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Pop-Rock

Contenido disponible: Texto GEA 2000

Los americanos trajeron a la macilenta España de los cincuenta el queso y la leche en polvo, el desarrollismo y el plan Marshall. También sus aviones y sus bases militares. Y por éstas, precisamente, así como por las pantallas de cine y las películas de Elvis, el rock’n’roll se coló en Zaragoza en los inicios de los sesenta, dando lugar al nacimiento de nuestros primeros rockers autóctonos. En la Base de Zaragoza, trabajaba de camarero Rocky Kan, quien empapado de las canciones de Gene Vincent, Eddie Cohram, Chuck Berry y especialmente Elvis Presley, decidió colgar la chaquetilla blanca y dedicarse a cantar la música de sus ídolos. Y lo mismo, Baby, cuya familia tenía un bar frecuentado por soldados americanos. Los dos junto a Nello, Chico Valento y Gavy Sander’s configuraron la tropa de primeros rockeros aragoneses, que alcanzó fama no sólo en la ciudad sino fuera de las fronteras aragonesas actuando en emisoras de radio, clubs de fiestas, entoldados de verbena, teatros y cines, y provocando en algunas ocasiones —especialmente en Z.— grandes tumultos juveniles a la salida o entrada de sus espectáculos.

Todos ellos, salvo Gavy Sander’s, llegaron a grabar discos en sellos nacionales importantes como Belter o Columbia, estableciéndose como figuras cotizadas en el panorama musical español de los primeros sesenta.

A mediados de aquella década, España crepitaba con la música pop. Los llamados conjuntos modernos copaban radios y sinfonolas, así como bailes y guateques. Ello y la simiente plantada por los primeros rockeros dio lugar en Zaragoza a una espesa generación de conjuntos locales que si bien, salvo Kurt Savoy, no llegaron a grabar discos ni a traspasar las fronteras regionales fueron muy populares en la ciudad. Los Guayanes (con nuevo disco en 2000), Los Kiowas, el citado Kurt Savoy (el Rey del Silbido), Fantasmas Negros, Ranger Boys, Rocas Negras (que también se han unido de nuevo en 2000 y han grabado un disco, ya que no llegaron a hacerlo en su mocedad, «a la vejez viruelas»), Unión de Reyes, Lovers, Mercury’s, Sombras, Unkins, Los Cracks, Guitar Boys, Cisnes Negros.... fueron los más notable y sus canciones —por lo general versiones de Shadows, Beatles, Rolling Stones, Animals...— se oyeron en fiestas colegiales, salones de baile, matinés dominicales, clubs, teatros y salas de fiesta, cerniéndose en torno a ellos un ambiente escapista y melómano, cuando no golfante como ocurrió con los Cheyennes y sus famosos guateques, verdaderas orgías de sexo, alcohol y rock’n’roll, que conmocionaron a la ciudad cuando fue desmantelado por la policía su local de reunión.

Luego llegaron los años 70, una época de transformación social y de resistencia política y aparecieron los cantautores que tomaron el relevo a los rockeros. Labordeta, Joaquín Carbonell y La Bullonera formaron la tríada aragonesa de la canción popular, aunque junto a ellos funcionaron también otros nombres como el de Tomás Bosque, Boira, Ana Martín, Pilar Garzón y Valentín Mairal.

Carbonell,Labordeta y La Bullonera fueron tres activistas de la canción durante los últimos años del franquismo y en los primeros de la Transición. Sus recitales en pabellones, teatros, colegios mayores, frontones y hasta en remolques de tractor eran no sólo celebraciones musicales sino auténticos actos de reivindicación política en los que el público, de izquierda obviamente, coreaba las canciones y al mismo tiempo lanzaba gritos en favor de la amnistía, el autonomismo o la libertad democrática. Mientras estuvieron en candelero, en torno a ellos se vivió una efervescencia político-musical que se fue desvaneciendo a medida que la democracia fue normalizando la vida política y social del país (el famoso «contra Franco vivíamos mejor»). Labordeta, aún en activo, cuenta con una docena de discos, mientras La Bullonera rubricó cuatro y Carbonell, siete, incluido el grabado en directo en 2000. Durante los años 70 y mientras mandaron los cantautores el rock permaneció mudo en Aragón. Sólo Micky Mouse y Pedro Botero lograron unas ciertas cotas de popularidad en Zaragoza pero nunca lograron salir del entorno puramente local y mucho menos grabar discos. Micky Mouse nació casualmente del encuentro de varios músicos en una sala muy conocida por aquella época en Zaragoza, Chal Chal. Necesitaban un grupo para tocar por las tardes y éste se formó de inmediato con los hermanos Peralta (Chema y Pedro), Mariano Conget y Chus Fernández. Con diversas formaciones sobrevivió hasta el año 79, tocando rock y jazz en salas y en la Universidad, siendo su logro más importante la participación en el espacio «Popgrama» de T.V.E. Pedro Botero, por su parte, procedía de Casetas y tocaba rock duro y sinfónico. También intervino en «Popgrama», pero no fue hasta muy entrados los ochenta cuando empezó a grabar discos.

A finales de los 70 y comienzos de los 80, a la rueda de la ebullición creada por la llamada «movida madrileña» y de la liberalización que trajo el socialismo, la situación empezaría a cambiar notablemente en Aragón, y en particular en Zaragoza. Un promotor valiente, Jaime Borobia, comenzó a organizar actuaciones en colegios mayores —Lasalle, Cerbuna— y otros lugares insospechados como los bajos del Mercado Central, donde en abril del 78 tuvo lugar el primer y único festival punk que se celebró en Zaragoza, con la participación de varios grupos catalanes que pusieron en evidencia las ganas que la gente joven del momento tenía de diversión y música en directo. Hasta tiraron las puertas y saltaron por encima de los organizadores para no perderse las actuaciones (y no pagar, claro).

Asimismo el pop rock aragonés comenzó a dar sus primeras señales de vida con Bawlers, Acolla, Curroplastic, Alta Sociedad, Golden Zippers y Vam Cyborg. Bawlers fue un intento frustrado por revivir el sonido Beatles en Zaragoza a través de cuatro animosos jóvenes. Acolla procedía de Andorra y fue el primer grupo en grabar una cassette oficial, que para como estaban los tiempos fue una proeza. Entonces se llamaban A Colla Do Sono Eléctrica y llevaban una empanada mental que ni ellos mismos sabían por dónde iban, pero más adelante aclararon ideas y bajo el lema del «lignito rock» grabaron algunos estimables discos. Vam Cyborg iban de «cósmicos», montando sesiones «planeantes» en las que junto a los sintetizadores era posible ver los momentos más escatológicos de la película Alien. Golden Zippers eran rocabillies y la Curroplastic una transformación pop de Micky Mouse cruzada con el grupo satírico Puturrú de Fuá Buscar voz..., que pese a tener acceso a las grabaciones no logró cuajar. Como tampoco lo hizo la gran esperanza del pop zaragozano en los primeros ochenta, Alta Sociedad, un grupo pop en onda Mama y Nacha Pop que tras dos singles colgó los instrumentos. Su sonido y sus canciones fueron, no obstante, muy estimables.

Pero el panorama musical aragonés y especialmente el zaragozano, no empezaría a echar humo rockero hasta que en medio de la conmoción internacional de la nueva ola, el tecno-pop y los nuevos románticos, no llego el I Concurso de Pop y Rock organizado por el Ayuntamiento de Z. en 1982. La toma democrática del poder municipal por el partido socialista contribuiría decididamente a este segundo sobresalto rockero de los primeros ochenta. La revista El Pollo Urbano desde su tribuna ácrata dio la voz de alarma censando a una quincena de grupos hasta ese momento totalmente subterráneos, sólo conocidos en los ambientes del barrio o entre amigos, y el Ayuntamiento preparó la rampa para dar a conocer a esos grupos convocando el concurso, una idea que tuvo mucha aceptación ya que algunos grupos se formaron aprisa y corriendo con la idea única de participar en él.

La fase previa tuvo lugar en el local social del barrio de Santa Isabel. Se presentaron 39 y el jurado, formado por especialistas de radio y prensa, tuvo que cavilar hasta que seleccionó las maquetas de los 24 participantes. Ferrobós y Doctor Simón y Los Enfermos Mentales fueron los que se alzaron con el triunfo, pero quizá lo de menos, con ser importante, fueran los ganadores sino el aviso tan palpable que dejaban los 39 que se presentaron: en Zaragoza había grupos de rock, pocos y discretos, incluso muy malos, pero los había, cosa que durante la década anterior, ni flores.

De esta manera, en plena década «posmoderna», el rock local y las actuaciones de grupos nacionales e internacionales en Z. fue creciendo en interés. Poco a poco iban llegando actuaciones grandes a la ciudad. El interés, incluso, por la música pop subió hasta el extremo que los propios partidos políticos incluyeron en sus programas para las elecciones municipales del 83 acciones para proteger y mejorar la música joven.

La marea rockera, pese a las carencias infraestructurales —falta de locales, promotores, estudios de grabación...— denunciadas por el guitarrista Tito de Pekora Harris, subió, no obstante, a su nivel más alto cuando tan apenas dos años después del concurso municipal, es decir, en marzo del 84, el ayuntamiento convocó la I Muestra de Pop Rock y otros rollos de la ciudad, una cita que reunió a lo largo de los días 23, 24 y 25 de marzo a más de 25.000 jóvenes y que mostró lo más «actual» de la moda y la música del momento. Por el escenario instalado en el pabellón francés de la antigua Feria de Muestras desfilaron 51 grupos de todos los géneros —heavy, sobre todo— mostrando que Zaragoza, al igual que Madrid, Barcelona, Vigo o Valencia, tenía también su «movida» y que por aquí éramos tan modernos como en la Villa y Corte. La idea comenzó a tomar forma en octubre del año anterior, en una reunión convocada por medio de la proclama «Vamos a quemar Zaragoza». Unas quince personas y algunos colaboradores esporádicos formarán el G.O.M. (Grupo Organizador de la Muestra) que sacará adelante el proyecto con el patrocinio de la delegación de la Juventud del Ayuntamiento de Zaragoza y la colaboración de la Diputación Provincial y la Dirección General de la Juventud (Ministerio de Cultura).

La Muestra se hizo con una doble intención: por una parte, ofrecer a los grupos zaragozanos la posibilidad de dar a conocer su trabajo fuera del espíritu competitivo de los concursos; por otra, mostrar todas aquellas manifestaciones que están alrededor del Rock: fanzines, vídeos, discos, moda, revistas, etc.

En ese mismo año 1984, se dan también los primeros movimientos destacables entre los músicos de Huesca. Fruto de ello es la grabación del disco «La Movida Rockera de Huesca», con el patrocinio de la Comisión de educación, Cultura, Deporte y Fiestas del Ayuntamiento. En el disco participan cuatro grupos: Devislay, Vade Retro, Orni y Ejercicios Espirituales. Paralelamente a esa explosión de ideas y nuevos grupos, el Ayuntamiento de Zaragoza fue ofertando una programación musical que sirvió para ahuyentar la modorra cultural y musical sufrida durante el franquismo y para que cada vez más el público joven fuera interesándose por la música en directo. El estadio de La Romareda, con los macroconciertos de las fiestas del Pilar; el Rincón de Goya, con sus refrescantes actuaciones veraniegas; la plaza de toros, con el Festival Internacional de Música Popular, y la sala El Plató, con los grupos de la movida madrileña y aragonesa, fueron los centros esenciales del flamante y curioso estallido musical que vivió la ciudad de Zaragoza en los inicios de los ochenta, un estallido que externamente sirvió para que una nueva generación de jóvenes cambiara las trenkas y las canciones protesta de sus antecesores por la explosión colorida y vistosa del pop-rock así como un deseo irrefrenable por ser nuevos y originales. Efectos irrebatibles de la democracia y de los aires de libertad que trajo el socialismo.

Faltaba, sin embargo, un grupo que consolidara y diera a conocer este emergente movimiento que vivía Z. y que otras ciudades con menos entidad como Vigo o Málaga ya habían conocido antes, por no olvidar la famosa movida madrileña. Lo intentaron Vocoder’s, Vam Cyborg y Alta Sociedad pero ninguno de ellos lo consiguió. Curiosamente ese primer triunfo llegó por partida doble pero desde frentes y lugares inesperados: desde Huesca, que hasta entonces no había mostrado signos de vitalidad musical, con Mestizos, que macerando un pop-rock de claras connotaciones soul, logró darse a conocer en toda España con sus dos primeros elepés —Por el día y por la noche (86) y La pócima del amor (87)—, y desde el lado sáurico y desenfadado con Puturrú de Fuá, un trío que poniendo el solfa a tirios y troyanos llegó a alcanzar laureles nada desdeñables en el último tramo de la década de los ochenta, inmortalizando en el 86 un sabio consejo: «No te olvides la toalla cuando vayas a la playa».

Faltaba, no obstante, todavía un grupo serio, popular, moderno, masivo, con buena imagen y buenas canciones. Y ese esperado grupo, por fin, llegó con Héroes del Silencio Buscar voz.... A finales del año 84, de la fragmentación de varios grupos participantes en la Muestra nacieron los Héroes, al principio, un trío con los hermanos Valdivia y Enrique Bunbury y después un cuarteto formado por este último, Juan Valdivia, Joaquín Cardiel y Pedro Andreu.

Héroes del Silencio fue el mayor fenómeno musical surgido hasta ahora en Aragón y podría decirse que del pop español si se tienen en cuenta los más de dos millones de discos vendidos en todo el mundo y sus exitosas giras por Europa y América. Hasta el propio príncipe de España los recibió en audiencia en julio del 93. Su separación como grupo tuvo lugar en 1996.

Pero Héroes del Silencio, aunque fueron los que ganaron la partida arrasando no estuvieron solos en su despegue. A mediados de los ochenta, otra nueva generación de grupos, alentada por la prensa, los programas de radio especializados —sobre todo, «El Selector», presentado por Cachi en Radio Zaragoza—, la celebración anual del concurso «Medio Kilo de Rock» y la apertura de dos salas de conciertos -—Metro y En Bruto— convertirían a Zaragoza en uno de los centros musicales más activos del país, hasta el punto que no era raro ver por aquí a cazatalentos dispuestos a llevarse un grupo aragonés a sus catálogos discográficos. Como así ocurrió. Un dato bien revelador: si entre los años 70 y 80 Aragón tan apenas alumbró media docena de discos de pop-rock, tan solo en el otoño del año 90 salieron a la luz una docena, y casi todos ellos en grandes compañías discográficas.

La nómina de grupos fue espesa. Niños del Brasil grabaron su primer LP de forma independiente pero a continuación ficharon por la multinacional Sony y sacaron dos elepés más que le pusieron en candelero nacional. Días de Vino y Rosas grabó uno de los discos de mayor calidad que se han grabado en esta tierra pero una fricción con su sello les llevó al olvido y después a la disolución. Intrusos consiguieron empaquetar su pop ligero, con cierto toque mod, a través del sello Hispavox. Visitantes hicieron lo propio con Epic y Combays y su rumbabilly salieron a flote con Dro mientras que El Regalo de Silvia, la mejor trasposición que nunca se vio por aquí de la Velvet Underground, lo hacía con La Fábrica Magnética, Especialistas con C.B.S., Las Novias con Polygram y Dynamos con el sello catalán Welcome Records. Igualmente, Más Birras, el más madrugador de todos, se convirtió en el ariete del sello aragonés por antonomasia, Grabaciones Interferencias, plataforma también a través de la que se lanzaron discográficamente los inquietos muchachos de John Landis Fans, los más literarios de Ferrobós, los duros Tako (de Ejea) y los revivalistas Proscritos (de Binéfar).

Caso aparte es el de Distrito 14 Buscar voz..., el único grupo sobreviviente del concurso municipal del 82 que hasta el 94 no vio su primer L.P. en la calle. Todo un ejemplo de tenacidad. Tras el citado concurso, el grupo, liderado por Mariano Chueca, uno de los rockeros más peculiares de la región, cambió de orientación cayendo en una especie de heavy-rock que no gozó del favor del público, por lo que tuvo que ver cómo un disco grabado en Alemania se quedaba en las estanterías sin publicar y cómo su nombre original se transmutaba por el de Pekora Harris para añadir más contusión a su camino. Afortunadamente a finales de los 80 enderezó el rumbo y en el 94 veía la luz su primer LP, El cielo, lo sabe, con grandes canciones en su interior. Su música ha llegado ya en directo a Cuba y Estados Unidos.

Los primeros 90 conocieron pues la explosión discográfica mayor que se haya conocido en Aragón —más de una veintena de discos vieron la luz en el bienio 1990-1992—, pero lamentablemente ninguno, salvo los de Héroes del Silencio logró éxitos comerciales notables, por lo que los grupos de la misma manera que entraron fueron saliendo de las grandes compañías discográficas, obligando incluso a las aragonesas como Grabaciones Interferencias, que había hecho un notable papel en la promoción de grupos de la tierra, a cerrar.

Siguieron una par de años de crisis discográfica y grupal, con un concierto en favor del sello Interferencias, celebrado en febrero del 1992, que simbólicamente venía a trazar la línea divisoria del antes y el después del pop aragonés, el ascenso y la crisis. Mientras que el segundo tramo de los 80 y parte de los primeros 90 habían sido un hervidero de grupos y discos, desde el año 93, aproximadamente una vez producida la criba discográfica en los grandes sellos, Aragón volvió a convertirse en un secarral discográfico —se editaron discos de INK, Luxury Beat, Última Cruzada, Soul Mondo, Iguana, El Bosque, Reverendos, Nexus... pero con ventas restringidas— o cuando menos en un período de grupos anodinos y de escasa proyección. Incluso desapareció el «Medio kilo de Rock», cuyo premio en sus últimas ediciones no era «medio» sino «tres cuartos» (el coste de la vida sube). Sólo El Niño Gusano, con su pop surrealista y sus canciones de aromas sesenteros, trajo aires nuevos a la música aragonesa, convirtiéndose en el ecuador de los noventa en el recambio de Héroes en cuanto a proyección nacional aunque sus cifras de ventas —no más de tres mil copias vendidas de cada elepé— sonaban a ridículas en comparación con las millonarias del grupo de Enrique Bunbury. Este grupo, formado en 1993 tuvo durante toda su vida (hasta verano de 1999) una legión de seguidores muy fieles y excelentes críticas. Cual Cid «regresaron» en junio de 2000 con un disco doble recopilatorio (Fantástico entre los pinos, Grabaciones en el mar) para despedirse a lo grande.

El pop, pese a estos vaivenes, no había muerto, sin embargo. Pues si no funcionaban los grupos de casa sí lo hacían los de fuera, como lo demostraban los llenos que por regla general en fiestas del Pilar se registraban cada vez que el ayuntamiento o alguna entidad privada traía a un artista nacional o internacional de primera categoría, mostrando que había interés por la música pop en vivo pero sólo ante figuras consagradas. El récord de público hasta hoy lo sigue teniendo Miguel Ríos quien en el 83, dentro de su gira «Rock de una noche de verano» logró convocar a 50.000 personas, modelando una inolvidable noche de música brava, sinfonías rockeras y fuegos artificiales. Tina Turner llegó a convocar a 35.000 personas al igual que Dire Straits, mientras Mecano convocó a 40.000 personas en su gira de 1987, poniendo a prueba no sólo la capacidad del estadio sino la paciencia del público que tuvo que esperar más de dos horas a que el grupo apareciera en el escenario por un fallo en el suministro eléctrico. El Último de la Fila siempre ha salido victorioso del césped de La Romareda: tres veces que ha actuado allí —la primera como Los Rápidos— tres veces que conquistó al numeroso público que fue a verles. Sting congregó en el 88 a unas 20.000 personas mientras que Ray Charles, Aute, Serrat, Spandau Ballet, Radio Futura, Alaska, Víctor y Ana Belén en años anteriores anduvieron por las 10.000-15.000 personas. Claro que el bombazo mayor en cuanto a actuaciones en vivo de grandes figuras lo tuvo Michael Jackson la noche del 2l-IX-1996, reuniendo a 40.000 personas ante un fastuoso escenario. Nunca la ciudad había conocido expectación mayor ante un ídolo pop. El cantante fue perseguido por masas enfervorizadas de jóvenes fans a las puertas del hotel y durante su actuación, rubricando así una presencia epopéyica. Lo mismo que la de Kiss en la plaza de toros en 1997. El pop en Aragón había recorrido un largo trecho: de los primeros rockers de los sesenta y del raquitismo de los setenta/ochenta se había llegado a los macroespectáculos de los noventa y a los grupos con éxito internacional como Héroes y Distrito 14. Un paso de gigante.

Los últimos años de la década de los noventa han visto otro boom musical parecido al de los primeros. Los bares con actuaciones en directo y salas de conciertos se han multiplicado como setas (Concierto Sentido (Z.), Morrisey (Z.), El Sol (Z.), El Edén (H.), Jai Alai (H.)...), al igual que los concursos musicales: «Concurso Pop-Rock El Sol», «Zerbuna», el recentísimo «Bílbilis-Rock», creado en 2000 en Calatayud, y sobre todo el «Sonda» que desde 1997 se ha erigido en heredero del «Medio Kilo de Rock» en cuanto a poder de convocatoria y cuantía de premios. De este concurso han salido grupos tan interesantes y prometedores como La nube, El Polaco, N de No, Kase O, Superyo, Lengua de trapo, etc.

En cuanto a festivales de rock, el hito más importante fue la creación en Zaragoza en 1995 del «ZZ-Rock». Nació con voluntad de convertirse en un macrofestival al estilo del «Espárrago Rock», «Doctor Music Festival» o «Festimad». Su primera edición, celebrada en el Auditorio fue la más ambiciosa, y contó durante tres días con dos escenarios, puestos de discos, tatuajes, piercing, etc., y una zona de acampada a las afueras de la ciudad. El balance económico hizo que en las sucesivas ediciones hubiera que desfilar religiosamente por taquilla, ya que el primer año, la mayoría de la gente decidió quedarse en el escenario al aire libre al calorcito de la gratuidad. Esto no desanimó a los organizadores, que siguieron trayendo año tras año a lo mejor de la escena local, nacional y mundial: Def con Dos, Mau Mau, Os Diplomáticos, Amparanoia, El Niño Gusano, Los Fabulosos Cadillacs (directamente desde Argentina y exclusivamente para ese concierto en España), King Changó, etc. Inexplicablemente el público no respondió masivamente, como hubiera sido lógico dada la calidad de los artistas, y Aragón se quedó sin lo que podía haber sido la cita anual más importante del rock en nuestra tierra (la de 1998 fue la última edición). Afortunadamente, en mayo de 2000 nace «Mercamúsica» en Ejea, una feria que según sus organizadores busca «animar y potenciar la actividad musical en Aragón como sector cultural que carece, la mayor parte de las veces, de marcos de exhibición y promoción». Los stands y conciertos configuraron un amplio escaparate de las tendencias sonoras aragonesas del momento; habrá que dejar pasar el tiempo y ver si se consolida.

La nómina de grupos aragoneses con proyección en estos años es inmensa. Haremos un repaso de lo más granado conscientes de la imposibilidad de que estén todos los que son:

Comenzaremos por Bunbury, que desde la disolución de Héroes ha desarrollado un trabajo creativo impresionante. Sus dos discos en solitario han sorprendido a todos para bien, aunque en un principio le fuera difícil cuajar entre los fans a los que les costaba desconectar su chip «Héroes». Pero con todo, el éxito de Bunbury y el del zaragozano Juan Perro Buscar voz..., que lleva en esto de la música muchos años, son novedades relativas si tenemos en cuenta una novedad absoluta: la irrupción en el panorama nacional de Eva Amaral («nuestra reina del soul», como gusta llamarle el escritor Mariano Gistaín). Esta cantante, acompañada del guitarrista Juan Aguirre (ex «Días de vino y rosas») se ha ganado el respeto y la admiración de la industria discográfica con sus brillantes canciones y sobre todo por su espléndida voz. Sus dos discos en el mercado contienen un pop-rock lleno de sensibilidad y vivencias personales que ha encandilado a crítica y público por igual. Todo un hallazgo.

Aunque aparezcan también en la voz Folk moderno Buscar voz..., hay que reseñar aquí (tal es la dificultad de identificar su estilo musical) a Ixo Rai! Buscar voz..., que junto a Amaral es uno de los grupos que en los dos últimos años han salido de las lindes de Aragón para aumentar la prole de sus seguidores.

Otros cuyos fans son legión tanto en su tierra como fuera son los Berzas, un grupo con composiciones propias pero cuya especialidad son las versiones paródicas de todo tipo de canciones y estilos musicales que realizan sin ninguna clase de vergüenza. Han conseguido elevar el cachondeo (y por qué no decirlo, la grosería) a la categoría de arte. No hay más que comprobarlo en directo: diversión y desenfreno asegurados. Pueden presumir de ser el grupo más gamberro que ha dado Aragón en mucho tiempo (Puturrú de Fuá a su lado eran unos benditos).

En estado de gracia están Especialistas, un grupo que hacía world music mucho antes de que se acuñara el término. Su último disco, salido a la venta el 26 de junio de 2000 (Mundo Verbena, B.M.G. Ariola), pone de manifiesto su valía (otra vez) y los confirma como uno de los mejores grupos aragoneses.

Tampoco Malamente son flojos. Estos zaragozanos no acaban de dar el salto definitivo al ruedo nacional (todo llegará), pero se han convertido en uno de los descubrimientos más agradables de estos años.

Aunque Zaragoza registra la concentración de la mayoría de los grupos, Huesca y Teruel han sorprendido gratamente pariendo a Less y Azero, respectivamente, ambos con su primer disco en la calle. Los primeros mezclan fuerza guitarrera y melodías con aires brit-pop; los segundos (de La Codoñera, para más señas), en la línea de los ejeanos Tako (grupo cañero por excelencia, liderado por Mariano Gil y en activo aún desde los 80), nos dan una idea de por dónde van sus tiros con el título de su disco: Rock de pueblo. Rock potente es lo que ofrecen también el trío Sick Brains y el grupo Mallacán. Estos últimos (a los que se les ha llegado a llamar «los Negu Gorriak» aragoneses) han conseguido algo inédito: obtener un cierto éxito en el panorama nacional cantando exclusivamente en aragonés. Mezclando gaitas de boto, dulzainas y trompetas con guitarras eléctricas y batería, logran un estilo bastante característico, y más aún con la incorporación de una estupenda voz femenina al conjunto y una apertura a ritmos no exclusivamente rockeros (ska, reggae, cumbia, rap...).

En cuanto a artistas internacionales que hayan pasado últimamente por nuestras tierras cabe destacar a Oasis, Bruce Springsteen, Lou Reed, Prince...

Terminaremos dedicando un párrafo al hip-hop, un estilo que, si bien no goza del predicamento que puede tener en Madrid y Barcelona, cuenta con multitud de seguidores. De entre todos los grupos y raperos surgidos en Aragón con mayor o menor calidad (¡Qué pasa!, Bufank, El abogado corrupto, Klaan, etc.) el mejor de todos sin ningún género de duda son los Violadores del Verso (Doble V), cuyos componentes, después de muchos años rimando, han llegado a un gran nivel de calidad compositiva, tanto en sus textos como en las programaciones que los acompañan. Aunque su modestia le impide reconocerlo, su líder es Kase O, un primer espada de la rima en todo el Estado español, a la altura de Frank T. o Mucho Muchacho, que ha colaborado con múltiples artistas, aragoneses o no, dedicados al hip-hop o no, y con amplia experiencia en solitario. Su éxito les ha llevado a triunfar en festivales de este tipo, a aparecer en programas de televisión de alcance nacional y a grabar en Nueva York su disco Genios (Avoid, 1999)

 

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Los Violadores del Verso...Los Violadores del Verso

Concierto de David Bowie ...Concierto de David Bowie en Zarago...

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Entrada del ZZ Rock...Entrada del ZZ Rock

Mas Birras...Mas Birras

Amaral...Amaral

Mallacán. Grupo de rock e...Mallacán. Grupo de rock en aragonés

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Los Berzas, <i>Amándome</...Los Berzas, Amándome

Rocky Kan...Rocky Kan

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