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Baile

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 02/07/2010

El baile popular aragonés —de carácter lúdico, forma de aproximación social, muestra de habilidad, baile religioso o ritual— es, básicamente, de imitación señorial y de creación erudita, tanto en la música como en la coreografía y las fórmulas. La jota Buscar voz... ha hecho olvidar la mayor parte de los bailes populares que se practicaban hasta bien entrado el siglo XIX, salvo algunos remedos de los de salón simplificados, como el fandango, el bolero Buscar voz... y la seguidilla Buscar voz.... Nada queda, en los bailes populares, de los antiguos, como los que figuran en el románico de Agüero, Ejea o Uncastillo: aunque repitan la torsión de una bailarina más hay que atribuirlo a copia de la escultura que a interpretación de idéntico baile.

Del siglo XVI conocemos bailes señoriales que pueden ser el origen de los aragoneses de pañuelos, aunque se haya olvidado que la razón original de éstos era que no se tocasen las manos de las parejas, que quedaban unidas por las puntas de los pañuelos; en Zaragoza, en 1585, en el casamiento del duque de Saboya con Catalina, hija de Felipe I Buscar voz... (II), según cuenta el arquero Henrique Cock Buscar voz..., el duque de Pastrana y otros nobles bailaban «llevando las damas con un guante o pañizuelo consigo», citándose como danza la gallarda y la almaña o alemana; otro ejemplo de esta adaptación es el bolero Buscar voz... de Caspe, una de cuyas figuras consiste en una reverencia de corte, no frente a la pareja femenina sino de espaldas a ella. En San Juan de Pie de Puerto, un grupo folclórico no profesional, que ha recogido los bailes que conservaban en la memoria los ancianos de la comarca, interpreta melodías francesas muchas de las cuales son de muy avanzado el siglo XIX.

En general los bailes conservados, cuyo remoto origen es muy difícil de alcanzar, son del XVIII, como la mayor parte de las síntesis populares que hoy conocemos; cuando se citan bailes antiguos no tienen nada que ver con los actuales. Así, son muy recientes las citas directas de la jota, y carecemos de datos sobre la evolución de los bailes de los siglo XV a XVI; sabemos que en 1399, en la coronación de Martín el Humano Buscar voz..., en Zaragoza, hubo bailes de «águilas», y que, con ocasión de la de Fernando de Antequera Buscar voz..., se hizo venir de Valencia toda la comparsería y águilas y bailes que figuraban en la procesión del Corpus.

Muchas danzas religiosas podemos hacerlas remontar a principios del s. XVI, por ejemplo las de espadas en las procesiones de Sena o Sariñena delante de las andas de los patronos. En 1777 una real cédula prohibió los bailes en las iglesias o ante los santos: «La costumbre o corruptela de baylar los días de fiesta delante de alguna imagen a la que se pretende dar culto en aquel día o bien dentro de la misma iglesia o en su atrio o cementerio o, quando no se permite en estos sitios, sacándola a la plaza pública con las insignias de Cruz Pendón o capa plual y haciendo allí sus bayles que terminan en alguna ofrenda... No toleréis bayles en las iglesias». No obstante, en Aragón siguió el dance ante la puerta de la iglesia con la imagen del santo patrón, y los danzantes entraban hasta el presbiterio a la llegada de la procesión.

Es de lamentar que no tengamos ninguna precisión sobre los bailes populares en las noticias antiguas; así, en la relación del viaje a Zaragoza de Carlos II Buscar voz... para jurar los Fueros, en 1677, escrita por Fabro Bremundán, se habla de bailes que las gentes interpretaban por los caminos, pero sin decir más y se alaba un «bayle de matachines», en la ciudad, que no debía de ser popular; en las fiestas de proclamación de Carlos IV Buscar voz..., en Tauste, en 1789, se alude a «músicas del país» y, en un tablado, a la actuación de «la quadrilla de baylarines vestida con uniformidad de máscara y a lo majo», al compás de la citada música, añadiéndose que en la «boda aldeana» que hubo en tales fiestas Buscar voz... se tañían «guitarras, castañetones, sonajas, panderos, tiples, tabletillas y gaita», y en otro lugar se nombran la dulzaina y el tamboril.

Es muy difícil precisar la fecha de los bailes de tipo religioso que aún se conservan y que deben de ser los más antiguos, conservándose por la pervivencia de estas costumbres; como, por ejemplo, la contradanza de Cetina Buscar voz... o el alacay de Ansó recogido por R. del Arco Buscar voz..., danza de los mozos de cofradía que se interpretaba para su fiesta con acompañamiento de «chiflo» y tambor, donde cada pareja de mozo y moza sostenían por los extremos un pañuelo de seda, formándose un corro que pasa luego en fila por el que sostienen, levantándolo, el mayordomo y la mayordoma.

Puede también ser muy antiguo el de «los roscos» de Gistaín o Plan, en el tercer día de la fiesta, en el que se hacía intervenir un roscón o torta de trigo que las mozas adquirían para regalarlo al mozo de su preferencia; en el baile, éstos colgaban el rosco de su espalda sobre un pañuelo, y luego lo colgaban en un balcón de la plaza para que todos lo viesen; finalmente, todos los hombres, con sus roscones, desfilaban por las calles al son de la gaita y castañuelas y los entregaban a los mayordombres. En la misma localidad, y también para las fiestas de San Joaquín, después de unas rondas por las calles con guitarras y «castañetas» se terminaba con un baile ceremonioso que Soler compara al ball pla de las fiestas catalanas antiguas. En Plan, en el baile de «la torta», el hombre la lleva en la mano. Finalmente, en Gistaín la pasavilla era un baile sencillo, tocando las castañetas y al son de la gaita Buscar voz..., en forma de pasacalle, lo mismo que se ejecutaba en Benasque delante de la procesión, camino de la ermita, o en Alagón (aquí con intervención de mujeres), y en todos los casos en una o dos filas.

El mismo carácter pueden tener los bailes de gigantes Buscar voz... y enanos o cabezudos Buscar voz..., especialmente populares en Zaragoza; su origen puede relacionarse con la introducción de las fiestas del Corpus Christi Buscar voz.... Se conocen en Barcelona desde fines del siglo XIV y uno de los primeros citados es el de lo Rey David ab lo gegant, pero se extendieron por toda España a partir del XVI y sobre todo en la centuria siguiente; en todas partes se habla de sus bailes, y en Aragón son los más antiguos los de Zaragoza y Huesca, recogidos los primeros por el maestro Mingote Buscar voz....

Como consecuencia de las fiestas en las que se quemaban hogueras Buscar voz... se bailaba en círculo alrededor de ellas; especialmente en el Bajo Aragón, el llamado rodat. Un baile de este tipo, pero de alegría por la terminación del trabajo, es el de Alcañiz, al regreso de la recogida de olivas o llega (plega, replegar), en el que una de las mujeres canta en el centro del corro, que gira y repite los dos últimos versos de la cuarteta de la copla y al terminar prorrumpe en chillidos que habría que relacionar con los gritos guturales de todo el norte de España.

En los bailes de puro entretenimiento domina en los tiempos recientes la jota Buscar voz..., y los andaluces o castellanos difundidos por toda España esencialmente el bolero Buscar voz..., apoyado en el fandango, y la seguidilla Buscar voz...; dieciochescos deben de ser también los bailes de cintas, pendientes de un gran palo sujeto por un hombre (el «mayordomo», en Graus), que se trenzan de diversas formas con los momientos del corro de los bailarines; en la localidad citada se introdujo a fines del siglo XIX, modificando un baile en rueda llamado «de las sayas», y también tardíamente se introdujo en algunos «dances Buscar voz...» como el de Huesca o el de las Tenerías de Zaragoza. Del mismo tiempo es el baile de arcos, conservado en el dance de Tauste, y con una variante peculiar en el «del canastico» de Graus, en el que las mozas y los mozos, acompañados por la gaita, giran en torno a un cestillo asidos a un arco; los danzantes de Tauste tienen bellas mudanzas con arcos de flores artificiales.

Hay bailes cuyo componente coreográfico es mínimo, como «la zorra» de Lechago, mixto de un juego de niños que pudo tener nculaciones con los del Renacimiento, como el «moscone» de Italia que hallamos en Valencia como «el borinot» y que entre nosotros, en el pueblo turolense, es un baile de corro, en cuyo centro una persona recibe palmadas o golpes de quienes le rodean, a condición de no ser vistos, debiendo adivinar quién lo hizo. En Sariñena jugaban los niños, con el que «pagaba» vendados los ojos, y golpeándole con pañuelos con nudos a sus extremos, cinturones, alpargatas, etc.

En síntesis, el baile popular es una imitación del de los señores y queda sujeto a la evolución de las modas, fandango, bolero, canario, jota, etcétera: básicamente facilita la aproximación de los sexos, pero los hay también de hombres solos y, aunque más raramente, de mujeres y, en ocasiones, quedan reducidos a saltos, ruedas o cabriolas. Pocos son anteriores al siglo XVIII y la mayor parte pueden cambiar su sentido original, seguidillas convertidas en baile y canto en honor de la Virgen de Magallón, en Leciñena o en coplas del Rosario de la Aurora, en el bajo Aragón habaneras decimonónicas cantadas en las iglesias y todo género de letrillas adaptadas al dance.

Un aspecto a investigar es el de las contaminaciones, que pueden ser tan claras como las de la Contradanza de Cetina, donde bailes que entroncan con viejísimas danzas de plenilunio o quizá «de la muerte», se funden con bailes de salón, con figuras y cuadros plásticos como las contradanzas que invadieron las costumbres burguesas de la segunda mitad del siglo XVIII. Quizá el máximo interés pueda encontrarse en los bailes religiosos y los correspondientes cantos, conservados como cultismos y por lo tanto no permeables a las modas, aunque sensibles a las modificaciones degenerativas que puede producir la transmisión oral o por medio de cuadernos que en las sucesivas copias modifican los originales.

Otro tema de interés son las adaptaciones de un lugar a otro y aculturación en una localidad concreta. Un ejemplo expresivo pueden ser los dances Buscar voz... de Pastriz y de Salillas de Jalón, prácticamente iguales, pero con diferentes patronas, Santa Ana y Santa Quiteria, y con vulgarismos o adaptaciones diferentes, como el de «octavianos» en lugar de «otomanos» cuando se habla de los turcos.

Los paralelos se producen a veces con tierras remotísimas; en la Torrecilla de Aínsa, el «teido-teido» se baila por mujeres el día de Santa Águeda, llevando mazos de estopa colgados de la espalda, girando y bailando ante los hombres que intentan encenderlos mientras aquéllas cantan «O teido, teido / qué me cuelga por detrás / o teido, teido / no me lo cremarás», semejante al «vivo» de la isla del Hierro, en que se intenta derribar el sombrero que el hombre lleva puesto, o, con una terrible carga sexual, también en las islas, el baile en que las mujeres ponen una hoja de platanera sobre su espalda fingiendo atacarlas los hombres.

• Bibliog.:
Beltrán, Antonio: El dance aragonés; Zaragoza, 1982.
Capmany, Aurelio: «El baile y la danza»; Folklore y costumbres de España, Barcelona, 1931, II, 167.
Conte, A.: «As danzas focloricas d’o pais de Sorbrarbe»; Pirineos, 115 (Jaca, 1982).

 

Monográficos

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En Aragón existe gran diversidad de cantos, bailes y dances además del género más famoso: la jota.

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