Aragón en los inicios del siglo XX: Del Desastre del 98 a la II República
Sombra

Tema 4. Las fisuras de la Restauración

Al mismo tiempo que en la ciudad existía un clima de euforia por parte de la burguesía ante el mito del progreso, se está gestando otro clima desestabilizador de la mano el movimiento obrero que comenzará a organizarse para defender sus intereses.

El sistema político de la Restauración había conseguido varias décadas de una estabilidad social irreal, sin embargo a principios del siglo XX ésta se empezó a resquebrajar y comenzaron a surgir movimientos de oposición al sistema establecido: el movimiento obrero y el nacionalismo, mientras se revitaliza el republicanismo.

El movimiento obrero llegaba con retraso a Aragón por su tardía industrialización y por el efecto contrario que se produjo después del Sexenio Revolucionario. Hasta aquel momento la opción apolítica y anarquista había dominado los primeros pasos de las organizaciones obreras aragonesas, pero a partir de 1889, con la celebración de la II Internacional, triunfarán las tesis socialistas.

Solo después de 1890 y la huelga general del Primero de Mayo se puede considerar que se inicia realmente este movimiento en Aragón, más concretamente en Zaragoza.

A partir de este momento cobrará importancia el socialismo en Aragón cuya matriz hay que buscarla en la Asociación del Arte de Imprimir. Cuando se constituye la Unión General de Trabajadores (UGT) en 1888, esta asociación era la única sociedad obrera de carácter socialista. También hay que destacar la llegada a Zaragoza en 1889 del cantero Matías Pastor, militante del Partido Socialista en Bilbao. Debido a su influencia, algunos obreros de diversos oficios constituyeron la Agrupación Socialista de Zaragoza en 1891. Esta organización estará representada por primera vez en el IV congreso del PSOE celebrado en 1894.

En 1900 se produjo la consolidación del socialismo, coincidiendo con la constitución de la Federación Local de Sociedades Obreras de Zaragoza, presidida por Pastor en los primeros momentos. Y en 1902, el número de afiliados a UGT en Aragón llega al millar de trabajadores. Sin embargo con el ingreso en 1905 en la federación de las sociedades de tendencia anarquista, los socialistas se vieron desplazados de la dirección del movimiento obrero en favor de republicanos y anarquistas.

Hasta ese momento el anarquismo apenas había participado en la vida política porque defendía la libertad individual, por tanto negaban el Estado y se oponían a cualquier forma institucionalizada de autoridad (familia, iglesia, ejército, propiedad, política, etc.). Los anarquistas se habían convertido en un elemento desestabilizador del estado, siendo causantes de multitud de disturbios y atentados terroristas.

La fórmula integradora de la ideología anarquista y de la práctica social será el anarcosindicalismo. Desde que se crea en 1910 en Barcelona la Confederación Nacional del Trabajo, en Aragón pasa a convertirse en la organización mayoritaria entre los trabajadores hasta 1939. Un dato significativo lo obtenemos al final de la década: en 1920, los afiliados a la UGT eran 1.864, mientras que en 1919 los afiliados a la CNT ya eran 15.172.

Por su parte, la primera década del siglo XX vio como el republicanismo ascendía hasta niveles que no se conocían desde el Sexenio Revolucionario. El partido nacional que supo aglutinar todas las fuerzas republicanas no federalistas fue la Unión Republicana de Salmerón. El propio Joaquín Costa, tras el fracaso de la Unión Nacional, se adhirió al nuevo partido en 1903. La unidad del partido se rompió cuando Nicolás Salmerón se acercó hacia las tesis nacionalistas catalanas, fundando Alejandro Lerroux el Partido Republicano Radical. Este partido obtendrá en Aragón fuertes apoyos, prendiendo rápidamente en la clase obrera por sus soflamas revolucionarias y anticlericales difundidas por el periódico El Progreso.

El acto más relevante por parte de los republicanos relacionado con Aragón fue la celebración de la primera de las Asambleas Municipalistas en Zaragoza en 1906, en cuya organización tuvo mucho que ver Costa.

El despegue definitivo del republicanismo se producirá tras la Semana Trágica, acontecida en Barcelona en julio de 1909, que se extendería a otras ciudades catalanas y a otras comunidades como la aragonesa. Los sucesos tuvieron su origen en la protesta por parte del movimiento republicano radical contra la guerra de Marruecos y los injustos reclutamientos por parte del ejército. Estas acciones de protesta culminaron el día 26 con una huelga general masiva y la declaración del estado de guerra tras los últimos incidentes (quema de conventos, etc.). El ejército reprimió las alteraciones con gran dureza y se dictaron varias sentencias de muerte, que provocaron un amplio movimiento europeo de protesta y denuncia del proceso.

Como consecuencia de los sucesos de la Semana Trágica se produjo la alianza electoral de todas las fuerzas de oposición al régimen de la Restauración (partidos republicanos y el Partido Socialista). Es la llamada Conjunción Republicano-Socialista que tuvo lugar en 1909, pidiendo la dimisión y la sustitución del presidente Maura. Esta alianza electoral posibilitará la llegada al Parlamento español del primer socialista, Pablo Iglesias. Además, el movimiento republicano y obrero serán conscientes por primera vez de la fuerza que poseen, con la que consiguieron derrocar al presidente Maura.

Los años siguientes serán de una gran conflictividad con varias huelgas generales y el asesinato a manos de los anarquistas del presidente Canalejas, perteneciente al partido liberal. Por este estado de exaltación se llega a clausurar la Federación Local de Sociedades Obreras de Zaragoza en 1912. El hecho es que el movimiento obrero zaragozano entró en un período de depresión que se prolongó hasta 1916, fecha en que las clases más débiles empezaron a notar los efectos de la I Guerra Mundial.

Pese a los tímidos intentos de modernización de las estructuras del estado por parte de los partidos principales turnantes, sin sus líderes principales (el conservador Maura y el liberal Canalejas), estos partidos dinásticos ya estaban heridos de muerte. Los presidentes siguientes Eduardo Dato (1913-15) y el conde de Romanones (1915-17) no fueron capaces de mantener el rumbo en el periodo siguiente que desembocará en la crisis producida por la I Guerra Mundial.

El republicanismo prosigue en su avance con la creación del Partido Republicano Autónomo Aragonés, a partir de la fusión en 1914 de la Unión Republicana y el Partido Republicano Democrático Federal. Su principal órgano de prensa será El Ideal de Aragón, semanario dirigido por Venancio Sarría, en cuyas páginas escribirán influyentes republicanos como Ángel Samblancat, Manuel Marraco o Felipe Aláiz. También acogió la opinión de la izquierda regional con firmas como las de Joaquín Maurín e Isidoro Achón. Pero además, poco a poco fue impregnando una posición de defensa del regionalismo de tipo autonomista.

Aún se iba a abrir otra brecha más en la sociedad con la incidencia de la I Guerra Mundial (1914-18) a pesar de que España se mantuvo neutral. En Aragón, los enfrentamientos entre aliadófilos y germanófilos mostraban en realidad las diferencias que separaban a las izquierdas de las derechas, y mientras una serie de notables firmaban en Zaragoza en 1916 un manifiesto de 'amistad hispano-germana', desde posiciones republicanas o del catolicismo social se apoyaba a la causa de los aliados. De la misma manera las posturas germanófilas eran suscritas en la prensa por El Noticiero, mientras que las aliadófilas lo eran por El Heraldo de Aragón.

La consecuencia económica de este posicionamiento neutral fue una mejora en las exportaciones, si bien no fue decisiva en el proceso industrializador aragonés. La incidencia de la guerra no afectó de la misma manera en todas las ramas de la industria aragonesa: actuó de manera favorable sobre la industria del azúcar, alcoholera y minera del carbón; mientras que fue desfavorable para la harinera, metalúrgica, de material móvil y para la minera del hierro, los sectores que sufrieron las dificultades que suponía carecer de materias primas o de maquinaria debido a la disminución del comercio internacional.

Sin embargo lo que la mayor parte de la población notó fue un aumento desorbitado de los precios y en algunos casos la falta de empleo, como consecuencia de ello buena parte de la población se vio abocada a la emigración. Entre 1914 y 1918 las provincias de Huesca y Teruel fueron, después de las levantinas, las que sufrieron unos mayores movimientos migratorios.

La última consecuencia del aumento de la inflación fue el malestar social y el aumento de la conflictividad. Esta conflictividad se vio favorecida por la unidad de acción sindical firmada en la capital aragonesa por la UGT y la CNT, que promoverá la huelga general revolucionaria de 1917, a la que se suma incluso la Unión de Sindicatos Católicos, ante el encarecimiento de las subsistencias. Así, en 1918 y 1919, Zaragoza fue la primera provincia española por el número de huelgas declaradas.

En el estado existía un gran temor de que fuera a darse en España un revolución como la rusa y el uso de la fuerza por parte del ejército resultaba excesivo la mayoría de las veces. Sin embargo, quizá por esa represión, la III Internacional (1919) no tendrá la incidencia esperada por su giro hacia el comunismo y su escasa implantación en Aragón y en todo el país, pese a la fundación en 1920 del Partido Comunista de España (PCE).

El pistolerismo a estas alturas se ha adueñado de la calle, tanto por parte del movimiento obrero como por el del intransigente empresariado que recurría a los cierres patronales y la arbitrariedad en los despidos cuando se sentía hostigado. En enero de 1920 se produjo un descabellado intento de sublevación anarquista del Cuartel de artillería del Carmen, en la zaragozana calle de Hernán Cortés. Fue promovida por Ángel Chueca y costó la vida a diez personas. En agosto del mismo año fue asesinado el arquitecto municipal José de Yarza y otros dos funcionarios por no secundar la huelga de electricistas y encender el alumbrado público de las calles zaragozanas.

Solo se produce un acuerdo positivo en octubre de 1920, cuando queda establecida finalmente para todos los oficios la jornada de ocho horas, a pesar de la oposición de la patronal, que a través de la Cámara de Comercio de Zaragoza declara que "pocas disposiciones de los poderes públicos han sido más fatales para el desarrollo normal de la industria y del comercio".

El atentado más sonado en Zaragoza es el que sufrirá el cardenal Soldevila en 1923 en respuesta al que había sufrido el anarquista catalán Salvador Seguí. Los autores, Francisco Ascaso Abadía y Torres Escartín, pertenecían al grupo anarquista Los Solidarios, formado también por Durruti entre otros. Tras el juicio, Torres Escartín será condenado a cadena perpetua y Ascaso juzgado en rebeldía, pues se había fugado días antes de la vieja cárcel de Predicadores.

La situación era insostenible y tres meses más tarde se proclamaba la Dictadura de Primo de Rivera.

 

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