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Puentes romanos

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 05/08/2009

Una de las características fundamentales de los puentes romanos es su cuidada construcción en orden a alcanzar una mejor solidez. Quizá sea éste el motivo por el que nos han quedado tantos ejemplares, unido a la necesidad que siempre hubo de estas fábricas, lo que hizo que fueran reparadas con tanta frecuencia como hiciera falta. De todas formas, las características de cada obra deben establecerse en función de la misma, debiendo considerar que cada puente es el resultado de la resolución de un problema en el que deben tenerse en cuenta varios factores: las necesidades que se desprenden del propio río, las del tránsito, las posibilidades edilicias y económicas que existían en el momento de la construcción, los determinismos que impone el relieve, la composición de los suelos, siempre determinante de las formas de cimentación, etc.

A grandes rasgos, podemos decir que en el territorio aragonés no existen en la actualidad vestigios de la presencia de puentes romanos que no fueran de piedra. Lógicamente, debieron existir algunos ejemplares lígneos que no se nos han conservado ni han dejado ninguna constancia documental, como ocurre, sin embargo, para algunos puentes construidos por el ejército de César Buscar voz... sobre el Segre durante la guerra civil Buscar voz..., por ejemplo. También es lógico pensar que hubo ejemplares intermedios que tendrían las pilas de piedra y una pasarela de madera, como es frecuente todavía en ámbitos rurales, pero, si esto fue así, no nos ha quedado ninguna fuente documental o arqueológica que lo atestigüe con rotundidad. De la misma forma, los puentes en ladrillo se encuentran ausentes de Aragón, mientras que si los hay en otros territorios que estuvieron dentro de la órbita de Roma.

El material en el que están construidos los puentes romanos en Aragón, la piedra, no es en ningún caso acarreado de grandes distancias, sino que, como es normal en este tipo de obras, se extrae de la cantera más cercana. El tratamiento de los sillares y, por lo tanto, del aparejo corre paralelo a esta diversidad, mostrándose bastante dispar según los casos y dependiendo, fundamentalmente, de la importancia objetiva de la obra y del tipo y bondad del material sobre el que se pueda trabajar.

De forma independiente al tipo de piedra y trabajo de la misma, el despiece de los arcos es de gran calidad. No es infrecuente la combinación de aparejos rústicos para los muros de los pretiles, tímpanos y contrafuertes con arcos cuyo dovelaje está cuidado y perfectamente conseguido. Hay que tener en cuenta que estos arcos debían, a veces, cubrir grandes luces que no constituían, en la mayoría de los casos, un fin en sí mismas, sino que venían forzadas por necesidades derivadas de la forma de cimentación o por el uso; pensemos, por ejemplo, en ríos con rellenos inestables en sus cauces que comprometen la cimentación de las pilas y que aconsejan utilizar el menor número de ellas posible, obligando a los arcos a alcanzar mayores luces. También los ríos navegables, como el Ebro Buscar voz... en la antigüedad, fuerzan estructuralmente a los puentes a tener, por lo menos, un arco de considerables proporciones para permitir el tráfico fluvial, como ocurriría, sin duda, en el ejemplar cercano a Celsa Buscar voz....

Las enjutas de los arcos varían mucho en su tratamiento, dependiendo del tipo de puente —sobre una vía principal, marginal, etc.—; en cualquier caso es posible destacar la buena factura generalizada de las conexiones entre estos elementos y el trasdós de los arcos.

Las pilas presentan en casi todos los ejemplares defensas aguas arriba, que en Aragón y por lo hasta ahora conocido son siempre triangulares, como en el caso del puente de Luco de Jiloca Buscar voz..., por ejemplo. Un elemento diferenciador importante con respecto a puentes posteriores, que tienden a ser tomados por romanos con relativa frecuencia (sobre todo del siglo XVI), lo constituye el hecho de que estas defensas, en el caso de llegar a tapar parte de la boquilla de los arcos, lo hacen adosándose sobre ellos y no formando un mismo cuerpo con dovelas salientes que traban y se incluyen en el aparejo del paño mural de los tajamares.

Aguas abajo, las pilas suelen presentar contrafuertes adosados o trabados —que en los puentes se denominan espolones— de planta rectangular o, más raramente, semicircular. Una característica común a tajamares y espolones en época romana es que éstos suelen terminar hacia la altura del arranque de los arcos o poco más arriba —nunca sobre la cota de los riñones del arco—, a diferencia de otros ejemplares de cronología más tardía, particularmente medievales, que utilizaron estos refuerzos laterales de los puentes como apartaderos de la vía y, por lo tanto, llevaron su culminación hasta la misma.

El tipo de cimentación sobre el que se asientan es fundamental para los puentes, sobre todo en cuanto a la duración en el tiempo de los mismos. Estas fábricas deben soportar presiones de muy diferente índole: por un lado, el peso mismo de la obra y aquel que pueda producir el tránsito; por otro, las presiones laterales —desiguales normalmente— que provocan la descarga de los arcos, las presiones transversales ejercidas por el agua, sobre todo en períodos de riada y, por fin, la misma erosión del agua que puede socavar las estructuras. Así, las formas de cimentación varían mucho en cada caso, adaptándose a las necesidades y a los condicionamientos del terreno. Siempre que se podía se intentaba construir sobre roca y, si ésta no era accesible, se utilizaban diversas técnicas, dependiendo de la calidad del suelo, variando desde simples zapatas embutidas en el terreno a más o menos complicados sistemas de pilotaje lígneo —para la contención de rellenos poco estables— que continuaban en estructuras pétreas para las pilas.

Es muy poco lo que sabemos sobre las formas de cimentación de los puentes romanos aragoneses. Serían precisas excavaciones para analizar este extremo, actuaciones que no se han realizado en ningún caso.

La forma de construcción de los puentes también es muy variable, dependiendo de la importancia de la obra y de las condiciones naturales de la ubicación. En general, se puede decir que los tipos de construcción se reducen a dos: en seco y dentro del agua. En el primer caso se trata frecuentemente de puentes encajados en estrechas gargantas rocosas, que no precisan de la inclusión de pilas en el propio río, de cursos de agua con períodos de estiaje muy prolongados que pueden aprovecharse para la construcción, o que pueden desviarse del cauce para realizar la obra a pie seco. En el segundo de los casos, la fábrica se acomete desviando alternativamente la corriente de agua a un lado y otro del cauce, construyendo las pilas directamente en el agua o utilizando ataguías.

Los motivos que llevaron al deterioro, destrucción y eventual desaparición de algunos ejemplares fue muy variado. En primer lugar hay que tener en cuenta la ubicación de los puentes sobre caso de cursos de agua tan irregulares como los nuestros. Además de estos factores hidrológicos, hay que contar con las limitaciones constructivas del período que produjo estas obras; principalmente, estas limitaciones se centraban en los problemas de cimentación. En realidad, existían algunas ocasiones en las que era imposible encontrar un estrato estable sobre el que afincar las pilas: de cualquier manera, en época romana no había forma de saber cuál era la conformación del suelo, salvo lo estrictamente superficial, por lo cual era frecuente que estratos poco estables quedaran debajo de las cimentaciones y provocaran, a la corta o a la larga, la ruina del puente.

La técnica constructiva romana perduró durante muchos siglos. Puentes con técnicas típicamente romanas se han estado construyendo hasta hace muy poco tiempo, con lo cual muchas veces es bastante difícil precisar correctamente la datación de un ejemplar, sobre todo en el caso de que se trate de alguna obra marginal o de escasa entidad.

El continuismo edilicio y tipológico hace en muchos casos inservible cualquier análisis que se intente abordar desde estos dos enfoques metodológicos. Hasta tal punto esto es así que una gran cantidad de ejemplares, que siempre han sido clasificados como romanos, están pendientes de un estudio detallado centrado en otros criterios de análisis que puedan ser más reveladores en cuanto a la datación que los tradicionalmente aplicados, como los metrológicos o —en el caso de obras de cierta complejidad— los de trazado teórico arquitectónico.

Así, el catálogo de puentes romanos aragoneses está repleto de lagunas y no exento de dudas. Siguiendo una ordenación alfabética, podemos considerar que merecen un estudio detallado para su reclasificación diecisiete fábricas: el puente llamado de las Aguas, en Bierge Buscar voz... (Huesca), sobre el río Alcanadre Buscar voz...; el de Alberuela de Laliena Buscar voz... (Huesca), sobre el Isuela Buscar voz...; el del Algar, en Huerta de Vero Buscar voz... (Huesca), sobre el Vero; el existente en el camino de Alquézar a Barbastro (Huesca), también sobre el Vero, de tres arcos, con una luz central de 18,9 m. y uno de los arcos menores rebajados, que será probablemente producto de una refacción; el del Batanar, en Bierge (Huesca), sobre el río Isuela; el del camino viejo de Bierge a Abiego (Huesca), también sobre el Isuela y que presenta tres vanos con tajamares triangulares en las pilas; los escasos restos del de Castejón del Puente Buscar voz... (Huesca), sobre el río Cinca Buscar voz..., ejemplar importante que contaría con más de veinte arcos con una luz media de unos 15 m.; el llamado del Diablo, en el embalse de Mediano Buscar voz... (Huesca), sobre el Cinca, fábrica de una sola arcada de 29 m. de luz, con dos arquillos-aliviaderos gemelos que perforan los tímpanos; el de Laspuña Buscar voz... (Huesca); el del Diablo, en Olvena Buscar voz... (Huesca), sobre el río Ésera; el de Selgua Buscar voz... (Huesca), sobre el Cinca; el de Paracuellos de Jiloca Buscar voz... (Teruel), sobre el Jiloca, de tres arcos; el de Rubielos Buscar voz... (Teruel), sobre el río Mijares, de un solo vano; el de Botorrita Buscar voz... (Zaragoza), sobre la Huerva, con un solo vano de 9 m. de luz; varios puentes cercanos al yacimiento romano de Los Bañales Buscar voz..., en Uncastillo Buscar voz... (Zaragoza), y el de Maluenda Buscar voz..., (Zaragoza), sobre un barranco.

En otros casos, las antiguas referencias bibliográficas que atestiguan la existencia de puentes romanos en algunos lugares nunca podrán ser comprobadas, puesto que estos ejemplares han desaparecido, como en el caso del puente de El Grado Buscar voz... (Huesca), sobre el río Cinca, o el que existía sobre el Gállego en las proximidades de Zaragoza y junto al puente metálico que servía a la antigua salida de la carretera Zaragoza-Barcelona.

En otras ocasiones, la pertenencia a época romana está asegurada, el menos para el origen de los ejemplares, como en el caso de doce fábricas: el puente Fornillos, en Chibluco Buscar voz... (Huesca), sobre el río Flumen, en cantería de buena factura, con un solo vano de 6 m. de luz; el de la Peña o Cacaviello Buscar voz..., en Triste (Huesca), sobre el Gállego y en la actualidad sumergido en el embalse de la Peña —muy deteriorado, pero todavía recuperable—, obra de un arco principal flanqueado por tres laterales, que fue reparado en múltiples ocasiones, una de ellas en el siglo XI por orden de Ramiro I Buscar voz...; el de Pertusa Buscar voz... (Huesca), sobre el río Alcanadre; el de Calamocha Buscar voz... (Teruel), sobre el Jiloca, obra pequeña pero muy cuidada, de un solo arco de 6 m. de luz; el de Luco de Jiloca Buscar voz... (Teruel), sobre el río Navarre, obra de tres vanos desiguales que provocan en la rasante de la vía un perfil alomado, con arquillos de aligeramiento en las pilas, lo que hace de este ejemplar —dado su buen estado de conservación— un prototipo bastante clásico que algunos autores datan como republicano, mientras que otros lo fechan en el siglo I d.C.; el de Almada, en Villarreal Buscar voz... (Zaragoza), sobre la Huerva, con un arco de 8,6 m. de luz que no completa el medio punto y que, en su estado actual, debe ser producto de una reconstrucción; el de Bilbilis Buscar voz..., cercano a Calatayud (Zaragoza), sobre el Jalón, puente que ha desaparecido totalmente —salvo unos apoyos en la roca cercanos al barrio de Huérmeda, al suroeste del antiguo Municipium Augusta Bilbilis—, pero que resulta imprescindible para las comunicaciones de la ciudad, por lo que su hipotética ubicación ha sido propuesta por varios autores; el de Celsa Buscar voz..., mencionado por Estrabón (III, 4, 10), cercano a la actual Velilla de Ebro (Zaragoza), sobre el Ebro, localizado recientemente y a la espera de un estudio detenido, que debió ser un ejemplar importante si tenemos en cuenta que el río en esta zona tiene ya un caudal considerable y era navegable en la antigüedad hasta Vareia, ya en tierras logroñesas; el de Cucalón Buscar voz... (Zaragoza), sobre la Huerva, con un solo vano de 7 m. y tres fases constructivas bien definidas; el de Piedra, en Zaragoza Buscar voz..., sobre el Ebro, del que ya nada queda a la vista que sea antiguo, salvo, con toda probabilidad, el emplazamiento, cuya alineación parece coincidir con el kardo de la Zaragoza romana, quizá la cimentación del actual ejemplar sea antigua, pero la determinación de este punto precisaría de unos estudios todavía no realizados; el de los Pontarrones, en Villadoz Buscar voz... (Zaragoza), sobre la Huerva, del que se conserva sólo un bloque de argamasa, y el de Villahermosa (Zaragoza), también sobre la Huerva, en el que se distinguen dos épocas constructivas, a la segunda de las cuales —que no es antigua—corresponde la construcción de su único arco, escarzano, de 7,07 m. de luz.

• Bibliog.:
Beltrán Martínez, A.: «Puentes romanos de Luco de Jiloca y Calamocha»; Caesaraugusta, 4, 1954, pp. 190 y ss.
Burillo Mozota, F.: «Hallazgos pertenecientes a época romana imperial en el Campo Romanos»; Caesaraugusta, 41-42, 1977, pp. 139 y ss.
Fatás Cabeza, G.: «Para una biografía de las murallas y puente de Piedra de Zaragoza según las fuentes escritas hasta 1285»; Hom. al Profesor J. M. Lacarra, II, Zaragoza, 1976, pp. 305 y ss.
Fernández Casado, C.: Historia del puente en España. Puente romano; Madrid, s. a.
Liz Guiral, J.: Puentes romanos en el Convento Jurídico Caesaraugustano; Zaragoza, 1985.
Lostal Pros, J.: Arqueología del Aragón romano; Zaragoza, 1980.
Martín-Bueno, M.: Aragón arqueológico. Sus rutas; Zaragoza, 1977.

 

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