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Rueda de Ebro, Nuestra Señora de

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 31/10/2008

Monasterio Buscar voz... cisterciense, en la prov. de Zaragoza. Antes de ocupar su asiento definitivo este monasterio vivió en cuatro casas matrices: Salz de Gállego, Juncería, Samper de Lagata y Escatrón. Fue el 1-XI-1202 cuando comenzó la vida conventual en Nuestra Señora de Rueda de Ebro. El primer abad fue Guillermo Arnáldez, quien ocupó el cargo hasta 1211.

Su patrimonio se centraba principalmente en la zona del arcedianato de Belchite, lugar en el que se encuentra enclavado el monasterio. A las fincas ya poseídas antes del traslado a Rueda, se incorporaron otras distribuidas en 34 localidades, la mayoría en la zona inmediata a Rueda (Val de Gazapos, Acavor, Romana, Maragén, Gotor, Nuez, Fuentes de Ebro, Belchite, etc.) y otras más alejadas (Samper de Calanda, Huesca, Morella). El principal sistema de explotación utilizado, típico de la colonización cisterciense, fue el de las granjas.

El templo, que todavía subsiste, fue iniciado en mayo de 1226, y se consagró doce años más tarde (1238). En 1234, Gregorio IX concedió una constitución a Rueda, en la que, además de la confirmación de la observancia de la regla cisterciense y de la confirmación detallada de su patrimonio, se contienen una serie de normas económicas, financieras y jurisdiccionales que determinan su status.

• Arte: Situado en la margen izquierda del Ebro, pertenece al partido judicial de Caspe (Z.). Su acceso se realiza hoy desde Escatrón (Z.), a través de un puente, de moderna factura, que ha sustituido al tradicional cruce en barca. El monasterio lo integran unas edificaciones de diversas épocas y estilos artísticos, a las que el abandono provocado por la Desamortización Buscar voz... del siglo XIX ha sumido en un progresivo deterioro, paliado, en parte, por una restauración no terminada. La comunidad cisterciense se estableció en Rueda en el año 1202 en el dilatado territorio concedido por el rey Alfonso II Buscar voz... de Aragón en 1182 como más apropiado, geográficamente, que aquél de donde procedían, la abadía de la Juncería situada al sur de la actual Villanueva del Gállego (Z.). La matriz de esta nueva casa cisterciense siguió siendo la abadía de Nuestra Señora de Gimont, en el condado de Toulouse y diócesis de Auch, cuya primera filial en tierras zaragozanas, Nuestra Señora del Salz, en el río Gállego, fundara —antes de su desaparición en 1168— la casa de la Juncería antecesora de Nuestra Señora de Rueda. Las ayudas y protecciones otorgadas por los reyes y nobles a la nueva fundación en el valle del Ebro favorecieron el avance de la edificación monástica realizada por los propios monjes en un escaso margen de tiempo.

Cuando en el año 1225 se colocó la primera piedra en la iglesia abacial —dedicada a la Virgen María—, a cuya ceremonia asistieron el abad de Gimont, el de Rueda y el monje arquitecto Gil Rubio, ya existían las dependencias en el lado meridional del futuro claustro procesional, con el calefactorio, refectorio, cocina y lavabo, el noviciado o scriptorium en el extremo del lado oriental, y la primera capilla monástica, dedicada a San Pedro Apóstol, que se encontraba próxima al refectorio, en el ángulo suroriental, hasta su destrucción en el siglo XVII con las obras de ampliación del monasterio. Trece años se dice que duraron las obras de la iglesia abacial «que para aquellos tiempos pareció cosa suntuosa», celebrándose la consagración de su altar mayor el 21-III-1238, con asistencia de don Bernardo de Monteagudo, obispo de Zaragoza. Las edificaciones posteriores se llevaron a cabo más lentamente y, quizá, por un equipo distinto de aquel a quien se debe la primera parte del monasterio. En tiempos del abad Sancho Lupinem (1256-1258) se trabajó en la galería oriental del claustro, con la biblioteca, sala capitular, escalera de acceso al dormitorio de la comunidad y, detrás de él, la prisión del monasterio más el locutorio que comunicaba a través de un pequeño corredor con el noviciado. Durante el segundo mandato del abad Domingo de Salas (1273-1277) se levantó la galería del lado norte, adosada al muro meridional de la iglesia y, finalmente, durante la primera mitad del siglo XIV —coincidiendo con el priorazgo de Gombaldo de Salanova—, se terminó el claustro con la galería occidental, según lo atestigua una de las claves centrales de la bóveda que lleva su nombre y la fecha de 1340. De esta última época parece ser la fachada occidental de la iglesia con su portada principal abierta a la gran plaza que precede al monasterio, en la que confluyen la hospedería y el palacio abacial.

A partir de la segunda mitad del siglo XVI (mandato del abad Miguel Rubio, 1558-1580), comienza una nueva etapa con la construcción de nuevas dependencias monásticas y restauración de alguna de las primitivas que modificó sustancialmente la parte original del monasterio. Hoy cabe hablar en éste de dos partes perfectamente diferenciadas: la medieval (siglos XIII-XIV), que comprende la parte más antigua y mejor conocida del monasterio, regularmente mantenida, y la moderna (siglos XVI-XVIII), de mayor extensión y en estado de total abandono.

El conjunto de planta y estructuras en el monasterio medieval sigue con rigurosa fidelidad las directrices artísticas impuestas por la Orden Cisterciense Buscar voz... a la que pertenecen. La extrema sencillez con que se han resuelto sus edificaciones —advertida de antiguo por los historiadores— se compensa por la originalidad de varias de sus dependencias claustrales que le confieren un encanto especial. Empezando por lo más antiguo, el lado meridional del claustro, ofrece una de las más bellas edificaciones conventuales, el refectorio, al que se accede por una bellísima puerta moldurada con arquivolta exterior de polilóbulos que se justifica por el estrecho contacto mantenido por sus artífices con el arte arquitectónico local. Es un grandioso salón, rectangular, que se cubre con bóveda de medio cañón apuntado sobre arcos tajones que apean en ménsulas de escalonado perfil. Bien conservado está el púlpito, en el lado derecho, similar al del monasterio de Santa María de Huerta, con acceso del lector por una escalera practicada dentro del muro, aligerado con una galería columnaria de suntuosos capiteles con decoración vegetal. Flanquean el refectorio —que se dispuso, como es habitual, perpendicular al claustro— el calefactorio y la cocina, hoy parcialmente arruinados. Mejor se mantiene el pabellón de la fuente o lavabo delante del refectorio. De forma octogonal y cubierto con bóveda nervada, su maciza silueta apiramidada se destaca en el patio del claustro con una entidad no frecuente en otros monasterios de la Orden. La pila cuadrangular en piedra de una sola pieza que recogía el agua fue trasladada a la huerta alta del monasterio donde permanece oculta por la maleza. Cabe destacar, por su novedad, el único capitel figurativo de este lado del claustro, que se sitúa a la izquierda del pabellón del lavabo y representa un hombrecillo entre dos demonios. En el centro del patio permanecen todavía el pozo que surtía de agua a la comunidad y la gran cisterna, abovedada con medio cañón y provista de claraboya de ventilación, a la que se accede por una escalera situada en el ángulo suroccidental del claustro. En el extremo opuesto del claustro se sitúa el noviciado o scriptorium, la única dependencia de la primera época concebida en gótico primitivo. Es un salón rectangular dividido en dos naves de tres tramos cada una por medio de pilares octogonales muy robustos que reciben el peso de la bóveda de crucería utilizada como sistema de cubierta. De la capilla de San Pedro Apóstol queda el recuerdo en la llamada «huerta de San Pedro», situada detrás del noviciado, y algunas piedras utilizadas para construir el nuevo refectorio en el siglo XVII.

La iglesia abacial cierra el claustro por su lado norte. Comenzada a edificar antes de haberse concluido la serie de edificaciones conventuales del lado oriental, sus obras debieron de avanzar muy rápidamente y por un mismo equipo de artistas tal es la homogeneidad que ofrece; en planta posee tres naves de cinco tramos, cubiertos con crucería simple, cuyos nervios apean en pilares cruciformes de tradición románica. Carece de crucero y por la cabecera termina en tres capillas de testero recto, en disposición similar a la que ofrece el monasterio de Iranzu, en Navarra. La escasa diferencia de altura entre la nave central y sus colaterales motivó que sus ventanas fuesen pequeñas y la iluminación escasa salvo en la cabecera. El material utilizado fue la piedra, menos en las bóvedas que presentaban la plementería de ladrillo, sustituido por cemento en la última restauración. La iglesia poseyó desde un principio una sola capilla lateral, abierta en el cuarto tramo de la nave del Evangelio. De planta rectangular cubierta con crucería sencilla, albergó en un nicho de su lado izquierdo la tumba de Juan Gil Tarín, Justicia de Aragón fallecido en 1290. Otros enterramientos se fueron incorporando al interior del edificio: así cabe mencionar el de don Pedro Fernández de Híjar (+ 1386) que ocupó la capilla de San Lorenzo —lado derecho en la cabecera— y el de doña Isabel de Castro, su segunda esposa, que se encontraba en la capilla izquierda de la cabecera, dedicada a San Miguel Arcángel, hasta que en 1915 se trasladaron al Museo de Bellas Artes de Zaragoza.

De los numerosos y ricos retablos que enriquecían la abadía sólo se salvaron unos pocos; de ellos el más notable sin duda es el retablo mayor que ya fue conocido por J. B. Labaña en su viaje al monasterio de 1610, y que hoy decora la capilla mayor de la iglesia parroquial de Escatrón (Z.). Obra magnífica, hecha en alabastro sin policromar, a la que hubo que sacrificar parte de su basamento para poder acomodarla a su nuevo emplazamiento. Consta de tres calles distribuidas en dos pisos y coronamiento y está dedicado a la Virgen María en su Asunción, acompañada en los laterales por las escenas de la Anunciación, Purificación, Adoración de los pastores y Epifanía, más la Coronación como culminación de la calle central. Está realizado en relieve, de factura exquisita, por un artista formado junto a los grandes maestros del plateresco aragonés, al que el conde de la Viñaza (Adiciones al Diccionario Histórico... de D. J. A. Ceán Bermúdez, t. II, Madrid, 1889), identificó con el escultor Esteban quien, junto con el mazonero Domingo Burunda, lo habría realizado hacia 1607. Atribución repetida por todos los que luego han tratado el tema que desearíamos ver confirmada documentalmente.

Otras dos capillas muy posteriores se edificaron colaterales a la del Santo Cristo, posiblemente en una misma época. De ellas, la más próxima a los pies de la iglesia, estuvo dedicada a San Bernardo y fue mandada construir por el abad Vicente Redorad en su segundo mandato (1652-1657). Es de planta cuadrada cubriéndose con cúpula sobre pechinas provista de linterna, y se decoró con altorrelieves en estuco blanco de los que quedan algunos restos. Idéntica decoración permanece en la segunda capilla cuya cúpula carece de linterna. Sobre la capilla colateral derecha de la cabecera se alza la torre-campanario del monasterio, elemento no muy frecuente en los edificios de la Orden del Císter. Es de planta octogonal, de notable esbeltez, y fue edificada a lo largo de diversas generaciones, lo que justifica las variantes de estilo que en ella se advierten. Su base pétrea, de la propia capilla, se sustituyó pronto por el ladrillo con el que se trazaron al exterior ornamentos mudéjares, para terminarse (en tiempo del abad Miguel Guardia, 1789) en estilo barroco clasicista.

A la sacristía se accede por una puerta abierta en la capilla derecha de la cabecera: es una sala estrecha y larga, cubierta con bóveda de cañón, de la misma época que la iglesia. Muy posterior es otra capilla en la que aquélla desemboca, que estuvo dedicada al Santísimo, que todavía conserva la decoración en esgrafiados de estuco de su bóveda. En el tramo de la nave que precede a la misma capilla de la cabecera se encuentra el ingreso, por una empinada escalera pétrea, al dormitorio monástico, situado sobre la parte oriental del claustro, en un segundo piso, y perpendicular a la iglesia. Seguidamente se localiza la puerta que comunica con el claustro, utilizada habitualmente por la comunidad para acceder al templo desde sus dependencias monásticas.

En la galería oriental del claustro, construida en la segunda mitad del siglo XIII, la más destacada edificación es, sin duda, la sala capitular que guarda notable semejanza con la del Monasterio de Santa María de Piedra Buscar voz... (Ateca, Z.). Posee una fachada tripartita, a base de triple arcada, correspondiente a la puerta de ingreso la central y a sendas ventanas geminadas las colaterales. Son vanos abocinados con arquivoltas ricamente decoradas a base de polilóbulos y puntas de diamante, en un alarde ornamental que contrasta fuertemente con la austeridad predominante en el resto del monasterio. En el interior el espacio se distribuye de modo similar al del noviciado, más antiguo, pero con mayor gracia en el tipo de elementos utilizados. Así, los soportes interiores son pilares fasciculados, con ocho baquetones que se abren por encima de sus capiteles como ramas de palmera para sostener con sus finos miembros la plementería de sus bóvedas. Al fondo tres ventanas —una para cada tramo en que se divide transversalmente la sala— contribuyen a iluminar el recinto.

El amplio dormitorio conventual debió de realizarse luego de haberse concluido las dependencias sobre las que se apoya, en la galería oriental. Es un inmenso salón, rectangular, cuya cubierta ligera sobre arcos diafragmas de ladrillo fue reconstruida hace algún tiempo. En el lado norte del claustro, posiblemente contemporáneo, lo más destacable es un nicho arcosolio adosado al muro de la iglesia, que contuvo los restos de doña Teresa Alfonso (fallecida a finales del siglo XIII) por los restos de pintura mural que todavía quedan. Lo último en llevarse a cabo fue la galería occidental que era, a su vez, cierre del monasterio al no haber en ese lado del claustro dependencias para residencia de los conversos, como es habitual en los restantes monasterios del Císter. La fecha avanzada de su terminación (primera mitad del siglo XIV) se advierte claramente en la decoración plástica de capiteles, ménsulas y claves, en los que abundan los temas figurativos, algunos de carácter burlesco, en acusado contraste con aquellos de las restantes galerías, mucho más sencillos, a base de follajes estilizados y motivos de entrelazo.

Lindante con las cocinas y detrás del refectorio, en el lado meridional del claustro, exento a las dependencias claustrales, se alza la primitiva bodega del monasterio. Es una muy bella construcción, en piedra, de planta rectangular que se distribuye en dos naves de cinco tramos cada una, por medio de cuatro pilares octogonales, del mismo tipo que los del scriptorium o noviciado, que sostienen la crucería de sus bóvedas. Todo parece indicar que la fecha de su edificación coincida con la primera etapa del monasterio, en el primer tercio del siglo XIII. El primitivo molino de aceite se localiza intramuros, en la zona septentrional del monasterio; se conservan en pie sus pétreos muros y varias de las piedras utilizadas para moler. En el mismo lado pero fuera de la muralla queda todavía lo que fue la nevera de la comunidad, grandiosa cámara subterránea abovedada con orificio de ventilación en su cumbre. Y en el lado meridional del monasterio se mantiene aún parte del complejo sistema hidráulico que aseguraba riego en las tierras pertenecientes a la comunidad. Junto al Ebro se encuentra un profundo canal, con su correspondiente presa, y lo que fue gran noria o rueda para subir las aguas través de un acueducto, del que se distinguen cuatro de sus arcadas, hasta la huerta alta del monasterio. Esta grandiosa obra ingenieril sería lo primero que realizarían los monjes cuando decidieron establecerse en esta zona y de ella se han valido hasta el siglo pasado. Un viejo molino de trigo se alza próximo al acueducto, hoy muy modificado.

A partir de la segunda mitad del siglo XIV se inicia la decadencia económica en el monasterio de Rueda; son años difíciles, de extrema pobreza, de los que no quedan restos materiales en la edificación. Es a partir del siglo XVI, en su segunda mitad, cuando la comunidad recupera su pulso y se construyen nuevas dependencias, más capaces, en sustitución de las antiguas. Nuevo refectorio, nueva galería y celdas individuales para los monjes, todo ello a lo largo de siglo y medio, en estilo barroco de ladrillo, con gran riqueza de estucos como ornamento de muros y bóvedas. La fragilidad de los materiales utilizados justifica el estado de ruina de este «monasterio nuevo», cuya innegable grandiosidad todavía conmueve. Se conservan muchos de sus muros y tabiques y algunas bóvedas y, sobre todo, la monumental escalera localizada en el lado suroriental del claustro que servía de enlace con el primitivo monasterio. Estas edificaciones se sitúan en la zona oriental y meridional, en lo que se llamó huerta de San Pedro, en recuerdo de la primitiva capilla que fue necesario destruir para ocupar su sitio.

Mejor se conservan las dependencias «señoriales» del monasterio nuevo, iniciadas a finales el siglo XVI, con el mandato del abad Miguel Rubio, y proseguidas con sus inmediatos sucesores, Lorenzo Pérez de Aldea (1594-1601) y Juan Hugarte (1601-1616). Forman la grandiosa plaza que precede al monasterio y al haberse construido en piedra, constituyen un grandioso recibidor para la zona medieval. Así, en el lado meridional, un edificio de dos pisos, de amplios soportales, servía de enlace entre el claustro procesional y la casa abacial más la puerta de ingreso, con la correspondiente portería, localizadas en el lado occidental. Y se cerraba en el lado norte con la gran hospedería que se prolongaba hasta enlazar con la iglesia. Los estilos predominantes son el renacimiento tardío y el barroco reflejados el primero en la severidad del orden toscano elegido para la doble galería del lado sur, y el segundo en el barroco avanzado, casi rococó, del pequeño oratorio y retablo con que se enriqueció la planta noble del palacio abacial.

• Bibliog.: Lampérez y Romea, V.: «El monasterio de Rueda (Zaragoza)»; Arquitectura y construcción, Barcelona, febrero, 1902. López Landa, J. M.ª: El monasterio de Nuestra Señora de Rueda; Calatayud; 1922. Contel Barea, C.: El císter zaragozano en el siglo XII. Abadías predecesoras de Nuestra Señora de Rueda de Ebro; Zaragoza, I.F.C., 1966. Vaubergoin, J. R.: «El real Monasterio de Nuestra Señora de Rueda»; S.A.A., XIII-XV, Zaragoza, 1968. Torralba Soriano, F.: Monasterios de Veruela, Rueda y Piedra; León, 1975. Contel Barea, C.: El císter zaragozano en los siglos XIII y XIV. Abadía de Nuestra Señora de Rueda; Zaragoza, I.F.C., 1977.

 

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