Estás en: Página de voz
  • Aumentar tamaño letra
  • Reducir tamaño letra
  • Imprimir página
  • Guardar voz
  • Añade a tu blog
  • Buscar noticias
  • Buscar en RedAragon

Argensola, Bartolomé Juan Leonardo de

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 26/08/2008

(Barbastro Buscar voz..., H., 26-VIII-1561 - Zaragoza Buscar voz..., 4-II-1631). Literato, perteneciente a la misma generación que don Luis de Góngora (1561) y Lope de Vega (1562). Parece ser que se graduó de bachiller en Zaragoza, y de 1579 es su primer poema, un elogio de la Divina y varia poesía de fray Jaime Torres, una de las pocas composiciones que se imprime con su permiso. Pasó después a estudiar Derecho canónico a la Universidad de Salamanca (desde 1581 a 1584), donde pudo conocer a fray Luis de León, tan enamorado de los clásicos como él mismo, y a F. Sánchez de las Brozas. Muy joven es elogiado por Cervantes en el «Canto Calíope» de La Galatea (1585), junto con su hermano Lupercio Buscar voz...:

Serán testigo desto dos hermanos,
dos luceros, dos soles de poesía,
a quien el cielo con abiertas manos
dio cuanto ingenio y arte dar podía.
Edad temprana, pensamientos canos,
maduro trato, humilde fantasía,
labran eterna y digna laureola

a Lupercio Leonardo de Argensola.
En sancta envidia y competencia sancta
parece qu´el menor hermano aspira
a igualar al mayor, pues se adelanta
y sube do no llega humana mira.
Por esto escribe y mil sucesos canta
con tan süave y acordada lira,
que este Bartolomé menor merece
lo que al mayor, Lupercio, se le ofrece
.

Hacia 1584-1586, los dos hermanos fueron protegidos por don Fernando de Aragón y Borja Buscar voz..., duque de Villahermosa, e intervinieron en las famosas alteraciones Buscar voz... aragonesas de 1591-1592, agravadas por la huida de Antonio Pérez Buscar voz.... Al morir el duque de Villahermosa, Bartolomé Leonardo pasó a servir a la emperatriz María (de 1592 a 1603), viviendo en Madrid aunque no parece muy vinculado a los círculos literarios de la Corte, porque le interesaba más lo erudito e histórico que lo puramente cortesano. Por esas fechas debió de comenzar a escribir la Conquista de las islas Molucas. En agosto de 1603, al ser nombrado don Pedro de Castro virrey de Nápoles, ofreció la secretaría a su hermano Lupercio y otro puesto a Bartolomé, aunque no sabemos cuál. En Nápoles fundaron la Academia de los Ociosos, que dedicó la sesión del 29-III-1613 a honrar la memoria de Lupercio, muerto unos días antes. Bartolomé fue nombrado cronista del reino de Aragón, cargo que desempeñaba su hermano. Antes de volver a Zaragoza, pasó por Roma, donde conoció a Galileo. Con alguna breve escapada a Madrid, Bartolomé Leonardo vivió en Zaragoza, con pocas inquietudes y con ocio suficiente para retocar sus poemas y escribir los Anales. Murió en 1631, no sin recomendar antes a su sobrino Gabriel Leonardo que recogiese todos sus papeles, «los cuales guarde para sí y su entretenimiento sin que se esparzan y vayan a manos ajenas».

Bartolomé Leonardo resistió siempre la tentación de publicar su obra, limada con exquisito cuidado, y que fue muy copiada en el siglo XVII, a juzgar por los manuscritos que han llegado hasta hoy. Gabriel Leonardo publicó los poemas con el título de Rimas de Lvpercio i del doctor Bartolomé Leonardo de Argensola (Zaragoza, 1634), aunque en los manuscritos se copian numerosos que no figuran en esa edición.

Las ideas estéticas de Bartolomé Leonardo no son difíciles de rastrear. En primer lugar su persistente clasicismo, y por eso recomendaba siempre la imitación de los antiguos. Así, por ejemplo, dice a Fernando de Soria Galvarro: «Por esa docta antigüedad escrita / deja correr tu ingenio y, sin recelo / conforme a tu elección roba o imita».

Sus predilectos fueron Horacio, Marcial Buscar voz..., Juvenal y Persio, que dejaron honda huella en su obra. Nunca atacó la poesía de Góngora y menos sintió su seducción -como les pasaría a Lope, Jáuregui y Quevedo, por ejemplo-. Era partidario de un estilo «llano», que «encubre tantas fuerzas, que quien osa / tal vez acometerle suda en vano». Por eso tampoco le gustaban los conceptistas baratos, que sólo sabían jugar con los vocablos, ni las comedias de la época, ni la poesía de tipo romanceril, que tanto prodigaron sus contemporáneos.

Gabriel Leonardo logró reunir 197 poemas de su tío y los agrupó con cierta coherencia temática, comenzando por los poemas amorosos, que parecen poco intimistas; pero también es cierto que estos poemas transparentan un sensualismo barroco sabiamente reprimido, lleno además de encanto y delicadeza, como los sonetos que comienzan «Ya el oro natural crespes o extiendas», «Si amada quieres ser, Lícoris, ama», bien ajenos al platonismo de muchos sonetos de la época.

Más interés ofrecen los poemas satíricos. Bartolomé Leonardo creía en la función social de la sátira y en su seriedad. Por eso también tradujo el diálogo Menipo de Luciano, y a su imitación compuso otros. Al conde de Lemos le escribió cierta vez diciéndole que «ha cobrado tanta autoridad la sátira, que por ser reprehensión de costumbres es la poesía que más provecho puede hacer en la república. Y ansí Horacio [...] a una gran parte de las suyas las llamó sermones, que es lo mismo que si dijera razonamientos sesudos y graves». Bartolomé Leonardo prodigó a lo largo de su vida la sátira, lo mismo en sonetos que en tercetos, aunque a veces los tercetos ofrecen demasiadas digresiones. La más interesante es sin duda la epístola dirigida a don Nuño de Mendoza sobre los vicios de la corte, que Menéndez Pelayo elogió diciendo que nunca la sátira castellana dio versos «más nutridos ni frases más vigorosas y elegantes». Parecido valor tiene la epístola del Incógnito, escrita hacia 1604, aunque de versos no tan atildados como la anterior. De otro tipo es la dirigida a don Fernando de Borja, brillante apología de la vida retirada, frente a la barahúnda de la Corte y de sus vicios.

Los sonetos contienen los temas consabidos de la burla contra abogados y procuradores, afeites femeninos y masculinos, contra el mal aliento de Herminia, etc.; sonetos que se distinguen nítidamente de los de un Quevedo o Villamediana.

Bartolomé Leonardo escribió también abundantes poemas morales, pero de un modo más amable que otros contemporáneos, con ceño menos severo y con menos retórica barroca. Los temas son también muy diversos y van desde un soneto dirigido a su hermano Lupercio, porque se hacía mirar las rayas de la mano («Fabio, pensar que el Padre soberano»), al tema «providencialista» del «Dime, Padre común, pues eres justo», tan elogiado siempre, o «A un desmayo», pasando por la caducidad de la belleza, los peligros del mar, la templanza de ánimo, etc.

Cultivó también la poesía religiosa, con notas intimistas muy claras. La mezcla de elementos bíblicos y clásicos dará origen a composiciones llenas de empaque, como la canción a San Miguel, o la dedicada A la nave de la Iglesia. Tradujo asimismo, con mucha elegancia, algunos salmos.

El estilo de Bartolomé Leonardo es muy característico y personal. Huye de las fórmulas barrocas tan en boga, para acogerse a una especie de austeridad expresiva, muy coloquial a ratos, sin concesiones a la facilidad. Que limó sus versos con rigor lo sabemos muy bien, porque las versiones de los manuscritos difieren extraordinariamente de las impresas por su sobrino, que tendría, como es lógico, los autógrafos últimos.

Bartolomé Leonardo sintió pasión por el género histórico, escribiendo en prosa muy bella la Conquista de las islas Molucas, dirigida a Felipe III Buscar voz... (Madrid, 1609; reimpresa en Zaragoza, 1891); y la Primera parte de los Anales de Aragón (Zaragoza, 1630), que continúan los de Zurita y comprenden desde 1516 a 1520 del reinado de Carlos I.

Además, se le deben tres diálogos satíricos: Menipo, Demócrito y Dédalo; el primero contra los malos jueces y abogados; el segundo contra diversas locuras de los hombres, y el tercero referido a los sucesos de Antonio Pérez. Los tres están escritos con suma agudeza e intención, y fueron impresos por el conde de La Viñaza en las Obras sueltas de los dos hermanos (Madrid, 1889).

 

Monográficos

La Edad Moderna en Aragón. El Siglo XVI

La Edad Moderna en Aragón. El Siglo XVI

El siglo más convulso provocará el final de los privilegios del reino.

La Edad Moderna en Aragón. El siglo XVII

La Edad Moderna en Aragón. El siglo XVII

Un siglo de crisis tras el que se extinguirá la independencia y la personalidad política e institucional aragonesa.

Imágenes de la voz

Bartolomé Juan Leonardo d...Bartolomé Juan Leonardo de Argenso...

Monumento a los hermanos ...Monumento a los hermanos Argensola...

Categorías relacionadas

Categorías y Subcategorías a las que pertenece la voz:

 

© DiCom Medios SL. C/ Hernán Cortés 37, 50005 Zaragoza
Inscrita en el Registro Mercantil de Zaragoza, en inscripción 1ª, Tomo 2563,
Seccion 8, Hoja Z-27296, Folio 130. CIF: B-50849983

Información Legal

NTT