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Serrablo (Sarrablo)

Contenido disponible: Texto GEA 2000

Voz que, en la actualidad, designa una subárea de la comarca Alto Gállego funcionalmente organizada por Sabiñánigo. Tradicionalmente hacía referencia al valle del mismo nombre, avenado por el río Guarga —afluente del Gállego en las inmediaciones de Caldearenas— y situado entre las sierras de Portiello y Galardón, al norte, y Aineto y Belarre, al sur.

A principios del presente siglo, el a la sazón lugar de Sabiñánigo no alcanzaba el millar de habitantes; en 1940 poseía 1.800 hab., pasando en 1998 a un volumen de 8.759 habitantes (9.097 hab en 1981). El gran crecimiento demográfico, que ha hecho de Sabiñánigo una ciudad ex nihilo, se ha operado mediante el vaciado de su entorno inmediato. Hoy, paradójicamente, Sabiñánigo organiza un área de influencia —el Serrablo—, a la que ha desertizado desde el punto de vista demográfico.

Los pequeños núcleos rurales de la comarca mantienen una actividad agraria de carácter residual, en muchos casos compatibilizada con su dedicación al trabajo industrial en las factorías de la vecina Sabiñánigo, o en la actividad constructora generada por la demanda de viviendas para el albergue de la inmigración. Incluso Biescas, cabecera que organizaba tradicionalmente al valle alto del río Gállego, ha remitido en su centralidad en favor de aquélla.

Comprende los municipios de Sabiñánigo (muy extenso tras las sucesivas anexiones), Biescas, Aso de Sobremonte, Yebra de Basa y Yésero. (Sarrablés Buscar voz....)

• Hist. Med.: A lo largo de la Edad Media se entendió por Serrablo las tierras que se extendían entre el condado de Aragón y el de Sobrarbe, tierras que dependieron del waliato de Huesca y que fueron cristianizadas, a mediados del siglo X, con la fundación de varios monasterios como el de Cercito o el importantísimo de San Andrés de Fanlo. La zona serrablesa, comarca mozárabe sin lugar a dudas, fue anexionada por Sancho el Mayor (año 1018) y será adscrita al primitivo territorio que pasará a formar el reino de Aragón en 1035. Organizados estos valles como bases militares del reino pirenaico ya en el siglo XI, no perderán su carácter fronterizo a lo largo de los siglos. Tendrán gran importancia en el siglo XV, con el Compromiso de Caspe y las amenazas de invasión francesa, siendo escenario de las luchas derivadas de los sucesos de la muerte del Justicia de Aragón (1592).

Los límites administrativos de esta comarca vienen señalados por el cuaderno De los oficios de Aragón (siglo XIV), que habla del lugarteniente de Serrablo. Según este documento el Serrablo —o Sarrablo— limita al norte con el valle de Tena y la sierra Tendereña, al oeste con el río Gállego, al este con las sierras de La Corona y Custodia y al sur con la de Guara y el condado de Sobrarbe. Eclesiásticamente fue dividido en 1203 —por dos bulas de Inocencio III que intentan poner fin a las disputas territoriales entre los obispados de Huesca-Jaca y Lérida—, entre la catedral de Jaca (le dieron el arcedianato de Guarga) y la de Huesca (arcedianato de Serrablo). Con esta ocasión se trasladó el topónimo medieval hacia el sur, pasando a entenderse como Serrablo la zona del valle del Guarga y parte del Somontano oscense. Hay que señalar que en 1054 el obispo aragonés don García había firmado una donación al monasterio de Fanlo titulándose «obispo en Serrablo».

La comarca serrablesa conservará su mozarabismo en el medievo, adaptando sus estructuras artesanales en la Edad Moderna y aportando ilustres personajes a la historia reciente, como es el caso de don Pedro Villacampa, de Laguarta, héroe de la guerra de la Independencia.

• Bibliog.: Durán, Antonio y Domingo Buesa: Guía monumental de Serrablo; M.E.C., Madrid, 1978. Buesa Conde, Domingo: El Serrablo; Zaragoza, 1978. Durán, Antonio: Las iglesias mozárabes del Serrablo;Sabiñánigo-Zaragoza, 1975.

• Arte: A pesar de guerras y depredaciones, la llamada comarca de Serrablo (H.) posee todavía un importante patrimonio artístico, amorosamente conservado desde hace unos años por la asociación que lleva su mismo nombre.

La historia del arte de esta comarca comienza con una importante serie de iglesias románicas realizadas todas ellas por un mismo equipo de maestros constructores, al que se le conoce con el nombre de cuadrilla o círculo larredense. Este grupo de artistas realizó las iglesias de Gavín (antigua parroquial y ermita de San Bartolomé), Otal, Basarán, Susín, Oliván, San Juan de Basa, Lárrede, Satué, Ysún, San Juan Bautista de Rasal y, probablemente también las de Yésero, Santa María de Espierre, Biescas, Cartirana y Guasillo. De todas estas iglesias, solamente se conservan en su totalidad las de Lárrede y San Juan de Basa.

La planta de la iglesia parroquial de Lárrede presenta forma de cruz latina, integrada por una nave rectangular, crucero y un ábside semicircular. El crucero de esta iglesia lo componen dos departamentos, provistos de puertas propias. Sobre el departamento septentrional se alza una esbelta torre campanario. Tenemos la certeza de que la nave se cubrió con bóveda de medio cañón sustentada sobre arcos tajones, mientras que el crucero recibió bóveda de cañón sencillo y el ábside se completó con otra de forma de cuarto de esfera.

A pesar de que la iglesia de San Pedro de Lárrede es el monumento más señero del grupo, a juzgar por los restos que de las otras iglesias poseemos parece claro que el ejemplar más común de los templos construidos por el círculo larredense es el de San Juan de Basa. Esta ermita consta de una pequeña nave rectangular, que recibió por cubierta una techumbre de madera, y de un ábside que estuvo provisto de bóveda de cascarón. No faltaron en estas iglesias las torres campanario, generalmente adosadas a aquéllas y alguna vez, como en Lárrede, montadas sobre un departamento del crucero. Estas torres se caracterizan por ser de planta cuadrada y elevada altura, estar interiormente huecas y recibir una bóveda esquifada. Las ventanas de estas torres son escasas, salvo en la parte superior, en donde presentan vanos triples.

Las puertas y la mayoría de las ventanas que poseen estas iglesias se hallan en la cara sur. Las puertas son de un solo vano y reciben al interior un dintel sobre el que reposa un arco. Las ventanas, si son sencillas, presentan abertura de doble derrame y cubierta de tipo capialzado, mientras que si son dobles o triples lucen sendos arquitos en forma de herradura.

Aunque la manera de trabajar la piedra con que están hechas estas iglesias (en general, cortándola a martillo y disponiéndola en forma de aparejo de tipo mediano) o sus estructuras fundamentales e incluso el espacio son plenamente típicos del arte románico, una serie de elementos arquitectónicos y decorativos muy especiales les han dado justa nombradía. En cuanto a los arquitectónicos, son los más importantes el binomio dintel-arco de medio punto ya señalado, los arcos de herradura y de falsa herradura (generalizado éste en puertas y arcos de grandes proporciones y originado por una moldura biselada que hace las funciones de imposta y de salmer) y las columnas pareadas que dividen las naves. Por lo que respecta a los elementos decorativos, hay que señalar que los ábsides están recorridos por series de arcos ciegos y sencillos, que apean en lesenas. Sobre estos arcos se desarrollan frisos de baquetones. Las principales puertas y ventanas están enmarcadas en recuadros, generalmente denominados alfices.

El excepcional fenómeno que supone la intensa actividad de este bien conjuntado círculo larredense, activo entre los años de 1050 a 1070, no sobrepasó las fronteras del valle del Gállego, viviendo solamente un efímero ocaso al influir en algunas estructuras y en la decoración de unas pocas iglesias de la zona (Orós Bajo, Arto, Lasieso, Ordovés, Buil, Yeste y Sescún). Como última resonancia, en algunas iglesias de estilo lombardista del entorno se trocaron las esquinillas absidiales por los citados baquetones (Larrosa, Lerés, Banaguás y Nasarre).

La síntesis entre las nuevas formas románicas procedentes de la capital del reino aragonés, Jaca, y las viejas soluciones lombardas está magníficamente representada en Serrablo por la iglesia de San Miguel de Orna de Gállego, en la que se pueden observar capiteles y ajedrezados jaqueses junto a un excelente friso de arquillos lombardos. La plena aceptación de las nuevas formas jaquesas la representa la iglesia de San Juan de Orús.

En el siglo XII, y paralelamente a esta tímida aceptación del arte cortesano, se construyeron en Serrablo dos importantes obras románicas: la que fuera iglesia parroquial de Castiello de Guarga y la prioral de San Úrbez de Nocito. La primera presentaba en la cara sur de la nave una portada con capiteles bien ejecutados y un excelente crismón (elemento del que hay otros exponentes en las iglesias de Barbenuta e Ysún); por desgracia, la decoración escultórica de Castiello de Guarga ha desaparecido. La iglesia de San Úrbez de Nocito, que data del segundo cuarto del siglo XII, presenta planta de cruz latina, con absidiolos inscritos en los brazos del crucero; la cabecera y los pies de esta iglesia desaparecieron con las ampliaciones llevadas a cabo durante el siglo XVII. Junto a estas obras mayores, fueron numerosos los pueblos serrableses en los que se levantaron iglesias románicas, de factura muy sencilla, compuestas únicamente de nave rectangular cubierta con madera y de ábside semicircular provisto de bóveda de cascarón. El elemento decorativo de estas iglesias lo constituye una serie de canecillos que soportan el tejaroz del ábside. De este modelo de iglesia se han conservado ejemplares en Allué, Arasilla, Arruaba, San Salvador de Biescas, Latas, Rapún, Sardas y Sorripas, siendo de notar que todavía se construyeron iglesias de este mismo tipo durante el siglo XIII, como las de Cerésola y Espierre.

La escultura románica en madera tiene algunos exponentes en Serrablo. En el Museo de Arte de Cataluña (Barcelona) se halla la imagen de un Salvador coronado, que data del siglo XII, y que procede de Basarán. Al parecer, esta talla ocupó el centro de un desaparecido retablo. En los pueblos de Acumuer y de Orna-Latrás se han conservado sendas vírgenes sedentes, datables también en el siglo XII.

En el Museo Diocesano de Jaca se exponen unas pinturas de la primera mitad del siglo XII que proceden de Sucia; los escasos restos que se pudieron recuperar presentan dos figuras imberbes, que portan el nimbo de santidad: ambas figuras representan a unos personajes, cuyos gestos y expresión son ingenuos y convencionales, propios de una pintura arcaizante. En el Museo de Arte de Cataluña se guarda un frontal, que al parecer procede de Gésera: obra románica, pero muy tardía, representa a San Juan Bautista vestido de anacoreta y rodeado de sus discípulos y de sus enemigos los fariseos, más una serie de animales que encarnan las virtudes y los vicios; impresiona la contemplación de este frontal por el neto predominio del grofismo sobre un despreocupado colorido, que provocan un gran impacto visual.

La arquitectura gótica está cumplidamente representada en una serie de castillos serrableses que datan de los siglos XV y XVI. Junto a los torreones de Osán y Lárrede, destaca el castillo de Escuer, compuesto de una robusta torre de cuatro plantas, provista de puerta elevada, saeteras y ventana geminada, más una cerca de protección. De esta misma época es el castillo palacio de Larrés, en cuyo centro se desarrolla un patio de armas con arcos apuntados que da acceso a dos torres de distintas dimensiones.

Tres importantes muestras de la pintura mural gótica de Serrablo se exponen en el Museo Diocesano de Jaca. Las que proceden de Sorripas y Cerésola datan del siglo XIV y representan un tema de tipo escatológico la primera, mientras que la segunda evoca una serie de escenas de la vida de Cristo y su Pasión, la Glorificación de la Virgen y el Juicio Final. Más tardías son las pinturas procedentes de Orús, que reproducen momentos de la vida de San Juan Bautista.

De los retablos góticos que en Serrablo hubiera no se conserva completo más que el de Osán, que data de la segunda mitad del siglo XV y salió de las manos de un par de pintores de segunda fila, que representaron un ciclo cristológico y algunos santos eremitas. Del retablo de Latas, también realizado en el siglo XV, no se conservan más que unos restos con las imágenes de los evangelistas. Por noticias documentales consta que en Serrablo abundó la orfebrería gótica; pero de ella no se conservan más que la cruz procesional de Lárrede y un relicario en Yebra de Basa que contiene el cráneo de Santa Orosia.

Fue precisamente en Yebra de Basa en donde con mayor decisión los serrableses se decidieron a aceptar las nuevas formas renacentistas. La iglesia parroquial, que data de mediados del siglo XVI, y la ermita de Santa Orosia construida entre 1665 y 1669, representan un compromiso entre la tradición gótica y las más modernas corrientes. Más innovadores todavía son los retablos mayores de Yebra de Basa y de Larrés, en los que figuran lienzos dedicados a San Martín, San Lorenzo y San Jorge, más las consabidas series constituidas por los ciclos cristológico y marial. La orfebrería renacentista ofrece dos magníficos ejemplares de cruces procesionales en Larrés y Biescas, en donde también pueden contemplarse algunas piezas más y una primorosa casulla bordada en el siglo XVI.

El trabajo de los arquitectos del siglo XVII conoció dos frentes fundamentales: la construcción de iglesias de nueva planta (como las de Laguarta, Sabiñánigo y Senegüé) y la ampliación de algunos templos románicos, actividad que prosiguió en la decimoctava centuria, y de la que son muestras los añadidos de las iglesias de Oliván, San Úrbez de Nocito y Sardas. La actividad arquitectónica del siglo XVII no halló, al parecer, su justo reflejo en la de los pintores, pues no existen más que dos tenues muestras en los lienzos que representan a San Juan Bautista y a San Miguel, conservados respectivamente en las iglesias parroquiales de Sabiñánigo y de Orna.

De la época de madurez del arte barroco sólo se encuentran en Serrablo las innovaciones arquitectónicas llevadas a cabo en las iglesias de Cartirana y Susín, más un cáliz perteneciente a la iglesia de Lárrede.

El arte popular siempre ha tenido un gran arraigo en una comarca agrícola y pastoril como Serrablo. Las obras más antiguas pueden ser admiradas en la iglesia de Susín (en donde el ábside fue embellecido con una magnifica serie de dibujos incisos) y en la de Ysún (en donde se conserva la interesante lauda de un sarcófago gótico). El arte mueble más reciente ha sido recogido y expuesto en el modélico museo creado por la asociación «Amigos de Serrablo» en Sabiñánigo.

La arquitectura popular es uno de los exponentes máximos de la capacidad creadora y del gusto por la belleza de las gentes de Serrablo. Entre las muestras más señeras cabe citar la casa Isábal de Lárrede, casa Periel de Ysún, casa López de Sabiñánigo, o las mansiones de Cañardo, Gésera, Javierre del Obispo o Laguarta. Junto a magníficos enlosados, cocinas, hogares y chimeneas, son de destacar las formas góticas, muy estereotipadas, que lucen ventanas y puertas.

Las tendencias más recientes de la escultura tienen destacadas manifestaciones en las obras «Montañeros de Sabiñánigo» de Manuel López y en las que Ángel López Orensanz ha depositado en el «Museo Ángel Orensanz y Artes de Serrablo».

• Bibliog.: Arco y Garay, Ricardo del: Catálogo monumental de España. Huesca; Madrid, 1942. Borrás Gualis, Gonzalo, y Manuel García Guatas: La pintura románica en Aragón; Zaragoza, 1978. Durán Gudiol, Antonio y Buesa Conde, Domingo J.: Guía monumental de Serrablo; Madrid, 1978. Gatier Martí, Fernando: «El problema mozárabe en las iglesias de los valles del Gállego»; Arte y Cultura Mozárabe, Toledo, 1979, pp. 155-160. Guitart Aparicio, Cristóbal: Castillos de Aragón; t. II, Zaragoza, 1976.

 

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