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Cine

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 30/03/2010

Hablar de cine en Aragón supone el enunciado simultáneo de fenómenos muy diversos y complejos. En primer lugar, cada vez resulta más claro que buena parte de las actividades de la imagen se han canalizado hacia el vídeo. En segundo lugar, al espectador le implican fundamentalmente los circuitos comerciales, y mucho menos los independientes. En tercer lugar, lleva camino de no ceder la ya clásica disyuntiva de entender lo aragonés como algo que (al referirse al cine) atañe a los nacidos aquí, los que trabajan aquí (o lo que se rueda aquí ocasionalmente) o cualquier tipo de producto que temáticamente implique a esta tierra.

En cuanto a la producción local, han continuado en auge creciente los festivales de Teruel y sobre todo Huesca, a los que hay que sumar a partir de 1984 el I Certamen de Cine Etnológico de las Comunidades Autónomas, amparado por el Instituto Aragonés de Antrolopogía. Valores como Eugenio Monesma Buscar voz..., Santiago Chóliz, Víctor López, José Antonio Vizárraga (por citar unos pocos ejemplos) han tenido ocasión de mostrar allí su valía sumándose a veteranos como Pomarón Buscar voz..., Aguaviva, Alfaro Buscar voz..., Duce Buscar voz..., los hermanos Sánchez, Alejo Lorén Buscar voz..., etc. Especial importancia hay que conceder a la Bienal de cine científico español organizada por la Universidad con colaboraciones externas.

Otros circuitos alternativos a los comerciales son la Filmoteca de Zaragoza y el Aula de Cine de la Universidad, muy notables en su programación.

La debilidad industrial de los circuitos aragoneses es una evidencia que puede entenderse perfectamente en plabras de Juan José Vázquez: "Cuando, desde 1970, distintos críticos zaragozanos inventaron el cine aragonés -o el cine de autores y temas aragoneses, como muy bien precisaba Manuel Rotellar-, encontraron un escollo difícil de salvar. Se trataba de destacar lo aragonés por encima de lo cinematográfico y, por ello, de justificar la heterogeneidad de un grupo de cineastas nacidos en Aragón, como Segundo de Chomón Buscar voz..., Florián Rey Buscar voz..., Luis Buñuel Buscar voz..., Carlos Saura Buscar voz... o José Luis Borau Buscar voz..., por limitarnos a los más frecuentados.

En ese intento homogeneizador en el que todos caímos se destacaba como genio universal a Luis Buñuel; su genio, como tal, era de claro origen aragonés -si surgían dudas, un oportuno redoble de tambores calandinos evitaba discusiones-. Se ensalzaba a Saura y Borau por su obra, que no precisaba explicaciones de calidad por estar tan supuestamente ligada a la problemática socio-política de la España de la dictadura. Curiosamente, se pasaban más apuros para incluir en el lote a Chomón y Rey, cuya justificación procedía de la cuna: eran nacidos en Aragón y, a pesar de que difícilmente encajaban en una dogmática visión de la historia social del cine, jugaban en el argumento el papel de ilustres antepasados, demodés pero necesarios para dar a Aragón un siempre oportuno lustre de región histórica".

Claro está que si se atiende a esta caracterización poco podría añadirse a lo dicho o, si acaso, dejar constancia de pérdidas tan valiosas e irreparables como las de Manuel Rotellar Buscar voz... y Manuel Labordeta Subías Buscar voz..., ambos fallecidos en 1983, o Antonio Tramullas Buscar voz... en 1985, dejando tras de sí una intensa y extensa labor en la crítica, la interpretación y la realización independientes.

Si no se entiende así, la cuestión cambia mucho y merece la pena recordar que José María Forqué Buscar voz... seguía trabajando sin interrupción y que una de sus obras, dedicada a Ramón y Cajal, contó, además, con guión de Santiago Lorén y una banda sonora de Antón García Abril Buscar voz.... Que José Antonio Páramo llevó a T.V.E., El rey y la reina, basada en la novela del mismo título de Sender Buscar voz..., de quien Antonio Betancor adaptó Crónica del alba y Valentina; Betriú, Réquiem por un campesino español, y Alfredo Castellón, Las gallinas de Cervantes. Y quedan, naturalmente, los cineastas aragoneses que ya cuentan con una nutrida bibliografía, y que merecen habitualmente tratamiento aparte (Chomón, Buñuel, Saura, Borau Buscar voz... y Florián Rey).

Sobre Buñuel hay poco que añadir, porque goza de forma irreversible del status de un clásico de máximo rango. Clásico en el más riguroso sentido de la palabra, ya que no sólo se suceden de forma continua las retrospectivas, congresos y homenajes sobre su obra, sino que se le estudia en clase, en las escuelas de cine de todos la países.

Recordando el libro que Manuel Rotellar preparaba sobre Florián Rey y los trabajos de Barreira, Florentino Soria y Fernández Cuenca, su figura ha sido estudiada por Agustín Sánchez Vidal Buscar voz... en El cine de Florián Rey, de 1991. Recordando el homenaje a La aldea maldita en el Festival de Valladolid, el 31 de enero de 1944, se estrena en el Cine Callao de Madrid la película Orosia, la cual se daba por desaparecida al no quedar ninguna copia. Una película rodada en Oza y Echo, Pirineo Oscense, en 1943, que es sacada a la luz, en febrero de 1992, por Melquiades Ángel Belloc, actor que intervino en la película.

Sobre Segundo de Chomón su recuperación definitiva queda completa con los reconocimientos oficiales en festivales y con los libros publicados por Juan Gabriel Tharrats y Agustín Sánchez Vidal.

Saura siempre ha tenido mucho cartel entre el estamento intelectual. Bien conocida es su suerte en el Festival de Berlín, que lo catapultó. No menos de cinco universidades francesas le han dedicado coloquios internacionales (tres de ellos, los de Dijon, Strasburgo y Burdeos, reflejados en las publicaciones correspondientes). Ello se debe a que, desde Carmen como mínimo, Saura es además un sólido valor comercial. Conviene no olvidar que Carmen se mantuvo, tras estrenarse en el mejor cine de Nueva York, desde noviembre de 1983 hasta julio de 1984, constituyendo el mayor éxito obtenido por una película española en los Estados Unidos, y alcanzando el número 15 entre los vídeos más vendidos en ese país.

El reconocimiento de José Luis Borau es en la actualidad definitivo, basta con ver los homenajes, y conviene tomar buena nota de que uno de los dos primeros libros que se publican en Estados Unidos sobre cine español va dedicado a él. Se trata de Spanish Film Directors (1950-1985): 21 profiles, de Ronald Schwartz. La otra monografía en concordia, de Peter Besas, se titula Behind the Spanish Lens Spanish Cinema under Fascism and Democracy. Por cierto: con una sabrosa nota sobre el estreno en Zaragoza de La vaquilla. En ambas se recuerda el enorme éxito de Furtivos (más de 260 millones de pesetas recaudados) y su reconocimiento en los Estados Unidos bajo el patrocinio del American Film Institute (el New York Post lo votó entre los diez mejores filmes del año 1978). En cualquier caso, no deja de resultar significativo que cuando la Universidad de California publica su Quaterly Review of Film Studies en la primavera de 1984 dedicándolo íntegramente al nuevo cine español, el volumen vaya consagrado a la memoria de Luis Buñuel (con dos artículos sobre él), contenga otros dos estudios sobre Saura, otro sobre Borau (de Vargas Llosa) y un diagnóstico del autor de Furtivos. En total, de ciento tres páginas, sesenta y cuatro versan sobre cine aragonés.

Desaparecida en 1968 la productora zaragozana Moncayo Films Buscar voz..., también se desvaneció la posibilidad de realizar un cine auténticamente nuestro una vez superada aquella fiebre de pioneros que impulsó a sus artífices, llevando a la pantalla temas ajenos a nuestra cinematografía, animados sin duda por ese universalismo que siempre latió entre nosotros. Emilio Alfaro Buscar voz... (uno de los hombres más entusiastas de la productora aragonesa) perfiló en abril de 1982 alguno de los motivos que contribuyeron a hacer desaparecer la productora: "Moncayo Films no gozó del apoyo de Zaragoza. Al menos, del oficial. Funcionando como productora prestigiosa en el mundillo profesional español, fue ignorada por entidades e instituciones locales a la hora de elegir empresas para sus documentales o reportajes industriales. La crítica zaragozana, salvo excepciones, trató sus películas con una paternal benevolencia, cuando no con irónico desdén. Y, sin embargo, hasta el momento, constituye la empresa más ambiciosa realizada en el mundo del cine por aragoneses que deseaban crear una industria (con estudios de rodaje incluidos, ubicados, por cierto, en terrenos de Cuarte de Huerva) radicada en Zaragoza. Se hizo lo difícil y se falló en lo pedestre. A pesar de todo lo cual, en Estados Unidos se proyectan hoy dos películas realizadas hace casi veinte años en el Monasterio de Piedra y en Zaragoza". (Se refiere a El rostro del asesino y Culpable para un delito.)

En 1997 se publica La década de Moncayo Films, escrita por José Antonio Duce Buscar voz... y Juan Duce Reblet. José Antonio Duce, simplificando, divide la década de Moncayo Films en dos quinquenios. El primero, de gestación, se inicia en 1957, con Pif de Alfaro y Pomarón, los comienzos de Monreal, de Producciones Lagramon con Grañena y Duce, de Los sitiados de Muro y Radio Zaragoza, y su final en 1961, con el documental Zaragoza, ciudad inmortal de José Antonio Duce. El segundo quinquenio emerge en 1962 y tiene tres etapas: los cortometrajes iniciales, 1962-1963, las películas de largometraje, 1964-1966, y el declive, datado en 1967, pero sin una fecha perfectamente delimitada. Sus fundadores fueron: Julián Muro Navarro, Emilio Alfaro Gracia, José Luis Pomarón Herranz, José Antonio Duce Gracia y Víctor Monreal Sarto.

Esa indiferencia o despego hacia lo nuestro fue tónica habitual desde siempre, aunque parece haber dado síntomas de mejora si tenemos en cuenta las numerosas publicaciones y los diferentes acontencimientos en torno al cine, sin obviar otras manifestaciones culturales.

Centenario del Cine: El 13-IX-1995, la Junta de Gobierno de la Academia de las Artes y de las Ciencias Cinematográficas, presidida por el director de cine zaragozano José Luis Borau, eligió a Zaragoza ciudad "Origen del cine español" y sede de los actos del Centenario del Cine Español que se iban a celebrar durante 1996. El hecho de que la primera película española que se conserva, Salida de misa de doce del Pilar, se rodara en Zaragoza por unos zaragozanos, los Jimeno, y la copiosa nómina de cineastas claves para la historia del cine español y mundial que nacieron en Aragón, hacía que esa elección no precisara de mayores justificaciones. Durante todo el año 1996 el Ayuntamiento de Zaragoza se volcó en la organización y el desarrollo de una serie de actividades que estuvieran a la altura de la conmemoración: exposiciones, seminarios, muestras, ediciones de libros, ciclos antológicos en su Filmoteca, restauración de películas o una serie de coloquios que, con el título de "Yo confieso: encuentros con el cine español" acercaron al público zaragozano a 33 personalidades de nuestro cine: Luis García Berlanga, Fernando Trueba, José Luis García Sánchez, David Trueba, Santiago Segura, Chus Gutiérrez, Carlos Fuentes, Gabino Diego, Agustín Díaz Yanes, Pilar Bardem, Fernando Fernán-Gómez, Javier Bardem, Jorge Sanz, Penélope Cruz, Beatriz Carvajal, Álvaro Fernández Armero, Enrique Urbizu, María Barranco, Luis Marías, Silke, Candela Peña, Elvira Mínguez, Imperio Argentina, José Luis Borau, Agustín Sánchez Vidal, Paco Rabal, Jaime de Armiñán, Terele Pávez, Pedro Beltrán, Alfredo Landa, Fernando Ramallo, Lucía Jiménez y Maribel Verdú, una amplia, brillante y variada representación de distintas generaciones del cine español, que convocó a unos 4.500 zaragozanos al salón de actos de la Caja de Ahorros de la Inmaculada donde discurrió el ciclo. Durante los años 1997 y 1998, el ciclo tuvo su continuidad en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Zaragoza. El jueves 11 de octubre de 1996, cientos de intérpretes, técnicos, músicos, escritores y directores vinculados de un modo u otro al cine español llegaron a Zaragoza para participar en los actos centrales de la celebración. Ese mismo día, en los salones del Ayuntamiento, 46 de ellos eran galardonados por la Academia con la entrega de unas medallas que pretendían reivindicar la trayectoria de unos profesionales decisivos del cine español que hasta entonces no habían obtenido un reconocimiento público coherente con su categoría. Diversas actrices (Josita Hernán, Raquel Rodrigo, Maruchi Fresno, Mercedes Vecino, Blanca de Silos o Antoñita Colomé), directores (Francisco Rovira Beleta, José Antonio Nieves Conde o Antonio Isasi Isasmedi), músicos (Gregorio García Segura, Antón García Abril o Augusto Algueró), guionistas (Carlos Blanco, Enrique Guitart o Vicente Coello) y técnicos, recibieron esos galardones. El viernes 12, a las doce de la mañana, bajo un sol radiante, y con miles de zaragozanos como testigos, los invitados se agolparon en la puerta de la Basílica del Pilar para hacer de figurantes de un documento excepcional: la reproducción cien años después, del plano que los Jimeno rodaron el 11 de octubre de 1896. Un grupo de directores encabezados por José Luis Borau (Luis G. Berlanga, Fernando Trueba, Jaime de Armiñán, Imanol Uribe, José Luis Cuerda, Icíar Bollaín, Rosa Vergés y Alejandro Amenábar), con los operadores Fernando Arribas y Teo Escamilla, se colocaron detrás de la cámara para filmar el simbólico plano. El tributo a los Jimeno se prolongó esa misma mañana en la Plaza de Ariño donde se descubrió una estatua, realizada por el aragonés Manuel Arcón, dedicada al padre del cine español, Eduardo Jimeno Correas Buscar voz.... Por la tarde, a las ocho, una caravana de 22 lujosos descapotables antiguos trasladó a los invitados desde el Gran Hotel hasta el Auditorio donde se iba a celebrar la Gran Gala del Centenario. A sus increíbles 85 años, Imperio Argentina, que pocos días antes había leído el pregón de las Fiestas del Pilar, presidía el desfile acompañada en el coche por José Luis Borau y el Concejal de Cultura, Juan Bolea. Miles de zaragozanos jalearon a la comitiva durante todo el trayecto. A las doce y cuarto de la madrugada, José Luis Borau y la alcaldesa de Zaragoza, Luisa Fernanda Rudi, abrieron con sus palabras la Gran Gala, una ceremonia que había convocado a más de 1.800 personas y cuyo coste ascendió a 90 millones de pesetas, financiados, entre otros patrocinadores, por la Academia, el Ayuntamiento zaragozano, el Gobierno de Aragón, Ibercaja y R.T.V.E., cuya primera cadena retransmitió en directo el acto. La gala, dirigida por Mario Gas y escrita por Jesús García de Dueñas, consistió en una revisión por décadas de los momentos más significativos del cine español. En una gran pantalla desfilaron imágenes antológicas de toda la historia del cine español, desde Salida de misa de doce del Pilar, incluido el remake rodado esa misma mañana, acompañadas por la orquesta que puso la banda sonora a la velada y por los casi ininterrumpidos aplausos de los asistentes. Cada década era presentada por una pareja de invitados que leían textos alusivos, algunos tan celebrados como los escritos por el guionista y poeta Pedro Beltrán o por el actor y showman El Gran Wyoming. La noche disfrutó de varios instantes álgidos: la aparición inicial en el vídeo de Maribel Verdú y Amparo Larrañaga; la emocionante salida del patio de butacas de Lolita Sevilla cantando el tema central de Bienvenido Mr. Marshall y su reunión en el escenario con Luis G. Berlanga y Elvira Quintillá, director y protagonista de la mítica película; las personales y sentidas interpretaciones de Martirio del Tatuaje de Concha Piquer y de Ángela Molina del Yo te diré de Los últimos de Filipinas; el encanto de Mary Carmen Ramírez evocando el Oscar de Belle Époque con la romanza En un país de fábula; la elegante reivindicación de los guionistas por Fernando Trueba o la estremecedora actuación final de los tambores de Calanda transparente homenaje a Luis Buñuel. Alrededor de las dos y cuarto de la madrugada del día del Pilar de 1996, concluyó una bella ceremonia que culminaba la celebración del primer centenario en España del arte más popular del siglo XX.

Cine aragonés. En 1970 se realizó la primera experiencia de ofrecer al público una serie de películas que correspondían al enunciado de cine aragonés. La experiencia fue patrocinada por el Ayuntamiento de Zaragoza, dentro de sus Semanas Culturales, y realizada por el Cineclub Saracosta. Manuel Rotellar seleccionó las películas, escribió textos documentales y se dio a todo esto una definición: Ciclo de Cine de Autores Aragoneses. Cada ciclo lo componían cuatro sesiones, con películas importantes, y otras que no lo eran tanto, pero que significaban una noticia cultural, la reivindicación de un actor, de un músico, o de un director poco conocido.

En Zaragoza se celebraron cuatro ciclos entre 1970-1974, que constituyeron éxitos resonantes. La entrada al local de proyección era libre, y para cada ciclo de los celebrados, se editaba una monografía. Fueron, pues, cuatro las monografías escritas por Manuel Rotellar, y se proyectaron más de cincuenta películas en esta primera experiencia de acercar al pueblo el cine que realizaban nuestros profesionales y artistas. Como ejemplo, detallamos el programa preparado para el tercer Ciclo de Cine de Autores Aragoneses, celebrado en septiembre de 1972, en el Cine Arlequín. Cada sesión significaba un homenaje. Y en ellas fueron homenajeados Segundo de Chomón, Moncayo Films, José María Beltrán, Adolfo Aznar, Luis Buñuel y Goya.

El éxito de estas sesiones trascendió fuera del ámbito de Zaragoza, capital. Y la ciudad de Barbastro quiso sumarse al homenaje dedicado a los cineastas aragoneses. El cineclub local, de la Sociedad Mercantil y Artesana, organiza su Primer Ciclo, dentro de la Semana Cultural Barbastrense, en mayo de 1974. Coordina este primer ciclo y escribe una monografía M. Rotellar, y se proyectan películas de Chomón, Buñuel, Carlos Saura, José Luis Borau, Alfredo Castellón y José Antonio Páramo. El éxito es pleno.

Sobre esta medida de exaltación del cine autóctono, se hicieron eco muchos críticos y especialistas. Entre otros, Manuel Villegas López contribuyó decisivamente a su divulgación y popularidad: "El cinema está hecho con mentalidad de hombre urbano, porque la gran ciudad es, precisamente, el crisol donde se elabora y trasforma todo comarcalismo, no siempre para anularlo, sino para situarlo en esa directriz de unos caracteres generales. Es decir, este cine de ciudad es el necesario punto intermedio entre lo local y lo universal, y se erige en representante del cinema nacional en su totalidad. Pero así como la ciudad contiene los elementos localistas de un país, y está hecha con ellos, sería sumamente interesante determinar los factores regionales que formen un cine nacional".

Lo que pudiéramos llamar esa "minoría aragonesa" en el cine es verdaderamente notable y, seguramente, lo es también su influencia. Rotellar da una lista extensa, y sólo a modo de ejemplo, pues la deja abierta. Están los pioneros, como los Jimeno, que son los primeros españoles que proyectan cine en España, y hacen pequeñas películas, en 1896, precisamente en Zaragoza Antonio Tramullas e Ignacio Coyne, que inician el reportaje cinematográfico con películas de bastante metraje, sobre la guerra de África, por ejemplo. Pero entre ellos, el máximo personaje, ya casi fabuloso, es Segundo de Chomón, verdadero émulo español de Georges Mélies, que trabaja en Francia e Italia, llevando a cabo innovaciones importantes en la técnica de la iluminación... Con esto, los hombres a los que dedica mayor extensión son a Florián Rey, Luis Buñuel, Carlos Saura y Adolfo Aznar, escultor, realizador de films de argumento y de muñecos animados; José María Beltrán, uno de los mejores directores de fotografía del mundo, etc.

Cine de grupos independientes: Grupos de cineastas amateurs, definidos como independientes, aunque el término amador o amateur, implica ya independencia. Brota en Zaragoza tras la experiencia de Guillermo Fatás Ojuel, en 1947, y la sesión dedicada por el Cineclub de Zaragoza en noviembre de 1948, a los cineastas amateurs catalanes, donde se proyectaron películas de Domingo Giménez, Delmiro de Caralt, Lorenzo Llobet Gracia, Pedro Font, Juan Español, Juan Llobet, Enrique Fité, y Guillermo Fatás Ojuel como aportación aragonesa. Estos grupos independientes desarrollaron una interesante labor de difusión del cine que propugnaban, aunque no todos alcanzasen las metas que se habían propuesto.

Uno de los grupos más interesantes fue el dirigido por Antonio Maenza Buscar voz..., que con su film underground ganaría nombradía nacional. Pero antes ya habían demostrado su entusiasmo José Luis Pomarón Buscar voz... y el Grupo Eisenstein, formado por Pedro Marqueta, Fernando Gracia, Mariano Baselga y Fernando Alonso, que nos darían, en 1962 un film de animación titulado Impacto, pintado sobre el celuloide; y, en 1968, el ambicioso Por ejemplo, mudéjar, incursión de arte sobre las torres aragonesas de este estilo artístico. Notable es también la labor de los hermanos Sánchez Millán, con sus galardonados films La persecución (1964) y El estudio (1965). Miguel Vidal dedica sus películas al deporte de la montaña; entre las más destacadas y emocionantes destacamos Siempre unidos, dedicada a los malogrados escaladores Rabadá y Navarro. Fernando Manrique y Miguel Ferrer, son destacados impresionistas, que plasman en color o en blanco y negro sus querencias cromáticas. Luis Pellegero llama la atención con sus experiencias en lienzo y barro, e inicia un lenguaje plástico cuajado en sus films Plástika (1959) y Cromátika (1960), sobre pintura de Vera, Santamaría y Sahún, tres figuras de la Escuela de Zaragoza; pero uno de los mejores ensayos de Pellegero, es El desafío (1962), que realiza con la colaboración de Manuel Labordeta Buscar voz..., que aquí figura como actor.

Manuel Labordeta Buscar voz... es el creador de un cine de humor de fuerte impacto que nos atreveríamos a agrupar en un estilo personal que va del esperpento al folletín caricaturesco del viejo cine en episodios; Comandos (1962), ofrece una sátira política, dentro de un esquema inocente y absurdo; se desarrolla una acción de gran aparato estratégico, hasta culminar en lo sorprendente e inusitado. Su film anterior, Estación Internacional (1960), ya nos ofrecía estas facetas de humor, existentes en las tremebundas historias de espionaje de principios del cine, o en los folletines por entregas. Manuel Labordeta es un cineasta con ideas frescas, ágiles, impactantes; su técnica anticonvencional, su descuidado estilo no impiden una producción llena de vida, de encanto y de humor.

Otro caso notable, más experimental, es el de Pedro Avellaned Buscar voz..., nuestro cineasta más inquieto y más poeta. Son notables sus films La Gitana, Romeo y Julieta en los infiernos (1968) y Tiempo de metal, sobre textos de Bretón y Antonin Artaud, acaso su film más acabado. En Avellaned vemos también ideas y poesía, tan inalcanzable siempre que se carece de sensibilidad y gusto.

José María Sesé, Ignacio Sariñena, Pedro Rodero, son experimentadores ocasionales, con alguna película de interés. Sesé, por ejemplo, obtiene galardones con sus films Abstracción rítmico formal (1963), Dinámica (1964) y Ondulante (1966).

Con el avance de las nuevas tecnologías, muchos son los realizadores aficionados aragoneses que comienzan a experimentar con el más asequible y manejable soporte videográfico; progresivamente, y acuciado por las cada vez mayores dificultades técnicas, el cine en súper-8 va languideciendo hasta su práctica desaparición. Pese a ello, durante los años ochenta sobrevive un considerable número de cineastas que perpetúan el espíritu cinéfilo de décadas anteriores. Sobresalen, entre ellos, los documentales y comedias de Pedro Aguaviva, las parábolas bíblicas de Carlos Pallarés; los cortos poéticos y de resonancias oníricas de Santiago Chóliz; los filmes de investigación estética de Eduardo Laborda; y otros trabajos de autores como J. Antonio, Gálvez, J. Burillo y C. Calvo, así como de diferentes grupos y colectivos que mantienen la actividad prácticamente hasta el final de la década.

Varios colectivos zaragozanos de cine en pequeños formatos (generalmente Súper-8) llevan a cabo su actividad a lo largo de los años ochenta. Dos de ellos surgen de la sección cinematográfica de la Sociedad Fotográfica de Zaragoza: Andanzas (luego integrado en Artymagen) y Cineceta. El primero desarrolla un cine de alcance social, casi siempre bajo la fórmula de la parábola, en cortometrajes como El último trayecto, Érase una vez un payaso y Diálogos en silencio, la Asociación Cinematográfica Aragonesa Cineceta, integrada por José Antonio Vizárraga, Juan Isidro y Servando Gotor y Javier Peña, entre otros, produce una filmografía que incluye Su último suspiro (homenaje a Luis Buñuel), Color de luz y Como la ortiga segada, antes de convertirse en Sociedad Anónima y producir dos filmes profesionales de Vizárraga.

En un ámbito más lúdico cabe encuadrar Alucine-Alumbramientos Cinematográficos (José Manuel Fandos, José Abad y Javier Peña, con filmes como Boing, El tabaco es peligroso para la salud y Un triángulo de cuatro lados), Chiribvito Films (Jesús Ferrer, Juan J. Lombarte y Carlos Pomarón, con Presagios de agua o El asunto Taylor) y La Estética Moderna (Ángel Gonzalvo y Félix Serna, con El delantero que nunca ha fallado un gol, el portero al que nunca le han metido un gol, ¿Qué es lo que más quieren las mujeres?). Más recientemente, destaca la trayectoria de Sefilma (de la Agrupación Artística Aragonesa) y Sin Retorno Films.

La actividad turolense se concentra en los grupos interrelacionados San-Gría Films, Vargas Bros y Savijuc, alrededor de los cineastas aficionados Tomás Pérez, Jesús y Elifio Féliz de Vargas (los Vargas Bros.) y Fermín Pérez. Los dos primeros producen un cine satírico y paródico (Que Dios nos pille confesaos, Co-chinada, Bodyguay), mientras el tercero realiza un cine de contenido social (Savijuc, diez años, una amistad, Son amigos, Sociedad).

En los últimos años ha comenzado su andadura una generación de jóvenes cineastas que, con pocos medios, pero con mucha imaginación, están realizando unos cortometrajes mucho más que dignos. Pueden citarse a Jorge Blas, Los últimos días de paz, José Ángel Delgado, Fin de trayecto: Canfranc y Autopsia o Miguel Ángel Lamata, ¿Quién te pides? Este último, crítico cinematográfico en varios medios, tiene proyectado rodar un largometraje en Zaragoza al que titulará Cuatro duros, en clara alusión a los medios que disponen para hacer cine, y que contará con la banda sonora del grupo zaragozano Sick Brains.

Cine político aragonés: Tomando el concepto cine político en su acepción más estricta, es decir, la película como instrumento de intervención política, no encontramos en nuestra región un conjunto de trabajos que hayan podido configurar un cine político autóctono. Sólo han aparecido intentos aislados que no han generado una obra coherente y prolongada.

Entre la amplia producción del cine amateur aragonés entre 1955 y 1965, destacan algunas obras más por su intencionalidad que por ser estrictamente políticas; son, entre otras, La herradura de A. Artero, El desafío de M. Labordeta y M. Pellegero, Palabras a sangre y fuego de P. Avellaned -todas ellas en 8 mm.- y El rey de J. L. Pomarón, filmada en 16 mm. En el período 1967-1969 se sitúan los dos intentos más serios de producción de este tipo de cine en Zaragoza: de una parte el trabajo de A. Maenza que culminó en el largometraje Lobby contra el cordero, rodado en 16 mm. y con claras referencias antifranquistas; por otro lado, la labor del Grupo Eisenstein que, no tanto por las películas que realiza como por su planteamiento de trabajo cinematográfico colectivo, puede inscribirse en este concepto de cinematografía: en este equipo participaron, entre otros, M. Baselga, P. Marqueta y J. L. Rodríguez Puértolas, y de entre su producción en 8 mm. destacan Por ejemplo mudéjar; M; Killers, y Cleopatri contra los megalópidos, la más explícitamente política.

A partir de 1969, si exceptuamos un intento inacabado de J. M. Palá con los miembros del Teatro Estable de Zaragoza en 1973, un film actuó como símbolo -y experiencia única- de cine político en Aragón: Monegros (A. Artero, 1969), reportaje de esta comarca aragonesa producido por la Caja de Ahorros de la Inmaculada, quien más tarde secuestró las copias. Las condiciones de clandestinidad en que se efectuaba su exhibición contribuyeron a dotar a Monegros de un valor político significativo.

Las modificaciones en la vida política española ocurridas desde 1975 y la influencia de los colectivos de cine militante que trabajaban en los años 70 en Madrid y Barcelona, originan los primeros ejemplos de cine de intervención política en Aragón, a partir de 1976. En un primer momento, las películas se limitan a recoger el testimonio documental -siempre en s/8 mm. con excepciones en 16 mm.- sin apenas elaboración cinematográfica de acontecimientos con claro contenido político: actos de partidos o acciones de masas. En esta labor destacan A. y J. Sánchez Millán, J. Burillo, A. Lorén, entre otros. Tres obras son significativas: Alborear de P. Aguaviva, sobre el trabajo político del P.S.A.; Canción de la libertad, filmación de A. y J. Sánchez sobre el recital homenaje de J. A. Labordeta en febrero de 1976, y Caspe 76: Aragón autonomía de A. Sánchez Millán y otros, sobre la concentración en Caspe por un Estatuto de Autonomía para Aragón.

La muestra más acabada de cine político realizado en Aragón es Salvad el mercado (A. y J. Sánchez Millán, 1976-78) realizada como apoyo a la lucha del movimiento ciudadano de Zaragoza para impedir la demolición del Mercado Central de la Ciudad. Al amparo del movimiento generado en Aragón por distintos colectivos ecologistas, se filmaron trabajos de intervención en este ámbito; destaca entre ellos el cortometraje Adorable humanidad de P. Aguaviva. Por último cabe señalar un uso distinto del cine político con Esta tierra (A. Lorén, 1979) realizado por encargo de la Diputación General de Aragón y primer trabajo de Caspe Films, productora cinematográfica aragonesa.

Cine etnográfico: Julio Alvar Buscar voz..., Eugenio Monesma Buscar voz... y otros muchos realizadores aragoneses vinculados con el cine de paso estrecho, han abordado una producción cinematográfica destinada a ir recogiendo facetas de nuestro folclore, costumbres y arte, que un día pudieran desaparecer para siempre. Entre los realizadores más emprendedores y entusiastas hay que destacar a E. Monesma, autor de una buena colección de películas etnográficas, auspiciadas por el Instituto Aragonés de Antropología, con sede en Huesca. De la ingente producción de Monesma (Huesca, 1953), podemos seleccionar los siguientes títulos: Ruinas (1981), ruinas de Belchite; Réquiem para unos pueblos (1981), pueblos abandonados de la ribera del Guarga; Hierro y fuego (1982), forja artística; Trangas, montatos y madama (1982), carnaval de Bielsa; La alfarería en Bandaliés, La alfarería en Tamarite de Litera, La alfarería en Fraga (tres documentales de 1982); Lana (1982), elaboración de la lana en Naval; Cucharero (1982), elaboración de cucharas de boj en Almunias de Rodellar; El botero (1982), proceso artesanal de botas para vino y aceite, en Ayerbe; La cuenta del ganado en San Juan de Plan (1982), contabilización del ganado en la Alta Montaña, según rústicas tradiciones; El alambrado de pucheros (1982), para darles más consistencia y conservar mejor el calor.

Otros hombres de Aragón han querido aportar con sus películas entusiastas una perennidad para el folclore y de todo cuanto signifique etnografía. Cabe citar los trabajos cinematográficos de Santiago Chóliz Polo, cuyos inicios en el cine tienen su arranque en 1975, precisamente en un filme titulado Fiesta, recogiendo aspectos de Azuara sobre festejos populares, con su "toro de fuego" como colofón. Otros filmes de este joven realizador: Imágenes y sombras (1978), la Semana Santa en Azuara; Aragón... así... La jota (1979).

Documentales de arte y turísticos: Este cine ofrece particularidades que lo hacen difícilmente clasificable. En nuestra tierra, y también fuera de ella, el cortometraje es una vía casi exclusiva para llegar al cine profesional, entendiendo corno tal el largometraje argumentado. Los directores de renombre, en ocasiones, se lanzan en pos de la captación de bellezas lugareñas en reportajes sobre la forma de vida de algunas comarcas, o del documento localista que tiene tanto de etnografía como de postal de circunstancias. En Arte, hay que destacar dos películas de Alberto Sánchez Millán Buscar voz... de hermosa factura documental y artística: Damián Forment y Pablo Serrano; en el primero recoge los retablos de la catedral de Huesca y del templo del Pilar de Zaragoza; el segundo sigue la trayectoria artística y humana del gran escultor de Crivillén.

César Ardavín es otro de los directores de largometrajes que ha recorrido Aragón con su cámara en busca de bellos lugares. Entre su amplia filmografía de cortometrajes (unos cien, en mayo de 1983), la que dedica a Aragón y a los aragoneses ilustres, entresacamos los siguientes: La mujer de Goya (1975), Un lugar llamado Alquézar (1980), Los caprichos de Goya (1980), Un lugar llamado Daroca (1982) y Un lugar llamado Albarracín (1982).

En tal apartado del cine documental no podía faltar la obra entusiasta del montañero-cineísta Miguel Vidal Cantos, nacido en Valencia en 1919, pero llevado a los seis meses a Sallent de Gállego, donde creció, se educó y recorrió la montaña, hasta los quince años, en que sus padres se traladaron a Zaragoza, residiendo desde niño en la capital de Aragón. De amplia filmografía sobre montañismo, destacamos los títulos siguientes, anotando además su contenido: El Pilar en el Moncayo (1953); Marcha por montaña (1953); Aneto (1954), ascensión; Escalada (1959), primera escalada absoluta al Mallo Firé, realizada por Rabadá-Navarro; Rutas del Ebro (1960), descenso en piragua desde Tudela a Zaragoza; Alta ruta pirenaica (196l), travesía integral de alta montaña en el macizo de los Malditos; La Vhi Soñada (1961), primera ascensión al Naranjo de Bulnes por su cara oeste, realizada por Rabadá-Navarro; Siempre unidos (1964), primera escalada absoluta al Mallo Tornillo de Riglos, homenaje a los malogrados Rabadá-Navarro; En el cañón del Vero (1972), descenso en las estribaciones de Guara; Las Peñas de Riglos (1973), historia de la escalada en Riglos y su entorno montañero; Zaragoza y su montaña (1974), Zaragoza, siguiendo la ruta de Bécquer: Trasmoz, Tarazona, para finalizar en la cima del Moncayo; Sobrarbe legendario (1975), historia del reino de Sobrarbe con la celebración de la "Morisma"; Montaña... (1977), historia del ejército alpino desde Aníbal a nuestros días. En 1982, Miguel Vidal Cantos rueda su primer film de argumento: El herrero de San Felices, adaptación del cuento de Luis López Allué, que interpretan Manuel Labordeta y Manuel Rotellar.

José Joaquín Canals ofrece dos documentales que produce él mismo: Alto Pirineo, ese paraíso (1980) y Teruel (1981), que no pasan de una medianía digna. Bastante mejor es el producido por Olimpia, bajo la dirección de Antonio Pérez Olea, que lleva por tema y título Bajo Aragón (1980). Citamos, por último, los cortometrajes turísticos, más por dejar una referencia que por sus calidades, que dirigió el zaragozano José Grañena, para su productora Intercine: Tenerife, eterna primavera, Vacaciones en Tenerife, Carnaval en Tenerife, Flores en Tenerife y, por último, Ibiza es una fiesta.

· "Comprender Aragón": "Comprender Aragón" es el título general de una ambiciosa serie de documentales cinematográficos realizados por el Instituto de Ciencias de la Educación (ICE) de la Universidad de Zaragoza. Director de la serie y mentor de la misma es el profesor Agustín Ubieto Arteta, con la ayuda de un equipo entusiasmado con esta tarea divulgativa al par que científica. En el equipo figuran: Francisco Tarangí (fotografía), Juan José Esparza (producción), María Isabel Alcalde (selección musical), María Pilar Querol (documentación) y Alfredo Herrero (montaje). Las tareas de filmación se iniciaron en febrero de 1981 y para marzo del mismo año se presentaba "Comprender Aragón" en el salón de actos del ICE, proyectándose el primer filme, titulado Los nombres de nuestros pueblos. Para tamaña empresa (según apuntó el profesor Ubieto en su charla presentación) se creó una sociedad cultural denominada "Guatizalema", encargada de aportar recursos económicos para esta empresa. Se llevan realizadas las síguientes películas: Los nombres de nuestros pueblos; Las diócesis: el cómo y el porqué; El Derecho aragonés, indultado; El porqué de los despoblados; El lenguaje de los castillos; El debe y el haber de los monasterios; El lino y el cáñamo; Visita sin guía a San Juan de la Peña; El Estatuto de Autonomía (este capítulo, en colaboración con la Televisión Aragonesa). Varias cosas a tener en cuenta sobre esta magnífica serie, llamada, como indica su epígrafe, a comprender Aragón, fruto de un grupo entusiasta, al que no arredran demasiado las dificultades (resueltas, en parte con la ayuda recibida) son: la claridad y sencillez de los comentarios, muy didácticos, que sitúan inmediatamente al espectador ante lo que se desarrolla en la pantalla; la homogeneidad de estilo de los temas y la altura científica de los temas ya desarrollados.

· Cineclubs: El primer cineclub aragonés se funda en Zaragoza en 1930. Pasa a definirse como Cineclub Zaragozano y es filial del Cineclub Español, fundado en Madrid por Ernesto Giménez Caballero. La primera sesión celebrada por el Cineclub Zaragozano fue en el Cinema Alhambra el domingo 27-IV-1930. La sesión inaugural fue un gran acontecimiento cinematográfico, con un programa que agrupaba una versión primitiva de La dama de las camelias, Historia de la brujería, de Benjamin Christensen, y como acontecimiento, Un chien andalou, de Luis Buñuel y Salvador Dalí. Presenta la sesión Andrés Ruiz Castillo, que define el cineclub como "un ideal de minorías selectas, de espíritus abiertos a la luz de todas las innovaciones, por audaces que sean". Colaboran en esta inauguración otros oradores: Fernando Castán Palomar glosa el cine de "hace veinte años" y destaca el personaje de Dumas, Margarita Gautier, uno de los de mayor incidencia en la pantalla. El "comité" zaragozano del Cineclub, estaba integrado por los señores Bonifacio Fernández Aldana, Andrés Ruiz Castillo, Tomás Seral y Casas, Eloy Yanguas Waisieres, Narciso Hidalgo ("Patynazo"), Fernando Soteras ("Mefisto") y José María Serrano Valerio. La primera etapa del Cineclub Zaragozano, concerniente a su primera temporada, fue notable de verdad. Decayó en la segunda, cuando fueron surgiendo otros cineclubs más inclinados hacia programas sociales o políticos.

El Cineclub de Zaragoza (uno de los de más larga historia de Aragón), se inaugura en diciembre de 1945, en el Cinema Elíseos. Se celebran las sesiones en domingos alternos, por la mañana, y su creación supone uno de los acontecimientos de la postguerra. Fueron fundadores de este Cineclub Antonio Serrano Montalvo, Eduardo Ducay y Orencio Ortega Frisón; este último sería su director durante varias temporadas, y Eduardo Ducay secretario. Más tarde formarla parte del consejo asesor, Manuel Rotellar, quien en sucesivas temporadas llevaría los cargos de secretario y director El cineclub sufragaba sus gastos con las cuotas de los socios: en la primera temporada eran diez pesetas mensuales, con cuyo recibo el socio tenía derecho a asistir a dos sesiones, a un programa impreso de ocho páginas de documentado texto, con fotografías y fichas, y aparte a otros actos culturales, como conferencias, proyecciones fuera de programa, etc. El consejo asesor del Cineclub de Zaragoza estaba integrado, en 1947, por los siguientes señores: presidente, Orencio Ortega Frisón; secretario, Manuel Rotellar Mata; vicesecretario, Eduardo Ducay Berdejo; tesorera, Carmen Martínez Borderías, vocales: Félix Ayala Viguera, José María García Gil, José María Nasarre Cascante, Francisco Puertas Giménez, Carlos de Gregorio Rocasolano, Domingo Lascasas, Guillermo Fatás Ojuel, Federico Blas Torralba. Más los criticas de los diarios locales, de Radio Zaragoza y de la Hoja del Lunes.

Otros cineclubs importantes surgidos al calor del Cineclub de Zaragoza fueron el Saracosta, el Pax, el Cine Juventud, aunque sin la trascendencia del pionero de postguerra. El Cineclub Saracosta alcanzaría un desarrollo pleno años más tarde, cuando llegó a la presidencia Manuel Moreno Montón, que sucedió a Jacinto Cerced, creando secciones de cine amateur, publicando un boletín (Noticiario) y estimulando un cine autóctono que no llegaría a cuajar. Las sesiones de este cineclub, en esta temporada que dirigió Moreno, fueron muy estimables.

Destacan también un cineclub en Teruel que funcionó durante los años 30, y el oscense Zoiti, de la peña de dicho nombre, con sesiones regulares, y el Cineclub "Segundo de Chomón", en Teruel.

A partir de 1983 debemos destacar, tanto por el interés de sus programaciones como por la inquietud de su director, Alberto Sánchez Millán, el Gandaya. De intensa vida cultural en pro del buen cine, entre las programaciones más interesantes destacamos un homenaje a Segundo de Chomón, con mesa redonda para discutir su cine, y el cielo dedicado a los cineístas amateurs aragoneses, con sesiones monográficas a Pedro Avellaned, Juan Burillo, Grupo Eisenstein (compuesto por José Luis Rodríguez Puértolas Buscar voz..., Mariano Baselga, Fernando Gracia, Fernando Alonso, Pedro Marqueta, Alberto Sánchez y Emiliano Puértolas, entre otros), Fernando Manrique, Manuel Labordeta, Luis Pedro Pellegero, José Luis Pomarón, Alberto y Julio Sánchez Millán, Miguel Vidal Cantos, José María Sesé Marzo, etc. De cada sesión se editaba un boletín informativo, repleto de notas, biografías y estudios filmográficos, siendo de gran interés para el estudioso las notas publicadas en este ciclo de aragoneses que hemos citado.

A comienzos de los años setenta, y disgregándose de la catalana-balear, se crea la vocalía aragonesa de la Federación Española de Cine Clubs, luego llamada Confederación de Cine Clubs del Estado Español. A partir de 1985 pasa a denominarse Federación Aragonesa de Cine Clubs, y su principal cometido ha sido facilitar la programación de los diferentes organismos asociados de la comunidad y, muy especialmente, llevar a cabo las Campañas de Promoción Cinomatográfica en el ámbito rural. En 1992 se disuelve la Federación coincidiendo con la conversión de la Confederación del Estado Español en la distribuidora Films 210. Durante los años ochenta se produce una efímera revitalización de la actividad cineclubística aragonesa; en Z. destacan: Gandaya, La Salle, Cerbuna, Segundo de Chomón, Goya, Colegio de Médicos, Xavierre, Virgen del Carmen, CODEF y Ozanam; Zoiti en H. Turiaso en Tarazona; Peña Fragatina en Fraga; Endesa en Andorra; Buster Keaton en Ejea, Segundo de Chomón en T., el de la Sociedad Mercantil y Artesana en Barbastro etc. En 1995 toma cuerpo el Nuevo Cine Club de Zaragoza con sede en la Biblioteca de Aragón, intento señero que recoge el espíritu del viejo Gandaya.

· Muestras de cine de estreno: Las Muestras de Cine de Estreno y su complemento cultural fueron organizadas por la Comisión de Cultura Popular y Festejos del Excmo. Ayuntamiento de Zaragoza, durante las Fiestas de Primavera, dentro de un programa cultural que abarcaba dos meses de actividades cinematográficas, teatrales y culturales a todos los niveles. La muestra cinematográfica se inició en la primavera de 1981 y Manuel Rotellar se encargó de su preparación. La primera Semana, y también las dos que le siguieron (1982 y 1983) se celebraron en el Cine Palafox, con extraordinaria concurrencia de un público de todas clases sociales. El programa se componía de películas inéditas en Zaragoza: La ciudad de las mujeres ("La cittá delle donne", 1979, de Federico Fellini), Vestida para matar (" Dressed to kill", 1980, de Brian de Palma), Gary Cooper que estás en los cielos (1980, de Pilar Miró), Basket Music ("The Fish That Saved Pinsburgh", 1980, de Gilbert Moses), Madame Petit ("One, Two, Two", 1980, de Christian gion) y Kagemusha, la sombra del guerrero ("Kagemusha", 1980, de Akira Kurosawa). Como anexo a la Muestra de Cine de Estreno, se proyectó en el Centro Pignatelli un ciclo de cine alemán, cuyo programa se dividía en dos vertientes: cine clásico y cine moderno; entre los filmes clásicos se contó con los siguientes: Tartufo o el hipócrita ("Tartuffe", 1925, de F. W. Murnau), La escalera de servicio ("Die Hintertreppe", 1921, de Leopold Jessner), Prinz Achmed ("Las aventuras del Príncipe Achmed", 1926, de Lotte Reiniger), Das glas wasser ("El vaso de agua", 1960, de Helmut Kautner), Walsungenblut ("La estirpe de Odin", 1964, de Rolf Thiele), ¿Por qué le da el ataque de locura al señor R? ("Warum Lauft Herr R. Amok?", 1969, de Rainer Werner Fassbinder) y El caballo de hierro (documental).

La segunda Muestra, en 1982, se celebró con igual éxito popular que la inicial. En el amplio vestíbulo del Cine Palafox fue instalada una exposición de carteles de películas polacas (el año anterior hubo una exitosa muestra de prospectos de cine) y las películas exhibidas fueron iniciadas con La mujer de al lado ("La femme d´á côté", 1971, de François Truffaut), To er mundo e güeno (de Manuel Summers), Rayos X ("X-Ray", de Boaz Davidson), Faraón "Pharao", de Jezy Kawalerowicz), Viaje alucinante al fondo de la mente ("Altered States", de Ken Russell) y Ordinaria locura ("Storie di ordinaria follia", de Marco Ferreri). Hubo una retrospectiva de cine francés, en el Centro Pignatelli, como homenaje a Jacques Tati y Robert Bresson, con sus películas más importantes.

La tercera Muestra de Cine de Estreno se celebró en 1983 en el marco del Palafox, con las películas: Los unos y los otros (de Claude Lelouch), El reto del Samurai (de John Frankenheimer), Y del seguro... líbranos, Señor! (de Antonio del Real), Hablamos esta noche (de Pilar Miró), Sangre y Arena ("Blood and Sand", 1941, de Rouben Mamoulian) y El Curso de 1984 (de Mark Lester). La sección cultural tuvo en esta edición singular importancia, pues se le rendía un homenaje de admiración y cariño al músico aragonés Antón García Abril; celebradas las sesiones en el Colegio Mayor "Virgen del Carmen", se contó con la asistencia del maestro y se proyectaron cuatro películas cuya banda sonora fue compuesta por el músico turolense: El rostro del asesino (de Pedro Lazaga, 1965), El crimen de Cuenca (de Pilar Miró, 1979), Los días del pasado (de Mario Camús, 1977) y El perro (de Antonio Isasi, 1976). Fue publicada, con tal motivo, una monografía sobre Antón García Abril. Al igual que en pasadas ediciones de la Muestra, fue montada en el vestíbulo del Cine Palafox una exposición de bibliografía cinematográfica, en cinco grandes vitrinas, con más de un centenar de libros, clasificados por: géneros, ciriematografías nacionales, mitos y grandes productoras.

· Semana de Cine Español: No podemos dejar de reseñar la Semana de Cine Español, organizada por el Aula de Cine, en la conmemoración del IV centenario de la Universidad de Zaragoza (1583-1983). Celebrada el 21 al 26 de marzo de 1983 se celebraron en el salón de actos del ICE seis sesiones cuyo contenido se estableció así: "De la postguerra a los años sesenta", con la proyección de El Clavo (1944), de Rafael Gil, y un debate en mesa redonda en el que intervinieron Rafael Gil, Alfredo Mayo y Manuel Rotellar; "Años sesenta: La Escuela de Cine"; "Años sesenta: La Escuela de Barcelona", proyectándose el filme de J. M. Nunes, con asistencia del propio realizador y de José María Forn y Román Gubert; "Los años setenta: Los nuevos realizadores"; "Cine maldito, ¡Maldito cine!", con la película Kargus (1981), de J. Miñón; y como acto de clausura, una selección de cortometrajes con la presencia de diversos realizadores y actores.

Otros actos cinematográficos, de indudable interés, fueron los celebrados por la Caja de Ahorros y Monte de Piedad, en el Centro de Exposiciones y Congresos. Se dieron tres ciclos, con una cuidada selección de películas clásicas o relacionadas con la literatura, aparte de presentar la vanguardia cinematográfica, plenos de interés e impacto. En el último ciclo (La literatura y el cine) se proyectaron: Ricardo III (Laurence Olivier), Mouchétte (Robert Bresson), Campanadas a medianoche (Orson Welles), Tener y no tener (Howard Hawks), El abanico de Lady Windermere (Ernst Lubitsch).

· Muestra aragonesa de cine y vídeo independiente: Tras una primera muestra celebrada en 1989 con carácter local y en 1990 con carácter regional la segunda edición, siempre en Zaragoza, se celebra del 11 al 13 de marzo de 1991 en el Centro de Exposiciones y Congresos de Ibercaja y con la colaboración del Ayuntamiento de Zaragoza. La iniciativa se debe a Pedro Aguaviva a través de la Coordinadora Aragonesa de Cine independiente, la cual manifestó que la muestra "nace con una clara vocación integradora, en la que el cine y vídeo se entremezclan sin hacer distinción en sus soportes. Esta unión, aunque con campos claramente diferenciados, no resulta incompatible, al compartir ambos, sistemas, claves y métodos comúnes".

Su finalidad se basa en dar a conocer el trabajo de los cineastas aficionados y formar a jóvenes valores. Proyecciones: día 11: Lección de anatomía, de Ángel Gonzalvo; El estudio 90, de Henri Affre; 678-3 News order, de José Luis Aramendía; Zumbido, de Enrique Susín; En torno al mudéjar, de P.P. Sánchez; Felix Navidad, cariño, de José Abad; La cal, de Eugenio Monesma, y El hilo de Ariadna, de Enrique Otal. Día 12: Silencio, se canta, de Jesús Lou; El sueño del plátano loco, de José Luis Rodríguez, Cuentos del sol inglés, de Carlos Pallarés; Res mes es the best, de Ángel Gonzalvo; Chanel nº 5, de José Manuel Fandos; Ragazza de mis entrañas, de Tasio Peña; Diálogos en silencio, de Armando Serrano; Arte en el libro, de Domingo Moreno y Antonio Vázquez, y Amante de Teruel, de Víctor Lope. Día 13: Corazón violento, de Tasio Peña; Una buena obra, de Ángel Gonzalvo, Escenas cotidianas, de Pedro Aguaviva; Dial, de Javier Peña; 4.3, años luz, de Santiago Chóliz, y Abrasiva de Tasio Peña.

Tras la última proyección hubo una mesa redonda y el correspondiente coloquio, en el cual participaron Alberto Sánchez Millán, como moderador, Alfredo Castellón, decano de los realizadores en la televisión española, Pedro Aguaviva, perteneciente a la Tertulia Cinematográfica Aragonesa, Leandro Martínez, responsable de programación de la Filmoteca de Zaragoza, y Víctor Lopez, autor de diversos cortometrajes.

· Certamen internacional de films cortos Ciudad de Huesca, manifestación cinematográfica creada por la peña recreativa Zoiti, de Huesca, dentro de su sección de cineclub. Fue auspiciada, en abril de 1973, por José María Escriche Otal, como presidente, y Ángel Santos Garcés Constante, como especialista en cine. Su finalidad, ofrecer una muestra del cortometraje, en sus aspectos más variados y culturales. Contó con el patrocinio del Ayuntamiento de Huesca y ha seguido evolucionando con periodicidad anual. En su tercera edición, el certamen se convierte en internacional, y al año siguiente (1976) se incluían las Primeras Conversaciones Internacionales sobre el Cortometraje.

En 1978, dejó de depender su organización de la peña recreativa Zoiti, al constituirse en Asociación Nacional, con total independencia organizativa y con personalidad jurídica propia. En este año, el certamen se hace competitivo, tanto para los films en formato de 35 mm., como para los de 16 mm. Sus premios oficiales son Danzante de Oro, Plata y Bronce, y otros de colaboración, entre los que destaca el otorgado por el público, mediante votación. El certamen está dividido en secciones: cortometrajes en concurso, sección informativa, sección retrospectiva, y homenajes monográficos. Se montan exposiciones sobre temas culturales relativos al cine, con sus creadores y sus estilos. El jurado que otorga los premios del certamen está compuesto por cinco miembros, más un secretario sin voz ni voto, todos vinculados con el cine. Desde que se convirtió en internacional, tres de los miembros del jurado son extranjeros.

Se han dado sesiones monográficas dedicadas a los niños, a Walt Disney, y al cortometraje infantil de la Unión Soviética. Junto a clásicos del cine cómico, películas de Larry Semon (Tomasín-Jaimito), Charlie Chaplin, etc. Otros aspectos culturales de la muestra oscense son los films de animación polacos, los trabajos de fin de carrera de la Escuela Oficial de Cine (con películas de Saura y Borau); experimentales de Francia, Polonia y Alemania Federal; India y República Popular China; cine politice de Chile; escuela documentalista británica; cine cubano, de la ICAIC; muestra de cine suizo (1966/77), además de una interesante selección de cortos polacos relativos a los campos de exterminio nazis y destrucción de Varsovia.

Respecto a las sesiones retrospectivas, destacan los documentales sobre Huesca capital y provincia, que abarcan el periodo de 1914-1938; sobre igual temática, se proyectó material del archivo No-Do. Y una muestra de clásicos, realizados por Rüttmann, Richter, en la que destaca Reiniger con Las aventuras del Príncipe Achmed. Completan este interesante cuadro el cine francés de la nouvelle vague (con obras de Godard, Truffaut, Clargue, Borowczyck, Marker); cortometrajes españoles de los años 60 (Martín Patino, Javier Aguirre, Mario Camas, Angelino Fons, Guerin Hill, Portabella), cine político de la República de Weimar (1918-33) y guerra civil de España, con documentales de ambas zonas combatientes (1937-39). Se han dedicado sesiones monográficas a Bruno Bozzetto, Antonio Mercero, cine canadiense, Alain Resnais, Robin Lahmam, Carl Theodor Dreyer, Bert Haanstra, dando así la posibilidad de conocer la totalidad de sus trabajos en el cortometraje.

El Certamen pasa a denominarse Festival Internacional de Cine de Huesca. El caso es que los años ochenta suponen la consolidación del Festival Internacional de Cine de Huesca como uno de los más importantes del ámbito español dentro de la especialidad de cortometrajes. A los premios principales (los Danzantes de Oro, Plata y Bronce, para cortos en formatos profesionales), se unen otros como el del Instituto de Cooperación Iberoamericana, el premio Don Quijote, el Jinete Ibérico y el Premio Europeo, todos ellos otorgados por jurados internacionales. Desde 1987 se celebra también la Muestra de Cine Europeo (largometrajes). Paralelamente, las últimas ediciones han incorporado los homenajes "Una vida de cine" (Wajda, Fernando Rey, Concha Velasco, Tomás Gutiérrez Alea, Arturo Ripstein) y "Premio Ciudad de Huesca" (Saura, Forqué, Trueba, Uribe, Rabal); coincidiendo con ellos, el Festival ha comenzado una labor complementaria a sus ciclos y homenajes con la edición de la colección de libros monográficos "Huesca de cine". En 1997, el certamen oscense celebró sus "bodas de plata" con la publicación del volumen colectivo Un festival de cine. 25 años (Huesca, 1973-1997).

El cinco de junio de 1998 se inicia la 26 edición del Festival, con el Certamen Internacional de Cortometrajes y la Muestra de Cine Europeo. En la sesión inaugural recibió un homenaje el cineasta español Manuel Gutiérrez Aragón, galardonado con el premio Ciudad de Huesca. Premios: Danzante de Oro al director mexicano Carlos Salces por El espejo del cielo, cinta que también recibió el premio Casa de América al mejor director de fotografía iberoamericano; Danzante de Plata al director holandés Gerrit Van Dick por I move. So I am (me muevo, luego existo); Danzante de Bronce a la directora alemana María Von Heland por Chainsmoker (fumadora compulsiva); Premio jinete ibérico a Max Lemcke por Todos os llamáis Mohamed, como mejor cortometraje español otorgado por el Instituto de Estudios Altoaragoneses; Premio Cacho Pallero para el realizador nicaragüense Forence Jaugey por Cinema Alcázar, como mejor corto iberoamericano, otorgado por la Agencia Española de Cooperación Iberoamericana; Premio Francisco García de Paso a Tjebbo Penning por The Oath, como cortometraje que resalta la defensa de los valores humanos; Premio Especial del Jurado al Director de Fotografía Marc-André Batigne, del equipo que realizó el corto La Falaise, del director francés Faouzi Bensaidi; y Premio Europeos a la mejor película elegida por el público dentro de la Muestra de Cine Europeo, que recayó en el largometraje Vor (Ogro), co-producción franco-rusa dirigida por Pavel Chujrai.

El festival de 1998 se clausuró con la entrega del Premio Una vida de cine a la actriz mexicana María Rojo y con la entrega del Premio Luis Buñuel, creado este año, al director José Luis Borau.

Al margen de otras actividades, como la exposición Luis Buñuel, el ojo de la libertad, el 3 de junio de 1999 se inaugura el XXVII Festival Internacional de Cine de Huesca, recibiendo el actor francés Michel Piccoli el Premio Luis Buñuel y el director español Bigas Luna el Premio Ciudad de Huesca, en ambos casos como homenajes a toda una trayectoria relacionada con el cine. Premiados en el Festival: Certamen Internacional: Danzante de Oro a U. Schweiger (Austria) por Los abusos serán sancionados; Danzante de Plata a Cristian Volckman (Francia) por Maaz; Danzante de Bronce a Hugo Van Der Vennet (Gran Bretaña) por Hello I´m Paul; Premio Francisco García de Paso a Alejandra Jiménez (Colombia-Gran Bretaña) por Andares, in the time of war; Premio Especial del Jurado a Jane Rogyska (Gran Bretaña) por El funeral del último rey gitano; Premio Quijote a Peter Sheridan por El desayuno; Mención Especial a Piotr Karwas (Alemania-Polonia) por Máscaras; y Mención Especial a Jaime Rosales (Cuba) por Yo tuve un cerdo llamado Rubiel. Certamen Iberoamericano: Primer Premio a Claro Monteiro (Brasil) por Náufragos; Premio de la SGAE a María Salgado (Aragón) por A Violeta; Mención Especial a Javier Codesal (Aragón) por Bocamina; Premio Cacho Pallero a Jaime Rosales (Cuba) por Yo tuve un cerdo llamado Rubiel; Premio Jinete Ibérico a Luquín (México) por Excesos de ciudad; Mención Especial a Roberto Santiago (España) por Ruleta; y Mención Especial a Sergio Arau (México) por El muro.

El 30 de mayo de 2000, fue presentada la XXVIII Edición del Festival.

· Semana Internacional de Cine de Teruel: Bajo la denominación original de Muestra de Cine en Super-8, arranca en enero de 1982 la que luego será Semana Internacional de Cine de Teruel. El colectivo local Cineocho, formado por un grupo de jóvenes cinéfilos -Francisco Martín, Tomás Pérez, Elifio Féliz de Vargas... bajo la coordinación general de Fermín Pérez-, organiza un certamen inicialmente dirigido al cine realizado en pequeños formatos (con especial relevancia al producido en Aragón), pero que no tarda en incorporar a sus secciones, en la VI edición de 1987, el soporte videográfico y alternar su concurso oficial con ciclos complementarios. Así es hasta que en 1992 la Semana se transforma en Anima Teruel y se convierte en el primer evento español dedicado a difundir de forma casi exclusiva el cine y vídeo internacional de animación, pero el objetivo se vio truncado con el cierre del certamen en 1995.

Festival Nacional de Cine de Jóvenes Realizadores Ciudad de Zaragoza: Lo que nació como una modesta muestra de cine aficionado, lleva camino de convertirse en un referente dentro del cine aragonés. Los organizadores, pese a su juventud, han hecho una magnífica labor, contribuyendo a que cada edición aumente el número de participantes y también de espectadores. Conforme los años se suceden, aumenta el número de premios (Mejor corto aragonés, Mejor corto nacional, etc.) y la calidad de los premiados.

En su última edición (1999), se pudo disfrutar de una sección de cine de Iberoamérica. Además de aglutinar a lo mas granado de las nuevas generaciones de jóvenes cineastas aragoneses, por Zaragoza desfilan autores y directores españoles de primera fila.

El festival no es sólo cine; las proyecciones vespertinas en el Centro de Exposiciones y Congresos de iberCaja dan paso a numerosas fiestas en distintos locales de moda de la ciudad en las que se pueden ver a directores y actores charlando distendidamente con el público que horas antes ha disfrutado viendo su trabajo en la pantalla.

· Semana de cine y de la imagen de Fuentes de Ebro (SCIFE). Desde 1996 se celebra en la localidad zaragozana de Fuentes de Ebro este certamen cinematográfico con el objetivo de apoyar a los nuevos cineastas aragoneses y, desde 1998, se convoca además el Certamen Regional de Cortometrajes, del que su última ganadora fue María Salgado por el cortometraje A Violeta.

· Festival Internacional de Cine Deportivo Ciudad de Jaca: que no tarda en erigirse en la más importante muestra española en esta especialidad. A ella están incorporados cine, vídeo, televisión, radio, fotografía y prensa, otorgando una significativa relevancia a mesas redondas y exposiciones y prestando especial atención al movimiento olímpico. Dirigido por Joaquín Liendo, concede los premios Sarrio de Oro, Plata y Bronce a las mejores películas a concurso, además del Flor de Edelweis al mejor vídeo publicitario y el Premio Nacional a la mejor fotografía deportiva.

· Cine como espectáculo: El magnífico trabajo de Manuel Rotellar hasta los primeros años 80 y los estudios posteriores de Agustín Sánchez Vidal, Javier Hernández o Pablo Pérez, no han podido desentrañar, pese a su calidad y riqueza analítica, un misterio algo más que inquietante: ¿Por qué en una zona del planeta tan insignificante ignorada y despoblada como Aragón se ha concentrado tal cantidad de nacimientos de cineastas, algunos de ellos decisivos para la historia del cine español y mundial? Las evidencias son, desde luego, abrumadoras. No sólo se trata de que la primera película española que se conserva, Salida de misa de doce del Pilar, se rodara en Zaragoza por unos zaragozanos, los Jimeno, y que los primeros empresarios cinematográficos nacieran también en esa ciudad. Es que, como sin querer, una historia básica del cine español se podría trazar recorriendo la obra de cineastas nacidos en Aragón. En esa impresionante lista se pueden hallar fantásticos pioneros (Segundo de Chomón, Tramullas, Coyne), el director español más relevante de la primera mitad de este siglo (Florián Rey), un revolucionario genial del cine universal (Luis Buñuel), un ilustre operador de los años 30 (José María Beltrán), un militante del cine anarquista durante la Guerra Civil (Antonio Sau), competentes artesanos (José María Forqué, Fernando Palacios), miembros radicales de la vanguardia y el malditismo (Antonio Artero, Antonio Maenza) o nombres claves del cine español de los últimos 35 años (Carlos Saura, José Luis Borau). Sin olvidar, además, que Aragón ha dado a uno de los mejores guionistas de la historia (Julio Alejandro), a una estrella del cine y el cuplé (Raquel Meller), a prolíficos músicos (Antón García Abril), actores (Fernando Sancho), niñas prodigio (Pili y Mili), cineastas etnográficos (Eugenio Monesma y Julio Alvar) y realizadores de televisión (Alfredo Castellón y José Antonio Páramo), y a un puñado de populares figuras del humor en el cine, la televisión, el teatro o las variedades (Paco Martínez Soria, Antonio Garisa, Fernando Esteso, Lita Claver La Maña, Raúl Sender, Marianico El Corto o Manolo Royo). Y sin perder de vista tampoco que, desde siempre, Zaragoza capital, sobre todo, ha sido tierra de cinéfilos, de precursores del cineclubismo y de entusiastas cultivadores del cine independiente y amateur. Resulta absurdo pensar que este verdadero aluvión obedece a una simple casualidad. Parece sensato buscar una explicación razonable para un fenómeno que, probablemente, no se haya dado en ningún lugar similar del mundo. La teoría esbozada por Antonio Artero ("A veces, las estadísticas son abrumadoras. Los andaluces son poetas; los catalanes, pintores; los vascos, músicos, y los aragoneses, directores de cine. Existe una cierta división del trabajo en la Península") es tan divertida como poco consistente. Al final, lo mejor del caso es que no hay explicación, que todo se debe a un providencial y maravilloso azar.

Es conveniente recordar ahora esta extraña fecundidad porque algunos de los hechos cinematográficos más sobresalientes sucedidos en estos últimos años proceden directamente de ella. Dos de los miembros de esa legión de aragoneses, dos clásicos, siguen en plena forma.

Carlos Saura, con sus once películas rodadas entre 1987 y 1997, es quizá el director español más activo de la década de los 90, algo especialmente meritorio si se tiene en cuenta la habitual envergadura de sus proyectos y el nivel de calidad conseguido en películas como ¡Ay, Carmela!, Sevillanas Flamenco o su magnífica recreación goyesca. Y José Luis Borau, aunque mucho menos fértil, rodó con gran éxito una serie de TVE, Celia, aportó al cine español la rareza más incatalogable de los últimos tiempos, Niño nadie, y extendió su talento a la publicación de libros (como escritor y editor) y su prestigio a la Academia del Cine Español, de la que fue nombrado presidente en 1994. Desde ese puesto, su labor fue determinante para que Zaragoza fuera elegido ciudad "Origen del cine español" y sede de los actos del Centenario del Cine Español que se celebraron en 1996, una conmemoración, por cierto que se saldó con notable éxito. Elección que fue una simple cuestión de sentido común, de respeto a la historia y al azar.

Algunos nos dejaron para siempre: José María Forqué, director, entre otras muchas películas y series televisivas, de una joya de la comedia española, Atraco a las tres, y un modelo de eficacia profesional, de honradez y de decencia. Julio Alejandro, un delicioso poeta y ser humano responsable de la inmensa categoría de los guiones que sostienen películas como Nazarín, Viridiana, Simón del desierto o Tristana; Antonio Garisa, un actor cómico que hizo reír a varias generaciones de españoles; Fernando Sancho, dueño de una de las filmografías más abultadas de la historia del cine español; Orencio Ortega Frisón, Merlín, y José Francisco Aranda, dos históricos de la crítica y el ensayo cinematográficos, y Emilio Alfaro, La Pilara y Pilar Delgado, tres leyendas del cine, las variedades y el teatro, que también perdió demasiado prematuramente al excelente actor Juancho Graell.

Otros habían desaparecido hace tiempo, pero parecen estar más vivos que nunca. En plena clebración del centenario del nacimiento de Luis Buñuel, la gloria que rodea al director de Los olvidados no cesa de aumentar con el paso del tiempo. En noviembre de 1996, su pueblo, Calanda, le dedicó una plaza a uno de los actores más queridos de Buñuel, el gran Paco Rabal, el mismo que cinco años antes, había acudido a Fuentes de Ebro a inaugurar una calle con su nombre.

La sombra de Florián Rey también se revela alargada. La que fue su mujer y musa, la presencia femenina más luminosa del siglo XX español, Imperio Argentina, fue nombrada pregonera de las Fiestas del Pilar en el año del Centenario del Cine Español y recibió sendos homenajes en el lugar de nacimiento de su marido, La Almunia de Doña Godina, y en Borja y Bisimbre, los dos sitios donde se rodó Nobleza baturra, la célebre película que provocó que en medio mundo se asociara la imagen de la mujer aragonesa al encanto y la alegría de esta artista prodigiosa.

El insólito idilio de Aragón con el cine ha adquirido otras diversas manifestaciones. Muchos directores de cine, españoles o no, se han sentido atraídos por la belleza, diversidad y capacidad evocadora de los pueblos y paisajes aragoneses y han rodado aquí sus películas. Entre 1982 y 1997 casi 20 largometrajes de directores tan significativos como Saura, Borau, Armiñán, Cuerda, Isasi, Betriú, Ken Loach, Terry Gilliam, Julio Medem, Berlanga, Vicente Aranda o Bigas Luna se han filmado a lo largo de las tres provincias. (A estas alturas, resulta casi cómico constatar que Bigas Luna está casado con una zaragozana, que la madre de Berlanga era de Rubielos de Mora y los padres de Aranda de Los Monegros). Y, en 1997, una espléndida novela parcialmente ambientada en Zaragoza, Carreteras secundarias (1996), de Ignacio Martínez de Pisón, era adaptada por Emilio Martínez Lázaro a partir de un guión del propio novelista zaragozano. Ese mismo año, por cierto, el extraordinario escritor oscense Javier Tomeo, veía cómo una de sus obras maestras, El crimen del cine Oriente (1995), era trasladada a la pantalla por Pedro Costa, y un par de años antes, Pedro Olea había adaptado Morirás en Chafarinas, la premiada novela juvenil del aragonés Fernando Lalana.

Hay otra peculiaridad más, pero ésta sólo distingue a Zaragoza capital. Esta ciudad, desde siempre, ha ofrecido unos índices relativos de asistencia a las salas de cine que se situaban entre los primeros de España y de Europa, tampoco se sabe muy bien por qué. Es posible que la dureza del clima, la concentración de la mayoría de las salas en el centro de la ciudad y el tradicional atractivo y comodidad de esos cines (v. Amparo Martínez, Los cines en Zaragoza 1896-1936) hayan colaborado en ese ímpetu de los zaragozanos por entrar a ver películas en una sala bonita, oscura y confortable. O bien, como deslizó José Luis Borau, puede ser que todo se deba a la afición de los zaragozanos a la tracamandana, es decir, al jaleo colectivo, a la jarana, al barullo. En todo caso, esa tendencia se ha mantenido e incluso incrementado en los últimos años, siendo generosa hasta con el cine español, cuyos directores se apresuran a promocionar sus películas en una ciudad donde se sienten especialmente apreciados.

Como en el resto de España y casi del mundo en Aragón, a mediados de los años 60, el espectáculo cinematográfico, a causa de la aparición de otras formas de emplear el ocio y el acoso de la televisión y luego del vídeo comenzó a perder espectadores y mucha salas de exhibición se vieron obligadas a cerrar, un proceso que no se detuvo hasta los primeros años 90 y que afectó duramente a los pueblos, a los cineclubs y a los cines de barrio. El esfuerzo de adaptación a los nuevos tiempos de las empresas exhibidoras se concretó en la incorporación de las últimas tecnologías y comodidades a sus antiguos cines y en la aparición de las multisalas, un fenómeno que a finales de siglo está revolucionando el parque de las salas de exhibición.

Como motivo de satisfacción añadida podemos citar el premio Europa con el que fue galardonado Alfredo Castellón por su estupenda película para TVE, Las gallinas de Cervantes (1988), el Goya al mejor corto de animación que logró en 1995 con El sueño de Adán la joven realizadora ¡calandina! Mercedes Gaspar; el debut del director zaragozano Fernando Merinero en el largometraje con Los hijos del viento (1995), protagonizado por él mismo; la brillante aportación al vídeo de creación de realizadores como Emilio Casanova; el excelente nivel que han demostrado en diversas películas, series de televisión y obras de teatro de alcance nacional intérpretes como Ana Gracia, Sara Mora, Luis Hostalot, Gabriel Latorre, Chema Mazo, Marga Escudero, María José Moreno, Luis Gavasa o Ana Labordeta; el incremento de las publicaciones cinematográficas, obra de autores como los citados Sánchez Vidal, Martínez, Pérez y Hernández y de otros como Alberto Sánchez, José Antonio Duce o José María Claver, la consolidación de José María Latorre como uno de los más lúcidos y eruditos ensayistas cinematográficos de España; el rodaje de la salida de la cárcel de Torrero del escritor Félix Romeo con el que Fernando Trueba participó en el largometraje colectivo Lumière y compañía que dio la vuelta al mundo, la apertura, en el curso 1996-1997, de la Escuela de Cine de Aragón, un centro privado dirigido por Ana Utrech que sólo el paso del tiempo nos permitirá valorar, la estimulante actividad del Departamento de Investigación y Archivo de la Filmoteca municipal, cuidado por Ana Marquesán, que adquirió los ingentes fondos de Manuel Rotellar y Raúl Tartaj e inició una labor de recuperación y restauración de películas históricas como, por ejemplo, Carne de fieras; y la labor del Departamento de Exhibición de esa filmoteca, controlado por Leandro Martínez, que cubrió con su excelentes ciclos las lagunas de la cartelera zaragozana, aunque ha sufrido la zozobra de no tener hasta 1997 (El Palacio de los Morlanes) una sede definitiva para las proyecciones.

Pero no todo iban a ser alegrías. La asombrosa complicidad de Aragón con el cine se ha limitado a servir de cuna de cineastas, aficionados y rodajes. Si el cine español, como muchas otras cinematografías del mundo, se ha desenvuelto casi siempre dentro de una industria subdesarrollada, en un mercado peligrosamente contaminado por el poderío avasallador del cine norteamericano, pretender la existencia de una industria audiovisual mínimamente solvente en Aragón se antoja una quimera que la fugaz y apasionante aventura de Moncayo Films en la década de los 60 no hace sino confirmar. Aspirar a que en un número tan reducido de kilómetros cuadrados nazcan Luis Buñuel y Segundo de Chomón y que, al mismo tiempo, surja una especie de Cinecittá aragonesa supone un alarde de egoísmo y una inquebrantable fe en los milagros.

En los años 80, al amparo de la política de subvenciones anticipadas establecida por el decreto ley de Pilar Miró y de la voluntad de ciertos gobiernos autonómicos de impulsar con fuerza un cine más o menos propio (a ser posible enraizado en sus señas de identidad) se produjo en lugares como el País Vasco una eclosión de películas y cineastas autóctonos que en algún caso, incluso, alcanzaron cierta calidad. La oportunidad de sintonizar con el clima favorable de aquellos años se desperdició en Aragón, entre otras cosas por la reacia actitud de los distintos gobiernos a arriesgar fondos en largometrajes de ciertos vuelos.

Aragón también es paraíso de francotiradores. Lo que podríamos llamar cine aragonés -entendiendo por tal aquel producido en Aragón por aragoneses, sin más exigencias- no ha pasado todavía de una magnífica exhibición de voluntarismo, se ha visto confinado a una serie de cortos y documentales, muchas veces rodados en vídeo o en pequeños formatos y en condiciones casi heroicas. Sin embargo, al tiempo que en el cine español de los 90 irrumpió una serie de directores muy jóvenes que estimularon poderosamente el ambiente de nuestro cine y que supieron seducir a una nueva hornada de espectadores educados como ellos en la cultura audiovisual, en Zaragoza, básicamente, comienza a aparecer una reconfortante generación de jóvenes realizadores de cine y vídeo cuyas inquietudes morales, estéticas y vitales conectan con las de la generación de Bajo Ulloa, Alex de la Iglesia, Amenábar, David Trueba o Santiago Segura. En septiembre, de 1996, algunos de esos cineastas (Miguel Ángel Lamata, Alfonso Sánchez, Luz Gabás, Miguel Ángel García Barceló, José Antonio Romeo...) mostraron sus cortometrajes en la primera edición del Festival Nacional de Cine de Jóvenes Realizadores Ciudad de Zaragoza. Este simpático y humilde certamen mitiga tímidamente el absurdo histórico de que Zaragoza no haya albergado nunca un festival de cine, y por otro lado, compensa la lamentable desaparición del Festival de Teruel.

Alguna otra luz en el horizonte. En abril de 1997 el entonces concejal de Cultura del Ayuntamiento zaragozano, Juan Bolea, anunció la firma de un convenio de su concejalía con el recién inaugurado Centro de Producción Audiovisual del Actur (CPA), destinado a fomentar una industria audiovisual en Aragón, propiciando los rodajes en nuestra tierra y facilitando recursos financieros, medios de producción y asesoramiento, sobre todo a los jóvenes creadores, proyecto que al día de hoy carece de virtualidad.

 

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