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Iglesia católica

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 15/06/2011

El desarrollo de este tema incluye -desde las Iglesias primitivas, en el territorio que hoy llamamos "aragonés", hasta la historia contemporánea de la Iglesia en Aragón- los siguientes apartados: Iglesias primitivas, La Iglesia en la Edad Media, Los siglos XVI y XVII, El siglo XVIII, El siglo XIX hasta el Concilio Vaticano I, Del Vaticano I al Vaticano II y, por último, El Concilio Vaticano II y el "postconcilio".

Iglesias primitivas Buscar voz... (Hist. Ant.): No puede hablarse de una Iglesia aragonesa primitiva. Sí del estadio primitivo conocido de algunas de las diócesis que se reparten actualmente el territorio aragonés: Zaragoza, Huesca y Tarazona. Su historia antigua va unida a la de los primeros obispos cuyos nombres se han conservado en las actas conciliares o en la continuación de la Crónica de Jerónimo redactada por Idacio Buscar voz....

-Zaragoza: Tomando el término ekklesía en su significado de "asamblea", la primera comunidad cristiana documentada es la de Zaragoza, cuyo supuesto obispo Félix aparece mencionado en la epístola LXVIII de Cipriano Buscar voz... dirigida al clero hispano a mediados del siglo III. Es lícito asegurar, con base en los testimonios escritos, la continuidad episcopal en la sede cesaraugustana en el transcurso del siglo IV, teniendo como fundamento la asistencia de sus prelados a los concilios celebrados en Hispania y a los extrapeninsulares. (Concilios de Elbira Buscar voz..., de Zaragoza Buscar voz..., visigodos Buscar voz...)

La dirección ininterrumpida de obispos, aun cuando no se han guardado los nombres de todos, permite suponer una estructura eclesiástica con bases estables que conllevaría la construcción de edificios. En el año 380 consta documentalmente la Iglesia zaragozana (I Concilio de Zaragoza Buscar voz...), pues en las actas del sínodo antipriscilianista se especifica que la reunión tuvo lugar in secretario, es decir, en la sacristía de un templo, quizá la sede episcopal asentada en el lugar donde hoy está situada La Seo Buscar voz... y consagrada al mártir Vicente Buscar voz.... Para el mismo siglo, el poeta Prudencio Buscar voz... se refiere a unos sancti tumuli en la ciudad, aludiendo a los lugares en los que se veneraban las reliquias de sus mártires. Seguramente se trataba de una basílica que habría que identificar con la "basílica de los dieciocho mártires" citada por Eugenio de Toledo Buscar voz... en época visigoda y que perduró bajo el Islam. El mismo Prudencio da noticia de un memorial dedicado a San Valero Buscar voz.... Y en documentos más tardíos figuran referencias a la basílica de las Santas Masas Buscar voz..., emplazada extramuros, en la que se dispensaba culto a las víctimas de las persecuciones de Decio, Valeriano y Diocleciano.

Como testimonio arqueológico de este primer estadio tan sólo se han conservado tres sarcófagos paleocristianos (dos en la cripta de Santa Engracia Buscar voz..., uno en la Iglesia románica de Castiliscar Buscar voz...), que denotan el alto nivel social de quienes los encargaron, y la "sinoga" o sinagoga de Sádaba Buscar voz..., que García y Bellido caracterizó como mausoleo Buscar voz... cristiano de la primera mitad del s. IV.

-Huesca: Mucho más escasas son las fuentes para reconstruir la historia primitiva de la Iglesia oscense, pues el primer obispo atestiguado es cierto Gabinio Buscar voz..., asistente al III Concilio de Toledo. Anterior sería la organización de la sede de Bolea -si efectivamente es la Calagurris Fibularia Buscar voz... mencionada en el Concilio de Elbira Buscar voz...- como comunidad representada por el prelado Genaro Buscar voz....

Sin embargo, debió de existir más de un núcleo cristiano en la provincia. Gracias a excavaciones efectuadas en este siglo se ha comprobado su presencia en Monte Cillas Buscar voz... (Coscojuela de Fantoba), datadas a finales del s. IV o comienzos del V, según se infiere de la necrópolis Buscar voz... descubierta. Allí se encuentran enterrados, entre otros, dos presbíteros casados, cuyas tumbas se cubrieron con laudas de mosaico, sobre las que aparecen escritas las dedicatorias de sus respectivas viudas. También en la villa rústica llamada Fortunatus Buscar voz... de Fraga, de época tardorromana se han conservado huellas de vida cristiana en la planta de un pequeño templo.

-Tarazona: De la misma deficiencia textual se adolece para historiar la primitiva asamblea cristiana de Tarazona, de la que se conoce a su obispo León Buscar voz..., muerto en el 454 a consecuencia del ataque perpetrado por los bagaudas Buscar voz... a su Iglesia.

La Iglesia en la Edad Media: La conquista árabe Buscar voz... (714-720) provocó la conversión de la mayoría de los aragoneses al Islam, pero no está aclarado si los conversos -muladíes Buscar voz...- habían renunciado libremente al cristianismo o eran paganos obligados a abrazar la religión de Mahoma conforme a las prescripciones del Corán Buscar voz.... Las comunidades cristianas sometidas -mozárabes Buscar voz...- fueron respetadas, y subsistió la vida eclesiástica en las diócesis de Huesca, Tarazona y Zaragoza, un tanto sacudida en dos ocasiones, que se sepa: a raíz del martirio de las santas Nunilo y Alodia (851) y con motivo del destierro del obispo zaragozano Elleca (893-906).

La intervención militar de la corte carolingia, a principios del siglo IX, en los condados de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza introdujo en estos territorios las nuevas ideas sobre liturgia, clerecía y monacato de la Iglesia franca, favoreciendo la fundación de buen número de monasterios, la erección del obispado de Roda Buscar voz... y la cristianización de las montañas altoaragonesas. Con ello se perfilan dos Iglesias aragonesas: la carolingia o pirenaica y la mozárabe. La primera aportó a los tres condados libres la base socioeconómica y la corriente cultural surgida de las reformas de Carlomagno Buscar voz.... La segunda permaneció anclada en la tradición eclesiástica hispanovisigoda.

En la segunda mitad del siglo X, a causa de la identificación de "cristiano" con "enemigo del Estado islámico", se deterioró la convivencia de las comunidades mozárabes, provocando la inestabilidad de las sedes episcopales y la decadencia de los monasterios del Aragón musulmán. También se vio afectada la Iglesia pirenaica con las asoladoras incursiones de Almanzor Buscar voz... (h. 999) y Abd al-Malik Buscar voz... (1006), que destruyeron los tres condados y, consecuentemente, su organización eclesiástica.

Sancho el Mayor Buscar voz... de Navarra los reconquistó entre 1016 y 1020 y se apoderó de otras tierras altoaragonesas, islamizadas o no, como la ribera del Cinca y Serrablo. En su plan de reconstrucción del país entró la restauración de los antiguos monasterios pirenaicos, en los que trató de introducir la observancia de la regla de San Benito con la ayuda de monjes, probablemente navarroaragoneses, procedentes de Cluny, y del obispo Oliba de Vic.

Superada la fase de consolidación del reino, iniciada por el rey Ramiro I Buscar voz..., fue el hijo y sucesor de éste, Sancho Ramírez Buscar voz..., quien alineó la Iglesia aragonesa con las europeas, en la década de los años 1070: introdujo la liturgia romana (no sin alguna resistencia por parte de monasterios mozárabes como la del abad Banzo de Fanlo); abrió el reino a las reformas cluniscense y gregoriana, con la creación de los monasterios benedictinos de San Juan de la Peña y San Victorián de Sobrarbe y la fundación de las canónicas de Jaca, Loarre y Alquézar; admitió la autoridad preeminente de la Santa Sede, de la que se declaró feudatario; y erigió el nuevo obispado de Jaca (hacia 1076).

Puede afirmarse que la Iglesia aragonesa de la conquista prestó el soporte ideológico a la expansión territorial y tuvo a su cargo la cristianización del Aragón islamizado. Iglesia de contrastes, dio figuras tan dispares como las del belicoso obispo Esteban de Huesca (1099-1130) y del pacífico San Ramón, obispo de Roda-Barbastro (1104-1126); fue afectada por intensas luchas intestinas a causa de la intromisión de clérigos extranjeros en puestos destacados y de pleitos por cuestiones territoriales; se opuso con frecuencia a la política eclesiástica del papado; trató de asimilar las culturas musulmana, visigodo-mozárabe y europea; y fue respetuosa con las comunidades judía e islámica, cuyas organizaciones jurídicas y religiosas fueron reconocidas.

Después de la conquista del valle del Ebro, el territorio aragonés se repartió entre las diócesis de Huesca-Jaca, Roda-Barbastro, Zaragoza y Tarazona, aunque fragmentadas sus jurisdicciones, sobre todo en el Alto Aragón, por las exenciones monásticas, como las de Montearagón, San Juan de la Peña y San Victorián de Sobrarbe, abadías inmediatamente sujetas a la Santa Sede, y por la pertenencia del arcedianato de Valdonsella al obispado navarro de Pamplona. Tras la asignación de la ciudad de Barbastro a la diócesis de Huesca y después de la conquista de Lérida (1148), el obispo de Roda trasladó su sede a esta ciudad catalana. Se completó la geografía eclesiástica en 1172 con la erección del obispado de Albarracín.

Aunque cabe fechar hacia el año 1100 su aparición en el reino -fundación del hospital de Somport, del Santo Sepulcro-, las órdenes militares Buscar voz... se asentaron en Aragón entre 1137 y 1140, aportando a la Iglesia aragonesa, aparte su dedicación a la guerra, nuevas actividades, como la custodia de capitales y el cambio de moneda. También el Císter, en sus ramas masculina y femenina, se introdujo a partir de la fundación del monasterio de Veruela (1146). A finales de siglo se produjo el movimiento de Pobres Católicos de Durán de Huesca Buscar voz..., mal visto por el rey y el alto clero aragonés, y que constituye un interesante precedente de las órdenes mendicantes. Éstas -franciscanos y dominicos- se establecieron en el reino entre 1219 y 1220 y obtuvieron la simpatía del pueblo y el respeto de la nobleza y de la clerecía. Para la ejecución de los decretos del Concilio IV de Letrán (12I5), al que no asistieron los obispos aragoneses, la provincia eclesiástica tarraconense, de la que formaban parte las diócesis de Aragón, fue convocada por el legado pontificio, cardenal Juan de Abbeville, a una reunión conciliar en Lérida, que se celebró en 1229. Los cánones que se promulgaron perseguían la reforma del clero y pueblo. Cabe destacar el sexto y el séptimo, referentes a la creación de escuelas de Gramática en cada arcedianato y a combatir la ignorancia del clero, que se achacaba al bajo nivel intelectual de los cabildos catedralicios.

En 1317, el rey Jaime II proyectó la segregación de las diócesis aragonesas de la provincia eclesiástica de Tarragona, que importaba la elevación de Zaragoza a archidiócesis, la restauración del obispado de Jaca, independiente del de Huesca, y la erección de los de Teruel y Barbastro. Pero el papa Juan XXII sólo accedió a la creación de la provincia eclesiástica de Zaragoza en 1318. Fue de especial importancia la fundación de la primera Universidad aragonesa, la de Huesca, por el rey Pedro IV en 1354, cuyas facultades de Teología y Cánones habían de contribuir a la elevación cultural del clero.

Dentro del complicado proceso del Cisma de Occidente Buscar voz..., destaca la acción diplomática y el protagonismo del aragonés Pedro de Luna Buscar voz..., antiguo canónigo de Huesca, Tarazona y Zaragoza, cuya elevación al papado con el nombre de Benedicto XIII (1394) fue muy bien recibida en la Corona de Aragón, que no abandonó su causa hasta última hora. La "mundanización" de la alta clerecía aragonesa durante el siglo XV no fomentó la vida religiosa en las Iglesias del reino, pero fue elemento clave para la introducción de las corrientes renacentistas, sobre todo en el campo artístico a pesar del talante intransigente del Santo Oficio, establecido en Aragón por Fernando el Católico en 1482.

Al terminar la Baja Edad Media, la provincia eclesiástica de Zaragoza, que rebasaba ampliamente los límites políticos del reino, comprendía, además de la metrópoli zaragozana las diócesis sufragáneas de Huesca, Tarazona, Pamplona, Calahorra-La Calzada y Albarracín-Segorbe.

• Bibliog.:
Durán Gudiol, A.: "La religión y la Iglesia"; Los aragoneses, Madrid, 1977, pp. 191 ss.

La Iglesia en los siglos XVI y XVII: La historia de la Iglesia aragonesa en la Edad Moderna no es más que la suma de la historia de las diferentes diócesis aragonesas, por lo que aquí nos limitaremos a señalar algunos aspectos generales comunes a todas ellas.

-Geografía eclesiástica: Al finalizar la Edad Media, la Iglesia aragonesa presentaba una configuración geográfica fruto de diversos ajustes que se habían ido produciendo a lo largo del tiempo. La excesiva amplitud de la provincia tarraconense, a la que pertenecía la sede de Zaragoza, llevó al papa Juan XXII, a petición de Jaime II de Aragón y en medio de la oposición del cabildo de Tarragona y otros sectores eclesiásticos, a erigir en metrópoli a Zaragoza, mediante bula del 18-VII-1318; ésta tendría como sufragáneas las de Huesca, Tarazona, Pamplona, Calahorra-La Calzada y Albarracín-Segorbe (las primeras dependían antes de Tarragona, y la última de Toledo).

Ya en el momento de la erección de Zaragoza como metrópoli, el rey aragonés había intentado la creación de algunos obispados, pero hubieron de pasar siglos para que estos intentos pudieran llevarse a cabo. La metrópoli y sufragáneas siguieron sin variación hasta el siglo XVI, que es el de mayor actividad en cuanto a creación de nuevas sedes se refiere: el 28-VI-1571 se crearon los obispados de Barbastro Buscar voz... y Jaca Buscar voz...; el 21-VII-1577 se desmembraría el obispado de Albarracín-Segorbe; el de Segorbe quedaría incorporado a la metrópoli de Valencia y el de Albarracín Buscar voz... a Zaragoza; el 30-VII-1577, por desmembración de la metrópoli de Zaragoza, nació el obispado de Teruel.

Las causas de la creación de estas sedes variaban de unas a otras: Barbastro se creó para acabar con los pleitos planteados entre Huesca y esta última ciudad, que tenía el recuerdo de haber sido cabeza de obispado durante la Edad Media; esta idea se debía a que durante este período habían residido en ella, de forma accidental, los prelados de Huesca y Roda-Lérida. La preocupación de Felipe I de Aragón por la unidad religiosa de los reinos hispanos decidió la creación de otros obispados: dicha unidad podían ponerla en peligro los moriscos, desde el punto de vista interno; desde el exterior podían hacerlo los protestantes; estos problemas eran más fácilmente controlables cuanto menor fuera la extensión de las diócesis. Para controlar mejor el primer problema se creó la diócesis de Teruel y se desmembró la de Albarracín-Segorbe. La amenaza del protestantismo determinó la creación del obispado de Jaca.

Al finalizar el siglo XVI, la Iglesia aragonesa tenía como metrópoli a Zaragoza y como sufragáneas las diócesis de Albarracín, Barbastro, Huesca, Jaca, Tarazona y Teruel. Dicha configuración se mantendría durante la Edad Moderna.

-Aspectos socioeconómicos del clero secular aragonés: Los medios económicos de que las diferentes diócesis disponían eran muy variados. Entre ellos hay que citar, aparte de los bienes patrimoniales, en primer lugar los diezmos que durante toda la Edad Moderna constituyeron el ingreso más importante; las primicias; las donaciones, bien de propiedades o de bienes en metálico, y las remuneraciones cobradas por los servicios que el clero prestaba al pueblo (celebración de bodas, bautizos, entierros, etc.).

El volumen de estos medios económicos variaba de unas diócesis a otras, y está aún por estudiar la cuantía de los mismos. Tales ingresos alcanzaban diversos destinos según su naturaleza, y su reparto entre los diferentes miembros del estamento eclesiástico era muy desigual, pudiendo dividirse el clero, según su participación en aquéllos, en alto y bajo. El alto clero estaba principalmente constituido por los prelados y su curia y las dignidades de los cabildos catedralicios, al frente de los cuales se hallaban el de La Seo y el del Pilar de Zaragoza; aunque en general puede decirse que este sector del clero gozaba de rentas considerables, se registra una gran variación de las mismas entre sus distintos miembros. El bajo clero, constituido principalmente por el clero de las Iglesias parroquiales, sobre todo del medio rural, tenía rentas menos sustanciosas; pero también entre los distintos integrantes se da un escalonamiento de rentas a veces muy notorio.

En el siglo XVII, ciertos sectores del bajo clero sufrieron un empobrecimiento debido a la crisis económica general que afectó a la centuria y al aumento del número de miembros de este sector. No es fácil, sin embargo, hacer una separación tajante entre los integrantes del alto y bajo clero, porque el paso de uno a otro grupo es gradual. Además, carecemos de datos cuantitativos suficientes que nos ayuden a definir los límites entre uno y otro. Para ello no es suficiente el criterio económico y hay que recurrir al jurídico.

-La Iglesia aragonesa y la reforma del Concilio de Trento: Aunque no conocemos todavía con detalle la categoría moral y la actuación de todos los sectores del clero aragonés de la Edad Moderna, hay algunos hechos y estudios parciales que nos permiten aproximarnos a ciertos problemas que necesitaban de la reforma propuesta por el concilio de Trento.

El comienzo de la Edad Moderna en Aragón se caracteriza por la política religiosa del monarca Juan II y su hijo Fernando, que consistió en el control de la Iglesia aragonesa por medio, principalmente, de las personas que van a ocupar las sedes. De todas ellas, interesa principalmente la de Zaragoza, por su extraordinaria importancia en distintos órdenes. Desconocemos lo que se hizo en más bajas esferas, pero en lo que al cargo de arzobispo se refiere, y desde el período que va de 1458 -fecha en que es promovido a arzobispo Juan I- hasta 1577 -en que, tras la muerte de don Hernando de Aragón Buscar voz..., es elevado a la sede Bernardo Alvarado de Fresneda-, fueron arzobispos, exclusivamente, miembros de la casa real de Aragón, aunque fuera por línea bastarda (Fadrique de Portugal, que no lo era, también estaba emparentado con aquélla): el primero de estos arzobispos, Juan I era hijo natural del rey Juan II de Aragón; a éste le sucedió don Alonso de Aragón Buscar voz..., hijo bastardo de Fernando II de Aragón, y tras su muerte, el hijo de aquél, Juan II; a continuación, Fadrique de Portugal, de la casa real de este reino; finalmente, don Hernando de Aragón.

Esta política trajo consecuencias desastrosas para la vida religiosa del arzobispado, que agravaban el deterioro de la misma arrastrado de la Edad Media. El cargo de arzobispo de Zaragoza se convirtió en un cargo eminentemente político. De esta dinastía episcopal que se sucedió en Zaragoza, sólo el último de sus miembros se comportó como tal arzobispo. Juan de Aragón Buscar voz... gobernó el arzobispado con el título de administrador, porque nunca recibió las sagradas órdenes, fue fundamentalmente un soldado. Alonso II se ordenó de presbítero en 1501, pero después nunca volvió a celebrar otra misa; la vida que llevaba no era la de un eclesiástico, como lo prueba, entre otros, el hecho de que tuviera varios hijos.

Juan II sólo se ordenó de diácono. Fadrique de Portugal jamás residió en la sede de Zaragoza: fue virrey de Cataluña. Hernando de Aragón, sin embargo, después de criarse en la Corte, cuando tenía veinticuatro años se hizo monje cisterciense del monasterio de Piedra; llevó a cabo una gran actividad pastoral con afán de reformar el clero, aunque esto no impidió que ostentara importantes cargos políticos.

A pesar del Concilio de Trento, el arzobispo de Zaragoza siguió jugando un importante papel político, que se vio favorecido por el origen noble de casi todos ellos. Este papel se pone de manifiesto en las actividades y cargos que ostentaban algunos de los arzobispos sucesores de los ya mencionados. Y también en otras sedes se reflejó la política eclesiástica de Juan II y Fernando II: en la sede turiasonense, poco después de ocupar, la de Zaragoza, Alonso de Aragón, se planteó el mismo conflicto; Juan II quiso imponer a su nieto Juan de Aragón y Navarra, hijo del príncipe de Viana, pero en este caso no logró su propósito.

La reforma propuesta por el Concilio de Trento tardó mucho tiempo en triunfar, al menos en algunos sectores, como lo pone de manifiesto el hecho de que en épocas muy distantes ya de este Concilio las constituciones sinodales sigan enumerando repetitivamente las mismas faltas en las que incurrían algunos clérigos en épocas anteriores. En la convocatoria del sínodo celebrado en la archidiócesis de Zaragoza en 1656 se dice que uno de los motivos de celebración del mismo era llevar a cabo la reforma propuesta por el Concilio de Trento, hecho que prueba que ésta no había triunfado.

Pero independientemente de los sectores del clero que necesitaban de reforma, había otros muy preocupados por la misma -de los que puede ser un exponente claro don Hernando de Aragón- y que observaban conductas ejemplares. Es a éstos a quienes se debe, sin duda, el impulso dado a la vida religiosa aragonesa en las centurias de la Modernidad, impulso al que quizá no sea ajeno el hecho de la desaparición de las minorías religiosas y la presencia de la inquisición: baste sólo citar, como manifestación más característica de esta religiosidad, el creciente culto a la Virgen del Pilar, que cobra gran importancia a partir del siglo XVII.

En otro sentido, hay que decir que la Iglesia aragonesa de la Edad Moderna parece que no tuvo demasiados problemas con las corrientes heterodoxas, a pesar de que tanto Miguel Servet Buscar voz... como Miguel de Molinos Buscar voz... fueron aragoneses.

• Bibliog.:
Azcona, T. de: La elección y reforma del Episcopado Español en tiempo de los Reyes Católicos; Madrid, 1960.
Mansilla, D.: "Geografía Eclesiástica"; Diccionario de Historia Eclesiástica de España, t. II, 1972, pp. 983-1014.

El siglo XVIII: Con el advenimiento de los Borbones y los decretos de la Nueva Planta Buscar voz..., Aragón pierde sus órganos administrativos y políticos independientes, pero dejando a salvo de momento la jurisdicción eclesiástica, en la que debía estarse a lo acordado. No obstante, si tenemos en cuenta la preponderancia política y económica del estamento eclesiástico y la gran influencia que ejercía el clero en la opinión del pueblo llano, era previsible que el proceso de castellanización se extendiera también, como así fue, a los cargos e instituciones de la Iglesia. Por entonces, era arzobispo de Zaragoza, Antonio Ibáñez de la Riva Herrera, un forastero natural de Solares (Santander) que no comprendía a los aragoneses y que despreciaba profundamente sus Fueros: "Los naturales -decía a este respecto-, por las libertades de sus Fueros, son más inclinados a favorecer a los delincuentes que a apoyar a la justicia".

En las Cortes de 1702, donde fue jurado, rey de Aragón, Felipe V, se pidió que la sede de Zaragoza, una vez vacante, se cubriera por un natural del reino, y que se hiciera otro tanto con los cargos de la curia diocesana. Pero este mismo año Felipe V nombraba virrey de Aragón al arzobispo Antonio Ibáñez. De modo que, en acción paralela con lo que se hará en las instituciones civiles y en especial en la Audiencia, las dignidades eclesiásticas y los puestos de responsabilidad en las curias diocesanas de Aragón se van a confiar también a forasteros. Lo que motivaría con el tiempo la requisitoria de los ocho diputados de la Corona de Aragón en las Cortes Generales de 1760. En el Memorial de greuges presentado por dichos diputados se afirma que "ha faltado poco para excluir del todo a los naturales de la Corona de Aragón de las primeras dignidades eclesiásticas. Son cerca de ciento las Mitras que V.M. provee en sus Dominios: las de la Corona de Aragón son diecinueve y de éstas tienen solamente dos los Aragoneses, tres los Catalanes, otra un Valenciano y otra un Mallorquín; y parece que habrían sido muy pocos los consultados para obispados, siendo muchos los Curas, Canónigos y Generales de las Sagradas Religiones naturales de aquellos Reinos, sujetos muy beneméritos por su virtud y literatura. Y como vemos que los Obispos prefieren a sus Paisanos para las prebendas que vacan en sus mensas, por esta parte quedan sin premio aquellos eclesiásticos singularmente aplicados al estudio, al culto divino, a la Predicación y a la administración de sacramentos".

Al principio esta política funesta respondía a un plan de represalias y de seguridad del nuevo Estado contra las tendencias austracistas que se habían manifestado en la guerra de Sucesión Buscar voz... y que seguían vigentes, sobre todo en el clero bajo del país. Más tarde, el control de la Iglesia mediante la colocación en los puestos clave de personas afectas a la corona resultaba imprescindible para allanar los caminos al despotismo ilustrado. El instrumento jurídico para llevar a cabo esta política fue el antiguo privilegio del Real Patronato (y de presentación para los cargos y beneficios eclesiásticos), que la nueva dinastía pretendió universal desde sus comienzos y que los regalistas defendieron como derecho inalienable de la corona. Sin embargo, en el art. 23 del Concordato de 1723 se suspendió el uso del Real Patronato en lo que respecta a su universalidad y hasta llegar a un acuerdo con la Santa Sede. Pero en el nuevo Concordato de 1753, el Papa concedió a los reyes de España el privilegio del Patronato universal con la única reserva de 52 beneficios.

-La realidad sociológica: El poder del estamento eclesiástico se mantenía sobre la base material de la gran densidad demográfica del clero y la considerable masa de bienes eclesiásticos amortizada durante siglos. El clero, en especial los regulares, se desbordó a lo largo del siglo anterior y, aunque este crecimiento se contuvo en el XVIII a la vez que se realizaba el despegue demográfico de Aragón, seguía siendo cuantitativamente desproporcionado en relación con el conjunto de habitantes. Según el Vecindario de 1723 había, sólo en la ciudad de Zaragoza, con 29.601 hab., 383 clérigos seculares y 1.509 religiosos y religiosas. La diócesis de Huesca, sobre una población total de 46.197 almas, según el censo eclesiástico de 1769, arrojaba las siguientes cifras: 386 religiosos, 238 religiosas, 470 beneficiados, 100 curas. La villa de Albalate del Arzobispo tenía en 1782 un millar de vecinos, pero el capítulo de su parroquia estaba integrado por catorce miembros y, además, en el convento del portal de San Antonio vivían veinte capuchinos gracias a la limosna de los fieles (del informe del cura regente de Albalate elaborado a petición de la Sociedad Económica Aragonesa, y del deán Hernández Pérez de Larrea, citado por E. Fernández en La ilustración aragonesa, Zaragoza, 1973). Las vocaciones eran numerosísimas: Faustino Casamayor anota en su Diario (o Años políticos...) que el 19-II-1785 hubo en Zaragoza "órdenes generales, y se ordenaron más de cien de fuera de la Diócesis y ochenta de ella"; pero lo asombroso es que, a los tres meses, se ordenaron 472 individuos más (citado por E. Fernández, Ibidem).

La fuente básica de los ingresos de la Iglesia eran los diezmos y las rentas de los bienes amortizados (casas y tierras). En 1723 las instituciones eclesiásticas poseían, en la ciudad de Zaragoza, 2.016 inmuebles; el 44% del caserío total, y según los censos de 1787 y 1797, la Iglesia poseía hasta el 20% de las tierras de Aragón (García Pérez, citado por R. M. Blasco en Zaragoza en el siglo XVIII (Zaragoza, 1977). Aunque la Iglesia estaba en principio exenta de impuestos, acabó pagando, al igual que en Castilla, el subsidio (contribución al rey sobre la renta de beneficios), el excusado (sobre los diezmos) y los novales (que gravaban las nuevas tierras y los nuevos regadíos). Aún así, los bienes de la Iglesia, e incluso aquellos que poseían los eclesiásticos a título personal, gozaban de un tratamiento fiscal privilegiado.

-El regalismo y la expulsión de los jesuitas Buscar voz...: Más que una doctrina teñida casi siempre de jansenismo (como es el caso del humanista valenciano Gregorio Mayáns y Siscar y de su grupo), el regalismo español fue la ejecutoria política de los Borbones y de sus ministros "ilustrados". De una parte podemos considerar el regalismo como una reacción del Estado ante las injerencias de la Santa Sede y, de otra, como una injerencia estatal en los asuntos propios de la Iglesia. Lo característico fue la tipificación de las regalías (regium exequatur, o "pase regio", sin el que no podían promulgarse los documentos pontificios; control de la correspondencia de los obispos con la Santa Sede, Real Patronato Universal; atribución a la Corona de determinadas rentas eclesiásticas, etc.) como mayestáticas, o derechos inalienables de los reyes. Además, los gobiernos regalistas favorecieron el resurgir de una conciencia nacional en el episcopado y resolvieron en favor de los obispos viejas querellas con el papa. (Así, mientras el decreto de Urquijo devolvía a los obispos "la plenitud de sus facultades" en las dispensas matrimoniales se retrasa la publicación de la bula pontificia en la que se condenaba el sínodo de Pistoya.) Lo que explica que hubiera también muchos obispos regalistas.

Tres grandes figuras aragonesas, tres ilustrados, tuvieron que ver personalmente con la expulsión de los jesuitas: Aranda Buscar voz..., Roda Buscar voz... y Azara Buscar voz...; pero fue el "golilla" Manuel de Roda -y no el conde de Aranda, como se ha dicho- el auténtico responsable, así como el sigiloso instigador de la "pesquisa secreta". En favor de la expulsión se manifestaron también los obispos de Tarazona y de Albarracín; el arzobispo de Zaragoza, Juan Sáenz de Buruaga, y el provincial de los escolapios de Aragón, P. Mateo Bruno. La Compañía de Jesús Buscar voz... tenía en Aragón los mejores colegios de humanidades, especialmente en Zaragoza, Huesca, Calatayud, Tarazona, Teruel, Graus. En algunos sitios, como en Zaragoza, fueron reemplazados los jesuitas por sus rivales: los escolapios Buscar voz.... Entre los exiliados jesuitas aragoneses hay que destacar a los PP. Joaquín Millás, Gregorio Garcés, Vicente Requeno y San José de Pignatelli Buscar voz....

-La "ilustración": La perspectiva de cambio, el sentido de lo útil, la confianza en la razón y en el progreso, el deseo de felicidad, el amor a la propia tierra o al país, el descontento y la crítica a viejas instituciones, las nuevas luces y los nuevos valores, las voces de allende los Pirineos, movilizaron la voluntad y estimularon la inteligencia de una minoría de hombres muy activa que, si halló aliento y protección en un Estado joven, chocaría también con la incredulidad y la resistencia de una sociedad que no quería cambiar: nos referimos a los "ilustrados". Estos hombres pertenecen a las clases medias y a la burguesía que se desarrolla aprovechando la favorable coyuntura económica durante el reinado de Carlos III Buscar voz.... Sus aspiraciones coinciden con la vertiente reformista del absolutismo monárquico. Hay entre ellos funcionarios, párrocos, miembros de profesiones liberales, religiosos, intelectuales ("golillas" o "manteístas"), artistas, etc., pero también canónigos, obispos y algunos aristócratas. Su influencia es mayor en la segunda mitad de la centuria, y decae a finales de siglo ante el espectro de la guillotina y en una fase de recesión económica.

Los ilustrados aragoneses Buscar voz..., como los españoles en general, son unos perfectos "cristianos ilustrados"; su crítica se dirige a determinadas instituciones eclesiásticas, a los jesuitas, a los frailes, pero no es aún anticlerical y menos volteriana. Su actividad reformista enrola a muchos eclesiásticos, sobre todo a los párrocos y clero diocesano, que constituyen un notable vehículo de difusión y un instrumento de educación popular El clero ilustrado participa de todas las inquietudes y se interesa por todas las materias: por la Economía (Dámaso Generés Buscar voz..., Antonio Arteta Buscar voz..., etc.), por las Ciencias Naturales (José Asso, Ibáñez García, Miguel Monterde, etc.), por la Historia (Ramón de Huesca Buscar voz..., Traggia Buscar voz..., Latassa Buscar voz..., Abbad y Lasierra Buscar voz..., etc.), por la Biología y la Medicina (como el famosísimo P. Rodríguez, benedictino de Veruela), por la Pedagogía (como el jesuita Joaquín Millás o el escolapio Pedro Celma), etc. El prototipo de clérigo ilustrado es, sin duda, el canónigo Ramón de Pignatelli Buscar voz..., animador de la vida intelectual, empresario eficaz, promotor de riqueza para su país, benefactor insigne.

-La beneficencia Buscar voz...: Aparte de las funciones tradicionales o exclusivas del clero, como la predicación y la catequesis (recordemos aquí al P. Cayetano Ramo), la administración de sacramentos y el culto en general, la Iglesia desarrolla con eficacia otras dos que están más de acuerdo con el espíritu ilustrado: la beneficencia y la enseñanza. La primera adquiere una mayor racionalidad y hasta connotaciones de asistencia social; la segunda rebasa ampliamente el área de la educación en la fe cristiana.

El Hospital de Nuestra Señora de Gracia Buscar voz..., regido por la Sitiada o junta de cinco personas "dedicadas al servicio de Dios", acrecienta en este siglo su popularidad, su prestigio y hasta sus instalaciones.

Destruido el Hospital de Nuestra Señora de Gracia en la guerra de la Independencia, ocuparía el edificio del Hospital o Casa de Convalecientes (otra institución benéfica fundada por el arzobispo Diego Castrillo en 1677). La Casa de Misericordia comenzó a funcionar en 1669, por iniciativa de la Hermandad de Nuestra Señora de Misericordia, con la colaboración del concejo, la limosna de todos los fieles y el patronazgo de veinticuatro conventos. En 1777 se rehizo el edificio gracias al entusiasmo y generosidad de dos promotores, el arzobispo Agustín de Lezo Palomeque y el canónigo Pignatelli, que obtuvo cuantiosos recursos de la plaza de toros que había construido en 1764. En su estilo -como centro benéfico, formativo e industrial al mismo tiempo- fue uno de los más importantes de España. La Casa de Misericordia de Huesca fue fundada por el obispo Joaquín Sánchez de Cutanda en 1794, y la de Teruel, de prolija gestación, por su prelado Félix Rico en 1798. A finales de siglo, sobre las fundaciones de beneficencia promovidas por la caridad cristiana se extendería la filantropía de los ilustrados y la planificación asistencial del Estado. Aparecen las Juntas de Caridad, comienza la Desamortización Buscar voz....

De los Montes de Piedad, el primero de todos se fundó en Madrid en 1702 y fue obra del sacerdote Francisco Piquer (nacido en Valbona, Teruel). No obstante, el mismo Piquer nos dice que ya existía otro en Calatayud y el suyo obtendría la aprobación de las Ordenanzas en 1769. El segundo Monte de Piedad se erige en Zaragoza en 1751, por la Congregación de los Pobres Enfermos del Santo Hospital de Nuestra Señora de Gracia (o Hermandad de la Sopa, ya mencionada). Estos establecimientos de crédito libraron a muchos pobres de la usura, ya que al principio prestaban sin interés alguno. Otro, que funcionaba veladamente al fin de la centuria, era el Montepío de Labradores del Arzobispado de Zaragoza.

-La Enseñanza: La Iglesia continúa manteniendo su presencia en la decadente institución universitaria. En la Universidad de Huesca, el rector es estatutariamente un eclesiástico regular, y el maestrescuela una dignidad de su catedral; en la de Zaragoza el arzobispo ostenta el cargo honorífico de canciller, y el rector es una personalidad de la Iglesia zaragozana. En ambas se enseña Teología, Cánones y Filosofía Escolástica. Tomistas suarecianos y escotistas disputan entre sí, y los frailes (dominicos Buscar voz..., agustinos, carmelitas Buscar voz..., etc.) se reparten las cátedras. Por lo que se refiere a los colegios universitarios sucede lo mismo: la mayoría son de religiosos, y desde luego los de mayor vitalidad. Pero la clase ascendente ("manteístas" o "golillas") no se educa ya en estos colegios. Con la reforma de 1777, los colegios seglares se extinguen y los religiosos se repliegan sobre sus conventos.

La enseñanza de grado medio se imparte normalmente en los colegios de religiosos. En Zaragoza, los jesuitas tienen la "exclusiva" de la Gramática, por convenio con el concejo. Después de una larga lucha, que salta a la calle y divide en dos partidos a los alumnos y a los vecinos, los escolapios consiguen de Carlos III, en 1760, la licencia para abrir aulas de Gramática.

La escuela universal y gratuita, la escuela popular, da sus primeros pasos de manos de los escolapios Buscar voz.... Su "piedad" se adelanta a la filantropía de la burguesía ilustrada y se muestra más progresiva. Las Escuelas Pías, fundadas en Roma el año santo de 1600 por el aragonés José de Calasanz Buscar voz..., comienzan su "edad de oro" a mediados del siglo XVIII. En 1677 se establecen en Barbastro y después en Benabarre, Peralta de la Sal, Tramacastilla (y Albarracín), Daroca, Alcañiz, etc. En Zaragoza lo hacen en 1733. En este contexto debemos reseñar, también, el establecimiento en Zaragoza de la Compañía de María o de "la Enseñanza" (1744) y la labor docente que comienzan las dominicas, en cuanto a la enseñanza gratuita de las niñas. La sensibilidad de los obispos en este punto es de lo más aleccionador: ya en 1752 el de Huesca, Antonio Sánchez Sardinero, promueve la creación de escuelas primarias y gratuitas para niños y niñas; el de Teruel, Roque Martín Merino (1788), dirige una circular a todos los párrocos interesándose por el estado de la enseñanza en los pueblos, y como resultado de su gestión se establecen 11 magisterios de niños y 52 de niñas (que eran las más desatendidas), y algo semejante hace el arzobispo de Zaragoza, Lezo de Palomeque.

En todos estos afanes por la escuela pública y, en general, por la extensión y promoción de la cultura en los pueblos, los párrocos colaboraron intensamente con las Sociedades de Amigos del País, estimuladas por el despotismo ilustrado y erigidas frecuentemente por iniciativa de ilustres eclesiásticos. La Real Sociedad Económica Aragonesa Buscar voz..., una de las más importantes de España, con sede en Zaragoza, había sido creada a partir de la convocatoria del deán Hernández P. de Larrea y el marqués de Ayerbe. La de Jaca y sus montañas, en el momento de constituirse, contaba con 162 socios, de los que 40 eran numerarios y de éstos 13 eran eclesiásticos; pero de los 99 socios correspondientes, 70 eran párrocos y vicarios de la Jacetania. Cuando la R.S.E.A. funda en Zaragoza una Cátedra de Agricultura (1778) para promover a los labradores y crear riqueza en el campo, es consciente de que necesita la ayuda de los párrocos. Inmediatamente encomienda a Josefa Amar y Borbón Buscar voz... que traduzca el libro de Grimaldi, recién publicado en Milán, y en donde se responde a la pregunta de "si corresponde a los párrocos y curas de aldea el instruir a los labradores en los buenos elementos de la economía campestre". Este libro se distribuye ampliamente entre el clero rural.

-La reforma en los seminarios: Por otra parte, Carlos III, consciente de la utilidad del clero diocesano y haciendo uso del Real Patronato, promueve la creación de nuevos seminarios y la reforma de los antiguos. Los Seminarios Conciliares, o ad instar Concilii, deberán ser la garantía de aquella ilustración del clero tan conveniente a la Iglesia como al Estado. Una buena coyuntura se presentaba con la expulsión de los jesuitas y el desalojo de sus colegios. De modo que, al año siguiente de su expulsión, los obispos reciben la Real Cédula de "erección de Seminarios Conciliares para la educación del clero". Inmediatamente, en 1769, se funda el Seminario Conciliar y Real de Teruel en el colegio jesuítico de la Dolorosa y, años más tarde, en 1788, el arzobispo A. Lezo de Palomeque erige otros dos en Zaragoza: el de San Valero y San Braulio, junto al otro que es el Sacerdotal de San Carlos, donde se conserva hasta nuestros días la valiosa biblioteca donada por el ministro Roda. Las nuevas constituciones de estos seminarios servirán de modelo a otros muchos en toda España.

Pero esta reforma oficial se beneficiará de una experiencia anterior. En 1705, el sacerdote aragonés Francisco Ferrer (+ 1746), natural de Monesma, había fundado en el santuario de Nuestra Señora de la Bella (Castejón del Puente) un seminario que sería trasladado después a Barbastro. Asimismo, una congregación de presbíteros seculares misioneros (los Píos Operarios Evangélicos), para las misiones populares y la formación de aspirantes al sacerdocio. Estos Operarios, siguiendo de cerca la escuela sacerdotal francesa del siglo anterior, pretenden una educación en un ambiente más familiar y recogido y, a pesar de su disciplina conservadora, dan señales de mayor comprensión y humanismo. Cuando el operario Francisco González y Giménez de Baylo (Ejea, 1702) funda y dirige en el santuario de Nuestra Señora de los Desamparados el seminario de Belchite (trasladado también, más tarde, a Zaragoza), su congregación proyecta otros en distintos santuarios de la Virgen: en Nuestra Señora de Xarea (Sesa) de la diócesis de Huesca, Nuestra Señora de Zigüela (diócesis de Tarazona), Nuestra Señora de Victoria (diócesis de Jaca). En estas circunstancias, la Universidad Sertoriana se dirige al rey para que impida la fundación del seminario de Belchite "con las cláusulas que se intentan". Los Operarios fundarían también en Orihuela, en Madrid y otras partes. Sus seminarios constituyen el precedente más significativo de la reforma de Carlos III.

Por la misma razón que se apreciaba a los seculares -la utilidad- se deseaba la reforma y la reducción del número excesivo de los regulares. Lorenzo Normante Buscar voz..., joven profesor en la cátedra de Economía de Zaragoza, recién creada por la R.S.E.A., defiende en 1786 que se retrase la edad para la profesión religiosa y el ingreso en los conventos, a fin de poner coto al celibato y evitar la pérdida de tantos hombres útiles. En Adviento de este mismo año llega a Zaragoza el famoso predicador capuchino fray Diego de Cádiz Buscar voz... y ataca duramente las opiniones de Normante. Por ventura el joven profesor encuentra el apoyo del deán Hernández P. de Larrea y de otros ilustres eclesiásticos.

Siglo XIX (hasta el Vaticano I): La guerra de la Independencia Buscar voz... ha sido contada y cantada frecuentemente en clave religiosa. Fue muchas cosas más: por ejemplo, un fenómeno romántico, una guerra de liberación nacional y el principio del fin del Antiguo Régimen Buscar voz.... Pero fue también, sin duda, una "guerra santa", "divinal y salvífica" en frase de la época. El estamento eclesiástico en su conjunto la apoyó, curas y frailes resistieron en los Sitios (Sas Buscar voz..., Boggiero Buscar voz..., P. José de la Consolación Buscar voz..., Bonald Buscar voz..., etc.) y hostigaron al invasor en las guerrillas. La Iglesia armó espiritualmente al pueblo. El obispo de Barbastro hizo un llamamiento "en defensa de la religión, del rey, de la patria y del honor". La Gaceta de Madrid, tratando de justificar el carácter vindicativo del decreto de exclaustración Buscar voz... del rey José, que se aplicó por vez primera en la Zaragoza recién ocupada, echaba en cara a los frailes el haber difundido el fanatismo y la superstición y haber sido los causantes de la "inútil" resistencia de los Sitios. No obstante, hubo también clérigos afrancesados; así el arzobispo de Zaragoza, Arce, y, sobre todo, su auxiliar M. Suárez de Santander Buscar voz..., quien sería nombrado por el general Suchet comisario eclesiástico de Aragón.

En cuanto a las Cortes de Cádiz, alejadas geográfica y psicológicamente del pueblo aragonés en lucha nacional contra la francesada, de los quince diputados Buscar voz... que tuvo Aragón cuatro eran eclesiásticos, entre ellos el matemático y economista Duasso Buscar voz... y el canónigo de Teruel y amigo de Antillón Buscar voz..., Vicente Pascual, quien fue presidente de la Cámara. A la encuesta preparatoria de las Cortes, dirigida a los obispos por la Junta Central, contestaron los de Albarracín, Teruel y Barbastro. Este último, A. I. Abbad y Lasierra, se declara en su informe constitucionalista y partidario de la división de poderes. En cambio el de Teruel, Blas J. Álvarez de Palma, sería uno de los seis obispos refugiados en Mallorca que firmaría la famosa Instrucción pastoral, en la que se hacía una apasionante defensa de los principios absolutistas y se denigraba como irreligiosa aquella Constitución que comenzaba invocando a la Santísima Trinidad. Las pequeñas reformas que introducía el texto constitucional en materia religiosa iban, por lo que se ve, más lejos de los deseos reformistas de estos obispos ultramontanos, y, sin contentar a los liberales, exacerbaba a los serviles.

Por otra parte el pueblo, en su mayoría analfabeto, ni siquiera entendía el significado de la palabra "constitución" y encontraba sencillamente normal que el rey mandara y los demás obedecieran. De modo que el 6-IV-1814 recibía Zaragoza con entusiasmo al Deseado y, a los pocos días, se retiraba del convento de San Francisco la placa conmemorativa de la Constitución. El 4 de marzo, ya desde Valencia, Fernando VII, promete la felicidad a sus súbditos por decreto y sobre la base del trono y del altar "estrechamente unidos en lazo indisoluble". Se acabó la reforma, no sólo la de José, sino también la de las Cortes de Cádiz, mucho más moderada: se devuelven los conventos, se anulan las secularizaciones y se manda ingresar en ellos incluso a los frailes que ya no lo desean, se restablece la Compañía de Jesús, se reinstaura la Inquisición, se destierra a los afrancesados, se persigue a los liberales, se premia a los serviles. Álvarez de Palma es promovido a la sede de Granada; Jerónimo Castellón y Salas, uno de los firmantes del Manifiesto de los persas, ocupa la sede vacante de Tarazona y es nombrado inquisidor general (el último)... Por el contrario, Suárez de Santander, que había sido elevado a la sede de Sevilla, y el arzobispo de Zaragoza, Arce, aceptan la renuncia que les ofrece el papa a instancias del rey y se refugian en Francia. En la cátedra de San Braulio se sienta ahora un absolutista, Manuel Vicente Martínez.

Pero el 5-III-1820 se proclama en Zaragoza la Constitución y, después de un solemne Te Deum en el Pilar, se coloca otra vez en su sitio la placa conmemorativa. Las parroquias de la ciudad eligen a los miembros de la Junta Suprema de Aragón, entre los que están el canónigo Marco y un cura guerrillero, Pantaleón Espín, como vicesecretario. Muy pronto se produce la primera actividad de los apostólicos en Zaragoza, donde intentan retirar de nuevo la placa de la Constitución, y el pueblo, que sospecha del arzobispo, marcha contra el palacio arzobispal. Durante el trienio constitucional se suprime otra vez la Compañía de Jesús y la lnquisición (cuyas cárceles, en las que había un solo preso, son asaltadas), se reduce drásticamente el número de conventos, se acomete una desamortización más ambiciosa, se hace jurar la Constitución en las Iglesias, se aleja de las diócesis a los obispos absolutistas como el mencionado de Tarazona... Mientras tanto proliferan ya las partidas realistas y por el Alto Aragón se mueve el Trapense (Antonio de Marañón Buscar voz...), un fraile exaltado que encarna y encauza la violencia de la guerrilla y reviste su venganza con metáforas bíblicas.

Llegan a España los "cien mil hijos de San Luis" y el ayuntamiento de Zaragoza, con timbales y clarines, recibe al mariscal francés conde de Melitor, en la puerta de Santa Engracia y le entrega las llaves de la ciudad. Comienza la década ominosa. Los obispos absolutistas (entre ellos, el nuevo de Zaragoza, Francés Caballero Buscar voz...) piden con insistencia que se abran los tribunales de la Inquisición y, al no conseguirlo, organizan las juntas de fe. Se persigue a los "doceañistas Buscar voz...", se les destierra o se les reduce a la clandestinidad, se censuran los libros, se controla ideológicamente los seminarios y universidades (que llegan a cerrarse), se purga el clero, se organizan misiones para convertir a los seducidos por los "filósofos", se devuelven los conventos y una minoría de frailes liberales padece en ellos toda clase de vejámenes por parte de sus hermanos y de sus superiores.

Y cuando Fernando VII manifiesta la menor debilidad o comprensión hacia los moderados, se conspira en la Corte y se busca la salvación de la religión en Don Carlos. El obispo aragonés Abarca Buscar voz..., amigo de Calomarde Buscar voz..., abandona la sede de León para unirse a los apostólicos y, desde los montes de Galicia escribe al rey para demostrarle que las mujeres no pueden suceder al trono en la Corona de Aragón. Con todo, la gran mayoría de los obispos acatan la voluntad del rey moribundo y aceptan la sucesión de Isabel II.

-La "Revolución Burguesa": En la década de las Regencias (1833-1843) se dan pasos decisivos para la liquidación del Antiguo Régimen Buscar voz..., y en este contexto, se lleva a cabo la gran Desamortización Buscar voz... de los bienes de la Iglesia (que beneficiará a la burguesía) y la exclaustración Buscar voz... de los regulares. La reforma de la Iglesia se piensa realizar desde presupuestos regalistas y con criterios ilustrados de utilidad y racionalidad. Para ello se forma unilateralmente, no obstante las conversaciones mantenidas con la Santa Sede, una Junta Eclesiástica, entre cuyos miembros está el obispo electo de Teruel, Liñán, y el de Huesca, Ramos de San Blas. Algunas órdenes religiosas dedicadas a la enseñanza (los escolapios) y a la beneficencia (Hospitalarios, Hermanas de la Caridad) sobrevivirán. Estas medidas contra la Iglesia provocan la reacción, y la voluntad del clero se decanta cada vez más en favor de la causa carlista.

La revolución burguesa es en principio un fenómeno urbano y, por lo que respecta a Aragón, Zaragoza es el epicentro. Es aquí donde se dan también los primeros brotes de anticlericalismo Buscar voz... violento. Francés Caballero había retirado las licencias a dos sacerdotes liberales y al parecer llegó a incitar a un levantamiento carlista, lo que provocó un motín callejero con matanza de frailes y quema de conventos el 3-IV-1835. Al día siguiente el arzobispo fue deportado a Barcelona. A los tres meses hubo otro motín de mayores consecuencias, en el que perecieron once religiosos y fueron incendiados los conventos de San Agustín, Santo Domingo y San Lázaro.

La ciudad de Zaragoza se convierte en baluarte de los liberales ("cincomarzada Buscar voz...") y en foco del esparterismo, mientras las partidas carlistas recorren los campos de Aragón, se refugian en los conventos, se organizan y hacen fuertes en el Maestrazgo. Hay curas y frailes que se unen a la facción carlista y, en represalia, se cierran algunos conventos sin esperar a la exclaustración general de 1836. En ausencia del arzobispo legítimo, la sede metropolitana es ocupada a instancias del Gobierno por el intruso Manuel de la Rica, a quien una parte del cabildo y del clero niegan obediencia, y lo mismo sucede en la sufragánea de Tarazona (ocupada por Rodrigo Valdés Busto, que había sido diputado por Asturias en 1822, y sería confesor de la reina María Cristina y senador del reino en 1837). El Regente, con la ayuda de sus obispos, se esfuerza por quebrantar la resistencia del clero a las nuevas medidas de reforma que quiere introducir en la disciplina interna de la Iglesia, llegándose en 1841 al borde del cisma y a serios conflictos con la Santa Sede.

Pero las cosas cambian otra vez con la caída de Espartero y el acceso al poder de los moderados. La Iglesia acepta como un hecho consumado la desamortización de sus bienes y recibe, en contrapartida y a título de indemnización, una dotación estatal para el mantenimiento del culto y clero. Adviértase que en 1837 se había abolido el diezmo como obligación civil legalmente exigible por la Iglesia, y que ya antes algunos se negaban a satisfacerla. Esto hacía más urgente el problema de la dotación del clero. En el Concordato se declara también que la religión católica, apostólica y romana es la única de la nación española (art. 1), y en consecuencia la enseñanza en las escuelas deberá impartirse según la doctrina de la Iglesia y bajo la vigilancia de los ordinarios (art. 2). En el art. 6 se reestructura la provincia eclesiástica de Zaragoza.

No obstante el carácter regresivo de algunos artículos fundamentales, el Concordato de 1851 inaugura un nuevo tipo de relaciones entre la Iglesia y el Estado sobre la base de una mayor distinción e independencia mutua. Es por eso por lo que el Concordato debe interpretarse en el contexto de un largo proceso de secularización en el que no hay retorno al Antiguo Régimen. Ni en esta restauración moderada, ni en la que sigue al "trienio progresista" (1854-56), ni en ninguna otra restauración de las que van a venir todavía hasta el régimen franquista, la Iglesia conseguirá recuperar todas las posiciones perdidas. Conservará aún por largo tiempo una gran influencia en el medio rural, pero será cada vez menor en la sociedad secularizada que surge con la revolución burguesa a impulsos de la industrialización y de la consiguiente concentración demográfica en las grandes ciudades (Zaragoza dobla el número de sus habitantes en el XIX y lo multiplica por seis en lo que va del XX).

-La Iglesia frente al liberalismo: La Iglesia responde a la nueva situación condenando el liberalismo: Quanta cura y Syllabus (1864). Aunque la actitud de Pío IX y la mayor parte del contenido de estos documentos no podían desagradar en principio al gobierno antiliberal de Narváez, la condena que se hacía en ellos del regalismo planteaba otra vez la cuestión del exequatur. El aragonés V. de Lafuente zanjará la polémica con su opúsculo La retención de bulas en España ante la Historia y el Derecho (1865).

En segundo lugar, aparece el fenómeno religioso de la devoción al papa, de la adhesión incondicional al Santo Padre: en 1850 se realiza por vez primera una colecta por el papa (el arzobispo de Zaragoza, Gómez de las Rivas, participa con 25.000 reales); diez años más tarde se organiza la asociación del Dinero de San Pedro, de la que es un gran entusiasta otro arzobispo de Zaragoza, el cardenal García Gil.

En 1868, cuando estalla la "Septembrina", la junta revolucionaria de Zaragoza se apresura a expulsar a los jesuitas y la de Huesca destierra al obispo Gil Bueno, reduce el número de conventos de religiosas, decreta la libertad de trabajo en días festivos, comienza el derribo de algunas iglesias, etc. Pero estas medidas y la ola de anticlericalismo que las acompaña no reflejan la opinión general: la Asociación de Católicos, que surge al amparo de la libertad de asociación (decretos de Sagasta del 1 y 20-XI-1868) promueve una campaña de recogida de firmas para pedir a las Cortes Constituyentes que "se sirvan decretar que la religión católica, apostólica, romana, única verdadera, continúa siendo y será perpetuamente la religión de la nación española". Se recogieron tres millones y medio de firmas, y entre las provincias en donde se obtuvo un mayor éxito figuran las de Zaragoza y Teruel.

En el verano de 1869, con el avance de la insurrección carlista, y ante el hecho de que algunos predican una guerra santa (como "el cura Paulino" por las calles de Calatayud) e incluso toman las armas contra el gobierno constituido (p. e., "el cura de Bañón"), el ministro Ruiz Zorrilla ordena a los obispos que reduzcan a obediencia a los sediciosos y que les quiten, si es preciso, las licencias. Todos los prelados aragoneses, con la excepción del cardenal García Gil y del obispo de Tarazona, el carlista Madorrán, se pliegan a la voluntad del ministro, pero se negaron unánimemente a jurar la nueva Constitución de 1869.

Del Vaticano I Buscar voz... al Vaticano II Buscar voz...: Restauración de las órdenes religiosas y movilización de los seglares: En las sucesivas desamortizaciones la Iglesia había perdido la base material de su poder, y con la exclaustración buena parte de sus efectivos humanos. Las órdenes masculinas eran habas contadas (los escolapios y los misioneros -sobre todo, paúles y claretianos-, que gozaron de un trato especial en el Concordato de 1851), mientras que subsistían precariamente las órdenes femeninas antiguas y comenzaban a fundarse otras nuevas. También el clero secular había disminuido considerablemente en comparación con el pasado siglo. Si en el XVIII podían contarse en la ciudad de Zaragoza, con sólo 30.000 habitantes, hasta 400 clérigos seculares, en 1867 había en toda la diócesis 914 para 400.000 habitantes. Con todo, la situación era envidiable en relación con la venidera.

Si hacemos hincapié en estos datos es para subrayar lo que, a nuestro juicio, constituye el hecho mayor de la historia que reseñarnos, capaz por sí sólo de reducir a simple anécdota cuanto nos queda por decir: el proceso de secularización. En este proceso la Iglesia irá perdiendo también funciones y posiciones. Ya en 1832 comienza la secularización de las Universidades, al suprimirse el cargo de canciller, que en Zaragoza ostentaba el arzobispo; pero será en 1868 cuando se consume con la supresión definitiva de la cátedra de Teología. En adelante su enseñanza se impartirá solamente en los Seminarios y en las Universidades Pontificias instauradas por León XIII en 1896-97, entre ellas la de Zaragoza hasta el año 1931. Sin embargo, será en el área de la enseñanza, en el grado medio, donde la Iglesia conseguirá incluso un auténtico monopolio con la ayuda de las órdenes religiosas Buscar voz.... La otra función en la que se va a mantener con mayor incidencia en la sociedad será la benéfica y asistencial. Por lo demás, la carencia del clero se suplirá en parte con la movilización de los seglares.

Perseguida por anticlericalismo Buscar voz..., despojada de sus bienes y disminuida en sus recursos humanos, la Iglesia como institución se recupera en el marco de la dinastía alfonsina restaurada en Sagunto. No abandonará su actitud de condena al liberalismo, pero sabrá utilizar la libertad de asociación para rehacer las órdenes religiosas antiguas y fundar otras nuevas que se harán cargo de la enseñanza y de la beneficencia. En 1873 Saturnino López Novoa Buscar voz... funda en Barbastro, en colaboración con Santa Teresa de Jesús Jornet, las Hermanitas de los Ancianos Desamparados Buscar voz.... Ya los ilustrados discutieron sobre el régimen hospitalario y algunos defendieron como alternativa la asistencia domiciliaria a los enfermos, pero hubo que esperar hasta 1851 para que otro sacerdote aragonés, Miguel Martínez Sanz, fundara con ese objetivo las Siervas de María, que obtuvieron la aprobación definitiva en 1898 y se establecieron pronto en las diócesis de Barbastro, Huesca, Tarazona, etc. En 1856 fundaron en Zaragoza las Adoratrices y en 1880 lo hicieron las Oblatas del Santísimo Redentor, dos órdenes nuevas para la protección de jóvenes extraviadas. A las antiguas existentes que venían dedicándose en parte o principalmente a la enseñanza (Compañía de María, Hijas de la Caridad, HH. de la Caridad de Santa Ana, etc.) se unieron otras recién fundadas (Franciscanas de la Inmaculada, Damas Catequísticas, Carmelitas de la Caridad, Jesús y María, etc.) a finales y principios de siglo. Más tarde llegaron los religiosos de la enseñanza, aunque aportaron innovaciones de mayor entidad (los Maristas fundan en Zaragoza en 1903, los HH. de la Salle en 1916, etc.), y los dedicados a la reeducación o rehabilitación de los jóvenes (Terciarios Capuchinos, Clérigos de San Viator). A caballo entre la enseñanza y la promoción social con tintes de beneficencia, funciona en Zaragoza desde 1882 un círculo católico con el nombre de Sociedad Protectora de Jóvenes Obreros y Comerciantes; en este círculo ubicado en la calle Fuenclara, daba clases el sacerdote caspolino Teodoro Castellano, quien introduciría más tarde, en 1908, las Escuelas del Ave María, y sería el organizador de otras asociaciones (la de Antiguos Alumnos Obreros en 1918, la de Maestros Católicos en 1922).

Los círculos católicos Buscar voz..., difundidos en Aragón a finales de siglo, y los congresos católicos Buscar voz... canalizaron por unos años el nuevo movimiento asociativo de los seglares, que ya, en el siglo siguiente culminaría en las organizaciones de la Acción Católica, definida como participación de los fieles en el apostolado jerárquico de la Iglesia. Respondiendo a la llamada de León XIII, la Obra de los Congresos pretendía "el común sentir de los ánimos y la unión de las voluntades" de los católicos para, superando el desgarrón producido por la contienda integrista, hacer frente al enemigo común. En el II Congreso, celebrado en Zaragoza (octubre de 1890), se tomaron medidas concretas para "extirpar la funesta semilla de contiendas y divisiones". Por lo demás, se dio un avance respecto a la temática abordada. Respondiendo a los objetivos señalados por el Reglamento de los Congresos se trató de la familia, de la enseñanza y de la escuela cristiana, y de la caridad, pero esta tercera sección se subdividió en otras dos para dar cabida a la cuestión social. Incluso se creó entonces una Comisión permanente para los problemas sociales, aunque el contexto en que éstos se planteaban condicionaría cualquier solución e impediría una práctica adecuada a la gravedad de las circunstancias.

Al año siguiente aparece la encíclica Rerum Novarum. En 1894 se organiza la magna peregrinación a Roma (18.000 obreros de toda España) para corresponder a la solicitud de León XIII: al frente de una nutrida representación aragonesa va D. Pedro Dosset Buscar voz.... Todos estos impulsos derivan en una serie de iniciativas de mayor alcance cuando, a principios de siglo, aparece la Acción Social Católica Buscar voz.... La gran personalidad de Severino Aznar Buscar voz..., pionero de la Sociología, le convierte en el líder y aglutinante de un grupo de intelectuales, catedráticos, canónigos, apóstoles sociales y hombres de la burguesía zaragozana, entre los que hay que destacar a S. Minguijón Buscar voz..., Inocencio Jiménez Buscar voz... y el publicista J. Latre, director de El Pilar Buscar voz... y que firma habitualmente con el seudónimo "J. Le Brun". El órgano de expresión de este grupo será La Paz Social, revista fundada en Zaragoza en 1907. Aparte de otras fundaciones y obras sociales (p. e., la Caja de Ahorros y de Préstamos de la Inmaculada Concepción de Zaragoza), en el haber de los católico-sociales está en buena parte la publicación de El Noticiero Buscar voz... desde 1901 y, sobre todo, la organización del sindicalismo católico agrario bajo la dirección de Jorge Jordana de Pozas. El Sindicato Central de Aragón de Asociaciones Agrarias Católicas (1909) -reorganizado en 1918 por el joven terrateniente J. M. Azara, propagadandista de la Asociación Católica N. de Propagandistas Buscar voz...-, consigue agrupar en 1924 a 40.000 socios en 300 asociaciones. La A.C.N.P. se implanta en Zaragoza en 1918 con miembros de la Congregación de los Luises y de la rama juvenil de la Acción Social Católica. Hay también otras ramas especializadas de la Acción Social Católica, como la de Mujeres, que servirán de base para la formación de las correspondientes ramas especializadas de la A.C., cuyo esplendor hay que situar ya en la época franquista. La actividad estrictamente política de la Acción Social Católica y de otras formaciones afines se configura a partir del Manifiesto-Programa (julio de 1919) del Grupo Demócrata Cristiano -redactado por Severino Aznar, difundido por Prensa Asociada, elogiado por El Debate y significativamente silenciado por El Siglo Futuro- y la creación en 1923 del Partido Social Popular Buscar voz.... De modo que la adaptación de la Iglesia a los nuevos tiempos, a partir de la revolución de 1968, termina en una alianza con la derecha. La victoria del nacional-catolicismo será una prueba más de esta alianza y del fracaso rotundo del catolicismo social.

-La intra-historia de la Iglesia: Lo que sigue en adelante en esa dirección escapa ya de la historia de la Iglesia en sentido estricto. Y en cuanto al desarrollo ulterior de las organizaciones apostólicas, debemos contentarnos con remitir a la historia de la Acción Católica Buscar voz..., Asociación Católica Nacional de Propagandistas Buscar voz..., del apostolado seglar Buscar voz..., el asociacionismo religioso Buscar voz..., Cursillos de Cristiandad, J.a.r.c., J.o.c., H.o.a.c., etc.

Podríamos comenzar, por ejemplo, con las misiones populares, como las que predicaban los claretianos de Alagón después de la crisis del 68 y en torno al año jubilar de 1881 (en Cantavieja consiguen que un famoso curandero conocido por el apodo de "tío Dios" abjurara de sus "ficciones" solemnemente: su retractación se publicaría en el Boletín de la diócesis); tales misiones no diferían en nada de las que se dieron durante la restauración absolutista de Fernando VII o de las que se darían, ya pasada la última guerra civil, cuando la peregrinación de la Virgen de Fátima por todas las parroquias.

Deberíamos adentrarnos también en el campo de las devociones y de las asociaciones piadosas (en donde las palabras clave son "desagravio", "expiación", "reparación", "consagración", "esclavitud", "adoración", que vemos aparecer en las distintas denominaciones de las nuevas órdenes religiosas y sobre todo en las femeninas: adoratrices, esclavas, siervas, oblatas, etc.). Entre las devociones había que señalar, al menos, las siguientes: a la Eucaristía (Adoración Nocturna; Jueves Eucarísticos, que tendrán su sede en Zaragoza, en donde se celebrará también un congreso eucarístico nacional en 1961), al Sagrado Corazón (Apostolado de la Oración, entronización en las casas y sobre los montes, primeros viernes), a la Virgen María (las Hijas de María, que a partir de finales del XIX se extienden por todas las parroquias; Medalla Milagrosa, introducida en España por el aragonés Miguel Martínez; Mes de Mayo -"las flores"-, congresos marianos de Zaragoza), a San Antonio de Padua (con el popular El Mensajero de San Antonio).

Tratamiento aparte merece la devoción al Pilar Buscar voz.... Los tres grandes "estirones" que experimenta la devoción pilarista coinciden con tres acontecimientos bélicos (la guerra de Secesión Catalana, la guerra de la Independencia y la última guerra civil), en los que se atribuye al Pilar una protección milagrosa. Por eso, cuando se mueve por las calles de Zaragoza "la estaca apaleadora de curas" y el arzobispo reacciona cerrando el Pilar, no puede extrañarnos si hasta un liberal como Mariano de Cavia Buscar voz... se consterna y ve en ello un malum signum para todos, porque, como escribe el insigne periodista, "en Aragón los que no creen en Dios... creen en la Virgen del Pilar". Pero una devoción que se vive como una seguridad es también el signum de una religiosidad y de una Iglesia inmovilista que se enroca en sus tradiciones y que, unas veces por fe y otras por miedo, sigue "abrazada a su Pilar", como canta desde 1908 en letra del canónigo F. Jardiel Buscar voz....

Otra vía de penetración en la espiritualidad de la Iglesia la hallamos en sus publicaciones o en "la buena prensa". La II Asamblea de la Buena Prensa Buscar voz... se celebró en Zaragoza (1908), pocos meses después del Concilio Buscar voz... provincial convocado por el cardenal Soldevila Buscar voz.... A ella se adhirieron multitud de publicaciones con licencia eclesiástica (las que no se publicaban con licencia se consideraron "mala prensa"), y de Aragón, entre otras, las siguientes: El Eco de la Cruz, El Pilar, El Cruzado Aragonés y El Noticiero. No podemos entrar aquí en un análisis de contenido de la "buena prensa" (incluyendo las "hojas parroquiales" como Mi Parroquia, que alcanzó tiradas seguramente superiores a las de cualquier publicación laica aragonesa hasta nuestros días). Como tampoco podemos entrar en los santuarios de la "buena formación", en los noviciados y seminarios, en los ejercicios espirituales, en los cursillos (con sus delirantes "Ultreyas"), en los colegios e internados regidos por órdenes religiosas... Digamos, al menos, que en el Seminario Menor de Alcorisa (que sustituyó al de Belchite después de la guerra del 36), los niños y adolescentes se iban a la cama después de hacer la "recomendación del alma" con una patética descripción de los estertores de la muerte y se les educaba en todo como pequeños monjes. Ya en el Seminario Mayor a los filósofos se les podía expulsar si eran sorprendidos leyendo las obras de Ortega o de Unamuno, pero en cambio se les ejercitaba en disputaciones escolásticas, argumentando in forma como en los mejores tiempos del siglo XIII. El modelo de sacerdote deseado era el Santo Cura de Ars, cuya biografía, declarada de interés para los párrocos en el XIX, se seguía leyendo en los refectorios de los seminarios hasta mediados del siglo XX. Esta espiritualidad agónica o de lucha contra el demonio, el mundo y la carne, sólo puede comprenderse si no olvidamos el acoso de la Iglesia por una sociedad en cambio que no quiere ni puede permanecer bajo su tutela; si recordamos también la violencia de las revoluciones, los desmanes del anticlericalismo, el trauma de la guerra de 1936. La persecución religiosa alcanzó límites sin precedentes, sobre todo en la diócesis de Barbastro, donde fueron asesinados el 87 % de sus sacerdotes, por el simple hecho de serlo, amén de muchos religiosos. La destrucción de iglesias y conventos, la quema de los archivos parroquiales, la devastación de obras de arte de gran valor histórico y sentimental deben añadirse a ese capítulo triste y oscuro de la última guerra civil.

-El nacional-catolicismo: El fin de la última guerra civil fue solemnizado en todas partes con actos religiosos: en Zaragoza se organizó un desfile de las parroquias al Pilar con la participación de unas 50.000 personas. El 12 de octubre de aquel mismo año el Caudillo, rodeado de su gobierno y de los embajadores hispano-americanos, lanzó en La Lonja de Zaragoza el pregón de la Hispanidad y en diciembre declaraba el Pilar "Templo Nacional y Santuario de la Raza". El 2-I-1940, terminada la consolidación de sus cimientos, el Templo Nacional, que había permanecido cerrado desde 1929 con la excepción de la Santa Capilla, se abrió de nuevo para recibir a numerosos peregrinos que acudían a dar gracias por la victoria y a conmemorar el centenario de la Venida de la Virgen a Zaragoza. Con estos signos nacional-catolicistas comenzaba la época de Franco. Se reconstruyeron los templos devastados, se llenaron los seminarios y hubo que levantar otros nuevos mucho más amplios, se implantó y creció la A.C. en todas partes (peregrinación de los jóvenes de A.C. a Santiago), llegaron los cursillistas cantando De colores..., proliferaron las órdenes religiosas en una segunda oleada de fundaciones de casas y de colegios, los institutos seculares (entre ellos el Opus Dei en la Universidad, pero también entre los sacerdotes rurales y especialmente en Teruel), se organizó Cáritas y se comenzó a repartir la leche americana...

De acuerdo con el Concordato de 1953, se introdujeron algunos cambios en la geografía eclesiástica de Aragón: Jaca pasó a la nueva provincia eclesiástica de Pamplona, algunos pueblos aragoneses que pertenecían a la diócesis de Lérida Buscar voz... pasaron a las de Huesca y Barbastro, sin que esto resolviera el problema de los límites eclesiásticos de la zona oriental de Aragón. Hasta los años 50, el espíritu que mueve a la Iglesia con todas sus obras es un motor inmóvil: el miedo a la libertad, el complejo de pureza en la doctrina y en las costumbres (en la ortodoxia catolicista y en el sexto mandamiento) continúan, como se ha dicho antes. Pero las cosas cambian con una generación que no ha hecho la guerra. A mediados de los 50, el examen particular se convierte en revisión de vida, los retiros en encuentros y convivencias, las promesas ("hacer una promesa"), en compromiso temporal... Comienza a soplar un espíritu nuevo. Entramos en los años 60.

-El Concilio Vaticano II y El "Postconcilio": El considerable desarrollo económico y social presiona sobre las estructuras del régimen y se alcanzan algunas concesiones inaplazables que repercuten sobre la vida asociativa -que hasta entonces venía discurriendo por cauces oficiales y por las organizaciones de la Iglesia- y sobre la libertad de expresión. Por otra parte, la apertura de las fronteras a la emigración y al turismo va a tener como consecuencia, no deseada, el intercambio de ideas. La elite del clero, que anteriormente se educaba en Salamanca y en Roma, accede a otras Universidades europeas. Para la Iglesia éstos son los años del Concilio y del "post-Concilio". Años de dialogo y de "aggiornamento" primero, y de crisis, contestación, marginación y abandono de muchos de sus apóstoles y militantes más tarde.

El vaciado de los seminarios y conventos y la creciente secularización de sacerdotes y religiosos debe considerarse también como fenómeno tardío de este período en el que la base más dinámica de la Iglesia se enfrenta con el inmovilismo de la jerarquía. En tiempos del Dr. Morcillo la diócesis de Zaragoza aún podía permitirse enviar sacerdotes a Iberoamérica, pero con el pontificado del Dr. Cantero la crisis se precipita en los seminarios, y se invita a suspender el curso normal de la carrera eclesiástica a muchos alumnos que después ya no serán readmitidos o no desearían volver. En 1970 para reducir gastos y agrupar el escaso número de seminaristas, se crea el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón Buscar voz... (en 2000 tiene entre 50 y 60 alumnos) en el que ya no continuarán algunos de los profesores más jóvenes y progresistas.

Por entonces algunos sacerdotes toman la iniciativa de trabajar "por libre" como sacerdotes obreros en Zaragoza, los cuales pronto serían vigilados de cerca por la Brigada Político Social (el mismo arzobispo reconocerá abiertamente que recibía información de la policía sobre sus sacerdotes). En 1969, para preparar la famosa Asamblea conjunta de obispos y sacerdotes, se realiza una encuesta al clero en casi toda España: el 76,7 % de los sacerdotes de la diócesis de Zaragoza menores de 30 años y el 55,5 % de los menores de 40, manifiestan su preferencia por el socialismo. A partir de esta Asamblea se descubre el nacionalcatolicismo como algo ajeno a los nuevos tiempos, y la secularización, en su más amplio sentido, se muestra como uno de los vectores de la modernidad.

La reformulación del "compromiso temporal" lleva a los militantes de los movimientos especializados (Hoac, Joc, Jarc, Jec, etc.) y a los sacerdotes obreros a los nacientes partidos políticos y a los sindicatos de la izquierda, mientras que las comunidades de base Buscar voz... se integran en el movimiento ciudadano. Un interesante trasvase de militancia: en las elecciones generales de 1977 el 66% de los candidatos de izquierda de todo Aragón se habían movido antes en ambientes cualificados de la Iglesia y en sus organizaciones de apostolado. Realizada ya la transición y en medio de una crisis económica, que se manifiesta cada vez más como una crisis de valores, la Iglesia ha entrado en una fase de involución cuyas consecuencias son imprevisibles. Mientras tanto la Iglesia de Zaragoza se prepara a recibir a Juan Pablo II.

-¿Iglesia de Aragón?: Institucionalmente, la Iglesia de Aragón no existe. Lo que sí existe es la provincia eclesiástica de Zaragoza, pero ésta, en 1980, ni siquiera se extendía a todo el territorio aragonés. Por otra parte, son las diócesis Buscar voz... y no las provincias eclesiásticas las que reciben el nombre de Iglesias particulares. En este sentido, tenemos varias Iglesias en Aragón, presididas por sus respectivos ordinarios. De hecho estas Iglesias funcionan por separado salvo en raras ocasiones: por ejemplo, después del Vaticano I los obispos aragoneses dirigieron a sus fieles una pastoral conjunta, a principios de nuestro siglo se celebró el concilio provincial de Zaragoza; y, en los primeros años de la etapa democrática, se dieron algunas tímidas señales de colaboración inducida quizás por el proceso autonómico. No obstante, el Vaticano II ha sentado las bases para crear conferencias nacionales y asambleas territoriales de obispos. Sin embargo, un desarrollo institucional en esa línea tiene sus dificultades y encuentra sus limitaciones en la estructura jerárquica de la Iglesia.

Por ello surgen voces demandando la adaptación de la geografía eclesiástica a la geografía política de Aragón. Para ello hay razones suficientes en lo que dice el Vaticano II cuando habla de la demarcación de las diócesis: "Atiéndase también, si es posible, a los límites de circunscripciones civiles y a las condiciones peculiares de las personas y de los lugares, por ejemplo psicológicas, económicas, geográficas, históricas" (Christus Dominus, 23,1). Pero, en opinión de algunos miembros de la Iglesia, la reivindicación de las parroquias de catalano-parlantes que pertenecen a la Franja de Lérida debe ir acompañada de una mayor sensibilidad por parte del clero aragonés para adaptarse a las circunstancias de esas parroquias. Circunstancias como el hecho lingüístico de la zona oriental no han sido tenidas en cuenta por los obispos aragoneses en el nombramiento de párrocos, con lo que éstos se han convertido, sin quererlo, en agentes de aculturación de muchos pueblos. Justamente en el mismo decreto Christus Dominus (ibidem, 3) se dice que "se provea a los fieles de otra lengua mediante sacerdotes de esa lengua".

-La iglesia aragonesa a finales del s. XX: La Iglesia en Aragón en su conjunto, presenta durante los últimos años los mismos signos que la Iglesia española en general. Luces y sombra la acompañan en este último tramo del siglo XX en vísperas del tercer milenio, tratando de acomodarse, a veces con dificultad, a los rápidos e intensos cambios culturales del tiempo y en consonancia con un Concilio Vaticano II que, se considera por algunos ya desfasado y lejano, y por otros todavía demasiado audaz y revolucionario. He aquí algunos síntomas globales que sugieren una Iglesia aragonesa con unas características propias que la definen y la sitúan en sus reales contornos.

El envejecimiento de su clero es el máximo problema para los años venideros. La media de edad de los sacerdotes en 1997 era de 60 años y nada hay que apunte a un relevo generacional, dada la gran sequía vocacional. Aragón se coloca en los primeros lugares de España por la escasez de seminaristas. Ha habido años en que alguna de las diócesis de la región no ha tenido si un solo seminarista en cursos teológicos ni una ordenación sacerdotal. A pesar de este sombrío horizonte, no apuntan iniciativas serias para el reclutamiento y formación de un laicado capaz de sustituir, en la medida de lo posible y de lo permitido, la ausencia de sacerdotes, sobre todo en los medios rurales.

En la cúpula jerárquica, en cambio, con todos los obispados cubiertos, se han olvidado tiempos en que Jaca, Teruel y, sobre todo, Tarazona pasaron por largos e incomprensibles períodos de sede vacante. Es más, la Conferencia Episcopal aragonesa cuenta con un prelado más de lo habitual desde que en 1990 se consagrará a un obispo auxiliar del arzobispo de Zaragoza. La nota más sobresaliente dentro de la jerarquía aragonesa fue la elección, en febrero de 1993, del arzobispo Yanes como presidente de la Conferencia Episcopal Española.

En el interior de la Iglesia en Aragón, se palpa un ritmo crecientemente regresivo de asociaciones y prácticas religiosas otrora florecientes y, que se las ve caminar con enorme lentitud o hacia su total desaparición. Es el caso de las cuatro ramas, con sus secciones especializadas, de Acción Católica Apostolado de la Oración, Jueves Eucarísticos, Adoración Nocturna, etc. Por el contrario han surgido otras formas de Apostolado Seglar Buscar voz..., más o menos nuevas, que parecen querer recuperar los viejos impulsos con estilos nuevos tanto en la espiritualidad como en la acción. Es el caso de Comunidades Cristianas de Vida, Neocatecumenales, Comunión y Liberación, Carismáticos, Talleres de oración, Vida Ascendente, Scouts, diversos Movimientos de Matrimonios, etc. La nueva estructuración organizativa de la vieja Acción Católica promovida en 1996 y 1997 por los obispos, no ha encontrado apenas eco y aceptación en el mundo de los laicos.

En la mayor parte de sus actividades pastorales, la iglesia aragonesa procura unir sus fuerzas y trabajar en coordinación entre todas las diócesis. Ha habido un campo donde este trabajo colectivo ha sido particularmente notorio y eficiente: el de la acción caritativa y social. Expresión excelente de esta labor conjunta son los dos textos en forma de reflexión, titulados A los pobres los tendréis siempre con vosotros (junio 1992) y ¿Qué tenemos que hacer? (febrero 1994).

En el ámbito de la cultura, centros, institutos y colegios han intensificado sus programas. Particularmente variada y profunda es la oferta del Centro Pignatelli Buscar voz... de los jesuitas. Dos novedades importantes merecen subrayarse. El Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón, a partir de 1995, organiza unas llamadas "Jornadas Teológicas de Aragón" en las que son abordados los problemas más candentes de la actualidad. Por un profesorado competente y con una gran participación de alumnos. Asimismo, en 1986 aparece el primer número de la publicación Aragonia Sacra. Revista de Investigación. La revista nace de la voluntad de colaboración de nuestras iglesias particulares canalizada a través de la Comisión Regional del Patrimonio Cultural de la iglesia en Aragón. Hoy constituye un punto de referencia ineludible en la cultura de la Iglesia aragonesa y encierra estudios, datos y bibliografía del mayor interés para reconocer el patrimonio histórico-artístico de las seis diócesis de la región. Precisamente, el patrimonio de la Iglesia aragonesa ha sido el tema más constante en el escaparate de lo noticioso y no siempre para proporcionar informaciones gratificantes como es el caso de los bienes de la Franja. Pero lo cierto es que el tesoro cultural eclesiástico de la región se ha convertido durante los últimos años en una cuestión recurrente. Las grandes subvenciones de los distintos gobiernos y las ayudas de las entidades de ahorro han contribuido en gran manera a conservar una buena parte del acervo, aunque hay que reconocer que en no pocos momentos se llega con retraso, si no es ya demasiado tarde. Entre los datos positivos hay que reseñar la restauración de la Seo zaragozana, la limpieza y restauración del retablo, el artesonado y el pavimento de la catedral de Teruel; la limpieza del retablo de la catedral de Huesca y las obras de rehabilitación de su claustro; los trabajos en las cubiertas de la catedral de Jaca; la restauración de la bóveda La Adoración del Nombre de Dios pintada por Goya en el Pilar y la limpieza del retablo de Forment también en la basílica mariana. Pero, a la vez, se ha hecho una labor ingente por un mantenimiento digno de tesoros excepcionales como Veruela Buscar voz..., la Colegiata de Daroca, San Pablo de Zaragoza, San Pedro el Viejo de Huesca, Obarra y numerosas pequeñas iglesias románicas del Pirineo aragonés. El proyecto de decorar una de las cúpulas del Pilar con una pintura de Jorge Gay, costeada por Heraldo de Aragón, no se llevó a cabo al ser rechazado el boceto del pintor (seleccionado por un grupo de expertos) por las autoridades eclesiásticas. En 1997, se inició la rehabilitación de la cúpula de González Velázquez sobre la Santa Capilla. Por el contrario, la catedral de Tarazona, conforme pasa el tiempo, se halla en un estado más lamentable. La Seo turiasonense, sometida a distintas direcciones técnicas y a criterios contrapuestos y abandonada en largos períodos por la administración, es hoy la catedral más deteriorada de España, a la que puede acaso salvar el hecho de que al fin cuente con un plan director, y de que haya sido colocada en primer lugar en el Plan Nacional de Catedrales.

Un capítulo importante en este terreno ha sido el de exposiciones y museos. Han sido numerosas las muestras de arte sacro habidas en Aragón en los últimos años entre las que hay que destacar por su calidad María en el Arte de la diócesis de Zaragoza (Zaragoza 1988), Joyas de un Patrimonio (Zaragoza 1991), El espejo de nuestra Historia (Zaragoza 1991-1992), Signos I. Arte y Cultura en el Alto Aragón Medieval (Jaca y Huesca), Signos II. Arte y Cultura en Huesca. De Forment a Lastanosa. Siglos XIII-XVII (Huesca 1994), El Pilar es la Columna (Zaragoza 1995-1996) y Jocalias (Zaragoza 1995), a las que habría que añadir, por las numerosas expresiones religiosas que presentaba Aragón y la pintura del Renacimiento (Zaragoza 1990). También varias localidades de las tres provincias han montado sus exposiciones más reducidas pero de indudable interés.

En cuanto a los museos, también han sido enriquecidos con nuevas piezas generalmente llegadas de parroquias abandonadas, a la vez que se crean otros nuevos de carácter comarcal. Cuando sea devuelto el patrimonio de la Franja será necesario crear un museo diocesano además del ya existente en Barbastro. Monzón y Tamarite optan por ser sede de ese futuro museo.

El santoral aragonés se ha visto notablemente enriquecido merced a la determinación de Juan Pablo II que ha desempolvado los procesos de canonización de los "mártires" de la guerra civil española (1936-1939) interrumpidos por Pablo VI. Aparte de ese grupo, han sido beatificados hombres y mujeres pertenecientes a distintos ámbitos sociales, que representan distintas formas de vida y estilos de espiritualidad. Los casos más sonados en la opinión pública han sido el del beato Josemaría Escrivá y, como no podía ser de otra manera de Ceferino González, el Pelé, primer gitano de la historia que alcanza la gloria de los altares.

Los últimos compases del siglo XX en la Iglesia aragonesa están marcados por la preparación al año 2000, en comunión con todas las Iglesias del mundo. Cada diócesis se prepara con programas específicos a este acontecimiento del jubileo Universal y conmemoración del nacimiento de Cristo. Zaragoza revisa, en 1996-1997, diez años después, las conclusiones de su Sínodo y organiza dos importantes congresos que tienen lugar en 1998: el Congreso Internacional de Santuario, y el Congreso Mariano y Mariológico Nacional.

Pero el acontecimiento de mayor relevancia en los últimos años fue la creación de una nueva diócesis, la de Barbastro-Monzón. Con ello, no solamente se ponía fin a una larga controversia sobre la ubicación geográfica de la Iglesia en Aragón, sino que se abrían nuevos horizontes en el trabajo pastoral, en la distribución de los agentes y servicios del apostolado y en la recuperación de una buena parte del patrimonio aragonés en el exilio. Desgraciadamente, en el año 2000, dos años después del traspaso de las últimas parroquias de la Franja, las expectativas sobre este patrimonio Buscar voz... no se han cumplido ya que el Vaticano todavía no se ha pronunciado sobre el recurso presentado por el obispo de Lérida. Otro tanto ocurre con los bienes de Sijena, sobre los que el Gobierno Aragonés solicitó ejercer el derecho de retracto, lo cual ha sido recurrido por la Generalitat de Cataluña, iniciándose una judicialización del proceso que se puede alargar durante mucho tiempo. Pero éstos no son los únicos problemas generados en torno al patrimonio: la actitud de la jerarquía eclesiástica tras la restauración de La Seo o los más recientes proyectos respecto al Seminario de Zaragoza han provocado el asombro en numerosos ciudadanos, y ha generado tensiones en las relaciones de la Iglesia con las autoridades civiles.

• Bibliog.:
Aldea, Marín, Vives: Diccionario de Historia Eclesiástica de España; Madrid, 1972-75.
García-Villoslada, R. (en colaboración): Historia de la Iglesia en España; V, Madrid, 1979.
Canellas, A. (en colaboración): Aragón en su historia; Zaragoza, 1980.
Fernández Clemente, E.: Aragón contemporáneo (1833-1936); Madrid, 1975.
Id.: La ilustración aragonesa; Zaragoza, 1973.
Revuelta, M.: La exclaustración (1833-1840); Madrid, 1976.
De gran interés son los Boletines diocesanos que comienzan a publicarse en todas las diócesis aragonesas a partir de mediados del siglo pasado.
En cuanto a la estadística, señalemos la Guía de la Iglesia en la Diócesis de Barbastro, 1974; Estadística general de la Diócesis de Tarazona, 1976; Iglesia en Tarazona, núm. 292 (nov. de 1980); Diócesis de Huesca, 1978; Guía de la Diócesis de Teruel-Albarracín, 1978; Anuario de la Diócesis de Zaragoza, 1980; todos estos "anuarios" y "guías" están editadas por los obispos de las respectivas diócesis.

 

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