oxidante) pulimentadas;

4. cerámicas pintadas.

Deteniéndonos en estas últimas, las más características, podemos señalar como rasgos distintivos: pastas seleccionadas y depuradas obtenidas con una arcilla perfectamente tamizada, muy compactas y homogéneas, poco porosas, de color variable dentro de la gama de los rosáceas y anaranjados; técnica y cocción con las mismas características que la cerámica ibérica; formas muy variadas (platos, tazas, tinajas, copas de pie alto, jarras...), con un predominio de formas angulosas y duras; decoración pintada de color granate vinoso, aplicándose la pintura generalmente sobre un recubrimiento de engobe del mismo tono que la pasta, aunque más fino. Motivos geométricos (en la Meseta hay también motivos animales y humanos, no presentes por el momento en ejemplares aragoneses), con la misma tendencia hacia lo anguloso (cruces, aspas, triángulos). El perfecto manejo del torno hace que como decoración se incluyan también molduras, baquetones y acanaladuras que separan diferentes partes de las vasijas, ritman panzas y cuellos con finas líneas de sombra, enmarcan registros ornamentales, etc.

Esta cerámica, que debió fabricarse en numerosos alfares, ya que se distinguen múltiples procedencias y singularidades de taller, puede fecharse en los tres siglos anteriores al cambio de era; posteriormente se puede hablar de una "cerámica de tradición" como las producciones clunienses que llegaron a Aragón y las manufacturas del alfar de Tarazona Buscar voz... (cerámicas engobadas de forma romana y decoración pintada con motivos de raigambre celtibérica).

En Aragón los conjuntos de cerámica celtibérica más destacados proceden de La Oruña Buscar voz... -en la vertiente occidental del cabezo aparecieron gran cantidad de cerámicas, algunas pasadas de cocción, indicio de un taller-, Bilbilis Buscar voz... -destacan los ejemplares asociados al enterramiento de la muralla-, Contrebia Belaisca Buscar voz... -pese a ser una ciudad celtibérica, en el apartado de producciones indígenas predominan las piezas ibéricas- y Valdeherrera Buscar voz... -hallazgos superficiales-.

• Bibliog.: Bona, I. J. et alii: "Catálogo de la colección arqueológica del Monasterio de Veruela"; Turiaso, IV, Tarazona, 1983, pp. 9-92. Díaz, M.ª A.: "Producciones cerámicas de tipo celtibérico procedentes de Contrebia Belaisca (Botorrita, Zaragoza)"; Simposium sobre los celtíberos, Daroca, 1986. Galindo, P. y Domínguez, A.: "El yacimiento celtíberorromano de Valdeherrera (Calatayud, Zaragoza)"; Congreso Nacional de Arqueología, XVII, Logroño, 1983, Zaragoza, 1985, pp. 585-602. Martín-Bueno, M.: Bilbilis. Estudio histórico-arqueológico; Zaragoza, 1975, pp. 177-181 y 210. Id.: "Bilbilis. Enterramientos indígenas en torres de muralla"; Congreso Nacional de Arqueología, XIII, Huelva, 1973, Zaragoza, 1975, pp. 701-706. Id.: "Nuevos datos para los enterramientos rituales en la muralla de Bilbilis (Calatayud, Zaragoza)"; Bajo Aragón Prehistoria, IV, Zaragoza, 1982, pp. 96-105.

- Cerámica fenicia. De procedencia fenicia (fenicios Buscar voz...) son dos fragmentos de un vaso encontrado en la habitación número 2 del poblado de San Cristóbal (Mazaleón). Elaborado a torno, puede asimilarse a la forma 329 de Cintas y está decorado con una ancha banda en rojo anaranjado y dos más finas de color oscuro, llevando en el interior un engobe de color salmón; es una pieza de taller occidental datable en la segunda mitad del siglo VII antes de la era, que en opinión de Miguel Beltrán emparenta esta zona con la importante factoría de Toscanos en el sur peninsular, siendo el punto de enlace los hallazgos de la desembocadura del río Ebro.

La existencia de estas influencias se hará notar posteriormente en las imitaciones, que pueden fecharse en la siguiente centuria, del Tossal Redó Buscar voz... (Calaceite) -en este poblado se encontró un vaso a torno de superficie espatulada y pasta roja que imita la forma 329 de Cintas- y Mas de Flandi (Calaceite) -en una cista, formando parte del ajuar, se halló una vasija a torno, sin pintar, con asas salientes y reborde en el labio, posible copia de una forma fenicia (Cintas 211/215)-, y más tarde en las ánforas grecopúnicas (siglos V-IV a.C.) del Piuró del Barranc Fondo (Mazaleón) y en algunos pequeños objetos que remiten al mundo púnico ebusitano (amuleto de Azaila Buscar voz..., monedas de Botorrita Buscar voz..., terracotas punizantes del Tossal Redó) en la cuarta y tercera centurias antes de la era.

• Bibliog.: Atrián, P. et alii: Carta Arqueológica de España: Teruel; Teruel, 1980, pp. 127-129 y 184-185. Beltrán Lloris, M.: "Colonizaciones fenicia y griega"; Atlas de Prehistoria y Arqueología Aragonesas, I, Zaragoza, 1980, mapa XX, pp. 64-67. Cintas, P.: Céramique punique; París, 1950.

- Cerámica griega. No son muchos los hallazgos de cerámica griega (griegos Buscar voz...) realizados hasta el momento en suelo aragonés y se restringen además a un área concreta y reducida de la provincia de Teruel y del sur de la de Zaragoza.

Dejando a un lado los ejemplos de cerámica ática de barniz negro lisa o precampaniense -Cabezo de la Guardia Buscar voz... (Alcorisa), Cabezo del Moro (Alcañiz Buscar voz...), La Muela (Hinojosa de Jarque Buscar voz...), El Cerro (Manzanera), Cabezo Oscuro (Samper de Calanda), Alto Chacón Buscar voz... (Teruel), Cabezo Carrasco o El Ventanico (Urrea de Gaén Buscar voz...), Torre Gachero (Valderrobres), El Castellar (Valjunquera), Cabezo de Alcalá (Azaila Buscar voz...), El Castelar (Mazaleón Buscar voz...) y San Antonio (Calaceite Buscar voz...) en la provincia de Teruel, y Velilla de Ebro Buscar voz... y La Tallada (Caspe) en la de Zaragoza-, hay que reseñar algunos fragmentos de figuras negras y rojas.

1. Procedentes del Cabezo de Alcalá (Azaila Buscar voz...): cuatro fragmentos de cráteras acampanadas de figuras rojas, dos de ellos decorados con una cenefa de hojas de laurel hacia la izquierda y los otros dos con figuras humanas, masculina y femenina respectivamente (mediados del siglo IV a.C.), y dos fondos de kylix, uno con la decoración perdida (siglo IV a.C.) y otro con una cabeza de guerrero como ornamentación en su interior (finales del siglo V a.C.).

2. Procedentes de San Antonio (Calaceite Buscar voz...): un fragmento de kylix de figuras negras de mediados del siglo v a.C. y otro de la misma forma o de un skyphos de figuras rojas de finales del siglo V o principios del IV a.C., decorados respectivamente con un sátiro hacia la derecha y una rama de mirto y con una mujer sosteniendo un espejo.

3. Procedente de Les Ombries (Calaceite): un fragmento de kylix de figuras negras fechable a mediados del siglo V a.C., de cuya ornamentación se conserva parte de un sátiro.

4. Procedente de Els Castelláns (Calaceite): un fragmento de borde de kylix de barniz negro (finales del siglo V a.C.).

5. Procedente de El Tarratrato Buscar voz...(Alcañiz): un fragmento de fondo de kylix, datable en el siglo IV a.C., de cuya decoración se conservan dos figuras masculinas, una en pie y otra sentada.

Estos hallazgos del Bajo Aragón, que van jalonando las márgenes del río Ebro y sus afluentes, son un reflejo de la penetración del impulso colonizador griego desde la Tierra Alta tarraconense.

• Bibliog.: Atrián, P. et alii: Carta Arqueológica de España: Teruel; Teruel, 1980, números 105, 114, 129, 160, 204, 213, 261, 313, 345, 463, 492, 540, 559 y 560. Beltrán Lloris, M.: "Arqueología e historia de las ciudades antiguas del Cabezo de Alcalá de Azaila"; Monografías Arqueológicas, 19, Zaragoza, 1976, pp. 178-180. Id.: "Colonizaciones fenicia y griega"; Atlas de Prehistoria y Arqueología Aragonesas, I, Zaragoza, 1980, mapa XX, pp. 64-67. Trías, G.: Cerámicas griegas de la Península Ibérica; Valencia, 1967, pp. 275-284, lám. CXLIV, 4-6.

- Cerámica romana. El panorama de la cerámica romana en Aragón es en líneas generales muy semejante al de los restantes territorios de Hispania y por ampliación del Imperio.

• Alfares

Si bien un porcentaje importante de las manufacturas cerámicas que se consumieron en esta área durante lo que comúnmente se denomina "época romana" son producto de importaciones itálicas, gálicas, africanas, etc., no es menos destacado, aunque sí más desconocido, el tanto por ciento correspondiente a producciones locales. Se ha especulado con la posibilidad de talleres de terra sigillata hispánica en Rubielos de Mora Buscar voz... (Teruel), El Convento Buscar voz... (Mallén, Zaragoza), Cabañas de Ebro Buscar voz... (Zaragoza) y la zona de las Cinco Villas, pero son datos sin confirmar, cuando no desmentidos; tal es el caso, por citar tan sólo un ejemplo, de El Convento, de cuyos restos cerámicos han demostrado estudios posteriores su procedencia riojana, pudiéndose quizá entender este emplazamiento como un centro de distribución, pero no de fabricación.

Los alfares romanos comprobados en territorio aragonés son los de:

-El Endrinal Buscar voz... (Bronchales, Teruel): taller cuya actividad puede datarse entre el último cuarto del siglo I d.C. y la centuria siguiente. Ha proporcionado abundantes piezas de terra sigillata hispánica y restos industriales: moldes, un plato de torno y pirámides, carretes y ajustadores para la colocación de las vasijas en el horno.

-Rubielos de Mora (Teruel): taller dedicado durante el primer siglo de la Era a la producción de cerámica de paredes finas, de la que nos han llegado abundantes formas, y quizá también de terra sigillata. Quedan asimismo como en el caso anterior restos industriales: desechos de cocción, tegulae, dovelas y una posible rejilla.

-Tarazona Buscar voz... (Zaragoza): este alfar está atestiguado exclusivamente por los restos de un testar, que quizás haya que pensar no situado actualmente en su emplazamiento original. Su actividad, dedicada a manufacturar cerámica engobada, con y sin decoración y con un gran número de formas pertenecientes al repertorio de las paredes finas, cerámica común y lucernas Buscar voz..., debe cifrarse en la segunda mitad del siglo I d.C.

A estos tres pueden añadirse los localizados de la zona de Calatayud (terra sigillata hispánica) y del valle del Gállego (cerámica engobada).

Otros datos de interés que deben considerarse son el punzón de alabastro, datable en época de Tiberio, con la firma l.lici.at, que quizá deba interpretarse como una matriz de alfarero, procedente de Celsa Buscar voz... (Velilla de Ebro, Zaragoza), el sello de un segiense (Segia Buscar voz...=Ejea) sobre un dolium (vasija para almacenaje) de Vareia (Varea, Logroño, La Rioja) y los posibles centros productores de lucernas de Bilbilis Buscar voz... (Calatayud, Zaragoza) -lucernas de volutas con idénticas características técnicas y decoración coincidente no presente en otros conjuntos- y Celsa -lucernas de la forma Dressel, 4 con las mismas características de pasta y elaboración- y de cerámica engobada en la zona de las Cinco Villas.

• Cerámica megárica

Este tipo cerámico, datable entre los siglos III y I a.C., se puede constatar en el emplazamiento aragonés de El Castillejo de La Romana Buscar voz... (La Puebla de Híjar, Teruel), mediante un fragmento de un cuenco decorado con hojas o palmetas imbricadas.

Es de señalar que su importancia viene marcada por ser éste el único ejemplo localizado hasta ahora en el valle del Ebro y el segundo, junto con uno de Corduba (Córdoba, área del templo romano), que atestigua la penetración de estas producciones al interior de la Península Ibérica.

• Cerámica campaniense

Se denomina cerámica campaniense a las producciones cerámicas de vajillas de mesa caracterizadas por un pigmento negro brillante, que se asemeja al barniz por su calidad y consistencia, y se usó en el mundo romano durante la etapa republicana, desde el s. III hasta la época de César Buscar voz..., y esporádicamente hasta el cambio de Era. Constituyen estos materiales uno de los mejores fósiles para el estudio de la romanización del territorio aragonés, por su abundancia en los distintos yacimientos y la dotación de los mismos.

Las formas de esta vajilla son muy variadas abarcando las tipologías modernas un total de ciento sesenta, con sus variantes, son especialmente frecuentes las pateras de ancho y plano depósito (fuentes), las tacitas derivadas del kylix ático, las copas de pie oblicuo, el pyxis (para contener sustancias diminutas), pequeños soportes de pie elevado, grandes fuentes de labio colgante, cráteras (para mezclar el vino), jarras, porta-aceites, cántharoi, pequeñas ánforas, etc. Atendiendo a sus características físicas, se han establecido numerosas variantes, de cronología y procedencia diversa. Actualmente, el número de especies campanienses se ha multiplicado extraordinariamente, y ya no sirve el término "campaniense" como calificativo exclusivo de la procedencia de estas cerámicas, aunque se mantenga por comodidad, por ser ya un término consagrado por el uso.

A: cerámica campaniense del taller de las "pequeñas estampillas" (300-250 a. C.); localizado en Roma y cercanías, con escasa presencia en nuestro territorio. B: taller de pasta A, caracterizado por la tonalidad rojiza (rosada-marrón) de la pasta, según las variantes, que se distribuyen entre los siglos III, II y I (variantes, antigua, clásica, tardía), son yacimientos representativos San Antonio de Calaceite, el Castelillo de Alloza, y Azaila II. Podemos destacar otros tres yacimientos en la bibliografía dedicada al tema: Tiro de Cañón Buscar voz... (Alcañiz, Teruel), con presencia de los boles M 2974.a.1 y 2764.b.1; Herrera de los Navarros Buscar voz... (Zaragoza), con copas M 3131 y 2647.c.1, boles M 2826, 2827 y 2766 y páteras M 2825 y 2648.m; y el Cabezo de la Bovina Buscar voz... (Vinaceite, Teruel), donde se detectan la pátera L. 5, la copa L. 27.c y el bol L. 31.b. Asimismo se constata su presencia en El Palomar Buscar voz... (Oliete, Teruel), El Palao Buscar voz... (Alcañiz, Teruel) y ejemplares de campaniense A tardía en Botorrita Buscar voz... (Zaragoza) y Celsa.

C: campaniense de pasta B, es decir, de color amarillento, pero con variantes amarronadas o grisáceas en la pasta.

A la aparente uniformidad de la campaniense A en cuanto a su procedencia (Ischia, Italia), se une la disparidad de la B, que se fabricó en territorio etrusco, campano y ampuritano, en lo referente a las cerámicas encontradas en Aragón. Botorrita y Azaila son los dos yacimientos más importantes para el estudio de la campaniense B en Aragón. Tal fue su aceptación entre los medios indígenas, que la copia de estas cerámicas fue un hecho casi normalizado en las poblaciones ibéricas, y basta echar una ojeada al repertorio cerámico ibérico para ver el importante papel de modelo que tuvo la cerámica campaniense. Cronológicamente, se sitúa la campaniense B desde los años 175/150 al 50 a. C.

Hay noticias de su aparición en: El Poyo del Cid (San Esteban, Teruel), El Palao, El Palomar, Caesaraugusta Buscar voz... (Zaragoza), Celsa y Bilbilis. Con un estudio más detallado, siendo conjuntos de un mayor interés, podemos citar los datos de Tiro de Cañón, con las formas L. I (derivada del kylix ático pero sin asas), 2 y 8 (correspondientes a copas) y 5, 5/7 y 7 (que nos remiten a páteras); El Cabezo de la Bovina, con recipientes fechables en el siglo I a.C., como los tipos L. 1 y 5, y en la siguiente centuria, como las formas L. 3 (derivada del pyxis griego) y 8; y Valdeherrera Buscar voz... (Zaragoza), emplazamiento en el que todas las producciones encontradas hasta el momento pertenecen a esta categoría, habiéndose censado los vasos L. 1, 3, 5 y 7, ya mencionados.

D: campaniense C; la mejor definición de estas cerámicas ha permitido depurar su clasificación, caracterizándose por la pasta de color gris y un pigmento que, al desaparecer, deja debajo una película igualmente gris, fácilmente discernible. Se fabricó en centros sicilianos, y no parece que estuviera muy difundida en los yacimientos aragoneses, dada su escasa presencia (Azaila, Botorrita, El Burgo de Ebro). Su cronología es paralela a la expresada para la campaniense B. Hay algunos ejemplares en Celsa, El Palomar y Bursao Buscar voz... (Borja, Zaragoza).

Los mayores problemas que tiene planteados la arqueología respecto de estas cerámicas son sus últimas perduraciones, atravesando los tiempos cesarianos. Su presencia en los comienzos de Augusto es un hecho que considerar. Gracias a la campaniense tenemos hoy una idea aproximada de la cronología de casi todos los yacimientos ibéricos de dicha etapa, es decir, la de la conquista romana.

Tres conjuntos, todos ellos, dada su muy similar cronología, caracterizados por la abundancia de campaniense B, destacan dentro del territorio aragonés para el conocimiento de estas manufacturas: Botorrita y La Caridad Buscar voz... (Caminreal, Teruel), ambos actualmente en estudio, y Azaila (Cabezo de Alcalá Buscar voz..., Teruel), cuya reciente revisión ha modificado los esquemas cronológicos hasta ahora mantenidos. En Azaila queda manifiesto un neto predominio de la B y sus afines, frente a los débiles porcentajes de la A, las imitaciones posiblemente ampuritanas y una presencia realmente mínima de la C que concuerda con la escasa difusión de la misma en esta área.

• Bibliog.: Beltrán Lloris, M.: "La cerámica ibérica de Azaila. Problemas de cronología del valle medio del Ebro"; Caesaraugusta, 47-48, Zaragoza, 1979, pp. 141-232. Id.: Cerámica romana. Tipología y clasificación; Zaragoza, 1978, pp. 47-60, láms. I-XV.

Terra sigillata

En torno al año 40 a.C. comienza a producirse en los mercados itálicos una cerámica fina de mesa que se distingue por el "barniz" rojo brillante y pasta del mismo tono. Estas vajillas forman familias decoradas a molde o lisas, y reciben su nombre del sello del productor que suelen ostentar en la base interna. Estas cerámicas sustituyen a las campanienses y significan la romanización. Su época de empleo es ciertamente larga, con diversos aspectos y características técnicas, según los centros de fabricación dentro del Imperio romano. Estarán en uso hasta el siglo V d.C., es decir, más de cuatrocientos años, durante los cuales se mantienen formas y evolucionan los gustos creativos, originando un enorme cúmulo de variantes.

- Terra sigillata itálica: Son las primeras producciones, y sobresale entre los centros el de Arezzo, con sus filiales (40 a.C.-40 d.C.), que con grandes cantidades de vajillas se difunde notablemente por Aragón. Predominan las series lisas sobre las decoradas, destacando entre éstas el famoso modiolo aretino de Perennius Tigranes, procedente de Celsa, con tema de bacantes, o el importante vaso del mismo productor, procedente de Bilbilis con temática erótica. Otros alfareros aretinos presentes fueron Rasinius y Tittius (Celsa), y entre los puteolanos Speculator Naevius y del centro de Italia Arvius o Ateius Amarantus. Parece que los talleres itálicos tuvieron en Hispania sus filiales. La Terra Sigillata Itálica está presente en todos los yacimientos aragoneses cuya cronología, o al menos una etapa de su existencia, cubre entre los años 40 antes y después de Cristo.

Emplazamientos destacados para el conocimiento de este tipo cerámico son Caesaraugusta, donde se documentan los restos más antiguos, Bilbilis, Celsa y El Poyo del Cid, pudiéndose en la actualidad asegurar, sobre la base de las marcas de alfarero presentes en los repertorios publicados, la presencia de los talleres de Arezzo (c. arvivs y cn.ateivs amarantvs en Bilbilis, l. gellivsqvadratvs, evtichvs rasini, secvndvs rasini, tettianvs rasini, a. titivs, l. titivs cavpo y a/vivivs scrof(ula) en Celsa y m. perennivs tigranes en estas dos ciudades), de Puzzoles (specvlator naevi en Celsa), del valle del Po (thyrsvs plaetori en Osca Buscar voz..., Huesca), del Norte de Italia (p. attivs en Bilbilis) y de Italia central (l. alfivs gallvs y salvivs en Bilbilis y a(lfius) epoi(te) y daphnvs en Celsa).

En cambio, no está atestiguada la llegada de producciones tardoitálicas de la segunda mitad del siglo I de la era.

-La Terra Sigillata Gálica: Los talleres gálicos del sur comenzaron a producir entre los años 20-40 d.C., ocupando masivamente todos los mercados provinciales y compitiendo con la terra sigillata itálica. Los centros de La Graufesenque, Montans y Banasac, son los primeros en llegar a nuestro territorio, dominando los primeros, de pasta y barniz rojo oscuro. Tanto en Caesaraugusta como en Celsa representa la terra sigillata gálica una parcela mínima (Tiberio), aumentando después (Claudio). Esta cerámica arraigó en Aragón al principio de su dispersión, siendo poco a poco sustituida por las manufacturas hispánicas.

Si bien carecemos de un estudio específico y detallado dedicado a ella, con base en los hallazgos y los trabajos realizados hasta el momento especialmente en Caesaraugusta, Bilbilis y Celsa (donde las manufacturas de época flavia están ya ausentes dado el período de vida de la colonia), hay que señalar sobre todo el neto predominio de los productos del taller de La Graufesenque (ardacvs en Rubielos de Mora, avllvs, felix, fvscvs y secvndvs en El Palao, cosivs vrapvs en Bilbilis, fvscvs en el Cabezo del Moro (Alcañiz Buscar voz..., Teruel) y ivcvndvs y secvndvs en Mallén) con presencia también de sus producciones de marmorata, estando también representados los de Montans (salvetvs en Bilbilis), Banassac (en Bilbilis) y Lézoux (sat en Caesaraugusta).

-La Terra Sigillata Hispánica: Son las producciones realizadas en Hispania bajo la dependencia de las cerámicas galas. Los talleres del Ebro toman una importancia enorme, por la cantidad y calidad. La terra sigillata hispánica estuvo en boga hasta los siglos III y IV de la Era, caracterizándose por la pasta y pigmento de color naranja. Su época de aparición según la estratigrafía de Caesaraugusta y Celsa, no puede llevarse más allá del año 45 d.C. Los talleres que trabajaron en Aragón son los de Bronchales (T.) y Rubielos de Mora (T.). Su dispersión y cronología está aún por sintetizar, pero ambos pertenecen a las primeras etapas de fabricación. La difusión de Bronchales se hizo hacia la costa mediterránea, y también por el valle medio del Ebro, y Rubielos de Mora llegó hasta Celsa. Se recibieron también en Aragón las cerámicas de Tricio y Bezares, y son de primer orden los yacimientos de Mallén y Caesaraugusta para el estudio de estas producciones (además de Bilbilis y Gallur). El auge de estos talleres impidió la posterior difusión de la sigillata gálica. Esta variedad es un hallazgo muy frecuente en las diversas localidades romanas de este territorio.

Datos a destacar son el predominio de las manufacturas riojanas, cuya profusión indica conexiones comerciales con esta zona; la existencia del taller de El Endrinal, con un área de distribución muy reducida (del mismo modo que también debió serlo la del catalán de Abella, en Solsona, apenas representado en Aragón), y de un alfar en la comarca de Calatayud, y la posibilidad de considerar los restos de El Convento como un centro de distribución de cerámicas situado en la vía 32.

- La Terra Sigillata Hispánica Tardía, distinguible sobre todo por su tosquedad técnica, es, a partir del siglo iii o iv hasta por lo menos la sexta centuria de la era, un tipo cerámico que se encuentra abundantemente en los yacimientos bajoimperiales aragoneses, siendo las grandes proporciones en las que aparece y la variedad entre ellas indicativa de la existencia de diversos talleres productores, entre los que pueden citarse los de la Meseta en la zona norte del Somontano del Moncayo -por ejemplo, en la villa de La Pesquera Buscar voz... (Tarazona, Zaragoza)- y el riojano de Santa Lucía (Nájera, La Rioja) -por ejemplo, en la villa de La Ortilla (Huesca)-. Las formas más frecuentemente representadas son la 37 tardía y algunas imitaciones de la terra sigillata clara.

-La Terra Sigillata Clara. Desde el siglo I d.C., y con enorme agresividad comercial, hacen acto de presencia en nuestro suelo, desde los centros productores norteafricanos (Cartago central y Túnez), las cerámicas claras. Son producciones lisas (tipos A, C, D) que también se fabricaron en el sur de las Galias (tipo B), y cronológicamente llegan desde el año 70 hasta el siglo IV.

1. Terra Sigillata Africana ("African Red-Slip Ware" siguiendo la terminología de Huyes): fabricada en la zona de Cartago central y Túnez, está presente en Aragón en época bajoimperial contemporaneizando con la producción antes analizada. De los diversos tipos que tradicionalmente se señalan: A, A/C, A/D, C y D, el más abundante en esta zona es el primero (A), destacando sobre todo las cerámicas de utilización de cocina como la H. 23B, estando ausente por el momento el A/D.

2. Terra Sigillata Clara B y Lucente: fabricadas en el sur de las Galias y también en Hispania (un tipo de B identificado por Caballero), son hallazgos escasos en este territorio.

Los yacimientos arqueológicos más destacables para el conocimiento de estas manufacturas son: Caesaraugusta, El Corral Viejo del Moncho (Farasdués Buscar voz..., Zaragoza) y Los Quiñones (Borja, Zaragoza).

-La Terra Sigillata Gris y Naranja (tradicionalmente denominadas paleocristianas). Son las últimas consecuencias de la sigillata, con pastas oxidantes o reductoras, y procedentes de Narbona, Marsella o Burdeos, con influencias de la sigillata tardía y decoraciones estampadas. Se ponen de moda en los primeros decenios del siglo V de la era, aunque comenzaron a fabricarse en la centuria anterior, fueron producidas sobre todo en las Galias -se localizan también piezas de alfares hispanos- y, si bien su difusión fue esencialmente marítima, penetraron también hacia el interior, como bien demuestran los hallazgos aragoneses de naranjas en Valcasacos, La Retuerta, Los Quiñones (Borja, Zaragoza), Montmesma (Huesca), El Corral Viejo del Moncho y Caesaraugusta, y grises estampadas en Borja, Bruñen (Agón, Zaragoza), Calanda Buscar voz... (Teruel), Maella Buscar voz... (Zaragoza), Mequinenza (Zaragoza), Navardún (Zaragoza), San Jorge (Biota, Zaragoza), El Torreón (La Ortilla, Huesca), Caesaraugusta y El Corral Viejo del Moncho.

Se constata una gran variedad de pastas y calidades que plantea un suministro de varios centros de producción, tanto de talleres provenzales como languedocienses para las grises y narbonenses para las naranjas, así como las de la Península.

• Cerámicas de paredes finas y de aco

Con el término de cerámica de paredes finas se alude convencionalmente a un grupo de recipientes de barro cocido de época romana destinados para el servicio de mesa cotidiano, beber concretamente, caracterizados en líneas generales por el escaso grosor de sus paredes. A estos rasgos distintivos señalados pueden añadirse su superficie cuidadosamente alisada por lo común, o más frecuentemente recubierta de un engobe que cumple la doble función de otorgar un acabado estético e impermeabilizar, y su decoración conseguida mediante diversas técnicas: barbotina, ruedecilla, incisión, relieves aplicados, depresiones, inclusión de arena y molde, obteniendo motivos geométricos (por ejemplo, medias lunas), vegetales (por ejemplo, hojas de agua) o figurados (zoomorfos o humanos); destacan entre ellos los decorados a molde que se fabricaron en varios talleres de las Galias como los de Lyon, La Grautesenque o Montans, Hispania -baste citar el recientemente descubierto en Calahorra (La Rioja)- y sobre todo en Italia de manos de alfareros muy determinados: vasos de ACO.

En Aragón al dato de su fabricación local atestiguada en el taller de Rubielos de Mora y de imitaciones en el de Tarazona, puede sumarse el de la mayor frecuencia de aparición de unas determinadas formas que, siguiendo la tipología elaborada por F. Mayet para la Península, son:

-M. II: cubilete fusiforme u ovoide con borde abierto, a veces decorado a la barbotina. Época republicana. Cabezo de la Bovina y Azaila.

-M. III: cubilete de pared ovoide y labio cóncavo, a veces decorado a la barbotina de espinas. Época tardorrepublicana. Caesaraugusta, Tiro de Cañón, Valdeherrera, Cerro del Esquilar (Borja, Zaragoza), Botorrita, Azaila y El Poyo del Cid.

-M. V: cubilete de borde almendrado. Siglo I d.C. Caesaraugusta.

-M. VIII: cubilete panzudo con alto borde, a veces decorado a la barbotina. Finales de la República (?). Caesaraugusta y El Poyo del Cid.

-M. IX: copa de panza curvilínea, que puede presentar un pie alto, con dos asas cuya parte superior, desarrollada y recta, recibe generalmente una decoración finamente moldurada, a veces decorada con relieves aplicados. Finales de la República-período augústeo. Azaila.

-M. XII: vaso alto de pared cilíndrica. Época augústea. El Palao, Caesaraugusta y El Poyo del Cid.

-M. XIV y XV: vasos de paredes cilíndricas, en forma de tonelete (XIV) o con éstas más abiertas (XV) y labio vuelto al exterior. Siglo i d.C. Caesaraugusta y El Palao.

-M. XVIII: vaso de tendencia globular con cuello cilíndrico corto sin labio; decoración característica de bandas de triángulos a la barbotina. Siglo I d.C. El Poyo del Cid.

-M. XXXIII: cuenco de cuerpo hemiesférico con borde vertical que presenta una acanaladura en la pared externa. Siglo i d.C. El Palao, El Poyo del Cid, Hornos de los Vicarios (Valdecebro, Teruel) (?) y Caesaraugusta.

-M. XXXIV o "vasos de cáscara de huevo" (por la extrema delgadez de sus paredes): boles carenados. Época de Claudio. El Poyo del Cid, El Palao y El Morrón del Cid (La Iglesuela del Cid, Teruel). Esta forma es de gran interés para este territorio por fabricarse en el ya citado taller de Rubielos de Mora.

-M. XXXV: bol de tendencia hemiesférica con decoración arenosa comúnmente. Siglo I d.C. A pesar de ser un tipo muy frecuente en el repertorio de las paredes finas, su presencia se constata solamente en Caesaraugusta y El Torreón.

-M. XXXVII: bol hemiesférico, por lo general con un pequeño labio diferenciado. Siglo I d.C. Caesaraugusta, Bilbilis y El Poyo del Cid.

-M. XLII: vaso frecuentemente ovoide bastante alto con borde oblicuo inclinado al exterior y con un asa lateral; decorado con hojas de piña a la barbotina. Siglo I d.C. Bilbilis, El Poyo del Cid y Caesaraugusta.

Finalmente hay que decir que la realización de un estudio sobre este tipo cerámico en la colonia Celsa nos proporciona los siguientes apuntes: este núcleo de habitación, en el que se constata una gran variedad morfológica (veintiún formas asimilables a la tipología de Mayet y sus variantes, algunas inéditas, así como otras originales) y decorativa, destacando un vaso con relieves aplicados de tema mitológico, se abasteció de producciones atribuibles a talleres italianos e hispanos -alfares béticos y del valle del Ebro, entre ellos el de Calahorra- y posiblemente galos, constatándose también ejemplares de tipo aco.

• Cerámica vidriada

La cerámica vidriada, caracterizada por el recubrimiento de su superficie con un barniz o esmalte de naturaleza vítrea, ligado al requisito técnico de una doble cocción, es un hallazgo en los yacimientos de época romana aragoneses y, en general, de todo el occidente del Imperio, con una repartición escasa en número, aunque bastante amplia en términos geográficos.

En Aragón se constata su presencia en Bilbilis, Celsa, Caesaraugusta, El Tejar (Calatorao Buscar voz..., Zaragoza), Alcañiz el Viejo Buscar voz... (Teruel), El Palao, El Regadío (Urrea de Gaén Buscar voz..., Teruel), Camino de Albalate (Calanda Buscar voz..., Teruel) y El Poyo del Cid.

De estos materiales, cuyo lugar de fabricación es difícil de precisar, debiéndose atribuir en su mayor parte a talleres orientales, destacan la vasija con decoración aplicada de escamas que recuerdan las brácteas de la piña del Camino de Albalate, las lucernas de Zaragoza y El Tejar, los scyphi (skyphoi) decorados con relieves a molde de Celsa, Caesaraugusta y Bilbilis y sobre todo el calix bilbilitano con vidriado verde al exterior y amarillo melado al interior con ornamentación de escenas mitológicas, concretamente un motivo aislado de una amazonomaquia y uno de los trabajos de Hércules.

• Cerámica común

Dentro de las producciones de la cerámica común romana se han producido numerosas aportaciones en sus diversas categorías:

-Manufacturas locales y regionales: de estos recipientes, entre los destinados a la cocina, se han clasificado varios conjuntos de ollas como el de El Poyo del Cid, con ejemplares de cuerpo globular y cuello recto, cuerpo troncocónico y borde reentrante o cuerpo ovoide y borde vuelto al exterior, por citar algunos; asimismo destacan los de Caesaraugusta, El Corral Viejo del Moncho, El Palao y los muy completos de Bilbilis y Celsa; todos estos yacimientos incrementan también la difusión de los cuencos trípodes. En cuanto a los morteros con dediles, los ejemplares de Caesaraugusta, Bursao, El Poyo del Cid, Botorrita, Celsa, Oliete y Fuentes de Ebro amplían el panorama y al ya conocido de Azaila con sello de fabricante se unen los de La Caridad, uno de ellos con el epígrafe fl.atili/vs y otro con alfabeto indígena.

Pero, sin lugar a dudas, la aportación más destacada es el hallazgo y estudio del conjunto del testar del alfar de Tarazona, cuyas piezas se difundieron en el valle medio del Ebro y la cuenca alta del Duero. Este taller, que como ya se ha dicho fabricó diversos tipos cerámicos, produjo piezas, cocidas todas en atmósfera oxidante, destinadas a la mesa y elaboración de alimentos y no a la cocción de éstos al fuego directo como en el caso de las ollas y los cuencos trípodes. Las formas que integran este conjunto son jarras y botellas, con perfiles que se repiten en sus manufacturas engobadas, morteros de tamaño pequeño y medio con cuerpo hemiesférico amplio borde -de acuerdo con su mayor o menor verticalidad se distinguen tres variantes- doblado al exterior con una ranura en su parte superior y otra más o menos marcada en el interior, vertedera y superficie interna cubierta de piedrecitas, lebrillos de cuerpo troncocónico y borde alargado y recto desarrollado hacia afuera, cuencos de cuerpo hemiesférico y borde engrosado que sobresale ligeramente al exterior con dos asas horizontales aplicadas bajo él, copas de alto pie y cuerpo poco profundo y tapaderas de dalia.

-Manufacturas importadas se pueden distinguir dos tipos:

1. Cerámica africana de cocina: engloba a las anteriormente denominadas "cerámica de pátina cenicienta" y "cerámica de borde ahumado". Estas producciones, cuyo estudio se ha enriquecido con los trabajos de S. Tortorella que han permitido fijar las bases para su conocimiento, presenta esencialmente una difusión mediterránea, siendo sus formas más frecuentes cazuelas y cuencos con el fondo estriado y sus correspondientes tapaderas, y se encuentran en El Convento, la villa de El Torreón, Bursao, Caesaraugusta, El Poyo del Cid, Bilbilis y Celsa.

2. Cerámica de engobe interno rojo pompeyano: de origen centroitálico, son platos, fuentes y las tapaderas complementarias destinadas a la cocción de los alimentos. Presentes en La Caridad -fuentes de labio liso o almendrado-. El Poyo del Cid -ejemplares de borde vuelto, liso y en forma de bastoncillo, El Palao, Bursao, Azaila, Botorrita, El Regadío y La Muela (Hinojosa de Jarque Buscar voz..., Teruel), enclaves a los que hay que añadir los muy importantes conjuntos de Caesaraugusta, Bilbilis y Celsa, en fase de estudio.

3. Platos de borde bífido: representados en Azaila, Botorrita, Caesaraugusta y Celsa, su centro de producción debe buscarse en Italia central.

4. Morteros itálicos: cabe destacar los procedentes de Arcobriga Buscar voz... (Monreal de Ariza, Zaragoza) con sello de alfarero.

• Cerámica engobada

Esta familia cerámica denominada "engobada" o "barnizada" se caracteriza por tener sus superficies cubiertas total o parcialmente por un revestimiento arcilloso más poroso y de un espesor más fino que el de la terra sigillata; la coloración de este engobe cubre una amplia gama de tonalidades que oscila del marrón al negro y del naranja al rojo con vetas amarillentas y su calidad va degenerando progresivamente desde el brillo de las primeras producciones, incluso con reflejos metálicos, hasta cubiertas mates para las más tardías.

La cronología en que se desarrollan es amplia, comenzando en época augústea, alcanzando su cénit en el siglo I d.C. y decayendo a partir de la centuria siguiente. El territorio en el cual se difunden comprende principalmente la cuenca media del río Ebro y zonas periféricas.

Su repertorio formal participa en parte del de la terra sigillata, la cerámica común y los vasos de paredes finas y hasta el momento se han localizado alfares en Calahorra, Tarazona y uno en el valle del Gállego.

En Aragón los restos más importantes se centran en Caesaraugusta, Bilbilis, Los Bañales Buscar voz... (Uncastillo, Zaragoza), Bursao, Celsa y El Palao, y en El Poyo del Cid. donde se han atestiguado cuencos imitando formas de la terra sigillata itálica, platos y jarras de borde moldurado o exvasado.

El conjunto de Tarazona, cuyo mayor porcentaje de producción se centra en este tipo cerámico, es el más importante enclave para su conocimiento, uniéndose además la circunstancia de ser un centro productor; la cerámica engobada será su principal manufactura, registrándose las siguientes formas: imitaciones de vasos de paredes finas (es la producción predominante) con formas lisas, las más frecuentes, y decoradas con barbotina o ruedecilla, botellas y jarras, sin decoración o con pintura blanca y negra y motivos de tradición celtibérica o con apliques, cuencos de tamaño grande, lisos y más comúnmente con una ornamentación burilada, cuencos de tamaño pequeño, a veces con pintura negra de motivos celtibéricos, cantimploras, decoradas a molde imitando productos de terra sigillata, que copian modelos gálicos probablemente o en todo caso hispánicos de talleres muy relacionados con aquéllos, ollas de cuerpo ovoide y cuerpo globular y cuencos trípodes.

Como ya hemos dicho la producción más abundante es la de imitación de las paredes finas, siendo las formas más representadas los vasos de cuerpo bitroncocónico con dos asas y de manera más esporádica otra como la M. XXXVIIII, entre las que presentan ornamentación. La unión de distintas corrientes formales y decorativas, unida a ciertos toques originales que hacen que muchas de las formas no puedan asimilarse a las presentes en las tipologías establecidas, provoca la existencia de lo que bien podríamos denominar "tipos peculiares", característica que es la más sobresaliente de estas manufacturas.

Mención aparte merece un vaso engobado con sello de alfarero encontrado en la cercanías de Tarazona, el cual debió ser fabricado en este alfar; esta pieza imita una de las formas de la terra sigillata, la D. 27, y la costumbre de colocar el sello de alfarero en unos determinados recipientes de la vajilla de mesa, ya que ostenta la firma con nombre indígena, abanvs.

• Cerámica pintada

La cerámica pintada de época romana se caracteriza por confluir en ella las tradiciones indígenas y las "novedades" romanas (sobre todo de la terra sigillata gálica e hispánica y de los vasos de paredes finas), afectando ambas tanto a las formas como a las decoraciones.

Dos momentos pueden y deben señalarse:

-Altoimperial: abarca fundamentalmente el siglo I de la era y está marcado por la cerámica de Clunia (Coruña del Conde, Burgos), en la que conviene señalar que junto con las tradiciones vacceas y elementos de la terra sigillata gálica e hispánica se aunó la influencia de las producciones ibéricas de Azaila del siglo I a.C., dando como resultado unos tipos suntuarios de gran barroquismo decorativo, y sus imitaciones.

Esta cerámica cluniense se distribuyó al territorio del actual Aragón, pero es más importante sin duda el impacto que causó y dio lugar a imitaciones tan destacadas como las de Arcobriga sobre cuya cerámica pintada dice Abascal "... dentro de los márgenes determinados por la influencia cluniense, desarrolló un estilo propio ... se aprecia la existencia de dos estilos manifiestamente distintos: uno personal probablemente ligado al mundo numantino y aziliense... otro, ligado a la penetración de elementos claramente romanos...", y Caesaraugusta.

Otro ejemplar que conviene destacar es el vaso de Celsa, de cronología anterior a las producciones de Clunia, que representa el nexo de unión entre las producciones pintadas puramente indígenas y los primeros tipos de clara ascendencia romana.

En este momento deben mencionarse también los ejemplares que previamente al pintado han recibido un engobe revistiendo la superficie del vaso; tal es el caso de algunos recipientes de Arcobriga y de un importante conjunto del alfar turiasonense.

-Bajoimperial: abarca fundamentalmente el siglo iv de la era y está marcado sobre todo por la fuerte relación existente entre los territorios del Alto Duero y el valle del Ebro y por la evolución de su decoración hasta la simplicidad más absoluta siendo el roleo el tema más difundido.

Puntos importantes para el conocimiento de esta "cerámica pintada romana de tradición indígena" de época bajoimperial en Aragón son, por los conjuntos que han proporcionado hasta el momento, El Corral Viejo del Moncho, la villa de La Pesquera, El Cabezuelo (Gallur Buscar voz..., Zaragoza) y Caesaraugusta.

El período que media entre estos dos momentos, la segunda y tercera centurias de la era, nos es muy desconocido dada la escasez de hallazgos realizados. Debe suponerse que se siguió trabajando en pequeños talleres de escasa producción y distribución restringida.

Ánforas Buscar voz...

Dividimos este apartado en tres grupos de acuerdo con el producto para cuyo envase y transporte estuvieron destinadas.

-Aceite: la presencia de ánforas de Brindisi en Aragón es indicativa de la compra y uso de aceite apulio en este territorio en el siglo I a.C., importación que se verá sustituida en su mayor parte por el de procedencia istriana (D. 6 A de Caesaraugusta) a partir del cambio de era. A partir del siglo II y durante el Bajo Imperio la africana I se documenta en Caesaraugusta.

De todos modos la carencia de ánforas para aceite está evidenciando una suficiente producción local.

-Vino: las ánforas vinarias son ante todo testigos de una destacada variedad de ofertas.

En época republicana el tipo D. 1, hallazgo frecuente en todos los yacimientos de la época (Azaila, Caesaraugusta, Botorrita, etc.), nos atestigua el consumo de vino itálico, siendo también de destacar los ejemplares de tipo ruscino encontrados en Azaila. Con el cambio de era se produce la sustitución paulatina de esta forma por la D. 2/4, de origen también itálico (Celsa, Caesaraugusta y Bursao); el vino de esta procedencia no parece perdurar más allá de mediados del siglo I d.C., ya que empiezan a gozar de gran aceptación los caldos provinciales representados por las ánforas hispánicas (interesante a este respecto es el nivel de comienzos de Tiberio del teatro de Caesaraugusta con importante presencia de las producciones itálicas junto a las hispánicas layetanas: D. 2/4, I P I y 28), entre ellos los layetanos con piezas fabricadas en diversos talleres de la Tarraconense: P. I (Los Bañales, El Torreón, El Poyo del Cid, El Morrón del Cid, Caesaraugusta y Celsa. Destaca una de Caesaraugusta con el sello sempro), D. 2/4 (Caesaraugusta, Bilbilis, Celsa, Alcañiz, Farasdués, El Poyo del Cid y La Iglesuela del Cid) que sustituirá a la anterior, y D. 28 (Borsao, Celsa y Caesaraugusta) y los andaluces (Haltern 70 en Celsa) hasta la etapa de Claudio.

Otros orígenes atestiguados son el Egeo en el siglo II a.C. con un ejemplar quizá del taller de sinope en Celsa y las Galias durante la primera centuria de la era en Celsa y Caesaraugusta.

Finalmente cabría suponer el cultivo de viñedos que abastecerían también el consumo local en alguna medida, pudiéndose situar en el siglo I su extensión por esta zona.

-Varios: los restos localizados no varían el panorama ya conocido.

Lucernas Buscar voz...

El panorama de las lucernas romanas en Aragón presenta una gran amplitud en todos sus términos.

Con piezas procedentes de cuarenta y cinco emplazamientos arqueológicos distribuidos de modo desigual en las tres actuales provincias (destaca el vacío, consecuencia de la falta de investigación, de Huesca), merecen ser destacados los conjuntos de Celsa, Caesaraugusta, y Bilbilis.

La variedad formal, en relación con la larga extensión del período cronológico que cubren -desde los ejemplares republicanos de Azaila, Botorrita, La Vispesa Buscar voz... (Tamarite de Litera, Huesca) o El Palomar hasta los tardíos de Romanos Buscar voz... (Zaragoza), Cuarte (Zaragoza) o Caesaraugusta, pasando por importantes grupo alto-imperiales como los de Bilbilis, Arcobriga, El Palao o Campo Rincón Buscar voz... (Alfocea, Zaragoza), y decorativa -se censan dentro de su repertorio gran número de distintos temas figurados: representaciones religiosas (dioses olímpicos, personajes míticos, símbolos), escenas de la vida cotidiana (trabajos, juegos, symplegmas eróticos), objetos (cráteras, armas, molinos), animales (leones, delfines, palomas) y motivos vegetales (rosáceas y coronas)- son, junto a la diversidad de procedencias, determinada por la compra y uso de piezas fabricadas en diversos talleres, la característica más sobresaliente.

Los datos que conviene reseñar sobre esta familia cerámica son ante todo la imposibilidad de realizar un estudio estadístico de distribución geográfica o cronológica, ya que las cifras resultantes reflejarían, no tanto la situación de la época, como la de los trabajos realizados, y el hecho de que, salvo los ejemplares en terra sigillata hispánica tardía, que podemos considerar originales de la mitad norte de la Península Ibérica, las lucernas aragonesas participan de las mismas características que las del resto del Occidente romano.

Con respecto a los aspectos económicos referidos a su producción y comercialización, lo más destacable es, sin duda, la convivencia de las importaciones italianas (atimeti, clo.heli, cive.nicef y africanas (desde el siglo I a.C. -signos de Tanit-, civn.alex y piezas de terra sigillata clara) con las manufacturas locales, en las que habría que incluir gran parte de las piezas anónimas y de las firmas para cuyo sello no se encuentra correspondencia en otras zonas, los productos del alfar de Tarazona, las lámparas en terra sigillata hispánica tardía que debieron fabricarse en varios centros, lo cual explicaría las variantes de pasta, barniz y detalles formales y decorativos, en los valles del Ebro y/o del Duero, y los posibles talleres de Celsa y Bilbilis.

Finalmente hay que decir que la tan abundante presencia de lucernas en Aragón es un claro índice de un consumo notable de aceite, que habría de poner en relación con las importaciones que nos documentan las ánforas y con un cultivo oleícola extenso en este territorio.

• Terracotas

Otra producción de barro cocido, que generalmente suele ser tenida en cuenta asociada a la escultura o a la corroplastia, es la de terracotas, que citamos aquí por la presencia de restos en el alfar de Tarazona.

Dentro de este apartado hay que destacar las antefixas representando las máscaras teatrales de Bilbilis y las figurillas de Caesaraugusta (varios puntos de la ciudad), Turiaso (testar y Allué Salvador) y Bilbilis.

• Bibliog.: La bibliografía específica de los yacimientos mencionados en el texto, puede consultarse en las voces correspondientes.

Abascal, J. M.: La cerámica pintada romana de tradición indígena en la Península Ibérica (centros de producción, comercio y tipología); Madrid, 1986. Amaré, M.ª T.: Lucernas romanas de Aragón; Zaragoza. Beltrán Lloris, M.: "El comercio del aceite en el valle del Ebro a finales de la República y comienzos del Imperio romano"; Producción y Comercio del Aceite en la Antigüedad, Madrid, 1980 pp. 187-224. Id.: "El aceite en Hispania a través de las ánforas: la concurrencia del aceite itálico y africano"; Producción y Comercio del Aceite en la Antigüedad, 2, Madrid, 1983, pp. 515-549. Id.: "El comercio del vino antiguo en el valle del Ebro"; El vino en la Antigüedad. Economía, producción y comercio en el Mediterráneo occidental, Badalona, 1985. Ferreruela, A.: Datos sobre el alfar de cerámica engobada del valle del Gállego. López Rodríguez, J. R.: Terra Sigillata Hispánica Tardía decorada a molde de la Península Ibérica; Salamanca, 1985. Mayet, F.: Les céramiques à parois fines dans la Péninsule Ibérique; París, 1975. Mínguez, J. A.: La cerámica romana de paredes finas en el Valle Medio del Ebro: la colonia Lepida Celsa; Zaragoza, en prensa. Morel, J. P.: Céramique Campanienne; Roma, 1981, 2 vols. Postigo, E.: La cerámica campaniense en Aragón y La Rioja; Zaragoza. Tortorella, S.: "Cerámica da cucina"; Enciclopedia dell´Arte Antica, Classica e Orientale. Atlante delle Forme Ceramiche, 1, Roma, 1981, pp. 208-228. VV.AA.: Atlas de Prehistoria y Arqueología Aragonesas: 1; Zaragoza, 1981.

• Cerámica popular:

- Cantarería, una de las tres especialidades de la producción cerámica; sus obras se inscriben dentro del tipo de alfarería más común, la llamada alfarería "de basto" o alfarería "de agua", designaciones ambas que derivan de la falta de vidriado de su superficie, en el primer caso, y de su uso preferente para el acarreo y contenido de líquidos, en el segundo.

La cantarería incluye la elaboración de cántaros, botijos, tinajas, cocios y cuencos, designándose más específicamente como "tinajería" la realización de estas últimas piezas, de gran tamaño. La decoración de esta producción cerámica o no existe o presenta sencillos motivos en relieve, incisos o pintados, que se aplican antes de su primera y única cocción.

Podemos dividir la cantarería aragonesa en dos tipos fundamentales, que, a grandes rasgos, afectan a la técnica usada en su elaboración; son la "cantarería de mano", que realiza las piezas "por urdido", y la "cantarería de torno", que se ayuda del torno tradicional movido a pie, a pedal o a motor. Cualquiera de estas dos variantes presentan en cada alfar de las tres provincias aragonesas una producción localizada y concreta, que, a su vez puede inscribirse en grupos más amplios de producción afín.

• Cantarería de mano: Se caracteriza por su elaboración estrictamente manual, técnica que no puede ser sustituida en el "urdido" de las piezas grandes. El trabajo se inicia con el acarreo de la tierra o tierras empleadas, las cuales, salvo alguna excepción, se trituran en la explanada exterior del obrador mediante el paso sucesivo de un cilindro de piedra tirado por caballerías. Así se machacan los terrones y se obtiene una tierra desmenuzada que, una vez purgada con un cribillo, se coloca en un montón: se echa el agua y se amasa hasta obtener el barro. Las piezas se modelan sobre soportes especiales, a modo de cilindros más o menos altos. Para ello el alfarero coloca una porción de barro que sirve de base, y hace su pared con gruesas tiras de barro que va uniendo con los dedos y con el golpeteo continuado de la pared mediante instrumentos adecuados (paleta y broquel o palos). Como el barro ha de ir adquiriendo consistencia, hay que hacer las piezas "en veces", dejando que entre ellas la vasija "se oree" y concluyéndola, finalmente, con la colocación de la boca, asas -si las tiene- y pulimentado final.

En Aragón se ha producido cantarería "manual" en las tres provincias. En la de Zaragoza se realizó este tipo de obra fundamentalmente en las localidades de Sestrica, Illueca, Jarque y Tierga; probablemente se hizo también en las de Morata de Jalón, Villanueva de Jalón y Chodes y quizás en Tabuenca, arrancando todas estas alfarerías de la etapa mudéjar. Se trata de una producción bastante homogénea (pese a las variantes locales), en la que destacan su cántaro de forma bitroncocónica con una sola asa, las tinajas lisas o reforzadas por cercillos o aros horizontales, que ocupan la mitad de su pared, incluso toda ella en los tinajones grandes, como elemento de refuerzo y ornamentación, los cuencos o coladores, de boca ancha y caño vertedor bajo, que se usaban para el lavado de la ropa, además de terrizos, macetas, juguetes y alguna otra pieza. En este grupo, la única ornamentación es la de los cercillos que consolidan las piezas mayores, o sobrios motivos incisos (Jarque).

Diferente ha sido la cantarería manual de Teruel, que incluye varios grupos destacados, como los de Calanda-Foz y Gea de Albarracín, y los más esporádicos de Cabra de Mora, Cantavieja, Mora de Rubielos y Rafales, centros en los que esta técnica ha coexistido con otras producciones cerámicas. En ellos aparecen diversos tipos de cántaros, desde el panzudo y globular, con dos asas, de Calanda, al estilizado con cuello y pie altos y estrechos, y también dos asas, de Gea de Albarracín, cuyo perfil recuerda al de un ánfora; o el igualmente pesado, de cuello cilíndrico y un asa, de Rafales. Ninguno de ellos se decora, salvo el de Calanda, que aparece ornamentado con anchos trazos negruzcos de manganeso. Piezas igualmente destacadas fueron los cocios y las tinajas, en las que dominan las formas redondeadas, en los tamaños pequeños, y la pared quebrada por anchas bandas horizontales en los más grandes. Las de Calanda se ornamentaban con anchos trazos rojizos (antes, de almazarrón), decoración incisa de círculos punteados, y, a veces, tiras de refuerzo digitadas. La obra tinajera de Gea y Cabra presenta, en ocasiones, esta ornamentación de tiras añadidas, además del trazado de bandas incisas de ondulado irregular.

De todos estos centros, el único activo aún es Calanda, donde dos alfareros, ya jubilados, han formado a una serie de nuevos ceramistas.

En Huesca produjeron esta cantarería Sarsamarcuello, Abiego, Cuatro-Corz y la Puebla de Castro, y quizás, esporádicamente, Alcampel. Sin embargo en ellos no se han hecho cántaros salvo en Abiego, donde se caracteriza esta pieza por su aspecto pesado y redondeado, poco cuello y dos asas. El resto de su trabajo se centró en el modelado de tinajas, cocios y terrizas, cuya forma se conecta con la misma tinajería turolense de Calanda, hecho que puede justificarse, al menos en Sarsamarcuello, porque sus artífices fueron alfareros llegados de aquel alfar, que elaboraban in situ lo que habían de vender en esa zona.

• Cantarería de torno: Ha contado con una más amplia y variada producción, hecha con barro "colado" en balsas y que, gracias al torno, presenta mayor regularidad en sus formas y un menor grosor en la pared de sus piezas, las cuales, por la técnica de ejecución, son mucho más porosas y menos compactas que las de la cantarería manual.

En la provincia de Huesca destacan como importantes localidades productoras la propia capital, Tamarite de Litera, Albelda, Fraga, Jaca, Barbastro y Monzón. Todos sus cántaros tienen una forma afín, con dos asas y una ornamentación pintada en negro de manganeso, que va desde las estilizaciones vegetales del de Huesca a las sencillas líneas paralelas de los de Tamarite, Albelda y Fraga. En Huesca, el rallo o botijo aragonés, a modo de cántaro con cedazo en la boca y pitorro vertedor, presenta diversos modelos, entre los que destacan la botija de siega y la botija de pie y ramo de Tamarite; la segadora y el botijo rameado de Albelda; y el barral "de mont", barral "de reyseta" o barral de novia, también llamado "botijo bonito", de Fraga, que en sus versiones más cuidadas tiene recargados pitorros en forma de alcachofa (carchofa). Se han hecho muchas otras vasijas, como las botellas de café molduradas, las caracoleras y bebederos de aves de Tamarite y Fraga, botijos de tipo levantino, de gallo, macetas, etc. En la actualidad sólo se halla en activo Fraga, a través de la producción tradicional para coleccionistas que sigue haciendo Arellano.

En Teruel sobresalieron las producciones de Huesa del Común, Tronchón, Cantavieja, Cabra de Mora, Rubielos de Mora, Valbona, Mora de Rubielos, Torrijas, Teruel, Beceite, Alcorisa, Crivillén, Alcañiz y Montoro. Todos ellos se encuentran en la actualidad extinguidos, salvo la aún viva, aunque precaria, cantarería de Huesa del Común. Aquí, los cántaros, botijos de chorro y rallos presentan un perfil estilizado con estrecho cuello y dos asas pequeñas altas. Es muy distintiva su decoración pintada con engobe rojizo, a base de pincel-peine, formando trazos paralelos rectos y ondulados o ramas. El cántaro de Tronchón tenía un perfil más masivo que el anterior, cuello cilíndrico alto y dos asas, y se ornamentaba también con decoración pintada con pincel-peine, formando una V debajo de las asas. De parecido perfil era el cántaro de Cantavieja, que se ornamentaba con un trazo de barniz de plomo royo, como el que se usaba en su producción de ollas. Los cántaros de Cabra de Mora, Rubielos, Valbona y Mora resultaban estilizados y sin decoración, destacando en el de Cabra las ondulaciones digitadas con que terminaban sus asas. En Torrijas y en Teruel se tornearon cántaros panzudos de cuerpo esférico, cuello ancho con vertedor y dos asas terminadas con digitaciones. En Beceite se hicieron durante cierto tiempo un cántaro y botijo afines a los de Tivissa (Tarragona), hechos por un alfarero de esta procedencia. En casi todos los centros se hicieron, además, rallos con pitorro para la salida del líquido, peroles sin vidriar para cocinar (Cabra), cántaros de boca ancha que se usaban como medida de vino, morteros y rejillas con la pared agujereada para llevar brasas y calentarse a modo de un brasero (Rubielos), huchas, macetas, botijos-pastora planos por un lado, o "pitos", también llamados richiñoles o rosiñoles, que en forma, a veces, de pájaro usaban los niños para tocar detrás de la procesión del Corpus (Alcañiz y Tronchón).

En la provincia de Zaragoza han trabajado cantarería de torno en Uncastillo, Aso Veral, Sos del Rey Católico, Ejea de los Caballeros, Lumpiaque, Alhama de Aragón, Villafeliche, María de Huerva, Ateca, Daroca, Villanueva de Jiloca, Magallón, Fuentes de Ebro, La Almolda, Bárboles, Calatayud, Maluenda, Fuentes de Jiloca y Villanueva de Gállego. Destaca la cantarería de Uncastillo, por su barro rojizo, sus pesados cántaros de dos asas y rajos de una sola, ornamentados todos con círculos concéntricos y ondulaciones pintadas. Los cántaros y rajos de Aso Veral se asemejan a la producción de Uncastillo y Jaca, en tanto que los de Sos presentan una forma mucho más ligera, con una sola asa, caracterizándose por su decoración pintada de líneas concéntricas, rameados, y las iniciales del alfarero productor. Por su parte, el cántaro de Ejea presenta una ornamentación más simple de círculos concéntricos en el arranque del asa.

Lumpiaque elaboró otro tipo de cántaro liso, con cuello muy corto y una asa, además del llamado cántaro "de arrope", vidriado por el interior y muy vendido en el campo de Borja para poner el mosto. En Alhama se hace todavía otro cántaro de una asa con decoración incisa de líneas rectas y onduladas. En Villafeliche, Ateca, María de Huerva, Daroca y Villanueva de Jiloca se ha hecho un cántaro llamado "botijón", estilizado y con dos asas que se unían en el cuello formando un aro, y otros de cuello estrecho y ancho y una sola asa. Muy peculiar de Villafeliche y María es también la cántara, a modo de jarra sin vidriar. De Magallón son típicos el castillo o botijo de varios caños de engaño, la cántara, el rallo selecto de cordón o botijo aragonés enriquecido por numerosas molduras en pie, cuello y boca, y una variadísima serie de botijos de tipo levantino. En Fuentes de Ebro sobresalen su ancho cántaro de dos asas, el rallo, los botijos de campo (ginebra y calabacica), la botija pastora, la botija chata y los botijos, levantinos, de Santander y de nevera. En La Almolda, el cántaro de dos asas tenía repié y decoración pintada de ondas.

En la actualidad, en la provincia de Zaragoza quedan en activo los alfares de Alhama, Villafeliche, María de Huerva, Ateca, Magallón y Fuentes de Ebro, aunque su continuidad en el futuro es tan problemática como la de todos los demás alfares aragoneses. Algunos de ellos, como Villafeliche y María, unen esta producción con otra de ollería; muchos han incorporado "piezas modernas", y alguno, como Villanueva de Gállego, se ha orientado hacia una producción más industrializada.

• Bibliog.: Álvaro Zamora, María Isabel: "Las artes populares en Aragón: recuperación, significado y futuro de una actividad artística"; I Coloquio de Arte Aragonés, Teruel, 20-21-III-1978, pp. 1-25. Id.: Alfarería popular aragonesa; Libros Pórtico, Col. Estudios, Zaragoza, 1980. Id.: La Cerámica aragonesa; Zaragoza, Col. "CAI 100", 1999.

- Ollería. Constituye una de las tres principales especialidades de la producción cerámica, más compleja en su elaboración que la cantarería, útil como ésta y no tan ornamentada como la cerámica decorada, que por otra parte fue tan funcional como las anteriores. Se conoce también a esta producción como "alfarería de fuego", debido a que una buena parte de su obra se ha dedicado tradicionalmente a la cochura y preparación de alimentos.

La ollería requiere una técnica de elaboración que debe iniciarse con la preparación del barro, labor que siempre se realiza en las "balsas", obteniendo así un tipo de barro "colado", logrado por decantación y libre de impurezas. Con él se elaboran las piezas a torno, ya sea el tradicional "de pie", o bien se utilizan los más modernos "a pedal" o "a motor". De este modo se obtienen todo tipo de formas, desde su producción más abundante y típica de pucheros y cazuelas, empleadas para cocinar, a las de mayor tamaño empleadas para la conservación de alimentos o adobo, la vajilla con sus muchas variantes (platos, jarros, fuentes, soperas, tazones, etc.), las aceiteras y vinagreras de diferentes tamaños, y otros muchos objetos de uso doméstico como caloríferos, piezas de adorno, botijos "de invierno", figuras, juguetes e incluso piezas de utilidad tan diferente, como las cruces y lápidas funerarias.

Toda esta ollería se distingue del resto de las especialidades cerámicas en el tipo de cubierta, es decir por el uso de un barniz plumbífero, denominado muchas veces en la alfarería popular como "barniz de ollas", "alcohol", "alcohol de hoja" o "vedrio". Este barniz tiene, tal como su nombre indica, un ingrediente esencial: el plomo, que unido a otros (arena, sal común), preparado previamente y después molido, dará mezclado con agua un líquido que se aplicará sobre sus recipientes, ya sea por el sistema de "inmersión", ya sea por el de "vertimiento" del mismo sobre el objeto. Este cubrimiento habitualmente se aplica sobre piezas ya cocidas (es decir, juagueteadas, escaldadas o bizcochadas), aunque en ocasiones, en algunos alfares, los olleros lo dieran sobre las vasijas todavía "crudas" (es decir, sin cocer), tras lo cual, en ambos casos, se pasaba a su cochura en los hornos mediante la que se llega a la vitrificación del barniz. Una vez cocida esta cubierta presenta un aspecto transparente, vítreo y duro al tacto. Así se logra su más importante cualidad: la impermeabilización de la vasija, que suprime la natural textura porosa del barro, permitiendo múltiples usos. A su vez, su aspecto brillante constituirá una cualidad estética de un más fino acabado, y siendo de por sí incoloro, el barniz de plomo transparentará la tonalidad inferior de la pared de barro, o se coloreará en entonaciones meladas a verdes, dependiendo de la colocación de la pieza en el horno o de que esta cubierta se tiña conscientemente con óxidos colorantes (por ejemplo, verde de óxido de cobre, negruzco-morado o pardo de óxido de manganeso, melado amarillento de óxido de hierro). La ollería a su vez, puede dejarse sin decorar, u ornamentarse con motivos en relieve (cordones, pezones), incisos o pintados (mediante engobes u óxidos).

El conocimiento de las cubiertas de plomo (o a partir de la galena) es muy antiguo (Mesopotamia, al menos desde el 3000 a.C.), fue usado en una parte de la cerámica común romana, pero desaparecido su uso en Occidente después de la caída del Imperio, su aplicación renacerá tras la conquista musulmana de España, extendiéndose primero por la Península y pasando desde aquí a los alfares europeos. La ollería en Aragón ha tenido, como sus otras especialidades cerámicas, una producción importante a nivel de variedad, cantidad y calidad. En HUESCA han producido ollería los alfares de Naval, Bandaliés, Benabarre, Jaca, Barbastro, Monzón, Ayerbe, Huesca y probablemente Biescas y Abizanda. De toda esta producción los que continúan hoy en activo son los dos primeros centros: Naval, con dos obradores, y Bandaliés, que, tras su total extinción, presenta en los años 70 un renacimiento, aunque sea esporádico, de su labor. En las ollerías oscenses destacan los frecuentes intercambios entre sus alfareros, que han tenido como consecuencia una mayor tendencia a la uniformidad de sus formas y decoraciones. Característica que es asimismo común a su cantarería. Uno de los centros más importantes fue el de Naval, hasta tal punto que sus alfares y la labor de venta de su producción (la arriería) fueron las principales actividades de su población, junto con las salinas y la agricultura. Pascual Madoz (1849) nos señalaba la difusión de su obra al hablar de la buena calidad de su vajilla de fuego "cuya fama llegó a Zaragoza, en donde era preferida a cualquier otra de su clase y se pagaba a mayor precio... ", precisando además que se vendía en "todos los pueblos de la izquierda del Ebro hasta los Pirineos". Su obra tradicional, al igual que en todas las demás ollerías, se basó fundamentalmente en los pucheros y cazuelas, que constituían verdaderas baterías de cocina, diferenciándose los primeros por ser más altos y de boca más estrecha que los segundos, más bajos y panzudos. Sus medidas más grandes se usaron para la conservación de adobos. Especialmente personal en Naval es la forma de su jarro o pichela, caracterizada por lo saliente de su vertedor, que recuerda similares piezas medievales. Estas y otras muchas piezas de uso y vajilla se adornaron con cordones, incisiones o motivos pintados (puntos, inscripciones o trazos). Todas estas ornamentaciones se dieron en los demás alfares oscenses, en los que también se generalizó la venta "por lotes" o "Cuentos", es decir por conjuntos de piezas de una misma forma, en número mayor o menor de acuerdo con su tamaño. Muchas de las piezas olleras se alambraban incluso antes de estrenarse, de modo que un tejido de alambre más o menos tupido las reforzase pudiendo recuperar su contenido en el caso de que un puchero se abriese en el fuego, o de que una cazuela se rompiese con el adobo dentro. Esta labor la efectuaban los hojalateros o alambradores, los mismos que "grapaban" las vasijas en el caso de que se agrietasen o rompieran.

La duración de la actividad de Bandaliés queda explícita en un dato, que hacia 1920 todavía había 10 obradores activos, con unas 20 ó 30 personas ocupadas en ellos, dedicándose otra parte de su población a la arriería y acarreo de la leña para sus hornos. La misma producción adoptó nombres y formas personales, haciéndose ornamentadas vajillas para ajuares de boda. Benabarre hizo además de la mencionada obra, otra de orzas (pucheros altos para fuego o conserva), anafres u hornillos bajos, terrizos, salvamanteles, cafeteras, secantes, envasadores e incluso belenes. A los sistemas ornamentales mencionados, se unieron otros como los "jaspeados", ya tardíos. Jaca unió a esta especialidad, otra de cantarería y tejas, haciéndose además de la dicha obra, otra de cazoletas para caldos, o caprichosos jarros, soperas o saleros. De Barbastro sabemos que en ocasiones tuvo dificultades con sus vidriados (siglo xvii), aunque allí se formaron alfareros que luego se instalarían en otros alfares (Jaca). No menos importante sería la producción de Ayerbe, más esporádica la de Huesca, y más imprecisas las de Monzón, Abizanda y Biescas.

En ZARAGOZA son todavía más los centros olleros seguros conocidos, como: Almonacid de la Sierra, Tobed, Santa Cruz de Río Grío, Alhama de Aragón, Codos, Encinacorba, Alpartir, Torrijo de la Cañada, Villarroya de la Sierra, Santa Cruz de Moncayo, Villafeliche, Ateca, María de Huerva, Daroca, Villanueva de Jiloca, Lumpiaque, Aso Veral, Alfamén, Gotor, Trasmoz, Zaragoza, Belchite, Fuentes de Jiloca, Maluenda, Belmonte de Calatayud y probablemente algunos otros. Muchas de estas ollerías son de procedencia medieval y mudéjar, habiendo datos documentales de artífices de esta procedencia. De algunos, como es el caso de Almonacid y Tobed, se conservan incluso Ordenanzas de su Gremio de Olleros, y en el caso del segundo su importante barrio alfarero (Los Obradores), situado en la parte contraria del río Grío en el que se ubica el pueblo.

Tipológicamente, su producción presenta perfiles distintos a los de los pucheros de Huesca y Teruel, usándose menos que en Huesca la decoración de cordones, aunque la hubo por ejemplo en Tobed y Almonacid, siendo más frecuente la incisa o pintada de "puntos" o combinación de engobes. Tobed, Alhama de Aragón, Ateca, Villafeliche, y María de Huerva son los alfares que más pervivencia han tenido, prolongándose su actividad hasta la actualidad. Todos han producido las típicas piezas mencionadas, diferenciándose algunos como Santa Cruz de Moncayo, por sus pucheros y cazuelas sin decorar, cuya pared externa baja no llegaba a vidriarse. Destaca en Alpartir la producción de cruces y lápidas funerarias, jarrones y objetos de adorno, hechos con moldes o a mano. Muy personales fueron las aceiteras de boca trebolada de Torrijo de la Cañada. Complicados los botijos de engaño e invierno, a veces antropomorfos, de Villafeliche. En Daroca, María de Huerva y Lumpiaque se hacían orzas vidriadas tan sólo por su parte superior externa, además naturalmente de su interior, y terrizos de todos los tamaños. En tanto que en Aso Veral, también centro cantarero, por razones de vecindad, se conectaba más con la obra de Huesca. Las coloraciones de su ollería variaron, siendo especialmente meladas claras (casi anaranjadas) en Villarroya de la Sierra, más royas en Almonacid, y oscilantes aquí, en Tobed y en Codos, entre el verde, melado y negruzco.

En TERUEL han trabajado ollería en la capital, Mora de Rubielos, Rubielos de Mora, Cabra de Mora, Valbona, Cantavieja, Tronchón, Montoro, Alcorisa, Crivillén, Calamocha, Orihuela del Tremedal, Gea de Albarracín, Alcañiz y algunos otros. Destaca sobre todo el distinto perfil de sus pucheros y cazuelas. Aquí pucheros y ollas responden a una misma forma, siendo vasijas altas y por lo general con una sola asa (salvo las grandes) y con vertedor. En cuanto a las cazuelas, en muchas zonas de Teruel se denominaron peroles, siendo más anchos, bajos y redondeados que los anteriores, con o sin vertedor y con una a tres asas. Se obraron con sus correspondientes coberteras, haciéndose también catadores o cucharones, todo tipo de aceiteras y vinagreras, jarros, morteros, saleros, torteros o escullas para comer o servir la comida, escurrideras, etc. Destacan los vidriados conseguidos en Cantavieja, de variadas coloraciones, desde las verde-meladas claras, a las amarillentas o royo-intensas, que a menudo en algunas formas, como las aceiteras, se combinaban. Un sentido mucho más estilizado es el de las aceiteras y vinagreras de Tronchón, bellísimo igualmente el colorido y la calidad de las cubiertas de la producción de Alcorisa, usándose también decoraciones de cordones en Montoro, etc.

De toda esta obra ollera turolense no ha quedado ni un solo alfar activo, salvo lo que ya muy modificado pueda hacerse en la actualidad en Teruel. Aquí, en la capital, la ollería es tan antigua que en su Fuero de 1176 ya se mencionaba la existencia de "maestros de ollas", junto con los de cántaros, ladrillos y tejas. Especialidades a las que pronto se uniría su no menos importante cerámica decorada, con la que a veces la ollería se relaciona en el torneado de sus formas.

La funcionalidad de la ollería ha ido descendiendo a lo largo del siglo XX, conforme los nuevos materiales sustituían al barro, y las cocinas eléctricas y de gas reemplazaban a los antiguos fuegos de leña o de hogar bajo.

• Bibliog.: Álvaro Zamora, María Isabel: Alfarería popular aragonesa; Libros Pórtico, col. Estudios, n.º 6, Zaragoza, 1980. Id.: Las artes populares en Aragón: recuperación, significado y futuro de una actividad artística; I Coloquio de Arte Aragonés, Teruel, 20-21, III, 1978. En Actas, pp. 1-25. Id.: "La ollería de Naval"; Argensola, t. XVIII, núms. 71-78, Huesca, 1977, pp. 71-94. Id.: La Cerámica aragonesa; Zaragoza, Col. "CAI 100", 1999.

- Cerámica decorada. La cerámica decorada constituye una de las especialidades de la cerámica en general, sin duda la más divulgada debido a que su mayor ornamentación la ha hecho que destacase visualmente sobre el resto de las modalidades existentes.

La cerámica decorada se caracteriza porque sus ornamentaciones se trazan sobre un fondo blanco que procede de su cubierta estannífera; se llama así en términos cerámicos al barniz que tiene como principales componentes el estaño y el plomo: el segundo se vitrifica por la acción del fuego en la cocción, adquiriendo un aspecto vítreo, es decir, brillante y transparente, que no sólo es ornamental, sino que además tiene como cualidad funcional más sobresaliente la de impermeabilizar la pieza; el primero, el estaño, añade al anterior su color, blanco o blancuzco, que modifica la cualidad transparente del plomo, impidiendo que se vea el color de la pared de barro; y de aquí que, para diferenciarlo del barniz de plomo usado en ollería, se le denomine barniz estannífero.

Este tipo de cerámica precisa dos cocciones: la primera para cocer el barro y la segunda para vitrificar el barniz y adherir el color. Por eso, antes de esta segunda cocción es preciso cubrir total o parcialmente la pieza con barniz líquido (por inmersión o vertimiento) y trazar sobre él las decoraciones para lo cual se utilizan distintos óxidos colorantes, diluidos en agua. Una ornamentación mucho más compleja es la de reflejo metálico, de la que trataremos al referirnos a Calatayud y Muel.

Toda esta producción de cerámica decorada presenta dos etapas claramente diferenciadas: el período mudéjar, que se concluye en 1610 con la expulsión de los moriscos aragoneses que la hicieron posible, y una segunda etapa de "inspiración europea", que se inicia pocos años después y que concluyó por la extinción de los alfares entre los finales del siglo XIX y los comienzos del actual.

-Calatayud: Las referencias documentales conservadas sobre esta ciudad nos dicen que a mediados del siglo XII (1154) ya se obraba en la ciudad cerámica. El viajero Abu Abd Allah Mohammed Al-Edrisi, conocido también como el Idrisi, geógrafo e historiador árabe, señalaba en esa fecha, tras su paso por la localidad, lo notable de su "...fábrica de loza dorada, que se exportaba lejos...". Es decir, nos constataba la existencia de una producción de cerámica de reflejo metálico que, si se exportaba en esa época, se habría iniciado mucho antes, y que, por otra parte, habría que retrotraer al menos a los comienzos del siglo XII, dado que este tipo de industria estuvo siempre en manos de mudéjares y la ciudad había sido reconquistada por Alfonso I el Batallador en 1120. Sobre esta producción cerámica no volvemos a encontrar nuevos datos sino hasta finales del siglo xv y en los comienzos del XVI. En estas fechas los documentos designan a algunos alfareros mudéjares como malequeros, término con que se nombraba al que producía "obra de Málaga", o lo que es igual, loza dorada.

El reflejo metálico es, dentro de la cerámica decorada, la especialidad más difícil y la producción más cara. Las vajillas así ornamentadas requieren no dos cocciones, que es lo habitual en el resto de la cerámica pintada, sino tres; la primera para cocer el barro, la segunda para vitrificar el barniz de estaño y adherir algún otro color cuando lo lleva, y una tercera adicional, a fuego reductor, con mucho humo y unos 600-650° de temperatura, que específicamente se precisaba para cocer el reflejo metálico. Éste procedía de una fórmula especial compuesta, entre otros elementos, por cobre y plata que, con los demás, habían de calcinarse previamente, molerse después y diluirse, al fin, en vinagre, para su aplicación sobre la pieza en formas decorativas. Tras la cocción quedaba un color variable, de dorado a cobrizo, que podía competir en belleza y calidad con las mejores vajillas de metales preciosos, materiales que, por lo demás, eran reservados "para la otra vida" dentro del mundo musulmán. A pesar de la dificultad de su comprabación material, es muy probable que Calatayud fuera, en la península, uno de los centros pioneros de esta industria de reflejo metálico.

Sí que se ha conservado, sin embargo, otro tipo de cerámicas decoradas bilbilitanas. Se sitúan entre los siglos XIV-XV y comprenden dos clases de obra: azulejería Buscar voz... y vajilla, ambas muy relacionadas entre sí. La primera, procedente del derruido ábside de San Pedro Mártir de Calatayud (1368-94), tiene parecida temática a la de su loza, si bien esta segunda presenta aún mayor variedad de motivos. Se trazaron desde degeneradas inscripciones cúficas a temas vegetales y geométricos, todos en un bicolorismo azul y morado-vinoso, resaltando la gran simplificación de las formas, lo rotundo de su trazado y la típica reiteración o alternancia de un tema, como constante nota personal de lo mudéjar. Estas decoraciones tienen mucho en común con las que encontramos en otros alfares hispanos, bien andaluces (Málaga), bien valencianos (Paterna, Manises). La producción de cerámica bilbilitana decaería en el siglo XVI y concluiría tras la expulsión morisca de 1610.

-Teruel: En cuanto a este alfar, su primera producción es la verde-morada, que parece arrancar de comienzos del siglo XIII, y que, como continuadora de la cerámica bicolor califal (siglo X), parece haber sido el punto desde donde irradiaría, al tiempo que descendía la conquista cristiana, hacia el Levante (Paterna). Las formas más frecuentes de su loza fueron platos, escudillas y tazones, cuencos, olieras, alcuzas o aceiteras, morteros, orzas, jarros diversos, aguamaniles, cantarillos, botes de farmacia, candiles, cucharones, pilas bautismales, bacines, tinteros, y muchas otras. El color verde de sus decoraciones procedía de las batiduras de cobre dejadas por los caldereros, en tanto que el morado se obtenía del manganeso extraído de la mina de San Blas, próxima a Teruel. Estos colores se diferencian de las mismas producciones bicolores de Paterna y Manresa por lo intenso de su tono, oscurecido por las impurezas ferruginosas, y por su rudo y firme trazado, de aspecto más arcaizante que el de Paterna.

Las ornamentaciones de los siglos XIII-XIV unen temas cristianos e islámicos, los segundos de procedencia oriental, persa, egipcia, bizantina y mesopotámica. Comprenden temas de la figura humana, que pueden ponerse en relación con el artesonado de la catedral de Teruel; animales, tanto reales como imaginarios, entre los que sobresale el pavo real, los pájaros, el conejo y el dragón; edificios a modo de torre; una gran variedad de temas vegetales (como el hom o árbol de la vida, la piña persa, el ataurique, la palmeta o el helecho); motivos geométricos, que recogen desde las lacerías musulmanas a la estrella de David, y un sinfín de sencillos motivos pequeños. Hay también temas heráldicos, inscripciones degeneradas de las alafias musulmanas, y símbolos de protección como la "mano de Fátima", que presentan a veces un carácter simbólico -desear felicidad al dueño de la pieza-, tal como algunos de los temas anteriores (el hom, el pájaro, etc.).

Pese a que en el resto de los alfares españoles (Paterna y Manresa) la generalización, a fines del siglo XIV, de la cerámica azul desplazó y eliminó en el siglo siguiente la producción bicolor, sin embargo en Teruel ésta persistió y no desapareció ni siquiera con la expulsión mudéjar (1610). De tal modo, mantuvo toda la temática anterior, a veces aumentada de tamaño, a la vez que iba introduciendo nuevos motivos procedentes de sus series azules, que en éstas se reflejarían como una versión más simplificada y popular.

La cerámica azul se inicia en Teruel a fines del siglo XIV, usando para su trazado del oxido de cobalto. Sus temas decorativos proceden de la cerámica de Manises coetánea, alfar que en la península rigió la moda cerámica a lo largo de todo el siglo XI y parte del XVI. Predomina la estética musulmana, con sus características de "horror al vacío", simplificación, geometrización y planismo de las formas, todo lo cual constituye un tejido ornamental que deshace la solidez de sus formas ("sólo Dios permanece") y evita la captación realista de las cosas (pues el hombre no debe imitar la obra de Dios).

Engloba una nueva fauna, en ocasiones de carácter heráldico (como el águila bicéfala), temas vegetales que se añaden a los atauriques anteriores, hojas pintadas "en negativo", margaritas y espigas menudas, además de inscripciones o iniciales góticas. ("Ave María gratia plena" o "In principio erat Verbum"), así como todos los pequeños motivos de solfas, reticulados, pestañas, ruedas, etc., trazados casi siempre a base de pincel peine. A veces, incluso se imitaron las formas en relieve moldeadas de algunas piezas maniseras, constituyendo en este caso lo más refinado de toda la producción turolense.

-Muel: Esta localidad, en su etapa mudéjar, se inicia como destacado centro de producción cerámica a fines del siglo XV, aunque quizás procedieran de sus alfares la azulejería que se hizo para el palacio de la Aljafería (siglo XI) y las piezas monocromas y azulejos heráldicos que se colocaron en el muro exterior de la catedral de La Seo de Zaragoza (1375-80). Las formas de su loza -platos, escudillas, terrizos, jarros, orzas, cantarillos, pilas bautismales y pilas benditeras-, sobresalen entre una gran variedad de formas más corrientes, todas con perfiles característicos, que en las piezas de mayor lujo, decoradas con reflejo metálico, incluyen molduras y moldeados ornamentales, derivados de los de Manises.

Su más destacada producción es el reflejo dorado, color que a menudo aparece unido a otro azul o incluso al verde. En sus piezas se mezclan sencillos temas geométricos con bandas de inscripciones cristianas o musulmanas (degeneraciones cúficas); formas vegetales en positivo y negativo, alternativamente dispuestas; y pájaros, sobre todo la bellísima ave zancuda. El uso de pinceles peine, la alternancia de uno o más temas, la distribución ornamental dentro de espacios radiales, y el relleno total del campo compositivo de la pieza, son todo notas mudéjares que revelan la pervivencia de lo hispanomusulmán en lo aragonés, y por tanto un arraigo que lo ha convertido el estilo propio.

Junto a aquéllas aparecen otras series, desde las monocromas azules a las azules y verdes, o verde y manganeso. Las primeras repiten los temas del reflejo en una versión algo más simplificada; las siguientes recogen los temas anteriores en una variante aún más popular, presentando a menudo decoraciones muy sencillas, vegetales y geométricas, compuestas por trazos de distinto grosor. Constituyen por ello la vajilla más corriente que se hizo en Muel.

Estos dos centros, Teruel y Muel, produjeron también una azulejería pintada (en el primer caso) y pintada y de "arista o cuenca" (en el segundo), que tuvo una gran difusión en edificios civiles y religiosos.

Tras la expulsión mudéjar (1610), los alfares aragoneses (Calatayud, Teruel y Muel) quedaron prácticamente despoblados. Sin embargo, la urgencia del abastecimiento de los mercados aragoneses fue una de las razones que condicionaron la inmediata instalación de otros artífices, ahora cristianos, en estas y otras localidades; ellos fueron quienes dirigieron su segunda etapa de producción, período que concluiría definitivamente con su extinción, acaecida entre fines del siglo XIX y principios del XX. En esta época surge también un nuevo alfar, el de Villafeliche, del que no hay datos documentales que prueben una existencia más antigua.

Con los nuevos artífices llega una nueva inspiración. Y así, hasta las formas de la cerámica aragonesa cambian, adoptando otros perfiles. Junto a los platos, a menudo con ala marcada, aparecen fruteros y bandejas planas, se siguen torneando grandes terrizos y variadas pilas bautismales. Para la devoción popular se producen pilillas benditeras y placas con tema religioso, que adoptan desde las formas ovaladas a las muy recortadas y barroquizantes del siglo XVIII. En la misma época surgen las bacías para el afeitado, que imitan a las de metal, las mancerinas y jícaras para el chocolate, y subsisten en Teruel sus típicos morteros y alcuzas, de pesada base los primeros y de boca trebolada las segundas. Los albarelos (o potes de farmacia) se estilizan, y se producen jarros variadísimos, tanto de los tradicionales de base ancha (los de Cofradía) como los más redondeados "de bola" con asa salomónica, de tipo castellano (XVIII), y hasta bitroncocónicos de origen levantino (XIX). Se moldean tinteros, especieros y saleros, cuadrados, triangulares o en copa (los "de perros" de Teruel, por ejemplo). Las soperas, botellas, mieleros, orzas o bacines componen otros de los muchos modelos hechos en Aragón.

En lo decorativo, la anterior ornamentación mudéjar es sustituida por la influencia europea. Esto se muestra ya en las estructuraciones decorativas ordenadas en dos zonas, el ala y el fondo del plato, o el plato o cenefa (vasijas de forma) se dispone a modo de cuadro. Por influencia catalana en Teruel y en Muel se introducen las cenefas de la "corbata" y la "ditada" en torno a los platos, temas que poco a poco, como todos, van adquiriendo un aspecto cada vez más personal. A la vez, y procedentes de Talavera, llegan las cenefas "castellanas" de rombos cruzados por aspas o las decoraciones en "azul, naranja y manganeso" que se hacen en Villafeliche a imitación de la misma serie castellana tricolor.

Llega también la "moda china", que se había impuesto desde el siglo XVI en los alfares europeos de Delft (Holanda), o Génova y Deruta (Italia) y que había llegado también a España a través de Talavera. Este muestrario "oriental" surgió como imitación de las porcelanas chinas importadas a Europa por las Compañías de Indias, si bien su copia no pasó de ser superficial, restringida al uso dominante del azul y a la reproducción de espigas, helechos y estilizados animales saltando entre ellos. De aquí surgirán a lo largo del siglo XVII y hasta mediados del XVIII las series aragonesas de la "hoja-ala", que tienen sus peculiares trazados en Teruel, Muel y Villafeliche, acompañándose fundamentalmente de conejos, pájaros y ciervos.

Los escudos heráldicos, como tema único, son frecuentes en los tres alfares aragoneses a lo largo de la segunda mitad del XVII y comienzos del XVIII. En Teruel, la serie más destacada del XVIII es la de los "esponjados", de influencia italiana, caracterizada por los árboles de espesa fronda dispuestos en pisos, los cuales aparecen inmersos en paisajes de arquitecturas, con paseantes y animales. En este mismo siglo, la serie más sobresaliente de Villafeliche es la de los "mistos", caracterizada por sus matas en forma de cerilla o misto también recorrida por animales (aves, conejos, con nombres del dueño), asimismo en este alfar, y en el de Muel, se trazaron temas de grandes flores carnosas, en forma de alcachofa algunas, siempre muy barrocas, cuya gran cabeza destaca aún más dada la fragilidad de su tallo. El siglo XVIII marcó también la llegada de la influencia de la loza fina de Alcora (Castellón), cuya competencia en todos los mercados nacionales promovió su imitación en casi todas las cerámicas populares. Así y con un dibujo mucho menos fino, se dibujaron las cenefas de "estilo Berain" o las menudas flores conocidas como "pintura ramito". Con lo cual se mostraba una vez más cómo el centro alfarero en boga marca la orientación de la moda decorativa.

A lo largo de esta segunda etapa de producción, los tres alfares aragoneses más representativos de la cerámica decorada trazaron otras series más populares. En Teruel se plasmaron en el característico bicolorismo verde y morado, en Muel en una policromía más amplia a base de azul, verde y morado, y en Villafeliche en dichos colores y también en otro verde y morado vinoso. Todas estas producciones coexistieron con una abundante producción de azulejería.

A lo largo del siglo XIX la loza azul y la bicolor de Teruel mantuvieron los modelos tradicionales, si bien su dibujo era cada vez más descuidado y simplificado. En Muel se introdujeron los modelos de la loza popular de Manises, vegetales y geométricos, menudos todos y a veces en policromía. Aparecieron también los "tamponados", con la característica serie de "las perras", llamada así porque la forma del tampón se obtenía con una moneda. Así con rapidez se componían sencillísimos motivos vegetales, de tan fácil ejecución como los hechos con "plantillas", sólo en azul, que dominaron la obra de fin del siglo XIX a comienzos del XX. Parecido sentido de simplificación adoptó la cerámica de Villafeliche, que también prefirió estos procedimientos decorativos.

Desde el siglo XIX se hicieron en los tres alfares lápidas funerarias con ingenuas escenas e inscripciones piadosas, que duraron hasta la extinción de estos centros a fines el siglo XIX (Teruel y Villafeliche) o comienzos del XX (Muel).

En otros lugares de Aragón se ha producido esporádicamente algún tipo de cerámica decorada. Así, en la etapa mudéjar (hasta 1610), se produjo en Cadrete, Tórtoles (Tarazona) y María de Huerva, sobre todo azulejería. En esta época y en siglos siguientes se fabricaría en Zaragoza, quizás en Barbastro y en Huesca, en Cantavieja y en Gea de Albarracín, tal vez en Calcena, y tardíamente y como obra muy temporal en Lumpiaque, Torrijo de la Cañada y Daroca.

• Bibliog.: Almagro Basch, Martín, y Llubiá Munné, Luis M.ª: C.E.R.A.M.I.C.A. (Aragón-Muel); Barcelona, 1952. Id.: La cerámica de Teruel; Inst. de Estudios Turolenses, Teruel, 1962. Álvaro Zamora, María Isabel: "Un hallazgo de cerámica de Muel"; Archivo Español de Arte, n.° 173 (1971), pp. 110-112. Id.: Cerámica en el Museo Provincial de Bellas Artes de Zaragoza (siglos XIII-XX); tesis de Licenciatura leída en la Universidad de Zaragoza, Facultad de Filosofía y Letras, en septiembre de 1971, 3 volúmenes, inédita. Id.: "La cerámica de Teruel"; Andalán, 1-VII-1974. Id.: "Piezas cerámicas encontradas en la iglesia de San Pablo de Zaragoza"; Seminario de Arte Aragonés, núms. XIX-XX-XXI (1974), pp. 101-115. Id.: "La cerámica de Muel. Su etapa mudéjar"; comunicación presentada al I Simposio Internacional de Mudejarismo, Teruel, septiembre 1975; en Actas del mismo. Id.: La cerámica de Muel. Aportaciones para el estudio de otros alfares aragoneses; tesis doctoral leída el 24-X-1975, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Zaragoza; inédita, 10 volúmenes. Id.: Cerámica aragonesa I; Col. Aragón, Librería General, Zaragoza, 1976. Id.: Cerámica aragonesa decorada; Col. Estudios, 2, Libros Pórtico, Zaragoza, 1978. Id.: "La cerámica aragonesa y el grabado popular"; Aragón. Sipa, n.° 312, febrero (1978), pp. 13-15. Id.: "La torre de Santa María de Utebo y la azulejería de Muel"; MAZ, n.° 69, marzo (1978). Id.: "La cerámica aragonesa a través de nuestros museos regionales"; MAZ, n.° 70, julio-octubre (1978), pp. 28-30. Id.: "La cerámica de Calatayud. Importancia y conocimiento actual"; Zaragoza, n.° 3, febrero (1979), pp. 17-19. Id.: "Monzón y la cerámica aragonesa"; S.A.A., núms. XXIX-XXX (1979), pp. 181-187. Frothincham, Alice Wilson: "Aragonesa lustreware from Muel"; The Hispanic Society of Amerita, en Notes Hispanic, n.° 4 (1944), pp. 78-91, New York. Galiay Sarañana, José: "Nuevas ideas sobre cerámica aragonesa"; Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis; Zaragoza (1934), 2.ª época, n.° 1, pp. 28-32. Id.: Cerámica aragonesa de reflejo metálico; Institución "Fernando el Católico", Zaragoza, 1947.

• Cerámica artística contemporánea: El inicio de la cerámica contemporánea aragonesa tiene un precedente singular con Dionisia Masdeu Buscar voz..., la cual expone individualmente en los años treinta y se interesa al mismo tiempo por la escultura. A partir de aquí, en lo referente a la cerámica creativa, hay un largo silencio, que se interrumpe con timidez en los sesenta, para aumentar en la siguiente década, mostrar su plenitud en los ochenta y permanecer hasta el presente. El apoyo de la Diputación Provincial de Zaragoza es determinante para que en 1964 se funde la escuela de Cerámica de Muel, Zaragoza, abriendo un nuevo taller en 1975. Desde que Luis Navarro Sanagustín dirige la Escuela, año 1984, se mejoran las instalaciones para trabajar la cerámica y en 1999 se inaugura una magnífica sala de exposiciones, habiendo expuesto Picasso y un colectivo de ceramistas agrupado bajo el título Los artistas en la cerámica, con importantes artistas del medio.

La I y II Muestra de Cerámica y Alfarería Aragonesa, celebradas en Zaragoza a mediados de octubre de 1979 y 1980, se organizan a través de la Delegación Provincial del Ministerio de Cultura, en colaboración con la Comisión de Cultura Popular y Festejos del Ayuntamiento de Zaragoza. Dos muestras de gran importancia para posteriores acontecimientos. La Feria Nacional se inagura en Zaragoza el año 1984 y su andadura concluye tras su VII edición, año 1990. La primera es organizada por los Ceramistas Plaza San Felipe, bajo la colaboración de la Universidad Popular de Zaragoza y el Ayuntamiento de Zaragoza. Desde su III edición es organizada por el Ayuntamiento, colaborando en ésta los Ceramistas Plaza San Felipe y a partir de la IV los integrantes de Cerámica y Ceramistas. Ferias de signo muy creativo con actividades paralelas, exposiciones de notable importancia y la publicación de un periódico en donde se indica, el programa de actividades, artículos y la lista de participantes. El Premio de Cerámica Creativa nace en 1987 como consecuencia de la Feria y dura hasta 1991, mientras que en 1993 se celebra el Día de la Cerámica de Muel y al mismo tiempo la Primera Exposición de Artesanía de Arte Aragón, participando el Gobierno de Aragón y la Asociación Profesional de Artesanos de Aragón. Un rasgo sobre el auge de la cerámica se detecta en el nacimiento de grupos artísticos. Destacan el Equipo Arellano, 1968, GEOM-C, 1978, La Huerva, 1977, Colectivo Ceramistas San Felipe, 1982, e Intentos (grupos artísticos Buscar voz...), 1983. Lo indicado se acompaña por exposiciones individuales, como la de Andrés Galdeano Buscar voz... en 1970, y por las organizadas a través de instituciones. En cuanto a instituciones es imprescindible citar al Museo Provincial de Zaragoza, a las salas del Palacio de Sástago con exposiciones a principios de los ochenta y, especialmente, a Manuel Val, que coordina sus exhibiciones mediante el Ministerio de Educación y Ciencia. Sobre Val conviene citar las siguientes: Raúl Abraín, 1983, Grupo La Huerva, 1983, Fidel Ferrando, 1984, Ángeles Casas. Cerámicas, 1987, Conjunciones cerámicas, 1988, y Fernando Malo. Cerámicas, 1990. Sobre la importante tarea del Museo de Teruel basta recordar las siguientes: La de Fidel Ferrando Buscar voz... en 1988, la de Javier Fanlo en 1989 y la titulada 4 ceramistas aragoneses, 1990. En el contexto de Zaragoza, dentro de las colectivas, son de cita obligada Ayer y hoy de la cerámica aragonesa, 1982, organizada por el Ayuntamiento de Zaragoza, Colección de arte aragonés contemporáneo, 1988, organizada por el Gobierno de Aragón, y Cerámica Contemporánea Aragonesa a la Escuela, 1993, coordinada por Manuel Val y por Fernando Lahoz a través del Ministerio de Educación y Ciencia. En fechas recientes, año 1998, resalta la exposición organizada y patrocinada por el Ayuntamiento de Alcañiz, Teruel, bajo el título de Un mural para Aragón. Antonio Saura-Fidel Ferrando. Se basa en los aconteceres hasta la realización del Mural Grancasa, Zaragoza, partiendo de un boceto de Antonio Saura Buscar voz... y con la absoluta colaboración del ceramista Fidel Ferrando, que vive en Alcañiz. Acerca de las publicaciones sobre cerámica creativa, además de las exposiciones citadas, con sus correspondientes catálogos, la primera que abarca el conjunto cerámico es el Diccionario Antológico de Artistas Aragoneses, 1947-1978, publicado por la Institución Fernando el Católico. Finalmente, Manuel Pérez-Lizano Forns publica Cerámica contemporánea española: ceramistas aragoneses de los inicios a 1990, Universidad Central de Bayamón, Puerto Rico, 1991, y un capítulo sobre cerámica en Abstracción Plástica Española. Núcleo aragonés: 1948-1993.

 

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