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Apicultura

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 04/07/2011

(Gan Buscar voz....) Actividad agraria que se dedica al cuidado y explotación de las abejas para la producción de miel, cera, polen, jalea real y otros productos. La actividad apícola en España es muy antigua: el primer tratado de agricultura, De re rustica, en que se dan reglas para mejorar las abejas, fue escrito en la Roma Imperial por el gaditano Columela. El Rey Sabio, en el siglo XIII, califica a España «briosa de sirgo, dulce de miel, alumbrada de cera, cumplida de olio y alegre de azafrán», y dicta las primeras Ordenanzas de los colmeneros. El primer libro de apicultura fue escrito en Alcalá de Henares por Luis Méndez de Torres e impreso por Juan Íñiguez de Lequerica en el año 1586; titulado Tratado de la cultivación y cura de las colmenas, señala por vez primera que la reina es hembra (anteriormente se le llamaba rey) y es ella la encargada de poner los huevos, aunque se atribuye este descubrimiento al naturalista holandés Swammerdam. Siglos antes de Cristo, los tartesios ya llamaron a su rey Górgiris «el melícola», pues se empeñó en adiestrar a su pueblo en la explotación apícola. Parece ser que esta actividad pasó a Egipto y desde este país a todos los pueblos de la Antigüedad.

En Aragón, como parte de España, con una flora y un clima privilegiados, ha tenido siempre un gran ascendiente la industria de la miel; los que a esta actividad se dedican se llaman mieleros o colmeneros, y numerosos topónimos aluden a ella, como El Abejar (lugar de abejas), donde se solían asentar colmenas Buscar voz.... Por su clima Buscar voz... variado y por su suelo, la flora es rica en plantas melíficas.

La abeja explotada en Aragón corresponde a la Apis melifica iberica, codiciada por muchos países por sus características productivas y por su rusticidad, perfectamente adaptada a nuestro clima y flora; tanto es así que en prospecciones realizadas por la cátedra de Genética de la Facultad de Veterinaria Buscar voz... de Zaragoza, se encontraron enjambres salvajes que según los naturales del lugar han existido siempre, como el de Alacón Buscar voz... (Teruel), junto a las pinturas rupestres Buscar voz... del Barranco de Vicén; es curioso observar que tienen estas abejas unas características tan puras que se pueden tomar como modelo de la ibérica, y los restos y huellas de cera, que llegan hasta el exterior de la cueva, hacer suponer que se trata de un enjambre ancestral, que de generación en generación se ha ido reproduciendo, como el de la cueva de la Araña de Bicorp, de Valencia, que viene reseñado en una pintura rupestre.

Hasta el año 1851, cuando se empezó a difundir la moderna apicultura en Aragón, fue un arte cuyos cultivadores tenían sus colmenas en árboles huecos, o en apiarios hechos de obra —con varios enjambres independientes en su interior—, incluso en colmenas de corcho o de mimbre y tejido de caña, embadurnada la trama con una mezcla de boñiga de vaca y tierra amasada con agua que, una vez seca, daba consistencia y servía de aislante al recipiente: son los conocidos «vasos», colmena fijista y principio de la colmena movilista.

En los años 20 de este siglo se desarrolló la colmena movilista, con cajas modernas y cera, estampada en cuadros móviles; el tipo Layéns fue el que obtuvo mejor acogida por los apicultores de la región. En los años 37-38 1a, acariasis (enfermedad parasitaria de las abejas) dio casi al traste con la apicultura nacional: se redujo a menos de la cuarta parte el número de apicultores y disminuyó, por consiguiente, la cantidad de miel producida.

En la actualidad va resurgiendo tanto el entusiasmo como el número de apicultores con cierta entidad, agrupados en sociedades agrarias que cuentan ya con unos quinientos «ganaderos-apicultores» dedicados a las colmenas. La producción de miel se estima, como media en Aragón, en unos 500.000 kilos, insuficiente ya para el consumo de la región. La producción o recolección de polen está despertando, tanto por la vuelta al consumo de productos «naturales» como por las cualidades que posee y sus aplicaciones en la industria, de gran interés.

Con la flora espontánea se podría, con gran facilidad, multiplicar por tres la producción de miel. Los apicultores que con atención se dedican a sus colmenas, realizan la trashumancia: las transportan en invierno a las zonas bajas del valle del Ebro, y las van cambiando a los romeros del Bajo Aragón, para llevarlas, a medida que van floreciendo, a las zonas de salvias de la provincia de Zaragoza y a las flores de Teruel y Huesca; incluso traspasan las fronteras de la región aragonesa, Soria y Burgos, en busca de plantas de floración más tardía, para volver, de invernada, a las zonas cálidas del bajo Ebro.

El tipo de colmena más difundido es la Layéns, y desde hace unos años otro tipo, que, ideado en Aragón, se ha patentado con el nombre de Bilayéns, con gran acogida por parte de los entendidos debido a su fácil manejo y limpieza de la recolección, así como el aumento de producción. No son pocos los apicultores que conservan los típicos vasos, pero es con objeto de poblar núcleos para la multiplicación de los enjambres. Son menos las colmenas de tipo estante, y se reducen, en general, a apicultores pequeños o personas que por afición mantienen de diez a doce colmenas.

Cada día más se van dando cuenta el productor de semillas y el fruticultor del gran beneficio que reportan las abejas en la polinización, por la obtención de semillas bien fecundadas y de frutos bien constituidos; esta política se debe difundir y extender, en colaboración apicultores y agricultores con el sano objeto de regular las épocas de tratamientos con pesticidas, que son fatales para estos maravillosos insectos.

La cera fue objeto hace años de una industria: los que la practicaban eran llamados cereros, y se dedicaban a fabricar velas y al moldeado de figuras; han sido sustituidas las primeras por otras ceras no naturales, y las segundas por el plástico. Con la aparición de las colmenas de cuadros móviles se empezó a fabricar la cera estampada, de la que quedan en Aragón alguna reminiscencia en la provincia de Huesca.

En la actualidad van naciendo en la región asociaciones de apicultores que ya encuadran al 80% de los que existen en las tres provincias, con representantes en cada una de ellas. El número de cajas (como les llaman ellos) oscila entre 25.000 y 30.000 unidades. Los tipos de miel existentes son los procedentes de las distintas especies florales: mieles blancas de excepcional calidad, como la de romero; de tintes más dorados, como la del tomillo; las mieles transparentes de la salvia; las oscuras de huerta, en donde intervienen flores muy diversas; las mieles rojizas y duras del brezo y del biércol.

Historia: La explotación de las abejas gozó de un gran predicamento en Aragón. Los abejares se hallaban distribuidos por la geografía aragonesa, aprovechando las ricas plantas aromáticas Buscar voz... y silvestres Buscar voz... de los eriales y monte bajo. Su importancia queda definida por el hecho de haberse asociado los abejeros en un gremio Buscar voz... y por ocuparse de la regulación de su explotación las ordinaciones de los concejos.

Por desgracia, el estudio de este interesante y desconocido apartado de la economía aragonesa resulta muy difícil por la falta de noticias y testimonios. Sin embargo, es posible hacer algunas observaciones importantes: la explotación era totalmente rudimentaria, no existía la invernación. Los inviernos largos y crudos resultaban catastróficos. En años adversos no se hacía ningún corte, ya que la miel era necesaria para alimento de las abejas. No existían los paneles prefabricados y eran las abejas las que debían fabricar sus propias celdas. La cera era la producción más importante.

Ling.: Las abejas (ar. abellas) viven en comunidades que reciben el nombre de enjambres (ar. jambres, chambres, ixambres), alojados en colmenas (ar. arnas), que pueden ser fijas o móviles. Las primeras se componen de un cilindro de cañas o mimbre (benzillo) recubierto de arcilla (buro) con dos tapas de losa (tiello) y orificio de entrada. Las colmenas se colocan en lugares soleados y protegidos del viento (arnales). De los panales con miel (bresca) que se extraen de las colmenas dos veces al año —para San Juan y San Miguel— mediante procedimiento manual o con prensa (grama), se separa la miel de la cera, siendo ésta depurada por ebullición y posterior moldeado en recipientes (orteras). La calidad y el color de la miel dependen de la vegetación próxima al colmenar (arnal); en Aragón las flores más libadas son el boj Buscar voz... y almendro Buscar voz... en primavera, el romero, aliaga Buscar voz... y tomillo Buscar voz... en verano y la hiedra, esparceta Buscar voz... y esparraguera en otoño. En verano, si la recolección de miel es buena, se construyen celdas para reina y cuando nace una el enjambre se divide (ar. jambrar, xambrar), al seguir la mitad de la abejas a la reina, que abandona la colmena para formar otra nueva. El apicultor debe evitar que el nuevo enjambre se escape, para lo cual recurre a hacer sonar tapas de cazuelas y piedras para que no vuelen alto, e introducirlas en una colmena o en un cesto (cazador). En algunas zonas de Aragón las colmenas se transportan en los meses de verano a las zonas altas de buena vegetación, siendo mantenidas en invierno en zonas más templadas. Entre los pájaros que atacan a las abejas, los que más daño causan son los abejarucos (ar. biroleros, abellarols, abelleros) y los pájaros carpinteros (ar. picapuercos, aguadérs, picaguazeros).

 

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