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Tenente

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 22/11/2010

(Hist. Med.) El reino de Aragón Buscar voz..., desde mediados del siglo XI, estaba constituido tanto por la terra regis como por la honor regalis. La terra regis la formaban circunscripciones políticas diversas que, poco a poco y por procesos distintos, hablan ido a parar al rey: Aragón Buscar voz..., Sobrarbe Buscar voz... y Ribagorza Buscar voz..., primero, y el reino de Zaragoza, después. La relación del rey Buscar voz... con los habitantes de cada una de ellas era diferente, a la par que conservaron su tradicional estructura interna. La honor regalis estaba formada por circunscripciones territoriales variadas que el monarca solía entregar a los barones Buscar voz... para que las administraran en su nombre. También integraban la honor regalis una buena cantidad de bienes aleatorios, como monasterios Buscar voz..., iglesias Buscar voz..., minas Buscar voz..., salinas Buscar voz..., molinos, tierras diversas, etc.

El rey estaba obligado a asegurar dignamente la subsistencia de sus barones, aunque en general éstos le compensaban con su ayuda militar. La manera más corriente de compensación por parte del rey era la entrega de bienes, llamados honores Buscar voz..., que formaban parte de la descrita honor regalis. Es decir, los nobles «tenían» la tierra o, a veces, una función pública, en nombre del rey, de ahí la denominación de «tenentes».

La tenencia no era, pues, un castillo Buscar voz... tan sólo, sino que solía comprender asimismo su territorio aledaño, en el que los tenentes actuaban como delegados políticos en sus respectivas circunscripciones, y ejercían además funciones administrativas, fiscales y judiciales. Si los monasterios, aparte su huella religiosa y cultural, habían asegurado además, en gran medida, la estabilidad socioeconómica interna de los condados en los siglos anteriores al XI —teniendo en cuenta que éstos carecían de una estructura político-administrativa suficiente—, las tenencias van a constituir la primera organización administrativa del reino.

Esta institución, surgida en el siglo XI, va a perdurar, con matices cambiantes, hasta fines del XII, momento en el que nuevos problemas precisaron soluciones distintas.

Los «tenentes» —a los que la documentación denomina también con frecuencia como seniores, tenens y tenens locum y, más raramente, presidentes, mandantes, potestades, dominans y dominatores— trataron de convertir en hereditarias las «honores», de forma que no es extraño que, incluso agotada la línea directa masculina o durante las minorías, las mujeres ejerzan una o varias tenencias a la vez. Como se ha demostrado, en realidad los tenentes del siglo XI y primera mitad del XII dieron origen al nacimiento de la primera nobleza Buscar voz... aragonesa.

Las relaciones entre el rey y sus tenentes estaban perfectamente reguladas. Si el rey no podía revocar la tenencia a no ser por causa justa (entre ellas la infidelidad y la traición), el tenente tenía la obligación de serle fiel, prestarle consejo, servirle militarmente, defender las fortalezas encomendadas y proteger el reino. El senior, por su parte, tenía el derecho de explotar la «honor», percibiendo las rentas de la tierra y los derechos de justicia, aparte de otras muchas.

La importancia militar y defensiva de las tenencias varió, como es natural, a tenor del avance de la reconquista Buscar voz... del territorio. Una tenencia de frontera podía pasar, con el tiempo, a ser interior. La mayor parte de los seniores tuvieron encomendadas de ambos tipos. Sin ánimo de prelación alguna y sin orden cronológico de importancia —lo cual nos llevaría a un estudio mucho más prolijo— destaquemos al menos alfabéticamente las más significativas a lo largo del período de vigencia, señalando las enraizadas tan sólo en el Aragón actual, es decir, eliminando las situadas en la Navarra de hoy, puesto que ambos territorios estuvieron bajo una misma Corona desde 1076 hasta 1134, y los «tenentes» lo eran en ambos reinos a la vez. Las tenencias más significativas fueron: Abizanda Buscar voz..., Agüero Buscar voz..., Alquézar Buscar voz..., Ariza Buscar voz..., Atarés Buscar voz..., Ayerbe Buscar voz..., Barbastro Buscar voz..., Belchite Buscar voz..., Biel Buscar voz..., Bolea Buscar voz..., Borja Buscar voz..., Buil Buscar voz..., Calatayud Buscar voz..., Daroca Buscar voz..., Ejea Buscar voz..., Épila Buscar voz..., Estada Buscar voz..., Fuentes Buscar voz..., Huesca Buscar voz..., Loarre Buscar voz..., Luesia Buscar voz..., Luna Buscar voz..., Monclús Buscar voz..., Monzón Buscar voz..., Murillo de Gállego Buscar voz..., Olsón Buscar voz..., Perarrúa Buscar voz..., Pina Buscar voz..., Ricla Buscar voz..., Ruesta Buscar voz..., Sos Buscar voz..., Tarazona Buscar voz..., Tauste Buscar voz..., Teruel Buscar voz..., Uncastillo Buscar voz..., Urrea Buscar voz... y Zaragoza Buscar voz....

La nómina de «tenentes», es inagotable, pero sus nombres apenas sí dicen nada al no especialista en la materia. Por ello, preferimos silenciarlos. Sí cabe decir, no obstante, que su estudio ha permitido reconstruir los árboles genealógicos que, a través de las dos centurias citadas, tras constituir la primera nobleza del reino, nos llevan a la época de Jaime I el Conquistador Buscar voz..., en pleno siglo XIII. Del sistema de tenencias surgieron los Galíndez Buscar voz..., Luna Buscar voz..., Jiménez de Urrea Buscar voz..., Cornel Buscar voz..., Fortuñones Buscar voz..., Lizana Buscar voz..., Azagra Buscar voz..., Eril Buscar voz..., Azlor Buscar voz..., Bardaxí Buscar voz..., Calasanz Buscar voz..., entre otros. Su importancia política, aunque de manera parcial, ha sido estudiada más o menos a través de la documentación existente; queda por determinar, en la mayoría de los casos, el poder real de estas familias, la acumulación de bienes, generalmente en forma de tierras, lo cual permitirá configurar, sin duda, el inicio o antecedentes de los señoríos aragoneses de origen nobiliario.

• Bibliog.:
Asensio, M. C. y Cadena, R. M.: «Tenencias de la frontera navarro-aragonesa en la segunda mitad del siglo XII»; VII CHCA, Barcelona, 1962, II, 1964, 9-14.
Corona Baratech, C.: «Las tenencias en Aragón desde 1035 a 1134», EEMCA, II, 1946, pp. 379- 396.
Lacarra, J. M.ª: «Honores y tenencias en Aragón (siglo XI)»; CHE, XLV-XLVI (1967), pp. 151-190.
Ubieto Arteta Agustín: «Los tenentes en Aragón y Navarra en los siglos XI y XII», Valencia, Anubar, 1973.
Id.: «Aportación al estudio de la tenencia medieval: la mujer-tenente», EEMCA, X (1975), pp. 47-61.
Id.: «Aproximación al estudio del nacimiento de la nobleza aragonesa (siglos XI y XII): aspectos genealógicos»; Homenaje a D. José M.ª Lacarra, 2, Zaragoza, 1977, pp. 7-54.

 

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