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Trovadores

Contenido disponible: Texto GEA 2000

Las relaciones de los trovadores con Aragón fueron abundantísimas: testimonio de ello son el centenar de alusiones a ciudades del reino (Barbastro, Fraga, Jaca, Monzón, Montesa, Urrea, Huesca, Pina de Ebro, Zaragoza, etc.), a los ríos (Ebro y Cinca) o a algunos nobles, entre los que hay que incluir a los mismos reyes.

Si al principio las alusiones son esporádicas no ocurre lo mismo a partir del reinado de Alfonso II (1162-1196), rey de Aragón, conde de Barcelona y «marqués» de Provenza; en efecto, cuando murió Ramón Berenguer II de Provenza (en 1166) el rey aragonés reclamó la heredad, enfrentándose con Ramón V de Tolosa: el mejor medio que Alfonso II para difundir la legitimidad de sus aspiraciones y ganarse a la vez la buena voluntad de sus súbditos, fue escribir poesías en provenzal (justamente en la lengua del territorio disputado), al mismo tiempo que firmaba diversos acuerdos con los señores feudales de su nueva tierra y que los visitaba en las posesiones del sur de Francia. Nada de extraño tiene, pues, que los Cancioneros nos hayan conservado un par de composiciones del rey Alfonso II que siguen las normas del amor cortés; junto a estas dos poesías, abundan las alusiones de diferentes trovadores que defienden su política o, por el contrario, atacan ferozmente su actitud: entre los primeros contamos con Giraut de Bornelh, Folquet de Marselha, Arnaut Daniel, Arnaut de Maruelh o Peire Vidal; mientras que entre los enemigos encontramos al rebelde Guillem de Berguedà, noble catalán y trovador siempre belicoso; también Bertrán de Born fue enemigo de Alfonso II y, como el anterior, destacó por la violencia de sus ataques y la fuerza de sus versos; menos importantes, o menos peligrosos fueron otros, como Guiraut del Luc. Todas estas referencias muestran el interés y el apasionamiento con que se contempló la figura del rey don Alfonso en el dominio de oc, recordada aún en 1213 por Ramón Vidal de Besalú, trovador catalán.

Jaime I (1213-1276) también gozó de gran fama entre los poetas provenzales; ya desde los primeros años de su reinado aluden algunos trovadores a distintos acontecimientos políticos, aunque hay que subrayar que, como en el caso de Alfonso II, el móvil poético son las rencillas del rey con los señores feudales y no las destacadas hazañas militares del monarca: Bernal de Rovenac, Tomier, Palazi, Bertrán de Born lo Filhs, Sordel, Guilhem de Montanhagol, Aimeric de Belenoi, Peire Cardenal, At de Mons, Matieu de Caersi (que escribió un lamento fúnebre a la muerte del rey) y otros muchos dirigieron composiciones suyas a Jaime I.

También Pedro III mantuvo buenas relaciones con los trovadores; cuando aún era infante, se rodeó de juglares y poetas: el catalán Cerverí fue, posiblemente, el más destacado de los acompañantes del rey, pero no se deben olvidar otros nombres, como el de Pere Salvatge (documentado al servicio del rey a partir de 1283) que intervino en el ciclo de composiciones que se intercambiaron entre los partidarios de Felipe el Atrevido de Francia y los del rey aragonés en 1285, a raíz de la invasión del Rosellón por el ejército francés. Pedro III no sólo respondió con las armas, sino que también compuso una respuesta a una poesia de Bernal d´Aurac en forma de diálogo con su fiel Pere Salvatge; el éxito obtenido por la composición de Pedro III provocó a la vez una airada respuesta de Roger Bernal III, conde Foix y vizconde de Castellbó, que figuraba entre los invasores, y otra contestación también favorable a los franceses, de un poeta anónimo.

Los sucesores de Pedro III se esforzaron en proteger a los trovadores, igual que habían hecho sus antepasados. Jaime II tuvo a su lado a Jofre de Foixà, autor de las Regles de trobar, y el mismo rey compuso una destacada danza dedicada a la Virgen, cuando aún era rey de Sicilia. Ya a finales del siglo XIII, Amanieu de Sescars alude en sus poesías a Jaime II, a su hermano el infante don Alfonso y al noble aragonés Artal de Alagón, que fue consejero de Jaime II. Pero la Edad de Oro de la poesía trovadoresca ya había pasado.

 

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