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Literatura

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 05/05/2009

Indagar sobre el estado de la literatura en el Aragón de hoy supone la consideración simultánea de muchos vectores. Y quizá el primero sea su relación con el poder político. Nuestro tiempo ha sido definido por Marc Fumaroli como el de los «Estados culturales», noción que ha sucedido a la del «Estado pedagógico» nacido a mediados del XIX con la revolución liberal-burguesa: al Estado ya no solamente le pedimos que auspicie y protagonice la inserción del ciudadano en la nación a través de la enseñanza obligatoria sino que, más allá de eso, le reclamamos una intervención activa en el mundo de la cultura, como subvencionador o incluso como definidor de los horizontes de la misma. Y ni siquiera la fuerte crítica del neoliberalismo a esa actitud ha detenido lo que en España fue norma desde que en 1977 se constituyó por primera vez un Ministerio de Cultura, benévolo sucesor del de Información y Turismo y copia del modelo francés (creado por De Gaulle en 1958). El nuevo órgano de la administración fue remedado poco después por las consejerías autonómicas de Cultura que transplantaron a las regiones los anhelos de hallar en conceptos (a veces muy peregrinos) de la «cultura» las inevitables «señas de identidad» de las comunidades. Pero, pese a la renuencia de los tres partidos que han gobernado por realzar el peso político de la consejería, ha habido un programa más o menos espasmódico de presencia cultural y, en tal sentido, literaria.

No han cuajado, sin embargo, proyectos como los del Instituto del Libro, seguramente tan innecesario como el centro teatral con el que soñó el primer consejero. A cambio, la política de bibliotecas, por más que haya existido, es manifiestamente mejorable. La Biblioteca de Aragón Buscar voz..., con espléndida sede (también la tienen las de Huesca y Teruel), mantiene una notable actividad cultural, obra personal de su antiguo director, Joaquín Mateo Blanco, pero no es todavía el gran centro que debiera ser (como lugar de confluencia de legados bibliográficos, por ejemplo) sino una frecuentadísima y bulliciosa biblioteca de escolares. Tampoco encuentran su lugar las Ferias del Libro faltas de atractivo y promoción adecuada, ni la protección a la edición, basada en la adquisición de ejemplares que, a veces, no compensa los gastos derivados de la petición. La protección al teatro es bastante limitada pero, por hoy, garantiza la existencia de dos centros fijos en Zaragoza (al que se suma recientemente el Teatro de la Estación, de iniciativa independiente) y —lo que es más importante— la recuperación de espacios para la representación en numerosos lugares de la geografía regional. Con mayor empeño, el gobierno autónomo ha desempeñado la tarea de editor, errática e infructuosamente las más de las veces: su catálogo es un cementerio de colecciones abandonadas al poco de nacer, entre las que destacan, sin embargo, una interesante serie de revistas en facsímil (orientada por Luis Ballabriga desde 1989) y otra desigual de relatos, «Crónica del alba», que dirigió Ramón Acín Buscar voz... desde 1991, y que quiso ser un escaparate de los narradores de prestigio (se echa de menos en ella a Ramón Gil Novales Buscar voz..., novelista y dramaturgo de tanta importancia como poca fortuna). Las comparecencias de editores, libreros e intelectuales ante las Cortes de Aragón en 1993 insistieron en recomendar la coedición y otras formas de apoyo a los editores privados: nada parece que se haya aprendido, aunque en 1988 la colección «Aragón-América», promovida por la Comisión Aragonesa del Quinto Centenario de 1992, apeló a la coedición en sus treinta volúmenes, lo que no se ha repetido.

Harina de otro costal ha sido la notable actividad editora de las instituciones provinciales (Institución «Fernando el Católico» Buscar voz..., Instituto de Estudios Altoaragoneses Buscar voz... e Instituto de Estudios Turolenses Buscar voz...) cuya finalidad principal ha sido siempre la publicación de monografías y revistas Buscar voz... sobre temas locales: lo han seguido haciendo con notable solvencia y, en el caso de las dos últimas, con una significativa modernización —no sólo formal— de su catálogo. La Universidad parece consolidar en términos más modestos que los originarios el primer (y descabellado) proyecto de las Prensas Universitarias de Zaragoza, aunque sin modificar su feo y galicano título: los estudios literarios han sido singularmente favorecidos por los responsables del catálogo. La colección poética «La Gruta de las Palabras» (que se inició en 1985 con el libro de un miembro de su personal administrativo) es lo único que queda de su discutible proyecto de publicar literatura de creación y agavilla a la fecha una colección de casi treinta desiguales volúmenes de los más importantes poetas aragoneses en ejercicio. Entre las publicaciones periódicas académicas, no muchas cultivan este campo de trabajo (los estudios literarios en términos muy generales): es el caso de Stvdivm. Revista de humanidades, vinculada al Colegio Universitario de Teruel, y Alazet. Revista de Filología, vinculada al de Huesca, pero editada por el Instituto de Estudios Altoaragoneses, y la más vistosa Tropelías. Revista de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada (1990), dirigida por T. Blesa, con financiación variada y en Zaragoza.

De las revistas de creación auspiciadas por instituciones oficiales solamente sobrevive Turia Buscar voz..., de Teruel, que vio la luz en junio de 1986 y ya ha publicado 53 números: Ana María Navales Buscar voz... y Raúl Carlos Maicas Buscar voz... presentan una bonita revista miscelánea por la que han desfilado los escritores más conocidos de España y que mantiene una importante atención a los temas aragoneses, en la asidua y conspicua pluma de Juan Domínguez Lasierra Buscar voz.... Quienes reprochen a Turia un tono demasiado impersonal (que ha sido, sin duda, un buen seguro de supervivencia), no pudieron pensar lo mismo de El Bosque Buscar voz..., revista de las Diputaciones de Huesca y Zaragoza, cuyos doce números abarcaron de 1992 a 1996: Ramón Acín y Javier Barreiro Buscar voz... dirigieron en este caso una publicación lujosa, variada y atractivamente frívola, abierta a muy valiosas colaboraciones, que fue la última de las revistas de lujo que tanto parecieron gustar a las administraciones provinciales socialistas. No son tampoco éstos los mejores tiempos para las revistas literarias de iniciativa privada: en julio de 1996 apareció, sin embargo, La Expedición. Los caminos de la escritura, dirigida por Adolfo Ayuso y Fernando Sanmartín Buscar voz..., que se despidió de sus lectores en el verano de 2000. Bajo la dirección de Fernández Molina Buscar voz..., la revista Almunia, vinculada con las vanguardias, va por su cuarta entrega. El Rolde, del R.E.N.A., se ocupa con frecuencia de las letras e incluso está abierta a los creadores jóvenes pero habrá de ser considerada como revista político-cultural. Y como revista de cultura e información local, destaca la interesante La Campana de Huesca, que edita La Val de Onsera.

Otras muchas cosas mueven la literatura. En punto a la búsqueda de lectores, las presentaciones y las firmas de libros son una rutina que a nadie convence pero que resulta de difícil desarraigo: garantizan, cuando menos fotografía y pequeña entrevista en la prensa del día. Y eso es lo que se busca, pese a que los periódicos suelen ser algo esquivos con estas cosas. Desaparecido El Día de Aragón Buscar voz..., cuyo tono personal daba margen abundante a las noticias y temas literarios (sea testigo el libro La línea y el tránsito, 1990, donde J. Barreiro compiló algunas series de artículos de tema aragonés allí publicados), el Heraldo de Aragón Buscar voz... ha seguido manteniendo —aunque con notable merma de espacio— sus páginas de «Las Artes y las Letras» que ha consolidado —en lo que toca a las segundas— su eficaz equipo redactor: Ramón Acín, Manuel Estevan, Michele Jean, José María Nasarre, César Pérez Gracia, son firmas fijas, al lado de la sección de «Libros Aragoneses» (inapreciable esfuerzo de Guillermo Fatás Buscar voz..., que lleva alrededor de treinta años en la empresa) y la más reciente de «Libros de viejo» de Joaquín Aranda Buscar voz.... Antón Castro Buscar voz..., un escritor gallego incorporado a las letras aragonesas a través de El Día, proporcionó —pese a su falta de medios y colaboradores— su generoso entusiasmo por la literatura y un tono muy suyo al suplemento «Rayuela» en El Periódico de Aragón.

Pero a los lectores hay que buscarlos también en los centros docentes. En tal sentido, la tarea de Ramón Acín Buscar voz..., crítico y profesor de Literatura en la enseñanza secundaria, ha sido muy notable: durante bastantes años, desde 1990, ha llevado adelante un programa de iniciación a la lectura de novelistas que ha traído a los centros públicos de enseñanza de la provincia de Zaragoza a los más relevantes narradores españoles del momento y han dejado como consecuencia unos modélicos opúsculos. El programa fue financiado por la Dirección zaragozana del Ministerio de Educación —en la época de administración socialista— y por Ibercaja. Tras un paréntesis que viene a coincidir con la anterior legislatura autonómica, ha reanudado esta actividad, con la colaboración de M. Vilas, si bien con un ámbito de actuación restringido a los centros de la capital. A Ibercaja y a la Universidad de Zaragoza ha correspondido desde 1987 la iniciativa de las sesiones de Poesía en el Campus, una revista oral de poesía centrada en la figura de un poeta relevante (siempre de fuera de Aragón). Este notable invento del bibliotecario y escritor Javier Delgado Buscar voz... —que dirige hoy la profesora María Ángeles Naval— lleva cuarenta y siete sesiones hasta la fecha (desde la consagrada a Ana María Moix a la dedicada a Guillermo Carnero) y edita unos libritos que incluye una selección de la obra del poeta y unos breves estudios sobre la misma, que son ya una referencia obligada para el estudio de la poesía española actual. Esa misma presencia personal de autores conocidos atrajo por un tiempo a la C.A.I. (ciclo presentado por L. Horno Liria) y en 1997 fue motivo de una serie de conferencias de irregular atractivo, auspiciadas por el Ayuntamiento zaragozano.

En el mundo académico han proliferado los congresos y seminarios, al calor de las exigencias de los curricula de los universitarios ansiosos de acelerar su carrera o de los opositores de enseñanza media en desesperada demanda de méritos y diplomas de asistencia. Dejando al margen los habidos sobre temáticas generales, consignaremos los referidos a temas de historia literaria aragonesa: a Baltasar Gracián Buscar voz... se dedicaron las I Jornadas de Filólogos Aragoneses (convocadas por la Institución «Fernando el Católico» en 1985 y nunca repetidas) cuyas actas vieron la luz en 1986; el congreso sobre Benjamín Jarnés Buscar voz... con ocasión del centenario de 1988, organizado por la Institución «Fernando el Católico», publicó unas actas muy reducidas dos años después (con el título de Hacia lo alto del faro); el consagrado a Ramón J. Sender Buscar voz... (El lugar de Sender: Congreso Internacional sobre Ramón J. Sender) tuvo sus sesiones en Huesca en 1995 y entregó actas en 1997.

Pero eso es la espuma de una actividad académica de mayor calado. El importante Departamento de Filología Española (Literaturas Españolas e Hispánicas) de la universidad zaragozana mantiene su crédito internacional y no faltan quienes lo reputan como el primero de España, quizá no lo sea, pero sí tiene, junto a los miembros de más edad, un importante relevo de jóvenes filólogos que no han cumplido los cuarenta y que no desmerecen de la excelente tradición de investigadores aragoneses de lo literario. Con rara y ejemplar unanimidad, ni uno solo de ellos utiliza el término de «literatura aragonesa» con otra intención que la locativa y, de hecho, el sintagma «literatura en Aragón» es el preferido (como reza el título, por ejemplo, del libro de Juan Domínguez Lasierra sobre fuentes de la misma, editado por la Institución «Fernando el Católico» en 1994). De todos modos, las cátedras filológicas de la citada Institución («Baltasar Gracián», dirigida por A. Egido; «Benjamín Jarnés», por J. C. Mainer; «Manuel Alvar», por T. Buesa y «María Moliner» por M. A. Martín Zorraquino, que tienen como secretario general de la sección a J. M. Enguita) han organizado y publicado —sin ningún ánimo de vindicar una «historia nacional de la literatura»— unos importantes Cursos de Lengua y Literatura en Aragón con cinco ediciones ya todas publicadas (han versado sobre literatura medieval, del Siglo de Oro y contemporánea, sobre Juan Fernández de Heredia Buscar voz... y sobre romanticismo, costumbrismo y regionalismo). Y la misma Institución auspició el año de cincuentenario (1993) una reunión sobre Las literaturas regionales: historia y crítica a la que asistieron reputados estudiosos del tema.

La literatura en activo presenta una realidad vivaz y animada, en nada disímil de la del resto de un país que lee cada vez más: lo hacen gentes más jóvenes —y con predominio de las mujeres sobre los hombres— y estos nuevos lectores esperan de la literatura un reflejo más directo y emotivo de lo cotidiano o de sus referencias imaginativas y vitales. Las sombras y las luces de la nueva literatura están también entre nosotros. Hace veinte años el modelo de intelectual humanista aragonés era el universitario de ideas progresistas que trabajaba en algún tema local. Los referentes culturales eran el quincenario Andalán Buscar voz... o la Gran Enciclopedia Aragonesa, la colección «Aragón» de Librería General o la «Colección Básica Aragonesa» de Guara Editorial. A la fecha no existe ninguna de las dos últimas e incluso la «Nueva Biblioteca de Autores Aragoneses», de Guara, desapareció, aunque la ha sucedido «Letras de Aragón» (Ediciones La Val de Onsera), centrada en la literatura regionalista de los últimos cien años. Y, con criterio más académico y presentación formal exquisita, la importante serie «Larumbe», de clásicos fundamentalmente altoaragoneses, dirigida por F. Gil Encabo para el Instituto de Estudios Oscenses. Se sigue trabajando y con fruto en la universidad, pero el aludido modelo de hoy es el escritor joven de novelas o poemas que busca un editor, que se define como apolítico o «crítico del sistema» sin filiación definida, que se reconoce en formas de cultura popular y que frecuenta la larga promiscuidad de la noche. Dos firmas habituales en la prensa —Luis Alegre Buscar voz... y Mariano Gistaín Buscar voz...— vienen dando, desde hace años, la imagen de una Zaragoza nada provinciana y muy desenfadada: el primero en su dimensión más amable, el segundo con una notable tendencia personal al desasosiego entre humorístico y metafísico.

Desaparecidas aquellas dos editoriales que —con Pórtico— dieron el tono de la Transición, las de ahora son más literarias e incluso La Val de Onsera, sucesora de Guara, cultiva con acierto y buen gusto el libro gastronómico. Mira y Xordica, ambas de Zaragoza, son las de ejecutoria más significativa. La primera ha heredado la vieja «Colección Aragón» y edita de todo: libro escolar, divulgación, ensayo y creación. Xordica, de ambición más modesta, es más selectiva: su serie de relatos «Carrachinas». Y entre sus últimas entregas está el segundo volumen de las memorias de Ildefonso Manuel Gil Buscar voz...Vivos, muertos y otras apariciones—, el decano indiscutible (más por mérito que por edad) de la literatura aragonesa. En la cotización nacional de las novedades narrativas suenan, por supuesto, los nombres aragoneses: Javier Tomeo Buscar voz..., Soledad Puértolas Buscar voz..., José María Conget Buscar voz..., José María Latorre Buscar voz..., Ignacio Martínez de Pisón Buscar voz...... (como en el ensayo sociológico suena Enrique Gil Calvo), todos los cuales viven fuera pero ahora vienen a su tierra más que nunca. En Zaragoza o la región residen Ángeles de Irisarri Buscar voz..., Ana María Navales Buscar voz..., José Luis Rodríguez García Buscar voz..., Javier Delgado Buscar voz..., Félix Teira Cubel Buscar voz..., Antón Castro Buscar voz..., José Luis Corral Buscar voz..., Fernando Lalana Buscar voz..., Magdalena Lasala Buscar voz..., y el divulgador y novelista César Vidal Manzanares Buscar voz..., entre otros, quienes también han visto sus relatos en editoriales de alcance nacional. Y puede que el autor joven más significativo (por muchas razones que interesarán al sociólogo) sea Félix Romeo Pescador Buscar voz... cuya única novela —Dibujos animados— es quizá la mejor de ese minimalismo juvenil y desasosegante al que también se ha apuntado con fortuna Ángela Labordeta Buscar voz..., hija del conocido cantautor.

La salud de la poesía sigue como siempre: la querella de poetas «metafísicos» y «poetas de la experiencia» no ha dejado mucha huella quizá porque aquí preponderan los primeros —con la adición de neorrománticos, neosurrealistas, trascendentalistas, malditistas, etc.—, sobre los segundos, como advertirá el lector de los libros publicados por «La gruta de las palabras», o por una editorial de poesía tan sólida como Olifante Buscar voz... (fundada en 1979 por Trinidad Ruiz Marcellán). La Poesía aragonesa contemporánea (antología consultada) (1996) de Antonio Pérez Lasheras Buscar voz..., ha confirmado el diagnóstico y ha agitado aguas habitualmente tranquilas con la consabida polémica acerca de la intención de las exclusiones. Todas son discutibles, pero la de Antonio Fernández Molina Buscar voz... —seguramente involuntaria, además— resulta clamorosa ignorancia de los consultados: el veterano mosquetero del postismo, antiguo secretario de Cela y del Despacho Literario de M. Labordeta Buscar voz..., sigue pintando y escribiendo cuadros, dibujos, poemas y relatos de rara capacidad imaginativa y profunda coherencia. Y hoy —por muy familiar que nos sea su figura en las calles de la ciudad que ha elegido— resulta una pieza capital de la cultura creativa zaragozana que le debe desde hace tiempo, reconocimiento y homenaje.

Literatura aragonesa en el cine. El autor aragonés más solicitado por el cine de los últimos años ha sido indudablemente Ramón J. Sender Buscar voz...; su obra narrativa ha sido trasladada a la pantalla, desde las ópticas más variadas, en Crónica del alba: 1919/Valentina (Antonio J. Betancor, 1982-83), Requiem por un campesino español (Francesc Betriú, 1985), Eldorado (Carlos Saura Buscar voz..., 1987, según el relato La aventura equinoccial de Lope de Aguirre), Las gallinas de Cervantes (Alfredo Castellón Buscar voz..., 1987), así como en varios programas de T.V.E., como los realizados por Alfonso Ungría (El regreso de Edelmiro, 1975) y José Antonio Páramo (El rey y la reina, 1984). Por su parte, la novela Pedro Saputo, de Braulio Foz Buscar voz..., es sometida, tras la llegada de la democracia, a varias adaptaciones globales o parciales: el cortometraje Pleito al sol (Antonio Artero Buscar voz..., 1981), la serie homónima realizada por Cristina Carreras para T.V.E.-Aragón y un episodio de (José María Forqué Buscar voz..., 1984). También es Forqué el encargado de convertir en serie de televisión el relato biográfico de Santiago Lorén Buscar voz..., Miguel Servet (1982), mientras el autor teatral Alfredo Mañas Buscar voz... contempla cómo revive su Montoyas y Tarantos de la mano de Vicente Escrivá (1989). Más recientemente han visto sus páginas llevadas al cine narradores de nuevas generaciones como Fernando Lalana Buscar voz... (Morirás en Chafarinas, Pedro Olea, 1995), Javier Tomeo Buscar voz... (El crimen del cine Oriente, Pedro Costa, 1997) e Ignacio Martínez de Pisón Buscar voz... (Carreteras secundarias, Emilio Martínez Lázaro, 1997).

Literatura en aragonés. Desde el primer testimonio escrito en romance aragonés (Glosas Emilianenses Buscar voz...) hasta los más recientes libros en aragonés publicados en los últimos años del siglo XX, se desarrolla un proceso, casi siempre marginal y con grandes períodos vacíos de toda manifestación conocida. Sin embargo, a pesar de la innegable escasez de textos en aragonés o con rasgos lingüísticos aragoneses en algunas épocas puede seguirse una línea (quizá no continua sino de trazos), en la que habrá una serie de períodos especialmente destacables, aunque con muy distinto carácter. Como los siglos XIII-XIV, con amplia e importante prosa jurídica e historiográfica, aunque lingüísticamente de un carácter poco definido. O el siglo XVII, con escasos y breves textos, testimonios de una moda literaria (¿quizá de toma de conciencia?) que lleva a escribir en aragonés Buscar voz.... O finalmente el siglo XX en que, definitivamente arrinconado el aragonés en el norte de Aragón, y tras un período de fragmentación y deterioro, se produce una interesante literatura dialectal, a la que habrá que añadir, a partir de la década de los 70, una literatura en aragonés unificado Buscar voz... que produce un evidente resurgimiento y uno de los momentos de mayor conciencia y coherencia.

• Bibliog.: Alvar, M.: El dialecto aragonés; Madrid, 1953, pp. 103-119. Id.: Textos hispánicos dialectales. Antología histórica; Madrid, 1960. Id.: Poesía española dialectal; Madrid, 1965, pp. 25-27 y 99-109. Conte, A.; Cortés, Ch.; Martínez, A.; Nagore, F. y Vázquez, Ch.: El aragonés: identidad y problemática de una lengua; Zaragoza, 1977, pp. 91-112. Frago, J. A.: «Literatura navarroaragonesa»; Historia de las literaturas hispánicas no castellanas, Madrid, 1980, pp. 221-276.

Literatura en aragonés medieval: Más que de una literatura en aragonés, debería hablarse de una literatura escrita en un idioma de difícil definición, en el que las formas castellanas son dominantes y los aragonesismos, aunque a veces muy abundantes, aparecen siempre como descuidos u olvidos del autor, cuya voluntad parece la de escribir en una lengua no hablada por el pueblo y dirigida especialmente a las clases dominantes. Por muy drástica que parezca esta afirmación, es la única respuesta posible al uso de una lengua totalmente alejada de la realidad aragonesa de aquel momento.

Desde las primeras obras medievales tradicionalmente consideradas como aragonesas, como el Liber Regum Buscar voz..., a las del siglo XIV, como las de Fernández de Heredia Buscar voz..., puede observarse, independientemente del tipo de texto que sea, un mismo afán por escribir en una lengua «culta» y no popular. A pesar de ello, la vitalidad del aragonés era tal que los autores no podían evitar el que se les escapasen numerosos aragonesismos sintácticos, morfológicos y fonéticos. Desde una óptica puramente aragonesa, no podemos considerar a estas obras como escritas en «lengua aragonesa» porque sus mismos autores renunciaron voluntariamente a ella, creando ya entonces esa dicotomía que será el drama del aragonés: castellano, lengua de poder y cultura, frente al aragonés, lengua vulgar. Las minorías dominantes ya en aquel momento se sentían próximas a la cultura catalana y también a la castellana. La lengua hablada por el pueblo era el aragonés, pero el mundo oficial se decidió claramente por las ya citadas, incluso para el lenguaje hablado.

Del conjunto de obras medievales con rasgos aragoneses hay que destacar el Liber Regum Buscar voz..., de finales del siglo XII; Razón feita d’amor Buscar voz..., Libro de Apolonio Buscar voz..., Libro de Alexandre Buscar voz..., Libre dels tres Reys d’Orient Buscar voz... y Vida de Santa María Egipciaca Buscar voz..., todas del siglo XIII. Del mismo siglo es la obra de Vidal de Canellas Buscar voz..., Compilación de Huesca, y la traducción al aragonés de In excelsis Dei Thesauris, en las que el aragonés tiene mayor fuerza que en las propiamente literarias, tal vez porque su autor no se proponía componer una obra literaria.

Y es curioso que en el siglo XIV sea una obra de carácter no literario, la Crónica de San Juan de la Peña, la que presente rasgos más aragoneses, frente a la extraña lengua utilizada por Fernández de Heredia, hombre muy culto que trabajó en la Escuela de Traductores de Aviñón, humanista adelantado que tradujo a Plutarco y escribió la Grant Crónica d’Espanya y la Crónica de los Conquiridores. Aunque Heredia escriba en aragonés, los castellanismos y catalanismos, los cultismos propios de su carácter y el mismo espíritu del autor, no dejan mucho espacio para la lengua popular, repitiéndose en él el problema general en todas las obras citadas.

Un comentario especial merece el Poema de Yúçuf Buscar voz..., la más importante obra aljamiada de las literaturas hispanas, en la que el aragonés se hace más presente y adquiere mayor importancia. Un curioso capítulo lo constituyen las traducciones de libros de viajes: ya Fernández de Heredia había traducido el Libro de Marco Polo Buscar voz.... Del Libro de las Maravillas del Mundo Buscar voz..., libro de viajes y noticias exóticas redactado por Juan de Mandevilla, se conoce una traducción aragonesa de finales del siglo XIV, en la cual, además de numerosos castellanismos y catalanismos, aparecen abundantes galicismos, reflejo —casi calco— del original francés.

Del siglo XV no se conocen obras en las que el aragonés aparezca de forma notable, lo que viene a confirmar el proceso de castellanización de las elites aragonesas, frente a la supervivencia del aragonés como lengua del pueblo. Únicamente se pueden citar los escasos versos de Eximén Aznáriz, poeta de la corte de Alfonso V Buscar voz... de Aragón, originario quizá de la comunidad de Daroca. Escribe a mediados del siglo XV, manteniendo todavía ciertos rasgos lingüísticos aragoneses. Su único texto conocido es una loa a un rey muerto pocos años antes, seguramente Alfonso V.

Literatura en aragonés en los ss. XVI-XVIII: A partir del siglo XVI, el castellano desplaza totalmente al aragonés de la literatura, sin que esto signifique su desaparición como lengua hablada, pues, tal y como nos demuestran textos posteriores, seguía utilizándolo una parte de la población. Las obras que poseemos de esta centuria apenas si permiten hablar de literatura en aragonés, al estar casi todas redactadas en castellano con escasos aragonesismos, generalmente fonéticos y léxicos. Donde más aparecen éstos es en los textos aljamiado-moriscos, poseedores de un fondo temático árabe, pero sin ser ajenos a la influencia románica.

Pertenecen a este tipo de literatura la Leyenda sobre la vida de José (diferente al Poema de Yúçuf), una Historia legendaria de Alejandro Dulcarnain, El Fecho de la Buluqiya, El Libro de los dichos maravillosos y el Libro de las Batallas. Existen también fragmentos en aragonés de Las Mil y una Noches, así como textos caballerescos de amplia difusión en occidente, entre los que destaca la Historia de los amores de París y Viana. Fuera de las obras moriscas, este siglo apenas nos ofrece algo más, de no ser el Libro Verde de Aragón Buscar voz..., de escaso valor literario y pocos elementos aragoneses. En el siglo XVII la situación es parecida. La literatura aljamiada termina con unas Coplas que un peregrino de Pueyo de Monzón Buscar voz... (Huesca) hizo a La Meca, y con el Canto de las Lunas de Mahomad Rabadan, morisco de Rueda de Jalón. Paralelamente a este ocaso de la literatura morisca, aparecen algunos autores que escriben sus composiciones en aragonés, y breves textos anónimos, como un Diálogo poético de 1626.

Entre los escritores encontramos a Ana Abarca de Bolea Buscar voz..., el licenciado Matías Pradas, Vicario de Cariñena, y doña Isabel de Rodas y Araiz. La más sobresaliente es Ana Abarca, que además de poesías en castellano, publicó tres poemas en aragonés titulados: Albada al nacimiento, Bayle pastoril al nacimiento y Romance a la procesión del Corpus de Zaragoza, recogidos en el libro Vigilia y Octavario de San Juan Bautista (Zaragoza, 1679). El Vicario de Cariñena e Isabel de Rodas, juntamente con otro autor cuyo pseudónimo es «Fileno, montañés», presentaron unos poemas al certamen literario celebrado en 1650 en Huesca, en conmemoración de la boda de Felipe IV con Mariana de Austria. De 1689 es una corta pero interesante obra anónima, parte en verso, parte en prosa, que con el título de Papel en Sayagués se presentó en la fiesta de San Ignacio de ese mismo año en el colegio de los jesuitas de Huesca.

Por lo que respecta al aragonés empleado en las obras de este siglo, se puede apreciar que es muy parecido al de otras épocas, estando más cercano al de los documentos notariales de los siglos XIII-XIV que al de las obras literarias de esos mismos años. Su uso fue debido a una moda que pretendía reproducir el habla propia de los rústicos (denominada erróneamente sayagués, modalidad del leonés), moda efímera que no llegó a cuajar, desgraciadamente. En el siglo XVIII las obras en aragonés son todavía más escasas, pues, hasta la fecha, no han aparecido composiciones literarias de autor conocido. Tal vez de esta época sean las pastoradas Buscar voz..., que reflejan bastante bien el habla de la zona donde se escribieron, aunque ya algo castellanizada.

Literatura contemporánea en aragonés: La literatura contemporánea en aragonés tiene dos facetas bien diferenciadas que aconsejan un tratamiento separado: por un lado, lo escrito en variedades dialectales, y por otro, lo escrito en aragonés común o unificado. Esta última faceta se empieza a desarrollar hacia 1970, mientras que de la primera se conocen pocos precedentes en el siglo XIX, para tomar continuidad en el XX. La actividad editorial de la década 1970-80 es un espejo del resurgimiento literario: 22 títulos publicados (contando reediciones de obras antiguas) frente a uno o dos en 1900-70. Es más, la concentración se da especialmente en 1977-80, con 18 títulos. El predominio total de la poesía al principio deja paso a una tímida diversificación al final de la década. Es muy destacable el hecho de que la publicación en aragonés común Buscar voz... (que supone aproximadamente un 60% de lo publicado) arrastró también a la publicación en variedades locales de aragonés (aproximadamente un 40% del total).

En la década de los ochenta merecen destacarse dos hechos generales: por un lado, un incremento de la publicación de libros en modalidades locales de aragonés; por otro lado, un aumento de la narración, frente al anterior predominio —casi exclusividad— de la poesía. En efecto, en el período 1971-80 el porcentaje de libros publicados en aragonés común fue de 71,4%, frente al 28,6% de libros en modalidades geográficas de aragonés. Sin embargo, en el período 1981-85, el porcentaje de libros en aragonés común baja a 42,1% y el de libros en diferentes modalidades locales sube a 57,9%. Prácticamente, pues, la proporción cambia de sentido. En cuanto a los géneros literarios, se dio en el período 1971-80 un predominio absoluto de la poesía (62%) frente a la narración (19%). Por el contrario, en el período 1981-85 se iguala la publicación de narración con la de poesía (45% en cada género). Lo que se publica de otros géneros —el restante 10 %— es, como se ve, prácticamente irrelevante.

La tradicional preponderancia de la poesía Buscar voz... ha dejado paso en la década de los noventa a la narración, que presenta el mayor número de obras y de mayor calidad. Se desarrolla la narración biográfica y de carácter testimonial, o bien tendente a lo costumbrista y etnográfico, al mismo tiempo que surgen obras de estructura y procedimientos más modernos.

El teatro Buscar voz... es el género menos desarrollado, con apenas media docena de obras publicadas en los últimos años. Es notable el impulso que están produciendo los premios Buscar voz... literarios en el desarrollo literario del aragonés, especialmente en los campos de la poesía y la narración.

—Literatura en dialectos locales: La literatura en aragonés durante el siglo XIX y parte del XX se reduce a manifestaciones escritas en diversas variedades dialectales del aragonés. Es un momento en que el aragonés ha sufrido ya una gran fragmentación y un gran deterioro. Aislado y dividido en pequeñas y cada vez más pobres hablas locales que se desconocían entre sí, era difícil que pudiera dar lugar a una gran literatura. De hecho, la literatura que se produce es en gran parte un reflejo de la situación lingüística (tanto desde el punto de vista interno, como desde el punto de vista geográfico y social): lengua deteriorada por castellanización, fragmentada por ausencia de comunicación cultural, limitada a las clases bajas y a zonas rurales del norte, produce lógicamente una literatura muy localista, tanto en temas como en el tipo de aragonés que emplea, festivo o folclórico generalmente. Emplea voluntariamente un aragonés bastante empobrecido y castellanizado, que con frecuencia los autores creen propio solamente de su localidad o comarca.

En el siglo XIX apenas se pueden citar más que breves testimonios: el primero aparece en la famosa novela de Braulio Foz Buscar voz..., Vida de Pedro Saputo (1844) y parece recoger dos cuentos populares (en los capítulos «La justicia de Almudévar» y «Del pleito al sol») en el aragonés de Almudévar, un tanto castellanizado pero todavía bastante bien conservado en esta época de mediados del XIX. El otro es una composición en verso, de tipo jocoso, escrita en aragonés de Echo, atribuida al abogado cheso Leonardo Gastón (1837-1885). Sin embargo, lo más importante en el siglo XIX es la obra de teatro de Bernardo Larrosa Buscar voz... titulada Un concello de aldea (1847), aún inédita.

En el siglo XX aparece ya un conjunto de literatura dialectal importante, sobre todo en tres variedades de aragonés: cheso Buscar voz..., grausino Buscar voz... y chistabino Buscar voz.... En cheso destacan las comedias de Domingo Miral Buscar voz..., profesor universitario que escribe en un cheso con abundantes concesiones al castellano. Sus dos obras de teatro, una comedia y un sainete, son muy localistas, de gran colorido costumbrista, pero no de gran calidad literaria.

La obra más importante en cheso pertenece a Veremundo Méndez Coarasa Buscar voz..., autor de varias decenas de poesías, en un cheso mucho más rico y coherente lingüísticamente, también de carácter local, pero donde ya aparece un concepto claro de dignificación del aragonés. La vida, costumbres, trabajos, paisajes, fiestas, etc., del valle de Echo aparecen magistralmente recogidos en un conjunto de largos poemas, sobre todo narrativos, en los que, sin embargo, pueden encontrarse bellos atisbos líricos.

Otros que han escrito en cheso breve obra: Rafael Gastón Burillo Buscar voz..., Paulino Lagrava Coarasa (Echo, 1902 ?-1980), que emplea un cheso muy popular y trata temas de caza y fiestas; M.ª Victoria Nicolás, que ha publicado breves evocaciones de figuras populares chesas, y el libro de poemas Plebia Grisa («lluvia gris», 1986), en el que destaca una original interpretación de la naturaleza y una exquisita sensibilidad; Pepe Lera, autor de algunos romances y canciones, Rosario Ustáriz Buscar voz..., José Coarasa Atienza, etc.

En grausino Buscar voz... se ha escrito también bastante, casi todo sobre temas locales y folclóricos, en un tipo de aragonés local mucho más empobrecido y castellanizado que el cheso y sin alcanzar altas cotas de calidad. Dámaso Carrera (1849-?), herrero de profesión, publica interesantes relatos en El Ribagorzano Buscar voz..., durante el primer cuarto de siglo. Otros autores de esta época son: Vicente Barrós y Marcelino Gambón Plana, autores de pastoradas para las fiestas de Graus; Vicente Castán Gil autor de artículos y narraciones; Enrique Bordetas, autor de una breve obra de teatro, etc. Más tarde, Bizén Lacambra, impresor, que firma a menudo como «Vicén de la imprenta», publica cuentos en el Llibré de Graus, como por ejemplo, L’amistá del bou. Antonio López Santolaria, más conocido como Tonón de Baldomera Buscar voz..., es el más famoso de los escritores en grausino; sus romances y coplas, de tipo popular y festivo, crean un personaje popular de ficción, «Juanón», y reflejan los días festivos de septiembre, interesantes aspectos folclóricos, y evocaciones de rincones, gentes y tiempos de Graus. Lo mismo se refleja en las prosas de Francisco Castillón Lapeña, con cierta maestría narrativa, en forma de artículos históricos y costumbristas. Autor también de algunas poesías, es quizá el autor en grausino con mayor formación culta y de mayor calidad literaria. Otros escritores en grausino, de obra breve y menor importancia: Francisco Alguacil Barrabés, José de Mur, Silvestre Salinas Pueyo, etc.

Otra variedad de aragonés ribagorzano Buscar voz... bastante cultivada ha sido el bajorribagorzano de Estadilla, o estadillano Buscar voz..., en el que destaca, durante el primer tercio del siglo XX, Cleto Torrodellas Español Buscar voz..., herrero, autor de algo más de una veintena de poesías y romances de corte muy popular. Pablo Recio, seudónimo de Cleto José Torrodellas Mur, sobrino del anterior, es autor de una obra en bajorribagorzano más reciente y menos divulgada. En ribagorzano escribe también Bienvenido Mascaray Sin Buscar voz... (Campo, 1937).

El chistabino Buscar voz..., o aragonés del valle de Chistáu, ha alcanzado su mejor expresión literaria en Niéus Luzía Dueso Lascorz Buscar voz..., autora de cuentos, narraciones y poesías. Utilizando un tipo de chistabino más local, de Gistáin (Chistén) han escrito algunos cuentos los hermanos Quin y Ángel Luis Villa Bruned.

En otras variedades locales de aragonés la literatura es escasa. Merecen citarse las cartas en verso escritas en belsetán Buscar voz... por Leonardo Escalona Montaner Buscar voz..., importantes desde el punto de vista lingüístico, y la obra en benasqués de Chusé María Ferrer Fantoba Buscar voz.... Luis Pérez Gella (1933) ha escrito en aragonés ayerbense interesantes y logradas poesías con ocasión de las fiestas, llenas de emoción y lirismo, y algunos cuentos populares recogidos de la tradición. También ha publicado algunos cuentos y leyendas de este tipo Leoncio Escartín Acín (Aineto, H., 1912 - Huesca, 1980) en el aragonés de Serrablo. Igualmente, Máximo Palacio Allué, en el aragonés de la comarca de Biescas, muy semejante al tensino aunque más castellanizado que, no obstante, enriquece tendiendo en parte hacia el aragonés común.

José Gracia Buscar voz... (Sinués, 1899 - Senegüé, 1981) también emplea un aragonés algo mezclado, con ciertas influencias occitanas, pero basado en lo principal en el del valle de Aragüés Buscar voz.... Pedro Arnal Cavero Buscar voz... (1885-1962) escribió en aragonés del Somontano, especialmente de la comarca de Alquézar (Alquezra), relatos costumbristas. Es un aragonés un tanto castellanizado fonéticamente, pero de gran riqueza léxica. Agliberto Garcés Buscar voz... (Bolea, 1908) ha publicado numerosos romances, artículos y cuentos, en el aragonés de la comarca de La Sotonera, muy castellanizado. Juana Coscujuela, de Adahuesca, escribe en somontanés Buscar voz... o aragonés del Somontano, bastante castellanizado en lo fonético. Enrique Capella Buscar voz... (Huesca, 1906-1985), autor de prolijos y extensísimos romances publicados en Nueva España, y Pedro Lafuente Buscar voz... (Huesca, 1929), autor de narraciones, romances y juguetes cómicos, emplean un aragonés de la plana de Huesca, muy castellanizado y quizá con cierto tono baturrista.

Literatura en aragonés común: La literatura en aragonés común o unificado empezó a ser publicada hacia 1970, y sus medios de difusión vienen siendo, además del libro, las páginas de revistas, periódicos y otras publicaciones, generalmente de ámbito regional. El deseo de pureza lingüística y superación de las variedades dialectales del idioma indujo a un grupo de jóvenes universitarios a cultivar una poesía y una prosa en las que se refleja, sin perjuicio de la espontaneidad inventiva y el rigor estilístico, la preocupación por crear e instrumentar una lengua literaria aragonesa de validez general que pueda, además, servir de modelo a las hablas locales y comarcales de que se nutre. A esta empresa han contribuido de manera destacable los escritores Francho Nagore Buscar voz..., Ánchel Conte Buscar voz..., Eduardo Vicente de Vera Buscar voz..., Rafel Barrio Pueyo e Ignacio Almudévar Buscar voz..., a los que habría que añadir otro autor más joven, Francho Rodés Orquín Buscar voz..., a los que se van sumando nuevos autores durante las décadas de los años ochenta y noventa, entre los que se encuentran Chusé M.ª Guarido, Chusé Inazio Navarro Buscar voz..., Ch. R. Usón Buscar voz..., Ch. C. Laínez Buscar voz..., C. Diest Buscar voz..., R. Cortés, Ch. Bielsa Buscar voz..., Santiago Rodés Orquín, Lorenzo Cebollero, Ana Tena, Carmen Castán, Chabier Tomás, etc.

• Bibliog.: Crespo, Ángel: «La problemática del aragonés y su nueva poesía»; en Homenaje al Prof. Franco Meregalli, Aspectos y problemas de las literaturas ibéricas, Venecia, 1980.

Literatura en catalán en Aragón: Desde el siglo XIII, siguiendo un proceso que afecta a toda la Europa occidental y central, el latín va siendo sustituido en los textos por las llamadas lenguas vulgares, por el alemán, el francés, el occitano; y en la zona de lengua catalana de Aragón Buscar voz... por el catalán. El proceso de sustitución es lento y durante mucho tiempo conviven ambas lenguas, el latín y, en el caso que nos ocupa, el catalán, con un declive constante del primero, en los diplomas de las diversas cancillerías, en los libros parroquiales, en las actas municipales, en los registros notariales y de recaudación de impuestos y en la correspondencia oficial y privada. Con todo, el latín se mantiene bien como lengua de la alta cultura, con concesiones cada vez mayores a la lengua vulgar, hasta principios del siglo XIX, y como lengua de la liturgia católica hasta el segundo Concilio Vaticano Buscar voz... (1962-1965). Un papel parecido al latín tuvo también el hebreo entre las comunidades judías hasta su desaparición a finales del siglo XV.

Entre los primeros autores del humanismo catalán se sitúa en el siglo XIV la figura de mosén Guillem Nicolau, rector de Maella, que tradujo al catalán, comentándolas, las Heroidas de Ovidio. La obra debió de circular bastante en la época. La reina Violante se la pedía con insistencia al autor en cartas de febrero y marzo de 1390. Es posible también que Nicolau redactase una versión catalana de la Crónica de San Juan de la Peña. Parte del epistolario de Antonio Agustín y de Siscar (Fraga ?, 1523) y de San José de Calasanz Buscar voz... (Peralta, H., 1557 - Roma, 1648) está en catalán. El epistolario de este último, publicado en Roma en 1951-1956, contenía una sola carta en catalán, pero hoy, gracias a los estudios del padre Josep Poch, podemos seguir con gran detalle el carteo y los escritos del santo en su lengua materna. Desde 1587 hasta 1589, por su cargo de secretario del capítulo de canónigos de la Seo de Urgel, Calasanz redactó en catalán las actas capitulares y diversos documentos de carácter administrativo, así como una docena de cartas oficiales, vivo testimonio de la difícil situación de los urgellenses sometidos a frecuentes ataques de bandoleros y hugonotes. De los años de Tremp (1589-1591) se tienen noticias de varias cartas calasancianas en catalán dirigidas al capítulo de la Seo y al mercader Antoni Janer i Cata. También desde Roma, Calasanz se siguió carteando en catalán con el capítulo de Urgel, a cuyo servicio estuvo hasta 1597. Y aún más tarde, por lo menos en 1620 y en 1638, continuó escribiendo en esta lengua. La última carta, perdida se conoce por el testimonio del obispo de Urgel, Pau Durán, que en 1638 declaraba que: «El P. General —Calasanz— me escribe en lengua catalana y yo también le quiero responder en la misma lengua».

El catalán se mantiene bien como lengua escrita, oficial, en la zona de lengua catalana de Aragón hasta el siglo XVII en que va siendo sustituido por el castellano, que ya se venía insinuando desde el siglo anterior y en algunos puntos ocasionalmente desde el XV. Sin embargo, el prestigio del catalán como lengua oficial en el siglo XVII es aquí aún considerable. Así en un pleito habido en Peralta en 1617 el notario de Estadilla redacta el acta en castellano, pero pone en catalán las declaraciones de los distintos testigos.

Por otra parte la Iglesia Católica —y téngase en cuenta que los libros parroquiales asumieron el papel del registro civil hasta la creación del mismo en 1870— ha mantenido siempre, por lo menos en algunas diócesis de la zona de lengua catalana de Aragón, el uso del catalán como lengua escrita. Desde el Concilio de Trento (1545-1563) los prelados fomentan la difusión del catecismo en la lengua del pueblo. Uno de los primeros en hacerlo fue el obispo de Elna, Pere Mártir Coma, que en 1566 escribía al obispo de Urgel, Pere Castellet, dándole las gracias por haber enviado libros en catalán por toda la diócesis de Urgel (recuérdese que diversos territorios de la zona de lengua catalana de Aragón pertenecieron a esta diócesis hasta 1956) para la enseñanza a los niños de la doctrina cristiana. Varios obispos de la diócesis de la zona de lengua catalana de Aragón publicaron de los siglos XVI al XX diversas ediciones de la doctrina cristiana en catalán: Gaspar Punter, Simeón de Guinda y Apestegui, Francisco Antonio de la Dueña y Cisneros, Josep Caixal i Estradé, etc. En algunas diócesis de la zona de lengua catalana de Aragón en época moderna la Iglesia ha utilizado y utiliza exclusivamente el castellano y ello a pesar de las declaraciones del Concilio Vaticano II a favor de la lengua del pueblo.

El retroceso del catalán en la escritura no supone un retroceso paralelo en el uso hablado coloquial, donde se sigue manteniendo bien, y con el cual se transmiten también las diversas formas de la literatura oral: paremiología, cancionero, narrativa, teatro (pastorades) y literatura religiosa (oraciones y gozos —goigs, gois—, estos últimos impresos algunas veces). Esta literatura la adivinamos, aunque mal, a través de los escasos materiales publicados en lo que va de siglo: J. Amadés: Folklore de Catalunya, Barcelona, 1959; M. Arnaudas Buscar voz...: Cancionero popular de la provincia de Teruel, Zaragoza, 1928, etc. Es muy urgente recoger lo que de ella aún queda, ya que se va perdiendo rápidamente frente a la competencia de los medios de comunicación de masas y por la casi inexistencia de una política cultural popular en la zona. Aún es mucho lo que podría salvarse.

En el siglo XIX el recuerdo de la Ribagorza medieval independiente está presente en los grandes autores catalanes de la Renaixença: Manuel Milà i Fontanals exalta en la Cançó del Pros Bernat la figura legendaria del conde Bernardo de Ribagorza Buscar voz... y en tierras ribagorzanas transcurre el canto IV del Canigó de mosén Jacint Verdaguer. De la Ribagorza leridana era mosén Antoni Navarro (Vilaller, 1869 - Barcelona, 1936), poeta y buen conocedor de la lengua y la literatura populares de su comarca sobre las cuales publicó diversos trabajos. Siguieron su ejemplo varios autores aragoneses publicando en catalán artículos y libros sobre la historia, el derecho, la geografía y la lingüística de la zona de lengua catalana de Aragón: J. Cabré Buscar voz... (Calaceite, 1882 - Madrid, 1947), A. Joaniquet (Forcat, 1895 - Barcelona, 1963), P. Pach Buscar voz... (Roda, 1862 - Barcelona, 1947), M. Pallarés (Peñarroya, 1874 - Barcelona, 1924), etc.

A finales de los setenta y comienzos de los ochenta un número considerable de autores oriundos de la zona de lengua catalana de Aragón, o muy vinculados a la misma —J. Carrera, J. M. Pons y Brualla (Joan d’Ager), A. Peyró, P. Gruas, R. Sistac y Vicén Buscar voz..., S. Ñaco, J. Balasch, J. Senserrich, F. Ventura, etc.— publican en catalán en diversos revistas y periódicos de Aragón —La Voz de La Litera Buscar voz..., Natres, Andalán, Rolde— y de Cataluña —Avui, Serra d’Or, Secano, Canigó, Astí.

Jesús Moncada i Estruga Buscar voz... (Mequinenza, 1941) ha creado una sólida obra narrativa en la que incorpora al catalán literario un buen caudal de términos y giros propios del habla de Mequinenza y ribereña.

Edmon Vallés y Pedryx (Mequinenza, 1920 - Barcelona, 1980) tiene en catalán una obra importante de periodista, historiador y traductor del italiano (Levi, Silone, Pavese) y en 1980 publica en Barcelona, Dietari de guerra (1938-1939), donde recoge su experiencia de joven voluntario del ejército de la República. La obra transcurre a tres niveles: el dietario escrito en los años de la guerra civil, el comentario actual del autor y el recuerdo de la infancia mequinenzana.

Tomás Bosque y Peñarroya Buscar voz... (La Codoñera, 1948) es autor de un extenso cancionero en el que utiliza un lenguaje sencillamente emotivo, en tono de conviarsa, aprendido en esta gran escuela de la lengua que son los corrillos callejeros de hombres y mujeres de los pueblos y lugares del Matarraña y del Mezquín.

En los años ochenta y noventa se produce un notable incremento en Aragón de la literatura en catalán. No son ajenos a este fenómeno la convocatoria de los premios «Guillem Nicolau» Buscar voz..., primero que se convoca en Aragón exclusivamente para obras escritas en catalán, y la creación por la D.G.A. de la colección de libros en catalán «Pa de casa». En narrativa, Josep Galán, de Fraga, ha publicado una interesante novela del género negro Mort a l’Almodí (1984), ambientada en Fraga.

El literano Josep A. Chauvell Buscar voz..., ha escrito la novela Guardeu-vos de la nit del cel encés (1991) y colecciones de cuentos de inspiración popular; el periodista de Vall-de-roures, Lluís Rajadell i Andrés, el conjunto de narraciones Tret de la memòria (1992); la también periodista Mercé Ibarz, de Zaidín, la crónica La terra retirada (1993) y la novela La palmera de blat (1995); el desaparecido Desideri Lombarte Buscar voz..., la breve fábula Memòries d’una desmemoriada mula vella (1997); la mequinenzana M.ª Pilar Febas, la novela breve La mostra de l’olivera (1995), etc. En la poesía culta destacan las obras de Héctor Moret Buscar voz... y Desideri Lombarte; la obra de la calaceitana —también desaparecida— Teresa Jassa Buscar voz..., Eixam de poemes (1992); los poemarios del mequinenzano Marià López Lacasa, Vores (1992), y Lo poble i les circumstàncies (1996). En el teatro sólo cabe apuntar la publicación de Teatre inèdit (1992), de Desideri Lombarte (1997), y los numerosos, pero breves, sainetes costumbristas de las fragatinas Andreseta y Pepeta Bean.

En las últimas décadas se han dado a conocer numerosos trabajos de recopilación y estudio de la literatura popular en catalán de Aragón, trabajos que en su conjunto ofrecen un amplio panorama de esta parcela de la cultura tradicional y popular. En el campo de la literatura popular se han publicado algunos libros de romances de temática localista, como Coses nostres (1975), de Joaquín Riau, y el Libro de poeta local (1983), de Joaquín Canera. A estos han seguido las obras recopilatorias Refranyer del Matarranya (1983), de Miquel Blanc; Cantalles (1985), de Teresa Claramunt; Refranyer fragatí (1987) y Les cançons de la nostra gent (1993), de Josep Galán; Tradició oral a Santisteba (1990), de Agustín Faro; Literatura oral de La Fresneda (1992), de Rafael Ferrer; La festa de Sant Antoni al Matarranya (1993), de Salvador Palomar y Montsant Fonts; Despallerofant. Recopilació i estudi de relats de tradició oral a la comarca del Baix Cinca (1996), de Carlos González Sanz; los extensos tres volúmenes de Lo Molinar. Literatura popular catalana del Matarranya i Mequinenza (1995-1996), a cargo de Lluís Borau, Carles Sancho Meix, Hèctor Moret y Artur Quintana; y los no menos extensos tres volúmenes de Bllat colrat. Literatura popular catalana de la Ribagorça, la Llitera i el Baix Cinca (1997), a cargo de Lluís Borau, Gloria Francino, Héctor Moret y Artur Quintana.

• Bibliog.: No existe ningún estudio de conjunto sobre el tema. Sobre el uso del catalán como lengua escrita en Ribagorza véase Cahner, Max: Gran Enciclopedia Catalana, s.V. Ribagorça, Barcelona, 1978, y los artículos de Josep Poch citados más adelante. Presentamos aquí, a título ilustrativo, una pequeña selección de ediciones de documentos en catalán de la zona de lengua catalana de Aragón. En los archivos, incluso municipales, parroquiales y particulares, existen muchísimos materiales inéditos, cuyo estudio —y en bastantes casos, mera salvación— es urgente: Martín Duque, Ángel J.: Colección diplomática de Obarra (siglos XI-XIII); Zaragoza, 1965. Camarena Mahiques, José: Focs y morabatins de Ribagorza (1381-1385); Valencia, 1966. Montolíu, Manuel de: «Documents antics de Ribagorça»; Estudis Romànics, vol. 2, Barcelona, 1917. Poch, Josep: Catalaunia; n.os 168 (1975), 210 (1978), 212 (1979), 222 (1980). Vidiella y Jasá, Santiago: Recitaciones de la historia política y eclesiástica de Calaceite; Alcañiz, 1896. Sobre Nicolau Guillem véase Rubió i Lluch, Antoni: «Joan I humanista»; Estudis Universitaris Catalans, vol. X, pp. 58-59, Barcelona, 1927-1928. Ubieto Arteta, Antonio: «Notas sobre la Crónica de San Juan de la Peña»; Pirineos, vol. 6, pp. 463-493, Zaragoza, 1950. Sobre San José de Calasanz véase Poch, Josep: Catalaunia; n.os 149 (1973), 160 (1974), 172 (1975), 195 (1977), 206 (1978). Pujol i Tubau, Pere: Sant Josep de Calassanç. Oficial del capítol d’Urgell (1587-1589); Barcelona, 1921.

 

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