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Pianofortes

Contenido disponible: Texto GEA 2000

(Mús.) Aragón fue uno de los pioneros en la construcción de este tipo de instrumentos, que con un principio mecánico análogo al del clavicordio (percusión de la cuerda mediante un macillo), desplazó, en el último tercio del siglo XVIII al clavecín barroco. Uno de sus máximos atractivos era la posibilidad de realizar perfectamente un fraseo dinámico que no estuviese ligado a la «dinámica en terrazas» propia del barroco Buscar voz.... El contraste entre piano y forte explica el origen de la palabra (tenemos también atestiguado fortepiano). Finalmente el apócope piano termina imponiéndose en nuestro idioma.

Forniés Casals ha aportado los datos fundamentales que nos demuestran la importante iniciativa aragonesa, que, desgraciadamente, no tuvo continuidad. La documentación proviene principalmente de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País.

Antonio Enríquez, maestro ensamblador, nacido en Villar del Salz en 1747 (según Latassa), presentó en 1778 diversos artefactos a la Real Sociedad, que estaba interesada en proteger la artesanía y la manufactura mediante un sistema de premios y subvenciones. Entre estos artefactos figuraban dos pianofortes de madera de haya, similares a los ingleses o italianos, cuyo coste era la mitad de los extranjeros. Estos instrumentos se encontraban en el convento Jesús Extramuros de Zaragoza y se invitaba a la Sociedad a probarlos, pues no podían transportarse porque se desafinaban. La Real Sociedad comisionó a Francisco Javier García Fager y a José Nebra, maestro de capilla y organista, respectivamente, de La Seo, quienes tras probarlos afirmaron que eran muy inferiores a los extranjeros. Por este informe se recomendó a Enríquez que corrigiera los defectos de los instrumentos y así, un año más tarde, volvió a pedir que se probasen. El conde de Torresecas, asesorado por los peritos de rigor, dictaminó que los pianofortes y los monacordios de A. Enríquez habían sido mejorados sustancialmente y su precio había sido rebajado con respecto a los anteriores, aunque se sabía que en Sevilla se fabricaban estos instrumentos con gran perfección. Se le premió y se le anunció en la Gazeta de Madrid, que es la que cita Lozano en su Memoria Histórico-Crítica.

En 1780 volvió Enríquez a presentar pianos y monacordios. Los pianofortes tenían de seis a ocho palmos de longitud y se fabricaban en tres modelos diferentes. En 1796 la Sociedad premió a Tomás Torrente, maestro carretero, por un pianoforte que había construido. Los informes acerca del instrumento son bastante detallados (tipo de maderas empleadas, taraceas, etc.). El interior, en virtud de los materiales empleados y del cuidado de su montaje, era muy compacto. El constructor había ideado un sistema fácil de desmontar el teclado, sin peligro de dañar las cuerdas, innovación ésta que no se hallaba en los tratados de construcción de instrumentos musicales de la Enciclopedia de Diderot y D’Alembert. La dureza del teclado podía regularse y el sonido era juzgado como muy bueno. Las pruebas de este instrumento fueron realizadas por Joaquín Laseca, organista mayor de La Seo.

Forniés Casals concluye su investigación afirmando: «Puede, pues, asegurarse que en Zaragoza la construcción de los instrumentos musicales, en especial los pianos y los monacordios, se mejoró considerablemente en el último cuarto del siglo XVIII, con el fin de sustituir a los importados, y que en este proceso intervino la Real Sociedad con su asesoramiento directo y apoyando a quienes se ocupaban de estas manufacturas, llegando incluso a mejorarse los modelos explicados en la Enciclopedia, compendio éste que era utilizado normalmente por los individuos de la Sociedad como obra de consulta». Además, añadimos nosotros, sorprende la rapidez con que este instrumento llega a Zaragoza. En el momento en que Enríquez presenta su primer lote de instrumentos muchas de las casas inglesas más antiguas están echando a andar. Y ya vemos, por el peritaje de García y de Nebra, que estos instrumentos les son conocidos, pues los comparan con los extranjeros. Desafortunadamente ni uno solo de estos instrumentos están documentados en alguna colección o hallazgo, por lo que nuestra información no deja de ser muy pobre al no contar con lo más importante, el propio instrumento.

Lozano nos completa esta parcela de la cultura musical aragonesa, hoy totalmente perdida: «Desde el primer tercio, del siglo XIX, hubo en Zaragoza un hábil constructor de pianos horizontales y de monacordios. Llamábase Tomás Torrente [con toda seguridad el maestro carretero que cita Forniés], y con él aprendieron Pedro Serrano y su hijo Teodoro, quienes han hecho todos los monacordios en que se educan los infantes de las catedrales, además de fabricar un gran número de pianos. Existen dos fábricas de estos instrumentos. La principal, fundada el año 1860, es la de los señores Soler e Hijos, que tiene hoy fama y renombre muy merecidos. En proporciones más modestas existe otra fábrica, cuyo dueño, Pío Perales, logró a fuerza de laboriosidad elevarla a buena altura. Hoy lleva esta fábrica la razón social Viuda e Hijos de Perales».

• Bibliog.: Forniés Casals, J. F.: La Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País; Madrid, 1978, pp. 309 y ss. Lozano, A.: Memoria Histórico-Critica; Zaragoza, 1895, p. 89.

 

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