Aragón en los inicios del siglo XX: Del Desastre del 98 a la II República
Sombra

Tema 5. El nacimiento del aragonesismo

Otro factor que sirvió para acabar con la paz social de la Restauración fue el nacionalismo periférico. En Aragón no tuvo una excesiva incidencia política, sobre todo si se compara con los movimientos nacionalistas vasco y catalán, y en menor medida gallego. Pero sí impregnó buena parte de las demandas sociales o económicas y protagonizó una intensa actividad cultural en la que se destacaban los rasgos identitarios.

El aragonesismo nace del seno de la primera burguesía capitalista que, en la segunda mitad del siglo XIX, supo amalgamar la defensa del Derecho civil aragonés frente al código unificador, la recuperación crítica de valores culturales propios aragoneses, la mitificación romántica de los orígenes del reino, la visión idealizada de sus instituciones medievales, la significación de las luchas históricas frente a la castellanización de Aragón y la asimilación política del federalismo republicano con ideas pactistas.

El conocimiento de la historia y la costumbre aragonesa eran para Costa los puntos de partida para la búsqueda del progreso. Llegará a decir: "Los pueblos no abdican fácilmente de su pasado, que sería abdicar juntamente de su porvenir". En este conocimiento del pasado colaboran en buena medida los estudios publicados en la Revista de Aragón, pese a que no se declare regionalista. También se celebrarán Congresos de Historia de la Corona de Aragón, como el de Huesca en 1920.

En cuanto a uno de los elementos que más habían unificado otros nacionalismos, el lingüístico, en Aragón no se hizo una bandera de él. Esto se debe en buena medida porque se estimaba erróneamente al aragonés como un dialecto del castellano sin entidad propia. A eso había que sumarle la baja consideración social de sus hablantes sobre el idioma, recluidos al medio rural del norte de Aragón, analfabeto en su mayor parte.

En el siglo XIX surgen las primeras colecciones de voces aragonesas como las de Mariano Peralta o Gerónimo Borao, sin embargo los primeros estudios lingüísticos con rigor científico los realiza el francés Saroïhandy. Los trabajos de este pionero tendrán su continuidad sobre todo en los años treinta con las obras de Pardo Asso, Kuhn o Elcock.

En cuanto al aspecto únicamente político, tras la experiencia fallida en el Sexenio Revolucionario se abandonarán las tesis federalistas en Aragón. Solo en 1883 se celebrará en Zaragoza una Asamblea Federal presidida por Pi y Margall en donde se iban a tratar cuestiones sociales del movimiento obrero y además se elaboró un proyecto de Constitución Federal para Aragón. Pero el federalismo ya no renacerá en cuanto tal. Sus sucesores son los movimientos regionalistas, para los cuales la autonomía se acerca mucho al concepto anterior de federación. Esta asamblea tiene su continuación en 1897 cuando se celebra la Asamblea Regionalista de Alcañiz, inicio del autonomismo aragonés.

A partir de 1910 se inicia el asociacionismo de carácter aragonesista con la Liga Regional Aragonesa. La Liga no pretendió convertirse en un partido político, era una especie de solidaridad regional, de escasos meses de duración, aglutinante de cuantos estuviesen dispuestos a luchar "por Aragón y para Aragón", aunque sin una concreción de un regionalismo de metas y perspectivas suficientemente definidas. A la cabeza del movimiento figuraron hombres de diferente procedencia política e ideológica, tales como Luis Higuera, marqués de Arlanza (presidente de la entidad), Marceliano Isábal, Emilio Gastón, José Gascón y Marín, Juan Moneva, etc.

Surge ahora una prensa de carácter regionalista representada sobre todo por La Crónica en la tendencia conservadora, dirigida en su primera etapa por García Mercadal, y en la época más aragonesista por Giménez Soler. El regionalismo de tradición federal y republicano será representado por El Ideal de Aragón, dirigido por Venancio Sarría.

Otra experiencia será La Unión Aragonesa, una asociación cultural fundada en 1914 y presidida por Giménez Soler que tenía por objeto procurar la formación política del pueblo aragonés dentro de las ideas autonómicas. La distinta procedencia política e ideológica de sus principales impulsores provocará que no avancen en su programa y la Agrupación dejó de existir a mediados de 1915, pero sus protagonistas figuraron al frente del regionalismo aragonés en los años sucesivos (Giménez Soler, García Mercadal, Moneva, Poza, Marraco…).

El principal proyecto político es la Unión Regionalista Aragonesa, constituida en 1916 con miembros de la extinta Unión Aragonesa. Su ámbito inicial se circunscribía al zaragozano únicamente, pero con la creación de la Acción Regionalista de Aragón accedió a todo el ámbito aragonés con Juan Moneva como su personalidad más destacada.

En su programa fundacional incluían reivindicaciones como la formación de la Mancomunidad aragonesa, el Apéndice foral aragonés, la comarcalización del territorio, la ejecución de los riegos del Alto Aragón, la organización corporativa de la producción industrial, la construcción de varias líneas de ferrocarril, la navegabilidad del Ebro y la construcción de un puerto marítimo para Aragón en los Alfaques. El Directorio surgido en 1917 lo componían Antonio de Gregorio Rocasolano, Gil Gil y Gil, Salvador Minguijón, Inocencio Jiménez, Emilio Gastón, José Camón Aznar y Manuel Sánchez de Sarto. En aquel tiempo desarrollarán una intensa actividad, hasta llevar a tres de sus miembros al Ayuntamiento de Zaragoza en las elecciones de 1920.

Sin embargo las actitudes más beligerantes del nacionalismo provendrán de los aragoneses en la emigración, principalmente en Cataluña, desde que se constituyó la Unión Regionalista Aragonesa de Barcelona el 1 de diciembre de 1917. A mediados de mes aparecerá su órgano propio de expresión, la revista El Ebro, y poco después se crea la Juventud Regionalista Aragonesa, dirigidas ambas por Julio Calvo Alfaro.

En agosto de 1919 comienza en las páginas de El Ebro el debate sobre nacionalismo aragonés, en el que tendrán destacada intervención Gaspar Torrente y Julio Calvo Alfaro. Después del triunfo de esta línea nacionalista, la U.R.A. cambiará su nombre por el de Unión Aragonesista, nombre que mantendrá hasta su desaparición, mientras que sus juventudes pasarán a llamarse Juventud Aragonesista.

La actividad de la Unión se desarrolla en estos primeros momentos tanto en el terreno cultural como en el político, en el que emprende varias campañas a favor de la autonomía (la primera en 1922) y apoya a candidatos regionalistas en las elecciones a diputados en Aragón; a la vez que pone las bases teóricas para la futura construcción de una organización política.

Los dos teóricos más importantes de la época son Gaspar Torrente, que representa el nacionalismo radical (que pronto se inclina hacia Estat Català, y luego a Esquerra Republicana de Catalunya), y Julio Calvo Alfaro que representa el nacionalismo moderado.

Gran importancia tiene también el II Congreso de Juventudes Aragonesistas, celebrado en Barcelona en octubre de 1921, donde se realiza un notable intento de teorización, aunque con escasos resultados. Por lo que respecta al regionalismo conservador zaragozano, los escasos intentos de teorización parten de Andrés Giménez Soler, que recalca en todo momento la unidad de España, frente al nacionalismo radical que a comienzos de la década de los veinte habla de independencia.

El golpe militar de Primo de Rivera en septiembre de 1923 corta toda esta actividad política. Tan solo se producirá un último intento por parte de la Unión Regionalista Aragonesa de Zaragoza que condicionaba un manifiesto de adhesión al dictador a cambio del establecimiento de una amplia autonomía. Ese manifiesto se publicará en diciembre de 1923 en El Noticiero recibiendo el nombre de "Proyecto de Bases para un Estatuto de la Región Aragonesa dentro del Estado español". El proyecto no fue tomado en cuenta por el Directorio y acabará con todas las pretensiones autonomistas de la década.

 

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