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Servet (o Serveto), Miguel

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 29/09/2011

(Villanueva de Sijena Buscar voz..., 29-IX-1511 - Ginebra, 27-X-1553). Sabio renacentista Buscar voz... de merecido renombre universal por sus saberes, descubrimientos y escritos en campos tan diversos como las lenguas clásicas, la filología bíblica, la astronomía, la geografía, las matemáticas, la medicina, la psicología, la filosofía, la historia y la teología, así como por sus teorías radicales de reforma de la sociedad y del cristianismo, por las cuales, tras resonante proceso, dio la vida, convertido así en símbolo mundial de los perseguidos y aplastados por sus ideas originales e inconformistas.

Vida: La incertidumbre respecto al año de su nacimiento (1509 ó 1511) se debe a que él mismo, en sus dos procesos, señaló fechas distintas, por mejor camuflar su personalidad. Hoy se admite el 1511 como más probable, y el día de S. Miguel por ser su nombre y no hallar otros en la familia. Su ascendencia judía Buscar voz..., insinuada desde antaño, ha sido obsesivamente repetida por Américo Castro y su escuela, sin demostración alguna, por quererle emparejar con J. L. Vives; pero Barón descubrió el otorgamiento del título de infanzón a un Juan Serveto, vecino de Serveto Buscar voz..., H., en el valle de Gistaín en el Sobrarbe, fechado en 1327. Aunque estos documentos no son teóricamente inmunes a falsificación, consta que otro Juan Revés alias Serveto fue hecho caballero por don Fernando el 6-X-1498 por servicios prestados «defendiendo el país rivagorçano en las guerras y vicisitudes, siendo infanzón, así como sus antecesores».

El padre de Miguel, Antón, natural de Villanueva («huius oriundi loci», dice de sí en uno de sus protocolos aún conservados), era notario real con sede en ella, y atendía sobre todo los conflictos jurídicos de su monasterio. Su madre, Catalina Conesa, era de Barbastro. Tenía un hermano, Juan, que fue cura de Poleñino, y el mayor, Pedro, heredó la notaría, y fue padre de su sucesor, también Antón, y de dos clérigos de rango: Pedro Antonio, obispo de Albarracín, y Marco Antonio, abad de Montearagón Buscar voz....

Es probable que antes residiera como estudiante clérigo en Montearagón, de donde le sacó Juan de Quintana Buscar voz... en 1525, recién nombrado confesor del emperador.

De hecho, cuatro son los hombres que más influjo han tenido en su vida, en tal forma que cabe estructurar ésta a base de estos ciclos de influencias: Quintana, Champier, Pagnini y Palmier. El primero le sacó del chato ambiente rural de Sijena y de Aragón, y lo proyectó en el centro de la Corte, poniéndolo en contacto con los aires frescos del Renacimiento y de la Reforma. Con él recorrió, sin duda, España y participó en las inquietudes espirituales del momento: alumbrados, moriscos Buscar voz..., judeoconversos Buscar voz..., erasmistas Buscar voz..., protestantes Buscar voz..., en el marco de los nuevos ideales humanistas. Año y medio en Toulouse estudiando Derecho, parte del 28 y 29, pero dedicado ya a la Teología por su cuenta. Viaja a fines de 1529 a Italia y asiste a la coronación imperial en Bolonia, experiencia tremenda, de escándalo, que relata en frases inolvidables. Testigo en la Dieta de Augsburgo, de la imposibilidad de entendimiento aun entre las alas moderadas del catolicismo y luteranismo. Crisis total.

Huye primero a Basilea en busca de Erasmo, quien acaba de salir, por lo que se queda diez meses con el hebraísta reformador «Ecolampadio», Johan Häusgen. Luego, unos meses en Estrasburgo, estudiando y viviendo con otros dos sabios reformadores, W. Capito y Martin Buzer. La publicación cerca, en Hagenau, de sus dos primeros violentos libritos, a sus veinte años, le enemista con todos ellos, que le persiguen a muerte, así como la Inquisición Buscar voz... española, la cual solicita a la de Zaragoza que envíe a su hermano Juan por él y le tiente a volver «combidándole con partidos o otras offertas y que quando por esta vía no se pudiera reduzir que se use del rigor». Se encontró con él, pero no lo pudo «reducir». Miguel se había refugiado en Lyon, donde se conoció con el médico platonizante S. Champier, su segundo mentor decisivo.

Del 32 al 38 va a estar a temporadas entre Lyon y París, estudiando y enseñando matemáticas, astrología, medicina, y ganándose la vida con lecciones particulares y con eruditas ediciones de obras; publicará también algunos folletos propios. Va usando ya el pseudónimo «Michel de Villeneuve» para despistar, eficazmente, a sus perseguidores. El dominico Sante Pagnini, discípulo de Savonarola y consumado hebraísta, le nombra heredero y le lega su traducción de la Biblia de las lenguas originales y todas sus notas, que Servet publicará, corrigiendo la Vulgata. Tras breve paso por la facultad médica de Montpellier, ejerce casi tres años en Charlieu, una aldea cercana a Cluny, donde tuvo novia, con la que no se casó «por creerse impotente», y un lío pendenciero por envidias de un colega. Entre 1541 y abril del 53 vivió en Vienne del Delfinado, Francia, compaginando su práctica con el estudio asiduo, la colaboración con el municipio (a él se debe en gran parte el puente nuevo), sus escritos y la atención al obispo, Pierre Palmier, en cuyo palacio vivió desde la Navidad del 48. Se hizo ciudadano de Vienne el 49. Delatado por Calvino, por medio de un viennés protestante huido a Ginebra, de ser el real autor de la gran obra publicada anónima, le encarceló la Inquisición francesa y tras breve proceso huyó, ayudado quizá por Palmier. Cuatro meses errante, rellenados por servetistas Buscar voz... imaginativos que operan en el vacío. Reaparece incomprensiblemente en Ginebra, donde reconocido y delatado a Calvino, con quien había discutido ya en París y luego epistolarmente, se le instruyó un proceso de dos meses, uno de los más famosos de la historia, objeto de numerosos estudios, dramas y aun películas. Miguel murió a mediodía del 27-X-1553, quemado vivo a fuego lento de madera húmeda, en Champel, barrio extramuros de Ginebra. Aún está en el lugar, casi olvidada, una inscripción en piedra que lo recuerda.

Obra: Esta polifacética personalidad científica plantea un obvio problema: su dispersión intelectual. ¿Por simple curiosa afición? ¿Por la imperiosa necesidad de atender a su sustento? Algo de todo hubo al principio. Pero pronto se dibuja la verdadera vocación: la Teología, pasión de su vida. El elenco cronológico de su obra así lo demuestra.

De Trinitatis erroribus (Sobre los errores de la Trinidad); Hagenau, 1531, 119 pp. Hay trad. holandesa, 1620, e inglesa, 1932.

Dialogi de Trinitate et de iustitia regni Christi (Diálogos sobre la Trinidad y sobre la justicia del reino de Cristo); Hagenau, 1532, 48 pp. Trads. holand. e ingl. id.

—Ed. crítica de la Geografía de Tolomeo; Lyon, 1535, y Vienne, 1541, 298 pp., con 50 mapas y escolios. Trad. española parcial del Dr. Goyanes; Madrid, Academia Nacional de Medicina, 1932.

In Leonardum Fuchsium Apología (Apología contra el Dr. Fuchs); Lyon, 1536. 8 pp. Traducción española de A. Alcalá, Villanueva de Sijena, Instituto de Estudios Sijenenses, 1981; inglesa de Ch. O´Malley, Philadelphia, 1953.

Syruporum universa ratio (Tratado universal de los jarabes); París, 1537. 70 pp. Varias ediciones en el siglo XVI. Traducción española del Dr. Goyanes, Madrid, 1943; inglesa de O´Malley, 1953.

Disceptatio pro astrología (Discurso en defensa de la astrología), París, 1538. 8 pp. Traducción inglesa de O´Malley, id.; francesa de F. Rude y P. Cavard, 1958; española de A. Alcalá, loc. cit.

—Edición crítica de la Biblia según traducción de S. Pagnini; Lyon, 1542, folio, y Lyón, id., en 8.°, y Lyon, 1545, en 7 vols. con las glosas interlineares de Nic. de Lyra y de Pablo de Santamaría.

Christianismi restitutio; Vienne, 1553. 734 pp.; incluye las Treinta cartas a Calvino, el Tratado del Anticristo, y la Apología contra Melanchton. Traducción alemana parcial de B. Spiess, 1892-96; española completa de L. Betés y A. Alcalá, con introducción y notas críticas de A. A., Madrid, Fundación Universitaria Española, 1980, y Castalia, 1981, los tres tratados complementarios.

Pensamiento: Distingamos algunos campos para mejor resumirlo.

1. Científico-médico: La alabanza que en el prólogo a la 3.ª ed. de sus Institutiones anatómicas, 1539, dedica a «Michel de Villeneuve» uno de sus maestros parisinos, el eximio galenista Johan Günther von Andernach, poniéndolo a la par de otro de sus ayudantes, nada menos que Vesalio, denotan ya la forma mentis de Servet: empírica, exigente de comprobación y experimento o de la exactitud de interpretación textual, según los casos. Muchas discusiones médicas de entonces eran, en último término, filológicas: si Galeno, leído en su texto griego para contrarrestar los desenfoques de los médicos árabes y medievales, era bien interpretado así o de otro modo. De método científico tratan la Apología contra Fuchs, los Jarabes —que revelan la tendencia servetiana al vegetarianismo, a la cura por medios naturales como el sueño y los masajes, y unos estupendos conocimientos farmacológicos—, y la Defensa de la astrología, vivaz discurso en defensa propia al prohibirle el rector de París dar clases sobre la posibilidad de predicciones, que atentarían a la admisión de libertad, pretexto para silenciar al joven que ridiculizaba a los médicos que recetaban «de memoria», sin contacto con el enfermo, sin atender a las circunstancias ambientales, de mentalidad rutinaria pero engreída y acrítica.

El gran mérito científico de Servet estriba en su descubrimiento de la circulación menor o pulmonar de la sangre. Hoy está fuera de duda que Ibn an-Nafis, en unos Comentarios al «Canon» de Avicenna, la había consignado en 1245 en El Cairo, corrigiendo a Galeno quien expresamente niega la impermeabilidad del septum. Llegaron en manuscrito a Venecia en 1521. La cuestión de si Servet conoció y aprovechó su contenido ha suscitado polémicas gallardamente sostenidas por servetistas españoles frente a detractores, especialmente italianos. De hecho, la circulación es descrita en el libro del español Juan Valverde de Amusco, Composición del cuerpo humano, 1556, y luego en el de su maestro de Padua, Realdo Colombo, De re anatómica, de 1559; ahora bien, teniendo en cuenta la ósmosis científica entre París y Padua, y que en Venecia se editó el Jarabes dos veces, el 45 y 48, parecería que Servet sabría del progresivo ambiente padovano. Hoy se admite, no sólo por falta de pruebas, sino por abundancia de las del sentido contrario, que cundieron manuscritos de obras de Servet en Italia, quizá enviados por él o amigos desde su peligroso retiro viennense, valiéndose del librero Pietro Perna y de los viajes del jurista de Padua Mateo Gribaldi. Sobre todo: en el manuscrito de Restitutio de París, que es de 1546 están ya íntegras las páginas que describen la circulación de la sangre. Este descubrimiento, hasta la reciente traducción española la única secuencia tenida por importante de toda la obra de Servet, es, pues, una de las máximas glorias médicas de todos los tiempos, y es una gloria aragonesa. No hay que olvidar que, cuando Harvey publicó en 1628 la descripción técnica en su De motu cordis, vino a recoger en Padua, donde estudió, una herencia servetiana. Servet lo revela con el legítimo orgullo de tener conciencia de su absoluta novedad.

2. Geográfico: Bullón no estudió suficientemente la real aportación de Servet con relación a las ediciones del Tolomeo anteriores a él. Se ha exagerado, llegando a llamarle «padre de la geografía comparada» y cosas por el estilo, sin tener en cuenta que se limita a reeditar el texto latino fijado en 1513 por el cartógrafo Waldseemüller y reproducido por L. Fries en 1522 y por W. Pickheimer, el amigo de Durero, en 1525, de quienes lo toma, así como los 50 bellos mapas. Introdujo, por supuesto, numerosas correcciones e identificaciones de ciudades con sus nuevos nombres, pero tampoco la mayoría de los «escolios», algunos muy atinados, sobre lo que hoy llamaríamos, si cabe, «psicología de los pueblos», son originales suyos, ni siquiera el mapa de las «Nuevas Islas» con bella bandera sobre la «Isabella insula», o sea, Cuba. En ambas ediciones enumera los libros geográficos consultados: más de 80. Sus observaciones sobre la vida de los pueblos, cuya mayoría no había visitado, denotan atentas lecturas. Como las de Vives, llaman la atención las críticas a España y los españoles: no podían asimilar su condición de exiliados. Y conmueve el axioma con que concluye su referencia a la alemana «guerra de los campesinos»: Sed succumbunt semper miseri (siempre pierden los pobres).

3. Bíblico: Aparte de varias lenguas vernáculas (castellano, quizá catalán, italiano, alemán, francés), Servet dominó desde sus veinte años el latín, el griego y el hebreo. Se vincula así a la exigente tradición que, proveniente de Petrarca y afirmada en Lorenzo Valla, culmina en Erasmo, entre nosotros en Nebrija y sus colegas complutenses, maestros, con el tiempo, de Arias Montano, de Luis de León, quien sufrió por estas convicciones. Para Servet los textos bíblicos nunca pueden tener sentido profético; no hay profecías, y las tenidas por tales son meras adaptaciones a hechos a posteriori basadas en meras analogías, en cuya aplicación toda cautela será poca. No habrá que extrañar, en consecuencia, que todas las notas de Pagnini-Servet fueran puestas en el Índice desde el de Lovaina de 1550, y luego, por supuesto, en todos los españoles desde el de Valdés de 1559.

4. Filosófico: Servet, quien trasluce una formación inicialmente aristotélica, quizá por el ambiente clerical de Montearagón o sus contactos a través de Quintana, reaccionó compartiendo desde Toulouse el total rechazo de toda filosofía determinado por su conversión al biblismo. Es la etapa que se manifiesta en Errores y en Diálogos. Su amistad discipular con Champier y el mundillo neoplatónico de Lyon le hace descubrir el neoplatonismo entendido no sólo como Platón continuado en Plotino, sino con toda la tradición alejandrina, además de los textos esotéricos tenidas por todo el Renacimiento, desde Psellos hasta Cesaubon a fines del XVI, como auténticos y aun semi-revelados: las Sibilas, los Himnos pitagóricos, el Corpus hermeticum, los Oráculos caldeos, los Himnos órficos. Servet creyó hallar en esta poética vena metafísica resonancias bíblicas análogas a las de la Escritura, con las que podría ilustrar para mentes ávidas, ya que no demostrar, sus propias intuiciones sistemáticas. Aunque toda reducción es ofensiva para un genio como el suyo, su pensamiento filosófico puede, pues, al menos tendencialmente, calificarse como neoplatónico, pero no olvidando que conserva de aquél su juvenil aristotelismo la urgencia de lo empírico, afianzada por su formación profesional.

5. Teológico: Servet participa de varias inspiraciones características de la Reforma, pero con geniales muestras de originalidad. Opera en la base su convicción, a la vez experimental y teórica, de la corrupción del cristianismo oficial, debida no sólo a la general aquiescencia en los vicios personales y colectivos, sino a la «caída de la Iglesia» desde tiempos de Constantino por la unión del genuino espíritu cristiano con la fuerza del poderío material de los Estados y del dinero; por la contaminación de la «simple religiosidad» y la «simple vía de la verdad» con elementos filosóficos paganos a ellas ajenos; por la proclamación como dogmas de doctrinas antievangélicas —sobresalientemente, la Trinidad, y secundaria pero sintomáticamente, el bautismo de niños incapaces de tener fe personal—; por la preeminencia de la actitud autoritaria, sobre la guía y el mero consejo, en la conducta secular y persistente de la jerarquía burocratizada; por el ejercicio de un culto paganizante, ostentoso y sin margen para la interioridad.

Roma es Babilonia, y el Papa es el Anticristo, el mundanizado emperador del mal. Hay pues, que «restituir el cristianismo» a sus primitivos y puros orígenes: volver a la raíz es progresar, si la historia fue errada. Hay que reinterpretar la Biblia y su mensaje a base de una lectura auténtica y reproduciendo las vivencias de las comunidades iniciales. Luchará, nuevo arcángel Miguel, contra los corruptos ejércitos infernales.

Las críticas concretas de la Parte IV de Restitución son meras aplicaciones de los principios teóricos expuestos en las anteriores, en una empresa que sería injusticia calificar menos que de titánica. Reuniendo y organizando centenares de citas de procedencia clásica, bíblica, patrística, rabínica, científica, esotérica, restituye la doctrina trinitaria, mostrando que «verbo» o palabra y «espíritu» o dinamismo (= viento, anemós gr., ruaj hebr.) no son en la Biblia dos personas distintas de la divinidad, sino meros aspectos (etimológicamente persona = aspecto, máscara) del que es siempre un «Dios escondido», para posibilitar su manifestación y comunicación sustanciales y formales —de ahí la fácil acusación de panteísmo—, ambos culminantes en Jesús el Cristo, hijo real «en cuanto hombre» (y esto es lo más original de Servet) de Dios y de María. Cristo inicia así —no sólo para las almas— el «reino del espíritu» en pugna con el pagano y judaico «reino del mal», aún enraizado en el cristianismo romano y no superado por los cristianismos de los reformadores. El hombre, que no alcanza uso de razón ni pecabilidad hasta los veinte años, debe experimentar una etapa de «conciencia del mal» mientras se prepara consciente y deliberadamente para bautizarse, como Jesús, a los treinta y recibir entonces la eucaristía, mediante los cuales, únicos dos sacramentos o «ministerios» además de la predicación, «sustancialmente se diviniza», convirtiéndose así plena aunque participadamente en «hijo de Dios», divinizándose realmente, haciéndose impecable en consecuencia, a no ser que, de nuevo deliberadamente, renuncie a la fe, que justifica, pero junto con las obras. Servet propone una teología y una reforma esencialmente radicales, afín a la de los anabaptistas, pero mejor estructurada e inmensamente superior técnicamente. Debe ser suprimido todo el montaje burocrático y jerárquico de la Iglesia, ya que cada cristiano es igualmente sacerdote y ministro; no habrá templos, ni ritos, ni ceremonias. Radical biblismo determinante de radical espiritualismo. Mera admisión de lo que hoy se viene llamando «comunidades de base», en las que cada individuo tenga corresponsabilidad sin que haya imposiciones legales autoritarias, ni castigos corporales sino la «ex-comunión» (pena espiritual), y en las que predomine la convicción personal, la sinceridad, la pureza, el desinterés, la humildad, la tolerancia.

Es verdad: Servet fue perseguido y condenado por hereje, y lo era. Acaso el máximo hereje de todos los tiempos, no sólo el máximo hereje Buscar voz... aragonés y español. Pero sus críticas, similares —y menos ácidas— a las de sus contemporáneos, y sus reinterpretaciones trinitarias (él no es antitrinitario, sino que corrije los «errores» de formulación constantiniana de esta doctrina) fueron sólo un pretexto para eliminarlo: la Inquisición española, que nunca pudo atraparlo; la francesa, a la que escapó; y la calvinista, que se cubrió de infamia y contradicción al quemarlo, sabían que lo hondo de su proyecto, esencialmente utópico, era una llamada a vivir el cristianismo en igualdad y pureza radicales. Quien lea y estudie Restitución del cristianismo, océano de sugerencias, se convencerá de que, a pesar de sus herejías, Servet es un auténtico místico que confiesa haber experimentado esa divinización o transformación de su ser que él describe y a la que llama e invita a todo cristiano. Precisamente, el hecho de describir la circulación de la sangre en el Libro V de la I Parte, hablando del Espíritu Santo, es una ilustración más de su misma convicción más plenaria: en cuanto principio de dinamismo universal abarca Dios y llena hasta los más recónditos meandros del cuerpo humano: ¡cómo no va a llenar de su espíritu, de sí-espíritu, a quienes lo reciben! Su humanismo y optimismo renacentistas culminan así y combinan la acerba crítica al cristianismo oficial y la confianza en que todo hombre puede por sí, sin otro intermedio que Jesús el Cristo, obtener la divinización por analogía ad Christum. Por eso, su ejecución en aras de la ortodoxia, «en el nombre de Dios», significa el máximo contrasentido de ese mismo cristianismo oficial.

Por su conjunción genial de Humanismo, Renacimiento y Reforma y por sus amplios horizontes abarcadores de múltiples saberes, desde el escrutinio de las estrellas hasta los latidos del corazón, todo subsumido en esencialidad religiosa, Servet es, sin exageración ninguna, el máximo pensador aragonés y, muerto a sus 42, hubiera sido, si no lo es ya, el máximo de España, y no sólo de su tiempo. Una de las pocas personalidades aragonesas de renombre auténticamente universal.

• Bibliog.:
Alcalá, A.: «Nuestra deuda con Servet»; Revista de Occidente, 113-114, 1972, pp. 233-260.
Id.: «Servetus, Servatus Perdetus; chistes y epigramas sobre el nombre de Servet»; Circular informativa núm. 4 del Instituto de Estudios Sijenenses, 1978, pp. I9-29.
Id.: Introducciones a las eds. de Restitución, Treinta cartas a Calvino y otras traducciones antes citadas.
Arribas Salaberri, J. P.: Genealogía y heráldica de Miguel Servet, y Miguel Servet, concejal; Lérida, Instituto de Estudios ilerdenses, 1972 y 1974.
Bainton, R. H.: Servet, el hereje perseguido; trad., prólogo, epílogo y bibliografías de A. Alcalá, Madrid, 1973.
Barón, J.: Miguel Servet. Su vida y su obra; Madrid, 1970.
Bullón, E.: Miguel Servet y la geografía del Renacimiento; Madrid, 1945.
Cavard, P.: Le procés de Michel Servet à Vienne; Vienne, 1953.
Doumergue, É.: Jean Calvin; les hommes et les choses de son temps; 7 vals., Lausanne, 1899-1927, espec. vol. VI, pp. 171-369.
Goyanes, J.: Miguel Serveto, teólogo, geógrafo y médico...; Madrid, 1933.
Sobre todos los aspectos, la más completa bibliografía de Servet y sobre Servet fue recogida en la ed. del libro de Bainton cit. de A. A., pp. 231-289.

 

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