Aragón en los inicios del siglo XX: Del Desastre del 98 a la II República
Sombra

Tema 1. Aragón después de 1898

1898 se convirtió en una fecha simbólica por el trauma que supuso para la sociedad la pérdida de las colonias. Era necesaria la propuesta de soluciones en busca del progreso y esas vinieron de figuras como la de Joaquín Costa, quien se erigió en la cabeza visible del movimiento regeneracionista, un grupo de gente que pretendió ofrecer respuestas económicas frente a la postración material, salidas políticas frente a la corrupción en las clases dominantes y un profundo cambio social frente a la falta de ilusión colectiva.

Costa proponía una revolución agrícola que sería la desencadenante de la posterior revolución industrial. Para que se produjera esta revolución era necesaria la introducción de nuevos cultivos más rentables, además de la realización de nuevas obras hidráulicas que ampliasen los regadíos. Esta mayor producción requería unos nuevos medios de transporte, y especialmente el desarrollo del ferrocarril, para que los productos pudieran salir a mercados más lejanos.

Hasta esa época la mayor parte de la población vivía en el campo, dedicándose a labores agrícolas y ganaderas. En Aragón hasta ese momento se había desarrollado fundamentalmente la llamada trilogía mediterránea: trigo sobre todo, y en menor medida vid y olivo; además en las zonas regables existía un cultivo hortofrutícola de subsistencia. En las últimas décadas del siglo XIX el cultivo del cereal entró en un grave declive por la entrada de grano foráneo a unos precios mucho más baratos como consecuencia del desarrollo de las comunicaciones y del incipiente capitalismo.

Las harineras zaragozanas, motores de la primera industrialización aragonesa, no eran capaces de absorber el excedente de trigo. Eso trajo como principal consecuencia que dejaran de cultivarse amplias extensiones de tierra, produciéndose la emigración y la desaparición de una parte importante del pequeño campesinado y del proletariado agrícola (aparceros, jornaleros y peones).

Ante esta crisis del cereal, en muchas comarcas, sobre todo en los somontanos zaragozanos, se optó por el desarrollo del viñedo, favorecido por la plaga de filoxera que sufrió Francia en la década de los setenta. La producción de la vid aragonesa alcanzará el 10% de la producción nacional, sin embargo la filoxera también llegará a Aragón a finales de siglo. La extensión de la plaga hizo que se tuviera que arrancar toda la vid y se intentara replantar de nuevo con patrón europeo. Las cifras son desoladoras: en 1900 en la provincia de Zaragoza se produjo 1'35 millones de hectolitros de vino mientras que en 1909 no se alcanzaron los 130.000 hectolitros.

No todo el panorama agrícola iba a ser tan desolador, ya que la pérdida de las colonias tuvo para Aragón una importante consecuencia económica, el cultivo de un nuevo producto, la remolacha azucarera, y la aceleración del proceso industrializador. La pérdida colonial ocasionó la imposibilidad de importar sus productos, como el azúcar. Aragón supo aprovechar esta oportunidad y comenzó a cultivar remolacha en sus tierras de regadío.

Su posterior transformación dio lugar al nacimiento de una industria nueva que marcará la pauta del resto de la economía, ya que sus efectos de difusión sobre los demás sectores provocaron un período de prosperidad económica. Así, en 1899 se había creado la Industrial Química de Zaragoza, que fabrica una buena parte de los abonos necesarios para un cultivo como el de la remolacha, que esquilma tanto la tierra. Además la instalación de azucareras trae consigo el desarrollo de las fundiciones y de la industria metalúrgica. Igualmente aumentó la demanda de carbón usado como combustible, favoreciendo la explotación de los lignitos turolenses, con la creación en 1900, de la Sociedad Minas y Ferrocarriles de Utrillas, en una iniciativa que participa el Banco de Crédito de Zaragoza. Sin embrago la necesidad de energía seguía creciendo y se inició la construcción de las primeras centrales hidroeléctricas y las distintas compañías eléctricas que existían en Aragón se fusionarán en 1911 en Eléctricas Reunidas de Zaragoza.

En 1893 ya funcionaba en Zaragoza la Azucarera de Aragón, obteniendo rápidos beneficios gracias al proteccionismo arancelario. Tras el Desastre Colonial se multiplican las azucareras (tres en Zaragoza, en Casetas, dos en Calatayud, en Alagón, en Gallur, en Épila...) llegando a saturar el mercado, por eso se creó la Sociedad General Azucarera de España en 1904. Con esta sociedad se reestructura el sector y se reducirá la extensión de remolacha sembrada en Aragón, perjudicando por tanto esta industria en pleno desarrollo.

Las fábricas se localizaban junto a las zonas productoras de remolacha azucarera con objeto de reducir los costes de transporte. Inicialmente surgen en torno a Zaragoza, y luego se extienden por los valles de otros ríos, como el Jalón, el Jiloca, y algunos años más tarde, en 1925, en el valle del Cinca empieza a funcionar la azucarera de Monzón.

A raíz del cultivo de remolacha no solo surgieron azucareras; también ligadas a ellas surgieron las fábricas de alcohol, que utiliza como materia prima las melazas, subproducto de la remolacha.

Los fuertes beneficios obtenidos en este sector están en el origen de un importante proceso de acumulación de capital que existe en Aragón en estos años y que se manifestará en la creación de diversos bancos regionales en los años siguientes al surgimiento de las azucareras. El ejemplo más claro es el de la fundación del Banco de Aragón y del Banco Zaragozano en 1910.

La edad de oro de…    la banca aragonesa

Tras el Banco de Crédito de Zaragoza, primera iniciativa en Aragón creada por Juan Bruil a mediados del siglo XIX y accionista mayoritaria en la Sociedad Minas y Ferrocarriles de Utrillas, es necesario esperar a 1906 para que se constituya en Aragón una nueva entidad financiera: el Banco Aragonés de Seguros y Crédito, que con posterioridad adoptaría el nombre de Banco Aragonés de Crédito. Su primer presidente es Carlos Vara Aznárez.

El año clave en la banca aragonesa es 1910, ya que surgen las que van a ser las más importantes instituciones financieras zaragozanas: el Banco de Aragón y el Banco Zaragozano. Este último fue fundado por José García Sánchez, que aglutinó a un pequeño grupo de aragoneses inquietos por la economía y el futuro de la región aragonesa. La expansión de sucursales fue muy lenta, pero en 1922 la entidad ya estaba presente en Cuenca o La Rioja, llegando en 1929 a establecerse en Madrid.

En el caso del Banco de Aragón comienza ese año sus operaciones tras absorber los negocios de la banca familiar Villarroya y Castellano y un grupo de inversores locales del expansivo negocio azucarero.

El primer consejo de administración estaba presidido por Joaquín Delgado Pascual y contaba con alguno de los miembros más destacados de la burguesía zaragozana, como el conde de Bureta, Luis Higuera (marqués de Arlanza), Basilio Paraíso, Ricardo Lozano, Francisco Villarroya o Tomás Castellano.

El verdadero crecimiento financiero se produce durante los años de la I Guerra Mundial, coincidiendo con la presidencia del Marqués de Arlanza y Basilio Paraíso, y con la entrada en el consejo de administración de Manuel Escoriaza, propietario de la metalúrgica Carde y Escoriaza.

Durante los años veinte, Zaragoza se había constituido ya como una de las principales plazas financieras españolas, como lo demuestra el hecho de que, en 1927, los cuatro bancos domiciliados en Zaragoza (Zaragozano, Aragón, Agrícola de Aragón y Aragonés de Crédito), a través de sus 156 sucursales, canalizaban un montante de recursos totales de más de veinte mil millones de pesetas, que equivalía al 2,8 % de los recursos totales de la banca.

 

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