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Piedra, tríptico-relicario del monasterio de

Contenido disponible: Texto GEA 2000

(Arte) Una de las obras de arte más importantes de la Edad Media aragonesa es el tríptico-relicario que, procedente del monasterio de Piedra, se conserva, desde 1851, en la Academia de la Historia de Madrid.

El tríptico es un mueble en forma de armario, de poca profundidad y grandes dimensiones (2,44 m. de alto por 3,67 m. de ancho): en él pueden distinguirse tres partes: el tablero del fondo, el coronamiento y las puertas de cierre.

Sujeto a un grueso armazón, el tablero está finamente decorado con abundancia de oro y en él se abrieron siete arquerías góticas para la colocación de las reliquias; en la del centro se guardaba la Sagrada Forma consagrada en el milagro del Sacro Dubio de Cimballa (Zaragoza) y en la parte baja lleva la inscripción: dopnus martinus poncci, abbas.

El coronamiento es un friso de mocárabes que sobresale del tablero 14 centímetros por cada lado; bajo los mocárabes se hallan pintadas dieciséis medias figuras: Dios Padre, Cristo, doce apóstoles y dos figuras laterales. Entre los mocárabes, escudos del abad del monasterio, que aparece como donante, las armas del propio monasterio, las barras de Aragón, y de algunos nobles de la comarca de Calatayud.

Lo más interesante del tríptico son las dos hojas de cierre; en la parte interior tienen pintados, cada una, cuatro ángeles músicos, con instrumentos muy curiosos, y vestidos con albas y dalmáticas de diversos colores. En la parte superior, rica labor de lazos mudéjares de varios colores, enmarcando rosetas.

El exterior de las hojas tiene una orla de marquetería, de motivos de lazo con estrellas de ocho puntas; en el centro de cada una de las puertas, seis historias pintadas, cuya disposición recuerda a los frontales de altar medievales. En la hoja de la izquierda, historias de la vida de la Virgen: Abrazo de San Joaquín y Santa Ana, Nacimiento de la Virgen, su Presentación en el Templo, Anunciación, Visitación y Nacimiento de Cristo. En la hoja de la derecha, escenas de la Pasión de Cristo: Oración en el huerto, Lavatorio de Pilatos, la Cruz a Cuestas, Crucifixión, Calvario y Descendimiento. En las enjutas de cada una de las tablas hay ángeles y profetas con inscripciones. Otra larga inscripción recorre la parte alta y baja de las hojas y en ella se explica que el Tabernáculo fue construido en honor del Cuerpo de Cristo, de la Virgen, de la Corte angélica y de los Apóstoles; con todo ello se corresponden las pinturas del mismo. También se dice que se pintó en el año 1390.

El aspecto que puede ofrecer el relicario es doble: cerradas las puertas, aparece como un retablo, un tanto singular; con las hojas abiertas, adquiere forma de expositorio de las reliquias.

Valorando esta obra, se ha insistido en su inspiración en los retablos de orfebrería medievales y se ha destacado su labor de marquetería mudéjar, dejando un poco olvidado el valor de las pinturas. Sin embargo, es una obra excepcional en la que la pintura y ornamentación se conjugan perfectamente; y supone, como se ha dicho, la síntesis entre el concepto oriental de la decoración y el sentido occidental de la pintura.

Estas pinturas marcan el final del período italogótico y el comienzo del internacional, si en los ángeles del interior de las hojas se observan huellas del estilo de los Serra, en las escenas del exterior se aprecia una tendencia renovadora de carácter más nervioso, producto de una intención realista y patética, a veces no conseguida, y de rico cromatismo combinado caprichosamente.

Es posible advertir, incluso, dos estilos diferentes en las escenas de cada una de las dos hojas; las de la derecha ofrecen cierta relación con el estilo de Borrassá.

En esta obra intervendrían varios artistas: mazoneros, tallistas, doradores y pintores; todos bajo la dirección de un maestro. Se ha propuesto el nombre del judío, o descendiente de judíos, Guillén de Leví —pintor tallista— como uno de los principales artistas de esta excepcional obra de arte que significa la expresión más genuina del mudéjar aragonés y el nacimiento de la escuela aragonesa de pintura gótica.

• Bibliog.: Amador de los Ríos, J.: «Gran tríptico relicario del monasterio de Piedra en Aragón, en la Real Academia de la Historia»; Museo Español de Antigüedades, tomo VI, Madrid, 1875. Mañas Ballestín, F.: Pintura gótica aragonesa; Guara Editorial, Zaragoza, 1979. Mayer, A. L.: La pintura española; Ed. Labor. Tormo Monzo, E.: «La pintura aragonesa cuatrocentista»; Bol. de la Sociedad española de Excursiones, tomo XVII, 1909. Torralba Soriano, F.: Monasterios de Veruela, Rueda y Piedra; Ed. Everest, León, 1975.

 

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