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Ximénez de Urrea, Pedro Manuel

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 05/07/2011

(1486 - 1530 ?). Segundón de Lope Ximénez de Urrea, pudo nacer en las posesiones familiares de Épila Buscar voz... o de la falda del Moncayo y fue tercero de no menos de diez hermanos, el mayor de los cuales, Miguel, tuvo también las aficiones literarias que demuestra su Instrucción político cristiana. Lo educó su madre, Catalina de Híjar, primera condesa de Aranda Buscar voz..., a la que profesó singular devoción y a la que dedicarla su Cancionero. Como señor de la heredad de Trasmoz Buscar voz... y vasallo de su hermano, participó en la reyerta de los Urrea y el conde de Ribagorza Buscar voz..., Alonso de Aragón Buscar voz... aliado de los monjes de Veruela Buscar voz..., pleito que resolvió la sentencia real de Buengrado en 1513, ordenando el destierro del ribagorzano. Se conjetura que murió en la fecha indicada arriba y, en todo caso, el testamento de su esposa María de Sesé (con la que casó en 1505) lo da por fallecido en 1536.

En la misma fecha del arbitrio de Buengrado, las prensas logroñesas de Arnaldo Guillén de Brócar dieron a la luz su Cancionero. No es el único pero si el más valioso de cuantos cancioneros personales conservamos y su originalidad fue debidamente resaltada por Menéndez y Pelayo Buscar voz... en su Antología de poetas líricos. Con el de Juan del Encina, fue uno de los primeros en llegar a las prensas, achaque que no dejó de crearle problemas de conciencia. Posee una voluntad de refinamiento clasicista que le lleva a trufar ese mismo prólogo con citas de Séneca, Virgilio, Cicerón, Petrarca y Boccaccio.

El Cancionero de Urrea incluye un pequeño número de composiciones religiosas de factura algo impersonal (las coplas al Crucifijo que lo abren, la glosa del Credo que ya imprimió antes en pliego suelto, la traducción del Stabat Mater, letras a la Virgen, la glosa del Ave María con dicterios antifranceses), pero es mucho más valioso en otros de sus apartados que reflejan muy bien la lírica transicional de estos años: aún hay poemas morales en coplas de arte mayor («Peligro del mundo», «Contra la se[c]ta del Mahometo», «Sepultura de amor»), un largo poema alegórico influido por los Trionfi petrarquescos («Fiestas de amor»), disparates, motes con glosa y una composición dirigida al conde de Belchite en coplas de pie quebrado al modo de J. Manrique; pero los romances y villancicos ya apuntan a un nuevo gusto más libre y menos estereotipado. Así las «coplas estando triste porque iba a una aldea» ofrecen una divertida burla antirrural, lejos del tópico aunque no tan lejos de algunos rasgos de Encina.

Es unánimemente alabada la frescura y facilidad de sus poemas amorosos, como el raro caso de que buena parte de ellos tengan como destinataria a su mujer, María de Sesé. Los hay, sin embargo, más o menos de recetario, dedicados a Leonor, Aldara de Torres, Violante de Voscana, a una amiga innominada enferma de sarampión y a la muerte de una gentil morita: destaca en todos una cierta capacidad para el detalle (que alguien llamaría «realista») y lo directo de la efusividad.

El Cancionero de 1513 se cierra con una versificación del primer acto de la Celestina de Rojas, pero no fue ésta su única manifestación de interés por obras y géneros nuevos. En 1950, Eugenio Asensio halló en la Biblioteca de Lisboa un ejemplar de la segunda edición del Cancionero «nuevamente añadido» y ahora impreso en Toledo (1516). En un volumen de la colección «Joyas bibliográficas» dio a conocer parte de su hallazgo, que incluye más poemas y unas églogas dramáticas en la linea de las de Encina y dejó para otra ocasión editar las prosas alegóricas Batalla de amores, Jardín de hermosura y Rueda de peregrinación, que denotan la proximidad de Urrea al género de las historias sentimentales, tan de moda en la corte de la reina Católica. A esa estirpe corresponde también la Penitencia de amores (Burgos, 1514), donde se alterna el diálogo con lo epistolar, como mandan sus modelos (la Cárcel de Amor de San Pedro y Grisel y Mirabella de Flores): la obrita fue vertida al francés en 1537 por René Bertaut, el mismo traductor del Relox de Príncipes de Guevara, y ha sido reproducida por Menéndez Pelayo en sus Orígenes de la novela. De 1523, por último, es una Peregrinación de Jerusalem, Roma y Santiago cuya primera mención se hace en el registro de la biblioteca del famoso bibliófilo Fernando Colón. Era un texto en prosa y verso que cabe suponer similar a la obra de Encina sobre el mismo tema y que en 1551, como tantos libros de la época tachados de irreverentes, fue a dar en el Índice del inquisidor Valdés. Hoy, la Peregrinación se da por perdida.

En 1878 la Biblioteca de Escritores Aragoneses Buscar voz... reprodujo el Cancionero de 1513: la edición no tiene valor filológico pero lleva un prólogo cuidadoso de Martín Villar que fue la base del posterior y ya citado estudio de Menéndez Pelayo.

 

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