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Urrea, Jerónimo Ximénez de

Contenido disponible: Texto GEA 2000

(Zaragoza, h. 1510 - Nápoles, h. 1573). No son seguros ni el lugar ni la fecha de nacimiento (Latassa da el 1514, Borao el 1513, Geneste conjetura la que figura arriba) del militar y escritor aragonés que, sin embargo, pertenecía a una rama lateral —los vizcondes de Biota— de la copiosa e importante familia de los Urrea. Su expediente de ingreso en la Orden Militar de Santiago le hace hijo de Jimeno II de Urrea, aunque no mente su condición de bastardo del vizconde, habido en la hidalga navarra Ana de Armendáriz. Fue educado, no obstante, como noble, y hacia 1529 ó 1530 inició una brillante carrera militar que le tuvo casi siempre alejado de su patria.

Su primer hecho de armas conocido tiene una premonitoria aureola literaria, pues fue uno de los tres caballeros —con Guillén de Moncada y el capitán Maldonado— que acompañaron a Garcilaso de la Vega en el malaventurado asalto a la torre de Muy, en Provenza, de resultas del cual murió el último, derribado por una piedra que desplomaron los defensores. Guerrea más tarde en Italia, donde alterna las lides con los versos; por entonces es amigo de otros soldados poetas como Gutierre de Cetina (con quien intercambia epístolas en tercetos: Cetina bajo el nombre de Vandalio; Urrea, con el de Iberio), Pedro Mexía, Luis Zapata, así como del clérigo Cristóbal de Castillejo y del polifacético Alonso de Ulloa. En 1541 combate en la expedición de Argel y en 1543 ya es capitán; con tal grado es herido en el asalto de Saint Dizier y realiza la campaña alemana que culminó en la batalla de Mühlberg (recuerdos heroicos que más tarde versificó en El victorioso Carlos V).

Ya maduro, desempeñó algún cargo de gobierno en Italia, al servicio del duque de Alba. En Nápoles, donde se le encuentra desde 1560, obtiene en 1564 el virreinato de Apulia, pero los últimos años de su vida y la misma fecha de su muerte son oscuros; quizá explique todo la instrucción reservada de 1569 en que por orden del rey Felipe II se encomienda a dos caballeros santiaguistas una pesquisa en su comportamiento por haber sido acusado del «pecado nefando», la sodomía. La solicitud de licencia de impresión de la edición zaragozana del Diálogo de la honra militar, fechable en 1573 ó 1574, le da ya por muerto para entonces.

La vida y la obra de Urrea se ajustan muy bien al modelo entre caballeresco y renacentista, entre medieval y humanístico, que corresponde a la activísima corte militar del emperador Carlos. Y no deja de ser significativo que su nombre sea capítulo obligado en la historia de la recepción española de tres novedades literarias que —en distintas formas y medidas— vierten caldos medievales en odres modernos: el Orlando furioso de Ariosto —irónica y fantasiosa revisión de la tradición legendaria rolandiana—, la Arcadia del napolitano Sannazaro —plasmación de lo pastoril moderno sobre modelos sentimentales del XIV y del XV— y Le chevalier deliberé de Olivier de la Marche, último representante del alegorismo caballeresco. Sus traducciones de estas tres obras tienen, sin embargo, la significativa novedad de optar por las formas versificatorias italianas, aclimatadas por Garcilaso y Boscán: la versión de la Arcadia (manuscrito de la Biblioteca Nacional de Madrid) es, en ese sentido, una rectificación explícita de la que Blasco de Garay imprimió en Toledo (1547), poniendo en redondillas y quintillas los versos largos de Sannazaro, como la del Chevalier deliberé (Discurso de la vida humana y aventuras del Caballero Determinado, con dos ediciones de 1555 en Medina del Campo y Amberes) supone una «italianización» métrica de las quintillas con que Hernando de Acuña tradujera este libro borgoñón, predilecto de Carlos V y de sus caballeros. Tampoco es única su traducción del Orlando ariostesco, dedicada al entonces príncipe Felipe (luego Felipe II) e impresa en Amberes, 1549, que dio en amplificar con referencias a las luchas españolas contra la Liga de Smalkalda y con otras menciones de héroes históricos españoles. Los modernos estudios sobre la boga nacional de estas tres obras extranjeras (el de M. Chevalier sobre la moda ariostesca, el de Clavería sobre las traducciones de De la Marche, el más reciente de R. Reyes Cano sobre la fortuna de la Arcadia) han hecho palidecer un tanto el valor de la obra original de Urrea, que, sin embargo, resulta un atractivo episodio del final de los entusiasmos carolinos, ya en pleno mundo de la Contrarreforma.

De entre 1568 y 1571 parece la redacción del largo poema épico en endecasilabos sueltos El victorioso Carlos V, distribuidos en cinco cantos y centrados otra vez en la narración de las batallas alemanas. El poema se conserva en dos manuscritos inéditos (Hispanic Society de Nueva York y Biblioteca Nacional de Madrid), uno con aprobación autógrafa de Alonso de Ercilla: poco afortunados como son su pergeño y sus versos, no resulta mucho peor que otros dos gemelos más afortunados, la Carolea de Sempere (1560) y el Carlo famoso de Luis Zapata (1566). Más importancia pudo tener una novela pastoril que no se conserva —La famosa Épila, quizá con añoranzas de su mocedad en aquel feudo de los Urrea y los Aranda— y, de seguro, tienen su novela caballeresca Don Clarisel de las Flores y su Diálogo de la verdadera honra militar. De la primera se publicaron los primeros veinticinco capitulos por la Sociedad de Bibliófilos Andaluces (1879) y Gayangos dio a conocer en 1850 su segunda y tercera parte, estudiadas por la monografía de Jerónimo Borao: la larga novela anda muy cerca del modelo del Amadis, aunque Geneste ve en ella interesantes atisbos de la comedia de intriga, de la narración psicológica a la moda italiana y hasta de la parodia del mismo género caballeresco. El Diálogo de la verdadera honra militar (Venecia, 1566) es, por contra, una amenísima divulgación de las complicadas liturgias de la duelística, de crónicas de retos famosos, de estratagemas y de principios de heráldica. Sigue de cerca, por supuesto, los modelos internacionales (Il duello, 1550, de Girolamo Muzio; Dialogo del onore, 1553, de Possevino...) pero logra destacar con luz propia en la escasa aportación española al género y aun dentro de la esplendorosa tradición española del diálogo humanístico. La edición zaragozana de 1642 lleva un elogio de Andrés de Uztarroz donde el poeta y erudito no vacila en comparar a Urrea y Garcilaso: a los dos compañeros de desventura en Muy, en 1535, les separa, por supuesto, el muy diverso mérito pero les une, en gran medida, el idéntico aliento heroico y un similar horizonte de referencias culturales.

• Bibliog.: Borao, Jerónimo: Noticia de Don Gerónimo de Urrea y de su novela caballeresca inédita «Don Clarisel de las Flores»; Zaragoza, 1866. Clavería, Carlos: Le Chevalier Deliberé de Olivier de la Marcha y sus versiones españolas del siglo XVI; Zaragoza, IFC, 1950. Chevalier, Maxime: L´Arioste en Espagne; Burdeos, 1966. Geneste, Pierre: Le capitaine poéte aragonais Jerónimo de Urrea. Sa vie et son oeuvre ou chevalerie et Renaissance dans l´Espagne du xviè siècle; París, Ediciones Hispanoamericanas, 1978.

 

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