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Archivo de la Corona de Aragón

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 18/03/2011

Archivo resultante de la evolución institucional del archivo real de Barcelona. Aunque la primera mención de la existencia de un archivo del rey es de 1180, el primer depósito documentado es el existente en el monasterio sanjuanista de Sijena Buscar voz..., que según todos los indicios data de la época de Jaime I Buscar voz.... Ese depósito existió al menos hasta que en 1308 los documentos fueron trasladados a Barcelona y depositados en el archivo que el rey tenía en el monasterio de San Juan de Jerusalén. En el s. XIII había en Barcelona otro depósito situado en la casa de la Orden de San Juan de Jerusalén Buscar voz.... También conservaban documentación real los Templarios de Barcelona, la casa del Temple Buscar voz... de Zaragoza y el propio palacio real de la Ciudad Condal.

A partir de esos depósitos dispersos Jaime II Buscar voz... creó, en 1318, el archivo de los reyes de Aragón, y lo colocó en su palacio, en unas habitaciones que habían quedado vacías después de la edificación de la capilla real de Santa Águeda. Simultáneamente se creó el Archivo del Maestre Racional Buscar voz... (activo hasta 1716), en los bajos de ese mismo edificio. El archivo instituido por Jaime II nació con voluntad de archivo único y central. Aunque la soberanía de la casa de Aragón y su corona comprendía toda la zona oriental de la Península y llegaba hasta Francia, Italia, Grecia y África, la Cancillería de los reyes de Aragón Buscar voz... contemplaba los asuntos que tramitaba no en función de la territorialidad sino de la persona que los otorgaba, que era el rey de Aragón, y conde de Barcelona desde que en 1150 Petronila Buscar voz..., reina de Aragón, contrajo matrimonio con Ramón Berenguer Buscar voz..., de la casa de Barcelona. Más tarde se anexionaron a la Corona Buscar voz... otros Estados de los que también era soberano el rey de Aragón.

Esto significa que la Cancillería Buscar voz... era del Rey y que los documentos registrados no se asentaban en códices diferentes para cada uno de los estados, sino que todos, tanto si se referían a Cataluña, Valencia o Aragón como si guardaban relación con Mallorca, Cerdeña o Sicilia, se disponían por riguroso orden cronológico y en un mismo volumen. Conviene recordar que la organización política de lo que en tiempos modernos se llamó Corona de Aragón Buscar voz... era peculiar: estaba integrada por diversos estados que gozaban de autonomía y organización propia e independiente (desde las cortes, pasando por la lengua y la moneda, hasta la forma de denominar al Rey). Con el tiempo, esta diferenciación provocaría la descentralización del Archivo.

El primer archivo creado al margen del de Barcelona fue el del reino de Aragón, en 1348. Un fuero de las cortes Buscar voz... de Zaragoza de ese año titulado Ut administratores Aragonum officiorum domini regis rationem reddere teneantur et in quo loco registra regni Aragonum debeant remanere estableció para Aragón lo que casi setenta años más tarde se decretaría para el reino de Valencia: la posibilidad de confeccionar registros específicos para ese reino, implícita en el fuero, y de instituir un depósito de documentación real ligado al territorio. El fuero, quizás por prematuro, no tuvo cumplimiento. En 1346 se encomendó la custodia del archivo a Pere Passeya y en 1384 se dieron las primeras ordenanzas para su organización, que son las más antiguas de Europa. (Cancillería Aragonesa del siglo XIV Buscar voz...)

En cortes celebradas en 1419 los valencianos consiguieron lo que los aragoneses venían reivindicando, en vano, desde 1348: la creación de registros específicos de asuntos relativos al reino de Valencia, estructurados en series tipológicas, y la debida licencia para que éstos pudieran ser depositados en el archivo que el Rey poseía en Valencia, donde se custodiaban los fondos procedentes de la fiscalización de las cuentas del Maestre Racional. El proceso de descentralización no había hecho más que empezar.

En las cortes de Calatayud Buscar voz... de 1461 los aragoneses exigieron el cumplimiento de lo dispuesto en 1348. Para acallar las protestas, se promulgó un nuevo fuero, Ubi registra domini regis de factis Aragonum debeant conservari, que disponía la creación del Archivo Real del reino de Aragón, fuero que al parecer también cayó en el olvido porque en 1533 las cortes, congregadas en Monzón Buscar voz..., reivindicaban su puesta en práctica.

Con los Trastámaras Buscar voz..., y muy especialmente con los Austrias, el archivo real se descentralizó y se dividió territorialmente. Desde comienzos del siglo XVI, el archivo real de Barcelona pasó a ser el archivo de las administraciones virreinal y real del Principado de Cataluña y de los condados de Rosellón y Cerdaña, y de la administración real de los reinos de Mallorca y Cerdeña. A los archivos reales de Zaragoza y Valencia se enviaban, desde la corte, los registros de sus virreyes y los registros reales correspondientes.

A partir de 1621 la documentación relativa a aragoneses y valencianos se remitió a Simancas. Con el advenimiento de los Borbones, los virreinatos fueron sustituidos por las audiencias, que asumieron funciones políticas, y los archivos reales dejaron de ingresar fondos y se convirtieron en históricos. En el siglo XVIII el archivo real de Barcelona pasó a llamarse «Archivo de la Corona de Aragón» y su archivero, Francisco Javier de Garma, se propuso concentrar en Barcelona los archivos reales de Valencia y Zaragoza, pero no lo consiguió. Por desgracia para los aragoneses, el Archivo del reino de Aragón que estaba en las casas de la Diputación Buscar voz... de Zaragoza, junto a La Seo Buscar voz..., fue bombardeado por los franceses y destruido durante la guerra de la Independencia Buscar voz.... Se salvaron algunos documentos, pero los que procedían del Archivo real (del Virrey Buscar voz... y del Consejo de Aragón Buscar voz...) se perdieron. A lo largo de los siglos XIX y XX el Archivo de la Corona de Aragón incrementó considerablemente sus fondos, al incorporar documentación de instituciones y organismos de gobierno desaparecidos (Archivo de la Diputación del General de Cataluña y Brazo militar, los manuscritos de Ripoll y San Cugat, el Consejo de Aragón, Archivo del Real Patrimonio, etc.) y fondos patrimoniales privados (condes de Queralt, condes de Sástago Buscar voz..., etc.), mediante compra o en concepto de depósito.

Su emplazamiento ha variado a lo largo de la historia, aunque siempre ha estado en Barcelona. A mediados del siglo XVIII pasó desde la antigua capilla real a la sede de la Audiencia, que ocupaba el Palacio de la Generalidad. En 1836 se trasladó al Palacio de los antiguos Virreyes de Cataluña, un bello edificio levantado en el siglo XVI en el corazón del barrio gótico. Allí permaneció hasta que el 18-V-1993 se inauguró la sede actual: un moderno edificio, diseñado por los arquitectos Rosé Amadó y Lluis Domench, situado en la Calle Almogávares n.º 77, donde estaba la antigua estación del Norte. Ocupó un solar cedido por el Ayuntamiento de Barcelona y supuso una inversión de 1.009 millones de pesetas por parte del Ministerio de Cultura. La superficie construida abarca 6.325 metros cuadrados y está distribuida en dos edificios que se comunican mediante una galería. Uno de ellos, que por el exterior parece un búnker, acoge doce cámaras de seguridad, en las que, a lo largo de doce kilómetros de estanterías, se disponen los documentos, legajos, volúmenes y mapas que están protegidos contra incendios (con servicio de alarma por humo y temperatura), humedad (aire acondicionado permanente) y robo (mediante puertas de seguridad). El acceso a esta zona queda restringido al personal del Archivo, que se encarga de proporcionar al investigador la documentación que precisa. El control sobre los documentos que salen de las cámaras es total. En el edificio contiguo están las oficinas, los despachos, la sala de lectura y otra de descanso. En la planta baja se hallan los laboratorios de restauración y microfilmación.

En la actualidad el Archivo está integrado por nueve secciones que, salvo dos (Órdenes religiosas y militares, y Diversos), responden a antiguos organismos e instituciones: Cancillería Real y Collectánea (aneja a la misma), Consejo Supremo de Aragón, Real Audiencia, Real Patrimonio, Generalidad de Cataluña, Protocolos notariales y Hacienda. El núcleo fundamental del Archivo lo constituye la sección de Cancillería Real (o antiguo Archivo Real de Barcelona) que contiene la documentación más antigua (desde el siglo XII), aunque la seriación de los registros no comenzó hasta el reinado de Jaime I (1218-1283), cuando se introdujeron el papel y las nuevas corrientes documentales procedentes de Italia. Consta de tres series relacionadas por orden cronológico: pergaminos (condales y reales), volúmenes y documentos sueltos en papel.

La serie de pergaminos está compuesta por unas veintidós mil unidades, procedentes de antiguos fondos regios (algunos aragoneses, como los de Santa Engracia, el Temple, Sobrarbe o Zaragoza), debidamente clasificadas por orden cronológico y por reinados que abarcan los años 844 a 1701. La serie de volúmenes es sencillamente excepcional, sólo comparable a la de los archivos vaticanos. Consta de 6.704 registros de cancillería con extractos de más de tres millones de documentos, desde 1257 a 1727, asentados en orden cronológico y relativos a toda clase de negocios de la Corona. En estos códices se recogen innumerables datos de extraordinario interés para reconstruir la historia de Aragón, pues los asuntos que las ciudades pueblos, aljamas, familias e individuos planteaban a la Corona, se hallan registrados allí. De acuerdo con su contenido, y dentro del reinado de cada soberano, esta colección forma, desde su inicio, series temáticas: Gratiarum, Commune, Diversorum, Officialium Peccuniae, Sigilli Secreti, etc. Esta serie comprende, además, seis cartularios reales, cinco de la Orden del Temple, una colección de manuscritos de procedencia diversa y los que contienen las actas de cortes (1350-1707). La tercera gran serie de la sección de cancillería está constituida por unos 50.000 papeles sueltos, de diversa índole, agrupados en legajos y ubicados en cajas. Son las llamadas Cartas reales diplomáticas. La mayoría son de la época medieval y, por lo que respecta a Aragón, abarcan desde el reinado de Jaime I hasta 1461.

La Collectanea agrupa varias colecciones: de autógrafos (muy rica e interesante), del Consejo de Ciento, de sellos, de manuscritos, incunables e impresos, de cartas árabes, hebreas y griegas, de procesos reales y de infanzonía, etc.

Otras secciones del archivo las constituyen: los fondos del Maestre Racional y los de la Bailía General de Cataluña (en época reciente, se fusionaron dando lugar al Archivo del Real Patrimonio, transferido al de la Corona en 1937), de la Generalidad de Cataluña, de Órdenes religiosas y militares, de la Audiencia (con documentos medievales y modernos), Notariales (de Cataluña), de la Hacienda de Barcelona y la que responde al título de Diversos. Asimismo, engloba los documentos del Consejo Supremo de Aragón Buscar voz..., creado en 1494 por Fernando II Buscar voz..., que supuso la continuación del Consejo Real y de la Cancillería en la época anterior: era el órgano de comunicación entre el rey y sus representantes. Suprimido en 1707, cuando la cámara de Aragón quedó adscrita al Consejo de Castilla Buscar voz..., comprende numerosos volúmenes y legajos.

Es un archivo complejo, por la variedad de sus fondos, y de un valor excepcional para rehacer el pasado común de diversos pueblos.

La titularidad del Archivo de la Corona de Aragón corresponde al Ministerio de Educación y Cultura, si bien se contempla la posibilidad de que en su gestión participen las Comunidades Autónomas de los antiguos territorios de la Corona de Aragón. Estas Autonomías —Aragón, Baleares, Cataluña y Valencia— prevén en sus Estatutos la formación de un patronato para gestionar de manera conjunta el Archivo. Pero el Parlamento Catalán solicitó al Gobierno Central, en mayo de 1996, la gestión exclusiva por parte de la Generalitat. Los argumentos a favor de que se trasfiera a la Generalitat la gestión de este importantísimo fondo documental, además de contravenir el contenido de los Estatutos de Autonomía de las Comunidades citadas, colisionan con las consideraciones técnicas básicas y contradicen determinaciones históricas. Con la intención de poner fin a esta polémica, en septiembre de 1996, el Congreso acordó, por unanimidad, la creación de un patronato, en el plazo máximo de seis meses, acuerdo que todavía no se ha cumplido. En abril de 1999, el Gobierno Central admitió en el Congreso que el Ejecutivo Catalán mantiene su bloqueo a la creación del patronato, y volvió a condicionar su creación a que haya un acuerdo previo entre las cuatro Comunidades Autónomas.

En fechas posteriores, el líder del P.S.C., Pascual Maragall, terció en la polémica al solicitar en el Parlamento Catalán la cesión a la Generalitat de los fondos «estrictamente catalanes», «constituidos principalmente por el Antiguo Archivo Real de Barcelona». En espera de que se resuelva el conflicto, Ibercaja Buscar voz... comenzó en 1996 el traslado a microfilms y a soportes informáticos del Archivo de la Corona de Aragón, con la intención de crear un centro documental en Zaragoza; para ello cuenta con la colaboración de la Universidad de Zaragoza Buscar voz... y de la Institución Fernando el Católico Buscar voz....

Tras más de dos décadas de pleitos el 20 de enero de 2007 quedó constituido el Patronato del Archivo de la Corona de Aragón. El patronato es de titularidad estatal y garantiza la igualdad en la participación de las cuatro autonomías (Aragón, Cataluña, Comunidad Valenciana e Islas Baleares), que rotan anualmente una vicepresidencia, mientras que la presidencia siempre corresponde al titular del ministerio.

El 19 de marzo de 2007, el Archivo de la Corona, junto al Monasterio de Yuste, Finisterre y la Residencia de Estudiantes fueron declarados parte del Patrimonio Europeo, una figura de protección del patrimonio común creada por la Unión Europea similar a la del Patrimonio de la Humanidad creada por la Unesco.

Bibliog.:
Conde I Delgado de Molina, R: Las primeras ordenanzas del Archivo Real de Barcelona (1384); Madrid, 1993.
Los archivos reales o la memoria del poder, en «El poder real en la Corona de Aragón», XV Congreso de Historia de la Corona de Aragón, Jaca, 20-25 de septiembre de 1993 (Z., 1994), t. I, vol. II, 124-141; y Archivo de la Corona de Aragón, en «El Patrimonio documental y los archivos nacionales», Madrid, 1994.
Archivos y archiveros en la Edad Media peninsular, en «Tradición española. Historia de los archivos y de la archivística en España» (Acal, Valladolid, octubre-noviembre de 1995; en prensa).
Udina Martorell, E.: El Archivo de la Corona de Aragón; Madrid, 1980 y Guía histórica y descriptiva del Archivo de la Corona de Aragón; Madrid, 1986.

 

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