Estás en: Página de voz
  • Aumentar tamaño letra
  • Reducir tamaño letra
  • Imprimir página
  • Guardar voz
  • Añade a tu blog
  • Buscar noticias
  • Buscar en RedAragon

Celtíberos

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 30/11/2011

Pueblos Buscar voz... que aparecen citados por vez primera en el s. III a.C., en datos transmitidos por Livio Buscar voz... y Polibio Buscar voz..., y adquieren importancia en las fuentes clásicas gracias a sus guerras con Roma. Sin embargo, el término Celtiberia varía de significado a medida que Roma avanza en su conquista y conoce mejor las tierras de Hispania. Para algunos, la Celtiberia no acaba de precisarse hasta el gobierno de Fulvio Flacco, en el 180 a.C., abarcando entonces las tierras situadas entre el Ebro y el nacimiento del Tajo.

-Los celtíberos en las fuentes textuales clásicas Buscar voz...: La historiografía tradicional, en su interpretación de las fuentes, ha intentado establecer una distribución aproximada de las etnias celtibéricas, si bien esta tarea tropieza con la dificultad de la falta de evidencias arqueológicas, sea por la difícil interpretación de los restos materiales sin secuencias completas, o por la inexistencia o escasez de trabajos de campo y excavaciones en territorios determinados.

Polibio Buscar voz... y Estrabón Buscar voz... denominan Celtiberia a toda la Meseta, aunque en ocasiones la reduzcan sólo a su parte oriental. Según estos autores, estaba ocupada por cuatro tribus: arévacos, lusones Buscar voz..., belos Buscar voz... y titos Buscar voz..., a los que habría que añadir los pelendones, citados por Plinio y Ptolomeo, y los pueblos del Moncayo, con las ciudades de Tarazona y Borja citadas por Ptolomeo. Las tierras de Almazán separarían a los celtíberos ulteriores (arévacos y pelendones) de los citeriores (el resto). Los celtíberos ulteriores se asentarían en la provincia de Soria repartiéndose, según Taracena, la montaña (pelendones) y el llano (arévacos), mientras que serían los celtíberos citeriores los que ocuparon, total o parcialmente, el actual territorio aragonés.

Los belos y los titos se asentarían en la faja que va desde Sigüenza al valle del Jalón. Citados por Apiano Buscar voz..., parece deducirse que los titos se hallaban supeditados a los belos, y ambos a los arévacos. La capital de los belos fue Segeda Buscar voz..., de discutida localización, perteneciendo a ellos, además, las ciudades de Segobriga (Cabeza de Griego), Arcobriga Buscar voz... (Monreal de Ariza), Ocilis (Medinaceli) y Attacum Buscar voz... (Ateca). Su nombre ha sido puesto en relación (Holder) con el de los Bellovaci, celtas de la Galia. Los titos, muy difíciles de separar de los belos, ocuparían un pequeño territorio al sur de éstos, llegando hasta Parameras de Molina, cerca del Jiloca.

Los lusones, a los que se supone una antigüedad mayor que la de los demás celtíberos, fueron los primeros que se sometieron a Roma. Esta amistad inicial parece que les permitió mantener en zonas altas y fortificadas ciudades como Bilbilis Buscar voz..., contrariando la política romana sobre asentamientos indígenas. Su situación es incierta, pero se les atribuye una amplia zona que iría, en sus momentos iniciales, desde el Moncayo hasta el Tajo, abarcando las sierras de la Virgen y Cucalón y las cuencas del Jalón y del Jiloca. Su capital, según Schulten, sería Contrebia Buscar voz... (identificada por él con Daroca). Sin embargo, su más importante ciudad, Bilbilis, reúne inmejorables condiciones estratégicas al estar situada en la confluencia del Jalón, del Jiloca y del Ribota. Otras ciudades en territorio lusón serían Nertobriga Buscar voz... (en La Almunia), Mundobriga (Munébrega) y la misma Segeda Buscar voz..., admitida su situación en el término de Mara.

Los pueblos del Moncayo, quizá los Celtiberi propiamente dichos, se localizan al norte de los lusones. A ellos pertenecerían algunas ciudades celtibéricas citadas por Ptolomeo: Balsium o Balsio Buscar voz... (Mallén o Cortes de Navarra), Turiasu Buscar voz... (Tarazona) y Bursao Buscar voz... (Borja). En opinión de Bosch Buscar voz..., también pertenecerían a estos celtíberos algunas ciudades de la Rioja: Calagurris, Gracchurris y Cascantum, que más tarde pasarían a poder de los vascones.

Los lobetanos Buscar voz... y turboletas Buscar voz... pudieron ocupar los territorios al este y al sur de los titos y lusones Buscar voz.... Los primeros, situados por Ptolomeo al sur de los celtíberos más orientales, tuvieron su capital en Lobetum, cuya localización se ubicaría en Albarracín o en algún lugar de la provincia de Cuenca. El nombre de turboletas (turdetanos en Livio) aparece citado en Apiano al referirse a la guerra entre los saguntinos y sus vecinos en el 219 a.C. Por lo tanto, el emplazamiento de este pueblo debe buscarse cerca de Sagunto, quizá en la provincia de Teruel. Livio cita una ciudad Turba en relación con la sublevación del 196 a. C., y Ptolomeo una Turbula que, según sus indicaciones, se hallaba al noroeste de Sagunto pero, paradójicamente, en territorio bastetano (fuera del actual Aragón). La semejanza fónica con el nombre de Teruel ha llevado, incluso, a identificarla con la misma capital, aunque sin base sólida. Tampoco las fuentes clásicas especifican el carácter ibero o celtíbero de estas tribus, pero quizá sea significativo que cuando Fulvio ataca Urbicua Buscar voz... (localizable en territorio lobetano o turboleta) sean precisamente los celtíberos quienes llegan en apoyo de la ciudad sitiada.

Las fuentes clásicas contienen, además, dos citas aisladas sobre celtíberos, que plantean problemas difíciles de resolver. La primera de ellas, de Estrabón, dice: "Caesaraugusta Buscar voz..., entre (o cerca de) los celtíberos". Ya veremos cómo los documentos epigráficos y arqueológicos apoyan esta celtiberización del territorio próximo a Zaragoza, especialmente en la zona de la Huerva. Además, según muestra el Bronce de Contrebia Buscar voz..., las relaciones de Salduie Buscar voz... (antecesora de Caesaraugusta) con las comunidades celtíberas cercanas (como la de Botorrita) eran intensas y, probablemente, amistosas. No obstante, los nombres de personas que conocemos en Salduie no son indoeuropeos sino de tipo "vasco-ibérico".

La segunda cita es de Diodoro Buscar voz..., quien denomina "celtíbero" a Indíbil Buscar voz..., caudillo de los ilergetes Buscar voz.... Este pueblo, desgajado quizá del tronco de los ileraugates, se califica como ibérico en las fuentes clásicas, siendo aparentemente extraño que su jefe fuera de una etnia diferente. El mismo nombre de Indíbil no aclara el problema, ya que tanto puede ser céltico, según Caro Baroja (-bilo, -bili), como vasco, según Tovar (-beltz), como, simplemente, "no indoeuropeo", según Palomar. Puede también ponerse en relación con el salluitano Estopeles (-beles, -peles). Según Fatás, la cita puede explicarse pensando que minorías guerreras pudieron hacerse con el poder político en un momento dado (caso de Indíbil y Mandonio Buscar voz...) sin que por ello sea necesario atribuir su etnia a todo el pueblo que dirigen.

La investigación más reciente ha elaborado nuevas interpretaciones de las fuentes clásicas, que obligan a revisar algunos conceptos tradicionalmente asentados. Esto ocurre con la definición de la Celtiberia Ulterior. Ha sido común en la historiografía reciente aceptar la interpretación de Schulten que llevaba a dividir la Celtiberia estricta en dos partes. La Ulterior agrupaba a arévacos y pelendones y la Citerior a belos, titos y lusones. Sin embargo, Capalvo ha retomado la ya centenaria propuesta de Arbois de Jubainville, por la que la Celtiberia Ulterior correspondería a la también denominada por Livio como última Celtiberia y se situaría en la Bética. Esta interpretación, de aprobarse, no obliga a abandonar la teoría clásica, dado que el éxito de ésta se debe a una conceptualización historiográfica, por la que los historiadores actuales reflejan a grosso modo las diferencias existentes entre las etnias vinculadas al territorio celtibérico del valle del Duero y del Ebro, tanto en sus manifestaciones socioeconómicas como en su desigual incorporación al proceso histórico desencadenado por la conquista romana.

También Capalvo presenta una nueva lectura de las citas de Estrabón sobre la Celtiberia. A la teoría tradicional por la que únicamente mencionaba dos de las cuatro partes en que la dividía: arevacos y lusones, ha propuesto la existencia de referencias explícitas a las cuatro partes, interpretando las dos restantes como uracos y cratistos. De aceptarse esta nueva versión no sólo supone la incorporación de dos nuevas etnias, hasta ahora desconocidas, sino que implica un necesario reajuste en la situación territorial de todas las etnias celtibéricas. Posición contraria a las vistas y, probablemente, errónea, es la que defiende Gómez Fraile, para quien tanto Estrabón como Plinio reflejan una Celtiberia situada al O. del Sistema Ibérico centrada esencialmente en la cuenca sedimentaria del Duero, fuera pues de la situación tradicionalmente aceptada.

-Los celtíberos en los documentos epigráficos: La epigrafía Buscar voz... prelatina y latina del supuesto territorio celtibérico aporta datos muy interesantes sobre antroponimia, toponimia e instituciones sociales, los cuales pueden definir lo celtibérico mejor que las fuentes textuales, que sólo se ocupan de su historia bélica como enemigos de Roma. Poseemos cinco tipos de documentos escritos epigráficos: téseras, bronces, terracotas, piedras aisladas y escritura rupestre.

Las téseras, bien estudiadas por el francés Lejeune, son figuritas de bronce separadas en dos mitades simétricas, que poseen una leyenda en la cara plana. Los objetos representados suelen ser dos manos derechas enlazadas (tésera Froehner) o alguna figura animal (delfín en Monreal de Ariza Buscar voz... y Fuentes Claras Buscar voz...). Son todas de época republicana y su localización geográfica se reduce tan sólo al área de inscripciones celtibéricas, tanto si se emplea la escritura indígena como la latina. Su simbolismo se relaciona con pactos de hospitalidad privados (entre individuos) o públicos (entre ciudad e individuo). En el Imperio desaparecen las téseras y los pactos de hospitalidad privados, pero se mantienen las láminas de bronce para pactos entre una ciudad y un individuo importante, el cual es elegido como patrono político, recibiendo a los miembros de la ciudad en clientela Buscar voz.... Estos bronces se extienden ya por toda Hispania, pero las téseras parecen ser patrimonio exclusivo de los celtas Buscar voz..., a los cuales se refiere también la onomástica que en ellas aparece.

En territorio aragonés se encontraron varias téseras: la llamada Froehner, que está en París, tres en Monreal de Ariza, una en Fuentes Claras y una sexta, inédita, procedente de Botorrita. Por ellas conocemos datos de gran interés sobre onomástica prerromana Buscar voz..., sociedades indígenas Buscar voz... y gentilidades Buscar voz.... Es particularmente importante la tésera Froehner, de procedencia comarcal zaragozana, que posee una inscripción en alfabeto ibérico en la que aparece un Lubos, de la estirpe (gens) de los Alisocos, hijo de Avalo y natural de Contebias Belaiskas (Botorrita). Los signos ibéricos, idénticos a los del Bronce de Botorrita Buscar voz... y a los de las monedas de Contebacom-Bel Buscar voz..., hacen posible el aventurar la misma procedencia para los tres textos. La onomástica celtibérica, bien estudiada por Albertos, presenta unos antropónimos peculiares: Lubo-Lupo, Letondo, Abulo-Ablo... y unas gentilidades características: Abilicos, Abulos, Alisocos, Bolgondiscos, Tindilicos, Urdinocos, Vicanocos, etc.

El bronce, como soporte de escritura, aparece sólo en área celtibérica, mientras que en el área ibérica se utilizan plomos. Quizá sea la influencia griega sobre lo ibérico y la romana sobre los celtibéricos lo que ocasiona esta diferenciación. Era usual entre los romanos utilizar bronces para escribir las leyes y las constituciones públicas. Los celtíberos debieron de adquirir de Roma esta finalidad de las láminas de bronce: la noción de unas leyes o un ritual, fijados y expuestos a la vista pública. Además del bronce latino, hasta ahora han aparecido en Botorrita un total de tres bronces celtibéricos: uno, escrito en caracteres ibéricos y lengua de origen indoeuropeo Buscar voz... de la que poco más se puede precisar de manera definitiva; otro, el llamado "Gran Bronce de Botorrita" presenta, en grafía ibérica un par de centenares de nombres y gentilicios, supuestamente pertenecientes a una lengua céltica; el tercero, es un fragmento de reducido tamaño, también con grafía ibérica y posible lengua céltica. Un bronce de Gallur puede dar indicio de la existencia de un pueblo gálico (esto es, céltico) que ha dejado interesantes topónimos.

En piedra tenemos la inscripción de Torrellas, en una copia del s. XVIII, en la que aparece un gentilicio, Abilicos, que pudiera ponerse quizá en relación con el Abulocos de la estela de Ibiza, supuestamente celtibérica. En Peñalba de Villastar Buscar voz... se encuentra el único ejemplo epigráfico rupestre: contiene varios grafitos en alfabeto latino y lengua céltica, y algunos casos breves de alfabeto y lengua latinos. Entre las terracotas es destacable el ejemplar de Albalate del Arzobispo Buscar voz... (localizado en un área ibérica y entre grafitos ibéricos) y la fusaiola (o remate de husillo de hilar) de Monreal de Ariza.

-Datos arqueológicos: Los celtíberos se caracterizan por su concentración en ciudades o aldeas. Sus núcleos de población se sitúan en cabezos redondos de mediana altura rodeados de murallas. La ordenación de sus casas sigue el trazado de las calles, sin plazas ni lugares abiertos. El tamaño de los hábitats oscila entre las 22 Ha. de Numancia y las 2 ó 3 Ha. de las aldeas. Existe, además, una especie de castillos, con una finalidad militar, que se hallan en lugares estratégicos.

Su arte principal es el cerámico Buscar voz..., alcanzando la misma perfección técnica que los iberos Buscar voz.... Emplean el torno y fabrican tres tipos de vasos: lisos y de pasta carbonosa; grises, de arcilla lavada y con círculos concéntricos estampados a punzón, y rojos pulimentados (cocidos a fuego oxidante). Sus perfiles son angulosos, delimitando zonas fáciles con pintura. Los motivos decorativos siguen un proceso de estilización, diferenciándose tres estilos: 1) figuras de silueta negra con relleno rojo amarillento y detalles en blanco; dibujo naturalista y torpe donde rige la ley de la frontalidad y falta la perspectiva; 2) figuras polícromas sobre barro rojo, con motivos barrocos y aparición de monstruos; 3) figuras en negro, estilizadas, ocupando toda la superficie decorable. En conjunto puede decirse de la cerámica celtibérica que el gusto decorativo es céltico, pero la técnica ornamental es ibérica.

Otros elementos de cultura material los constituyen los collares y brazaletes de bronce (de origen galo), las fíbulas de bronce y hierro, que siguen los prototipos del Hallstatt Buscar voz... final y época de La Tène (con apéndice lateral en botón, zoomorfas, anulares, etc.). Estas fíbulas acompañan una indumentaria masculina a base de calzón, sandalias, grebas de pelo y sagum o sayo, que se hace doble entre los lusones. Las mujeres vestían túnicas o mantos de colores claros y se adornaban con altos peinados, ajorcas de bronce, pendientes en creciente lunar y collares rígidos. Éstos desaparecen en los siglos II y I, sustituidos por los de pasta vítrea (que proceden del comercio oriental) y por los de hilos de bronce trenzados y rematados en cabezas de serpiente.

Las excavaciones arqueológicas han aportado nuevos datos sobre algunas ciudades celtibéricas. En Tarazona Buscar voz..., y dentro del proyecto Silbis, se identificó por primera vez en su casco urbano la existencia de niveles celtibéricos, datados en el s. I a. de C. De una cronología próxima es el vertedero localizado junto a niveles imperiales en la Torre del Pedernal de Borja Buscar voz... y que ha de vincularse con la ciudad de Bursau Buscar voz.... Las actuaciones realizadas en el Convento de Mallén Buscar voz..., donde se sitúa la mansión romana de Balsione Buscar voz..., demostraron la existencia de una ocupación celtibérica y otra anterior que remonta al s. VII a. de C. Contrebia Belaisca Buscar voz..., en Botorrita Buscar voz..., se ha convertido en una de las ciudades más emblemáticas de toda la Celtiberia, gracias a la aparición de sus famosas inscripciones en bronce Buscar voz.... Las excavaciooes realizadas pusieron al descubierto numerosas estructuras constructivas y una cierta complejidad en sus fases evolutivas y en las funciones de los espacios. Pero sin lugar a dudas es la Caridad de Caminreal Buscar voz... el asentamiento urbano donde se han desarrollado las excavaciones más meticulosas y sistemáticas. El equipo del Museo de Teruel dirigido por J. Vicente ha descubierto tanto la ya afamada casa de Likine de 900 m.2 de extensión, como dos casas anejas con un tamaño de 1/3 de la anterior. Junto con los materiales indígenas localizados destacan las importaciones itálicas. Hay también abundancia de objetos de hierro, entre ellos diferentes armas abandonadas cuando se destruyó la ciudad durante las guerras sertorianas.

Las excavaciones de Aranda en la necrópolis de Umbría de Daroca Buscar voz... han puesto al descubierto uno de los pocos casos de todo el ámbito celtibérico donde se han diferenciado tres fases en la secuencia cronológica, que va desde el s. VI/V al I a. de C., con cambios en el ritual y en los materiales arqueológicos. Collado ha dirigido varias campañas de excavación en el Montón de Tierra de Griegos Buscar voz..., yacimiento situado junto a la necrópolis del Cuarto. No se ha fijado la funcionalidad de la estructura de carácter turriforme descubierta, aunque todo parece indicar que debe relacionarse con un hábitat pero entre los restos óseos aparecidos en su interior se ha identificado dos fragmentos de calota craneana de un feto y restos de adulto, sin que se sepa las razones de su presencia. Distinto es el caso del hallazgo de restos de un niño de 5 a 7 años en Contrebia Belaisca, muerto en el ataque a la ciudad. Marco ha continuado sus estudios de religiosidad celtibérica Buscar voz..., mostrando sus vínculos con las religiones célticas y la interacción existente con la actuación romana. Sopeña nos ha proporcionado un interesante estudio sobre el papel de la guerra y de la muerte en la sociedad celtibérica, a destacar su llamada a la prudencia sobre la continua interpretación del ritual de cabezas cortadas Buscar voz... entre los celtíberos, revivido a partir de pequeños bronces procedentes de Bilbilis y Secaiza Buscar voz... y que se han relacionado con la fantasiosa interpretación del Marqués de Cerralbo de la piedra de los sacrificios de Monreal de Ariza. Asimismo, frente a la defensa de existencia de enterramientos rituales celtibéricos vinculados con la muralla de Bilbilis Italica, Burillo propone, a partir de la interpretación del contexto estratigráfico en que aparecieron que sean posteriores a la etapa celtibérica y por ende no puedan ser considerados fundacionales.

-La moneda celtibérica: Los celtíberos, al poco del inicio de la presencia romana Buscar voz... en su territorio, comenzaron la acuñación de moneda Buscar voz..., como es bien sabido, cubriendo con ello una zona que, según hipótesis, puede abarcar, hacia Occidente, incluso el territorio extremeño (ceca de tamvsiens, acaso en el río Tamuja). Es éste un hecho en cierto modo masivo y general, que se difundió con rapidez y en la misma dirección geográfica que la conquista romana, durante un período cronológico que, según los mejores expertos (Crawford, 1985) comenzaría entre 195 y 155. Los hallazgos numantinos fijan claramente que comenzó antes del 137 (fecha de reocupación del campamento III de Numancia por Mancino). Y por estar bastante usadas algunas de sus piezas, la fecha ha de llevarse a la primera mitad del siglo II a.C. En los años 134-133 ya producían moneda de bronce Untikesken, Iltirsa, Kese, Arsaos, Baskunes, Bolskan, Sekia, Sesars, Belikiom y Sekaisa. Además, el núcleo de un denario bañado de Bolskan implica que la producción de plata ya había empezado.

El fenómeno de acuñación de la moneda posee implicaciones muy significativas y aporta datos interesantes sobre la organización política del territorio. La fecha más probable para la aparición de la acuñación del denario ibérico le pareció en otro tiempo a Crawford el 197. Ese año se eligieron seis pretores por vez primera y dos fueron asignados a las provincias hispanas para delimitar sus fronteras: la amonedación pudo formar parte del encargo (para cobrar impuestos). Pero no está claro que las provincias se creasen entonces y los argumentos de J. S. Richardson, de que aun en 180-178 la organización de España era demasiado asistemática como para haber generado una amonedación local bajo control romano, parecen fuertes.

En 1994 Villaronga ha editado un gran corpus donde se recogen las monedas acuñadas en la Hispania Antigua, con ejemplares desconocidos hasta el momento y emitidos por cecas situadas en el territorio de Aragón actual. Pero también proporciona aportes cronológicos de singular interés. Uno de ellos es la fijación de las acuñaciones más antiguas del ámbito celtibérico durante la primera mitad del s. II a. de C., momento en que aparecen dos de los centros más importantes de este grupo étnico. Ambos son lugares donde se acuña plata: Secaiza Buscar voz... en Mara-Belmonte (Z.) y Arecorata, ciudad que, a pesar de su importancia, todavía no ha sido localizada pero que debe buscarse en el entorno de La Rioja, próxima a donde se encontraba la etnia de los lusones. Estas dos ciudades jerarquizarán a su vez otras próximas que emitirán únicamente bronce. Durante este primer momento emisor las cecas presentaban una iconografía específica, indicio evidente de su total independencia política. Hecho que contrasta con un momento que puede situarse en la transición del s. II al I a. de C., donde varias cecas comparten los tipos monetales, así las ciudades sedetanas se diferencian de las suesetanas mostrando un reforzamiento de los lazos étnicos. También en la zona celtibérica vemos la influencia de Secaiza en una serie de cecas, la mayoría sólo acuña en estos momentos y son de localización desconocida, salvo Tamusia que surge en un lugar tan alejado de la Celtiberia como la provincia de Cáceres. Territorio donde la frecuente aparición de bronces de Secaiza nos muestra la existencia de fuertes vínculos, probablemente relacionados con las explotaciones mineras allí existentes.

Ha de señalarse que, sin excepción que merezca la pena notar en el conjunto de la nómina de cecas, estas acuñaciones muestran generalmente en rótulos con étimos y flexión de tipo céltico, nombres no de "tribus" o etnias, sino de lo que, convencionalmente podríamos denominar "civitates". Las cuales, hasta donde sabemos arqueológica o literariamente, se distinguían por la posesión de un emplazamiento principal, de tipo y funciones urbanas, a veces con edificios públicos semejantes a las curias romanas, dotados de archivos públicos y en situación acropolitana.

Del examen atento de estas amonedaciones, se deduce, asimismo, el papel hegemónico (aunque no sepamos concretamente en qué ámbitos particulares) de unas ciudades sobre otras (las que acuñaron plata respecto de las que sólo amonedaron bronce y de ambas, en distinta medida, sobre las que no acuñaron, que se sepa, como es el caso de la comunidad sosinestana del Bronce de Contrebia). Esto es, una jerarquización interna que, examinada en detalle, nunca presenta más de una ceca de plata por lo que podríamos denominar "comarca" celtibérica (así, acuña tanto plata como bronce Secaisa, pero no Bilbilis, ni Terga, etc., que sólo amonedan bronce; lo hace Beligio, pero no Contrebia Belaisca, ni Belais; Turiasu, pero no Bursau, etc.). Puesto que no parece posible entender irracionalmente esta conducta monetaria y dada la dispersión peculiar de las ciudades amonedadoras de plata, no será muy aventurado concluir en que algunas de entre ellas articulan políticamente un territorio ("tribal", si se quiere), probablemente el correspondiente a un pueblo en el que una ciudad ejerce funciones de capitalidad federal o algo similar.

-"Celtíberos". El nombre de celtíbero es un término compuesto, de origen externo (probablemente griego) al grupo que denomina. Pero lejos de tener un valor unívoco el contenido de su significado cambia con el tiempo, lo cual repercute significativamente sobre las gentes y el territorio a que hace referencia. Las primeras menciones de las fuentes clásicas corresponden a finales del s. III a. de C. La Celtiberia aparece como una región montañosa de límites imprecisos situada en el interior peninsular y los celtíberos tienen un valor genérico y sustituyen en las fuentes a las anteriores menciones sobre celtas de Iberia, significado que perdurará en algunas citas clásicas y que explica las aparentes contradicciones existentes en las fuentes escritas. Solamente en el s. II a. de C., cuando avanza la conquista romana hacia el interior de la Península, surgirá un término más específico vinculado al ámbito del Sistema Ibérico y parte del territorio inmediato de las cuencas sedimentarias próximas. Durante época imperial, Ptolomeo nos muestra la conversión del término de grupo étnico a etnia y una adscripción limitada a la zona más oriental. Los cambios significativos que nos muestra en el mapa étnico peninsular nos indica el avance de los celtíberos hacia el territorio carpetano de la serranía de Cuenca, lugar donde se había fundado Segobriga, pero también su retroceso en el valle medio del Ebro, ante un aparente avance de la etnia de los vascones y de los iberos edetanos. Ahora bien, a la interpretación histórica del mapa de Ptolomeo debe dársele un valor más geográfico que étnico. El nombre de Celtiberia continuará durante la Edad Media convertido en Santabariya Buscar voz..., pero quedará restringido al territono conquense.

Estos cambios de significado han motivado modificaciones en interpretaciones históricas que se creían asentadas. Así, ha disminuido el protagonismo dado a los mercenarios celtíberos, ya que las frecuentes citas existentes en las guerras púnicas hacen referencia a los celtas de Iberia. Más aun, debe abandonarse la defensa de la existencia de mercenarios celtíberos (en su sentido estricto) durante el s. V a. de C. en el Mediterráneo, ya que se ha basado en la aparición en yacimientos griegos de broches de cinturón de garfios, que se consideraban célticos, incluso Lorrio llega a denominarlos celtibéricos, debido a su frecuente presencia en las necrópolis del Alto Jalón-Duero. El análisis arqueológico nos muestra que estos broches no eran privativos del interior peninsular. Su uso se extendía por el territorio costero mediterráneo de Iberia y del SE. de las Galias, ámbitos de donde probablemente procedecerían dichos mercenarios, dado que allí se concentran las importaciones de cerámica griega, ausentes en la Celtiberia.

-Extensión de los celtíberos: Valorando al mismo tiempo fuentes textuales, epigráficas y arqueológicas, tradicionalmente se sitúa a los celtíberos entre los ríos Ebro, como límite norte, y nacimiento del Tajo y Turia como límite sur. Por el oeste ocupan toda la provincia de Soria, y por el este se asientan en el valle de la Huerva, tal como indican la excavaciones de Botorrita y Herrera de los Navarros Buscar voz.... La frontera oriental con lo ibérico fluctuaría en torno al río Aguas Vivas Buscar voz..., siendo el Martín Buscar voz... un río con abundantes yacimientos ibéricos. En Lécera Buscar voz..., Muniesa Buscar voz..., Azaila Buscar voz..., Alloza Buscar voz... y Oliete Buscar voz... se encuentran los poblados limítrofes con lo celtibérico, junto con el yacimiento de Juslibol Buscar voz... en el Ebro, relacionado, si no identificado, con la ibérica Salduie. En Juslibol, al igual que en Azaila, es destacable la presencia de una ciudad hallstáttica o posthallstáttica en la base de lo ibérico, con una perduración hasta el s. III a.C. Más al Sur, la tésera de Fuentes Claras y las inscripciones de Peñalba de Villastar marcan la frontera suroriental de lo celtibérico.

-Evolución de las teorías sobre la Celtiberia en la historiografía: La tesis tradicional sostiene que los celtas Buscar voz..., al invadir España, se mezclan con los iberos Buscar voz... antiguos en la zona fronteriza y dan como resultado una cultura mixta. El alemán Schulten propuso una hipótesis distinta: los celtíberos eran iberos en tierra céltica. Supone este historiador que en el s. III a.C. los iberos del sur de Francia sufren la presión de los galos Buscar voz... y deben emigrar a otras tierras: unos partirían hacia la Aquitania, pero otros entrarían en España y ocuparían el valle del Ebro y el Sistema Ibérico, dando origen a los celtíberos.

Sin embargo, el investigador catalán Bosch Gimpera opina todo lo contrario: los celtíberos son celtas en tierras de iberos. Piensa que existe un sustrato indígena protoibérico, cuyas raíces se remontan al Eneolítico, sobre el que se han superpuesto las invasiones célticas. Poco a poco se produjo, sobre una base indígena ibérica, la absorción paulatina de los celtas inmigrados.

Pero en este punto entramos en el problema del origen de los iberos. Si se clasifica la población prehistórica de la Edad del Bronce como "protoibérica" no hay duda de que los celtas habrían inmigrado a una tierra de "iberos", dejando en ella una antroponimia céltica, unas instituciones sociales (tésera de hospitalidad, arbitraje entre comunidades), unas formas de hábitat (castros) y de enterramiento (necrópolis de incineración), unas lenguas (indoeuropeas) y algunos elementos de cultura material. Sin embargo, la iberización del valle del Ebro (en el sentido clásico de la cultura ibérica, como resultado de los colonizadores griegos y orientales) es tardía, incompleta y truncada por la llegada de Roma.

En la década de los 70, ya era aceptado el hecho de que el carácter híbrido de lo celtíbero no procedía de una celtización tardía de lo ibérico, sino más bien de una iberización frustrada que actuaba sobre un sustrato hallstáttico o posthallstáttico detectable en Azaila, Juslibol o Mediana, y que dejaba, entre otros, la cerámica ibérica o las monedas del jinete. Esta iberización se acentuaría en los siglos II-I por acción de la política militar romana que provocaría el aniquilamiento de los célticos suessetanos Buscar voz..., protegiendo la expansión vascona Buscar voz... e ilergete Buscar voz..., y favoreciendo la decadencia de lo celtíbero.

La etnogénesis de las poblaciones celtíberas es uno de los temas de más vivo debate en la historiografía actual. Han entrado en crisis las teorías estrictamente invasionistas, por las que las etnias celtibéricas llegarían ya formadas desde Europa continental y, tras atravesar los Pirineos, ocuparían el solar donde los escritores clásicos nos las describen. No obstante estamos lejos de que exista una postura unitaria para explicar el surgimiento de las formaciones socioeconómicas existentes en la Celtiberia. Ruiz Zapatero, si bien últimamente venía defendiendo cierta desvinculación de la génesis de los celtíberos de la cultura de los Campos de Urnas Buscar voz..., identificada durante el Bronce Final en el NE peninsular, en aportación de 1997, basada en buena medida en el resultado de los estudios de Arenas sobre la comarca de Molina de Aragón, renueva la importancia de dichos Campos de Urnas en el substrato sobre el que se desarrollarán los celtíberos históricos. Almagro-Gorbea encabeza otra nueva teoría por la que la cultura celtibérica sería fruto de una formación compleja de elementos procedentes de diversos orígenes, de esta manera existiría un "sustrato protocelta" surgido en la Meseta con influencias del Bronce Atlántico, sobre el que incidirían los aportes de los Campos de Urnas y los Prototartésicos del Atlántico meridional, que unido a la aculturación ibérica levantina daría lugar a la que denomina zona nuclear de los celtíberos, ubicada en el interior del Sistema Ibérico, desde ella se produciría un proceso de expansión y posterior fragmentación hasta configurar las distintas etnias hispanoceltas. Las teorías de Renfrew han desatado una viva polémica. Vincula el origen de los indoeuropeos con la expansión demográfica neolítica, que se iniciaría hacia el 6500 a. de C., y a la que aplica el modelo de "onda de avance". Para la expansión de las lenguas celtas Buscar voz... por Europa occidental propone el modelo de "celticidad acumulativa recíproca", por el que rechaza una única cuna celta. El Antiguo Europeo sería la base que ocuparía un amplio territorio, donde se producirían contactos recíprocos que cristalizarían en las distintas lenguas celtas. Empero, los lingüistas especialistas en celtibérico se han opuesto de forma unánime a esta tesis, ya que tanto la afinidad existente entre las lenguas celtas como las innovaciones que presentan implican la existencia de un momento común, que no puede alejarse excesivamente en el tiempo y nunca podría remontar el 1200 a. de C. Independientemente del momento en que llegaría la lengua celtibérica, domina entre los investigadores la aceptación de que ya en el s. VI-V a. de C. se hallaría formada la base de los celtíberos que conoceremos en época histórica.

-Organización política. Las ciudades celtíberas: Entre los celtíberos (particularmente entre los celtíberos citeriores, pero no sólo entre ellos), existen organizaciones de carácter político no descritas ni analizadas directamente por las fuentes clásicas, que pueden permitir hablar de un nivel de desarrollo en las estructuras sociales que, por una parte, alcanzan el estadio que podría denominarse poliado o poliada (de "polis"); y, por otra, de una conciencia de pertenencia a un tronco común (sea éste real o ficticio) que tiene como consecuencia el establecimiento y la vigencia de instancias político-jurídicas y militares de decisión conjunta.

Por otra parte, hay una Celtiberia, pronto desaparecida como tal en las fuentes clásicas, por pasar en fecha relativamente temprana al control directo de las legiones, a la cual dejan casi inmediatamente de aludir los escritores antiguos. Esta zona coincide, a grandes rasgos, con las áreas ribereñas del Ebro medio, y en ella, no obstante su romanización o sumisión a Roma o a sus aliados indígenas en fecha temprana, el historiador ha de ver una zona básicamente celtibérica en cuanto a su poblamiento y fondo cultural, prescindiendo un tanto de los hechos superestructurales de reciente implantación.

En cuanto a las evidencias que nos ofrecen los hallazgos arqueológicos, en términos generales -y hablamos sobre comprobaciones llevadas a cabo por los arqueólogos para casos concretos en la Celtiberia Citerior-, puede asegurarse que hay no sólo ciudades en el sentido pleno (jurídico-político y funcional), sino una red urbana jerarquizada en la que existen centros principales y subordinados al menos en tres niveles de jerarquía. Los centros principales son menos abundantes y, a mayor densidad de funciones acumuladas, mayor es la distancia entre núcleos del mismo grado. (Sobre estos puntos hay una perspicaz elaboración de F. Burillo, 1986.) Para Burillo, la génesis de las ciudades tuvo lugar, probablemente, tras "una interrupción entre fines del siglo VI y primera mitad del V", que supuso "el abandono de buena parte de los poblados de los Campos de Urnas finales y el surgimiento de poblados de nueva planta correspondientes al ibérico pleno con participación, en número que desconocemos, de pobladores procedentes de zonas costeras, iberizadas con anterioridad".

En el Ebro Medio no cree Burillo que apareciesen con anterioridad al siglo III (que es fecha, quizá demasiado baja, pero que está en dependencia de la relación iberización-urbanización, básica en el planteamiento del autor). Hay dos casos bastante claros en las fuentes. De uno -el de Complega/Kemelon-: Apiano la describe como ciudad fortificada, en 181, de nueva creación por los indígenas y de crecimiento veloz, en la que se refugiaron, entre otros, lusones carentes de tierra. Se crea, aparentemente, el núcleo urbano como defensa frente al invasor y refugio de desheredados o vencidos. El otro caso es el de Segeda, en torno a la cual nos informan Apiano, Diodoro y Floro. Los segedenses amplían su recinto y concentran poblaciones del entorno en un acto de voluntad política explícita que preocupará a Roma hasta el punto de originar una guerra. En expresión de Burillo, Segeda es un "centro jerarquizador de un espacio geográfico, que ella misma remodela concentrando la población...".

Que el hecho ciudadano es una realidad y no una entelequia de los investigadores queda pues, demostrado (no obstante las presuntas estructuras sociales basadas predominantemente en el parentesco, las "gentilitates", etc.) por los documentos celtibéricos mismos. En efecto, en éstos se menciona con frecuencia a las ciudades; así en las téseras de hospitalidad aparecen nombre como Uxama o Cortona, y en inscripciones de otra clase (como la llamada estela de Ibiza) sucede lo mismo, mencionándose la procedencia del individuo (Beligio Buscar voz...) con referencia a una ciudad y no a otra cosa. La tésera Froehner, igualmente, habla de un celtíbero natural de Contrebia Belaisca Buscar voz.... Esto es cuando se produce documentación epigráfica destinada a servir fuera del territorio de origen es frecuente la mención de la ciudad de procedencia. Ello, en sí, es un testimonio fehaciente de que este hecho, puramente territorial y político, sin significación de parentesco alguno, es un hecho históricamente activo.

Ha de sumarse a ello la evidencia arqueológica que suministran, poco a poco, las excavaciones sistemáticas. Los trabajos desarrollados en los últimos años de Contrebia Belaisca (Botorrita). por A. Beltrán y M. A. Díaz, han suministrado, entre otras cosas, indicios claros de la existencia de elementos característicos de la función urbana:

1. Piezas epigráficas de notable extensión, en bronce, guardadas por distintos sistemas de fijación para su exhibición o consulta, de modo idéntico al que conocemos para este tipo de documentos en Roma.

2. Un edificio público de carácter monumental y de notable tamaño, continuadamente utilizado y reaprovechado, en el que destacan, por su cantidad y tamaño las piezas que integraron su columnata anterior, así como la altura conservada de sus paredes (5 m.) y el tamaño de su recinto.

3. La situación elevada, acropolitana, de este último y su carácter, probablemente, a un tiempo cívico-religioso y militar, a juzgar, entre otros restos, por los elementos de artillería antigua allí conservados.

Tal cosa aparece en un yacimiento identificado sin lugar a dudas con Contrebia Belaisca o Balaisca, el cual fue sede central de una pequeña (pues ni es extensa ni acuñó plata) comunidad política autónoma. Baste decir esto para imaginar qué han de deparar excavaciones aún no planteadas, pero que alguna vez se producirán, en lugares como Beligiom o Segaisa, que fueron establecimientos de bastante mayor rango, a juzgar por los restos visibles en prospección y por su condición de acuñadores de plata.

En el ámbito de la función militar, apenas cabe dudar de la autonomía y relevancia de la entidad ciudadana entre los celtíberos. Una ciudad empieza una guerra (Segeda-Segaisa) y otra se erige en su continuadora de la masacre, y no una "tribu" ni un "pueblo". Se trató -y las fuentes así lo señalan- de "segedenses" y de "numantinos", claramente, más que de belos o de arévacos, que son denominaciones de otra condición. Las fuentes hablan del "demos" de Bélgeda y de su bulé o consejo, y no del conjunto de los belaiscos o de los belos. En las ciudades se localizan episodios precisos, alzamientos, revueltas, asedios y escarmientos, que no siempre tienen alcance interurbano. Los mismos celtíberos atienden sus necesidades militares poniendo el énfasis en el control de ciudades de cuya fidelidad desconfíen -como sucede a los numantinos y sus guarniciones o presidios en Malia o en Lagni-, etc. Es también notable el hecho de la interpretatio Romana que facilita el Bronce de Contrebia Buscar voz.... Se habla, como es sabido, de magistratus, de senatus y de praetor. Sobre este último término, en particular, llamamos la atención. Senatus y magistratus son más genéricos; pero el presidente de la asamblea así designada es denominado praetor: no dux, ni princeps, ni rex.

Otro indicio que, sin ser totalmente probatorio, sí muestra cómo las unidades sociales expresadas en los genitivos de plural no debían de ser muy grandes, es el de la parquedad del repertorio de los nombres de pila en la Celtiberia citerior (J. de Hoz, 1986); al igual que en Roma, a juzgar por todos los datos disponibles, la identificación individual no podía encomendarse al primer nombre, que era escasamente singularizador. La identidad se producía, pues, a partir del nombre gentilicio, lo que apunta a que la unidad familiar no pudiese ser muy amplia: la escasez antroponímica muestra que no era importante el disponer de un amplio repertorio de nombres personales o gentilicios si no había muchos miembros de la familia que distinguir.

Desde 140 ya no se menciona a titos y belos como combatientes, y a partir de esa fecha la retaguardia romana es el Ebro. La interpretación es que, desde Graco Buscar voz..., Roma se limita a fijar una frontera dentro de Celtiberia para salvaguardar el Ebro. ¿Qué merma supuso eso, y cambios, a Celtiberia y los celtíberos? Esa frontera no se desvanece entre 133 y 29 (período de las acuñaciones) y es lícito suponer que hubo una Celtiberia "desaparecida" como tal y otra más activa e interior (frente a los cimbrios en 104, frente a Didio en 99-94, frente a Flacco Buscar voz... en Belgeda, en 93-92). En esa frontera están Castra Aelia Buscar voz... y Castra Atiliana; esto es, dos campamentos militares permanentes de Roma. La acción de Roma sobre los pueblos celtíberos del Bajo Jalón y ribera del Ebro debió de ser muy temprana y eficaz: desde el 179 hay obligación de prestación de auxilio militar regular. En 146, Vetilio lleva 5.000 titos y belos contra Viriato. En 102, Mario emplea regulares celtíberos contra los lusitanos. La incorporación a la civitas romana Buscar voz... es, no obstante, más lenta en el Duero y territorios meridionales de la Celtiberia citerior, ya que existen unidades auxiliares celtibéricas (de no ciudadanos romanos, por lo tanto) en fechas avanzadas: Ala II Hispanorum Aravacorum (atestiguada desde mitad del siglo I), Ala I de los mismos (es julio-claudia también) y la Cohors I Celtiberorum, que se atestigua en el II.

Parece, pues, que los arévacos, por un lado, y los titos, belos y lusones, por otro, son celtíberos. Y que el conjunto de los citeriores es más fácilmente agrupable, resultando más individualizada la personalidad arévaca. Y, por otra parte, que hay una Celtiberia del Ebro, ribereña, en torno a Gracchurris y los Castra, pronto ocupada en permanencia y avanzada de Roma. Toda esta unidad se engloba en otra mayor, genéricamente céltica, cuya zona nuclear puede estar determinada por los gentilicios en -kom, desde los Montes Galaicos hasta el Sistema Ibérico, y en la que los pueblos de tipo indoeuropeo más arcaico y menos urbanizado serían astures, cántabros, pelendones, carpetanos y vettones.

Queda pues totalmente aceptada la existencia de la ciudad como centro de la estructura política de rango estatal entre los celtíberos. Pero se halla pendiente determinar el momento en que aparece esta forma de gobierno y su incidencia en la estructura del hábitat. Si bien hay unanimidad en situarla con anterioridad a la llegada de Roma, falta la constatación estratigráfica en un yacimiento determinado para fijar el momento en que se produce este fenómeno de gran trascendencia histórica. Tan sólo el análisis de testimonios indirectos al propio asentamiento que configura la ciudad nos permite situar su surgimiento en fechas más antiguas que las que se venían aceptando. Partimos de la base de que la aparición de la ciudad debe tener una incidencia clara en los cambios de los patrones de asentamiento, tanto en la fase previa a su aparición, como en la estructuración que realiza posteriormente del territorio por ella controlado. En el ámbito celtibérico del valle medio del Ebro encontramos evidencias de cada uno de estos procesos, coincidentes, a su vez, con cambios similares en otros territorios peninsulares próximos. Las prospecciones arqueológicas realizadas por Royo y Aguilera en el río Huecha muestran de forma fehaciente como la gran mayoría de núcleos habitados durante el s. VI a. de C. desaparecen: de los 21 asentamientos identificados únicamente 4 estarán ocupados en el período posterior, de ellos 3 son ciudades, cuyo nombre conocemos en la etapa histórica: Bursau, Caravis y Belsinon. La contextualización de este cambio mostró que era similar al que aparece en la cuenca sedimentaria del Duero, donde tras la denominada "facies Soto" se produce una concentración poblacional con el surgimiento de las ciudades vacceas, lo que me llevó a proponer que la ya identificada "crisis del Ibérico Antiguo" tendría como consecuencia la sistemática desaparición de poblados y la posterior aparición de la ciudad y con ella el inicio de la estructuración étnica que conoceremos en las fuentes escritas. Esta propuesta se ratifica ante la presencia de un nuevo modelo de estructuración del poblamiento detectado en otra parte del valle medio del Ebro y para la que nuevamente encontramos una analogía próxima, en concreto en la colindante área levantina. Las investigaciones de Bonet y Mata han demostrado cómo la ciudad de Edeta en Liria desarrolla a finales del s. V a. de C. un control del territorio de ella dependiente, potenciando el surgimiento de poblados atalayas de carácter defensivo y de situación estratégica. Estos asentamientos responden a un prototipo similar: surgen ex novo, tienen una calle central en torno a la cual construyen las casas de igual tamaño y con paredes colindantes, además de la muralla presentan un torreón en uno de sus extremos. Un yacimiento de similar características es el Tarratrato Buscar voz... de Alcañiz, que dependerá de una ciudad ibérica próxima que debe identificarse, pero también puede asimilarse este modelo al celtibérico Castellares Buscar voz... de Herrera de los Navarros, cuya proximidad al yacimiento de la Atalaya de Azuara Buscar voz... donde se sitúa Beliciom, obliga a considerarlo como ejemplo del control del territorio que realiza esta ciudad. A falta de intensificar la investigación futura, F. Burillo propone que el surgimiento de la ciudad celtibérica en el valle del Ebro deberá fecharse en un momento situado entre finales del s. V y mediados del IV a. de C.

Es en el período de transición del s. II al I a. de C. cuando encontramos los más importantes cambios socioeconómicos, debido a la integración del valle medio del Ebro en la esfera romana, lo que dará lugar a la implantación del esclavismo. Surgen las denominadas "ciudades de llano". Asistimos a una importante expansión de la agricultura de regadío, de la que el bronce de Contrebia muestra un claro testimonio jurídico, pero también lo prueba los asentamientos rurales identificados por Aguilera en la Huecha que, si bien se interrumpirán drásticamente con las guerras sertorianas, adelantan casi en un siglo el sistema de explotación que veremos en las villas romanas. Se desarrollará el artesanado, surgirán talleres musivarios y verdaderas industrias alfareras, que acuñarán con sellos sus producciones, algunas como los morteros tipo Azaila con una clara distribución regional, tal como ha demostrado Aguarod. Tambien se intensifican las explotaciones mineras. Continúan explotándose los filones argentíferos que abastacerán las emisiones de denarios. Se ha comprobado el importante papel que empieza a tener el hierro de Sierra Menera, en torno a cuyas minas se erigió una serie de fortines vinculados a escoriales y próximos a los caminos que comunican con el Jiloca, lugar donde surge la ciudad de la Caridad y posteriormente la de San Esteban del Poyo del Cid, convertidas en centros de control de las transformaciones metalúrgicas.

-La lengua: Han sido importantes los distintos estudios realizados sobre diferentes aspectos gramaticales de la lengua celtibérica y la peculiaridad de sus fórmulas onomásticas. F. Beltrán, al analizar los grupos de parentesco que muestran los nombres familiares en genitivo plural ha insistido que se abandone la interpertación gentilicia dada a las sociedades hispano-celtas. El análisis de la distribución territorial de las desinencias -CoS y -CoM presentes en las leyendas monetales ha demostrado tener un carácter étnico. Mientras el grupo -CoM es exclusivo de los belos y carpetanos el -CoS domina entre titos y berones y la zona lusona se caracteriza por la ausencia de ambas desinencias. Una cierta desilusión ha supuesto la meritoria publicación del tercer bronce de Botorrita, ya que el más extenso de los textos conservados del mundo celta escondía un listado de nombres de personas, con un breve encabezamiento cuyo sentido se desconoce. La publicación de Untermann del corpus de inscripciones celtibéricas proporcionará un punto de partida para nuevas investigaciones.

-Bibliog.:
Albertos Firmat, M. L.: "La onomástica de la Celtiberia"; Actas del II Coloquio sobre lenguas y culturas prerromanas de la Península Ibérica, Salamanca, 1979.
Almagro-Gorbea, M. (dir.): Los Celtas: Hispania y Europa; Madrid, 1993.
Almagro-Gorbea, M. (coord.: "Los Celtas en la Península Ibérica"; Revista de Arqueología, Madrid, 1991.
Beltrán, F.; De Hoz, J. y Untermann, J.: El tercer bronce de Botorrita (Contrebia Belaisca); Z., 1996.
Burillo, E; Pérez, J. A. y De Sus, M.ª L. (coor.): Celtíberos; Zaragoza, 1988.
Burillo, F.: Celtíberos: concepto e identidad étnica; T., 1995.
Burillo, F.: Celtíberos, etnias y estados; Barcelona, (1997).
Capalvo, A.: Celtiberia; Zaragoza, 1996.
Sopeña, G.: Ética y ritual. Aproximación al estudio de la religiosidad de los pueblos celtibéricos; Z., 1995.
Fatás Cabeza, G.: "Hispania entre Catón y Graco"; Hispania Antiqua, pp. 269-315, vol. V, 1975.
Lejeune, M.: Celtibérica; Salamanca, 1975.
Fatás, G. (coor.): Los Celtas en el valle medio del Ebro; Z., 1989.
Lejeune, M.: Celtibérica; Salamanca, 1975.
Meid, W.: Celtiberian inscriptions; Budapest, 1994.
Untermann, J.: Monumenta Linguarum Hispanicarum; IV, Wiesbadem, 1997.
Villar, F.: Estudios de celtibérico y de toponimia prerromana; Salamanca, 1995.
Villaronga, L.: Corpus Nummum Hispaniae ante Augusti aetatem; Madrid, 1994.
VV.AA.: "Necrópolis celtibéricas"; II Simposio sobre los celtíberos, Z., 1990.
VV.AA.: "Poblamiento celtibérico"; III Simposio sobre los celtíberos, Z., 1995.

 

Monográficos

La Conquista Romana

La Conquista Romana

Descubre cómo entraron los romanos en nuestro territorio y las batallas con los habitantes de Aragón.

Los Pueblos Prerromanos

Los Pueblos Prerromanos

Conoce a los iberos, celtas, y otros pueblos prerromanos que poblaron Aragón.

Imágenes de la voz

Excavaciones en Segeda...Excavaciones en Segeda

"Los Celtas en el valle medio del ...

Hallazgo de cerámica celt...Hallazgo de cerámica celtibérica

Poblado celtíbero del Cab...Poblado celtíbero del Cabezo de Al...

"Contrebia Belaisca. Tabula contre...

A la izquierda: guerrero ...A la izquierda: guerrero celtíbero...

"Celtiberia" de A. Capalvo, 1996.

Reconstrucción realizada ...Reconstrucción realizada en la exp...

Cerámica celtibérica arag...Cerámica celtibérica aragonesa

Pueblos prerromanos en Ar...Pueblos prerromanos en Aragón

Categorías relacionadas

Categorías y Subcategorías a las que pertenece la voz:

 

© DiCom Medios SL. C/ Hernán Cortés 37, 50005 Zaragoza
Inscrita en el Registro Mercantil de Zaragoza, en inscripción 1ª, Tomo 2563,
Seccion 8, Hoja Z-27296, Folio 130. CIF: B-50849983

Información Legal

NTT