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Arqueología aragonesa

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 04/10/2011

La arqueología aragonesa tiene ante sí el importantísimo reto de sacar a la luz los vestigios materiales de un pasado histórico muy dilatado en el tiempo, culturalmente muy diverso y, en muchos casos, en grave peligro de deterioro o desaparición. La actividad de nuestros arqueólogos, ya de por sí llena de dificultades de todo tipo, se ha visto además muy limitada por los condicionantes administrativos y presupuestarios, que suponen el punto de arranque para cualquier excavación y son los que, en definitiva, van a marcar su intensidad. Asumidas las competencias en esta materia por la D.G.A. asistimos a la consolidación de una nueva situación administrativa en la gestión de la arqueología en Aragón, motivada por el preceptivo traspaso de competencias exclusivas en materia de Patrimonio Histórico de la administración central del Estado, a la entonces nueva administración autonómica de la comunidad aragonesa, a la D.G.A. Este hecho ha tenido una gran trascendencia en el desarrollo de la arqueología aragonesa hasta la actualidad. La denominada «Administración Competente» en la propia Ley de Patrimonio Histórico Español actualmente en vigor, había de recoger el testigo del Estado central para continuar con la administración, gestión, cuidado, acrecentamiento, etc. de la Arqueología, Patrimonio Arqueológico según la definición legal, todo ello según los preceptos descritos en la misma Ley arriba citada y en la propia Constitución Española de 1978. Sin embargo, la principal consecuencia de esta asunción de competencias es, por el momento, negativa: los presupuestos destinados por el Gobierno de Aragón a la investigación arqueológica no pueden llenar las necesidades existentes, y las labores deben centrarse especialmente en trabajos de urgencia. Va a ser difícil que nuestra Comunidad pueda asumir el coste de un presupuesto idóneo o adecuado en materia de arqueología, ya que los fondos aportados, independientemente de la mayor o menor voluntad política o de una programación más o menos competente, siempre parecerán insuficientes ante la magnitud de la tarea por realizar.

Aspectos generales. El Patrimonio Arqueológico en general es innegable que despierta un interés no sólo científico, razón primordial de su estudio, sino también social. Por una parte la información de nuevos descubrimientos y hallazgos llega con más facilidad a través de los medios de comunicación al gran público, sintiéndose éste cada día más sensibilizado por el patrimonio en general, considerándolo ya como algo próximo y propio que hay que conocer y atender.

Los yacimientos y restos de todas las épocas tienen un atractivo especial, ya que siendo muchas veces monumentales, permiten una musealización o, al menos, una conservación por medio de su consolidación o restauración para adecuarlos a la visita y por tanto para devolverlos a la sociedad para su contemplación y disfrute. En nuestra región rica en restos de todo tipo, la arqueología cuenta con yacimientos y monumentos aislados de calidad excepcional a la que se une una disponibilidad para su adecuación y visita poco frecuentes.

Disponemos de monumentos aislados: monumentos funerarios megalíticos (dólmenes pirenaicos Buscar voz...) o romanos como los de Fabara Buscar voz..., Atilios Buscar voz..., Chiprana Buscar voz..., Caspe Buscar voz..., Sofuentes Buscar voz..., poblados de la Edad del Bronce Buscar voz... o de la Edad del Hierro Buscar voz..., ciudades celtibéricas como la famosa Contrebia Belaisca Buscar voz... (Botorrita), Ibéricas como Azaila Buscar voz..., villas romanas Buscar voz... de Azuara Buscar voz..., Fortunatus Buscar voz... en Fraga, Campo Rincón Buscar voz... en Alfocea, conjuntos epigráficos singulares como Peñalba de Villastar Buscar voz... o Iglesuela del Cid en Teruel, puentes romanos Buscar voz... de Luco de Jiloca y La Peña, dique romano de Muel Buscar voz..., presa de Almonacid de la Cuba Buscar voz..., etc. que constituyen de por sí elementos necesarios de una atención concreta para rentabilizarlos socialmente. Ciudades antiguas como Labitolosa Buscar voz..., Bilbilis Buscar voz... y Celsa Buscar voz... que constituyendo ya un atractivo científico singular, no han sido suficientemente atendidas en lo promocional para su visita y disfrute por la población.

Historia: La historia de la arqueología aragonesa tiene un punto de arranque que fijamos convencionalmente en el siglo XVI momento en que nuestras tierras aparecen mencionadas y asociadas, quizás por vez primera, a hallazgos y publicaciones de tipo arqueológico, de una Arqueología que, muy distante en el tiempo y en el método, ya contaba entonces con lo aragonés. Desde los «buscadores de tesoros» y «coleccionistas de antigüedades», hasta la moderna arqueología, se ha recorrido un camino plagado de hitos importantes:

1. Hasta el siglo XX. El interés que despierta el Renacimiento Buscar voz... en todos los órdenes del saber no es ajeno al interés por el pasado. Etapa ya lejana y escasa en producción; además, en buena medida inaprovechable en la actualidad, pero importante si la comparamos con el gran vacío anterior. Noticias anecdóticas las más de las veces, aunque en ocasiones guía imprescindible donde recuperar el dato raro o la cita curiosa. Por referencias de la historiografía general española tenemos datos sobre Aragón. El cronista del reino Antonio Beuter, en su Crónica General de España y especialmente del Reyno de Valencia (publicada inicialmente en valenciano, en 1538, con varias reimpresiones en castellano hasta 1604), cita un hallazgo en la cartuja de las Fuentes Buscar voz... de Sariñena (H.): dice que aparecieron en poca profundidad «multitud de huesos grandes y de armas hechas de pedernal a manera de medias espadas y muchas calaveras atravesadas de aquellas piedras, como hierros de lanzas y saetas». (Para Beltrán se trataba de la descripción de un enterramiento neolítico.)

Más tardías son las referencias a otras localidades aragonesas, citadas por Ambrosio de Morales (Antigüedades de las ciudades de España, 1575) y Miguel Martínez del Villar Buscar voz... (Tratado del Patronado, Antigüedades, Gobierno y Varones ilustres de la Ciudad y Comunidad de Catalayud y su Arcedianado, 1598). Mayor trascendencia —por las excelentes descripciones de localidades y restos que encerraba— tiene el viaje, con su posterior publicación, del portugués Juan Bautista Lavaña Buscar voz..., notable cosmógrafo que recorrió Aragón (1610-1617), dando cumplida cuenta de lo que vio, y al que se deben descripciones y apuntes únicos.

De validez diversa son los trabajos de Luis López, Juan Francisco Andrés de Uztarroz Buscar voz... (1635), Vincencio Juan de Lastanosa Buscar voz... (Museo de las medallas desconocidas españolas, 1645), Baltasar Gómez Cádiz, Jerónimo Escuela (1661), el Conde de Guimerá (autor de abundantes falsificaciones epigráficas, práctica frecuente en la época), Briz Martínez Buscar voz..., Juan Miguel Pérez de Nueros Buscar voz... (que trabajó sobre Calatayud h. 1700, y del que se conserva manuscrito inédito en la Biblioteca Nacional), Monterde Buscar voz... (que recogió noticias de Nueros y elaboró un nuevo trabajo que se perdería sin publicarse); Jerónimo García y Diego Gasca (1750-65) recogieron materiales e hicieron un pequeño museo en Calatayud, que desaparecería con la expulsión de los jesuitas Buscar voz... en 1767.

De importancia son los trabajos complementarios de viajeros y eruditos que de forma bastante anárquica dieron innumerables noticias en aquel siglo: así, la obra del padre Flórez Buscar voz... (España Sagrada, 1759); la de Antonio Ponz Buscar voz... (Viaje de España, 1784); el importante trabajo de Juan Antonio Ceán Bermúdez (Sumario de las antigüedades romanas que hay en España, 1832), y, con escasa diferencia, el de Joaquín Traggia Buscar voz... (Aparato de la Historia Eclesiástica del Reino de Aragón, 1792); las de Tomás Cortés y López (Diccionario Histórico Estadístico de la España Antigua), Pascual Madoz Buscar voz... (Diccionario Histórico Estadístico de España y sus Provincias de Ultramar, 1845-50), Mariano Cos y Felipe Eyaralar (Glorias de Calatayud y su Antiguo Partido, 1845; obra desigual y en gran medida inutilizable), Vicente de la Fuente Buscar voz... (en su infatigable investigación sobre Calatayud, además del trabajo en la España Sagrada, continuada por la Real Academia).

Dos obras de conjunto aparecidas por estos tiempos: por una parte, en 1869, el tomo II del Corpus Inscriptionum Latinarum de Emil Hübner, dedicado a Hispania, en el que se recogen todas las inscripciones romanas aparecidas hasta entonces, y que se continuaría luego en 1892 con el Supplementum; por otra parte, la ingente obra de Antonio Delgado, sobre numismática Buscar voz..., con el primer intento serio de estudiar ese campo, en su Medallas autónomas de España (1876), en la que sistematiza las acuñaciones antiguas. Menudean ya las noticias sobre yacimientos concretos y restos, muchas veces insertas en trabajos mayores o con otra finalidad, muy al tono del carácter enciclopédico que presidía la investigación.

Empieza a tener carta de naturaleza una zona aragonesa que luego presentará gran riqueza y densidad de hallazgos de todas las épocas, el Bajo Aragón. Aquí y todavía son las prospecciones (más de diletante que de investigador) de mosén Evaristo Cólera Soldevilla Buscar voz..., que recorrerá Valdetormo y otros núcleos bajo-aragoneses; su pariente, y también religioso, Vicente Bardavíu Buscar voz... dará utilidad a las viejas anotaciones.

El inicio de los trabajos en el Cabezo de Alcalá Buscar voz... (Azaila, T.), a cargo del catedrático de Letras Pablo Gil y Gil, marca el punto de partida para la Arqueología oficial. El notario oscense Mariano Pano Buscar voz..., y Tejerizo, Salarrullana Buscar voz... y otros, prospectan y recogen materiales de amplias zonas. En 1869, la creación del Museo Arqueológico Nacional de Madrid marca un jalón importante. Paulino Savirón Buscar voz... será encargado de recoger materiales para la nueva Institución. Con ello se inicia el éxodo de piezas aragonesas hacia el gran museo madrileño. La memoria redactada a tal efecto en 1871 anotaba ya algunos hallazgos procedentes de las provincias de Huesca y Zaragoza. Es pronto, pero ya de forma tímida empieza a perfilarse un futuro cierto para la Arqueología aragonesa.

2. La primera mitad del siglo XX. Avances espectaculares van a marcar pronto las nuevas luces difundidas con el cambio de siglo. Ya en los inicios, entre 1901 y 1910, Carlos Ram de Viu Buscar voz..., conde de Samitier, se dedica a activas búsquedas en Calatayud y su comarca, recuperando una importante cantidad de material que formará, posteriormente, una colección privada en buena parte perdida definitivamente por lamentables repartos patrimoniales: los materiales, de los que se ha salvado una mínima parte, procedían esencialmente de Bilbilis (Calatayud) y Belmonte de Calatayud. De algunos de ellos daría noticia el propio Conde.

Es creciente la actividad prospectora, que trae como consecuencia el descubrimiento de yacimientos por doquier. A partir de 1903 Juan Cabré Buscar voz..., localizando las primeras pinturas rupestres levantinas en Calapatá Buscar voz... (T.), abre una puerta a la investigación científica que aún permanece abierta con nuevos y recientes hallazgos, ahora en tierras oscenses. En el año 1910 el abate Henri Breuil, máxima autoridad en arte rupestre Buscar voz..., visitará las localidades de Albarracín y Tormón, juntamente con otro gran sabio, Hugo Obermaier. El arte rupestre levantino entra en la historia de la Arqueología aragonesa y mundial. Pérez Temprado Buscar voz... iniciará una larga lista de descubrimientos posteriores en este interesante campo.

Un esfuerzo conjunto, promovido sobre todo por entusiastas y estudiosos bajoaragoneses, cristaliza en la fundación del Boletín de Historia y Geografía del Bajo Aragón Buscar voz..., que vería por primera vez la luz en Tortosa entre 1907 y 1909. Esta inicial vocación catalana no sería casual en la comarca bajoaragonesa, que más tarde se vería asiduamente frecuentada —y aún ahora lo es— por las actividades del Institut d´Estudis Catalans. En tal empeño colaboraron de forma principal Santiago Vidiella Buscar voz..., Julián Ejerique, Matías Pallarés Buscar voz..., Juan Cabré, Lorenzo Pérez Temprado; a ellos se debe buena parte del conocimiento de los yacimientos de la zona. La proyección catalana, a través de los trabajos del Institut, dio lugar también a la salida de materiales hacia el Museo de Barcelona, donde aún se conservan. Figura de relieve en todo este panorama es la de Juan Cabré Buscar voz..., quien, tras el descubrimiento de Calapatá, con sus pinturas, y las amargas críticas sufridas inicialmente, siguió trabajando de forma incansable y acumuló importantes trabajos en su haber, entre ellos las excavaciones de San Antonio de Calaceite Buscar voz.... La prueba de reconocimiento oficial será el encargo de la redacción del Catálogo Monumental de Teruel (que no verá la luz). Pijoan, Albertini —como antes Pierre Paris—, los jesuitas PP. Tena y Furgus, recogerán noticias y materiales. Antonio Vives contribuyó con su colección privada a la pérdida para Aragón de alguna pieza de relieve. En 1909 Carreras Candi publica datos sobre Huesca. Pérez Temprado, Colominas, Durán, Serra Rafols, prospectan y estudian un grupo de poblados: Mazaleón Buscar voz..., Villalons, Les Ombries Buscar voz..., Torre Cremada Buscar voz.... José Pellicer muestra el sepulcro del Canyaret de Pallisetes Buscar voz... y varios poblados de Valjunquera Buscar voz...; Vidiella descubre otros en Caspe Buscar voz... y Chiprana Buscar voz.... Vicente Bardavíu trabaja en Alcañiz Buscar voz.... Las Valletas de Sena Buscar voz... en Huesca se dan a conocer por la curiosa falsificación de un grabado que acepta como bueno Cabré. Azaila sigue siendo, de la mano de Cabré, joya indiscutible.

En otros terrenos, es prospectado el valle del Jalón en su parte alta por el marqués de Cerralbo Buscar voz.... Narciso Sentenach realiza en 1917 desafortunadas excavaciones en Bilbilis Buscar voz... (Calatayud) que serían luego acremente criticadas; sus materiales salen nuevamente de Aragón hacia el museo madrileño. El bajoaragonés Mausoleo de Fabara Buscar voz... será estudiado por Puig y Cadafalch, que también visitará Caspe. Hübner y el padre Fita dan a conocer, sobre todo este último, las inscripciones epigráficas aragonesas. Fita publicará las de las diócesis de Barbastro y Fraga. Las vías romanas Buscar voz... serán tratadas por Sánchez Albornoz, Blázquez y Delgado. En Belmonte de Calatayud y en la propia Bilbilis el gran y discutido sabio alemán Adolfo Schulten levanta planos, estudia y recupera materiales que también se perderán para el patrimonio aragonés. Sus trabajos servirán de base para otros posteriores, aunque no resistirán las nuevas investigaciones en algunos puntos.

De manos del gran sabio catalán Pedro Bosch Gimpera Buscar voz... llegará la primera e indiscutible gran síntesis de la Prehistoria Aragonesa, esencial para trabajos posteriores e iniciadora, a decir de Beltrán, de una etapa, en 1923, que el propio Bosch cierra luego en 1936 con su salida del país.

Otros nombres se han unido ya a la Arqueología aragonesa, poniendo poco a poco ladrillos en el costoso edificio: las excavaciones de Pierre Paris traen la presencia de L´École des Hautes Études Hispaniques de Burdeos. Poco antes, la entonces Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades, que ya había intervenido, encarga la investigación del Roquizal del Rullo Buscar voz... de Fabara a Pérez Temprado; la memoria la redactaría Cabré. El Boletín del Bajo Aragón se disuelve al perder contacto algunos de sus miembros, si bien la siembra fructificará. Toda esa gran página de la historia de las investigaciones, esencialmente bajoaragonesas, se reducen ahora a unas pocas publicaciones y una serie de cuadernos con anotaciones, algunos dispersos y otros conservados en el Museo de Barcelona. Por otra parte, el tiempo y el abandono han sido malos consejeros para buena parte de los yacimientos referidos, que se ven sumidos ahora en la incuria y la destrucción, algunos prácticamente irreconocibles cuando no perdidos. Otros han corrido mejor suerte, al haber sido vueltos a excavar y restaurar. Los materiales han sufrido vicisitudes diversas, perdidos en parte y recogido el resto dentro y fuera de Aragón.

Hasta el año 1950 se incrementan los trabajos. Nombres como Mateo en Cretas Buscar voz..., Teruel, Caruana; Tomás Maigi, más tarde Teógenes Ortego, continúan las viejas prospecciones. Aparecen revistas que albergarán los nuevos descubrimientos; como Teruel, del Instituto de Estudios Turolenses. Nombres como los de Federico Bordejé, recientemente desaparecido, se asocian a la zona del Moncayo. Serra Rafols trabaja en Villa Fortunatus de Fraga; Martínez Santaolalla hace alcanzar a Aragón la influencia de la Cultura de Almería. Navas y Schlunk estudian los restos paleocristianos, completados con los de Ricardo del Arco Buscar voz... en la provincia de Huesca: Coscojuela de Fantova Buscar voz... es un hito. José Galiay, muy criticado a veces, pero realizador de una gran labor, deja trabajos de conjunto hoy superados totalmente, pero de gran mérito en el momento y con los medios que fueron acometidos; sus frutos se canalizaron a través del Museo Provincial zaragozano, que dirigió, y sus excavaciones, muchas veces no del todo afortunadas, afectaron a los Bañales Buscar voz..., El Palomar de Oliete Buscar voz... en Teruel, Fraga y otros puntos. Su publicación de síntesis de Prehistoria y Arqueología aragonesa es claro exponente de buena voluntad y actividad incansable.

3. Desde 1950 a 1980. Cambio de directrices y de espíritu en la investigación: desaparece la improvisación y la intuición que presidía buena parte de las investigaciones de la primera mitad de siglo, para dejar paso al método y a las modernas técnicas de trabajo. La recolección de objetos museables deja paso al estudio concienzudo de los problemas que plantea el pasado del hombre por las tierras aragonesas en la Antigüedad. El dato priva sobre el objeto: la técnica y el método sustituyen a la simple afición.

El relevo en el sistema de trabajo llevará el sello del cambio de las personas. Al acceder en 1949 a la cátedra de Arqueología, Epigrafía y Numismática de la Universidad zaragozana el Dr. Antonio Beltrán Martínez Buscar voz..., paulatinamente irá aglutinando otra serie de investigadores, muchos discípulos suyos, que marcarán un nuevo ritmo a los trabajos. El primer número de la revista Caesaraugusta Buscar voz..., bajo los auspicios de la Institución Fernando el Católico de la Diputación Provincial, alberga un trabajo titulado «Las investigaciones arqueológicas en Aragón», de Antonio Beltrán, que aún es elemento imprescindible de partida. Caesaraugusta recogerá buena parte de lo que se descubra. Argensola en Huesca y la citada Teruel, amén de otras más inespecíficas, serán la salida habitual del trabajo investigador. La intensa promoción de los museos será un claro exponente del trabajo realizado, aunque el camino por recorrer aún sea largo.

Los trabajos que se inician llevan los nombres de sus investigadores: Purificación Atrián en Teruel, como directora de su Museo; Teógenes Ortego continuará en Teruel hasta su salida de la región; Martín Almagro Basch Buscar voz... ampliará el campo de sus trabajos en la zona de Albarracín, y en el Pirineo. Francisca Pallarés realizará una excelente revisión del poblado de San Antonio de Calaceite Buscar voz.... Eduardo Ripoll trabajará sobre pintura rupestre en Alacón y otros puntos turolenses, culminando su labor con la publicación (junto con A. Beltrán y M. Almagro) de su síntesis de Prehistoria del Bajo Aragón (1956).

Paulatinamente se acometen otros trabajos: Enrique Vallespí estudia los talleres de sílex del Bajo Aragón; Manuel Pellicer revisa yacimientos y estudia las cerámicas ibéricas; Beltrán acomete el estudio de parcelas inéditas de la arqueología aragonesa, numismática Buscar voz..., comunicaciones Buscar voz..., pintura rupestre; trabajos sobre comunicaciones en la zona de Monegros, Pirineo; excavaciones del mundo de la Edad del Hierro en el Cabezo Monleón de Caspe Buscar voz..., Tiro de Cañón en Alcañiz Buscar voz...; Azaila, en su Cabezo de Alcalá Buscar voz... —trabajo continuado luego por Barandiarán y fundamentalmente por Miguel Beltrán Lloris Buscar voz..., que lo culminará—; localización de estructuras megalíticas en el Pirineo; pinturas rupestres de Lecina en Huesca. Se debe contar también con los trabajos, en aquella zona baja oscense, de Rodrigo Pita y Luis Díez Coronel. El Museo de Huesca, con el paso por su dirección de Rosa Donoso, y ahora de Vicente Baldellou, sufre una revitalización particularmente intensa, que da lugar a una investigación notable en temas de Prehistoria y Protohistoria.

De la Universidad zaragozana irradia buena parte del trabajo, formando el equipo que protagoniza la investigación, en cotas nunca alcanzadas hasta este momento. De la cátedra inicial, ostentada por Antonio Beltrán, procederá Ignacio Barandiarán (ahora catedrático de Arqueología fuera de Aragón), quien en su dilatada estancia aragonesa realizará trabajos importantes en la región y resto del valle del Ebro. Destacan sus trabajos en Cueva Eudoviges, de Alacón (T.), con restos musterienses Buscar voz..., y nombres como Maella Buscar voz..., Costalena Buscar voz..., Mazaleón Buscar voz..., que significarán mucho en el conocimiento del Epipaleolítico Buscar voz... y Neolítico Buscar voz... de la zona límite zaragozano-turolense; otras excavaciones en Cueva de Encantados Buscar voz... en Belchite, marcan el descubrimento de vaso campaniforme Buscar voz..., así como la zona borjana, Huerto Raso Buscar voz... en Lecina (H.), Cueva Foradada Buscar voz... (H.), para otros períodos.

El nombre de Guillermo Fatás Buscar voz... se asocia a trabajos de Historia Antigua, y a los de epigrafía Buscar voz... y mundo romano, así como a las excavaciones de Castillo de Miranda Buscar voz..., y posteriormente al excepcional Bronce de Contrebia Buscar voz.... Manuel Martín-Bueno, a los trabajos de Bilbilis (Calatayud), al Museo de aquella localidad, así como a otros sobre comunicaciones, epigrafía, numismática, y a excavaciones en Maella, Ciprana. Miguel Beltrán Lloris, con sus aportaciones en Azaila, Celsa Buscar voz..., La Zaida Buscar voz..., y la dirección del Museo de Zaragoza, con la intensa labor de recuperación del solar urbano.

Los yacimientos de Botorrita Buscar voz..., Teatro romano de Zaragoza, Los Bañales Buscar voz... y otros, son un exponente del fructífero panorama que se abría ante los arqueólogos aragoneses a finales de los setenta. Cabe destacar otros nombres, como: Teresa Andrés —en el mundo del megalitismo—, Gloria Moreno —campaniforme—, Pilar Utrilla Buscar voz... —Prehistoria—, Francisco Marco —estelas indígenas—, Pilar Casado —Prehistoria cincovillera—, Francisco Burillo —valle de la Huerva; luego desde la Facultad de Teruel (antes Colegio Universitario)—; Magallón, Domínguez, Galve, Lostal, Hernández Vera, Mostalac, Aguarod...

La creación de nuevos museos, como el de Calatayud, o la actividad de centros como el de Estudios Bilbilitanos, o el de Estudios Borjanos contribuyeron también a ampliar las perspectivas de estudio en nuestro territorio.

Panorama actual:

Instituciones e investigadores: Desde los años 80, en lo institucional y en lo tocante a los responsables de las investigaciones, el núcleo básico se arbitra, reforzado, en torno al Departamento universitario de Ciencias de la Antigüedad y al conjunto de los museos. La Universidad zaragozana, en sus Cátedras de Prehistoria y de Arqueología, con incorporación de nuevos investigadores y docentes —E. Maestro, C. Mazo, J. M.ª Rodanés, J. Picazo, M. Medrano, J. A. Mínguez—, con la asunción de las más altas cotas académicas por parte de algunos, primero por M. Martín-Bueno y luego por P. Utrilla y J. J. Eiroa, con la incorporación por retorno de M.ª T. Andrés, y otros, constituye el núcleo básico, junto con la labor paralela de los Departamentos de las Facultades oscense y turolense y el del Centro Regional de la Universidad a Distancia en Calatayud, a cargo, respectivamente, de A. Domínguez, F. Burillo y M. L. Cancela, vinculados o no al centro universitario básico, pero con propias actividades investigadoras. Es de destacar en este sentido la proliferación de la labor etnográfica llevada a cabo desde Teruel, al amparo de su centro universitario.

El elemento complementario, independiente en su actividad, los museos, han tenido un vertiginoso despegue en su actividad, si bien los medios disponibles no son todo lo adecuados que se necesitaría. El de Zaragoza, con la responsabilidad, junto con el servicio municipal de arqueología Buscar voz..., de atender a las múltiples urgencias de la propia Caesaraugusta Buscar voz..., representa hoy por hoy una parte importante de la actividad arqueológica aragonesa, si bien su labor, forzada por las circunstancias, tenga mucho de rescate científico de aquello que la urbanización y despiadada transformación urbana en los últimos decenios va forzando cotidianamente. La recuperación efectiva del patrimonio arqueológico urbano puede pasar por la creación de puntos integrados en la ciudad, puestos a disposición de los ciudadanos e integrados dentro de los recursos culturales y/o turísticos del casco urbano y, en tal sentido, se vienen efectuando algunas actuaciones en el casco romano zaragozano.

Al amparo de centros universitarios y museos, con la ingente labor realizada en el campo de la Prehistoria y la Arqueología, contando con los avances de la Protohistoria, sobre todo desde Huesca, cuyo panorama ha variado notablemente, tenemos la actividad complementaria turolense, que poco a poco recupera el pulso a su enorme patrimonio arqueológico, conforme los medios humanos y materiales se acrecientan. Hemos de tener también en cuenta a los centros locales y comarcales, casi siempre, al abrigo de la Institución «Fernando el Católico Buscar voz...», que van llevando a efecto una tarea complementaria de fuste que permite llegar a niveles o zonas no tratadas con anterioridad por falta de información o medios humanos. En ese sentido, los tradicionales centros de estudios: Bilbilitano, Caspolino, se ven incrementados con los: Borjano, Turiasonense, más recientemente por el Darocense y otros, en una extensión que puede llegar a cubrir la totalidad de las comarcas y servir, por lo tanto, para catalizar lo cultural y, sobre todo, para recuperar esa información sobre hallazgos que a menudo se nos escapa.

Esa labor apuntada viene a acrecentarse con la llevada a cabo por otros Departamentos universitarios o incluso investigadores que, tratando la antigüedad desde óptica distinta, normalmente a través de las fuentes escritas, contribuyen igualmente a desbrozar un camino aún largo. Todo lo efectuado y lo que está en fase de realización tiene un reflejo inmediato en la bibliografía existente sobre temas arqueológicos aragoneses, que han sufrido un vertiginoso despegue en los últimos años, tanto en la reafirmación de revistas ya conocidas, como en la participación de los investigadores aragoneses, con temas arqueológicos propios, en publicaciones de índole nacional o internacional. Ese fruto tiene adecuado correlato en la realización de abundantes congresos, symposia, reuniones y mesas redondas sobre estos temas, que favorecen un contraste permanente de la actividad investigadora en Prehistoria y Arqueología aragonesas.

Prospecciones, inventarios y cartas arqueológicas. La administración autonómica mantiene un programa de prospecciones sistemáticas del territorio aragonés, organizado con un criterio de distribución territorial por comarcas o atendiendo a necesidades perentorias motivadas por obras públicas proyectadas, por explotaciones mineras o por otras razones, provocando un crecimiento espectacular del número total de yacimientos aragoneses, si bien sería preciso llevar a cabo un filtrado exhaustivo de los nuevos hallazgos para valorar con precisión su fiabilidad, su cualidad, calidad y cronología precisa.

Los programas en los que se insertaron estas prospecciones: Moncayo VI, Bona, I, J. y Lasheras, A. (1987), Monegros II, Bajo Aragón, Bardenas II, Plan de regadíos Bardenas II: prospecciones arqueológicas preventivas (1991), Navarro Chueca, F. J. et alii; Prospecciones preventivas Bardenas II (1991), Gómez Lecumberri, F. et alii, (breve información provisional en AAr), Mequinenza, La Litera, Cuencas del Jalón y Jiloca, Ribota, Queiles y Val, Cuencas Mineras, Cinco Villas; Prospecciones en la Comarca de las Cinco Villas (1991), Lanzarote, M. de la P. et alii (1992), Lanzarote, M. de la P., Autovía de Aragón, N.II; Prospección arqueológica preventiva en la autovía de Aragón, N. II (1991), Gómez Lecumberri, F. Autovía de Aragón (1991), Lázaro, G., Autovía del Pirineo, Sierra de Alcubierre; Memoria de las prospecciones en el Bajo Cinca 1987-88 (1991), Prada, A. y Maya, J. L.; Prospecciones Arqueológicas en el Valle del Río Gállego (1988), Ferreruela A.; avance a la publicación definitiva aparecida posteriormente, etc.; han cumplido con una premisa administrativa al anticiparse a la ejecucion posterior de esos grandes movimientos de tierras provocados por obras públicas. Prospección arqueológica de varios proyectos de la Dirección General de Carreteras y por el Departamento de Agricultura de la D.G.A. (1991) Gómez Lecumberri, F.; concentraciones parcelarias, regadíos, explotaciones mineras; Prospección en la concesión minera Mara II: yacimientos prehistóricos y protohistóricos 1986-87 (1991), Rey, J, y Turmo, A.; Prospecciones del término municipal de Huesca, Campaña de 1987 (1991) Segunda campaña 1988 (1991), Rey, J. y Turmo, A. Prospecciones arqueológicas en el término municipal de Escatrón, Zaragoza. Campaña de 1987 (1990) Zapater, M. A., Navarro, F. J., etc. Todos estos proyectos nos dan cuenta de la mal denominada Arqueología de Gestión, que aunque no ha profundizado lo suficiente es un comienzo útil que posteriormente se ha interrumpido o ha perdido vigor sin causas justificadas.

La difusión científica de los resultados adolece de una carencia importante, la falta de agilidad en la publicación de los mismos. La serie iniciada de la que tan sólo han visto la luz dos de sus volúmenes, es excesivamente costosa y lenta por lo que seguramente cuando muchos de los nuevos hallazgos se lleguen a publicar, tal vez hayan desaparecido. Patrimonio Histórico de Aragón. Inventario Arqueológico. Calamocha (1991), Burillo, F. Carta Arqueológica de Aragón 1991, Burillo, F.; 1.ª Guía Arqueológica del valle del Matarraña, Mazo Pérez, C. et alii (1987); la Carta Arqueológica de Caspe de Álvarez, A. (1987), la de Valderrobres, Puch, E. y Ortonoves R, 1987-1988 o la del Ribota por Millán, J. y Hernández Vera, J. A.; Prospecciones arqueológicas en la cuenca del río Ribota 1988-1989, son una muestra de la actividad y de la lentitud con que siguen llegando a la comunidad científica y al público las informaciones recogidas lo que evidentemente esteriliza parte del esfuerzo realizado.

Excavaciones arqueológicas y monografías. Dentro de las más recientes, podemos diferenciar dos tipos de actuaciones: trabajos planificados y actuaciones denominadas de urgencia.

Por períodos la Prehistoria en sus primeras etapas estuvo representada por revisiones y estudios de los yacimientos de la Cuenca del Matarraña, Pontet y Secans, con niveles epipaleolíticos y neolíticos. El Plano del Pulido en Caspe, con representación de cerámicas, lisas, impresas y cordiales; abrigo del Ángel en Ladruñán, etc.; siendo de destacar Forcas II en Graus, (H.), excavado entre 1991 y 1992, fechado por C14 en el VI milenio a. de C. en el Neolítico antiguo, documentado por vez primera en Huesca. Para el Neolítico la síntesis de J. M. Rodanés (en Crónica del Neolítico y Calcolítico, para Caesaraugusta 1997) puso al día los resultados entre 1987 y 1993. Destacan los trabajos en: Las Terrazas de Alcañiz (Benavente y Andrés 1992), Riols I Mequinenza, (Royo y Gómez 1991). El Bronce Antiguo y Medio, así como el Bronce Final y Primera Edad del Hierro quedan reflejados en los artículos de síntesis de Rodanés y Picazo, Bronce Antiguo y Medio en Aragón y Bronce Final y Primera Edad del Hierro en Aragón, ambos para la crónica de Caesaraugusta, 1997. Deben mencionarse los trabajos de Burillo y Picazo, 1991-1992; Rodanés 1992. Son períodos, sobre todo el primero, de una gran densidad de trabajos e investigaciones que han dado una muy variada referencia bibliográfica con un alto número de títulos. Cueva del Moro en Olvena sigue siendo un clásico de la investigación para el Bronce Antiguo y Medio en el norte del Ebro, mientras que Majaladares y Moncín lo son más al sur para explicar el fenómeno Campaniforme. Frías de Albarracín, Hoya Quemada de Mora de Rubielos, Peña Dorada en Alfambra, etc., completan el panorama (Burillo y Picazo 1991-92).

La 1.ª Edad del Hierro enlazando con el Bronce Final se representa entre otros en: Castellet II de Mequinenza, Sima del Ruidor, Pompeya en Samper de Calanda, Cabezo Sellado en Alcañiz, Moncín en Borja, Palermo en Caspe, Cabezo de Monleón en Caspe, Cabezo Muel, Los Castellazos de Mediana y otros. Igualmente aparecen ya algunos restos en excavaciones urbanas de Zaragoza, Huesca y recientemente en Calatayud. El mundo celtibérico e ibérico cuenta con trabajos de conjunto y monografías recientes, por un lado Los Celtas en el Valle Medio del Ebro, de G. Fatás et al. 1989 y Los Íberos en Aragón de M. Beltrán 1997. En ambos se plantean los problemas generales y las líneas de investigación abiertas. Celtiberia de A. Capablo 1996 y Ética y Ritual de G. Sopeña 1995, completan el panorama junto con algunas reuniones monográficas como el Symposium Celtíberos, o la Exposición que con el título Celtíberos se expuso en 1988 en el Palacio de Sástago de Zaragoza.

Para el mundo romano debe volver a insistirse en yacimientos ya mencionados más arriba. De entre ellos y por orden de importancia destaca la capital del conventus Caesaraugusta. Poco a poco, va profundizándose en el conocimiento que de ella se tiene, fruto de una actividad programada de actuación preventiva, de acuerdo con la Ley de Patrimonio y las Ordenanzas Municipales en movimientos de tierras en el casco histórico de la ciudad que goza de especial protección. Del conjunto hay trabajos globales como: El Foro de Zaragoza, Martín-Bueno, M. en La Plaza de La Seo. Zaragoza. Investigaciones Histórico-Artísticas, Los foros romanos de la Plaza de La Seo, (1991); Mostalac, A. (1989), Beltrán Lloris, M. (1990) Ariño et alii, (1989-90), Aguilera, I y Pérez Casas, J. A. (1991), Casabona, J. F. y Pérez Casas, J. A., (1991), Los edificios públicos de la Plaza de La Seo; Mostalac, A. en Huellas del Pasado. Aspectos de Zaragoza a través del Patrimonio Municipal (1993); Mostalac, A. y Pérez Casas, J. A., La Excavación del Foro de Zaragoza (1989), Pérez Casas, J. A. (1991), (1991 c), (1992), Beltrán Lloris, M. (1991). El teatro romano de Caesaraugusta, descubierto hace tiempo tuvo una atención preferente en estos años permitiendo la recuperación de la mayor parte conservada del edificio que, aunque muy maltrecho, permite una aproximación bastante exacta. Con una cronología tiberiana en su inicio, remodelación en época flavia y ocupaciones posteriores en el siglo III d. de C. de las que se da cuenta sobre todo por el director de los trabajos Beltrán Lloris, M. en: Museo de Zaragoza. Memoria 1992 (1992), (1993); Beltrán Lloris, M. et alii (1987, 1991, 1992). Martín-Bueno, M., La ciudad hispanorromana en el valle del Ebro, en La ciudad Hispanorromana (1993) ofrece una visión de conjunto con el resto de entidades urbanas del valle medio del Ebro resaltando su carácter de polo de atracción de poblamiento desde la época de su fundación. Pérez Casas J. A. (1992) trata de las viviendas extramuros en la zona de calle Heroísmo ya conocidas por hallazgos antiguos restos similares en esa misma zona, así como en la zona de las Plazas de San Pedro Nolasco y Santa Marta (1992); Ariño en su trabajo: Catastros romanos en el Convento Jurídico Caesaraugustano. La Región Aragonesa (1990) actualiza el tema; Vázquez de la Cueva, A. y González Tascón, I., El abastecimiento de agua romano a Caesaraugusta, ponían de relieve a través del hallazgo de un antiguo manuscrito inédito la posibilidad de un acueducto a la colonia tal vez coincidente con la estructura del Puende de las Piedras, es decir de un specus sobre el mismo.

Huesca, la vieja Osca Buscar voz..., renombrada por su pasado en época sertoriana, se ha incorporado tardíamente a la bibliografía arqueológica ya que los hallazgos arqueológicos nunca se prodigaron hasta los últimos años. No hay elementos de gran espectacularidad y los que no han alcanzado esa cota la administración decidió su no conservación. Domínguez, A. (1990) Nacimiento y desarrollo del centro urbano: la romanización, en Huesca. Historia de una ciudad; Juste, M. N. et alii (1987) Exposición de Arqueología Urbana en Huesca.

Labitolosa Buscar voz..., este municipio flavio de corta vida situado en la Puebla de Castro, tan sólo tres generaciones representadas en su excepcional cuna conservada con su conjunto epigráfico, se empezó a investigar a fin del período reseñado. Las excavaciones, fruto de la colaboración entre la Cátedra de Arqueología de la Universidad de Zaragoza y el Centro Pierre Paris de la Universidad de Burdeos III, permitieron abordar la investigación sistemática de un excepcional yacimiento que está deparando importantes sorpresas científicas y permitiendo recuperar un excelente conjunto monumental, seguramente el mejor conservado de Aragón para época alto imperial hasta el momento.

— Los grandes conjuntos de época romana: Durante los años 90, la actividad en los yacimientos principales de esta época, Celsa, Caesaraugusta y Bilbilis, los mejor conocidos de la región, ha sufrido una suerte diversa. Celsa y Bilbilis, colonia el primero y municipio el segundo, que habían tenido una intensísima actividad arqueológica en los últimos años de la administración central, sufrieron un frenazo considerable e injustificado. La casi totalidad del patrimonio arqueológico aragonés sufrió un progresivo abandono y entró en un proceso de deterioro alarmante.

Celsa, contó con algunas inversiones programadas y ejecutadas por la administración estatal, entre las que se deben resaltar la construcción de un conjunto para museo de sitio, centro de apoyo a las excavaciones y almacén para los materiales arqueológicos recuperados en el lugar. Parte de las inversiones se llevaron a cabo, pero la adecuación e inauguración del museo se retrasó hasta 1997. El yacimiento, adecuado para la visita por un proyecto piloto de la D.G.A., con el que se diseñó la señalización del mismo como modelo para otros posteriores, no se ha continuado en ningún otro yacimiento.

Bilbilis, ha pasado por un paulatino languidecer con la administración autonómica. Las excavaciones iniciadas en 1971 y casi nunca interrumpidas desde entonces, fueron perdiendo vigor con rapidez, tan sólo en 1986 y 1989 se llevaron a cabo algunos trabajos de corto alcance. En 1997 se inicia un nuevo programa de actuaciones por impulso del Ayuntamiento bilbilitano con el apoyo y financiación de la D.G.A.

Caesaraugusta Buscar voz... es un caso aparte. La colonia fundada por Augusto e inmediatamente remodelada por su sucesor Tiberio, ha gozado en este período de una actividad mantenida en el conocimiento de su pasado pero no ha tenido tiempo todavía de asimilar esos resultados. También se ha logrado disponer de un buen bagaje de información para los tiempos posteriores, el mundo tardío, hasta ahora un auténtico desconocido en la colonia.

Enciclopedias, obras de conjunto, informaciones breves. De entre las realizadas en los últimos años, cabe destacar: por un lado la Enciclopedia Temática de Aragón (1988) junto a alguna otra obra de carácter general para alguna zona del territorio aragonés, por ejemplo para Zaragoza, Zaragoza: Prehistoria y Arqueología (1991), además de los útiles y necesarios, en lo informativo, pero menos en lo científico, volúmenes de Arqueología Aragonesa (AAr), editados por la D.G.A., con periodicidad anual y retraso endémico en el que da cuenta, de forma muy sucinta, de la actividad desarrollada. En Estado actual de la Arqueología en Aragón (1990) se hacía ya por varios autores Beltrán Lloris, M., Martín-Bueno, M., un balance de la situación. Historia de Aragón I. Generalidades (1991) permitió de la pluma de autores como Beltrán Lloris, F.; Beltrán Lloris, M.; Martín Bueno, M. et alii presentar de forma sintética aspectos generales de la romanización.

• Bibliog.:
Atrián Jordán, P.; Escriche Jaime, C.; Vicente Redón, J. y Herce San Miguel, A. I.: Carta Arqueológica de España, Teruel; Teruel, Instituto de Estudios Turolenses, 1980.
Beltrán Lloris, M. y otros: Caesaraugusta; l, E.A.E., 108, Madrid, 1980.
Beltrán Lloris, M. y Martín-Bueno, M.: «Bílbilis y Celsa, dos ejemplos de ciudades romanas en el Aragón antiguo»; Caesaraugusta, 55-56, Zaragoza, 1982.
Beltrán Martínez, Antonio: «Las investigaciones arqueológicas en Aragón»; psana, 1, Zaragoza, 1951.
El mismo: Aragón y los principios de su Historia; Universidad de Zaragoza, 1975.
El mismo: De arqueología aragonesa; Zaragoza, 1978.
Caesaraugusta, n.º 72: Crónica del Aragón Antiguo. De la Prehistoria a la Alta Edad Media (1987-1993); 2 vols., Zaragoza, Institución «Fernando el Católico», Excma. Diputación de Zaragoza, 1997.
Domínguez Arranz, A.; Magallón Botaya, M.ª Ángeles y Casado López, M.ª Pilar: Carta arqueológica de España, Huesca; Huesca, Excma. Diputación Provincial, 1984.
Martín Bueno, Manuel: Aragón Arqueológico: sus rutas; Zaragoza, 1977.
Varios: Atlas de Prehistoria y Arqueología Aragonesas; Zaragoza, 1981.

Prospecciones y excavaciones:

Han aparecido restos correspondientes a diversos períodos del Paleolítico Inferior y Medio en las últimas prospecciones realizadas, entre 1987 y 1992 en Monegros, Bajo Aragón, Mequinenza, La Litera y las cuencas del Jiloca y del Jalón. En cuanto a las excavaciones, entre los años 1987 y 1991, destacan las realizadas en la Cuesta de la Bajada (Teruel), con restos animales e industria lítica; el Barranco de la Tejería (Monteagudo del Castillo), de datación incierta; la Cueva de los Moros de Gabasa (Huesca), musteriense; la Cueva de la Fuente del Trucho (Asque, Colungo, Huesca), con pinturas rupestres del Paleolítico Superior y con varios niveles del Paleolítico Medio.

Paleolítico Superior: Cueva de Chaves (varias campañas, entre 1987 y 1991), con abundante material lítico entre el que destacan las piezas Magdalenienses; abrigo de Forcas I (Graus, Huesca), con niveles magdalenienses y epipaleolíticos.

Epipaleolítico: Con hallazgos principalmente centrados en el Bajo Aragón. Se encontraron yacimientos epipaleolíticos en las prospecciones realizadas, entre los años 1985 y 1987, en la Cuenca del Matarraña (abrigos de Sariñena, Mazaleón, cueva Ahumada de Maella). Hay material lítico en la zona de las Cuencas Mineras (hallazgos en Agrillo II, de Hinojosa de Jarque y Peña Rubia I, en Estercuel). En la zona de Alcañiz aparecen piezas líticas en Las Margaritas, la salada Grande, la Torre Alta de Esponera; con inicios en el Paleolítico Medio y posible extensión hasta el calcolítico podrían datarse los hallazgos de Torrequemada II, los Pedreñales de Castelserás, los yacimientos de Miedes y Montón, los de la zona entre Fraga y Candasnos o los del Monte de Sta. Magdalena en Valderrobres. En cuanto a las excavaciones, centradas entre los años 1986 y 1991, destacan las de los abrigos de la Costalena y el Pontet (Maella), Els Secans (Mazaleón), Plano del Pulido (Caspe), el abrigo del Ángel (Ladruñán) y Forcas II en Graus.

Neolítico y Calcolítico: las prospecciones arqueológicas que arrojan evidencias culturales del Neolítico y Calcolítico se centran, a finales de los ochenta, en las zonas de Alcañiz, Borja, cuencas del Matarraña y del Cinca, y la zona de las Cinco Villas. Los restos hallados parecen evidenciar la existencia de una población especializada en el aprovechamiento de diferentes ecosistemas. En cuanto a excavaciones, destacan los yacimientos de El Torrollón, La Mina Vallfera y Riols I, todos ellos al aire libre, y el abrigo de El Pontet. En yacimientos posteriores, correspondientes a la Edad del Bronce, hay inicios de un comienzo calcolítico: Majaladares (Borja), Moncín y el castillo de Frías de Albarracín. Es destacable también el hallazgo, en la cueva de Los Moros de Gabasa, de una inhumación en fosa, que viene a apartarse del característico entorno dolménico de los enterramientos.

Bronce Antiguo y Medio: Para este período, parece haber una prolongación de la cultura campaniforme, especialmente clara en las zonas de Cinco Villas, Moncayo y Sistema Ibérico Central. El asentamiento típico, al aire libre, se asocia a laderas de cerros muy erosionados. De los yacimientos en cueva, la del Moro de Olvena es la que presenta una estratigrafía más completa, sólo equiparable a los materiales revueltos de la cueva del Coscojar (Teruel). Desde mediados de los ochenta, abundan las prospecciones y excavaciones al sur del Ebro: Castillo de Frías de Albarracín, Hoya Quemada (Mora de Rubielos), Las Costeras (Formiche Bajo), Peña Dorada (Alfambra), Cabezo Sellado (Alcañiz).

 

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La Prehistoria en Aragón

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