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Aragón, bandera de

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 03/08/2009

Bandera es una insignia Buscar voz... o señal Buscar voz... consistente en un gran pedazo de tela, de figura cuadrada o rectangular, que se asegura por uno de sus lados a un astil o palo largo y cuya heráldica indica la institución o persona a la que pertenece y representa. Reproduce, pues, el escudo, armas o blasón de su titular.

No han existido en la tradición regnícola banderas del reino de Aragón, ni tampoco de la llamada Corona de Aragón Buscar voz.... Los reyes aragoneses sí tuvieron un distintivo heráldico consistente en los bastones de gules sobre campo de oro, usados en toda la iconografía documentada medieval, sean sellos de la cancillería real, sean monedas acuñadas por los reyes. Tales bastones o barras datan del reinado de Alfonso II Buscar voz... de Aragón, heredero de la reina Petronila Buscar voz... y del conde de Barcelona Ramón Berenguer IV Buscar voz.... En las representaciones iconográficas relacionadas con la realeza aragonesa, los bastones de gules se disponen en fajas horizontales cuando la disposición heráldica habitual de escudo se troca en representación vexiliaria o de bandera. Estos bastones, símbolos de dominios del monarca en diferentes estados al que une su persona, extendidos en campo de oro, parecen recordar la vinculación aragonesa a la Santa Sede Buscar voz... desde el siglo XI, pues los pontífices romanos tuvieron el oro o amarillo como esmalte heráldico.

Desde el siglo XIX, y relacionado con movimientos aragonesistas, se ha planteado varias veces el tema de la implantación de una bandera de Aragón; en 1905 por vez primera se confeccionaba una bandera de Aragón por el Centro Aragonés de Madrid, que Juan Moneva Buscar voz... describía así en 1914: «alabarda de tipo medieval, faja de tercio a lo largo del palo azul con la cruz de Aynsa de plata; lo demás partido mitad blanco con cruz llana de gules, de San Jorge, y cabeza de moros, y palos de gules sobre oro». Posteriormente, en 1930, el historiador Giménez Soler Buscar voz... proponía como bandera de Aragón la combinación de las barras o palos Buscar voz... con el cuartel tradicional, anterior a Ramón Berenguer IV, de la cruz de plata en campo azur, colocando este cuartel en el centro de la bandera cubriendo una parte de la banda roja y de las dos amarillas inmediatas.

En 1977 las diputaciones provinciales aprobaron como bandera los cuatro palos o bastones verticales sobre fondo oro o amarillo, y en el cuarto, superficie adjunta al astil, la cruz de gules sobre campo de plata o blanco. Posteriormente, en 1978, la Diputación General de Aragón Buscar voz... imponía sobre fondo oro o amarillo, cuatro fajas de gules o rojas y en el centro el escudo moderno de Aragón de los cuatro cuarteles coronado.

La bandera y el escudo de Aragón adoptados con una cierta provisionalidad durante el régimen jurídico de la denominada «preautonomía» (esto es, en período anterior a la promulgación y puesta en práctica del vigente Estatuto de Autonomía) han sido, en términos generales, ratificados en su forma y regulados para su uso por las Cortes y la Diputación General de Aragón en 1984.

El artículo 3 de la Ley Orgánica de Estatuto de Autonomía de Aragón (1982) previene lo siguiente:

«1. La bandera de Aragón es la tradicional de las cuatro barras rojas horizontales sobre fondo amarillo».

«2. El escudo de Aragón es el tradicional de los cuatro cuarteles, rematado por la corona correspondiente, que figurará en el centro de la bandera».

Desde el punto de vista jurídico, este texto no es sino el desarrollo, por parte de la Comunidad Autónoma de Aragón, de la posibilidad ofrecida por la Constitución Española de 1976, en concomitancia, también, con la Ley de 28 de octubre de 1981.

Desde una perspectiva científica (historiográfica o vexilológica) el texto es deficiente, por renunciar (cual lo hizo el texto constitucional mismo) al léxico heráldico secularmente consagrado, lo que, como se dirá luego, ha obligado a la legislación aragonesa a curiosas precisiones de orden científico físico para establecer con exactitud los colores de estos símbolos. Aragón, por lo demás, no ha dispuesto de bandera oficial propia hasta estos últimos tiempos (pues no entraron en vigor, por los avatares de la guerra civil, las previsiones hechas por unos y otros sobre el particular en los momentos en que se intentaban redacciones de Estatutos autonómicos). La bandera aragonesa (dejando aparte el escudo), propiamente, es la enseña de los reyes de Aragón, su «senyal real», «signum regni nostri» privativo (palos Buscar voz...), esto es, cuatro palos o bastones (si la disposición es vertical) o fajas (horizontales) de gules sobre oro, que los soberanos emplearon verticalmente y en tanto que reyes, a modo de guión, y horizontalmente cuando la enseña era, propiamente, utilizada como bandera, extremos éstos sobre los que hay abundante iconografía medieval. «Barras» resulta, pues, vulgarismo, aunque muy difundido.

Puede discutirse con mucho fundamento la oportunidad de la adición, en el párrafo 2 del dicho artículo, de la precisión de que el escudo «figurará en el centro de la bandera», necesariamente. El legislador no tuvo en cuenta, en este punto, la antiquísima tradición histórica que hace, de por sí solos, a los palos o bastones de gules emblema característico y privativo de la monarquía aragonesa y que distinguió a su propietario (el soberano de Aragón) como tal rey, dando universalmente nombre al emblema en la heráldica europea de todo tiempo. Los testimonios medievales (especialmente entre los siglos XIII y XV) abundan denominando «de Aragón» o «d´Aragó» a la enseña. La explicación que, en su momento, se adujo para esta innovación escasamente pertinente resulta, vista desde hoy, escasamente convincente e hija de la coyuntura política y de un prurito mayor por distinguir la bandera aragonesa de otras similares que no por recuperar la pureza exigida por el pasado del viejo Reino. Es, asimismo, como se verá, poco afortunado disponer el escudo centrado en la bandera ordinaria.

El desarrollo de este texto estatutario se contiene en la Ley 2/1984, de 16 de abril, sobre uso de la bandera y el escudo de Aragón (Boletines Oficiales de Aragón, núm. 15, de 18 de abril, y del Estado de 11 de mayo, ambos de 1984). Este texto legal, cuya parte doctrinal fue encomendada por el Gobierno aragonés a G. Redondo y G. Fatás, quienes elaboraron el borrador del proyecto articulado, resulta bastante explícito en su versión final y mejora técnicamente las deficiencias antes subrayadas. Define, en su «Preámbulo», a la bandera de Aragón como «la tradicional de los reyes de Aragón, antaño de uso exclusivo del titular de la Corona y expresiva de su soberanía». Señala que el uso más antiguo seriamente documentado de este símbolo corresponde a Alfonso II, primer monarca de la Corona y no solamente del Reino, puesto que heredó, junto a su título principal, los que le legara su padre, Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona.

El escudo Buscar voz... que, aparentemente, debe figurar en la bandera aragonesa se atestigua por primera vez, que conste hasta ahora, en 1499, en la Crónica del historiador Vagad Buscar voz..., editada en Zaragoza. Los cuatro cuarteles adoptados entonces, cuando no existía regulación cancilleresca al respecto, fueron, paulatinamente, imponiéndose a otras configuraciones que, o bien prescindían de alguno de sus elementos (aunque presentando invariablemente los palos, como es el caso de la Diputación del Reino Buscar voz...), o alteraban su orden usual (tal y como se aprecia, por ejemplo, en la disposición que adoptan, aun hoy, en los emblemas de la Universidad de Zaragoza, adoptados en los años ochenta del siglo XVI). En la Edad Moderna tiende a consolidarse esta versión (bien visible en la expresiva heráldica de la iglesia zaragozana de Santa Isabel, infanta de Aragón y reina de Portugal, edificada a expensas de la Diputación General de Aragón en el siglo XVII), y arraiga claramente en el siglo XVIII, alternando, como en el XIX y en la actualidad, con el uso de los palos de gules sin otra adición.

En 1921, la Real Academia de la Historia informaba favorablemente el uso oficial del escudo de los cuatro cuarteles como escudo distintivo de Aragón, sin que se hayan producido variaciones desde entonces en su forma.

Desde el punto de vista formal, los nueve espacios en que queda dividida la bandera aragonesa han de ser iguales en tamaño (art. 1.2) y el conjunto ha de ajustarse a unas proporciones de las que resulte que la longitud sea igual a tres medios de su anchura (eso es, un tercio más larga que ancha). Las restantes características materiales de la bandera aragonesa fueron reguladas, casi inmediatamente, por el Decreto 48/1984, de 28 de junio, de la Diputación General de Aragón, dado en Jaraba (Boletín Oficial de Aragón, núm. 25, de 14 de julio), en cuya detallada redacción tuvo parte muy destacada el profesor Redondo Veintemillas. El acuerdo de la D.G.A. dispone tanto el diseño lineal del escudo (en una versión no muy cuidadosa) cuanto los materiales en que ha de confeccionarse la enseña. Así, forzado por el mandato estatutario, el legislador ha dispuesto la colocación del escudo «a una distancia de la vaina de media anchura de la Bandera». Debe aclararse que es uso general en esta clase de enseñas situar (como sucede con la bandera nacional española) el escudo no en lugar central, sino levemente hacia la izquierda, cercano al asta, al objeto de que se haga visible cuando la bandera no se halla ondeando.

La bandera (a la que estos textos legales aluden siempre nombrándola con mayúscula), cuando adopte forma de gala o máximo respeto, ha de ser confeccionada, precisamente, en tafetán de seda, debiendo estar el escudo bordado en hilos de seda, plata y oro. Las banderas de uso ordinario se fabricarán «en tejida fuerte de lanilla o fibra sintética», pudiendo entonces ser el escudo estampado o sobrepuesto por cualquier otro procedimiento.

Si ha de ser exhibida, en su variedad de gala, en interiores o portada por abanderado, el asta que la soporte habrá de ser de bambú o de madera barnizada, con remate «en moharra de acero o plata», elementos todos estos que, asimismo, se reglamentan (caso infrecuente y, probablemente, único en este tipo de disposiciones sobre banderas y enseñas de Comunidades Autónomas españolas). La moharra tiene forma de cruz patada, al modo de la de Íñigo Arista.

El Decreto establece también las tonalidades de los colores aragoneses recurriendo a todos los efectos, incluso los industriales a un sistema científico objetivo internacionalmente adoptado (CIELAB) y en correspondencia con el sistema CIE-931, con una tolerancia de cinco grados. Estas especificaciones se refieren a los colores rojo, amarillo, azul, oro, plata y sable (negro), para conseguir la uniformidad deseable.

La Ley de Cortes aragonesas previene, de acuerdo con normas superiores pero mencionando explícitamente la circunstancia, que la bandera de Aragón «deberá ondear junto a la Bandera de España», cediéndole siempre el lugar principal, tanto en exteriores cuanto en interiores de edificios públicos civiles situados en el territorio aragonés (art. 2) y establece que su tamaño no será mayor que el de la nacional ni menor al de otras terceras cuando se utilicen todas simultáneamente (art. 3).

La definición oficial y legal del escudo aragonés se establece en el artículo 4 y es del siguiente tenor literal:

«… es, estructuralmente, un escudo español, cuartelado en cruz e integrado de los siguientes elementos:

—Primer cuartel, sobre campo de oro, una encina desarraigada, con siete raigones, en sus colores naturales, coronada por cruz latina cortada y de gules».

Este cuartel conmemora el legendario Reino de Sobrarbe, al que se atribuyeron, durante largo tiempo, los orígenes de los Fueros y, probablemente, se trata de un tipo heráldico de los llamados «parlantes» (la cruz «sobre árbol» o sobrarbense), que pudo tener su origen formal en las primeras acuñaciones de los reyes aragoneses, cuyo tipo principal durante la monarquía privativa fue, precisamente, una cruz de aspecto procesional ornada con exuberantes ramificaciones laterales.

El segundo cuartel contiene la denominada «Cruz de Íñigo Arista», alusiva a los orígenes de la independencia del Aragón cristiano y a un milagro crucífero en batalla contra moros, emblema que, en tiempos de Pedro IV Buscar voz... el Ceremonioso (regulador minucioso de los usos heráldicos de su casa y estados), se tuvo por el más antiguo de los aragoneses. Este cuartel queda así definido:

«—Segundo, sobre campo de azur, cruz patada» (esto es, con los brazos que se van ensanchando, y no «platuda», como aparece por error en algunas ediciones de esta Ley aragonesa) «de plata, apuntada en el brazo inferior y adiestrada con el cantón del jefe».

El tercer cuartel, en palabras del texto preambular, «sigue a los modelos antiguos, conforme a los cuales era considerado como el emblema más específico del Reino de Aragón, en el siglo XIV» y empleado, a menudo desde el siglo XIII, como emblema especial de los caballeros aragoneses y de la caballería del rey, en general, a causa de la creciente devoción de los soberanos aragoneses de tiempos góticos por el santo capadocio cuya cruz muestra:

«—Tercero, sobre campo de plata, una cruz de San Jorge, de gules, cantonada de cuatro cabezas de moro, de sable y encintadas de plata», que miran a la izquierda del espectador y que, propiamente, son de color negro. (El término «encintadas» equivale a «diademadas» con una cinta cuyas ínfulas cuelgan por detrás de la cabeza.).

El último cuartel es de esta manera:

«—Cuarto, sobre campo de oro, cuatro palos gules, iguales entre sí y a los espacios del campo».

Conocido como «Aragón» o «Aragón moderno» (para distinguirlo del emblema georgino), es un elemento de carga simbólica particularmente densa. De ahí que las Cortes de Aragón estimasen conveniente señalar («Preámbulo») que «son elementos comunes de la Bandera y el Escudo los ‘palos de gules’ o ‘barras de Aragón’ elemento histórico común de los actuales cuatro entes autonómicos Aragón, Cataluña, Comunidad Balear y Comunidad Valenciana que en su día estuvieron integrados en la Corona de Aragón, en cuya emblemática se encuentran todavía, y que en su representación se incorporaron al Escudo de España». Podía añadirse a todo ello que tales símbolos figuran, igualmente, en distintivos de territorios históricos extranjeros con personalidad administrativa propia y destacada.

Finalmente, el escudo, en su totalidad, va «timbrado con corona real abierta de ocho florones cuatro de ellos visibles, con perlas, ocho flores de lis, cinco visibles, con rubíes y esmeraldas en el aro, en proporción con el escudo de dos y medio a seis». Lo que significa que el legislador, atinadamente, optó por el modelo de corona real de tipo gótico, que es el más característico para personalizar al antiguo Reino, cuya demarcación, desde el siglo xiii, coincide exactamente con la de la Comunidad Autónoma.

El escudo oficial aragonés (se reitera) se centrará en la bandera y figurará en los edificios de la Comunidad, en los títulos oficiales que ésta expida, en sus publicaciones oficiales y en los documentos, impresos, sellos y membretes de uso oficial por la misma. Igualmente se establece que será el distintivo de las autoridades comunitarias que tuvieren derecho a usarlo (art. 5).

El último artículo (6) prohíbe el empleo de bandera y escudo aragoneses como símbolos o siglas principales de partidos políticos, sindicatos, asociaciones empresariales o cualesquiera entidades privadas, ordenando que se obtenga la previa autorización del Gobierno aragonés para utilizarlo como «distintivo de productos o mercancías» (orden que se desarrolla en el Decreto 57/1984, de 30 de julio, Boletín Oficial de Aragón núm. 28, de 9 de agosto, dedicado a este particular).

Por último, la disposición transitoria con que concluye esta norma legal previene, discreta y prudentemente, que «se mantendrán, no obstante, los escudos de Aragón existentes en lugares de interés histórico-artístico y en aquellos de cuya ornamentación o estructura formen parte señalada».

• Bibliog.: La principal son los textos legales a que se ha hecho alusión. Además de la que se indica en la voz Palos Buscar voz..., puede consultarse, el libro Comentarios al Estatuto de Autonomía de la Comunidad Autónoma de Aragón (J. Bermejo, dir.), Ministerio de Administración Territorial, Madrid, 1985, pp. 28-35 (G. Fatás y J. Bermejo) y 759-760 (G. Redondo), sobre algunos aspectos particulares de la soberanía de los reyes de Aragón.

Historia Medieval: Debe tenerse muy presente que las banderas como símbolo y testimonio de una «nación» son muy tardías (posiblemente del siglo XVIII). Durante la Edad Media las banderas sólo representaban al «rey de Aragón», ya que las «naciones» se consideran entonces como el conjunto de hombres que dependen de un rey. Las banderas—como las demás enseñas—sirvieron para que los combatientes pudieran saber dónde se encontraban sus partidarios, ya que los uniformes militares tampoco son medievales.

La primera noticia que se conoce sobre el uso de banderas entre los cristianos españoles corresponde al reinado del aragonés Alfonso I el Batallador Buscar voz..., quien según las fuentes árabes dio cuatro banderas a sus soldados en la campaña de Andalucía, aunque no indican cómo eran. De momento, la más antigua representación gráfica de la bandera del rey de Aragón se encuentra en las pinturas góticas del castillo de Alcañiz, que representan la conquista de Valencia por el rey Jaime I Buscar voz.... Allí se encuentran las «barras» rojas sobre fondo amarillo. Una leyenda inventada en el siglo XVI pretende relacionar tales «barras» con el conde Wifredo el Velloso, pero no pasa de ser una falsa tradición, rechazada íntegramente por todos los historiadores catalanes.

Naturalmente que siempre ha interesado el problema de los orígenes de tal enseña. Quizá el primero que se los plantease fuese el rey Pedro IV de Aragón Buscar voz..., quien llegó a considerar que los primitivos reyes aragoneses tuvieron como enseña una cruz, con cuatro cabezas de reyes moros, mientras que creía que las «barras» eran propias de Cataluña. Sin embargo, esta creencia durante la Edad Media no la compartió la Generalidad de Cataluña, que en 1462 ordenó que se quitase la bandera cuatribarrada sobre fondo amarillo, ya «que era representación del rey de Aragón», enarbolando primero la enseña con la cruz de San Jorge y después la del rey de Castilla Enrique IV. Cuando el rey Juan II de Aragón Buscar voz... entró en Barcelona, nuevamente la «cuatribarrada» ondeó en su condado de Barcelona, como lo hacía en el reino de Aragón.

Las discusiones entre los eruditos sobre el origen provoca enconadas posturas. Incluso es posible que se hayan producido alteraciones en los testimonios conservados. De momento, no se puede alegar más que representaciones en los sellos pendientes de los documentos. Pero ninguno llega a la primera mitad del siglo XII, cuando el reino de Aragón Buscar voz... y los condados barceloneses no se habían unido. Por eso los aragonesistas consideran que las «barras» son de origen aragonés, apoyados en la creencia de que responden a una enseña real y no condal, ya que quien puede presumir de rey de Aragón no lo hace con las enseñas de los condes de Barcelona.

Los catalanistas opinan que las «barras» ya las utilizaban los condes de Barcelona, aunque lamentan que la mayoría de los sellos conservados del conde barcelonés Ramón Berenguer IV Buscar voz... no las presenten. Por fortuna se ha catalogado recientemente uno de esos sellos, conservado en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, y allí se observa que la enseña de Ramón Berenguer IV tiene en su escudo una especie de escamas triangulares. Si eso fuese así, habría que estudiar los restantes sellos de Ramón Berenguer IV conservados, con objeto de ver si han sido manipulados para borrar un testimonio epigráfico de primera importancia. Al resurgir los nacionalismos y regionalismos del siglo XIX, se tomó como símbolo de las viejas regiones que integraron la Corona de Aragón lo que en realidad sólo fue la «enseña del rey de Aragón».

 

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